miércoles, 19 de septiembre de 2018

Dos clásicos diferentes


¡Hola a todos!

Si hay algo que me apasiona en esta vida es leer. Sí, ya sé que a estas alturas de la vida (con las coñas, llevamos ya seis años con el blog, que se dice pronto) deciros que soy una ávida lectora es como repetir una historia contada ya millones de veces. Sin embargo, hace poco ha surgido en mi círculo familiar el tema de la lectura, coincidiendo con el inicio del nuevo curso escolar para uno de mis primos.

Durante el debate, mi posición estuvo desde el primer momento a favor del fomento de la lectura, por razones más que obvias. Al igual que el deporte es el ejercicio del cuerpo, la lectura es el ejercicio de la mente, y creo que cultivar el hábito de leer un poco todos los días es algo que se tendría que inculcar a las nuevas generaciones desde temprana edad. La lectura acabará por mostrarle al niño infinitos mundos llenos de historias y posibilidades, y con el tiempo querrá descubrirlos todos. Empezará con los cuentos, seguirá con las novelas juveniles de aventuras, tal vez probará con la fantasía o el romance, se atreverá con la novela negra, la de terror, la humorística... y llegará un punto en el que, como miles de personas antes que él, querrá echar un vistazo a los clásicos literarios de siempre, aquellos que han marcado un hito en la historia de la literatura y que son considerados por muchos como libros que todos debemos leer al menos una vez en nuestras vidas.

Pero entonces surge la contrapartida del debate: No se puede obligar a un niño a leer lo que no quiere ni meterle los clásicos por la fuerza, ya que entonces obtendríamos un resultado negativo. Obligar a alguien a hacer lo que no quiere es suficiente para hacer que lo relacione como algo negativo y no quiera hacerlo nunca más, y en el caso de la lectura no podría estar más de acuerdo. Yo misma siento un cierto rencor hacia el Quijote después de que mi señor padre me aburriera durante mis años de infancia con párrafos inacabables de la obra cumbre de Cervantes.

Sin embargo, una mala experiencia no debería apartarnos de la buena literatura ni reducir a bobadas aquellas obras que, por pereza o desgana nuestra, merecen una oportunidad de ser leídas. Cierto es que a veces la profundidad de la pieza literaria puede disuadir al lector, sobre todo si está poco acostumbrado a la lectura, pero en esas ocasiones basta con cambiar el formato de la novela para darle un mayor atractivo, y para esto no hace falta faltar al argumento original ni destrozar su esencia. Yo misma he podido comprobarlo este verano con estos dos clásicos que aprovecho para recomendaros si queréis leer buena literatura de una manera diferente.



Carmen, Prosper Mérimée





España, siglo XIX. Un viajero francés llega a Andalucía para conocer a fondo el país y embeberse de su cultura. Pero a quien conoce es a José Lizarrabengoa, un exmilitar de origen navarro que comparte con él su terrible historia: la de su amor por Carmen, una hermosa gitana con un poder de seducción tal que lo apartó del Ejército y lo arrastró al delito, convirtiéndolo en un bandido. Ciego de amor por Carmen y, a la vez, devorado por los celos que sus devaneos con otros hombres le provocan, José llega a cometer todo tipo de tropelías, robos y asesinatos con tal de retener a Carmen a su lado un poco más, culminando su estela de crímenes con el peor de los asesinatos, el último que habría querido llevar a cabo.

Con el transcurso del tiempo, el personaje de Carmen se ha convertido en un mito, un icono representativo de la mujer fatal por excelencia. Se tiende a reducir Carmen a la ópera de Bizet, y eso es casi como desestimar el interés que tienen tanto este personaje como la obra que lo hizo inmortal. Creada por Prosper Mérimée en el año 1845, Carmen es algo más que una novela corta ambientada en la España romántica (y bastante idealizada) del exotismo andaluz y el bandolerismo; es, en esencia, un estudio sobre los gitanos y sobre una España desaparecida con el interesante enfoque de un literato, arqueólogo y etnólogo francés que viajó a esta tierra y quedó prendado de su belleza y sus costumbres. Aunque a día de hoy algunos apartados pueden considerarse ofensivos por racistas, pero hay que tener en cuenta que eran otros tiempos y que la intención de Mérimée era la de recrear España y sus costumbres desde su propia percepción. Fascinado por la cultura gitana, no es de extrañar que Mérimée hubiera escogido a una gitana para ser la heroína de la novela que le granjearía la inmortalidad.

Carmen es una heroína tan sólida, tan profunda y representativa, que llegará a convertirse en el arquetipo de la mujer fatal, llegando a inundar por completo el relato aun cuando no está presente. Para hacer más patente la peligrosidad que encierra esta fascinante mujer, Mérimée la describe como una criatura de una belleza sobrenatural, casi satánica. «Has topado con el diablo, sí, con el diablo», le dice a don José, su celoso amante. El atractivo de Carmen reside en su inmenso poder de seducción, al que ningún hombre parece poder resistirse. Con una simple mirada de soslayo, cautiva a cada hombre que se le pone a tiro y teje a su alrededor una telaraña que lo atrapa y lo envuelve hasta que éste pierde por completo su voluntad y se rinde ante ella. Carmen es la tentación hecha carne, y cruzarse con ella es muy peligroso no solo por el poder de atracción que tiene, sino también porque ella misma es consciente del influjo que tiene sobre los hombres. Es múltiple, inalcanzable y víctima mortal de las mañas que ha aplicado con el hombre que no debía. Pero pese a conocer qué destino le aguarda, Carmen sigue siendo Carmen hasta el final. «Puesto que eres mi rom, tienes derecho a matar a tu romí; pero Carmen será siempre libre».

Hay muchas ediciones de esta magnífica novela corta, pero la que más me ha gustado ha sido esta que os muestro hoy, ilustrada por el francés Benjamin Lacombe. El estilo oscuro de este ilustrador me ha resultado fascinante desde la primera vez que lo vi, y cuando tuve la oportunidad de hacerme con esta obra dibujada por él no pude resistirme. Lacombe toma el personaje de Carmen y le da forma como solo él sabe hacerlo. A nuestros ojos la pinta como una mujer de grandes ojos negros y mirada penetrante, quasi metamorfoseada en una araña que teje sus redes alrededor de don José. Su mantilla negra hace las veces de red o de telaraña con la que envuelve a sus amantes, y es frecuente encontrarla dibujada con varias piernas y patas de araña, como si así el ilustrador quisiera remarcar su aura maléfica y antinatural, la de una viuda negra o una mantis religiosa que devora al macho tras la cópula.



La Letra Escarlata, Nathaniel Hawthorne





Un terrible escándalo sacude la tranquilidad de una pequeña comunidad puritana del siglo XVII: una mujer casada ha tenido una hija de otro hombre mientras su marido estaba ausente. Hester Prynne, la adúltera, es obligada por sus vecinos a llevar una letra «A» escarlata sobre el pecho para que no pueda esconder su pecado. A pesar de que se le ordena repetidas veces revelar el nombre del padre de su hija, Hester se niega y trata de vivir con dignidad en una sociedad injusta e hipócrita.

Cuando pensamos en La Letra Escarlata, la mayoría de nosotros tenemos en mente la película de los 90 protagonizada por Demi Moore y Gary Oldman. Pero una cosa es la adaptación cinematográfica al estilo hollywoodiense, y otra muy distinta es la novela original. Publicada en 1850 por el escritor Nathaniel Hawthorne, La Letra Escarlata se convirtió muy pronto en uno de los primeros best seller de Estados Unidos, a pesar de que el autor tuvo sus problemas con la población de Salem, que se sintió insultada por su descripción en el prefacio. La mayoría de los críticos alabaron la novela y la detallada descripción psicológica de sus personajes, pero los líderes religiosos la condenaron repetidamente por su temática poco apropiada y porque Hawthorne hizo que Hester Prynne, la adúltera, dejara de ser una malvada pecadora y pasó a convertirla en una mujer fuerte por la que el lector sentía compasión ante el injusto trato que se le dispensa.

La Letra Escarlata no es un romance, como se dice en la portada de la primera edición, o no es un romance al uso. A pesar de que Hester se ha entregado por amor a otro hombre y ha tenido una hija con él, no es el amor el tema principal de la novela, sino la culpa y el cargo de conciencia. La trama gira alrededor de tres personajes: La propia Hester Prynne; Roger Chillingworth, nombre tras el que se oculta el vengativo esposo de Hester; y el reverendo Arthur Dimmesdale, quien fue el amante de Hester y el padre de su hija Pearl, como iremos descubriendo a lo largo de la novela. El peso de la culpa por el pecado cometido cae como una losa sobre Hester y Dimmesdale, pero es este último el que se deja arrastrar hacia la más absoluta desesperación, quizá porque Hester no puede ni quiere esconder su mancha, mientras que él se empecina en cargar con ese peso por miedo, vergüenza y penitencia.

De todas las ediciones de La Letra Escarlata que habría podido encontrar, la que hoy os recomiendo se sale un poco de lo habitual, pero considero que se trata de una adaptación muy buena tanto si os gusta la buena literatura como el formato cómic. Norma Editorial nos ofrece esta novela convertida en un manga gracias a la colaboración entre la mangaka SunNeko Lee (quien ya adaptó otros clásicos de la colección como Los Miserables y Jane Eyre) y la filóloga Crystal S. Chan, encargada de adaptar la novela respetando la esencia de la obra original y dándole un toque especial para ganarse el gusto de las audiencias más jóvenes. Ha sido esta una lectura de lo más interesante para mí, pues la calidad de la adaptación sumada al exquisito dibujo de Lee y la fidelidad que guarda con el contexto de la obra me han hecho olvidarme de que estaba ante un manga, y me ha enseñado a disfrutar de un clásico literario de una manera que jamás sospeché que podía hacerse. Es una forma muy buena de disfrutar de una maravillosa novela pero con un nuevo enfoque que no resta nada de calidad a la obra original.


¡Y hasta aquí por hoy! Espero que os haya gustado esta entrada. Si queréis hacer algún aporte o hacerme alguna recomendación, ya sabéis que tenéis abajo los comentarios para dejar vuestras impresiones.

¡Hasta pronto!

domingo, 9 de septiembre de 2018

El Rincón del Lector XI: Elantris


¡Hola a todos!

Y aquí seguimos, empapándonos de lectura fantástica para alimentar el cuerpo y el espíritu. Por si no os acordáis, os dije hace un par de meses más o menos que durante mis vacaciones había comprado dos libros muy importantes para mí; de Nuncanoche ya conocéis mi opinión, pues os he dejado la reseña correspondiente en este mismo blog, pero todavía me quedaba pendiente de leer la otra novela que compré: Elantris, de Brandon Sanderson. Considerada una de las mejores novelas de fantasía de los últimos diez años, la magnífica opera prima de un autor novel que supo hacerse un nombre y un lugar de honor en el panteón de escritores de fantasía, Elantris tenía que caer en mis manos de una manera u otra. Y aquí la tenéis. Poneos cómodos y acompañadme a una ciudad poblada por dioses, donde la magia inunda cada piedra que pavimenta sus calles y concede asombrosos poderes a sus gloriosos habitantes. Acompañadme a una ciudad en la que la sabiduría, la gloria y la eternidad se desvanecieron hace diez años, convirtiéndola en un conjunto de ruinas mugrientas por donde vagan cadáveres andantes atormentados por un dolor que no tiene fin. Acompañadme a Elantris.


Título: Elantris

Autor: Brandon Sanderson

Editorial: Ediciones B – Nova

Nº de páginas: 794 págs.

