martes, 4 de diciembre de 2018

La Leyenda del mes: La Navidad y el Judío Errante


¡Hola a todos!

¡Bienvenidos una vez más a diciembre, el mes de la Navidad! El año 2018 llega a su fin y toca despedirlo como se merece: con turrones, mazapanes, canciones y alegría! Ya habréis notado que este mes no he subido la entrada el día 1, como es costumbre, pero debido a ciertos problemas personales me ha sido imposible acceder al blog hasta hoy; espero que podáis disculparme por ello.

Sin más dilación (y como no me han pasado cosas emocionantes a lo largo del mes anterior), os dejo aquí la última leyenda del año. Deseo de verdad que os hayan gustado estas doce leyendas de mi tierra tanto como a mí me ha gustado reproducirlas aquí para vosotros. Nos vemos muy pronto con más cosas interesantes!


La Navidad y el Judío Errante




Hubo un tiempo, hace muchísimos años, en el que se dice que los animales hablaban. Por entonces, todo era bienestar y alegría en la tierra, porque con la venida al mundo del Hijo de Dios era como si una mano milagrosa y providente tocara todos los corazones y arrancara de ellos la maldad.

La comadreja cascaba nueces y las degustaba con alegría mientras le decía a su amigo el zorro:

—Pues ahí ve, señor raposo: yo nunca había comido una nuez, y ahora me parecen excelentes y agradables.

—Yo tampoco había probado nunca una manzana, y tiene un zumo que me encanta —dijo a su vez el zorro.

Un águila se acercó volando, se posó en el palomar de la era y echó al suelo unos granos de trigo que traía en el pico; después llamó a los polluelos y les dijo:

—Venid, pequeños, y comed este trigo que os traigo; lo he cogido para vosotros al pasar sobre un campo cubierto de espigas.

Y durante un buen rato estuvo el águila contemplando cómo los polluelos picoteaban golosos los granos de trigo, satisfecha y feliz. Y esto era así porque el Hijo de Dios había nacido y venía a predicar humildad y amor. Y los animales daban ejemplo a los hombres. Y las gentes también se hallaban predispuestas para la bondad y se saludaban diciendo:

—Paz a los hombres de buena voluntad.

Y todos holgaban y se divertían, pues días de hermandad y felicidad se habían anunciado a todos los humanos.

Pero un día apareció un anciano vestido con un manto muy raído y sucio. Al pasar por la aldea, se detuvo a mirar cómo los humanos y los animales cantaban y bailaban, pero en vez de sumarse a la alegría general, se echó a llorar desconsolado. Y la gente se extrañó al verle llorar.

—¿Por qué llora usted, abuelo? —le preguntaron.

—Lloro —dijo el anciano— porque veo qué fácilmente os sentís felices y cómo florece rápida la alegría en vosotros, despreocupándoos por el día de mañana.

—¿Pero usted no sabe que fue nacido entre los hombres el Hijo de Dios?

—Sí, lo sé, pues fue anunciado hace mucho tiempo por los Profetas. Sin embargo, el mundo no puede dejar de ser como es, y el sol ha de salir todos los días por encima de los montes y se sumergirá como siempre en las lejanías del mar; y lloverá como de costumbre; y el lobo, que fue creado para comer carne, no ha de comer tojos; ni el hombre podrá olvidarse de encender el fuego del hogar, ni dejará tampoco de morir algún día…

—Pero eso… —replicaron las gentes del pueblo, confundidas—. Con tal de vivir alegres y dichosos…

—¡Toda ilusión es fugitiva! —sentenció el andrajoso caminante—. Habréis de volver enseguida a vuestros trabajos y querellas de siempre, a las disputas acostumbradas entre unos y otros.

—¡Si siguieras tu camino y no vinieras a importunarnos con tus malos augurios cuando estamos de fiesta! —le gritó alguien, malhumorado.

—¡Vete de aquí, sarnoso! —le escupió otro con coraje, olvidando el respeto que le debía por su ancianidad.

—¡Echadlo a palos de aquí! —bramó un tercero.

Y otro, más atrevido que los demás, le tiró una piedra al anciano, riéndose. La piedra dio en el blanco, y una mancha de sangre tiñó el rostro del viejo que, volviéndose hacia ellos, dijo dolorido pero sin cólera:

—¿Veis cómo la maldad no se aparta fácilmente del corazón de los hombres?

Y siguió su camino renqueando.

—¿Quién será ese hombre? —se preguntaban las gentes, pensando en las palabras del viejo.

Y el hombre más anciano del pueblo, después de pensar un poco en sus recuerdos, dijo:

—Ese hombre no puede ser otro más que el Judío Errante.

—¡Judío había de ser para venir a hablarnos hoy de la manera que lo hizo! —gritó una mujer, pero todos los demás callaron.

Ahora la gente se ríe de estas cosas. No sabemos si aquel viejecito era o no el Judío Errante del que hablan tantas historias, pero que era un hombre de buen juicio y sabio nadie lo pone en duda. La vida de los humanos de entonces para aquí acabó dándole la razón.

lunes, 19 de noviembre de 2018

13 frases para ofender a los ofendiditos


¡Hola a todos!

 Estaba yo hoy revisando las noticias de mi muro en Facebook cuando encontré algo que me llamó la atención, lo suficiente como para dedicarle un espacio en mi blog. Estoy convencida de que todos vosotros, tanto los que me seguís como los que me leéis de vez en cuando o por pura casualidad, conocéis a Cabronazi, esa página de Facebook que se creó en 2015 y que ha conseguido reunir la nada desdeñable cantidad de 13 millones de seguidores con la sencilla táctica de robar contenido ajeno y publicarlo en sus diversas redes sociales sin citar la autoría de dichas publicaciones.

Pues el caso es que estaba desayunando tan tranquilamente en mi casa mientras me ponía al día con la actualidad, cuando de pronto di con un artículo de Cabronazi que me pareció curioso. No sé si fue el título tan pretencioso del artículo o la foto de Arturo Pérez-Reverte que traía adjunta lo que me hizo pinchar el enlace para ver de qué se trataba; de Cabronazi se puede esperar de todo. Y he aquí que encontré un artículo donde el autor (no sé si es hombre o mujer) nos trae trece frases que no deberíamos decir si nos consideramos personas inteligentes. Resulta un poco irónico que una página llamada Cabronazi se dedique a dar consejos sobre cómo ser más inteligentes, dado que lo que ellos publican es básicamente basura. Pero también soy de las que piensa que nunca se le debe negar una oportunidad a nadie, y menos cuando te ponen de cebo una foto de Pérez-Reverte, así que me decidí. Trinqué el artículo y me leí los trece puntos, uno por uno.

Y esto fue lo que encontré: la filosofía de lo políticamente correcto. Un manual perfecto para tratar con ofendiditos de piel fina a los que cualquier cosa les hace echarse a llorar.

Pero, ¿qué es un ofendidito? El ofendidito es, a mi juicio, un miembro de esa nueva secta internauta que se dedica en cuerpo y alma a tratar de erradicar todo aquello que pueda ser ofensivo para alguien. Tarea bastante ardua, sobre todo si tenemos en cuenta que somos más de seis mil millones de seres humanos en la Tierra y que lo que no ofende a unos sí puede ofender a otros. Y no, no estoy cargando las tintas contra las personas que luchan para hacer de este mundo un lugar mejor para todos tratando de quitar las lacras que durante siglos nos han afectado. Mis quejas van contra aquellos que protestan por TODO, absolutamente TODO, hasta por las tonterías más grandes. La capacidad de un ofendidito para escandalizarse se sale de las gráficas, y son famosos por hacer una guerra de todo cuanto se les pone a tiro, hasta de las cosas más triviales

A tal punto han llegado las cosas que tenemos que emplear un lenguaje especial cada vez que nos dirijamos a un ofendidito. Porque claro, uno no puede acercarse a uno de estos Copitos de Nieve y decirle "Hola, ¿qué tal estás?" sin más, sin vaselina ni nada. ¡Que eso es ofensivo! Y vosotros diréis: ¿Pero en qué he podido yo ofender a esta persona, si solo la he saludado? Pues lo has hecho, y en Cabronazi lo saben mejor que tú. Por eso, en su infinita sabiduría, han reunido para nosotros estas trece frases que, según ellos, una persona que se considere inteligente no debería decir nunca para no herir sensibilidades.

¿Creéis que exagero? Seguid leyendo.



1. Pareces cansado: Esta es una de las frases que más podemos escuchar en nuestro día a día… y deberíamos ir con cuidado. Diciendo esto, estamos mandando el siguiente mensaje: tienes un aspecto tremendamente lamentable. ¿Solución? Preguntar directamente por cómo está la persona.

Empezamos fuerte con la primera frase de la lista. Al parecer, al iluminado que ha escrito este artículo le da la impresión de que si le decimos a alguien que parece estar cansado, lo que en realidad estamos insinuando es que nos da la impresión de que tiene un aspecto deplorable. Es decir, que si nos consideramos inteligentes no podemos decirle esa barbaridad a una persona porque es como si la estuviéramos insultando. Es curioso que en ningún caso se plantee la posibilidad de que una persona pueda estar demostrando sincera preocupación al hacer esa pregunta si su amigo o pariente está demasiado pálido, ojeroso y demacrado, pero veréis que esto va a ser habitual en las siguientes citas.



2. Siempre o nunca: No podemos vivir una vida sin ningún tipo de gris. Todo tiene matices y es importante saber vivir con ellos. No tenemos que ser tan planos y debemos tomar nuestras decisiones en base a la probabilidad, en cualquier caso.

