lunes, 17 de abril de 2017

Apodos everywhere


¡Hola a todos!

Hace unos días me puse a pensar en plan nostálgico en ciertas personas con las que hace mucho tiempo compartí estudios y a las que la vida, por las circunstancias que fuera, acabó separando de mi lado. Y una de las cosas que más me alegró recordar son las maneras en las que se dirigían cariñosamente a mí. Me hizo mucha ilusión recordarles y darme cuenta de que, gracias a muchas personas, tengo varios hipocorísticos que me definen, que me traen muy buenos recuerdos y que consiguen sacarme una sonrisa de felicidad.

Sí, ya sé que dedicar una entrada a mis apodos personales no es algo muy original y puede que tampoco divertido. Pero ¡qué caramba", me apetecía hacer algo así alguna vez y ha llegado el momento idóneo. Como algunos sabéis, durante mi infancia y gran parte de mi adolescencia  sufrí la persecución de abusones que se divertían mofándose de mí y poniéndome motes horribles; por motivos más que obvios, esos apodos no los voy a poner aquí (todavía me resulta doloroso pensar en ello). Este es un blog amable y me gusta hablar de cosas agradables, así que vamos a ello.


Lauchan

Se podría decir que este fue mi primer apodo cariñoso, que recibí a los dieciséis años de mi amiga Jessica. Cuando estábamos en el instituto, nos hicimos muy buenas amigas porque compartíamos un montón de gustos, entre ellos el manga y el anime. Como los japoneses tienen por costumbre poner sufijos cariñosos a la gente a la que aprecian, nosotras quisimos hacer lo mismo; fue así como me quedé con el nombre de Lauchan. Aunque poco después supe que el sufijo chan es más para los niños que para las personas más adultas, me gustó tanto que no quise cambiarlo.


Lau

Vale, este no es exactamente un apodo, sino una forma de acortar mi nombre (aunque realmente no tengo un nombre tan largo como para acortarlo). Sin embargo, me gustaría incluirlo en esta lista porque me trae muy buenos recuerdos de la persona que me llamaba así, un chico llamado Sergio al que conocí durante mi época universitaria y al que siempre le he tenido mucho cariño. Me encantaba cuando venía a hacernos una visita al piso a mi compañera y a mí, y cómo me saludaba con ese “¡Laaaaauuuuuu!” tan característico antes de darme uno de sus abrazos de oso.


Lala

Parecido al anterior, pues fue una de mis amigas de la facultad quien me puso este apodo. Mi amiga Marta, que además tiene el honor de ser la primera persona de la carrera a la que me atreví a saludar y con la que después trabaría amistad, tenía por costumbre dirigirse a mí llamándome Lala, aunque yo no sabía por qué. Un día se lo pregunté y ella me contó que le salía sin querer, ya que tenía otra amiga llamada Laura a la que todos los de su grupo apodaban Lala. De todas mis amigas, ella era la única que me llamaba así y a mí acabó gustándome mucho, hasta el punto de que aún hoy sigo utilizando ese apodo. De hecho, lo incorporé en mi disfraz de Carnaval de este año; en las fotos en las que salgo disfrazada de Pink Lady, el nombre que figura en mi chaqueta rosa es “Lala”.


Lalachan

Este apodo no me lo puso nadie, sino que lo hice yo a partir de la unión de dos apodos de los que ya he hablado: Lala y Lauchan. No surgió por nada en especial, sino por pura ocurrencia mía. Un día, pensé que me gustaría unir los pocos recuerdos felices que guardaba del instituto con los que después me quedarían de la universidad, y decidí rescatar el apodo de Lauchan y darle el toque más actual con el nuevo apodo de Lala. De esa combinación surgió Lalachan. No es muy original, lo sé, pero acabó gustándome bastante. Si sois usuarios de Filmaffinity, una web dedicada a la crítica de películas y series, me encontraréis como Lalachan, ^^*.


