febrero 03, 2015

Tipos de Parejas Amorosas


¡Hola a todos!

Pues ya está aquí febrero, con sus vientos fríos y sus heladas asesinas que cortan la piel y amoratan las yemas de los dedos. ¿Cómo, que a vosotros no os pasa? Bueno, eso sólo puede ser por dos razones: O estáis viviendo en el hemisferio sur o estáis destrozadamente enamorados y pensar en vuestro amorcito os proporciona el calor interior que necesitáis (calor en el corazón, malpensados). ¡Y esto me lleva al tema del post de hoy: el amor en pareja! (qué bien se me da relacionar el tocino con la velocidad, ¡jajaja!).

Ya sabéis que febrero es el mes dedicado en este blog a asuntos que tienen que ver con el amor, y para empezar con buen pie he decidido hablaros un poquito de parejas, de esas parejas que todos nos hemos encontrado alguna vez en la vida (o nos lo han contado, qué caray). Ya sé que todos estáis pensando que vuestra pareja es la mejor del mundo, que no hay nadie tan perfecto como esa persona que os hace vibrar de emoción y os pone una sonrisa en la cara en cuanto pensáis en ella. Sin embargo, tenemos que admitir que no todo es tan bello como lo pintan. Que a veces la persona más importante para nosotros tiene defectos o carencias que nos fastidian, nos molestan y que desearíamos cambiar.

Esta entrada no va sobre cómo cambiar a una persona, porque eso es imposible. Una de las grandes batallas del amor es saber aceptar a la otra persona tal y como es, con sus defectos y virtudes. Sin embargo, puede ser que tengáis una pareja que a lo mejor no es tan buena como creíais y de la que estaríais mejor separados. ¿Queréis una lista? Pues allá va.

Estos son algunos tipos de parejas:


*Celosos



Muy difíciles de sobrellevar, ya que son controladores al máximo. La más leve sospecha les hace desconfiar de su pareja, que acaba realmente extenuada después de repetirle por enésima vez que no le está poniendo los cuernos con nadie. Algunos se excusan diciendo que los celos son un síntoma del amor que se siente por el otro, pero no es cierto. En realidad, los celos esconden una gran inseguridad y una profunda desconfianza, cosas que minan el amor propio y el que se siente por los demás. En casos graves, las parejas celosas son capaces hasta de espiar el móvil del otro o de ponerle barreras a la hora de salir con gente; ni qué decir tiene que lo más grave es que esta relación puede acabar en maltrato psicológico e incluso físico.

Cómo tratar con ellos: Intenta hacerle entender que no tiene nada que temer por tu parte. Si te lo hace pasar realmente mal, corta con esa persona lo antes posible.


*Aburridos



Pregúntale si quiere ir al cine, y te dirá que le entra sueño. Pregúntale si quiere ir a ver un partido, y te dirá que le agota. Pregúntale si quiere ir a pasear, y te dirá que hace frío y que no quiere cansarse. Intenta hablar con esa persona, y se quedará callada durante horas, como si estuviera alelada. ¿A que es un muermo? Pues hay personas que son así de verdad, que no tienen nada que contarte, ni nada interesante que compartir. Al principio puede parecer que te escuchan, pero no: es que no hablan nunca a menos que sea para quejarse de algo. Son como muebles del Ikea, con la diferencia de que pueden suponer un lastre muy grande para una relación.

Cómo tratar con ellos: Si estás con una persona así, probablemente es porque tú también eres igual de aburrido. ¿Qué hacéis juntos exactamente?


*Sin ataduras



Conocido vulgarmente como “Follamigo”, para muchos es la pareja perfecta porque no supone ataduras de ningún tipo. Tú haces tu vida como si nada, sales de noche, te enrollas con quien te da la gana… Pero si una noche no tienes plan, siempre puedes llamar al Follamigo para acostarte con él, única y exclusivamente. Luego, cada uno a su casa y al día siguiente como si nada. El Follamigo suele ser un conocido tuyo al que tienes por amigo, pero que te acuestas con él cuando te apetece. Gráfico de compromiso: cero. Los problemas empezarán cuando uno de los dos empiece a sentir por el otro algo más que follamistad, con lo que esa relación “idílica” se irá al cuerno. No recomendada para personas que quieran labrarse un futuro junto a una pareja estable.

Cómo tratar con ellos: Ni novio, ni amigo… O una cosa u otra, no se pueden tener las dos. Si quieres evitarte problemas en el futuro, tienes que DLR: Definir La Relación.


*Broncas



El polo opuesto del Aburrido en todos los sentidos. Si te gusta discutir con alguien, nunca te aburrirás a su lado, porque no se callará nunca. Cualquier cosa es motivo para empezar una disputa: si has roto sin querer un regalo que él te ha hecho, la has liado; si has preparado algo que no le gusta para comer, la has liado; si no te pones los zapatos que te eligió, la has liado. Pondrá morritos, dejará de hablarte o emitirá algún murmullo altanero para darte a entender que está enfadado contigo y con toda la razón del mundo. La única manera de combatirle es que tú seas igual que él y le hagas lo mismo; de otro modo, acaba por desesperar.

Cómo tratar con ellos: A menos que tengas la paciencia de un santo, no le aguantarás mucho tiempo. La relación caerá por su propio peso.


*Dramáticos



Romeo y Julieta personificados, y no estoy exagerando. Juran amor eterno invocando a los cielos, a los mares y a todas las estrellas del universo. Su concepto del amor es la expresión extrema: cuanto más exagerados son sus sentimientos, más verídicos creen que son. Si tú no eres tan efusivo, prepárate para el espectáculo. Llantos, sollozos y gemidos desgarradores que parecen sacados de una novela romántica de las malas. Son los auténticos Reyes del Drama. Te preguntarán continuamente si tu amor es tan fuerte como el suyo, se agarrarán a ti como una lapa cuando suene “vuestra canción”, te contemplarán arrobados durante horas… Son bastante cansinos, la verdad.

Cómo tratar con ellos: De vez en cuando podrías hacer algo romántico para complacerle. Una cena íntima, un paseo por la playa o una copa de helado a medias son buenas maneras de aplacar su ansiedad.


*Tempestuosos



Nunca sabrás si estás saliendo con esa persona o no, porque la relación va a la velocidad de la luz. Cualquier cosa puede provocar una bronca y un corte… aunque probablemente volverán a estar saliendo contigo a las dos horas, cuando se les pase. Si vendieran exclusivas, serían millonarios. Ahora está contigo; a los cinco minutos ya no lo está. Y así hasta la eternidad. Curiosamente, este tipo de parejas suelen ser bastante conocidas porque son el centro de atención de su grupo de amigos. Es decir, que son una constante fuente de cotilleos; ellos lo saben y les gusta serlo.

Cómo tratar con ellos: Haz lo que quieras, pero no esperes encontrar estabilidad a su lado.


*Errores



Imagina que una noche has salido, te has pasado un poco bebiendo y al final has acabado acostándote con una persona con la que no lo habrías hecho en tu vida. No te parece atractivo, no te interesa como persona, no sientes ningún tipo de deseo… En otras palabras, que lo que ocurrió esa noche fue un error. El problema viene cuando esa persona se ha colgado de ti de manera bastante exagerada y quiere proclamar al mundo entero que “salís” juntos. Te manda mensajitos, te llama para quedar, no se da por aludido si le das largas… Si es particularmente insistente, será bastante complicado hacerle ver que no sientes nada por él, pero tienes que intentarlo.

Cómo tratar con ellos: Procura evitar enrollarte con quien no quieres. Si no, intenta cortar con esa persona sin herir demasiado sus sentimientos.


*Promiscuos



Basan su relación en la premisa de que pueden acostarse con quien quieran, pero sólo sienten verdadero amor por la persona con la que salen. Supongo que no hace falta que os diga que esto es mentira. No sienten amor por nadie más que por ellos mismos; por eso no les importa ponerle los cuernos a su pareja. Consideran la fidelidad como algo propio del jurásico. Si les dices algo, se sentirán coartados y todavía tendrán más perlas que decir, casi todas injustificables. Eso sí, si te ven hablando con otra persona, se pondrán bastante celosos y te lo harán pagar. ¿Adivinas cuál será su venganza?

Cómo tratar con ellos: Si eres igual de promiscuo, entonces es que sois tal para cual. Si no lo eres y aún no has cortado la relación, ya estás tardando.