Año: 2006

Sinopsis: Bienvenidos a la ciudad de Elantris, la poderosa y bella capital de Arelon llamada la «ciudad de los dioses». Antaño famosa sede de inmortales, lugar repleto de poderosa magia, Elantris ha caído en desgracia. Ahora solo acoge a los nuevos «muertos en vida», postrados en una insufrible «no-vida» tras una misteriosa y terrible transformación. Un matrimonio de Estado destinado a unir los reinos de Arelon y Teod se frustra, ya que el novio, Raoden, el príncipe de Arelon, sufre inesperadamente la Transformación, se convierte en un «muerto en vida» y debe refugiarse en Elantris. Su reciente esposa, la princesa Sarene de Teod, creyéndolo muerto, se ve obligada a incorporarse a la vida de Arelon y su nueva capital, Kae. Mientras, el embajador y alto sacerdote de otro reino vecino, Fjorden, usará su habilidad política para intentar dominar Arelon y Teod con el propósito de someterlos a su emperador y su dios.


RESEÑA (sin spoilers)

Si os digo la verdad, nunca había oído hablar de Brandon Sanderson hasta hace relativamente poco. Desde que George R. R. Martin puso de moda el género grimdark con su laureada (y a veces sobrevalorada) Canción de Hielo y Fuego, para mí fue habitual encontrar en las librerías montones y montones de novelas ambientadas en reinos de corte medieval donde la sangre, las vísceras, el sexo salvaje y la oscuridad eran el pan nuestro de cada día. Y no me parece mal, pues son temas inherentes al género humano y mucho más realistas que la fantasía Disney por la que otros autores optan, sobre todo los que escriben fantasía para niños o preadolescentes. A día de hoy, la palabra grimdark se asocia con fantasía para adultos y, como ya he dicho, por mí está bien.

Sin embargo, dicen que lo bueno, si breve, dos veces bueno, y esto es precisamente lo que no se aplica a la publicación de novelas de fantasía para adultos. Como pasa con la mayoría de las modas, basta con que salga un libro sobre determinado tema y se acabe popularizando y convirtiendo en un fenómeno de masas, para que acto seguido surja una horda de escritores que van a enfocar sus historias en el mismo sentido. Esto hace que el panorama literario se vuelva tedioso, pues al final casi se nos obliga a consumir libros que tienen temáticas muy parecidas en las que la violencia cobra un papel protagónico y le hace preguntarse a uno si será verdad que el ser humano es un cabrón sanguinario por naturaleza y es imposible que surjan aspectos de su carácter como la bondad, la abnegación y el sentido de la amistad. Por eso creo que Sanderson ha acertado al no dejarse llevar por las modas y seguir su instinto, ofreciéndonos una historia de fantasía para adultos clásica, con sus momentos de maldad y violencia, pero sin eclipsar a los de generosidad y optimismo.

La historia que nos ocupa gira en torno a la ciudad de Elantris, antaño una urbe poblada por criaturas más parecidas a dioses que a seres humanos, capaces de hacer magia poderosísima y realizar prodigios asombrosos. Sin embargo, en el momento en que da comienzo la historia, se nos dice que esa época de esplendor y gloria terminó misteriosamente hace diez años, y que aquellas deidades de poderes sobrenaturales se han convertido de la noche a la mañana en una raza de zombies agonizantes, comidos por la mugre y poseídos por un dolor que nunca merma y que acaba volviéndolos locos. A esta ciudad es a donde será arrojado el príncipe Raoden de Arelon en cuanto se descubre que lo ha alcanzado la Shaod, la Transformación. Su vida cambia por completo en cuestión de horas y se verá obligado a tratar de sobrevivir lo mejor que pueda en ese lugar maldito y odiado por todos.

Al otro lado de las murallas de Elantris, la princesa Sarene de Teod llega a Arelon justo para enterarse de que Raoden, su prometido, ha “fallecido” y que la boda no puede celebrarse. Con todo, tiene el deber de incorporarse a la corte arelena y ejercer su papel como nueva hija del rey, aunque su inteligencia y su interés por los movimientos políticos de su nuevo reino pronto le harán ganarse un lugar de respeto entre la nobleza. Al mismo tiempo, un alto sacerdote fjordell llamado Hrathen llega a Arelon con una misión muy específica: conseguir que el reino de Arelon se someta de buen grado ante su pontífice y su dios, Jaddeth. El imperio de Fjorden, famoso por su amplio territorio y su afán de dominación, tiene en mente la anexión de los reinos de Arelon y Teod, y Hrathen pretende conseguírselos a su emperador a través de la conversión de sus gobernantes a la religión que profesa, el Shu-Dereth.

Tenemos, por tanto, tres puntos de vista sobre la misma historia llevados de la mano de tres personajes: Raoden, Sarene y Hrathen. Raoden nos ofrece la visión interior de Elantris y nos ayuda a profundizar en la miseria de sus habitantes, su dolor y desgracia. Por lo contrario, con Hrathen tendremos la visión de Elantris como una especie de amenaza a sus planes de sometimiento, ya que la antaño maravillosa urbe es un bastión al que muchos siguen temiendo y casi venerando, aunque sus motivos para hacerlo hayan cambiado en los últimos diez años. El punto de vista de Sarene está más enfocado a las luchas políticas en la corte de Arelon, y su principal rival será el sacerdote fjordell, con quien ha iniciado una batalla silenciosa en la que cada uno busca sus apoyos y trata de adelantarse a los movimientos del otro. Pero, sin lugar a dudas, la gran protagonista de este libro es la propia ciudad de Elantris, un lugar fascinante y lleno de misterios alrededor del cual gira toda la acción.

Al parecer, cuando Sanderson concibió la idea de Elantris como ciudad, pretendía crear algo original y distinto a todo lo que se había visto anteriormente; sin embargo, muchos lectores (y yo me incluyo entre ellos) han creído ver un cierto parecido con las antiguas polis griegas. El propio Sanderson reconoce que sí, se parece un poco a Grecia, pero que no se hizo con esa intención. No obstante, esa imagen de una ciudad que parecía hecha de pura luz, donde el arte y la sabiduría eran tesoros más valiosos que el oro o la plata, pero que ahora ha quedado reducida casi a escombros, evoca a la perfección una especie de Atenas o una Olimpia derruida. Desde el principio se nos ofrece la resolución de un misterio para el que no parece haber respuesta posible: ¿Qué ocurrió en Elantris hace diez años? ¿Cómo es posible que una ciudad plena de luz y magia se convirtiera en una ruina de un día para otro? ¿Por qué los elantrinos, esos seres equiparables a dioses hechos carne, se transformaron en cadáveres devorados por el dolor y la amargura? Hay respuestas para todos esos interrogantes, pero el misterio nos acompañará a lo largo de toda la novela y creará en nosotros una especie de tensión que me parece muy bien llevada y resuelta al final.

El resto del mundo es un poco difícil de dilucidar, ya que la marcada presencia de Elantris eclipsa, a mi parecer, los reinos circundantes a Arelon. Tenemos por un lado el reino de Teod, hogar de Sarene, que simplemente aparece descrito como un territorio que posee una fuerza naval insuperable y que basa su riqueza en el establecimiento de tratados comerciales muy ventajosos. Al este de Arelon tendremos la antigua república de Duladel (¿quizás el norte de África o Próximo Oriente?) y Jindo, un lugar que me ha traído reminiscencias de Asia, sobre todo por las rutas comerciales por donde pasan seda y especias como bienes más preciados y el dominio de ciertas artes marciales. Y, por último, tendremos el imperio de Fjorden, gobernado con mano de hierro por una especie de papa-emperador conocido como el Wyrn, cuyo afán de dominación invocando el nombre de su dios le ha llevado a hacerse con más de medio mundo y amenaza con tragarse también Arelon y Teod, los últimos reinos que resisten su envite.

Como podéis ver, a la novela no le falta detalle. Si tuviera que ponerle una pega a la ambientación, diría que la cultura de algunos lugares me parece, si no mal construida, sí un poco simple. En el reino de Arelon no parece haber fiestas populares ni entretenimientos, no hay canciones ni destaca precisamente por ser la cuna del arte, la filosofía o las ciencias. Es un reino estándar con una cultura estándar basada en que los nobles ganan o pierden su título en función de su patrimonio, y en que todas las mujeres son meros objetos decorativos sin voz ni voto y que solo piensan en vestidos y amores cortesanos. Las únicas sociedades que me parecen mejor construidas son las de Duladel y Fjorden, pues de la primera tenemos referencias gracias a menciones de otros personajes que nos dibujan una antigua república llena de vida, color y música, y de la segunda sabemos gracias a Hrathen que es una sociedad edificada entorno al culto casi fanático al dios Jaddeth, por lo que la religión rige todos los aspectos de sus gentes.

En lo que respecta a los personajes, diré que los hay de lo más variados. De todos ellos, el trío de protagonistas recibe una mayor atención y descripción, aunque no todos se han ganado mi simpatía por igual. El príncipe Raoden es un personaje que destaca, sobre todo, por ser un incorregible optimista. Su ingenio, su carisma y su capacidad extraordinaria para ver un rayo de esperanza hasta en la más honda de las miserias, le llevan a recorrer uno de los caminos más difíciles de la historia, pero también el más edificante. Sarene es el paradigma de la princesa que se sale de la norma establecida; inteligente, activa y nada superficial, será una pieza indispensable en el juego político que se ha iniciado en la corte de Arelon. La estropea, bajo mi punto de vista, un excesivo complejo de superioridad que la lleva a querer tener razón en todo y a hacer que paguen justos por pecadores en determinadas situaciones. Y por último tenemos a Hrathen, el que para mí es el mejor personaje de toda la novela. Resulta curiosa la evolución de este sacerdote, que empieza siendo un hombre severo, rígido y profundamente convencido de sus creencias, para acabar cuestionándose a sí mismo y la licitud de las creencias por las que se ha enfrentado a toda una nación. Es uno de los personajes con mayor desarrollo de la novela y, en mi opinión, uno de los más atractivos de todo el plantel.

En cuanto a los personajes secundarios, como siempre, los hay para todos los gustos. Me han gustado mucho aquellos que forman parte de la sociedad de Elantris, como Galladon y Karata. Entre la nobleza arelena también hay personajes que atraerán nuestras simpatías, por no hablar de Kiin, el tío de Sarene, y su peculiar familia. Sin embargo, he tenido mis más y mis menos con los personajes secundarios, ya que muchos de ellos tienden a responder al modelo de buenos muy buenos y malos muy malos, y eso es algo que suele decepcionarme. Además, algunas de las cosas que hacen me han dejado completamente estupefacta, ya que eran cosas que no esperaba que esos personajes fueran capaces de hacer, y la manera en que las hacen es simplona en el mejor de los casos y una completa estupidez en el peor.

Sin embargo, todo eso queda eclipsado cuando toca enfrentarse a uno de los mayores atractivos de esta novela, que no es otra cosa que el sistema de magia. Sanderson, gran defensor de poner normas al uso de la magia, demuestra que se pueden crear sistemas mágicos llenos de coherencia sin perder ni un ápice del sentido de la maravilla. La magia “porque sí” no existe en Elantris: aquí hay normas, poderes que existen por una razón y unas pautas para extraer de ellos el máximo potencial. La AonDor elantrina, agostada también por la maldición que afecta a todos los habitantes de la ciudad, está aguardando a ser despertada de nuevo. Se trata de un sistema de magia que consiste en escribir caracteres de luz que, bien realizados, son capaces de obrar auténticos milagros; en cambio, el más pequeño error puede conducir a un completo desastre; todo depende de la habilidad de su ejecutor, entrenado a conciencia durante mucho tiempo en este tipo de magia. Sin lugar a dudas, la magia y sus reglas son lo que más vida le da a esta novela y creo que es lo que la ha hecho tan memorable.

Para ir terminando, diré que si tuviera que recomendar Elantris, lo haría con mucho gusto y convencida de que al lector potencial le gustará. Si ya estáis cansados de tanto grimdark y queréis volver a las raíces, a la fantasía clásica, éste libro no os va a decepcionar. La falta de sangre y vísceras ha sido suplida por ternura y amistad, y creo que eso está bien. Y si le sumamos el hecho de que es una novela autoconclusiva y no es necesario esperar meses o años a que salga una siguiente parte, me parece que no tenéis excusa para darle una oportunidad.


sábado, 1 de septiembre de 2018

La leyenda del mes: El Puente del Pasatiempo


¡Hola a todos!