Vaya, ahora parece que las personas que se consideren inteligentes tampoco pueden decir siempre o nunca, porque esas palabras son tan definitivas y contundentes que las nuevas generaciones no serían capaces de soportar la intensidad que comportan. Supongo que el autor del artículo se refiere al empleo que se hace de ellas en frases tales como “Siempre te querré” o “Nunca volveré a confiar en ti”, por poner dos ejemplos de los más utilizados en el día a día. Estoy de acuerdo en que actuar de acuerdo al significado de siempre y nunca puede ser demasiado rígido, pero me llama la atención el hecho de que el autor del artículo parece obviar el significado metafórico que encierran estos dos adverbios. Es como si creyera de verdad que cuando una persona utiliza esas palabras en una frase, lo está haciendo con toda la intención de cumplir lo que dice. No se plantea que pueda ser una hipérbole (si esa persona me está leyendo, hipérbole es sinónimo de exageración) o que, simplemente, son palabras que suele utilizar en su habla habitual y no se plantea darles un significado mayor.



3. Como dije antes: Indirectamente, lo que le estás diciendo al interlocutor es que no está atento y que, de forma constante, le has de estar repitiendo cosas que ya le has dicho. Quizá eres tú el que no está transmitiendo correctamente el mensaje.

Otra tontería más para el saco, y una nueva (mal)intención del autor de interpretar como le da la gana una frase que puede utilizarse en cualquier discurso o explicación y que sirve de enlace para un punto que se ha tratado con anterioridad. Una vez más, no se le adjudica más que un significado a esta locución, y me atrevo a decir que el autor incluso la ha escrito poniéndole un soniquete sarcástico para que suene borde y maleducado porque, obviamente, no cabe otra interpretación posible para esta frase.



4. Buena suerte: Decirle esto a alguien podría malinterpretarse. De forma indirecta, lo que estás diciendo es que la otra persona no tiene suficientes cualidades por sí misma y tendrá que depender de la suerte para poder tener éxito en su empresa.

Vaya, no sabía que ahora es de personas poco inteligentes desearle buena suerte a una persona. Lo que el autor nos dice es que con esa frase tan simple, lo que estamos insinuando es que consideramos a nuestro interlocutor un zoquete del tamaño de una catedral, puesto que solo con mucha suerte conseguirá llevar a cabo lo que se proponga.

Pero vamos a ver, ¿tan difícil es no buscarle los tres pies al gato y pensar que una persona puede desearnos buena suerte porque de verdad quiere que tengamos buena suerte en la vida? De verdad, qué cansancio de gente…



5. Lo que tú quieras: Esto denota una clara falta de interés que no nos conviene en absoluto. Deberíamos ser capaces siempre de dar nuestra opinión sincera, aunque nos cueste un mayor esfuerzo.

No, querido. Lo que esto denota son ganas de no seguir discutiendo con la otra persona, sobre todo si es tan cabezota que se empecina en no atender a razones ni escuchar lo que el otro le tiene que decir. Sería como tú dices en el caso de que se pronuncie en tono neutro y desapasionado, como si esa persona cediera ante los deseos de otra. O igual es porque no tiene un plan mejor y prefiere que la otra persona lleve la voz cantante, ¿se te había ocurrido pensar eso?



6. Has perdido muchísimo peso: Esto podría parecer un cumplido, pero lo que estamos diciendo, en realidad, es que la otra persona antes no estaba bien, según tu criterio, y podría sentirse juzgada. Es mejor, simplemente, comentar que la otra persona tiene un buen aspecto.

De acuerdo, pero con matices. Según el autor de esta sentencia, decirle a una persona que ha perdido mucho peso es juzgarla a la baja, insinuando que antes estaba mal y que ahora, bajo nuestro punto de vista, está bien. Lo que no aclara es que si a una persona que está demasiado delgada o demasiado gorda le decimos que tiene muy buen aspecto, también le estamos juzgando según nuestro criterio de belleza. ¿Si una chica es anoréxica, le vas a decir que tiene muy buen aspecto? ¿Y si padece obesidad mórbida? Igual debería aplicarse el cuento de la frase anterior y dar su opinión sincera, aunque le cueste un mayor esfuerzo.



7. Eras demasiado bueno/a para esa persona: Estamos tocando el tema de las relaciones interpersonales y eso puede resultar muy delicado. Si lo que hacemos es hacer una valoración de este estilo, lo que estamos diciendo es que el interlocutor podría haber tenido mal gusto a la hora de escoger… optemos por algo del estilo “¡Él/ella se lo pierde!”

Vaya, resulta que ahora tampoco se puede decir esta frase (más bien es un cliché sociológico) ni siquiera en el caso de que estés intentando consolar a una persona que ha sufrido una ruptura. Una vez más (y no será la última), el autor se empeña en tomarse las cosas a la tremenda y tirar por el camino que no es. Es como si quisiera malinterpretar la frase a propósito, como si todo le ofendiera.

Por cierto, la frase que da como opción es todavía peor, sobre todo si queremos ser puntillosos y le respondemos que la otra persona sabe perfectamente lo que se pierde porque fue la que decidió cortar la relación. Y si lo hizo, será por algo, ¿no?



8. Estás muy bien para tu edad: No partamos de la premisa de que hay una “edad mala”. Es mejor destacar los aspectos positivos y ya está, no unir estos a otras características que nadie puede escoger.

Perdona, pero nadie está partiendo de esa premisa que dices. Lo que se quiere decir con esta frase es que, por lo general, a ciertas edades se notan más los defectos y el desgaste del tiempo en el aspecto físico de una persona. Pero no creo que nadie lo diga para insultar o para faltar al respeto. Es otra fórmula de cortesía para decir, de manera global, que esa persona tiene un aspecto juvenil a pesar de haber cumplido ya los 75 años, porque la juventud se sigue viendo como sinónimo de belleza y lozanía. Según el criterio de este autor (y dado que cada uno tiene sus propios criterios de belleza con respecto a los demás), tal vez sería más adecuado agasajar a esa persona con un cumplido como “¡Caramba, qué cartucheras más bonitas y bien trabajadas que tienes! No las tenías así hace diez años; se nota que te has empleado a fondo para que aumenten. ¡Ole tú y ole tu chocho!”.



9. Eso no es justo: A la hora de opinar de forma negativa sobre algo, no apeles a conceptos abstractos y grandilocuentes como la “justicia”. Limítate a dar tu opinión y a que sean tus argumentos los que ganen o no la conversación.

O, lo que es lo mismo, si dices que algo “no es justo” es como si tuvieras un berrinche de niño pequeño y ése fuera tu único argumento para defenderte. ¿De verdad hay que sacar esta expresión del vocabulario solo porque, según tu criterio personal, te suena banal? Estoy segura de que hay otros contextos en los que se puede utilizar el “no es justo” con toda tranquilidad y sin miedo a parecer un infante caprichoso, como opinar que en un concurso de talentos en el que se presentan niños de diversas edades, ganen por defecto los niños más pequeños porque si no se les rompe la ilusión y lloran. Como los ofendiditos.



10. Voy a hacer una pregunta absurda: Aquí lo que estás reflejando es pura inseguridad. No le sirvamos en bandeja a la otra persona tener unos prejuicios sobre lo que vamos a decir, porque esto puede condicionar su respuesta, y no necesariamente para bien.

Sí, podría ser inseguridad, pero el mostrarse inseguro también es de personas inteligentes. De hecho, solo los necios están seguros de todo, hasta de lo que no saben. Si una persona dice “voy a hacer una pregunta absurda”, lo que en realidad está diciendo es que ha hecho esa misma pregunta otras veces y la gente se ha reído de ella o la ha tildado de simplona. A pesar del miedo que siente a que vuelvan a tacharla de simple y vacía, su curiosidad puede más y se arriesga a hacer la pregunta para obtener la máxima información posible. ¿Eso es de personas poco inteligentes?



11. Lo intentaré: Dar esta respuesta es hacer gala de una inseguridad absoluta. Puede que no consigas tu objetivo, pero es mejor dejar clara la forma en la que lo intentarás que no destacar el hecho de que ves poco probable el éxito.

Madre mía, faltaba que dijera lo de “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes” y habría redondeado la frase. Para el señor, señora o señore (que ya no sé qué género hay que utilizar, carajo) que ha escrito esto, la frase “lo intentaré” no es una señal de prudencia, sino de inseguridad. Una vez más (¿cuántas van?), entiende esta frase en el contexto que le da la gana y no se plantea la posibilidad de que se pueda aplicar a otras situaciones. Como ya he dicho antes (sí, es una referencia al punto 3. Badum tss!), una persona puede simplemente ser prudente al decir la frase “lo intentaré”, y no porque no confíe en sus propias habilidades para llevar a cabo una empresa, sino porque quizá no sabe cómo se van a desarrollar las cosas y prefiere no arriesgarse con un rotundo “lo conseguiré”.



12. No es mi culpa: No hay forma de decir esta frase y que no se genere una tensión innecesaria. No partas de la premisa de que la gente te va a señalar como el culpable de lo que sea que haya ocurrido. Tú mismo te estás poniendo entre la espada y la pared.

También se podría ver como una manera de echar balones fuera o, lo que es lo mismo, escurrir el bulto para descargar las culpas en otra persona. ¿Por qué no explicas los diferentes contextos y después vemos si se puede aplicar la frase o no? Porque sigo sin ver qué tiene esto de poco inteligente.



13. Así es como se ha hecho siempre: Los seres humanos deberíamos aspirar a la evolución. Si algo se ha hecho siempre de una forma, no debemos estar cerrados a que, quizás, se pueda hacer mejor de otra. Las cosas cambian demasiado rápido como para estar anclados al pasado.