*Machacones



Gente odiosa donde la haya, y muy difícil de tratar. Si cometes un error, el más pequeño error, te lo recordará toda la vida. Se encargará de restregártelo por la cara en cualquier momento, preferiblemente cuando haya gente a vuestro alrededor, para dejar bien claro lo lerdo que eres. Eso se debe a su imperiosa necesidad de sentirse superior a ti. No importa que tengas tres carreras y ganes el triple que él: si te has equivocado al decir una palabra, te lo machacará continuamente y te dejará quedar a la altura del betún.  Lo mismo ocurre si has cometido una infidelidad y tu pareja te ha “perdonado”; dice que todo está olvidado, pero seguirá restregándote por la cara tu flaqueza. Lo dicho: Una maravilla.

Cómo tratar con ellos: Déjale claro que no quieres que siga agobiándote así. Si persiste, pasa de él. Es casi imposible detener al Machacón.


*Egoístas



Expertos en mirar para su propio ombligo y olvidarse de los demás. Para mí siempre será un misterio saber por qué tienen la inmensa suerte de tener pareja y cómo consiguen conservarla a su lado (aunque ninguna les dura mucho). Suelen ser bastante ruines y poco o nada considerados hacia su pareja. No tienen ningún interés en escuchar tus problemas, porque para ellos los suyos son muchísimo más importantes. En el fondo, para el Egoísta no eres más que un agobio. Tiene pareja simplemente porque se le antoja tenerla, no porque la ame; y cuando se le antoje dejarla, lo hará sin ningún remordimiento.

Cómo tratar con ellos: Olvídate de intentar reformar al Egoísta. Para él siempre serás algo secundario en su vida.


*Sumisos



Todo lo contrario que el Egoísta, aunque también puede resultar cansino. El Sumiso hace cualquier cosa, lo que sea, con tal de mantener a su pareja a su lado. Te llevará el desayuno a la cama, te elegirá la ropa, te preparará la comida que tú le pidas, irá a donde tú dispongas, dejará de trabajar si tú se lo pides, aprenderá tus gustos… y no te pedirá nada a cambio. En resumen, es el esclavo perfecto. Es la víctima idónea del Egoísta, que hará de él su siervo sin temor a que le abandone nunca. Para cualquier otro, el Sumiso será tan servil que llegará a cansarle.

Cómo tratar con ellos: Prueba a hacerle hablar acerca de sus sueños y deseos, y anímale a conseguirlos. Si piensa un poco más en sí mismo, será bueno para ambos.


*Pastelosos



Azúcar, arco iris, unicornios, cascadas de chocolate, pajaritos de colores… El Pasteloso es el rey de Cursilandia, y además está orgulloso de ello. Experto en hacer rimas al estilo Bécquer (o lo que él cree que diría Bécquer) y ducho en crear expresiones ñoñas y que inducen al asesinato a quien las escucha. Se ha chapado todas las novelas rosas que se han escrito, y posiblemente tenga en su casa una filmoteca dedicada a películas romanticonas y azucaradas como El diario de Noa o Sucedió en Manhattan. Se considera romántico y tierno, cuando en realidad es cursi y a veces ridículo. Para quien es comprensivo, el Pasteloso resultará alguien un poco estrafalario. Pero el resto del mundo no puede hacer otra cosa que enfadarse. Si sois cínicos y agrios, huid de ellos.

Cómo tratar con ellos: Si encuentra una pareja igual de ñoña, será feliz para siempre y no tendréis que aguantarlo.


*Los que les gustan a tus padres



No tienen por qué ser malos. Más bien todo lo contrario, ya que es fantástico que tu pareja se lleve bien con tus padres. Pero, ¡cuidado! Pueden dejarse llevar por la simpatía y acabar convirtiéndose en clones de tus padres. Esto significa que, si tu madre te critica la forma de vestir, tu pareja hará lo mismo. Más que el hijo que siempre quisieron tener, se convertirá en la versión más joven de tus padres. En casos extremos, hasta se vestirá igual que uno de ellos o adoptará dejes y formas de hablar semejantes. Cuidadín.

Cómo tratar con ellos: Procura espaciar las comidas familiares para quitarle malos vicios y ten paciencia. Con el tiempo y un poco de suerte, no mutará.


*Planificadores



Si hasta ahora hemos visto personajes con dudoso interés por la vida en pareja, ese no es el caso del Planificador. Quiere establecerse en pareja y lo tiene todo cuidado al detalle: sexualidad responsable, consejeros matrimoniales, cursos de preparación para ser padres… Vamos, que lo tiene todo bajo control. Es un experto a la hora de captar un buen partido y él mismo se esfuerza por serlo también. Esto quiere decir que no buscará nada demasiado serio a menos que haya un trabajo, un coche y una vivienda estable de por medio (y estas dos últimas cosas no pueden ser la misma). El Planificador puede llegar a obsesionarse con llevar la vida perfecta con la pareja ideal, y eso le deja muy poco margen para la improvisación. Es decir, que si una noche te da por sorprenderle con una cena romántica justo cuando toca cursillo nocturno de decoración, prepárate para el espectáculo.

Cómo tratar con ellos: La verdad es que, bien llevado, no debería causar ningún problema grave. Eso sí, si un Planificador te pide para salir si antes firmas una solicitud, es mejor que pases de él.


*Sorpresivos



Uno de los grandes misterios de la naturaleza. Aquella persona maravillosa que hace un tiempo te encandiló, te nubló el entendimiento y te sedujo hasta tal punto que lo darías todo por estar a su lado… hoy se ha convertido en la antítesis de todo aquello. Ahora ha perdido todo el atractivo que antes tenía, y no me refiero sólo al físico. Si antes era amable, atento y considerado contigo, ahora es maleducado, egoísta y mezquino. ¿Qué ha pasado? Pues probablemente ese sea el resultado de una relación que, por las razones que sea, se ha estancado y ha caído en la monotonía. Cuando no hay emoción, sale a relucir el otro yo que llevamos dentro.

Cómo tratar con ellos: Trata de averiguar por qué ha cambiado tanto en tan poco tiempo y analiza los argumentos que te dé. Puede que entre ambos podáis arreglar la situación. Si no tiene solución, lo mejor es que cada uno vaya por su lado.


*De verano



¡Ah, el verano! La estación del amor juvenil. El mar, la arena, los atardeceres paseando por la orilla… y, sobre todo, esa persona que hizo que las vacaciones fuesen las mejores del mundo. ¿Cómo olvidar al amor del verano cuando se cala tan hondo bajo nuestra piel? Sin embargo, parece que él sí se ha olvidado de ti a juzgar por la ausencia de llamadas, mensajes a los que hace días que no responde y, en general, su total desconexión contigo. Esto se debe a que el amor de verano es corto e intenso a partes iguales. Habrás vivido momentos realmente inolvidables con esa persona, pero descubrirás con dolor que la mayoría de las veces eso no trascenderá. Cuando acabe el verano, tú te irás por tu lado y la otra persona se irá por el otro, y probablemente se pierda el contacto entre vosotros.

Cómo tratar con ellos: Depende de vuestra situación. Si seguís hablando por teléfono, Skype y os veis de vez en cuando, podéis intentar llevar la relación a distancia. Si se ha perdido todo contacto, es mejor que pases y sigas con tu vida.


*Los que odian a tus amigos



Al parecer, hay personas que piensan que son tan buena influencia para ti que se creen con derecho a decirte todo lo que opinan sobre tus amigos de toda la vida, haciendo especial hincapié en sus defectos. Tíos que disfrutan recordándote que tus amigas son unas cotillas y unas guarras; tías que no paran de decirte que tus amigos son unos vagos y unos descerebrados. Vale, de acuerdo, tenemos que admitir que a veces nuestros amigos no son los más educados del mundo… ¡Pero nadie tiene derecho a criticarlos delante de nosotros, y menos aún nuestra pareja! Los amigos son una fuente de discusiones casi inagotables, sobre todo si no tenéis los mismos, pero a la larga ese soniquete criticón suele provocar que nos acabemos hartando. Además, no es asunto de nuestra pareja discutir las habilidades de nuestros amigos para rajar de todo el mundo o pronunciar el alfabeto con eructos.

Cómo tratar con ellos: Es un poco duro quedar con tus amigos sin poder llevar a tu pareja porque se lleva mal con ellos, pero puede que sea la única solución para tener paz.


*Perfecta



¡La tuya, y ninguna otra! ^^*


febrero 01, 2015

La Princesa del mes: Cenicienta


¡Hola a todos!

Aquí estoy para daros la bienvenida a febrero. Este va a ser un mes movidito, porque voy a enfrentarme a los primeros exámenes de la UNED (sólo a dos, pero me bastan por el momento) y no sé si estoy preparada porque no he podido estudiar casi nada. En fin, ya veremos... ¡Deseadme suerte, porque la voy a necesitar!