Sí, ya sé que ha pasado otro mes y no he publicado nada en el blog. ¿Mi excusa? Pues que, como todo el mundo sabe, en agosto todo el mundo se va de vacaciones y España cierra hasta el mes siguiente. Yo he tenido que seguir trabajando, claro, pero me he dado unas pequeñas "vacaciones" del blog para dedicarme a otras cosas. Sé que mucha gente ahora mismo estará lamentando el final del verano y sentirá pena por tener que empezar de nuevo el curso o la típica rutina que ya no abandonará hasta el año que viene. Pero qué queréis que os diga, a mí me parece bien que el verano se haya acabado. He pasado unas semanas de mucho agobio y tengo ganas de volver a mi rutina habitual, a la tranquilidad del día a día. Espero que dentro de poco todo vuelva a la normalidad y pueda tener un pequeño descanso, porque os juro que este verano no he parado y me ha costado mucho seguir el ritmo.

Pero vamos a lo que vamos, que toca presentar ya la leyenda de este mes. Espero poder actualizar un poco más seguido a partir de ahora, así que no me perdáis de vista, ¿vale?


El Puente del Pasatiempo




La muerte del rey Enrique IV dio comienzo a una guerra entre las dos aspirantes al trono: la hermana menor del rey, doña Isabel, y su única hija, doña Juana, a la que los detractores del rey habían motejado como La Beltraneja por creerla hija en realidad de don Beltrán de la Cueva, el valido favorito del rey. La nobleza castellana quedó dividida en dos. En Castilla vencieron pronto los que apoyaban la causa de doña Isabel, pero en Galicia tenían más fuerza los que defendían a doña Juana; eran, principalmente, el conde de Lemos, el conde de Soutomaior y el mariscal Pedro Pardo de Cela. Partidario de doña Isabel fue el señor don Diego de Andrade y algunos amigos suyos.

Aun después de que doña Isabel se hiciera con el trono, estos nobles gallegos seguían sin acatar la autoridad de los Reyes Católicos, de modo que se envió una fuerza de trescientos jinetes para acompañar a un bachiller y al nuevo gobernador de Galicia, con la orden de hacer justicia; aquella justicia que, a decir del propio cronista de los reyes, rayaba en la crueldad más ruin. Al conde de Soutomaior lo mataron mientras dormía, mientras que el de Lemos murió de viejo. Pero quedaba todavía el mariscal Pardo de Cela que, parapetado en su fortaleza de A Frouseira, seguía ofreciendo resistencia. Sin embargo, aprovechando un descuido del mariscal, los jinetes enviados por los reyes se hicieron con la plaza y arrestaron a Pardo de Cela junto con sus partidarios. Acusado de traición y bandidaje, Pardo de Cela fue juzgado y condenado a morir en garrote.

Cuando doña Isabel de Castro, esposa del mariscal, supo de la triste noticia de la prisión, decidió presentarse ante la reina, que entonces se encontraba en Valladolid, para pedirle clemencia por su esposo. Pero el obispo de Mondoñedo, que odiaba al mariscal porque este no había querido entregarle algunos bienes de su mujer ni quiso tampoco dejar de cobrar las rentas que le fueron concedidas por el rey Enrique en aquel obispado, hizo todo cuanto estuvo en su mano para que no se le otorgase el perdón real a Pardo de Cela. La muerte del mariscal le corría prisa y, por si la señora doña Isabel de Castro llegaba con la gracia concedida por la reina, adelantó el suplicio.

Pero el día señalado para la ejecución llegaron noticias de que doña Isabel venía con el indulto real y cabalgaba apresuradamente hacia Mondoñedo. Entonces, el obispo ideó un medio para evitar que el perdón llegara a tiempo: envió a la entrada de la ciudad a algunos de sus canónicos, que detuvieron a la pobre mujer, entreteniéndola con mil habladurías. La atribulada señora quería seguir adelante, pero ellos le aseguraron que nada tenía que recelar, y siguieron su conversación. Entretanto, el mariscal Pardo de Cela y su hijo fueron decapitados.

Consumada la ejecución, las campanas de la ciudad tocaron a muerto. Y fue entonces cuando doña Isabel, horrorizada, se dio cuenta de lo que acababa de pasar y consiguió entrar por fin en la villa. Demasiado tarde, por desgracia.

Y desde entonces, los vecinos de Mondoñedo llaman a aquel lugar donde tuvieron entretenida a doña Isabel de Castro “A Ponte do Pasatempo”.

miércoles, 1 de agosto de 2018

La leyenda del mes: La cueva del Rey Cintolo


¡Hola a todos!

Y llegamos ya a agosto, el segundo mes del verano. Supongo que muchos de vosotros pronto empezaréis las vacaciones, que bien merecidas las tenéis, pero yo tengo que seguir trabajando para amasar la inmensa fortuna que tengo pensado reunir para construirme un castillo en la montaña, con casinos y furcios incluidos. ¿Qué pasa? ¿Es que una chica no puede soñar?

En fin, espero que lo estéis pasando de maravilla este verano y que lo disfrutéis de la manera más sana y divertida posible. Yo intentaré aprovechar lo máximo posible de este verano siempre que el tiempo me lo permita. Seguiré leyendo y escribiendo, por supuesto, y por mucho trabajo que tenga voy a actualizar el blog lo más seguido posible. ¡Espero poder seguir viéndoos por aquí!

Aquí os dejo la leyenda que corresponde a este mes, que es una de las más famosas de toda Galicia y cuyo emplazamiento todavía se puede visitar, ^^*


La cueva del Rey Cintolo




Cuenta la leyenda que hace mucho, muchísimo tiempo, antes de que existieran los pueblos y comarcas tal y como los conocemos, muy cerca de las tierras de Mondoñedo había una zona conocida como Bría, un próspero reino donde el Rey Cintolo gobernaba con benevolencia y sabiduría sobre todos sus súbditos, que le tenían por un soberano magnífico.

El Rey Cintolo era dueño de incontables territorios en la comarca y además vivía en un castillo de enorme grandeza con su única hija, la princesa Xila. De esta muchacha se decía que era tan bondadosa como su padre, lo que, unido a su estremecedora hermosura que dejaba asombrados a todos cuantos la veían, hizo que sus súbditos la adoraran y respetaran tanto como a él.

Sabiendo esto, no es de extrañar que a Xila no le faltaran pretendientes. Todos los caballeros que llegaban a la corte del rey suspiraban por obtener la mano de la princesa, pero el Rey Cintolo no veía de buen grado las pretensiones de aquellos caballeros. Sabía que no eran personas dignas de fiar, pues era bien sabido que todos ellos habían ascendido en su clase social a base de traiciones, asesinatos y enfrentamientos en múltiples batallas, y además solo querían contraer matrimonio con la princesa con vistas a tener acceso a la enorme riqueza de su padre. Por eso, el Rey no tenía prisa por casar a su hija.

Pero ocurrió que un día llegó a Bría un joven conde llamado Hollvrudet que se personó ante el Rey para presentarle sus respetos. Era este conde un hombre distinto a todos cuantos había visto el Rey Cintolo; no tenía un gran séquito, como aquellos caballeros que buscaban hacerse notar, pero en cambio era abierto y cordial, y su gente le quería bien. Al conocerle un poco más, la princesa Xila empezó a sentir una gran atracción por Hollvrudet, pues además era un joven apuesto que supo ganarse el aprecio de todos y el amor de la princesa. La sonrisa de Xila cada vez que hablaba de Hollvrudet era tan luminosa que el Rey Cintolo no tardó en alentar al conde con esperanzas de que pudiera casarse con su hija.

Sin embargo, pronto habrían de cambiar las cosas en el reino de Bría. A los pocos días, un numeroso ejército de hombres a caballo con un gran número de armas entre sus posesiones llegó al reino de Cintolo y acampó en el lugar como si se dispusiera a tomar la plaza por la fuerza. Era el rey Tuba de Oretón, hombre rudo y muy acostumbrado a conseguir todo lo que quisiera a fuerza de chantajes y amenazas. El rey Tuba envió varias cartas al Rey Cintolo para comunicarle el propósito de su visita: estaba decidido a casarse con la princesa, y por ello le exigía al monarca que dialogaran para establecer los términos del casamiento; de no cooperar, Tuba estaba dispuesto a tomar el castillo por las armas y llevarse a Xila a su reino.

Ante la amenaza de Tuba, todas las gentes del castillo, incluido el Rey, se sintieron atemorizadas. Nadie sabía qué hacer para resolver aquella situación, pero el conde Hollvrudet tomó la palabra y anunció que estaba dispuesto a enfrentarse en combate a Tuba por el amor de Xila. Su destreza con las armas era de sobra conocida por todos, y el amor que sentía hacia la bella princesa le daba fuerzas para enfrentarse a quien fuera por ella. Estaba convencido de que iba a vencer.

Tuba, rey de Oretón, no tenía exactamente el porte y la apariencia de un gran guerrero, pero tenía a su favor un don que le daba ventaja. Era lo que en Galicia se conoce como meigo o brujo, por lo que sus armas en el combate no eran la espada, ni el puñal, ni el garrote, sino la magia. Así, se reunió con otros brujos que formaban parte de su séquito y entre todos tramaron un encanto con el que poder derrotar al joven conde.

Dio comienzo el combate, y estaba claro que la superioridad de Hollvrudet le haría salir victorioso del lance. Pero entonces, Tuba y sus magos pronunciaron el encantamiento, y un gran estruendo causado por un trueno hizo que temblaran hasta los pilares de la tierra. Toda la comarca de Bría se estremeció al oír semejante alboroto. El castillo del Rey Cintolo se vino abajo y todas las gentes salieron de él despavoridas, quedando muchos de sus ocupantes sepultados entre los escombros. Hollvrudet consiguió salir ileso y consiguió llegar hasta el rey Tuba, al que atravesó con su espada. Pero de regreso al castillo vio que había sido tragado por un enorme agujero que se abría bajo él. Hollvrudet se adentró en el agujero, pero solo vio extrañas columnas, corrientes de agua, serpientes y lechuzas... pero de las gentes del castillo no había ni rastro. El castillo, con el Rey Cintolo y la princesa Xila, había desaparecido bajo tierra y desde entonces no se sabe nada de su paradero.

Aún hoy hay quien afirma que la princesa Xila sigue atrapada dentro de la cueva, pues uno de los brujos de Tuba, obediente a su señor, la mantiene retenida contra su voluntad. Sin embargo, la princesa tiene permiso para salir todas las noches a las doce durante unos minutos, y ella aprovecha esos escasos instantes para buscar a su amado por los alrededores. Si alguien pasa por delante de la cueva a esa hora, es muy posible que vea a la muchacha, pero el brujo de Tuba también estará vigilando y capturará a la persona que se acerque a ella para llevársela a la cueva y tenerla allí prisionera. También existe la creencia popular de que acercarse a la verja que cierra la cueva tras la medianoche del viernes y pronunciar tres veces el nombre de Xila es un remedio infalible para quitar los obstáculos que entorpecen la unión de dos personas enamoradas.


sábado, 21 de julio de 2018

El Rincón del Lector X: Fariña


¡Hola a todos!

Y seguimos con la racha lectora en La Biblioteca de Laura, que estamos que no paramos. Llevaba mucho tiempo queriendo leer el libro que os traigo hoy, pues tiene unas características que lo han convertido en algo muy especial a mis ojos. La primera, porque la temática de este libro se sale de lo que suelen ser mis gustos habituales. La segunda, porque la acción ocurre en Galicia, mi tierra, en un tiempo que no me queda demasiado lejos. Y la tercera, porque el polémico secuestro que ha sufrido este libro durante varios meses acabó por picarme la curiosidad y me hizo prometer que, si algún día se levantaba el secuestro, lo compraría y lo leería. Este no es un libro como otros que he reseñado. Pocas veces encontraremos una historia tan auténtica contada con tanta libertad como ha hecho Nacho Carretero, su autor. Nunca me habría imaginado que un libro sobre el narcotráfico gallego pudiera traer tanta controversia, pero ahora que lo he leído, creo que entiendo por qué muchos han intentado silenciarlo. Por suerte, al final no se han salido con la suya.