Lyanna

Si sois fans de Juego de Tronos, entonces sabréis que el nombre de Lyanna no se me ha ocurrido a mí, sino que forma parte del universo ficticio creado por George R. R. Martin. Lyanna Stark es uno de los personajes más misteriosos de la historia, quizá porque la trama empieza muchos años después de su muerte en circunstancias poco claras y a todo el misterio que rodea su recuerdo. Precisamente esa aura de misterio fue lo que captó mi atención e hizo que me enamorara platónicamente del personaje y quisiera saber más cosas de ella. Me gustaba tanto que hasta me hice un cosplay de Lyanna Stark, con corona de rosas azules y todo, y ese vestido todavía lo sigo utilizando en ferias medievales y otras fiestas de temática similar.


Princesa

Típico y manido. Suena al típico comentario cariñoso que un chico le haría a su novia, pero este no es el caso. Para mí, este apelativo me remite a la película La Princesita, en la que Sarah, la protagonista, insistía en que las mujeres, ya fuesen guapas o feas, ricas o pobres, jóvenes o viejas… todas éramos princesas por derecho propio. Cuando era pequeña, me imaginaba a las princesas como símbolos de educación, elegancia y refinamiento, pero también de amabilidad y generosidad, y tenía muchas ganas de convertirme en una. Ser una princesa no significa ser estirada, débil o desvalida, sino ser capaz de adaptarse a cualquier situación sin perder la compostura. Y aunque no uso el apodo de Princesa para hablar de mí, algunas personas de mi círculo de amistades ya lo han empleado conmigo, como la también bloguera Estelwen Ancálimë o de nuevo mi amiga Jessica.


Niphredil

También sacado de un universo ficticio, pero en este caso del que surgió del imaginario de Tolkien. Niphredil significa estrella-luna, y es el nombre de una flor blanca que agradaba mucho a los Elfos; de hecho, la niphredil fue la flor que se abrió cuando nació Lúthien Tinúviel, la Elfa más hermosa del mundo. Cuando fui el año pasado a la Estelcon de Zaragoza, se me dijo que podía elegir un alias tolkieniano para poner en mi acreditación, y escogí Niphredil por tres razones. La primera, porque no había nadie más que llevara ese apodo (que yo sepa). La segunda, porque su nombre habla de la luna, satélite que siempre me ha provocado cierta fascinación poética y con el que me gusta identificarme. Y tercera, porque me encantan las flores y, de todas ellas, las blancas son mis favoritas por su pureza y sencillez. Y supongo que el apodo arraigó, ya que no eran pocos los que en la Estelcon se dirigían a mí llamándome Niphredil o Flor de Alqualondë, que suena a título otorgado a una princesa elfa. ¡Vamos, lo que siempre he querido! ^^*


¡Y hasta aquí por hoy! Siento no haber publicado muchas cosas este mes, pero la verdad es que no he tenido mucho tiempo y me parece que a partir de ahora voy a tener menos aún. Pero seguiré subiendo cosas de vez en cuando, así que... ¡seguid visitándome de vez en cuando, ^^*!

miércoles, 5 de abril de 2017

La Truñoteca strikes again: Te esperaré toda mi vida


¡Hola a todos!

Hace unas semanas me dio por moverme un poco por los blogs que suelo seguir y me he fijado en que muchos han hecho listas de los libros que tenían pensado leer a lo largo del 2017. Y esto me ha hecho pensar que yo, a pesar de lo mucho que me gusta leer, nunca he escrito ninguna lista de libros que me apeteciera leer en un determinado año. No es que tenga en mente muchos libros con los que hacer una lista (los que quiero leer suelen estar en inglés y tardan una eternidad en editarse en España), pero sí me dio ganas de retomar con mayor entusiasmo el hábito de la lectura.

Pero esto es la Truñoteca, amigos. Aquí no voy a hablar bien de un libro, sino a despedazarlo sin piedad. Y esta vez me siento con derecho a ello, porque el libro que hoy os traigo me ha producido auténticas arcadas y unas ganas tremendas de liarme a patadas con algo para descargar mi furia contenida. Señoras y señores, hoy os presento Te esperaré toda mi vida, de Megan Maxwell.