Lo bueno es que, después de los exámenes, llega el Carnaval. ¡Y este año voy a llevar un disfraz bastante atípico para mí! ¿De qué? Ya os lo diré en su momento, jejeje!

Mientras tanto, para abrir boca, os voy a dejar a la princesa Disney del mes con sus datos y su historia, que seguro que todos conocéis.


Cenicienta




Nombre: Cenicienta
Rango: Princesa por matrimonio
País: Francia
Edad: 19 años
Familia:
-          Padre (fallecido)
-          Madre (fallecida)
-          Lady Tremaine (madrastra)
-          Drizella (hermanastra)
-          Anastasia (hermanastra)

Amigos:
-          Hada Madrina
-          Los ratones y otros animales de la casa

Esposo: Príncipe Enrique
Canción: Soñar es desear



Cenicienta era la única hija de un hombre adinerado que, después de haber perdido a su esposa, contrajo matrimonio con una viuda que tenía dos hijas llamadas Drizella y Anastasia. Al principio, la familia convivió en paz. Pero cuando el padre de Cenicienta murió, la madrastra se hizo con el control de la casa y se convirtió en la dueña y señora de la mansión, reduciendo a su hijastra a la condición de sirvienta. De hecho, fue la madrastra quien le puso a la niña el mote de Cenicienta, ya que el rostro de la niña estaba perpetuamente manchado de cenizas a consecuencia de su arduo trabajo en las cocinas de la casa.

Con el tiempo, Cenicienta se acostumbró a ese modo de vida. Todos los días se levantaba al alba para preparar los desayunos de su madrastra y sus hermanastras, limpiar el polvo, fregar los suelos, cuidar de los animales y poner orden en todas las habitaciones de la casa. Aunque se sentía menospreciada por sus parientes, al menos tenía el consuelo de gozar de la amistad de los ratoncitos y otros animales de la casa. Sin embargo, Cenicienta solía soñar con que algún día su destino cambiaría para siempre.

La respuesta a sus plegarias vino gracias al deseo de un hombre. El rey de aquel país, deseoso de que su hijo formara una familia y que le diera nietos, decidió organizar en su honor un baile al que invitaría a todas las jóvenes casaderas del reino con la esperanza de que el príncipe Enrique se decidiera por una de ellas para hacerla su esposa. Por eso, ordenó que se llevara una invitación a todas las casas del reino, insistiendo en que todas las jóvenes solteras de la casa debían acudir al baile.

Un mensajero llevó el sobre con la invitación a casa de Lady Tremaine, causando una gran expectación. Sus hijas Drizella y Anastasia se entusiasmaron ante la idea de convertirse en princesas y empezaron a hablar sobre qué vestidos y adornos podrían llevar para causar una gran impresión al príncipe Enrique. Cenicienta escuchó por casualidad la noticia de que habría un baile en el palacio real y pidió permiso para que se la dejara ir también. Después de todo, ella también formaba parte de la familia. Ante el disgusto de sus hermanastras, Lady Tremaine le dijo que podría ir al baile. Cuando Cenicienta se marchó, reveló a sus hijas sus verdaderos planes: mantener a Cenicienta tan ocupada con sus tareas domésticas que le fuera imposible hacerse un vestido con el que poder ir al baile.

Cenicienta nada sospechaba de esto. Encontró un antiguo vestido entre las pertenencias de su difunta madre que podía arreglar para el baile. Pero sus hermanastras, siguiendo el plan de su madre, empezaron a importunar a Cenicienta con mil y una tareas con el objeto de mantenerla ocupada y agotarla lo máximo posible. Cenicienta hizo todo lo que se le mandó, pero se dio cuenta de que no tenía tiempo de arreglar el vestido que quería llevar para el baile. Sus amigos los ratones se encargaron de reformar el vestido, utilizando para ello retales y abalorios que Drizella y Anastasia habían desechado. Feliz, Cenicienta se puso su vestido nuevo y bajó a reunirse con sus parientes. Sin embargo, sus hermanastras reconocieron los adornos que lucía y se abalanzaron sobre ella, arrancándole jirones de ropa y destrozando su vestido hasta quedar convertido en un montón de harapos. Luego, se marcharon al baile y dejaron a Cenicienta en casa, completamente desconsolada.

Pero he aquí que sucedió un milagro. Un hada madrina se presentó ante Cenicienta y le prometió su ayuda. Utilizando una varita mágica, convirtió una calabaza en una preciosa carroza; los ratones se convirtieron en cuatro hermosos caballos blancos; el caballo de la casa fue transformado en cochero y el perro fue el paje. Como último regalo, el hada madrina le proporcionó a Cenicienta el vestido más hermoso que pudiera imaginar, adornado con brillantes que lucían como estrellas. Además, en los pies luciría unos preciosos zapatos de cristal, que le quedarían como recuerdo de aquella noche. Y es que el hechizo del hada madrina tenía un tiempo limitado. Cenicienta sólo tendría hasta la medianoche para ir al baile y gozar de una noche mágica.

En palacio, el baile había dado comienzo. El príncipe Enrique saludaba a todas las damas del reino con cortesía, pero ninguna había llamado su interés. Pero entonces apareció Cenicienta, y el príncipe se apresuró a acercarse a ella para conocerla e invitarla a bailar. Nadie conocía a aquella misteriosa joven que había acaparado la atención del príncipe, pero a Lady Tremaine su rostro le resultaba familiar. Mientras tanto, el baile continuó, y el príncipe pidió a Cenicienta que le acompañara a dar un paseo por los jardines. Allí hablaron durante un rato, hasta que Cenicienta vio que estaban a punto de dar las doce de la noche. Sabiendo que el hechizo se rompería muy pronto, y como le avergonzaba que el príncipe la viera convertida en una pobre sirvienta, Cenicienta huyó. En su carrera, perdió uno de sus valiosos zapatitos de cristal, que quedó en posesión del príncipe.

Al día siguiente, se formó un gran revuelo en todo el reino. El príncipe Enrique quería tomar por esposa a la mujer con la que había bailado la noche anterior, pero ni siquiera sabía su nombre. Lo único que poseía era el zapatito que la joven había perdido al huir. Por eso, mandó dictar un bando por el cual sus emisarios visitarían todas las casas del reino y probarían el zapato de cristal a todas las jóvenes que habían asistido al baile. Aquella a quien le cupiera el zapato a la perfección, sería la elegida.

Pero Lady Tremaine descubrió que Cenicienta era la muchacha a la que el príncipe buscaba sin cesar. Sabiendo que si se probaba el zapato la casarían con él, la encerró en una habitación. Recibió a los emisarios del príncipe y les presentó a sus hijas, a las que conminó a probarse el zapatito de cristal. Pero sus pies eran demasiado grandes para aquel zapato tan pequeño, y nadie creyó que ninguna de ellas fuese la joven que había pasado aquella velada con el príncipe.

Sin embargo, Cenicienta consiguió salir de la habitación gracias a sus amigos animales y llamó a gritos a los emisarios para pedir que le dejaran probar el zapatito de cristal. Cuando el emisario se acercó a ella, Lady Tremaine le hizo tropezar con su bastón y el zapatito cayó al suelo, rompiéndose en mil pedazos. El emisario se lamentó profundamente, pero Cenicienta le dijo que no había de qué preocuparse, puesto que ella tenía el otro zapato. Cuando el emisario se lo puso en el pie, encajó perfectamente.

Y así fue como Cenicienta fue llevada a palacio, donde contrajo matrimonio con el príncipe con quien tanto había soñado.

enero 20, 2015

50 Cosas sobre mí


¡Hola a todos!

¡Bienvenidos a "50 Cosas sobre mí"!

Una de las cosas que se lleva mucho ahora es hacer una lista de cincuenta cosas sobre uno mismo, que pueden ser defectos, virtudes o curiosidades varias, y ponerlo en blogs o videoblogs. Así, a palo seco. Lo malo que tienen ese tipo de listas es que te puedes encontrar con datos tan "interesantes" como la talla de pies de una persona, entre otras curiosidades que el buen gusto impide mencionar.

Aunque no me gusta mucho hablar de asuntos personales en este blog (más que nada porque está pensado para ser un espacio de lectura y entretenimiento), considero que es bueno compartir algo de mí con todo le que me lea, para que se me conozca un poquito mejor. Así que aquí me tenéis, dispuesta a contaros cincuenta cosas que todo el que me conoce debe saber sobre mí. Espero que os guste y a ver si os animáis y lo ponéis en vuestros blogs o donde queráis. ¡Engancha!