Título: Fariña

Autor: Nacho Carretero

Editorial: Libros del K.O.

Nº de páginas: 365 págs.

Año: 2015

Sinopsis: Coca, farlopa, perico, merca, fariña. Nunca Galicia comercializó un producto con tanto éxito. Aunque ahora parezca una pesadilla lejana, en los años 90 el 80 por ciento de la cocaína desembarcaba en Europa por las costas gallegas. Aparte de su privilegiada posición geográfica, Galicia disponía de todos los ingredientes necesarios para convertirse en una «nueva Sicilia»: atraso económico, una centenaria tradición de contrabando por tierra, mar y ría, y un clima de admiración y tolerancia hacia una cultura delictiva heredada de la época de los «inofensivos» y «benefactores» capos del tabaco. Los clanes, poderosos y herméticos, crecieron en un clima de impunidad afianzada gracias a la desidia (cuando no la complicidad) de la clase política y de las fuerzas de seguridad. A través de testimonios directos de capos, pilotos de planeadoras, arrepentidos, jueces, policías, periodistas y madres de toxicómanos, Nacho Carretero retrata con minuciosidad un paisaje criminal con frecuencia infravalorado. En el imaginario popular, ese costumbrismo kitsch de capos con zuecos y relojes de oro ha oscurecido el potencial destructivo de un fenómeno que arrasó el tejido social, productivo y político de Galicia. Fariña incluye, además, un repaso inédito por los clanes que siguen operando hoy en día. Porque en contra de la creencia mediática y popular –tal y como demuestra este libro-, el narcotráfico sigue vivo en Galicia. No se debe olvidar lo que todavía no ha terminado.


RESEÑA (sin spoilers)

Fariña nació para ser un libro controvertido, y de este hecho creo que era muy consciente su propio autor, el coruñés Nacho Carretero. Al principio pasó casi desapercibido para el público, como un libro más de los muchos que podemos encontrar en librerías y bibliotecas. Pero llegó el año 2018 y ese libro empezó a llamar bastante la atención. Puede que se debiera a la serie homónima que la productora española Bambú estaba rodando, o tal vez porque el libro llegó por fin a las manos de alguien a quien no le había hecho gracia que se le mencionara con nombres y apellidos y se contaran algunas de las lindezas que llevó a cabo años atrás. Luego vino la denuncia y, a continuación, el secuestro. La polémica que rodea a Fariña fue tan grande que una juez llegó a ordenar la retirada del libro y la prohibición de venderlo hasta que saliera la sentencia definitiva. Eso fue suficiente para hacer que la gente acudiera en masa a las librerías para comprar el libro antes de que fuera retirado sine die. Una estrategia de marketing cojonuda… salvo que no fue una estrategia, sino la realidad. Es bastante irónico que un libro que trata sobre el contrabando y el narcotráfico ilegal llegara a pasarse de extranjis entre amigos y familiares que lo habían comprado para que otros pudieran leerlo.

Fariña es un libro atípico dentro de los libros que suelo leer. No es un cuento, ni una novela, ni siquiera un libro de relatos. Se podría catalogar este libro como un ensayo acerca del desarrollo e influencia del narcotráfico gallego durante la década de los 80, pero hay mucho más entre sus páginas llenas de historia y verdad. Está narrado con un estilo muy fluido y directo, haciendo que su lectura sea tan adictiva y voraz como la fariña que le da nombre. Nacho Carretero prescinde de los discursos rimbombantes y de las metáforas absurdas y llama a las cosas por su nombre… o más bien deberíamos decir nombres, ya que aquí figuran todos los implicados junto con sus apellidos y apodos, y es extraordinaria la ausencia de pudor a la hora de contar las cosas como realmente fueron. En Fariña encontraremos los puntos de vista de capos, guardias civiles, periodistas, jueces y madres de jóvenes que vivieron muy de cerca el drama de las drogas y el narcotráfico indiscriminado. Carretero les da voz a todos, y por eso su ensayo es tan real y tan estremecedor. Porque todo lo que aquí se cuenta fue verdad.

Galicia, años 80. Mientras en el resto de España se fumaba Celtas o Ducados, el humo que se aspiraba en Galicia provenía de auténtico tabaco rubio americano. En aquella época, era muy habitual pedir un cartón de Winston en un bar o ultramarinos y que te preguntaran si lo querías normal o de batea (es decir, de contrabando). El contrabando de tabaco en las Rías Baixas no solo era algo habitual, sino que dedicarse a él estaba aceptado y hasta bien visto por la sociedad. Una larga tradición de estraperlo que empezó en la Guerra Civil y continuó durante la posguerra, cuando se pasaba a través de la frontera con Portugal aceite, café, harina y medicinas, hizo que la gente hiciera la vista gorda ante el contrabando de tabaco. Así empezó todo lo que vendría después. Muchos de los señores do fume, nombre que recibían los contrabandistas de tabaco, decidieron dar el salto al tráfico de drogas cuando el contrabando dejó de ser un fraude y se convirtió en un delito penado con la cárcel. El narcotráfico no suponía mayor riesgo que el contrabando, con el atractivo añadido de que era más fácil pasar alijos de droga que tabaco y las ganancias eran mucho mayores. Primero vino el hachís; luego, la coca colombiana. Y así se inició una larga lista de clanes gallegos cuya actividad en el narcotráfico a punto estuvo de arrasar las Rías Baixas y convertir la zona en una nueva Sicilia.

Sito Miñanco, Laureano Oubiña, Marcial Dorado, los Charlines... Son algunos de los nombres de narcos más conocidos que encontraremos entre las páginas de este libro, y observar de cerca cómo fue la trayectoria de estos personajes hará que más de uno se lleve las manos a la cabeza, no solo por la tranquilidad con la que dieron el salto del contrabando al narcotráfico, sino también por su absoluta falta de pudor a la hora de exhibir su fortuna y alardear del poder que políticos, guardias civiles, jueces y vecinos les habían puesto en las manos. Estos son los más conocidos, pero no fueron ni son los únicos. Y es que el problema del narcotráfico, por increíble que parezca, está lejos de haberse extinguido.

Fariña nos lleva de vuelta a una época que, por raro que nos parezca, no está tan lejos de nuestros días. Una época de drama social en una Galicia donde al cierre o las reducciones de plantilla en los astilleros se sumaba la reconversión de la pesca, que dejó a una parte de la flota en tierra. El paro afectaba allí al 23% de la población. Jóvenes y mayores pasaban los días deambulando sin tener nada que hacer, un días tras otro. Cuando se habla de la España de los 80, la memoria colectiva suele acordarse más de la Movida madrileña, pero esto es solo la punta del iceberg. En aquellos años, Galicia era una de las comunidades más atrasadas de toda la Península Ibérica, un pedazo de tierra rural e ignorado por todos. Era el caldo de cultivo perfecto para que los antiguos contrabandistas del tabaco probaran suerte con algo más lucrativo. Y así, la cocaína entró por la ría y se metió en Galicia como una enfermedad.

Pero al principio esto no generó la menor importancia. Nacho Carretero cuenta con una lucidez escalofriante la situación de muchas de estas familias gallegas, empobrecidas y acostumbradas al trapicheo, que asumieron este nuevo negocio que generaba riqueza en la región y puestos de trabajo. Y así se fue fraguando una especie de narcocultura y un gran respeto por estas figuras que ayudaban a la comunidad, construían casas a los vecinos (a cambio de permitirles cobijar algo de mercancía) y pagaban facturas de hospitales o los estudios de sus hijos. La gente admiraba a los narcos, y los que más devoción sentían hacia ellos eran los jóvenes. En aquella época, era muy común ver en las Rías Baixas a chicos que pasaban de trabajar en una frutería a conducir un deportivo de 200 caballos. Y esto fue así hasta que la droga empezó a causar estragos entre la juventud. Los capos amasaron inmensas fortunas con la connivencia de la sociedad y de algunas autoridades policiales y políticas que hacían la vista gorda y se llevaban su tajada en billetes o en favores, mientras las drogas extendían su veneno por la sociedad.

Pero, ¿cómo podría haberse evitado? En aquella época, nadie sabía lo que eran las drogas; los chicos simplemente las tomaban y se divertían (por no mencionar que muchos chavales que ayudaban en las descargas cobraban en especie). No se pensaba en las consecuencias porque no había información sobre lo que podía pasar. Estos jóvenes pagaron un precio muy alto por situarse en el momento y en el sitio equivocado. En Galicia todavía se les conoce como la generación perdida. Algunos lograron sobrevivir, pero la mayoría cayeron como moscas por sobredosis, el sida y otras enfermedades que se expandieron rápidamente. A tal extremo se llegó que incluso aumentó la prostitución para costearse el consumo y también los robos, agresiones y conflictos domésticos.

Fue entonces cuando la sociedad dijo basta, y las primeras voces que se levantaron fueron las de las madres. Fueron ellas las que se juntaron para pelear contra los narcos que, con total impunidad, vendían a precio de ganga aquello que estaba matando a sus hijos. Fueron conocidas como las “madres de la droga”, y fueron ellas las que levantaron Galicia e impidieron que se convirtiera en una tierra sin más ley ni justicia que la que imponían los narcos. A pesar de las amenazas y los intentos de asesinato, las madres consiguieron hacerse oír y su discurso logró concienciar a miles de personas acerca de lo que estaba pasando. A partir de entonces, los políticos tuvieron que hacer hueco para ocuparse de lo que estaba pasando en Galicia, y los medios de comunicación empezaron a dedicar portadas de periódicos y aperturas de telediarios al problema del narcotráfico. Dos años después de las primera reuniones y escraches de las madres, el juez Garzón llevaría a cabo la Operación Nécora, el primer gran movimiento del Estado contra los clanes de la droga.

Es difícil hacer un análisis más profundo de Fariña porque no es un libro como tantos otros. Tal vez sea por lo cerca que he estado de ese mundo (aunque, por mi edad, apenas tenga algunos vagos recuerdos, claro está), pero la lectura de Fariña me ha servido para entender cómo ocurrió todo y por qué las cosas fueron como fueron. La forma en que está escrito sumerge al lector en un mundo al que se le ha dado la espalda durante mucho tiempo, y no cae en la trampa de culpabilizar a unos y justificar a otros, sino que deja que seamos nosotros quienes juzguemos lo ocurrido ofreciéndonos la mayor información posible.

Para mí, Fariña ha sido un gran descubrimiento y una ventana al pasado. Y, curiosamente, tuvo un efecto inesperado en mí cuando empecé a comentar párrafos del libro con mi familia y enseguida dio comienzo un debate sobre gente de mi barrio, vecinos míos que también vivieron el drama de la drogadicción en una época en la que era tan fácil conseguirla que asustaba y que, como muchos otros, pasaron a engrosar las listas de la generación perdida. El contrabando y el narcotráfico estaban ahí, y para mí fue pasmoso darme cuenta de que lo había visto con mis propios ojos y me parecía tan normal como ver salir el sol por las mañanas. Quizá por eso Fariña me ha tocado la fibra y me ha dado algo que me ha hecho reflexionar, y esto es mucho más de lo que otros libros más eruditos me han dado jamás.

jueves, 5 de julio de 2018

La Truñoteca once again: No Game No Life


¡Hola a todos!

Y aquí seguimos otra vez, dispuestos a añadir un capítulo más a mi Truñoteca particular. Ya sabéis, ese vertedero de mi blog donde escupo toda la bilis que me sale después de haber visto o leído algo que se sale de mis gustos o me deja completamente anonadada, términos más elegantes para decir que son putas mierdas que han llegado a mi vida para cabrearme y hacerme vomitar hasta los higadillos. Aunque la Truñoteca empezó dedicada a la literatura, he decidido meter también de vez en cuando alguna serie o película que me haya provocado una embolia para no hacer tan cerrada la sección. Por eso hoy os traigo un anime cuyo visionado me ha causado una gran decepción y me ha hecho replantearme si es cierto que la calidad del anime ha bajado o es cosa mía porque me estoy haciendo mayor y mis gustos han cambiado.