La única en la que estoy de acuerdo, por increíble que parezca. Esta es la única frase que, bajo mi punto de vista, deberíamos tener más cuidado de decir. Eso sí, sin desdeñar la experiencia de los que nos han precedido y que ya están de vuelta cuando nosotros todavía vamos para allá. La evolución no consiste solo en avanzar hacia delante, sino en mirar hacia atrás y aprender del pasado todo lo bueno y lo malo, y luego actuar en consecuencia. Eso sería lo más inteligente que uno puede hacer.


Y hasta aquí por hoy, lectores. Sé que esta no suele ser la tónica habitual en mi blog, pero la verdad es que me ha tocado bastante la moral leer ese artículo, quizá porque ya estoy hasta las narices de ver cómo esta sociedad se hipersensibiliza a pasos agigantados, hasta el punto de que no se puede decir la frase más sencilla sin temor a ofender los sentimientos de los Copitos de Nieve más cercanos.

Nos vemos en la próxima. ¡Hasta pronto!

sábado, 10 de noviembre de 2018

Memorias de la XXIII EstelCon


¡Hola a todos!

Hoy va a ser un post un poco diferente a lo habitual. Como ya sabéis, sobre todo si os habéis pasado por aquí alguna que otra vez o tenéis la costumbre de leerme, las cosas que suelo colgar en este pequeño y humilde espacio son de temática friki cuando algo me apasiona mucho, histórica cuando mi vena académica sale a relucir y artística cuando me dejo llevar por mi imaginación. Pero hoy va a ser algo más íntimo, algo más ligado a mi corazón y al de todos aquellos con quienes compartí cuatro días que se convirtieron en el bálsamo que mi espíritu necesitaba. Por lo general, los seres humanos dedicamos un tiempo muy largo a buscar momentos y sensaciones que nos llenen de paz, de vida, de luz, de calor... pero a veces solo son necesarios cuatro días para vivir esa experiencia en toda su plenitud. Yo lo he vivido así.

Pero pongámonos en situación. Embalse de Benagéber, Comunidad Valenciana, año 2018. En un albergue medio oculto entre pinos y montañas se iba a celebrar la XXIII Mereth Aderthad, es decir, la fiesta de la reunión, un acontecimiento que todo amante de la obra de J. R. R. Tolkien espera con fervor durante todo un año. Ciento cincuenta personas venidas de todas partes de España se iban a encontrar (y reencontrar) en este albergue al cual muchas manos se prestaron para adornarlo para la ocasión con estandartes, música, baile, canciones y, sobre todo, muchísima ilusión. Al poner los pies allí volví a sentir una emoción conocida que he experimentado, por desgracia, pocas veces en la vida. Allí estábamos todos, un año más. Rostros conocidos se mezclaban con caras que todavía no me resultaban familiares, pero todos teníamos algo en común: el deseo de reunirnos para conmemorar la obra del Profesor, honrarla y mostrársela en todo su esplendor a quienes querían acercarse a ella.

Para este artículo, he decidido estructurarlo en cuatro apartados, tal como hizo Tolkien en el prólogo de La Comunidad del Anillo, no solo porque me parece una manera de rendirle homenaje, sino también porque creo que solo así podré abarcar en su totalidad todo lo que quiero expresar.


*De los amigos antiguos y los nuevos

Empezamos por lo que yo considero que es una de las mejores partes de una EstelCon, que es el reencuentro con aquellos amigos a los que hace mucho tiempo que no vemos. A pesar de que vivimos en una época hiperconectada en la que saber cómo se encuentran nuestros amigos está solo a un clic de distancia, no hay nada comparable a volver a ver a esas personas cara a cara y darles un fuerte abrazo cargado de sentimientos. Sentir la calidez de su corazón y mirar por fin esos ojos reales, brillantes, reflejo de mil emociones que llegaban al alma. "Aquí estoy", decían sin necesidad de usar palabras; no se necesitan cuando el corazón habla.

Pero una EstelCon también es el lugar donde se pueden hacer nuevos amigos y, con un poco de voluntad, es muy posible que la forja de esas nuevas amistades dure mucho tiempo, cuando no toda la vida. Los lazos de la amistad son como una buena espada: requieren mucho trabajo y es necesario poner mucho empeño, pero si todo sale bien el resultado es inmejorable. Y puedo decir que este año mi experiencia ha sido de lo más positiva, algo por lo que siempre estaré agradecida. En esta EstelCon he tenido la oportunidad de conocer a personas que me han acogido, me han hecho reír, me han escuchado, me han dado ánimos y me han hecho partícipe de sus planes y actividades. Gente a la que no conocía de nada, pero que me ha abierto los ojos a nuevas realidades y a un mundo infinito de fantasía donde todo es posible.

No sé si es necesario que pase un tiempo prudente para llamar "amigo" a alguien; hoy en día tendemos a banalizar palabras tan hermosas como amistad, amor o compañerismo. No sé si cuatro días al lado de una persona son suficientes como para considerarla amiga, pero tal vez mi corazón estaba presto para hacerlo y quería que aquellas personas que conocí allí tuvieran un lugar en él. Todas se lo han ganado, en mayor o menor medida. Todas esas personas ya forman parte de mí de una manera u otra, y lo que le han aportado a mi vida nadie me lo quitará jamás, ni yo lo olvidaré mientras tenga memoria. En el momento de la despedida hubo muchos abrazos y lágrimas pero, sobre todo, la promesa de volver a vernos pronto. Y sé que esa promesa se cumplirá. Tan cierto como que el sol sale todas las mañanas, el reencuentro con los amigos nuevos y viejos se llevará a cabo nuevamente, y volveremos a experimentar ese calor en el corazón que es como el fuego del hogar, agradable y reconfortante.


*Del valor que se oculta dentro de uno mismo

Hay una frase muy acertada que dice que el miedo es la emoción más difícil de dominar. Si sentimos dolor, lo podemos aliviar llorando; si sentimos rabia, la reducimos gritando. Pero el miedo nos invade silenciosamente y ataca nuestro corazón sin que seamos conscientes de ello ni sepamos qué hacer para evitarlo. Es muy normal tener miedo, y más si eres una persona con tendencia a la timidez, a esconderse cuando hay mucha gente mirando y no sabes qué decir mientras bajas la vista, esperando que el suelo o tus pies te den una respuesta que nunca llegará.

Pero el miedo tiene algo bueno y es que, cuando corres hacia él, huye despavorido. El miedo a mezclarme entre desconocidos y a no encajar entre ellos surgió con bastante fuerza en mi primera EstelCon, allá por 2016, y fue la gran culpable de que me acobardara y me hiciera retroceder a la hora de apuntarme a actividades que me llamaban mucho la atención pero que temía no saber realizar y acabara molestando a los demás por ello. Este año no fue así; no dejé que fuera así. Al saber más o menos en qué consistía una EstelCon, pude enfocar la elección de actividades de la manera que mejor se ajustaba a mí, y me alegra poder decir que he participado en más de las que esperaba; algunas de ellas no entraban en mis planes iniciales, pero no lamento haberme metido en ellas, pues me lo he pasado muy bien y he aprendido que el miedo puede ser un poderoso enemigo que nos evita disfrutar de la vida en su máximo esplendor.


*De los bailes, canciones, lecturas y actividades

En los cuatro días que dura una EstelCon hay tiempo para hacer muchas cosas con amigos y compañeros de fortuna. La obra de Tolkien ha dado origen a estudios, ensayos, conferencias y debates muy interesantes que aportan un mayor conocimiento a quienes intentamos saber más y ahondar en el legado del Profesor. Siempre es un verdadero placer asistir a una de las charlas que se dan en una Mereth Aderthad, pues es una oportunidad magnífica para aprender muchas cosas que no sabíamos (o para iniciar debates sobre los Elfos comeflores, por qué no).

Pero no todo iba a ser academicismo y erudición acerca del universo Tolkien, pues también hubo espacio para juegos y actividades relacionadas que hicieron las delicias de muchos de nosotros y nos ayudaron a embebernos del espíritu de la Tierra Media. Talleres como el de elaboración de remedios naturales, el diseño de laberintos o el de un cuaderno de viajes, dedicados a aquellos cuyas manos son incapaces de estarse quietas y quieren hacer algo bello y productivo (es inevitable acordarse de Sam Gamyi, el hobbit que encontraba la felicidad más grande en las cosas sencillas de la vida). Clases de baile al aire libre que pusieron a prueba nuestra agilidad de pies y capacidad para aprender tres pasos diferentes sin pisar al compañero de al lado. Canciones y musicales creados para alegrar el ánimo o enriquecer el espíritu de los atentos espectadores, dando lugar a momentos emotivos y cómicos a partes iguales. Alguien dijo una vez que no hay música más bella que la risa que sale del corazón, y por eso puedo afirmar que en esta EstelCon no ha habido música más hermosa y sincera que la que nació de todos nosotros (con permiso de Eru y los Áinur, claro está).

Quisiera dedicar aquí unas palabras especiales para el juego de rol en vivo, ya que esta fue mi primera incursión en este mundo del que tantas veces había oído hablar y por el que sentía una gran curiosidad, pero que por miedo o desgana había dejado relegado a un segundo plano. Pese a que temblaba como una hoja cuando llegó el momento de empezar el juego, a los pocos minutos ya me sentía tan relajada que pude disfrutar de dos cortísimas horas de juego rodeada de gente increíble e implicada. Cabe destacar el final inesperado de la partida que, unido al buen humor general, arrancó auténticas carcajadas y puso el broche de oro a una tarde magnífica.