¡Allá vamos! ^^*


  1. Me llamo Laura, pero ése no fue el primer nombre que mis padres pensaron para mí. Entre otros, se barajaron los nombres de Lidia y Rebeca.

  1. Si hubiera nacido chico, mi padre me habría puesto de nombre Crispín. Sin comentarios…

  1. Soy hija única. No tengo hermanos y nunca he deseado tenerlos. Y, por si os lo estáis preguntando, eso de que los hijos únicos son los más consentidos es una mentira cochina. Yo soy la prueba de ello.

  1. Me gustan mucho los animales, sobre todo los gatos. Soy una apasionada de esos adorables mininos. Tanto es así que por mi vida han pasado cuatro gatos: Butragueño, Keesa, Bolita y Gatiño. Y eso sin contar a los gatos callejeros o de otras personas de quienes me he hecho amiga: Pica, Rasca, Shashá, Bosco, Gordito Rubicundo, Pequerrecho, Puchiño…

  1. Me encanta comer todo tipo de carnes, pero confieso que me da algo de repelús cuando se trata de la carne de una cría de animal. Es decir, que prefiero evitar comer cordero o cochinillo, y comer carne de animales adultos.

  1. No soporto el pimiento. Lo odio, me da asco y ganas de vomitar. Puede que sea por el olor, o algo así, pero el caso es que me repugna. Y distingo su sabor a kilómetros. Aunque vaya disfrazado en la comida, siempre lo encuentro.

  1. Soy heavy. Aunque por mi aspecto exterior no se adivine (es decir, que no suelo vestir con ese estilo), soy heavy de corazón. Y me di cuenta de manera espontánea, cuando cierto día llegaron a mis oídos diversas canciones que combinaban magistralmente la velocidad de la guitarra eléctrica y la fuerza de la batería, haciendo que en mi corazón se resquebrajara algo y de repente surgiera en mí un deseo imperioso de seguir escuchando esa música que me había descubierto un mundo nuevo. Fuck yeah!

  1. Cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, yo respondía dos cosas: Actriz o bailarina.

  1. El primer anime que vi entero fue La Familia Crece, de Wataru Yoshizumi, y fue el gran culpable de mi frikismo posterior.

  1. Me leí la trilogía de El Señor de los Anillos en las navidades del 2001, justo antes de que estrenaran la primera parte. Así que llevaba el argumento fresquito cuando fui al cine.

  1. Me encanta disfrazarme, tanto en carnavales como en Halloween o fiestas temáticas. De todos mis disfraces, me quedo con tres: Legolas, Julieta y Lyanna Stark.

  1. Hubo un tiempo en el que fui fan de David Bisbal.

  1. Mi primer peluche fue un perrito de aguas de color azul claro que se llamaba Tato.

  1. Cuando estudiaba bachillerato, mis asignaturas pendientes eran Filosofía e Historia.

  1. Tengo una habilidad increíble para salir en todas las fotos con los ojos cerrados o muy abiertos. No tengo término medio.

  1. Entre todas las criaturas mitológicas, mi favorita es el Ave Fénix.

  1. Estoy pensando seriamente en hacerme un tatuaje friki. Tengo dudas entre tres opciones: Una pluma negra, el símbolo de la Trifuerza o la palabra “Prométemelo”.

  1. De niña iba a todas partes con un libro o un cómic de Zipi y Zape.

  1. Hace años fui a kárate. Llegué a ser cinturón naranja, segundo dan.

  1. Uno de los personajes históricos que más me fascina es Lucrecia Borgia. He leído muchos libros sobre ella, tanto novelas como manuales, y me encanta.

  1. Me da mucha vergüenza que me graben mientras hablo porque no me gusta el sonido de mi voz.

  1. Aunque tengo carné de coche, no me atrevo a conducir. Me pongo muy nerviosa. Y tampoco ayuda el que el copiloto se ponga histérico y haga aspavientos como un Sim enloquecido.

  1. Sufrí acoso escolar y burlas en mi adolescencia. Se reían de mi ropa de color rosa, y por eso dejé de llevarla. Sólo ahora me atrevo a volver a vestirme de ese color.

  1. Soy completamente abstemia. No me gusta el sabor de las bebidas alcohólicas y jamás he probado el tabaco o las drogas.

  1. Me encanta quedarme en casa. Si pudiera elegir, preferiría estar siempre dentro de casa viendo una película o cualquier otra cosa antes que salir por ahí.

  1. Me dieron mi primer beso a los 19 años.

  1. Cuando vivía en Santiago de Compostela, me encantaba pasear por la calle durante las tardes lluviosas. Cosa fácil, porque en Santiago llueve mucho y con persistencia.

  1. Mi princesa favorita de todos los tiempos es la Princesa Zelda de Hyrule.

  1. Soy miope, asmática y alérgica al polvo y a la humedad.

  1. Al contrario que otros niños, nunca he tenido miedo a la oscuridad. De hecho, a veces me levantaba por las noches para ir al cuarto de baño y caminaba por la casa a oscuras sin ningún problema. Una vez hasta le di un susto de muerte a mi padre ^^*.

  1. Toqué la guitarra durante cuatro años.

  1. No me gustan las modas en cuestión de ropa pero, si pudiera elegir dos estilos, me quedaría con el gótico y con el lady.

  1. No he leído nunca Los Pilares de la Tierra. Y no porque sea un libro gordo o porque no me llame la atención, sino porque se hizo taaaan popular que ya se me han quitado las ganas de leerlo.

  1. Creo en el amor a primera vista.

  1. No me gusta nada discutir, ni siquiera en debates. Y peor todavía si sé que tengo razón pero la otra persona es cazurra hasta decir basta. De verdad, esas cosas me agotan.

  1. Me encantan las muñecas de porcelana. Tengo tres grandes y una colección compuesta por quince muñecas más pequeñas, todas ellas caracterizadas como personajes de novelas decimonónicas.

  1. Mi amor platónico de la adolescencia tenía que tener tres virtudes: ser sincero, valiente e impávido.

  1. Me gustan mucho los espectáculos de magia e ilusionismo. Mi mago favorito es Cosentino.

  1. Nunca he tenido deseos de ser madre. No tengo paciencia con los niños y creo que soy muy mandona.

  1. Soy capaz de comerme un limón sin hacer ni un solo gesto de repulsa.

  1. Prefiero las comidas dulces, como tartas, bizcochos y pasteles con todo tipo de cremas. Pero eso no quiere decir que no aprecie lo picante. Entre los últimos sabores que he descubierto que me encantan está el guacamole.

  1. No me gusta nada la gente celosa y posesiva, tanto hombres como mujeres. Se me han presentado casos de estar en medio del camino de una persona celosa y os aseguro que es insoportable tener que pelear continuamente para hacerte valer.

  1. Por lo general soy muy tranquila y es muy difícil enfadarme. Pero cuando me cabreo, me ciego y soy capaz de decir y hacer cualquier barbaridad, incluso cosas de las que después me arrepentiré.

  1. Se me dan muy bien las imitaciones.

  1. Me gusta apuntar mis sueños nocturnos en una libreta.

  1. No tengo la mejor voz del mundo, pero soy muy buena cantando al estilo de Lana del Rey y Tino Casal.

  1. No sé ligar. Es vergonzoso, lo sé, pero tengo que rendirme ante la evidencia. No tengo ni idea de cómo se liga con un chico porque no sé de qué hablar con él y me quedo cortada. Por muchos consejos que me den, me atasco y no sé qué hacer. Incluso ha habido ocasiones en las que mis amigas me han dicho “Tía, ese chico estaba ligando contigo”, y yo decía “Ah…”.

  1. Una de las manías que no consigo quitarme es la de morderme las uñas, aunque ahora lo hago menos que antes. Irónicamente, una de mis pasiones es el nail art, es decir, hacerme dibujitos con pintauñas de colores.

  1. Soy de esas personas que tiene la manía de pintarrajearse las manos con un bolígrafo. Lo he hecho toda la vida y es algo que no voy a perder.

  1. Para mí, una tarde de sábado perfecta implica visitar una librería y merendar chocolate.

¡Y hasta aquí hemos llegado! ¿Qué os ha parecido esta pequeña selección de cosas sobre mí? ¿Coincidimos en alguna? Espero vuestros comentarios, ^^*


enero 13, 2015

Robin Hood, el rebelde del bosque


Cuenta la leyenda que, oculta en lo más espeso del bosque, existió una república independiente de hombres buenos y justos, que habían sufrido persecuciones y arbitrariedades por el hecho de ser humildes, pobres y oprimidos, y que esperaban el momento en el que cambiara su suerte. Mientras tanto, se dedicaban a arrebatar las riquezas conseguidas por los poderosos de forma injusta y repartirlas entre los que más las necesitaban. Es el mito del buen ladrón. Es la historia de Robin Hood.