Madhouse es un estudio de animación muy bueno que nos ha ofrecido grandes animes a lo largo de los años, como Black Lagoon, Trigun, Monster, Death Note y Ataque a los Titanes entre muchos otros. Y aunque en los últimos tiempos su calidad ha decrecido bastante en comparación a lo que era anteriormente, sigue manteniéndose bastante bien. Una producción del estudio Madhouse siempre trae consigo dos elementos inseparables: épica y acción. Da igual cómo sea el producto que ha llegado al estudio: dáselo a Madhouse y conseguirá que parezca una película de Michael Bay. Discursos de una intensidad que te llegan al alma, bandas sonoras que hacen que comerse una patata frita sea tan épico como un cantar de gesta, o movimientos y planos de espadachines que se cagan en todas las leyes de la Física. Con todo, hay obras de este estudio que merecen que les den de comer aparte, y este es el caso de la que os voy a hablar hoy: No Game No Life. Considerada por muchos como una de las mejores series de animación de los últimos tiempos, la quintaesencia de la fantasía anime, y cargando a cuestas con un fandom increíble… ¿qué podría tener esta serie para que a mí no me gustara?

Empecemos por el principio.

Cuando fui a la Expotaku de A Coruña de este año, uno de los cosplays de parejas que más me llamaban la atención era el que formaban un chico con el pelo de punta y una camiseta amarilla junto con una chica vestida de colegiala, con el pelo azul claro y violeta y una vistosa corona ladeada en la cabeza. Mi amiga me explicó que esos chicos estaban cosplayeando un anime titulado No Game No Life, basado en un manga que a su vez tuvo su origen en una serie de novelas ligeras escritas por el otaku brasileño Thiago Furukawa Lucas. Desconocía la existencia de esas novelas y de que hubieran llamado tanto la atención del público japonés como para realizar un manga y el consiguiente anime, pero me dije que tenía que ser un material muy bueno o muy vistoso para que hubiera alcanzado tanta popularidad. Así pues, aquel día decidí que empezaría a ver No Game No Life para comprobar por mí misma cómo de buena era la historia a la que todo el mundo estaba enganchado.

Y esto fue lo que vi.




No Game No Life es el equivalente a levantarte la mañana del día de Reyes y descubrir que tienes un precioso regalo para ti bajo el árbol. El envoltorio es colorido, el lazo es grande y llamativo, por su tamaño intuyes que es el regalo que tanto estabas esperando… y luego lo abres y descubres que es un puto diccionario (esto me pasó a mí de verdad, por cierto). Nada más empezar a ver la serie nos damos cuenta del despliegue de acción y colorido que va a abundar a lo largo de sus doce capítulos. Una factura técnica impecable, una paleta de colores en tonos pastel original y muy bonita, una banda sonora acorde con el mundo, pegadiza y estupenda, unos personajes estilizados y atractivos que destacan por encima de otros animes de la misma época.

Pero eso es todo, no hay más.

No Game No Life es una serie muy recomendable para aquellas personas que buscan un entretenimiento sin pretensiones, en un entorno muy atractivo visualmente y con una música apropiada para la ocasión. Pero ni de broma es una serie tan buena como la gente dice, pues tiene cantidad de fallos que los fans suelen pasar por alto pero que a mí me dejan con ganas de hacerme un extreme facepalm tras otro.

Pero antes de empezar a destripar sin piedad, voy a contaros un poco de qué va la cosa. NO HAY SPOILERS, más que nada porque no hay nada que spoilear, así que leed con toda confianza.

No Game No Life cuenta la historia de Sora y Shiro, dos hermanos de 18 y 11 años que viven encerrados en su habitación y no tienen contacto con el mundo exterior, en el que son unos inadaptados sociales. Sin embargo, en el mundo virtual son un portento humano conocido por todos los gamers como Espacio en Blanco, un jugador imbatible que es capaz de derrotar a cualquier persona al juego que sea valiéndose de mil estrategias, subterfugios, técnicas de cálculo avanzado y probabilístico, y un poquito de trampa. Un día conocen a un dios niño llamado Tet que los transporta a un mundo de fantasía hecho a su medida, ya que allí todas las decisiones y conflictos se resuelven en base a la victoria o la derrota en todo tipo de juegos, tal como dictan las leyes de ese mundo, conocidas como los Diez Mandamientos.

Como veis, en un principio todo promete. La historia es bastante atrayente y se intuye que va a ser algo parecido a Yu Gi Oh! o a Detective Conan, es decir, una historia en donde lo interesante no es si nuestros protagonistas ganan el juego o no, sino cómo se desenvuelven en esa batalla y lo ingeniosos que son para salir bien parados de la situación. Sin embargo, esta magia se rompe desde el minuto uno cuando descubrimos que tiene unos doce mil clichés por metro cuadrado. Todos los personajes que aparecen en pantalla son tropos, todos y cada uno de ellos. Y lo peor es que al gran público parece que no le importa en absoluto.

Empezamos con el dúo de protagonistas. Sora y Shiro son el equivalente animado del Gary Stu y la Mary Sue en su estado más puro. Empiezan definiéndose como hikikomoris, es decir, personas que tienen una especie de rechazo a salir al exterior y relacionarse con gente (algo a caballo entre la agorafobia y la misantropía), sin más ocupación que comer porquerías y jugar a videojuegos online a todas horas. Son unos inadaptados que, al llegar al nuevo mundo, descubren un lugar hecho a su medida donde todos los conflictos se resuelven con juegos en los que ellos siempre son, por supuesto, los mejores.



Sus Majestades Gary Stu y Mary Sue

Sora es un chico de 18 años, virgen y sin novia al que le gusta ir por la vida en plan Light Yagami, sintiéndose siempre por encima de los demás. Es el típico héroe shonen que goza de una inteligencia privilegiada (a pesar de no haber pisado el instituto en años) y sabe salir de cualquier situación valiéndose de todos los Deus ex Machina habidos y por haber. Es engreído, burlón, egoísta y pervertido, además de ser el protagonista absoluto de la serie, ya que toda la acción gira a su alrededor. Sin embargo, por algún motivo que escapa a mi entendimiento, es querido y admirado por todos aquellos que le conocen.

Shiro, la hermana adoptiva de Sora, es una niña de 11 años diseñada para ser adorable como un osito de peluche. Es un McGuffin con piernas, un personaje que solo está ahí para que la trama avance pero sin ser realmente importante en la historia, a pesar de que nos la venden como la protagonista. Su personalidad es, sencillamente, inabordable ya que siempre está seria y habla muy poco, pues todo el peso de la acción recae en su hermano, del que parece estar enamorada. Posee una habilidad innata para realizar todo tipo de cálculos matemáticos y diseño de estrategias que solo se utilizan cuando las artimañas y discursos de Sora no funcionan. Pero no os preocupéis, que a Shiro no se le permite acaparar tanto protagonismo; en cuanto falla en sus cálculos, Sora volverá a coger la batuta y resolverá la situación usando el método más inverosímil que se le ocurra (alguno hasta de vergüenza ajena).

Como veis, estos dos muchachos no parecen tener un maldito defecto y son queridos y respetados por todo el mundo como si fueran grandes héroes. Además, su inteligencia prodigiosa hace que siempre, siempre, siempre salgan victoriosos de todos los juegos que se les proponen, y esto es algo que me fastidia por dos razones: la primera, porque ya nos han reventado la serie al decirnos que Sora y Shiro van a ganar cualquier reto que se les ponga por delante; y segundo, porque detesto a los personajes tan jodidamente perfectos. Su única debilidad es que no pueden estar separados el uno del otro a una distancia superior a diez metros, porque entonces sus cerebros colapsan y pierden la capacidad de razonar. Es un defecto absurdo, pero ahí está. Pero si creíais que los enemigos de este par iban a darse cuenta de esta debilidad y la iban a explotar para su propio beneficio, lamento decepcionaros. Este recurso no se utilizará jamás, porque parece ser que tanto los creadores de la serie como el fandom no soportan ver a estos dos sufriendo de ansiedad por separación.

Otra cosa que me ha desencantado de la serie es que no cumple lo que promete. Si habéis leído hasta aquí, os habréis hecho a la idea de que los juegos van a cobrar un rol protagónico en lo que es el argumento de la serie, pero resulta que no es así. Cierto que vamos a ver a Sora y Shiro participando en diversos juegos, pero la verdad es que nunca ganarán utilizando estrategias inteligentes; en su mayoría son victorias sacadas de la manga y los juegos en los que el ingenio juega un papel importante son contados. En realidad, los juegos son una excusa para mostrarnos a los protagonistas, especialmente a Sora, como personajes geniales y carismáticos que siempre ganan y sueltan discursos “épicos” que le dejan a uno el culo torcido.

Quitando el apartado de los juegos, la serie podría calificarse como humorística, aunque su concepto del humor difiere bastante de lo que yo entiendo como tal, pues se basa en su totalidad en humillar y ridiculizar a otro personaje, llegando a un punto en el que se repite tanto que pierde la gracia. Todo esto viene acompañado de un apabullante fanservice de desnudos femeninos y tetas gordas que afecta a todas las chicas que pululan por esta serie. Todas y cada una de las mujeres que salen en No Game No Life existen para ser un fetiche masculino, además de ser clichés andantes para que no desentonen con el resto de la serie. Stephanie Dola es la tetona torpe y estúpida, además de ser el objeto de todas las burlas y humillaciones; Shiro es la hermanita del prota, y sus constantes escenas bañándose tienen como fin satisfacer a miles de pajilleros a los que les ponen los cuerpos aniñados; Jibril, una especie de ángel, es una chica verborreica que siempre va ligera de ropa y tiene una malsana obsesión con Sora; Izuna es una loli neko pensada para atraer al público amante de las chicas vestidas de gato; Chlammy y Feel son dos amigas cuyo rollo tira clarísimamente hacia el yuri o lesbianismo, y la cosa llega un poco hasta aquí.



Stephanie y Shiro haciendo gala de su inteligencia

Y esto es todo, vuelvo a decir. No ofrece nada más, no hay profundización alguna. En ciertos momentos intuimos que Sora y Shiro han debido tener un pasado difícil que ha terminado uniéndoles, pero nunca sabremos qué pasó. ¿De dónde viene Shiro? ¿Por qué la adoptaron los padres de Sora? ¿Por qué los hermanos, a pesar de su inteligencia, han terminado siendo dos absolutos fracasos como seres sociales? ¿Qué les ocurrió en sus respectivos colegios? ¿Viven solos? ¿Qué ha sido de sus padres y por qué nunca los mencionan? Son cuestiones que podrían hacernos una idea del carácter de los protagonistas y ayudarnos a saber por qué son como son y comprender sus motivaciones, pero la serie jamás va a ahondar en este aspecto.

En conclusión, No Game No Life es una serie cuyo apartado técnico es más que notable, pero en lo que se refiere al argumento y el desarrollo de personajes es pésima. Es como aquel regalo de Reyes que recibí de pequeña: un envoltorio bonito con muchos colores pero el interior resulta ser una decepción. Lo peor es que se espera que haya una segunda temporada, dado no solo el final tan abierto que ha dejado, sino también la presión del fandom que quiere más y más de esto. En mi caso, he tenido más que suficiente con una temporada de No Game No Life, y dudo incluso que vea la OVA. Solo le recomendaría esta serie a alguien que está empezando a ver anime y que tenga una edad comprendida entre los quince y los veinte años, porque a los más viejos les va a parecer insulsa y probablemente hasta ofensiva.

lunes, 2 de julio de 2018

El Rincón del Lector IX: Nuncanoche


¡Hola a todos!