Montse y sus amigas Julia y Juana son tres españolas residentes en Londres que, para olvidarse de su estresante día a día (y para ayudar a que Montse supere la ruptura con un novio traicionero), escapan de viaje de chicas a Edimburgo. Las mágicas tierras escocesas las sorprenderán más de lo que esperaban y cambiarán el rumbo que tenían planificado por otro mucho más tentador. Y, aunque allí donde van a ir a parar no tendrán ni crema de manos ni cobertura del móvil, a cambio encontrarán un castillo, highlanders apasionados e, incluso, un eterno amor que nunca se apaga.



ATENCIÓN! AVISO DE SPOILERS DE TODO EL LIBRO!


Megan Maxwell es una de las niñas mimadas de la Editorial Planeta, y la mejor prueba de ello es que han publicado casi todas las novelas que ha escrito. Hace tiempo leí críticas bastante positivas sobre su trilogía erótica Pídeme lo que quieras que, aunque no la he leído, muchos lectores consideraban infinitamente superior a Cincuenta Sombras de Grey o la trilogía de Crossfire. Hoy os traigo la primera novela de esta autora que ha llegado a mis manos y, sinceramente, si todas sus otras novelas son como esta, me parece que va a ser la última que lea.

Como podéis ver en la sinopsis, la historia comienza de la manera más arquetípica: Tres mujeres insatisfechas con la vida que llevan hacen una escapada a Edimburgo para relajarse un poco y volver a sus vidas con las ideas más claras. Pero lo que la sinopsis no nos dice es que las protagonistas no van a la Escocia de nuestros días, sino que viajan mágicamente a través del tiempo hasta el siglo XVII, en pleno apogeo de las tropas de highlanders. Espera un segundo… ¿Highlanders en una novela romántica? ¡Guau, no me lo esperaba para nada! ¡Seguro que esta novela tiene muchas más cosas igual de originales que contar! ¬_¬

Aunque Maxwell meta el tema de la fantasía, la novela está tan llena de topicazos que es imposible tomarla en serio. Al principio, tras leer los cinco primeros capítulos, eso fue lo que pensé: que Maxwell, en el fondo, estaba haciendo una parodia de esas mujeres adictas a las novelas rosas que fantasean con tener una aventura amorosa con los héroes de sus libros favoritos, que destacan por ser altos, fuertes y varoniles caballeros victorianos/highlanders/piratas del Caribe. La propia editorial dice que es una novela divertidísima y sorprendente, que te partes de risa con las cosas que pasan. ¿Esto no es propio de una parodia? De verdad, aún ahora quiero creer que esa fue la intención de Megan Maxwell al escribir este libro. Mi cerebro quiere pensar que lo ha escrito mal a propósito, que ella en el fondo escribe bien y que es capaz de evitar los tópicos para traernos una historia divertida y original. Bueno, pues no. Es una novela tan mala que solo sería justificable si fuese la primera novela escrita por una chica de dieciséis años, porque su nivel de cultura y redacción viene a ser parecido (ni de coña, conozco a chicas de dieciséis años capaces de escribir relatos de más calidad en Wattpad).

Primero tenemos al infumable trío de protagonistas. Montse, Juana y Julia son tres españolas que se han conocido en Londres cuya mayor preocupación parece ser la de babear por hombres fornidos que las tomen entre sus brazos, les metan una naranja en la boca y las follen por detrás hasta hacerlas Fanta. Es difícil para mí decidir cuál de las tres es peor. Montse es la típica mujer que va de fuerte y segura de sí misma, pero a la mínima que se le acerca su guapo highlander pierde la compostura y se porta como una imbécil descerebrada. Lo mismo le pasa a Juana, bajita y canaria, que tiene por meta meterle ficha a un highlander para que éste le dé lujuria y desenfreno, que es lo único que le importa en esta vida (además, tiene la puta manía de decir la coletilla «mi niña» cada vez que habla, lo que me ha rayado hasta tal punto que me han dado ganas de pegarle cuatro hostias al libro). La que se salva un poco es Julia, que está casada y echa de menos a su marido, pero tampoco es que su personalidad sobresalga demasiado. Además, las que cuentan son las otras, que son las que se van a follar a los highlanders. Oh, ¿que esto es spoiler? Bah, si estaba cantado.