El nacimiento de un héroe

La exaltación épica de un forajido, de un rebelde, es fenómeno común en la tradición popular de todos los países: Fra Diávolo en Italia, Diego Corrientes en España, Mandrin en Francia y Jesse James en Estados Unidos son los ejemplos que se recuerdan al instante, pero la lista podría alargarse mucho. La figura histórica en que se basa la leyenda dista a menudo de ser recomendable. Fra Diávolo era un delincuente despreciable, Jesse James un bandido sanguinario, Mandrin un vulgar salteador de caminos, etc.

Sin embargo, a quien estudia la mentalidad popular poco le importa la realidad histórica de los individuos que se han hecho legendarios: lo que interesa es averiguar por qué el pueblo los eligió para transfigurarlos y convertirlos en héroes. En todo cambio mítico del fuera de la ley se encuentra un elemento constante: el bandido (de “bandir” o “publicar bando contra un reo ausente, con pena de muerte en su rebeldía”), aunque se vea obligado a robar para sobrevivir, jamás se considera hombre que perjudica a su prójimo, sino siempre y únicamente hombre, sobre todo del pueblo, en guerra contra la “ley” y la “autoridad”, que se tienen por extrañas a la comunidad popular.

Partiendo de esta noción no resulta difícil remontarse al origen. Objeto de leyes injustas, o que se creían tales porque nadie explicaba sus motivos, y sometido a príncipes crueles, el pueblo, en cualquier conflicto de un ciudadano con el cuerpo legal, pensaba de modo instintivo que la razón asistía al primero. No en balde en todas las leyendas de forajidos heroicos se dice que el protagonista se convirtió en bandido, no por iniciativa propia, sino por haber sido víctima de una injusticia que la ley no quiso reparar.

El más famoso de estos héroes populares es, sin duda, Robin Hood. Según la tradición, vivía en el verde bosque de Sherwood (Inglaterra), libre e inapresable, con un grupo de compañeros sumamente valerosos y leales: Little John, Friar Tuck, Much, Will Scarlet, etc. De carácter alegre, franco y aventurero, dotado de astucia diabólica y burlona, y de una destreza increíble en el manejo del arco, era un auténtico azote para sus enemigos. Y sus adversarios eran los del pueblo: nobles feudales, obispos odiosos y funcionarios crueles y fuertes.

“Quitaba a los ricos para dar a los pobres”, dice de él una balada, y los desheredados estaban de su parte, lo ayudaban, protegían, ocultaban y, sobre todo, admiraban y amaban, porque, como dicen los versos de otra canción:

Quiso darles todo
Para socorrerlos en su penuria desmedida;
Y por ello el pueblo entero rezaba por él
Y deseaba que no llegase nunca el día de su captura.

Al igual que otros mitos, la leyenda de Robin Hood ha ido forjándose a lo largo del tiempo hasta tal punto que nos resulta del todo imposible distinguir qué partes son verdad y qué partes son ficticias. La leyenda ha pasado por tantas generaciones que se ha distorsionado con lo que algunos han añadido para embellecerla y lo que otros han suprimido por cuestiones políticas o sociales. Pero retrocedamos en el tiempo y vayamos al lugar donde todo empezó.


En el principio

La historia se remonta a los tiempos del rey Ricardo I (1157-1199). Le llamaron Corazón de León por su coraje y arrojo; el tiempo y la tradición le convirtieron en el paradigma del rey caballero andante, de la cortesía, de la nobleza y de la reconciliación de un pueblo. Pero lo cierto es que Ricardo I de Inglaterra fue un monarca contradictorio, intrépido, a veces cruel, otras soberbio, siempre valiente, dominado por sus pasiones y permanentemente en guerra.

Dos años antes de que llegara al trono, en 1187, el rey Saladino había tomado Jerusalén. Este hecho causó una honda conmoción en toda la cristiandad, y el papa Gregorio VIII llamó a una nueva cruzada. Ricardo impuso tributos para armar un ejército y en 1189, al poco de tomar posesión de la corona, dejó el país para emprender el camino de la guerra santa. La presencia de otros grandes monarcas hizo que esta cruzada fuese una de las más grandes que habían tenido lugar desde 1095, pero el resultado de todo este esfuerzo fue pobre. De regreso a Inglaterra en 1192, Ricardo fue capturado cerca de Viena y el duque Leopoldo pidió por él un rescate de 150.000 marcos.

En aquellos momentos, Inglaterra no estaba en paz. El hermano menor de Ricardo, Juan, más conocido por el infamante apodo de Juan Sin Tierra, conspiró con el rey Felipe Augusto de Francia para arrebatarle el trono a su hermano. La conspiración salió bien durante un tiempo, hasta que Ricardo fue liberado, regresó a Inglaterra y puso a su hermano en su sitio, aunque le perdonó por lo que había hecho. La historia siempre ha considerado a Juan Sin Tierra como uno de los peores gobernantes de Inglaterra. Aunque no fue el rey cruel y despreciable que pinta la leyenda negra, sí es cierto que fue muy excesivo en la recaudación de impuestos, lo que le valió pocas simpatías entre el pueblo.



Sello de Juan sin Tierra


Entre las normas y leyes que hizo cumplir a rajatabla, se encontraba una ley que era tan impopular como injusta para el pueblo llano: la Ley Forestal. Los privilegios de caza y la reserva de un espacio de tierra o pasto para uso de un coto de caza señorial fueron habituales en la Europa feudal, pero fue en la Inglaterra normanda donde se produjo el desarrollo de una legislación forestal más acabada. Las leyes inglesas posteriores a la conquista normanda (1066) condenaban a la ceguera o a la muerte a quien se atrevía a matar ciervos, cuya caza se reservaba al rey. Pero el soberano cazaba por diversión, y los pobres lo hacían por comer. Por consiguiente, cazar ciervos en los cotos reales era para el pueblo una forma de rebelión contra los privilegios y leyes injustas que lo oprimían. En la conciencia popular eso no era bandidaje, sino un acto de justicia.

El bosque, hasta el siglo XI, dominaba completamente el paisaje europeo (sobre todo en Europa septentrional, Inglaterra y el nordeste de la Galia), de forma que el Occidente medieval es un enorme manto de bosques sembrado de calveros cultivados más o menos fértiles. El bosque desempeñaba también un papel fundamental en la economía: caza, recolección, pastos y, sobre todo, madera. Pero el bosque también es frontera y refugio: los bosques servían de límites entre diócesis, principados y reinos, y acogían a los fugitivos, a los vencidos o a los fuera de la ley.

Será en este contexto donde se encuadre la leyenda de Robin Hood. El hombre que vio la injusticia de esta normativa y desafió a la autoridad más elevada por defender unos ideales que consideraba más equitativos para el pueblo, motivo por el cual fue proscrito y tuvo que ocultarse en el bosque de Sherwood.


“Y le llamaban Robin Hood”

Sobre el nacimiento del mito de Robin Hood no caben más que conjeturas, pues parecen carecer de base los estudios de eruditos de los siglos XVII y XVIII destinados a probar la existencia histórica de Robin Hood, de quien un tal William Stukeley llegó a establecer un árbol genealógico.

Se le cita como un personaje histórico en la Original Chronicle of Scotland de Andrew de Wyntoun. Pero es William Langland el que está considerado como el padre del héroe, al que menciona en el poema épico Piers Plowman, obra escrita en 1337.

Entre los siglos XIV y XV empiezan a proliferar los textos acerca de Robin Hood, probablemente debido a la enorme fama que alcanzó el personaje. Las más conocidas son “Robin Hood y el monje”, el poema “Una aventura de Robin Hood” y “Robin Hood y el alfarero”. En estos relatos, Robin es un hombre libre que vive como un proscrito, pero no es un rebelde contra el orden social porque respeta todos los derechos del rey (salvo la propiedad de los venados) y porque sus acciones cuestionan el abuso de la autoridad, no sus fundamentos.

Hay una importante referencia a su existencia en la Historia Majoris Britanniae, escrita por el erudito escocés John Major en 1521. Es en esta obra cuando se le ubica en los tiempos de Ricardo Corazón de León y se configura la épica del sajón enfrentado a los opositores normandos. En su novela Ivanhoe (1819), sir Walter Scott identifica a Robin Hood con un sajón llamado Locksley que, junto con sus aliados, ayuda al rey Ricardo a recuperar su trono.