Y, como no podía ser menos en la celebración de uno de los escritores más grandes que jamás han existido, también ha habido momentos para la lectura de fragmentos, poemas y cuentos tolkienianos. Reunidos al estilo de una corte señorial en torno a nuestro maestro de ceremonias, unos pocos elegidos tuvimos el honor de llevar a cabo una pequeña representación que espero haya deleitado a nuestros oyentes. He disfrutado mucho leyendo ante todos los presentes y, pese a lo nerviosa que estaba, no me arrepiento de haberme apuntado a la actividad. Creo que ese fue uno de los primeros momentos en los que la magia, la verdadera magia, hizo su aparición y nos acompañó hasta el final de esos cuatro días inolvidables.


*De las risas y las lágrimas

Pero todas las cosas deben llegar a su fin, y el fin de la Mereth Aderthad llegó más pronto de lo que todos queríamos. Después de disfrutar de la cena de gala, con sus brindis cargados de sentimiento y sus canciones que llegaban al alma, llegó el temido momento: el de la despedida. Tras realizar la entrega de premios y homenajear al smial organizador de la mereth, todos los presentes pusimos toda nuestra atención a la lectura final, que no es otra que la marcha de Frodo, Bilbo, Gandalf y Galadriel en un barco rumbo a las Tierras Imperecederas. Un cierre perfecto para una grandísima historia, pero que no deja de ser un tanto agridulce porque Frodo, a pesar de haber llevado a cabo una de las pruebas más difíciles que le pueden tocar a una persona, se ve incapaz de disfrutar de las dádivas del héroe y sufre durante años las secuelas de haber llevado colgada al cuello la más pesada de las cargas. Solo hay un lugar donde por fin podrá alcanzar la tan ansiada paz de espíritu, pero para eso es necesario que deje atrás todo cuanto amaba y tome rumbo al Oeste.

Siempre me ha producido una tremenda congoja esa parte de El Retorno del Rey, pues comparto la tristeza de Sam ante la pérdida inevitable de su amo, amigo y compañero. Pero a pesar de las amargas lágrimas, que son las mismas que cayeron de nuestros ojos en medio de la lectura, nos queda el consuelo de que el tiempo vivido ha sido pleno y nuestras experiencias, vívidas en nuestra memoria, permanecerán en nuestro interior hasta que nos llegue el momento de partir. Risas y lágrimas entremezcladas. La amargura de la despedida unida a la sonrisa de la esperanza y a la promesa de volver a vernos en un futuro no muy lejano. Como bien decía Gandalf, no todas las lágrimas son malas. Ésa fue su última lección, y puede que la más sabia y verdadera.

Y así fue como terminó uno de los períodos más felices de mi vida, corto e intenso a partes iguales. El camino de vuelta a casa, marcado por ese silencio solemne en el que se entremezclan el cansancio y la pena, no fue tan amargo para mí como la primera vez, quizá porque tuve la oportunidad de compartirlo con tres personas a las que quiero muchísimo. Volvíamos otra vez a la vida cotidiana, con su ritmo ajetreado y las obligaciones que todos tenemos que cumplir, pero regresábamos con el espíritu renovado y la mente clara. No son muchas las veces que me ha tocado vivir una experiencia tan enriquecedora como lo fue esta EstelCon, pero creo que todos regresamos a casa con el mismo pensamiento en la cabeza: El haber sido partícipes de algo tan grande como es la celebración de la amistad que, ojalá, dure por muchos, muchos años.

Gracias de corazón a todos los que lo habéis hecho posible.

martes, 6 de noviembre de 2018

La leyenda del mes: ¿Por qué es salada el agua de mar?


¡Hola a todos!

Sí, sé que este mes empezó hace seis días y yo no he subido la entrada correspondiente, pero tengo una buena excusa y es que me he tomado unos días libres en el trabajo para ir a la Estelcon que se ha celebrado este año en Benagéber, y de la que he vuelto este mismo lunes. Decir que ha sido una experiencia maravillosa es quedarse corta, pero puede que os cuente un poco más en los próximos días. Han pasado tantas cosas que siento la necesidad de compartirlo con todos vosotros con la esperanza de pasaros un trocito de la felicidad que todavía me embarga.

Pero vayamos por partes, porque no se puede empezar el mes sin la entrada correspondiente del calendario bloguero. Así que para hoy os he traído otra nueva leyenda gallega, que espero que os guste mucho.


¿Por qué es salada el agua de mar?




Dice la Biblia que en el principio Dios creó los cielos y la tierra, pero después hizo que las aguas se juntaran en un lado y que en el otro quedara la parte seca. Pero las aguas eran todas dulces en general, tanto las de los ríos y fuentes como las de los mares, aunque después de un tiempo las aguas del mar se volvieron saladas, y hay quien dice que fue por esto que voy a contaros.

Casi desde el comienzo del mundo, los hombres empezaron a vagar por la tierra en busca de alimento, ya fueran frutas, cereales, carne o pescado. Obligados por la necesidad, poco a poco aprendieron a cocinar sus alimentos, y después a construir embarcaciones para navegar por el mar y carros para trasladarse de un lugar a otro, y después a intercambiar objetos y alimentos y a comerciar unos con otros.

Una vez, un hombre que navegaba en su barco fue a parar cierto día a una isla que tenía unos montecillos de lo que parecía ser arena muy blanca, y descubrió que aquella arena era muy buena para conservar la carne sin que se pudriera. Era sal. Entonces, aquel hombre empezó a llevar cargamentos de sal y la vendía, y gracias a eso se convirtió en un mercader rico y próspero.

En uno de sus viajes, el mercader llegó a un pueblo marinero de Galicia, donde conoció a una joven muy sencilla y hermosa, hija de un marinero pescador. El mercader se enamoró de la muchacha y, como ella no le era indiferente, los dos se casaron poco tiempo después. Pero sucedió que el mercader tuvo que hacerse a la mar otra vez, y se despidió de su mujer con estas palabras:

—Olaya, yo he de irme para hacer otro viaje. Tú no puedes venir conmigo en el barco pero, ¿me esperarás hasta mi regreso?

—Yo soy tu esposa —respondió ella—, y te aguardaré y rogaré siempre al mar para que tenga compasión de nosotros y te deje volver sano y salvo.

Pero mientras el mercader se hallaba ausente, un poderoso señor que vivía en un castillo próximo al puerto de los pescadores sintió en su espíritu ambicioso el ansia de poseer a aquella mujer, a la fiel Olaya, e hizo todo lo posible por engatusarla con halagos y obsequios. Pero todo fue en balde porque Olaya, fiel a su esposo, rechazó enojada y ofendida las pretensiones del señor.

Pero la negativa de Olaya encendió más aún las ansias del señor, que se creía dueño de todo lo que abarcaban sus territorios; y una noche, con la ayuda de sus criados, asaltó la casa de Olaya que, a pesar de sus desesperados esfuerzos, fue rendida por la fuerza. Cuando el mercader regresó a su hogar al cabo de un tiempo, supo todo lo que le había ocurrido a su esposa. Hizo todo lo posible por recuperarla, por arrancarla de los brazos del señor, pero al ser el señor también la justicia del pueblo, se vio obligado a regresar al mar con el corazón destrozado.

Pasaron dos o tres años; el mercader consiguió amasar una buena fortuna y concibió la idea de reunir gentes armadas para asaltar el castillo del pérfido señor que le había robado a su esposa, pero cuando llegó a la tierra de su amada descubrió que el castillo había desaparecido y que las olas batían sobre las piedras que habían pertenecido a los muros derribados, esparcidos entre la arena. El mercader corrió entonces a la casa de su suegro, y allí encontró a su querida Olaya, que salió corriendo a recibirle entre risas y lágrimas.

—¡Olaya! ¡Eres tú! —exclamó el mercader.

—¡Sí, amor mío: yo, esperándote siempre!

—Pero, ¿cómo ha sido? ¿Qué es lo que ha pasado?

—Un día —dijo entonces su esposa—, el mar se embraveció y grandes oleadas rompían contra los muros del castillo. El mar batía furioso y las aguas llegaban hasta lo más alto de las torres, invadiéndolo todo. Los muros temblaron y se derrumbaron sobre las mismas aguas que los azotaban. El señor rugía enloquecido, daba órdenes, corría de un lado para otro, denostando y blasfemando, y en un momento de su cólera cayó al mar, y con él, otros de sus criados. Todos se ahogaron. Solamente yo y alguna de las sirvientas que se habían portado bien conmigo durante mi cautiverio nos salvamos de milagro. Después de que murieran los crueles servidores y su amo, el mar se calmó y yo pude volver a la casa de mi padre.

—Pues si el mar te ha salvado —dijo entonces el mercader—, yo le soy deudor de este gran bien que me ha hecho y tengo que demostrarle mi agradecimiento.

Y, dirigiéndose a las aguas, exclamó:

—¡Oh, mar! Tú, que me has ayudado siempre en mis empresas, me has hecho también el mejor servicio de mi vida devolviéndome a mi esposa, a mi querida Olaya, que un infame señor me había arrebatado. Tú has derribado con su castillo su orgullo, su ambición y su poder; tú has hecho justicia, haciéndole pagar con la vida su crueldad. ¡Oh, mar! Toda la gente admira tu grandeza, tu riqueza y tu poder. En adelante, si quieres venir conmigo, todos admirarán también el sabor de tus aguas.

Y parece ser que el mar quedó complacido por sus palabras pues, según se dice, siguió al mercader en su siguiente viaje a la isla de la sal y la invadió, sumergiéndola, haciéndola desaparecer en las profundidades, y desde entonces el mar es siempre salado.

Después, el mercader, ya rico y viendo desaparecer su isla, volvió a la tierra de su esposa y vivió dichoso con ella hasta que murió de viejo.

domingo, 14 de octubre de 2018

Las imágenes del horror


¡Hola a todos!