El caso es que estos tres clones de las chicas de Sexo en Nueva York viajan en el tiempo y retroceden hasta el siglo XVII, que se apresuran a considerar como “medieval”. Aquí tengo que hacer un inciso porque, como historiadora que soy, esto me ofende. Cualquiera que desee escribir una novela sobre viajes en el tiempo, lo primero que debería hacer es documentarse un poco sobre la época que va a tratar antes de empezar a soltar cagadas a diestro y siniestro. Por desgracia, esto es lo que le ha pasado a la Maxwell, que se nota que no tiene ni idea de cómo era la época en la que está ambientando su novela. El siglo XVII entraría en lo que se conoce como Edad Moderna, una época fascinante en la que los cambios políticos, económicos y sociales dieron pie a la configuración de los nuevos Estados europeos y al inicio de una revolución comercial que cambiaría el rumbo y el modo de pensar de toda la sociedad, así que el epíteto de “medieval” sobra. Pero claro, si las protagonistas son unas incultas a las que el riego se les ha quedado en los bajos fondos. ¿De qué me sorprendo?

Luego está su forma de hablar, que es de traca. Al parecer, a la Maxwell le parece descojonante la idea de que tres españolas del siglo XXI suelten expresiones y chascarrillos de su tierra delante de escoceses medievales del siglo XVII. El problema es que se le empiezan a acumular las incoherencias y no se da cuenta. Vamos a ver, se supone que estas mujeres llevan viviendo en Londres una buena temporada, por lo que asumo que hablan inglés y sabrán ver las diferencias que hay entre el acento british de la capital y los acentos de otros lugares, léase Escocia; los escoceses tienen un acento muy cerrado que puede ser bastante complicado de entender. Pero es que además, el acento escocés del siglo XVII era muchísimo más arcaico. Sin embargo, las protagonistas no tienen problema alguno para entender a sus allegados, y viceversa. Pero todavía hay más, y es que no puedes hacer que una persona diga expresiones españolas CUANDO ESTÁ HABLANDO INGLÉS, porque en inglés no existe esa expresión o se dice de manera completamente diferente. Expresiones como “salao”, “tocha” o “coger un trancazo” no tienen un equivalente similar en la lengua de Shakespeare, por lo que queda completamente ridículo. Es como si la Maxwell se hubiera cogido un libro de A lo Superbritánico y hubiera calcado las expresiones que le sonaban más graciosas, pero esto no va así. Si la acción se hubiese desarrollado en la vieja España, podría haber funcionado muy bien y hasta llegar a ser divertido; pero son estos detalles los que hacen que, por ejemplo, El Ministerio del Tiempo sea una obra maestra y que este libro de mierda sea un truño de los grandes.

Me gustaría hacer una mención especial a los alias que las protagonistas escogen para “pasar desapercibidas” entre los highlanders: Cindy Crawford, Paris Hilton y Norma Duval. Esto es lo que entiende Maxwell por humor descacharrante, aunque a mí me ha dejado con tres palmos de narices. ¿En serio? ¿Esto es lo mejor que se le ha ocurrido? Aparte de que es poco lógico que a la actual media de mujeres de 29 años les parezca que Cindy Crawford sea el modelo de mujer perfecta, esto da pie a que se produzca una nueva incoherencia. Vamos a ver, Maxwell: Si las protagonistas no paran de decirles a los highlanders que son españolas, ¿por qué narices se ponen nombres que claramente se ve que no son españoles? Puedo pasarlo en el caso de Norma Duval, aunque al oído hasta podría sonar francés, pero no con las otras dos. Otra cagada más para el saco, y llevamos unas cuantas.