Aunque cada vez hay menos partidarios de la teoría de que Robin Hood fue un hombre de carne y hueso, todavía quedan remanentes que sostienen lo contrario. De ese modo, nos encontramos con varios candidatos y teorías. Una de ellas sitúa a Robin en el primer tercio del siglo XII y lo identifica como un noble. Tal deducción se fundamenta en dos datos: es cantado en baladas, y en sus versos se hablaba de personas de esta clase social, pues eran los destinatarios de ellas y no el común de los ingleses; y el otro que las armas en que era ducho eran la espada y el arco, también privativos de la alta cuna. Por lo tanto, no estaríamos hablando de un bandido social al que proscribieron por sublevarse contra las injusticias que sufría el pueblo, sino de un hidalgo que quedó al margen de la ley por ser del bando contrario al régimen político imperante.

Otra tesis sitúa a Robin Hood lejos del rey Ricardo Corazón de León y el príncipe Juan sin Tierra, concretamente cien años más tarde, durante el reinado de Eduardo II (1307-1327). En estos tiempos se produjo una rebelión contra la Corona y sus colaboradores, encabezada por el conde de Lancaster, que fue finalmente derrotado. Como consecuencia de su oposición, el rey le confiscó todas sus propiedades y Robin Hood, que había combatido con él, debió refugiarse en el bosque para sobrevivir.

Lo cierto es que debemos ver a Robin Hood como un héroe de balada. En sus primeras apariciones literarias es un personaje burlesco que se entretiene haciendo que otros se peleen entre sí para divertirse. Luego evoluciona y se convierte en un héroe que lucha por la libertad, un noble que se enfrenta al poder por recuperar su lugar. La búsqueda del origen del mito y su rastro en poemas y canciones ha sido el principal objetivo de estudiosos del tema, que han encontrado varias pistas. Así, hay menciones a un tal William Robehood en el siglo XIII, aunque las obras más antiguas que le mencionan se remontan al primer tercio del siglo XIV.

Al principio, Robin Hood fue un embaucador, un rufián que se divertía metiendo cizaña y provocando que otros se pelearan; pero acabó siendo un héroe de capa y espada que luchaba por la justicia. Hay, por tanto, un primer Robin y un segundo Robin: el primero es un tipo que se dedica a beber, pelear y robar a los obispos y señores feudales, ignorando a los pobres, y el segundo es un patriota altruista defensor de los oprimidos. Robin Hood es un héroe del pueblo (Arturo es un héroe de la nobleza): la imagen que acabó formándose de él fue la de un rebelde que robaba a los ricos para repartir sus riquezas entre los pobres.

Poco a poco, la historia cobró nuevos matices que la enriquecieron enormemente. Hacia mediados del siglo XVI se empezó a dar forma a los famosos Merry Men y a embellecer aún más la figura del héroe. Más adelante, a estos alegres forajidos se les había unido un fraile, Robin mantenía un hermoso romance con la bella Lady Marian, y el personaje hasta adquiere tintes nobiliarios.

A partir del siglo XVI, con la llegada de la imprenta, la historia de Robin Hood se vuelve más refinada y nos resulta mucho más familiar. A lo largo de los siguientes siglos, el personaje tomará más rasgos y más anécdotas a medida que cada generación haga sus aportaciones. El Robin Hood del siglo XVIII se mete en situaciones absurdas, como disfrazarse de monje para sacarles el dinero a dos frailes, antes de ser capturado y de avisar a sus amigos para que lo rescaten.

Sin embargo, lo verdaderamente importante de Robin Hood no es saber quién fue, si es que realmente existió alguien con ese nombre, sino la fascinación que despierta su figura en todos los lugares y en todos los tiempos. Nadie sabe quién fue Robin Hood y su pista se pierde entre las brumas de la tradición oral y de la leyenda. Pero acaso importe poco cómo vivió y quién fue Robin Hood, porque lo que trasciende es el mito. En el fondo, tanto él como sus congéneres responden a una exigencia instintiva del espíritu humano, de la que son una encarnación entre ética y simbólica: la necesidad de que la verdad y la justicia triunfen incluso en contra de las convenciones aceptadas y los principios de autoridad establecidos.


Mitos ocultos en el bosque de Sherwood

Héroe, arquero, amante, cazador furtivo, ladrón, vagabundo… Robin Hood es un personaje que ha ganado en matices a lo largo del tiempo. Y uno de los aspectos más destacables, sin los cuales la leyenda carece de todo sentido, es la invención de un marco y unos personajes de gran carisma que rodeen al héroe y le ayuden en sus aventuras, y que, al igual que Robin, se han ganado un lugar de honor dentro del mito.


Lady Marian




Lady Marian no fue un personaje histórico embellecido, sino que se trata de una invención. Apareció, como alma gemela y compañera de Robin Hood, en el siglo XVI, y probablemente fuera resultado de un personaje del siglo anterior: la Dama de las festividades de mayo.

Se trataba de unas fiestas populares que tuvieron un gran auge en la Edad Media, pero se necesitaron varias generaciones de bardos para que Robin y Marian se enamorasen. No es extraño, pues, que a algún bardo se le ocurriera forjar un romance entre el atrevido rebelde y la ficticia Dama de las festividades de mayo. Tanto en las obras de teatro como en las películas de Robin Hood, Marian es una noble normanda que ayuda en secreto a Robin y sus amigos. En ocasiones se le inventa un parentesco con el rey Ricardo, y a menudo llama la atención de otros hombres, como Guy de Gisbourne o el sheriff de Nottingham, que la reclaman como esposa.


Los Merry Men




En las primeras baladas que se conocen, Robin Hood aparecía con uno o dos amigos con los que compartía aventuras, pero con el paso del tiempo al héroe se le unieron varios compañeros que fueron conocidos como los Merry Men (“hombres alegres”), y cuyos nombres han pasado a formar parte del imaginario popular.

-          Little John: Lugarteniente de Robin Hood, su función principal era aconsejar a Robin y aleccionar al equipo. Tanto en las antiguas baladas como en las versiones más modernas de la historia, es uno de los primeros miembros de la banda. Es fiel, inteligente y, según se cuenta, muy fuerte. Se supone que fue el único miembro de la banda que estuvo presente en la muerte de Robin Hood.

-          Will Scarlet: Uno de los mejores espadachines de la banda de Robin Hood. En las versiones medievales de la leyenda, Will Scarlet era el miembro más joven de los forajidos, y en ocasiones aparece mencionado con otros nombres, como Scarlock, lo que a veces provoca confusión. De él se dice que era un tanto pagado de sí mismo y que le gustaba vestir de manera refinada.

-          Much: También llamado “el hijo del molinero”. Este escurridizo personaje ha caído en el olvido en las adaptaciones modernas del mito, pero Much, o Midge, como también se le llama, tenía más relevancia en las primeras baladas. Al parecer, fue sorprendido cazando furtivamente en las tierras del rey, pero logró escapar y se unió a la banda de forajidos para luchar a su lado.

-          Fray Tuck: Este monje dado a la bebida es uno de los personajes más entrañables de la banda de Robin Hood. A pesar de pertenecer a una banda de forajidos, representa la cara más amable y mundana de la Iglesia, aquella que está de parte del pueblo tratado injustamente por los poderosos. Se cree que podría estar inspirado en un personaje real, un tal Robert Stafford de Sussex, que vivió en el siglo XV.


El bosque de Sherwood




El famosísimo bosque de Sherwood es la floresta más conocida de todo el mundo gracias a la leyenda de Robin Hood. Antiguamente, el bosque de Sherwood era un coto privado de caza reservado en exclusiva al rey. Robin Hood se atrevió a penetrar el bosque para cazar un venado, lo que le valió convertirse en un proscrito y ser perseguido por la ley.

En la Edad Media, el bosque era un lugar que se prestaba a todo tipo de historias y fantasías debido a su carácter misterioso y oculto. No eran pocos los forajidos que, al igual que Robin Hood, tuvieron que buscar refugio en el bosque para escapar de la justicia, aunque en la época se consideraba un gran riesgo por la cantidad de peligros que se ocultaban entre los árboles. ¿Quién sabía qué clase de criaturas extrañas o espectros aterradores habría allí escondidos, esperando a los incautos que se adentraran en el bosque?


enero 06, 2015

La Truñoteca returns: Los Hijos de la Tierra


¡Hola a todos!