Dice el refrán que una imagen vale más que mil palabras, y es innegable el poder evocador que un cuadro, una ilustración y una fotografía tienen en el ser humano. El arte pictórico es el mayor exponente del deseo humano de plasmar una imagen determinada en un medio imperecedero, y que la intencionalidad del artista era provocar en el espectador las mismas sensaciones que había experimentado él me parece indiscutible. Por eso a nuestros días han llegado imágenes que guardan una gran belleza, otras que reflejan la vida cotidiana de las personas en sus casas o en sus trabajos, e incluso imágenes captadas en países lejanos que muestran aspectos culturales curiosos y exóticos a nuestros ojos. Pero también tenemos que hablar de las imágenes del horror, testimonio visual de hechos que poblarán nuestra cabeza de pesadillas en cuanto sepamos la historia que cuentan.

Historias y hechos inexplicables que perturban nuestra mente, captados en el momento justo por el objetivo de una cámara fotográfica. Desde que el hombre fue capaz de capturar un instante en un trozo de papel, la cantidad de historias que se han recogido en imágenes nos ayudan a concretar la auténtica historia del ser humano, desde una fotografía con toda la familia reunida en torno a la mesa, hasta la instantánea de un paisaje cuya belleza fue capaz de subyugar al fotógrafo que lo inmortalizó.

Pero en la historia de la fotografía también existen imágenes que son el prólogo a la pesadilla que esconden detrás. Fotografías que no delatan el horror de buenas a primeras, pero que preparan el terreno para lo que vendrá después. Algunas tienen la macabra virtud de grabarse en las retinas y permanecer en nuestros recuerdos para atormentarnos en el peor de los momentos, cuando creemos estar a salvo siguiendo con nuestras apacibles vidas. He encontrado muchas fotografías que tienen historias aterradoras detrás, pero he elegido estas siete para el artículo de hoy porque son las que más me han marcado y las que, en mi opinión, son más reveladoras de las diversas caras del terror.


1. El suicidio más hermoso




Evelyn McHale fue una mujer que, a sus 23 años, tomó la terrible decisión de quitarse la vida. Todo ocurrió el 1 de mayo del año 1947, en la ciudad de Nueva York. Como muchos suicidas, Evelyn dejó escrita una nota en la que simplemente decía "Él está mucho mejor sin mí. Yo no sería una buena esposa para nadie". A continuación, se dirigió al Empire State, compró un boleto para subir a lo alto del mirador y saltó al vacío desde la planta 86 del rascacielos, impactando sobre el techo de una limusina que estaba aparcada junto a la acera.

Teniendo en cuenta cómo acaban los cuerpos humanos cuando se estrellan en el suelo tras caer desde una altura tan elevada, no resulta extraño que el suicidio de Evelyn McHale esté considerado como el más "bonito". Un estudiante de fotografía que presenció el acontecimiento tomó la imagen que la haría mundialmente conocida. Al ver la foto, llama la atención la tranquilidad de la expresión de Evelyn, la elegancia con la que está acostada y la forma tan delicada de coger su collar de perlas. Si no conociéramos la historia que hay detrás de esta imagen, se podría pensar que es un montaje, un reclamo publicitario o que Evelyn es una modelo que posa en un decorado creado para una sesión de fotos.


2. El funeral de Vladimir Komarov




En la década de los 60, tanto Estados Unidos como la URSS se encontraban en plena competencia por ver quién encabezaba la carrera espacial. Uno de los mejores pilotos de las Fuerzas Aéreas soviéticas era Vladimir Komarov, uno de los ingenieros aeronáuticos más experimentados y cualificados del momento y al que sus parientes, amigos y compañeros de trabajo consideraban una magnífica persona de gran perseverancia, inteligencia y, a la vez, humildad. En 1964 comandó el despegue del Vosjod 1, que se convirtió en la primera misión espacial con una tripulación múltiple; sin embargo, tanto él como sus compañeros corrieron un enorme riesgo, ya que no contaban con trajes espaciales ni un protocolo de salvamento de emergencia en caso de que algo saliera mal. Con todo, la misión salió bien y Komarov fue condecorado con la medalla de Héroe de la Unión Soviética y la Orden de Lenin. Pero ninguno de estos honores le salvaría del trágico suceso que ocurriría tres años después.

En 1967, se designó a dos cosmonautas, Yuri Gagarin y Vladimir Komarov, para que llevaran a cabo una misión de órbita de la tierra como una manera de conmemorar los cincuenta años de la revolución comunista. Desde el principio, la cápsula presentó fallos estructurales tan graves que hacían imposible su utilización en una misión tan arriesgada. Sin embargo, las autoridades mayores del programa espacial no prestaron atención a esos informes e insistieron en que se llevara a cabo la misión. Komarov aceptó ir en la nave a pesar de que sabía desde un principio que era una condena a muerte, pues sabía que, si se negaba, los altos mandos obligarían a su amigo Gagarin a ir en su lugar. El resultado fue el esperado. Las últimas grabaciones del interior de la nave desvelan el llanto de rabia de Komarov antes de morir. Un detalle interesante es que antes de que la cápsula despegara, Komarov insistió en que su funeral fuera a féretro abierto para que los líderes soviéticos pudieran ver lo que habían hecho. En la foto que tenéis arriba, se puede ver lo que quedó del cuerpo de Komarov.


3. La secuestrada de Poitiers




Francia, año 1876. Blanche Monnier era una hermosa joven aristócrata de 26 años con una vida social muy activa. Su familia estaba muy bien situada económicamente y de reputación intachable. Sin embargo, todo eso cambió el día que Blanche anunció que había conocido a un abogado del que estaba perdidamente enamorada y con el que quería casarse algún día. Su madre no veía con buenos ojos aquella relación, puesto que el hombre no solo le llevaba bastantes años a su hija, sino que también era un abogado de poca monta que además estaba arruinado. Pero Blanche no quiso renunciar a su amor, y esto hizo que su madre la castigara de una de manera tan desproporcionada como inimaginable.

En 1901, el fiscal general de París recibió una carta en la que se le informaba de que en la casa de los Monnier había una mujer que llevaba 25 años viviendo en la mayor inmundicia, casi muerta de inanición y encerrada en una habitación con la puerta cerrada mediante un candado para que no pudiera escapar. Cuando los investigadores fueron a la casa de los Monnier y encontraron la habitación, se quedaron horrorizados ante lo que descubrieron. En aquel cuartucho sembrado de restos de comida, heces y vómito sobre los que correteaban cucarachas y otros insectos, estaba Blanche, desnuda, malnutrida y cubierta tan solo con una manta mugrienta. Pesaba tan solo veinticuatro kilos cuando fue encontrada, y su deplorable aspecto es el que veis en la foto. Mientras estuvo encerrada, no se le permitió salir ni siquiera para ir al baño, por lo que se vio forzada a vivir entre sus propios excrementos, respirando aquel aire viciado y nauseabundo. La madre fue apresada en el acto y acabó confesando que había encerrado a su hija para evitar que se casara con el arruinado abogado, ya que aquello habría supuesto un grave deshonor para su familia.

Pero para Blanche ya era tarde; tras más de dos décadas sin ver la luz del sol, la mujer había perdido por completo la cabeza y tuvo que ser internada en un hospital psiquiátrico, donde moriría en 1913.


4. La muerte de Regina Walters




La foto que estáis viendo muestra los últimos momentos de vida de Regina Kay Walters, una chica de 14 años que fue asesinada en 1990 por Robert Ben Rhoades, también conocido como El Asesino de la Gasolinera. Este hombre se dedicaba a recoger autoestopistas en su camión, en cuya parte trasera había montado su propia cámara de tortura. La fatalidad puso a Regina y a su novio Ricky Jones en el camino de Rhoades, que los secuestró y mantuvo retenidos en su camioneta. Es casi seguro que mató a Jones al poco de haberlo secuestrado y luego arrojó su cadáver al río Mississippi; en realidad, su verdadero objetivo era divertirse a costa de Regina.

El modus operandi de Rhoades era muy sencillo. Secuestraba a autoestopistas muy jóvenes para luego torturarlos hasta la muerte en su propio camión. Los federales descubrieron en el vehículo instrumentos de tortura tales como esposas, látigos, consoladores, correas y agujas, entre otras herramientas. Su trayectoria criminal duró quince años. En la foto queda reflejada la última fantasía del asesino, quien mantuvo cautiva a Regina durante al menos dos semanas, la sometió a todo tipo de torturas y violaciones para finalmente cortarle el pelo y obligarla a ponerse un vestido negro y zapatos de tacón antes de estrangularla con un garrote y tirar su cadáver en un granero abandonado en Illinois.


5. La mirada del odio




En el año 1933, la revista Life estaba cubriendo un evento en la Sociedad de Naciones, germen de la posterior Organización de las Naciones Unidas. El evento tuvo lugar en la ciudad de Ginebra, en Suiza, y al acto acudieron políticos de todos los países miembros. Pero no todos eran gente de bien, pues allí se encontraban también personalidades como Joseph Goebbels, el número dos de Adolf Hitler y una de las principales figuras de la Alemania nazi.

Cuando el fotógrafo Alfred Eisenstaedt, que trabajaba para la revista Life, tomó las primeras fotos de Goebbels, el ministro alemán mostró ante la cámara la mejor de sus sonrisas, mostrándose además comunicativo, participativo y amable. Todo eso cambió cinco minutos después, cuando Goebbels se enteró de que Eisenstaedt era judío. La expresión de Goebbels, captada por el objetivo de Eisenstaedt, cambió de una manera tan acusada que pasó a la historia con el título "Ojos de Odio", y revela a la perfección lo que el político pensaba en aquel momento del hombre que le fotografiaba.