Hace un par de meses decidí retomar con mayor ahínco la lectura de novelas de fantasía, en parte para mejorar mi propio estilo de cara a la redacción de mi propia novela, pero también porque hacía mucho tiempo que no encontraba un libro de temática fantástica que se adecuara a mis gustos personales. Durante mi viaje a Valencia, tuve la ocasión de comprar dos novelas que me habían recomendado mucho. La primera es Elantris, de Brandon Sanderson, que todavía tengo pendiente de leer; y la segunda es Nuncanoche, de Jay Kristoff, que es la que os voy a reseñar hoy. A pesar de que tenía ciertas dudas después de conocer un poco del estilo narrativo de Kristoff, decidí darle una oportunidad a Nuncanoche con la esperanza de que me sorprendiera de alguna forma. Y vaya si lo hizo. Tomad asiento y coged un buen cubo de palomitas, porque nos espera una novela con acción a raudales.


Título: Nuncanoche

Autor: Jay Kristoff

Editorial: Fantascy - Plaza y Janés

Nº de páginas: 560 págs.

Año: 2018

Sinopsis: En una tierra en la que sus tres soles casi jamás llegan a ponerse, la joven asesina Mia Corvere acaba de unirse a la banda más mortífera de la República. De niña, Mia escapó de milagro de la rebelión fallida de su padre, que murió ejecutado por traición. Su mundo se vino abajo y, sola y sin amigos, tuvo que huir de enemigos implacables. Pero su insólito don para conversar con las sombras la llevó por un camino más oscuro de lo que jamás hubiera podido imaginar. Ahora, años más tarde, emprende un arriesgado viaje para demostrar su valía en la Iglesia Roja. Los pasillos de esta escuela de asesinos están repletos de peligros mortales. Aquí y allá amenaza la traición, pero, para llegar a ser una adversaria sin par, Mia debe sobrevivir a la iniciación. Solo así estará un paso más cerca de lo único que desea... Venganza.


RESEÑA (sin spoilers)

Para qué vamos a engañarnos: Nuncanoche tiene el argumento más trillado que se ha visto jamás en la literatura. Si habéis leído la sinopsis, os habréis dado cuenta de que esa misma historia ya la habéis leído miles de veces, pues así es como empiezan casi todas las historias de asesinos vengadores. El planteamiento siempre es el mismo: nuestro protagonista es un niño o un adolescente que tiene una vida sin sobresaltos hasta que de repente aparece alguien poderoso que parece tener cuentas pendientes con su padre. Un par de hábiles movimientos políticos después, nuestro protagonista ve cómo ejecutan a su padre, cómo persiguen a su madre y sus hermanos y cómo su mundo entero se viene abajo por la ambición del poderoso. Entonces, para vengar a su familia, el protagonista decide recibir adiestramiento para convertirse en un portento con las armas con el objetivo de encontrar al asesino de su padre y acabar con él. Lo hemos visto en Assassin’s Creed con Ezio Auditore, en La Princesa Prometida con Íñigo Montoya, en Juego de Tronos con Arya Stark y lo veremos en Nuncanoche con Mia Corvere.

Sin embargo, Nuncanoche tiene varios elementos que la hacen descollar entre el millar de historias similares que la rodean. El primero de ellos, y que a mí me parece el más importante, es que es una novela que está bien escrita. Cierto que Jay Kristoff tiene un estilo narrativo bastante peculiar (y volveré a hablar de esto más adelante), pero no se puede negar que sabe escribir bien. Mejor aún: es capaz de coger todas las tramas más tópicas que se os puedan ocurrir, juntarlas en un extraño batiburrillo y remodelarlas de tal manera que el producto resultante va a ser apoteósico. Parafraseando al Geek Furioso de la Literatura, Jay Kristoff es ese tipo que, si en vez de escribir libros dirigiese películas, sería el encargado de la producción del taquillazo del verano, y tiene toda la razón. Nuncanoche es un libro palomitero como pocos, un producto ya visto mil veces pero que engancha sin remedio al lector y le hace querer más.

La historia se centra en la figura de Mia Corvere, hija del justicus Darío Corvere, cuya vida quedó truncada cuando presenció la ejecución de su padre, acusado de intentar provocar un golpe de estado para instaurar una monarquía en la República de Itreya. El cónsul Julio Scaeva, el mismo que ordenó el arresto y ejecución de Corvere, también hizo que encerraran a su madre y al hermano pequeño de Mia en la peor prisión que alguien se pueda imaginar. Mia, a quien también intentan matar, consigue escapar de milagro y es acogida por un extravagante anticuario llamado Mercurio, quien empieza a enseñarle los caminos del asesinato para que algún día pueda tener su venganza.

Al cumplir los dieciséis años, Mia decide separarse de Mercurio para tratar de ingresar en la Iglesia Roja, un lugar oculto a ojos del mundo en el que se reúnen todos aquellos que aspiran a convertirse en asesinos. Además de aprender el manejo de las armas, a robar todo tipo de objetos, la preparación de pociones y el dominio de las artes amatorias, Mia espera averiguar algo acerca de su propia condición. Cuando los hombres de Scaeva intentaron matarla de niña, Mia se dio cuenta de que tenía el poder de hablar con las sombras y moldearlas a su voluntad. Esto la convierte en una tenebra, una criatura marcada por Niah, la diosa de la noche, la oscuridad, la sangre y el asesinato. La Iglesia Roja es el templo donde más culto se le rinde a Niah, de manera que si Mia quiere respuestas, allí las encontrará.

Esto es, a grandes rasgos, el tema principal de la novela. Como veis, no le falta de nada: Hay asesinatos, sangre, aventuras, amistad, odio, venganza, sexo y multitud de sorpresas que harán las delicias del lector que quiera adentrarse en este mundo. Porque ahí es donde está el verdadero atractivo de Nuncanoche: el mundo y los personajes que lo pueblan.

El mundo que ha creado Kristoff para esta saga (sí, es una trilogía) es uno de los más atractivos que vamos a encontrar en una novela de fantasía para adolescentes. La acción nos traslada a Itreya, una república levantada sobre los restos de un antiguo dios caído, en donde la sociedad, la cultura, el trabajo y la religión giran alrededor del culto a los tres soles, que son la encarnación de Aa, dios de la Luz. En este mundo con tres soles, la noche es una rareza que solo se da cada tres años, cuando los tres soles desaparecen y se produce el fenómeno conocido como veroscuridad. Este aspecto del mundo me ha parecido muy original, pues no hay muchas novelas ambientadas en mundos con tres soles. Sí encontraremos mundos con dos o más lunas (Crónicas de la Dragonlance o La Espada de Fuego, por ejemplo), pero es mucho más complicado crear un mundo con varios soles, porque eso exige pensar muy bien cómo se las va a arreglar la gente para vivir en un lugar así. El calor abrasador, la luz que no da tregua, los tiempos irregulares… Todo eso exige un trabajo que pocos autores deciden hacer, y en el caso de Kristoff es digno de elogio.

Pero hay más cosas en Itreya que van a captar nuestra atención, y una de ellas es la ambientación. Si habéis leído otras obras de Kristoff, como Stormdancer, veréis que a este autor le gusta mezclar las cosas más inverosímiles. Y si en Stormdancer teníamos un mundo que se podría considerar como Japón con ambientación steampunk, en Nuncanoche tendremos la antigua República de Roma situada en la Venecia del siglo XV. Y sí, sé que estaréis pensando que son muchas las novelas para adolescentes que se han inspirado en la antigua Roma para describir sus sociedades (¡malditos Juegos del Hambre! ¡Arderéis en el infierno al lado de otros herejes como La Reina Roja y Una Llama entre Cenizas!), pero Kristoff se ha portado y nos ha traído un auténtico mundo inspirado en la antigua Roma. El mundo está gobernado por dos cónsules, hay vocablos en latín, se menciona la existencia de gladiadores, hay un foro, se nos dice que el púrpura es un color que solo puede llevar la clase senatorial, los Luminatii se agrupan en centurias, las espadas que utilizan son gladios y hasta el propio Julio Scaeva es un calco de Julio César. Todo está hecho para que el lector sienta que está de verdad en la antigua Roma.

Y si el mundo es increíble, todavía falta hablar de los personajes que pululan por esas tierras. Los personajes son el otro punto fuerte de Nuncanoche, pues todos ellos tienen una apariencia y una personalidad únicas. De todos ellos, Mia es obviamente el personaje más trabajado, puesto que es la protagonista. Y, a diferencia de otras protagonistas de novelas para adolescentes, no es una Mary Sue. Mia es una asesina que busca mejorar sus habilidades para matar, consciente de que no es la mejor del mundo ni de lejos, y de ahí que vaya a la Iglesia Roja para aprender. Es una asesina que sí mata, y sé que esto os parecerá una obviedad, pero os asombraría ver la cantidad de protagonistas de novela que no cumplen con lo que se espera de ellas. Mare Barrow es una ladrona que no roba, Celaena Sardothien es una asesina que no mata… pero Mia Corvere sí ha matado y está dispuesta a seguir matando hasta conseguir su ansiada venganza, porque es lo que se espera de una asesina, aunque esto no quiere decir que mate a todo el que se cruce en su camino; Mia podrá ser cruel y despiadada con sus enemigos, pero nunca mataría a un inocente a sabiendas. Es inteligente, avispada, fumadora empedernida y tiene un talento especial para mezclar venenos, pero se le da fatal el combate cuerpo a cuerpo y en equitación es un cero a la izquierda. Además, el hecho de que sea una tenebra marcada por la Madre no le otorga ningún privilegio, sino más bien todo lo contrario. Esto refuerza la idea de que es un personaje humano, imperfecto, una chica que tiene mucho que aprender, que se equivoca pero que siempre busca la manera de salir adelante.

El resto de personajes también me han gustado mucho, pues se salen de las típicas figuras de buenos muy buenos y malos muy malos. Me han parecido muy interesantes los shahiids de la Iglesia Roja, los grandes maestros del asesinato. Todos son diferentes entre sí, pero los cuatro son capaces de cometer grandes tropelías por servir a la Diosa sin mostrar el menor titubeo. Los compañeros de Mia son para todos los gustos, pues unos atraerán nuestra simpatía y otros nos harán odiarlos a muerte; cada uno tiene su propia historia y unos motivos que les han llevado a la Iglesia Roja, y merece la pena adentrarse en sus pasados para tratar de dilucidar si tienen o no sobradas razones para hacer lo que hacen.

Sin embargo, como en la propia República de Itreya, en este libro también hay luces y sombras, y las principales sombras con las que me he encontrado han sido las notas a pie de página y la prosa de Kristoff.

Uno de los toques de originalidad que el autor le ha dado a este libro es que está salpicado de notas a pie de página en las que se nos da información extra sobre Itreya, su Historia, anécdotas curiosas y llenas de humor, y datos que en la trama principal no se van a explicar pero que ayudan a situarnos y entender mejor el contexto. El problema es que sobre todo al principio del libro están por todas partes y son larguísimas; de hecho, en algunos casos llegan a ocupar un tercio del capítulo. Además, tienes que leerlas todas, porque si te saltas una nota, más adelante no entenderás una referencia que viene explicada en dicha nota.

El otro problema viene, como ya he dicho antes, de la prosa púrpura del autor. Jay Kristoff puede ser muy directo en su narrativa, pero con frecuencia se deja llevar por el entusiasmo y nos regala párrafos rimbombantes plagados de ampulosos circunloquios, quizá con la intención de parecer elegante, pero con el resultado de ser cansino y un poco pedante. Esta ha sido la principal crítica que muchos lectores han hecho de Nuncanoche, aunque no me parece motivo suficiente para ponerle una baja puntuación a este libro; al fin y al cabo, hay muchos escritores que se valen de la prosa púrpura y no tienen ni la mitad de críticas negativas que Kristoff.

Y luego tenemos las metáforas, que son absolutamente indescriptibles y muy propias del autor; se podría decir incluso que son su seña de identidad. Os dejo unos ejemplos para que juzguéis por vosotros mismos:

«Ese idiota no reconocería un veneno ni aunque le bailara en los huevos con tacones liisanos.»