Hace unos días, repasando los contenidos de mi ordenador y de mi blog, me di cuenta de que hace mucho, muchísimo tiempo, que no le dedico un post a un truño literario. No me refiero simplemente a una mención esporádica a un libro o dos que no me hayan gustado, sino un post entero, bien completito. Aunque al principio la Truñoteca nació como un apartado para despacharme a gusto con los grandes bodrios que se pueden encontrar en el mundo del manga, confieso que he pecado de entusiasta. No he leído un gran número de mangas, y la gran mayoría de los que leí no merecen formar parte de la Truñoteca. En cambio, sí que he leído muchos libros. Y una cosa que sucede cuando lees mucho es que, tarde o temprano, te encontrarás con un truñaco tan gordo que te darán ganas de gritar, rugir y maldecir a todos los dioses de la existencia por haber permitido que una mierda semejante se cruzara en tu camino.

Ha llegado la hora de que recupere tan sagrada sección en este blog. Y la mejor manera de recuperarlo es, no con un único libro, sino con una saga completa: Los Hijos de la Tierra. Tarde o temprano tenía que llegar la hora, así que no lo pospongo más y paso a hablaros de mi relación de amor con esta saga, que acabó degenerando en odio.

Antes de seguir, advierto que me voy a despachar a gusto. Esto quiere decir que va a haber muchos SPOILERS pululando por doquier, así que no me hago responsable si no habéis leído la saga y os destripo detalles importantes del argumento. También advierto a posibles haters, amantes de las aventuras de Ayla y Jondalar, que si no quieren leer barbaridades sobre sus ídolos, que no sigan leyendo a partir de aquí. De nada.

Toda historia tiene un comienzo, así que vamos al lío.

Seguro que muchos ya conocéis la saga de Los Hijos de la Tierra, escrita por Jean M. Auel pero, por si no os suena de nada, os hago un pequeño resumen. La historia de Los Hijos de la Tierra ocurre en la Europa del Paleolítico, a mediados del último período glacial. La protagonista es una niña cromagnon llamada Ayla que, a la tierna edad de cinco años, pierde a toda su tribu durante un terremoto y es atacada por un león cavernario, que le deja una herida en la pierna. Cuando está a punto de morir, es encontrada por una tribu de neandertales (que se hacen llamar el Clan) que, después de que se derrumbara la caverna donde vivían, viajan en busca de otra morada donde establecerse. A los neandertales no les gusta el aspecto de Ayla: la consideran extraña, ajena a ellos. Saben que es diferente y no desean tener trato con alguien de su especie, pero como no es más que una niña inocente, al final deciden adoptarla para convertirla en una buena mujer del Clan. Los lectores seremos testigos del crecimiento, desarrollo y aprendizaje de Ayla, lo dura que es la vida para ella dentro de una comunidad de seres humanos entre los que siempre será la rara, la diferente, mirada con recelo y hasta con odio por determinados personajes.

La saga se divide en seis libros:

-El Clan del Oso Cavernario (1980)
-El Valle de los Caballos (1982)
-Los Cazadores de Mamuts (1985)
-Las Llanuras del Tránsito (1990)
-Los Refugios de Piedra (2002)
-La Tierra de las Cuevas Pintadas (2011)




Para que os hagáis una idea de lo espantosa que es esta saga, sólo os diré que el primer libro es el único que vale la pena. El Clan del Oso Cavernario es una de las novelas más buenas y mejor escritas que encontraréis jamás, muy bien documentada, con multitud de detalles y perfectamente desarrollada, por lo que se la recomiendo a todo el mundo.

En ECDOC, es imposible no simpatizar con la joven Ayla. La vemos crecer y aprender, somos testigos de su sufrimiento cada vez que recibía golpes por sus errores o era maldecida con el ostracismo por romper algún tabú de su gente... y lo pasamos fatal cuando tuvo a su hijo Durc, fruto de sucesivas violaciones, y estuvo a punto de ser obligada por el Clan a sacrificarlo, creyendo que era deforme. La vida de Ayla no prometía ser fácil y tenía que enfrentarse a retos diarios para sobrevivir y salir adelante.

Pero esa magia se estropea a partir del segundo libro y se prolonga hasta el sexto, donde Ayla alcanza unas cotas de perfección que, lejos de admirarla,  hacen que la odiemos con ganas.

Ayla es PERFECTA. Así, con mayúsculas. Ayla, típica protagonista Mary Sue a la que todo se le da de maravilla: aprende idiomas en un tiempo récord, es una cazadora inmejorable, una curandera fuera de serie, concibe una manera más fácil de hacer fuego, domestica animales (entre ellos un lobo y un león cavernario. True story) y todo el que la conoce la considera una persona maravillosa.

Aunque para los neandertales era fea, resulta que en realidad es guapísima: rubia, ojos grises, cuerpo escultural, etc. Todos los hombres pierden el culo por ella, y cuando digo todos, es que son TODOS. De verdad, la chica no tiene ni que currárselo: hace un mohín un poco afectado y todos los tíos se la quieren llevar a sus pieles para "compartir placeres", como se repite en la historia una y otra y otra y otra vez. Pero ella sólo quiere estar con su Jondalar, otro que también manda narices. Cuando Ayla aprende a hablar (en el Clan hablan por gestos y sonidos guturales, pero los cromagnones usan palabras), le queda un acento un poco raro; pero lejos de considerar esto un defecto, todo el mundo cree que es algo muy exótico y acaba maravillado. ¿Sabéis cuál es su único fallo? No sabe cantar. Bueno, eso y que tiene la imaginación en el culo, porque cuando tiene que poner nombre a sus animales no se mata mucho: A la yegua la llama Whinnie (que es la onomatopeya del relincho del caballo), al león lo llama Bebé (porque es pequeñito) y al lobo lo llama Lobo. Ooooh... ¡¡¡NO - ME - JODAS!!!

Y la verdad es que no sé qué le ven. Es una mujer normal y corriente, que en realidad no hace nada fuera lo común. Sin embargo, todos insisten en que tiene que ser una especie de sacerdotisa de Doni, la Madre Tierra, sobre todo por sus "poderes especiales". ¿Un ejemplo? Ayla es perspicaz y adivina lo que piensa la gente por sus gestos o su lenguaje corporal, pero todo el mundo cree que es capaz de leer el pensamiento. En fin...

Hablo de Ayla, pero es que el resto también son para hartarse de llorar. Quitando el primer libro, en el resto de la saga los personajes secundarios están por estar. No se libra ni uno, por mucho que insista la autora en darles una personalidad y una historia a cada uno de ellos (no es broma, Auel tiende a dar demasiadas explicaciones de todo y de todos). Son absolutamente prescindibles, y a veces ni siquiera tienen una mínima profundidad psicológica. Si son buenos, lo serán siempre. Si son malos, lo son porque odian a Ayla por alguna razón (es más guapa, es más poderosa, la quieren más...).

Entre tanto machote buenorro en taparrabos, es lógico que Ayla se enamore de uno. ¿Y de quién? ¡Pues del chico más guapo del Pleistoceno, y que es igual de perfecto que ella! Ahí está Jondalar, el Hombre del Año. The Man of the Year. Un portento humano se mire por donde se mire. Alto, rubio, de impresionantes ojos de color azul glaciar, guapísimo hasta provocar sofocos y desmayos en todas las mujeres (hay más de una que quiere violarlo. True story). Atractivo, varonil, elegante, sensual, musculoso... me quedo sin adjetivos, pero es que la autora los ha usado todos para referirse a él. Es tan guapo que, igual que le pasaba a Ayla, no hay mujer que se le resista. En serio, ni una. Por si eso fuera poco, y para que todos los hombres se mueran de envidia... SU POLLA ES ENORME. Es frecuente que la autora le dedique unas cuantas líneas a los polvos que va echando Jondalar a lo largo de su viaje, recreándose especialmente en la magnificencia de su garrote del amor, al que creo que podrían dedicarle un monumento. ¡En serio, qué perfección de órgano viril! Por eso es uno de los más escogidos para celebrar los Primeros Ritos, una ceremonia muy especial que consiste en que las chicas que tienen su primera regla tienen que ser desvirgadas para "abrir la entrada que deje paso al espíritu de un hombre".