En cuanto a las aventuras de estas tres petardas en la antigua Escocia, supongo que no os sorprenderá saber que son de lo más manido y masticado que se ha visto jamás. Ya os lo he dicho: todos los topicazos de la novela romántica están aquí. ¡Han traído a todo el mundo! Tenemos al exnovio gilipollas, a la protagonista perfecta que es una crack en todo lo que hace (cinturón negro de karate, ouh yeah) y a sus amigas insoportables. Encontramos a la típica pareja de protagonistas que no se soportan al principio pero que en el fondo se mueren por arrancarse la ropa a mordiscos; está el amor a primera vista (más que amor, yo lo llamaría ninfomanía, pero en estas historias suelen ser términos sinónimos); tenemos también a la protagonista con un pasado triste y duro que ha marcado su carácter con los hombres; también pululan por ahí highlanders cuyo único propósito es ser los juguetes sexuales de las protagonistas (y ellos encantados, claro); veremos también a la clásica rival de la protagonista que es una estúpida malhumorada y caprichosa a la que la prota no se recata en avergonzar siempre que puede. Y, por si eso fuera poco, hay una maldición. HAY-UNA-PUTA-MALDICIÓN!!!

Sí, amigos, no podía ser de otra manera. Resulta que el clan de los Carmichael, al cual pertenece Declan, el protagonista, ha sufrido una maldición por parte de la hechicera Keeva. Al parecer, durante los festejos de una boda se celebró una competición de tiro con arco, y una flecha disparada por un Carmichael mató al hijo de Keeva. En venganza, ésta lanzó una maldición sobre los Carmichael, por la cual todos perderían al ser amado en el momento de mayor felicidad, de modo que todos ellos vieran morir a sus parejas y se sintiesen desesperados. Además, se llevó la mitad de la famosa joya de los Carmichael, un colgante en forma de corazón que simbolizaba el amor de la pareja, para asegurarse de que su maldición no se rompería nunca. Pero el tiempo pasa y las reliquias se mueven, y… ¿adivináis quién consigue ese colgante tan bonito? Venga, que no es muy complicado. ¡Pues sí, lo tiene Montse/Cindy Crawford! ¡Y la otra mitad la tiene Declan, su imponente highlander! ¡Qué bonito, qué maravilla, va a triunfar el amor! Puaj…

Me resulta un poco complicado seguir destripando el libro porque, la verdad, no hay mucho más de dónde tirar. Ya os he dicho que el argumento está de lo más trillado, y nada más empezar su lectura ya sabemos que vamos a leer más de lo mismo. Los diálogos son tontos a más no poder, sin gracia alguna. Las escenas en el castillo no resultan verosímiles; los personajes secundarios se comportan como catetos, la figura de los highlanders peca de una ingenuidad propia de un párvulo, los espacios están mal construidos, las descripciones (cuando las hay) son planas y no ayudan a que nos imaginemos ni el lugar ni la cultura escocesa del siglo XVII. Es un suma y sigue, vaya.

Otras dificultades que me he topado a lo largo de la lectura han sido las numerosas faltas de ortografía, puntuación, acentuación y semántica que salpican toda la novela, así como erratas en los nombres de algún personaje; a la Maxwell se la ha jugado el corrector del Word en alguna que otra ocasión, como cuando el personaje de Alaisthar se convierte en Alistar por un segundo, o cuando la Reina de Saba se transforma (no sé muy bien cómo ni por qué) en la Reina de Java, por poner dos ejemplos. La autora también intenta que los highlanders tengan una forma de hablar arcaica con el uso del vos y el usted, aunque su fracaso es tan estrepitoso como en el caso de la ambientación. Pero lo que de verdad me ha hecho daño ha sido ver faltas de ortografía GARRAFALES en un libro editado nada menos que por Planeta. Una está leyendo tranquilamente y de sopetón se encuentra con palabras como debastador (cuando debería ser devastador) y envestida (en lugar de embestida, ya que en el contexto se refiere al acto de embestir), lo que me ha hecho sufrir varios infartos de miocardio consecutivos a la vez que maldecir a todos los dioses del Olimpo. ¿Y esta es una novela best-seller? ¡Es un desastre de principio a fin!