6. La masacre de Jonestown




Jonestown fue el nombre informal con el que se conoció el Proyecto Agrícola del Templo del Pueblo, una secta estadounidense fundada en la Guyana y liderada por el pastor Jim Jones. Este hombre, dotado de un tremendo carisma que le llevó a formar su propia iglesia en 1955, gustaba de propagar un mensaje que podría describirse como una combinación entre socialismo y cristianismo; de hecho, él mismo lo catalogaba de "socialismo apostólico". Gracias a su fabulosa capacidad para transmitir sus palabras, manipuló a cientos de personas para que abandonaran la vida que llevaban y se unieran a él para fundar juntos una verdadera tierra prometida donde todos serían iguales y nadie se vería humillado o desplazado por motivos de raza, sexo y riqueza. Tras varios problemas con las autoridades estadounidenses, Jones decidió marcharse a Guyana con sus discípulos y allí fundó Jonestown, con una población de unas 900 almas aproximadamente.

Pronto empezaron los problemas, como ocurre en todas las sectas. El paraíso socialista de Jones no era tal como sus discípulos pensaron que sería. Trabajaban de sol a sol todos los días y solo se alimentaban de arroz y legumbres, mientras que Jones disfrutaba de alimentos refrigerados de mayor calidad. De vez en cuando se celebraban en Jonestown las Noches Blancas, en las que Jones les hacía beber a los sectarios un brebaje supuestamente envenenado para probar su lealtad. El asesinato del congresista Leo Ryan, que había ido a Jonestown para comprobar si las acusaciones de ex-adeptos eran ciertas, aceleró el fin del Templo del Pueblo.

Un par de horas después de haber ordenado la muerte del congresista, Jones reunió a todos los miembros de la secta y les ordenó que se suicidaran. Se prepararon bidones con zumo mezclado con cianuro y todos los sectarios fueron conminados a que lo bebieran, ya fuera mediante la persuasión o las amenazas. Se le suministró el veneno en primer lugar a los niños, incluso a bebés de pecho que fueron arrancados de los brazos de sus madres, mientras Jones insistía en que lo que estaban haciendo era un acto revolucionario. En la foto de la parte superior, se puede ver el resultado de aquel homicidio masivo, en el que los 900 habitantes de Jonestown fueron encontrados muertos al día siguiente tras haber ingerido dosis mortales de cianuro.


7. La sonrisa de la locura




La I Guerra Mundial no fue el juego de niños al que muchos hombres corrieron después de hacer largas colas para alistarse mientras lucían una amplia sonrisa en los labios. Eran tantas las ganas de guerra que parecía tener Europa que estos futuros soldados no sabían ni eran capaces de imaginar el horror que se viviría en las trincheras. Disparos a todas horas, bombardeos en los momentos más inesperados, una lluvia de casquillos, proyectiles y cápsulas que acababan por destrozar el espíritu más fuerte. Los militares que lucharon en la I Guerra Mundial fueron testigos de primera mano de ese estado de shock que afectaba a sus compañeros tras experimentar los horrores de la batalla. Y esa expresión de demencia, de absoluta falta de cordura, es la que se ve en esta fotografía.

Fue tomada en el año 1916, en el transcurso de la batalla de Flers-Courcelette en el marco de la ofensiva del Somme, una de las batallas más largas y sangrientas de toda la guerra. No se conoce la identidad del soldado retratado, pero lo que queda fuera de toda duda es que su expresión facial no encaja con la de una persona que está en su sano juicio. Por entonces, a esta especie de demencia se la llamaba "neurosis de guerra" o "fatiga de combate", término que después se cambiaría por el de estrés postraumático. En la fotografía, el soldado está acuclillado en la trinchera y luce una espantosa sonrisa en la cara que se vuelve más escalofriante cuando nos fijamos en sus ojos brillantes de mirada perdida y vacía. Es la imagen más clara del horror de la guerra y los desastres que causó en tantos soldados como el de esta foto.


¡Y hasta aquí por hoy, amigos! ¡Espero que os haya gustado! ¡Un saludo y hasta el próximo artículo!

sábado, 6 de octubre de 2018

Freak Show, el Circo de los Fenómenos


¡Hola a todos!

Empezamos este mes del terror con un poquito de retraso, ya que quería haber subido esta entrada hace un par de días. Cuando quise recopilar información sobre el tema que os traigo hoy, me di cuenta de que tenía tantas cosas que iba a tener que recortar y adaptar un poco el contenido para no hacerlo tan abrumador, y por eso he tardado en subirlo. Espero que al final la espera haya merecido la pena y os guste lo que hoy os traigo.

Porque sí, amigos, hoy vamos a hablar de frikis. Aunque todos hemos oído y/o utilizado más de una vez la palabra friki, son pocos los que conocen su origen y el contexto en el que se usaba. A día de hoy tendemos a considerar como “friki” a una persona  que se pasa todo el día delante del ordenador o leyendo tebeos sin prestar atención a lo que ocurre en el mundo exterior. Se aíslan en una burbuja creada a partir de videojuegos, películas, series, dibujos animados, cómics, música, y no permiten que nada ni nadie entre ahí, salvo otros frikis como ellos. Otra denominación más amplia habla de los frikis como personas que gustan de hacer alarde de ciertas rarezas que tienen que ver con su aspecto físico, como puede ser un cierto tipo de maquillaje y vestimenta o la exhibición de atributos corporales poco comunes. Esta definición es la que más se aproxima a lo que fue el friki en sus orígenes.

La palabra friki proviene del término anglosajón freak, que significa “extraño” o “fenómeno”, que se volvió muy popular a partir del siglo XVII con la proliferación de los Freak Shows, o espectáculos de fenómenos. Un Freak Show era un tipo de espectáculo que consistía en mostrar a seres humanos con diversas características físicas inusuales, sorprendentes o grotescas, pero también incluía presentaciones de diversas proezas y demostraciones atléticas varias. El Freak Show podía ser considerado un entretenimiento complementario a un circo, un carnaval, una feria o un espectáculo de vodevil; es decir, no era la atracción principal pero sí constituía un factor más para atraer espectadores.

Las primeras exhibiciones de rarezas humanas las encontramos en la Inglaterra del siglo XVII. Por entonces, los artistas itinerantes iban de pueblo en pueblo y se presentaban en las plazas públicas con personas que, por los motivos que fuesen, presentaban diversas malformaciones o problemas metabólicos como el enanismo, el gigantismo, la obesidad o el hirsutismo, entre muchas otras. Más adelante, ya en la época victoriana, los Freak Shows se convierten en parte fundamental de los circos y ferias ambulantes, presentando a personas con alteraciones genéticas varias, rarezas étnicas, personas con capacidades físicas inusuales, espectáculos con animales, récords extravagantes y otros espectáculos con ventrílocuos, tragafuegos, lanzamiento de cuchillos y demás. A partir del siglo XIX será cuando se popularicen estos Freak Shows, pasando a formar parte de los teatros de variedades (el vodevil estadounidense) y los dime museums, que eran museos ambulantes que mostraban colecciones y personas con características inusuales a cambio de una moneda de diez centavos.

Con el tiempo, los Freak Shows alcanzaron una gran notoriedad y era raro el espectáculo que no contara con varios fenómenos entre sus integrantes para servir de entretenimiento a sus espectadores. Para el público de aquellos años, presenciar este tipo de espectáculos era un privilegio casi exótico, pero fueron pocas las personas que se pararon a pensar en la triste vida que llevaban muchos de los fenómenos circenses. Las graves anormalidades genéticas de algunos “artistas” les acarreaban toda suerte de infortunios que normalmente empezaban desde su nacimiento. La mayoría de los fenómenos entraban a formar parte de la troupe siendo niños, muchas veces después de haber sido abandonados por sus padres o incluso vendidos a los promotores de ferias por sus rarezas físicas. El circo o la feria contratante los llevaba de pueblo en pueblo para que todos pudieran examinar sus deformidades, pero pocas veces se preocupaban por los terribles dolores que estas malformaciones les acarreaban salvo, claro está, cuando estaba en peligro la salud de su importante inversión de dinero. Tampoco recibían ayuda psicológica de ningún tipo y, en el caso de que debieran ser recluidos en alguna institución especial, se les trataba como objeto de estudio sin pensar en sus sentimientos y mucho menos en sus necesidades. Simplemente existían para servir de entretenimiento a la gente que pagaba por verles, que obtenía su dosis de risas y burlas a través de la felicidad del ignorante.

Entre los muchos fenómenos que formaron parte de estos Freak Shows, he seleccionado algunos de los más famosos ya en su época. Cabe decir que algunos de ellos, a pesar de las burlas y las diversas discapacidades que sufrieron, consiguieron llevar una vida bastante feliz; otros, por desgracia, no tuvieron esa suerte y se vieron obligados a padecer todo tipo de dolores y vejaciones.


Joseph Merrick, el Hombre Elefante




Joseph Merrick fue un ciudadano inglés que se hizo tristemente famoso debido a las malformaciones que sufrió por todo su cuerpo desde su más tierna infancia. Nació en Leicester en el año 1862, y al año y medio empezó a desarrollarse en él una enfermedad congénita conocida como Síndrome de Proteus, que causa un crecimiento excesivo de la piel, un desarrollo anormal de los huesos, músculos y vasos linfáticos, y tumoraciones exageradas por todo el cuerpo. De hecho, fue un inmenso tumor en el rostro lo que le dio a Merrick el sobrenombre que le haría inmortal: el Hombre Elefante.

Aunque desde muy pequeño trató de ganarse la vida trabajando en fábricas o puestos callejeros, al final sus deformidades fueron tan grandes que Merrick no vio otra salida para él más que trabajar en circos ambulantes. Durante toda su vida sufrió burlas, desprecio e incluso el odio de su propia familia, a excepción de su madre, que murió siendo él un niño. En el tiempo que trabajó para circos y ferias itinerantes, su exhibición era tan hórrida e impactante que tuvo que cancelarse en varias ocasiones por ser considerada “indecente”. A todo esto se sumaban los terribles dolores que padecía Merrick a causa de sus malformaciones, como problemas de cuello y espalda y grandes tumores en la cabeza que le impedían dormir acostado porque corría el peligro de morir por asfixia.