¿Ya os habéis repuesto de la conmoción? Los cromagnones tienen sus propias creencias respecto al sexo, como los neandertales, aunque tienen en común que creen que la coyunda no tiene nada que ver con el hecho de hacer niños. Para el Clan, la cosa iba de tótems, que son algo así como espíritus animales que pertenecen a una persona. Todos los meses, el tótem de una mujer batalla contra el de los hombres; si gana el tótem de la mujer porque su animal espiritual es más poderoso, la mujer tendrá la menstruación. En cambio, si es derrotado por el tótem del hombre, se quedará embarazada. Muy poético, ¿verdad? En cuanto a los cromagnones, pues es algo parecido. Ellos creen que la cosa va de espíritus que se mezclan para dar origen a una nueva vida, que pertenece en exclusiva a la mujer. Según ellos, el hombre no tiene nada que ver con la reproducción y sólo existe para abrir a la mujer y protegerla cuando tenga hijos. Cuando la mujer sea desvirgada, estará en condiciones de concebir... si la Madre Tierra quiere. Este tema en concreto es uno de los más repetidos a lo largo de toda la saga porque, por si no lo sabíais, Ayla es la única que se para a pensar y se da cuenta de que si un niño sale por el mismo sitio por donde un hombre ha eyaculado... es que eso tiene que significar algo. Mary Sue al cantooooo...

¿Y lo demás? ¿Qué otras cosas nos puede ofrecer Los Hijos de la Tierra? Me temo que muy poco, por desgracia. Auel debe ser de esos autores que tienen una línea argumental muy simple y, para magnificarla, se dedican a meter más y más páginas de absoluta morralla. En este caso, abundan las descripciones de absolutamente todo. Y aunque eso está muy bien en cuestión de paisajes y emplazamientos, resulta verdaderamente cansino cuando se pone, por ejemplo, a describir punto por punto toda la flora que hay por una determinada región. Con la excusa de que Ayla está buscando hierbas para hacer sus medicinas, Auel empieza una larga y aburridísima diatriba de todas las plantas que hay por las cercanías, con sus usos y propiedades específicas. Si eres botánico o te gustan los remedios naturales, puede que le encuentres interés a estas partes; para todos los demás, es un maldito coñazo.

Esto también se extrapola a otras situaciones. Por ejemplo, cada vez que Jondalar mira a los ojos a una mujer, sea quien sea (incluso sus propias hermanas), la chica va a experimentar las mismas sensaciones de excitación sexual, y Auel las describe siempre de la misma manera. Lo mismo cada vez que Ayla abre la boca para hablar y todos se dan cuenta de lo raro que es su acento, y seguimos con las mismas descripciones. También cuando Ayla cura a alguien, los polvos de la parejita, cuando Jondalar cuenta la historia de sus viajes, cuando hace una demostración con el lanzavenablos (es un propulsor de lanzas), cuando Ayla explica cómo encontró a Lobo y a Whinnie... De verdad, es siempre lo mismo. Se repite una y otra vez. No te cuenta nada nuevo.

Por no hablar del tono de culebrón que la saga va adquiriendo a medida que avanza. Pasamos de ver la dureza de la vida en la Prehistoria a contemplar la arrolladora relación amorosa de Ayla y Jondalar, de la que todo el que les rodea está pendiente. Se aman tanto, se necesitan tanto, se ansían tanto... Por supuesto, la autora también mete un triángulo amoroso, porque Ayla y Jondalar discuten y entonces ella se larga con un negrazo prehistórico con las mismas habilidades sexuales que Jondalar, y que está absolutamente obsesionado con Ayla. A esta relación se le dedica todo el tercer libro, por lo que me lo pasé potando de principio a fin. Pero, si creíais que eso se iba a quedar ahí, estáis muy equivocados. Llega el sexto libro, el culmen de la historia. Si las innumerables descripciones de cuevas y pinturas no os parecen suficientes para engrosar el libro, la autora se saca un as de la manga y repite el esquema triangular amoroso (con otro personaje) para darle emoción al asunto. ¡Una mierda como un piano!

Si Jean M. Auel quería que se me dibujara una expresión de repulsa en el rostro, lo ha conseguido. Lo que me parece más indignante es que hay algunos tomos entre los que hay un lapso de tiempo muy amplio, por lo que los seguidores de la saga esperábamos que la autora se lo currara mucho más. ¡Qué decepción coger el libro nuevo y ver que es un bodrio del que no se aprovechan más que unos pocos episodios! Intenté que me gustara la saga. Os juro que lo intenté. Pero cada libro es peor que el anterior, y cuando llegué al sexto ya estaba al límite. Terminé la historia, pero con un cabreo enorme. Indignada de que se le haya dado un final tan pobre a una historia que empezó tan bien.

Pues esta es mi historia con Los Hijos de la Tierra. Releyendo la reseña, me doy cuenta de que la razón por la que empecé a odiarla es por la aparición de la exasperante Mary Sue. ¡Qué triste XD!

enero 01, 2015

La Princesa del mes: Blancanieves


¡Hola a todos y bienvenidos al 2015!

Empezamos el año con fuerza y con alegría, esperando con ilusión qué cosas nos va a traer el nuevo año. Seguro que todos vosotros ya habéis hecho vuestros propósitos para año nuevo, o tenéis en mente algunos proyectos que os gustaría llevar a cabo. Bien, pues el 2015 es un buen año para hacerlo.

Yo, por mi parte, he hecho mi lista de buenos propósitos y tengo pensado llevar algunos a cabo. ¿Cuáles? Ya lo averiguaréis, jejeje! Uno de ellos es seguir adelante con este blog y actualizarlo siempre que me sea posible con contenidos que me gusten o me parezcan interesantes. ¡Y mucho mejor si a vosotros también os gustan!

Para ir calentando motores, voy a empezar con un calendario dedicado este año a las Princesas Disney. ¿Por qué? Bueno, supongo que porque me apetecía (y el aluvión de películas Disney en estas vacaciones también ha tenido mucho que ver). Como hice el año pasado con las Kimmidolls, cada mes estará dedicado a una nueva Princesa Disney.


Blancanieves



Nombre: Blancanieves
Rango: Princesa de nacimiento
País: Alemania
Edad: 14 años
Familia:
            - Padre (fallecido)
            - Madre (fallecida)
            - Reina Grimhilde (madrastra)

Amigos: 
            - Los siete enanitos
            - Los animalitos del bosque

Esposo: Príncipe Fernando
Canción: Con una sonrisa y una canción

La historia de Blancanieves es una de las más conocidas del mundo. Un día, una reina deseó tener una niña que fuese de piel blanca como la nieve, de mejillas rojas como la sangre y de cabello negro como la noche. Su deseo se cumplió, pero la reina murió al poco de dar a luz. El rey se casó por segunda vez con una mujer de gran belleza, pero también muy celosa y vanidosa que poseía un espejo mágico. La reina bruja se acercaba todos los días al espejo y le preguntaba quién era la mujer más hermosa del reino, a lo que el espejo siempre contestaba que ella era la más bella de todas.

Pero cuando Blancanieves creció y se convirtió en una preciosa jovencita, el espejo le dijo a la reina bruja que había sido desplazada en belleza por Blancanieves. La reina montó en cólera y, a partir de entonces, iniciaría una carrera por destruir a Blancanieves. Ordenó a un cazador que la matara en el bosque, pero el hombre se apiadó de la princesa y le ordenó que huyera de la reina. Después de vagar por el bosque, Blancanieves encontró una casita que pertenecía a siete enanitos que trabajaban en las minas. Después de hablar con ellos y contarles su terrible situación, los enanitos le permitieron quedarse con ellos a cambio de que atendiera la casa.

Mientras tanto, la reina le preguntó a su espejo una vez más quién era la mujer más bella de todas, y fue así como descubrió que Blancanieves estaba viva y tramó un plan para deshacerse de ella de una vez por todas. Tomó una poción para transformarse en una anciana decrépita y utilizó sus artes y conjuros para envenenar una manzana destinada a Blancanieves. Era una manzana mágica que sumiría a la niña en una muerte aparente, de la que sólo podría despertarse con un beso de amor. La bruja fue a visitar a Blancanieves a la casa de los enanitos y le dio la manzana a Blancanieves. Cuando la princesa mordió la manzana, cayó muerta. La bruja huyó, perseguida por los enanitos y los animales del bosque, y cayó por un acantilado, muriendo al instante. 

En cuanto a Blancanieves, los enanitos no tuvieron corazón para enterrarla y le fabricaron un sarcófago de cristal. Fue entonces cuando el príncipe Fernando, que había vagado por todo el reino en busca de Blancanieves para pedir su mano en matrimonio, encontró a los enanitos arrodillados ante el féretro de la princesa. A modo de consuelo, pidió a los enanitos que levantaran la tapa del sarcófago para poder despedirse de Blancanieves con un beso de amor. Fue entonces cuando se obró el milagro, pues el beso del príncipe rompió el hechizo y Blancanieves despertó, causando a todos una gran alegría. Al final, Blancanieves se casa con el príncipe Fernando y juntos van a su reino, donde vivieron felices para siempre.