Otra cosa que me ha fastidiado un montón es que Montse/Cindy sea la clásica protagonista que tiene que dejar claro en todo momento lo libre y feminista que es. Me explico: Al principio, cuando su exnovio insiste en que vuelva con él a pesar que le haya puesto los cuernos y la haya llamado vieja, Montse nos regalará un “precioso” discurso en el que le expondrá a su desagradable exnovio que ella es una mujer que tiene amor propio, que se quiere a sí misma, que sabe ser feliz sola… Vamos, lo típico. Algo parecido le pasa con Declan Carmichael, con quien le gusta discutir sobre la igualdad entre hombres y mujeres, diciéndole que ella es una mujer libre, que puede vestir como le dé la gana e ir a donde le apetezca sin rendirle cuentas a un hombre. En serio, no tenéis ni idea de lo horrible que es leer este tipo de discursos, pero no por su contenido, sino porque la autora impide que la protagonista se retrate a través de sus acciones. En vez de dejar que Montse se describa a sí misma a través de sus actos, la obliga a desmenuzar un discurso feminista para que las mentes menos preclaras sepan que Montse es una mujer moderna que no deja que un hombre le diga lo que tiene que hacer. Eso sí, como Declan le ordene que vaya a su habitación a calentarle la cama, ella bien que corre como una perra en celo. ¿Coherencia? ¿Amor propio? ¿Qué es eso?

¿Más cosas? Claro, tengo para dar y tomar. Las escenas de sexo son sonrojantes, de vergüenza ajena y fatal escritas. No solo están las descripciones llenas de fogosidad que vienen en el manual de Cómo escribir una novela romántica en tres cómodos y sencillos pasos, sino que también nos regala perlas como el hecho de que a un conservador highlander le parezca muy sexy el que Montse/Cindy no sea virgen, que lleve un tanga con cadenita (que, según Montse, todas las españolas llevamos) y que tenga un piercing en el ombligo. Otra perlita que nos deja Maxwell es que Montse, nada más acabar de echar un polvo con Declan, se lleve las manos a la cabeza porque acaban de practicar sexo sin preservativo ni píldora del día después. ¿¿Y si se queda embarazada?? Pues en vez de hacer lo obvio, que sería evitar volver a acostarse con Declan, Montse seguirá visitándole todas las noches para seguir follando con su maravilloso highlander. ¿Pero en qué quedamos? ¿Estás nerviosa por quedarte embarazada o no? Chica, aclárate.

En conclusión, y por no alargarme más, me resulta incomprensible, como lectora y escritora que soy, que Megan Maxwell esté tan endiosada después de haber escrito una bazofia como esta. Me he llevado un chasco enorme con esta autora, de la que había oído maravillas y, sinceramente, no me han quedado ganas de seguir leyendo nada que haya escrito.

sábado, 1 de abril de 2017

La Barbie del mes: Princesa de Japón


¡Hola a todos!

¡Bienvenidos un mes más a la Biblioteca de Laura! ¿Qué me contáis de vuestra vida? ¿Qué tal os va? Yo estoy como siempre, con mis más y mis menos, siempre embarcada en algún proyecto a largo plazo (a veces, muuuuy a largo plazo) pero con ganas de dar lo mejor de mí en todo momento. Dentro de poco empezará la Semana Santa, que en mi tierra se vive de una manera muy especial, pero antes de eso está el Día de las Tortillas que, como ya sabéis (y si no lo sabéis, ya os lo digo yo), se celebra el domingo anterior al Domingo de Ramos. En realidad no es una festividad ni nada de eso, pero es una buena excusa para reunir a la familia y disfrutar de unas generosas tortillas, algo que siempre apetece ^^*.

En fin, no me entretengo más. Ya sabéis que todos los principios de mes están dedicados al calendario, así que vamos a continuar con el calendario Barbie de este año y os dejo a la princesa de este mes.

¡Hasta pronto!


Princesa de Japón




La princesa de Japón pasea bajo el cálido sol primaveral. Los preciosos sakura, los cerezos, están en flor y hoy la princesa asistirá al hanami, la fiesta anual de los cerezos en flor. Lleva un tradicional vestido japonés llamado "kimono" y sueña que un día se casará y podrá llevar el magnífico juni-hitoe, el vestido tradicional de doce capas.