Pero a pesar de su desgraciada enfermedad, Merrick fue siempre un hombre de carácter dulce, tímido y educado. Solo en los últimos años de su vida encontró sosiego en la soledad de un pequeño apartamento, donde pudo vivir en paz hasta que murió a la temprana edad de veintiocho años.


Grady Stiles Jr., el Chico Langosta




Nacido en Pennsylvania en el año 1937, Grady Stiles fue uno de los fenómenos de feria más famosos de todo Estados Unidos debido a una malformación conocida como ectrodactilia. Esta anomalía hace que los dedos de las manos y los pies estén fusionados en diverso grado, dando a la extremidad la forma de una pinza de cangrejo. No es extraño, por tanto, que Stiles fuera conocido en todo el país como el Chico Langosta.

Pero Grady no era el único que padecía esta malformación. La familia Stiles presentaba una larga historia de ectrodactilia en la que Grady Jr. era la sexta generación afectada por esta extraña anomalía. Su padre actuaba como fenómeno de feria y agregó a su hijo al espectáculo desde muy pequeño. Debido a su elevado grado de ectrodactilia, Grady tenía las piernas muy poco desarrolladas y no podía caminar. A veces utilizaba una silla de ruedas, pero normalmente se valía de sus manos y sus brazos para desplazarse, lo que le llevó a desarrollar una gran fuerza en la parte superior de su cuerpo. Con el tiempo se casó y tuvo cuatro hijos; dos de ellos también presentaban ectrodactilia, por lo que Stiles los incorporó al espectáculo y viajaba con ellos exhibiéndose como La Familia Langosta.

Sin embargo, su agresividad y mal carácter, unidos a un abuso continuado del alcohol, le llevaron por el camino del maltrato y el crimen. En 1978, mató de un disparo al prometido de su hija mayor el día anterior a su boda por considerarlo poco digno de ella; en el juicio no mostró el menor arrepentimiento por lo que hizo. Debido a su condición, no fue enviado a la cárcel y fue condenado a 15 años de libertad condicional. Maltrató a sus dos esposas y a sus hijos, llegando a amenazarles de muerte, hasta que en 1992 su primera esposa y un hijo suyo de un matrimonio anterior contrataron a un hombre para que matara a Grady. El Chico Langosta murió de un disparo en la cabeza mientras estaba sentado en su casa viendo la televisión.


Josephine Myrtle Corbin, la Chica de las Cuatro Piernas




Josephine Corbin vino al mundo en Texas en el año 1868. Tenía siete hermanos más, todos chicos y chicas normales que recibieron con expectación a esta hermana tan singular que nació con cuatro piernas. Los médicos de entonces pensaban que esta anomalía podía deberse a la consanguinidad de los padres, aunque nunca quedó claro del todo. En cualquier caso, Josephine salió adelante sin muchos problemas; tan solo tenía alguna dificultad para caminar, ya que sus piernas interiores eran débiles y muy pequeñas, pero podía andar con normalidad con sus dos pelvis y las piernas exteriores.

A la edad de trece años empezó a trabajar como fenómeno en ferias de atracciones, haciendo eventos en pueblos, plazas públicas, teatros y dime museums. Sin embargo, pronto empezó a padecer dolores de espalda a partir de la tercera lumbar, donde su cuerpo se desdoblaba originando esas dos pelvis. A los dieciocho años se puso en manos del doctor Clinton Bicknell, con quien acabaría casándose al año siguiente. A partir de entonces, Josephine dejó su trabajo como fenómeno y se entregó por completo a su marido y a los hijos que no tardaron en llegar; como curiosidad, el hecho de disponer de dos pelvis le permitió a Josephine quedarse embarazada de cada una de las dos partes, gracias a lo cual pudo traer al mundo a cinco hijos que crecieron fuertes y sanos.

Josephine llevó una vida plena y feliz acompañada de su familia y de sus numerosos amigos. Murió a los sesenta años por una infección en su pierna izquierda, pasando a la historia de la Medicina como la mujer de dos pelvis y dobles órganos sexuales internos y externos.


Ella Harper, la Chica Camello




Ella Harper nació en Tennessee en el año 1870. Vino al mundo junto con su hermano mellizo, que falleció al poco tiempo. Sus padres pensaron que Ella tampoco tardaría mucho en morir debido a su apariencia débil, pero la niña logró salir adelante. La anormalidad que padecía en sus piernas, una extraña condición congénita en la que las rodillas se doblaban al revés y la obligaban a caminar a cuatro patas, fue lo que la hizo tan excepcional. Esa particularidad, unida a la gran sonrisa con la que se presentaba ante todo el mundo, hizo de Ella una persona muy especial.

Como tantos otros fenómenos de circo, Ella Harper empezó a trabajar en este mundo siendo muy pequeña. En los espectáculos itinerantes se la colocaba al lado de un camello para que todo el mundo pudiera ver el parecido entre ella y las patas del animal, motivo por el cual pronto se la apodó “la Chica Camello”. Llegó a ganar mucho dinero gracias a sus exhibiciones, pero Ella pronto se cansó de esa vida. Su mayor deseo era formarse, estudiar y tener su propia vida lejos de las humillaciones del circo, y por eso tomó la decisión de abandonar al cumplir dieciséis años. A los veinticinco se casó con el maestro de escuela Robert L. Savely, del que nunca se separaría.

Aunque uno de sus grandes sueños era ser madre, Ella tuvo que sufrir las pérdidas tanto de su hija biológica como del niño que ella y su marido adoptaron. A los cuarenta años, Ella Harper murió de un cáncer de colon.


Lionel, el Hombre León




Stephan Bibrowski fue un artista de origen polaco que se exhibió como fenómeno con gran éxito a principios del siglo XX, siendo conocido como el Hombre León a causa de la hipertricosis que padecía, lo que le había hecho nacer con una gruesa mata de pelo que le cubría todo el cuerpo y la cara.

Nacido cerca de Varsovia entre 1890 y 1891, Stephan empezó a trabajar en el mundo circense a instancias de sus padres a los cuatro años de edad. Su promotor lo exhibió en el Panoptikum de Berlín, un gran parque de atracciones situado a las afueras de la ciudad, pero su carrera no se quedó estancada ahí. En 1901 viajó a Estados Unidos, donde fue contratado por el Barnum & Bailey Circus; en sus espectáculos, los jefes de pista le anunciaban como un prodigio que había nacido así a resultas de la impresión que su madre embarazada había sufrido al ver cómo un león atacaba a su esposo domador. Con su nuevo nombre artístico, Lionel participó en numerosas ferias y espectáculos en todo el mundo, obteniendo una gran popularidad.

A diferencia de otros fenómenos, nunca abandonó el circo y vivió con bastante holgura de los beneficios que obtenía por cada uno de sus espectáculos. Lionel era culto, hablaba varios idiomas y además era muy divertido; en sus shows siempre conseguía agradar al público gracias a su conversación y sus demostraciones de fuerza. Le gustaba hacer deporte y mantener una buena condición física, lo que unido a su larga y cuidada pelambrera dorada le valió la admiración de muchas mujeres. Se retiró a finales de los años 20 y regresó a Alemania, donde murió de un infarto en 1932.


Annie Jones Elliot, la Mujer Barbuda




Posiblemente una de las artistas circenses más conocidas de toda la historia, junto con el Hombre Elefante. Nació en Marion, Virginia, en el año 1865 y fue contratada por el empresario P. T. Barnum a la temprana edad de nueve meses para que entrara a formar parte de su espectáculo de fenómenos, recibiendo los padres la suma de 150 dólares semanales. En sus espectáculos se la presentaba como “la Nueva Esaú”, pero no tardaron en cambiar su mote por el de la Mujer Barbuda.

Es muy posible que Annie padeciera una extraña condición llamada hirsutismo, un brote anormal de vello recio en lugares de la piel que por lo general son lampiños. A los cinco años, Annie tenía ya bigote y patillas, y también se dejó crecer mucho el cabello, llegando a lucir barba y melena hasta el suelo. No fueron pocos los fotógrafos que la inmortalizaron en sellos, postales y tarjetas de visita, gracias a lo cual se hizo conocida en todo el país. En lo personal, Annie era una mujer de una gran educación y modales exquisitos, y entre sus habilidades estaba la de tocar la mandolina. Se casó en 1881, pero se divorció para casarse con su amigo de la infancia William Donovan, del que pronto enviudó.

Annie Jones Elliot murió en casa de su madre en Brooklyn de una pulmonía en 1902.


Schlitzie, el Último Azteca




Schlitzie, posiblemente nacido como Simon Metz y legalmente Schlitze Surtees, era un artista de circo y actor estadounidense con una larga carrera en espectáculos ambulantes. Tanto su nombre como su auténtica fecha de nacimiento son un misterio, ya que probablemente sus padres biológicos lo entregaron a algún circo itinerante al poco de nacer. Schlitzie nació con microcefalia, una discapacidad que le hacía tener la cabeza desproporcionada por lo pequeña con relación al resto del cuerpo, provocando que su cerebro no se desarrollara del todo. Su estatura también era muy baja (medía 1,22 metros), tenía miopía y un retraso mental muy grave. Sin embargo, era capaz de llevar a cabo tareas fáciles y parecía entender casi todo lo que se le decía. Se cree que Schlitzie podría haber tenido el conocimiento de un niño de tres años.