«Llevan doce camellos, Tric. Un perro sin hocico podría seguir su rastro de boñigas en plena veroscuridad. Aunque de pronto empezaran a avanzar más deprisa que un fumador de cuarenta al giro cargado de prostitutas borrachas, creo que podríamos volver a encontrarlos.»

«Veintisiete minutos desde que se había obligado a salir del baño y bajar al Salón de las Elegías, dejando una capa de sangre y porquería en la superficie del agua que podría haber salido andando por su cuenta si le dejaran unos giros para terminar de gestarse.»

Os hacéis una idea de lo que quiero decir, ¿verdad?

En resumen, Nuncanoche es una historia sobre una asesina vengadora que no decepcionará a nadie. Cumple todo lo que promete y lo hace de la manera correcta, como deberían hacer todas las novelas del género. Quitando el argumento poco original, las metáforas extrañas y la prosa púrpura del autor, Nuncanoche es un libro muy recomendable para todos aquellos que quieran leer una historia entretenida y emocionante con una protagonista carismática en un mundo rico, vivo y original. Por mi parte, estoy esperando con ansia la segunda parte, que saldrá a la venta este otoño.

domingo, 1 de julio de 2018

La leyenda del mes: El sitio de Lugo


¡Hola a todos!

¡Y bienvenidos al inicio del verano en La Biblioteca de Laura! Aunque aquí el verano parece que se va a hacer de rogar (hoy mismo hemos tenido una tormenta de las gordas), al parecer en muchos sitios ya ha salido el sol y empieza a hacer calorcito. La gente se va de vacaciones y los que nos quedamos aquí tenemos que seguir dando el callo y trabajar. Pero, como siempre, voy a procurar ser positiva y sonreír siempre que pueda. Además, siempre puedo volver a reunir una colección de anécdotas con clientes.

Por el momento, empezamos con la leyenda que ilustra el calendario de este mes. Espero que os guste!


El sitio de Lugo





Existen en Galicia algunas leyendas de fondo histórico o que se refieren a personajes que existieron en la realidad o tuvieron participación en ciertos acontecimientos relevantes de nuestra Historia. Algunas de ellas podría decirse que son ciertas, aunque con el tiempo hayan alcanzado tintes de leyenda que las apartan un poco de la realidad. Otras, como esta que os traigo hoy aquí, son invenciones que, no obstante, tienen algo de poético y evocador.

Se dice que allá por el año 997 llegó a tierras gallegas nada más y nada menos que Almanzor, el célebre caudillo mahometano, con la intención de conquistar la ciudad de Lugo, que rápidamente cerró las puertas de sus murallas y se aprestó para la defensa.

Varios intentos de las tropas musulmanas para escalar los muros fueron frustrados por la valiente y firme resistencia de los lugueses, que logró además infligir grandes pérdidas a los invasores. Fue por esto que Almanzor decidió cambiar de estrategia. En vez de atacar de frente, mandó a sus tropas que pusieran cerco a la ciudad y se aseguraran de que a los asediados no les llegara ni un solo suministro hasta que no se rindieran y abrieran las puertas de la muralla.

Empezó el sitio y fueron pasando los días con el consiguiente pánico de los asediados ante el final que les aguardaba. Sus provisiones se agotaban con rapidez y no tenían manera de abastecerse, ni tampoco fuerzas suficientes para intentar una salida; el ejército de Almanzor era grande y poderoso, y día tras día iba aumentando. Ante la ausencia de soluciones, los hidalgos de Lugo empezaron a ver la rendición como la única opción posible.

Pero entonces a uno de los hidalgos se le ocurrió un ardid que quizá pudiera favorecerlos. Acercándose a las almenas de la muralla, gritó para llamar la atención de los sitiadores, y cuando vio que algunos se acercaban para ver si los de la ciudad deseaban parlamentar, el hidalgo les dijo que quería hablar con Almanzor acerca de algo que quizá habría de interesarle mucho. Cuando Almanzor acudió a la llamada, el hidalgo le dijo:

—Gran guerrero que haces ondear en tu tienda el verde pendón del Profeta, ¿por qué estás perdiendo el tiempo ante nuestra ciudad? ¿Qué esperas? Nosotros somos pocos ante tu poderoso ejército, pero podemos resistir el cerco todo un año o más, puesto que tenemos alimentos de sobra. Entre tanto, más tropas han de llegar para ayudarnos, que ya sabemos que se están concentrando y armando cerca de aquí. Y para que veas que es verdad lo que te digo, ahí te va una muestra.

Y cogiendo un cordero de los pocos que quedaban ya en la ciudad, lo tiró a los pies de la muralla a los pies del caudillo musulmán mientras otro hidalgo que le acompañaba volcaba una cesta de mimbre repleta de bollos de pan.

Los moros observaron asombrados cómo aquellos hombres tiraban con tanta soberbia aquella comida. Ellos creían de verdad que no tenían con qué alimentarse, pero al parecer estaban equivocados. Y viendo esto, Almanzor quedó convencido de que nada lograría con el cerco de la ciudad, de modo que ordenó enseguida el levantamiento del sitio y las tropas musulmanas reanudaron su marcha hacia otro lugar, creyendo que, tal vez, si esperaban allí la llegada del ejército al que se había referido el hidalgo, las cosas pudieran ponerse peores para ellos.

Y fue así como la ciudad de Lugo se vio libre y evitó caer en manos de los invasores. Y hay quien dice que de aquel hecho le vino al hidalgo el blasón y el nombre de Bolaño, o sea de bolo (pan) y año (cordero).

jueves, 28 de junio de 2018

Sakura, Cazadora de Cartas IV: Clear Card


¡Hola a todos!

Y bienvenidos al cuarto y último post de mi monográfico sobre Cardcaptor Sakura. En este último capítulo voy a hablaros un poco sobre el arco denominado Clear Card, su desarrollo y mis impresiones como seguidora de la serie y fan de la Cazadora de Cartas. Como siempre, esta va a ser mi opinión personal, así que ya estáis advertidos: SPOILERS por todas partes y nos centramos en mi visión sobre la serie.

¡Vamos allá!




Casi veinte años después de la publicación del último tomo de Cardcaptor Sakura, CLAMP volvió a traernos las nuevas aventuras de uno de sus personajes más queridos por el fandom. En el año 2016 vio la luz el primer tomo del nuevo arco de la Cazadora de Cartas, titulado Cardcaptor Sakura Clear Card, que se convirtió en un éxito al poco tiempo y propició, como es obvio, su salto a la pequeña pantalla. Como había ocurrido con el primer anime, la serie corrió a cargo del Estudio Madhouse, y a principios del año 2018 se emitió en el canal NHK el primer episodio de Clear Card, para regocijo de los fans.

Cardcaptor Sakura Clear Card empieza en el punto donde terminó Cardcaptor Sakura, cuando Sakura Kinomoto empieza a ir al instituto con sus amigos, incluyendo a Syaoran, que acaba de regresar a Tomoeda para estar junto a ella. Después de tener un sueño profético en el que aparece una figura misteriosa envuelta en una túnica, todas las cartas de Sakura se vuelven transparentes y pierden todo su poder, de modo que toca averiguar qué está pasando y qué es lo que ha provocado estos cambios.

En lo concerniente al apartado técnico, no tengo absolutamente nada malo que decir. La animación es correctísima y se pueden ver las mejoras que tiene en comparación con su antecesora. El diseño de personajes sigue siendo precioso, la paleta de colores elegida es más suave y le da un toque de ternura y candidez a la historia y el entorno, y la música sigue siendo magnífica, aunque puede que eso se deba a que es prácticamente la misma banda sonora que en el anime anterior, con la excepción de un par de temas nuevos. Tanto los openings como los endings (sí, tiene dos de cada) son muy bonitos y nos traen reminiscencias de los anteriores. Todo está pensado para provocar la nostalgia de los fans, pero a la vez para ofrecerles algo nuevo, distinto e innovador.

El problema es que segundas partes nunca fueron buenas, y me temo que esto se cumple a la perfección en Clear Card.

Vaya por delante que no puedo opinar acerca del manga, ya que no lo he leído. Así pues, no puedo hacer las comparaciones entre la versión en papel y la versión animada, ni afirmar si la serie está bien adaptada o si tiene muchas modificaciones. Al parecer, por lo que he leído de otros fans es que en el manga, como ocurría con el primero, Sakura materializa menos cartas que en el anime y, por supuesto, no aparece el personaje de Meiling, que sí vuelve a salir en esta cuarta temporada.




Para empezar, Clear Card abre con una pequeña incoherencia que llama bastante la atención. Si recordáis el final de la tercera temporada, sabréis que Syaoran le entrega su osito de peluche a Sakura en el aeropuerto y los dos se despiden con la promesa de volver a verse más adelante; ese broche de oro lo tuvimos con la segunda película de Sakura, que marcaba el final definitivo de la serie. Sin embargo, Clear Card empieza justo donde termina el manga original de Sakura; es decir, que se pasa por el forro los acontecimientos de La Carta Sellada y nos lleva a un punto de partida alternativo, que es cuando Syaoran regresa de Hong Kong y le da la sorpresa a Sakura. ¿Y cómo sabemos que obvia por completo la segunda película? Respuesta fácil: En el manga original, Syaoran no era el único que tenía un osito de peluche. Al saber que Syaoran se marcha, Sakura se pasa toda la noche anterior a su partida cosiendo un osito de peluche para regalárselo, y antes de que el chico se vaya los dos intercambian sus ositos, les ponen sus nombres y prometen volver a verse. Cuando Syaoran regresa, trae en sus manos el osito que le regaló Sakura; este mismo osito podemos verlo en el primer capítulo de la temporada de Clear Card, a pesar de que en el anime anterior Sakura no le había cosido el osito a Syaoran. Esta es la primera gran incoherencia, pero no será la única.

Seguimos con el reencuentro de nuestros queridos personajes. Sakura y Syaoran han dejado atrás la niñez y tienen que empezar en el instituto, donde están casi todos sus amigos. Tomoyo, Chiharu, Naoko y Yamazaki están ahí y siguen siendo los mismos niños que conocimos en la serie anterior, pues no han cambiado ni un ápice (ni siquiera de peinado). Solo falta Rika, que se ha trasladado a otro colegio y apenas aparece en la serie, aunque tampoco es que se la eche mucho en falta. En cuanto a Eriol y la señorita Mizuki, los dos permanecen en Inglaterra, aunque mantienen el contacto con Sakura y Syaoran a través de llamadas y videoconferencias. Sin embargo, no hay problemas en Tomoeda y hay pocas cosas que contar.

Pero la tranquilidad dura poco (y menos mal, porque si no menuda serie más aburrida tendríamos, ^^*). Antes de empezar las clases, Sakura tiene uno de sus extraños sueños en los que puede ver el futuro. En el sueño, hay una figura envuelta en una túnica informe que no delata su aspecto pero que parece observar a Sakura; a su alrededor flotan las cartas convertidas en láminas transparentes. Al despertar, Sakura descubre que sus cartas han sufrido un cambio tremendo: Se han vuelto transparentes, como si fueran de cristal, y su esencia ha desaparecido, por lo que no puede utilizarlas en el caso de que ocurra algo malo. Nadie parece tener una respuesta a este fenómeno, ni siquiera Kero y Yue, por lo que toca esperar a que se desarrollen los acontecimientos y Sakura dé con una solución.

Los acontecimientos no se hacen esperar para nuestra heroína, pues al día siguiente Sakura siente una presencia extraña en Tomoeda. Por su manera de actuar le recuerda a una carta de Clow, pero comprende que eso no puede ser, ya que las ha capturado y convertido todas. A esto se suma otro problema, y es que no puede utilizar ni su bastón ni sus cartas para combatir esta nueva amenaza. Pero entonces recuerda su último sueño, en el que la figura de la túnica crea para ella una nueva llave, que es la que Sakura tiene ahora. Sakura pronuncia las palabras mágicas y su llave se convierte en un báculo que le da la capacidad de materializar al espíritu y atraparlo en una carta que recuerda mucho a una antigua carta de Clow.