Schlitzie, al igual que otros microcéfalos, era presentado en los espectáculos circenses como “cabeza de alfiler” o “eslabón perdido”, pero el mote que le granjearía la fama fue el de El Último Azteca; para darle un toque exótico a su actuación, se le rapaba la cabeza al cero a excepción de una pequeña coleta, se le ponía un vestido muumuu y se decía que venía de Yucatán. En el ámbito de la feria, Schlitzie fue un éxito; entre los años 1920 y 1930 fue empleado por muchos circos de lujo, y llegó a participar en la película de Tod Browning Freaks (1932) junto con otros fenómenos contemporáneos, aunque la película fue un sonoro fracaso en taquilla y llegó a estar prohibida durante muchos años por considerarse escandalosa.

Cuando el tutor legal de Schlitzie murió en 1965, su hija lo internó en un hospital de Los Ángeles, pero como el artista echaba de menos el circo, las autoridades del hospital acordaron devolverle al mundo del que provenía, y allí permaneció hasta 1968, año en el que hizo sus últimas apariciones. Murió en 1971, a los setenta años de edad, a causa de una bronconeumonía.


John Eckhardt Jr., el Medio Hombre




En 1911 nacía en Baltimore John Eckhardt Jr., más conocido como el Medio Hombre debido a que padecía agenesia sacra, una rara malformación que hacía parecer que su cuerpo terminaba a la altura de la cintura. Pasó a formar parte del mundo del espectáculo cuando, a los doce años, participó como voluntario en un número de magia. El prestidigitador se ofreció a ser su representante, algo que Johnny aceptó a cambio de que su hermano mellizo Robert fuera también contratado. Robert no padecía la misma malformación, pero junto con Johnny hacía un gran espectáculo.

En 1931 se le ofreció la oportunidad de participar en la película Freaks, del director Tod Browning, algo que aceptó encantado. Sin embargo, le costaba socializar con el resto de fenómenos, pues no se sentía cómodo entre ellos. Al final, debido al estrepitoso fracaso de la película en taquilla, Eck tuvo que renunciar a hacer carrera en el mundo del cine y regresó a los espectáculos de ilusionismo. Uno de sus números más famosos era el clásico de introducir a un hombre en una caja y serrarlo por la mitad. Durante el número, Robert se cambiaba por su hermano Johnny y un enano escondido en unos pantalones; al abrir la caja, las piernas salían corriendo y Johnny iba detrás de ellas tras las bambalinas, de donde salía Robert “completo” para gozo del público. Además de artista, Johnny también era músico, pintor y tenía un gran talento para las manualidades.

A finales de los 40, con la pérdida de popularidad de los Freak Shows, los hermanos Eckhardt se retiraron a su casa natal en un barrio obrero de Baltimore. Aunque al principio vivieron tranquilos y felices, en los años 70 el barrio quedó invadido por la delincuencia y la droga. A todo esto se suman los constantes robos y estafas que sufrieron por parte de administradores sin escrúpulos e incluso personas a las que consideraban amigas. También sufrieron un robo en su casa durante el cual los ladrones los maniataron e incluso se rieron de la malformación de Johnny. Murió de un infarto en 1991, y su hermano Robert cuatro años más tarde.


Daisy y Violet Hilton, las Gemelas Siamesas




Daisy y Violet vinieron al mundo en Sussex, Inglaterra, en el año 1908. Su concepción y nacimiento no habían sido buscados por su madre, pues eran producto de un amorío efímero; por esta razón, las rechazó al momento de nacer. Mary Hilton, la partera que la había atendido, las compró a su madre y les dio su apellido. Daisy y Violet nacieron como gemelas siamesas pigópagas, es decir, unidas a la altura de la pelvis y compartiendo nalgas y circulación nerviosa. En aquellos tiempos la Medicina no había avanzado tanto como para hacer una operación para tratar de separarlas, por lo que se desaconsejó llevar a cabo la cirugía. Además, como la señora Hilton no tenía una buena situación económica, aprovechó la condición de las niñas para exhibirlas como fenómenos y ganar dinero con ello.

Fueron llevadas de gira a Australia, donde amasaron una inmensa fortuna. Su hermanastra Edith Hilton se casó con un feriante llamado Myers, y el matrimonio adoptó a las gemelas cuando su madre adoptiva murió. Sin embargo, hubo acusaciones que señalaban a su propio agente como presunto culpable de abusos sexuales, y los Myers también recibieron acusaciones por lucrarse indebidamente al exponer en demasía a las gemelas. Una vez asesoradas legalmente, Daisy y Violet se desvincularon de los Myers y volvieron a trabajar en el circo, su único medio de vida. Participaron en la película Freaks, al igual que otros fenómenos de la época, y en otra película titulada Chained for Life, que también fue un rotundo fracaso en taquilla.

Tras haber consumido casi toda su fortuna, las hermanas Hilton trataron de sobrevivir llevando un negocio de perritos calientes, pero no tuvieron suerte porque sufrieron el boicot de varias personas que las acusaban de ser unos monstruos. Murieron en la más absoluta indigencia, en 1949, ambas afectadas por la gripe de Hong Kong.


¡Y hasta aquí por hoy, lectores! ¡Hasta el próximo artículo!

lunes, 1 de octubre de 2018

La leyenda del mes: El alma en pena


¡Hola a todos!

¡Bienvenidos un día más a mi Biblioteca! Empieza el mes de octubre, como siempre, dedicado al terror en este blog. Me gustaría poder deciros que os voy a traer mogollón de contenido oscuro y terrorífico a lo largo del mes, pero todavía no tengo muy claro lo que quiero subir aquí; tengo algunas ideas pero todavía son castillos en el aire, y mi acostumbrada escasez de tiempo sigue siendo un problema. Pero prometo sacar tiempo de donde pueda para ofreceros algunas cosas curiosas para que podáis pasar un mes terrorífico y entretenido!

Mientras tanto, abriremos boca con una leyenda más de mi tierra. Este mes, por tratarse de un tiempo oscuro que se presta a todo tipo de leyendas terroríficas, os traigo una que me ha parecido muy apropiada.


El alma en pena




Cuenta la historia que, en una noche fría y oscura, el señor Pedro se encontraba en su casa y se disponía, como todas las noches, a cenar con su mujer y sus hijos para después irse a dormir, cuando oyó la voz de un criado que le llamaba desde el corral.

—Señor Pedro, señor Pedro; me manda el señor cura a decirle que vaya a verle ahora mismo a la rectoral, que tiene que tratar con usted un asunto de mucha importancia.

El señor Pedro, que era un buen cristiano y tenía en gran estima al señor cura, no quiso hacerle esperar más. Cogió enseguida su sombrero y su gadaño, y se marchó contando volver muy pronto. Pero para ir a la rectoral tenía que pasar por delante del atrio de la iglesia, que es donde se entierra a los muertos. El señor Pedro era religioso y valiente, y había hecho ese mismo recorrido muchas veces sin que ocurriera nada. Había oído contar a sus vecinos historias acerca de espíritus de ultratumba que buscaban hacerle mal al incauto caminante que osaba salir de la protección de su hogar por la noche, pero a él le parecían supersticiones que no tenían fundamento alguno, de modo que siguió su camino sin preocuparse en absoluto por lo que pudiera ocurrir.

Pero sucedió que, en cuanto puso el pie en el primer peldaño de la escalera del cruceiro para subir al atrio, el señor Pedro se quedó repentinamente horrorizado por lo que estaban viendo sus ojos. Ante él se apareció don José, el usurero, vestido con el hábito del Carmen con el que había sido enterrado varios meses atrás, y parecía que de sus ojos y su boca salían vaharadas de fuego.

—¡Avemaría Purísima! —exclamó el señor Pedro, persignándose, y añadió—: Si eres alma del otro mundo, te conjuro en nombre de Dios y de su único Hijo para que te vuelvas a tu sepultura y me dejes el paso libre; y si eres algún espíritu rebelde, que te vayas a sufrir tu merecido castigo en el infierno.

E hizo con el gadaño un círculo a su alrededor y lo agitó en el aire para que al alma en pena no se le ocurriera acercarse. El alma de don José no se movió, pero sí habló a su aterrado vecino.

—No tengas miedo, Pedro, que nada te ha de pasar. Sí, yo soy José, ya veo que me conoces, y te pido perdón por el mal que te he hecho a ti y a otras personas. Por mi ambición, mi deseo de acumular riquezas, fuese como fuese acabó perdiendo mi alma y fui condenado. Pero con este hábito que llevo no puedo entrar en el infierno y tengo que andar penando por el mundo hasta que alguien me lo corte y me permita así cumplir mi merecido castigo.

Y después de decir esto, el fantasma se acercó al señor Pedro y empezó a dar vueltas a su alrededor, pidiéndole que cortara su hábito para librarle de penar por el mundo.

El señor Pedro, dispuesto a cumplir el mandato divino, aprovechó una de las vueltas del fantasma para asestarle un tajo con su gadaño que le rasgó el hábito de arriba abajo. Se oyó entonces un terrible juramento, se abrió el suelo con un ruido estremecedor y las llamas se llevaron el alma de don José antes de que se cerrara el agujero para siempre. Fue tal la impresión que se llevó el señor Pedro que, olvidando el motivo de su visita al señor cura, volvió corriendo a casa, temblando de miedo, y se lo contó todo a su mujer y sus hijos. Estos se quedaron muy sorprendidos tanto por la historia como por su aspecto físico, pues la cabeza del señor Pedro se había cubierto de canas en vez del pelo que antes tenía, y su rostro tenía el color de la muerte y estaba surcado de profundas arrugas.

El señor Pedro se dio cuenta de lo mal que estaba y pidió que le trajeran un confesor. Y después de recibir el viático y de contar su espantosa experiencia, a las doce de la mañana abandonaba este mundo para siempre.