Aún preocupada por lo ocurrido, Sakura sigue yendo al instituto y trata de llevar una vida normal. Aunque se queda un poco desilusionada cuando descubre que han puesto a Syaoran en otra clase, recupera su alegría habitual cuando conoce a su nueva compañera de curso: Akiho Shinomoto, una muchachita de aspecto delicado y sonrisa tímida que ha vivido en el extranjero durante unos años. Por supuesto, al poco de conocerse hacen buenas migas, y Sakura trata de introducirla en su grupo de amigos. Estas presentaciones y encuentros entre amigos suelen abarcar varios episodios, y no es raro que las interacciones entre personajes cubran la mitad de un episodio, lo que suponen unos doce minutos de charla insulsa que no aporta absolutamente nada a la historia.

A lo largo de los capítulos, Sakura tendrá que enfrentarse a estas nuevas presencias en todo tipo de ocasiones, pues aparecen en el momento más inoportuno para causar problemas. Cada vez que captura una nueva carta, se da cuenta de que sus dibujos y nombres son muy similares a los de las cartas de Clow, además de que puede utilizarlas del mismo modo. Es el caso, por ejemplo, de las cartas Maze y Sleep, que en su nueva versión se llaman Labyrinth y Snooze, y tienen la misma utilidad. También encontramos cartas nuevas, como Record, Siege o Spiral, que no tienen nada que ver con ninguna otra carta y que nos traen poderes nuevos bastante interesantes.




Pero Sakura no será la única que haga gala de unos poderes completamente nuevos. Al parecer, Syaoran no ha estado de brazos cruzados en Hong Kong, pues en los momentos de entablar combate demuestra que sus habilidades mágicas han mejorado mucho debido a los rigurosos entrenamientos que ha seguido bajo la supervisión de su madre. De hecho, sus nuevos poderes recuerdan mucho a los de las cartas de Clow y parece costarle dominar tal despliegue de magia. Sakura, como es muy poco perspicaz, no se da cuenta de nada y Syaoran no habla con ella porque no quiere preocuparla, pero sí vemos que mantiene conversaciones muy seguidas con Eriol, lo que da a entender que estos dos están tramando algo.

Los episodios van pasando uno detrás de otro y Sakura va cazando estas nuevas cartas, pero apenas ocurre nada digno de mención. Los capítulos están más enfocados en presentarnos a Akiho para que vayamos viendo cómo encaja en el mundo de Sakura, a pesar de que todos ya sabemos desde el principio que esta chica va a estar en el centro de los problemas (Sakura debería saberlo después de tantos sueños premonitorios seguidos de la llegada de un personaje nuevo a su vida). Aunque Akiho no es ni de lejos tan sospechosa como su mayordomo Yuna D. Kaito, un joven elegante y educado que cuida de la chica y se desvive por ella. Sabemos que Kaito oculta algo importante que tiene que ver tanto con Akiho como con Sakura, pero su historia queda bastante desdibujada a pesar de que la serie tiene 22 episodios por delante para desarrollarla, lo que me da pie a pensar que existirá una quinta temporada en la que se resolverán todos los misterios.

A pesar de que apenas vamos a averiguar nada nuevo en esta temporada, todo parece dar a entender que Sakura y Akiho están conectadas de alguna forma. Tomoyo es la primera en darse cuenta de lo mucho que estas dos chicas se parecen, y no solo en el físico, sino también en carácter y en gustos. Tanto Sakura como Akiho son sonrientes, amables, dulces, cariñosas, un tanto tímidas, siempre intentan dar lo mejor de sí mismas, se entusiasman con facilidad y se desviven por sus seres queridos. Ambas irradian ternura y se compenetran a la perfección. Además, parecen compartir el mismo gusto por los chicos mayores (Sakura estuvo enamorada de Yukito y Akiho lo está de Kaito) y tienen una especie de “peluche” que suelen llevar a todas partes (Kero en el caso de Sakura, y Momo en el de Akiho).

Al mismo tiempo que Sakura y Akiho parecen tener alguna especie de vínculo, se nos insinúa que las cartas nuevas que Sakura está materializando son versiones soñadas de las Cartas de Clow. La llave que oculta el báculo de Sakura se despliega al ser invocada como “llave de los sueños”, y el hecho de que en esta temporada se le dé más importancia a los sueños premonitorios de Sakura nos da una pista del rumbo que va a tomar la historia. En mi opinión, las nuevas cartas son una especie de duplicados de las Cartas de Clow que solo pueden utilizarse en el mundo de los sueños, pero no será Sakura quien se las quede, sino Akiho: su doble soñada. Una doble que, como la Cazadora de Cartas, cuenta también con dos guardianes que la protegen de todo mal: la pequeña conejita Momo y Kaito, quizá una nueva versión de Kerberos y Yue o de Spinel Sol y Ruby Luna, los guardianes de Eriol.

Sin embargo, tengo muchas dudas respecto al desarrollo de la historia y la actuación de determinados personajes. Si Sakura tiene que capturar nuevas cartas, ¿por qué sus Cartas de Sakura se vuelven transparentes y pierden su poder de manera tan repentina? ¿Tiene Syaoran algo que ver con este misterio? ¿Qué está tramando con Eriol? ¿Por qué Kaito parecen tan interesado en que Sakura capture las nuevas cartas? ¿Para qué las necesita? ¿De dónde ha salido Kaito y por qué tiene tanto poder? ¿Qué importancia tienen su reloj de bolsillo y el extraño libro que tanto obsesiona a Akiho, titulado “Alicia en el País de los Relojes”? Son demasiadas preguntas que en esta temporada no se contestan, lo que me ha dejado bastante desilusionada, pues han tenido capítulos más que de sobra para resolver todos los misterios que aparecen.




Otro detalle son las pequeñas incoherencias que se han colado en la serie. Antes he mencionado la primera de ellas, que la tenemos ya al comienzo del anime, pero hay otras. Una de ellas es el quasi intento de hacer que el segundo largometraje de Sakura sea canon, cuando es evidente que no hay manera de colocarlo tal y como se desarrollaron las cosas. Hay un momento en Clear Card en el que Sakura piensa en la carta Hope, carta que solo se pudo ver en la segunda película, pero que ha sido suficiente para que los fans crean que lo ocurrido en La Carta Sellada es canon. Sin embargo, parece que no se dan cuenta del patinazo que supone que Akiho viva en la misma casa que vivió Eriol… y que fue derruida en La Carta Sellada para empezar la construcción de un parque de atracciones. Y no me vale decir que la mansión volvió a aparecer cuando se capturó la carta Nothing, porque la destrucción de la casa no fue obra de la carta, sino de manos humanas. ¿Qué ha pasado entonces? ¿Primero tiran abajo la casa y después la vuelven a construir?

Tampoco tiene mucho sentido el que Tôya esté recuperando de nuevo sus poderes mágicos después del drama que se armó cuando decidió entregárselos a Yue y éste le advirtiera que si se los daba nunca más podría volver a ver el espíritu de su madre ni intuir si Sakura se encontraba en peligro. Si al final iba a recuperar sus poderes, ¿por qué tanto problema? Y qué decir del padre de Sakura, el mismo que todos pensábamos que estaba en la luna de Valencia pero que ¡oh, en realidad sabía que su hija se pasaba las noches de correría mágica por toda Tomoeda! ¡Y nunca se han sentado con sus hijos a hablar del tema, a pesar de que sabe que los dos tienen poderes mágicos! Como veis, son pequeños detalles que me fastidian y hacen que mi gusto por esta serie se enfríe a pasos agigantados.

Luego está esa perpetua sensación de deja vù que te dejan algunos capítulos. Con el cuento de que las nuevas cartas tienen muchas similitudes con las Cartas de Clow, a la hora de capturarlas nos encontramos con auténticos corta-pega de capítulos que ya hemos visto en las temporadas pasadas. Sucede, por ejemplo, cuando Sakura va al acuario otra vez y allí se aparece la nueva versión de la carta Watery, que ahora se llama Aqua. Tanto el descubrimiento de la carta como la manera de capturarla, pasando por el disfraz que lleva para la ocasión, todo es un calco del capítulo de la primera temporada (los propios personajes lo dicen, yo no me lo estoy inventando). Y qué decir de cuando tiene que enfrentarse a la nueva versión de la carta Fight (ahora llamada Struggle) y Meiling hace la absurda observación de que es como cuando ella y Syaoran se unieron para enfrentarse a la carta Twins, cuando obviamente se trata de Fight. Sin embargo, se hace así para que Sakura y Meiling luchen juntas, del mismo modo que en su día lo hicieron Meiling y Syaoran.

Pero si hay algo que me ha decepcionado de verdad esta temporada han sido los personajes. Por una parte, entiendo lo que ha hecho CLAMP. Tanto Sakura como sus amigos son personajes muy entrañables que no ofrecen un mayor desarrollo de personalidad más allá de mostrar lo amables y cariñosos que son. En ese sentido, la serie no desentona ni se sale de los marcos impuestos: sigue siendo una historia muy blanca en la que el mal apenas existe. Sin embargo, los personajes se han quedado encasillados en un mundo feliz y no han madurado absolutamente nada. A pesar de haber crecido, Sakura no ha dejado de ser ingenua e infantil; Tomoyo sigue siendo la misma niña dulce que está obsesionada con grabar a Sakura con sus vestidos nuevos; Tôya continúa metiéndose con su hermana de la misma manera que hacía cuando era niña; Chiharu, Naoko y Yamazaki siguen haciendo las mismas cosas que en su más tierna infancia, y así podría seguir un buen rato. Es como si el tiempo se hubiera parado para ellos y vivieran en un paraíso rosa plagado de pétalos de flor de cerezo, alejados de la realidad que les rodea. Todo es igual que antes, nada ha cambiado. Los personajes no tienen problemas ni inquietudes, no se plantean preguntas, no evolucionan, no maduran.




Y esto es básicamente Clear Card: una puesta en escena muy bonita y correcta, unos diseños de personajes muy atractivos y una historia que promete ser misteriosa y adictiva. Sin embargo, el jugar con la nostalgia les ha salido caro y el desarrollo de la historia se hace lento y pesado al primar las interacciones banales entre personajes por encima de la acción, que era uno de los puntos fuertes de Cardcaptor Sakura. Ahora todo parece girar en torno a la premisa de “vamos a meter a Akiho con calzador para que se haga muy amiga de Sakura y todos los fans la quieran”, y esto me parece un error muy grande porque no consigue su objetivo y además contribuye a lastrar el avance del argumento y nos priva además de los ansiados momentos entre Sakura y Syaoran, que no parecen novios ni por asomo.

¿La recomendaría? Sinceramente, a mí como fan me ha decepcionado bastante. Para mí, la historia tuvo un cierre magnífico en su día y no era necesario volver a abrirla para traer una nueva historia; para eso ya tengo un millar de fanfics en Internet que me cuentan todas las historias paralelas que quiera leer, algunas bastante más coherentes que esta serie. Me gusta el apartado técnico y me ha hecho feliz volver a ver a los personajes que tanto me gustaron la primera vez que vi la serie, hará ya casi veinte años, pero una puesta en escena vistosa y colorida no hace una gran serie si no tiene un buen bagaje argumental, y me temo que en ese sentido Clear Card patina bastante. Así que, por mi parte, no le daría más de un seis sobre diez, y por la nostalgia más que nada. A menos que haya una quinta temporada (y todo parece indicar que así será) que ayude a aclarar las cosas y tenga un poco más de coherencia, Clear Card es un arco prescindible que no debería ser considerado más que una curiosidad.


¡Nada más, amigos! Hasta aquí ha llegado mi monográfico sobre Sakura, aunque no descarto ampliarlo si la temporada sigue y hay nuevas cosas que contar. Os espero a todos el mes que viene con más cosas.

¡Nos vemos!