Sabéis que soy una amante de todo lo que viene de Japón, y esta muñeca no podía ser menos. Esta princesa entraría también en mi lista de deseos no cumplidos, ya que cuando salió a la venta no pude comprarla (tenía que elegir entre esta, la Barbie princesa africana o la Barbie Olivia Newton-John, que fue la ganadora). Me encantan los colores del kimono, lo bien conseguido que está su peinado y el tono blanquecino de su piel, que recuerda al cutis nacarado de las muchachas japonesas.

miércoles, 22 de marzo de 2017

El Rincón del Gamer IV: Mystic Messenger


¡Hola a todos!

Y por fin, tras la friolera de CUATRO años sin subir una entrada sobre videojuegos, llega a vuestra biblioteca favorita... ¡Síii! ¡Un nuevo videojuego!

Madre mía, sí que tengo olvidados algunos apartados de mi blog. Supongo que lo he ido dejando porque, como no suelo jugar a videojuegos actuales, a la gente no le interesa tanto. Además, tampoco soy de las que están jugando desde la mañana hasta la noche, y mis juegos favoritos se pueden contar con los dedos de las manos. Pero bueno, de vez en cuando también me apetece darle un poco de vidilla a los apartados del blog que he ido descuidando con el tiempo. Y en esta ocasión, el juego en cuestión lo vale.

No estaba muy segura de si debía incluir este juego en el apartado El Rincón del Gamer, ya que la tónica que estaba siguiendo hasta entonces era la de comentar juegos de consola, que son los que mejor conozco. Sin embargo, hace unos días he sido vilmente engañada para descargarme en el móvil un pequeño juego otome que, al parecer, estaba de puta madre y viciaba un montón. ¿Y qué juego es el que me ha hecho caer en sus garras como una otaku adolescente? Pues ni más ni menos que una auténtica joya conocida como Mystic Messenger.





Título: Mystic Messenger

Desarrollador: Cheritz

Plataforma: iOS y Android

Año: 2016

Género: Romance

Nº jugadores: Un jugador






Primero vamos a empezar por lo más obvio: ¿Qué son los juegos otome? Pues son juegos de simulación de citas en los que la protagonista, casi siempre una chica, puede interactuar con un grupo de chicos y elegir al que más le guste para iniciar una relación amorosa llena de romanticismo, drama y algunas pinceladas de misterio. La palabra otome es de origen japonés y significa "doncella", así que desde el principio ya nos están diciendo que el público al que estos juegos están dirigidos es el femenino (lo siento mucho, chicos).

Sin embargo, los juegos otome tienen su pega, y es que una vez que juegas uno, puedes decir con seguridad que ya los has jugado todos. El hecho de tener que empezar varias partidas para escoger a los personajes y desbloquear todas sus historias tiene su atractivo al principio, ya que una de las cosas que tienen este tipo de juegos es que son muy adictivos. Pero al cabo de unos días, bien porque no puedes avanzar en la historia, bien porque las esperas para conseguir puntos y demás te aburren, acabas por dejar el juego y seguir con tu vida.

Confieso que hasta entonces nunca me había puesto a jugar a ningún juego otome. En primer lugar, porque no conocía su existencia y en segundo lugar, porque no me apetecía viciarme a ningún juego del móvil; a pesar de que me encantan los videojuegos, sé que tengo tendencia a dejarme llevar por ellos y no me apetece convertirme en ludópata. Pero entonces llegó a mi vida Mystic Messenger, y mis buenos propósitos, como el portón de un castillo asediado, se vinieron abajo.


Qué cara de no haber roto nunca un plato, ¿verdad?

Mystic Messenger empieza con una chica (la jugadora) que encuentra un móvil y empieza a trastear con él. De repente, se abre un chat y recibe un mensaje de un usuario llamado Desconocido, que le dice que ha encontrado un móvil perdido y le pide que le haga el favor de llevarlo a la dirección que le va a dar. A pesar de tener varias opciones de diálogo, la chica decide hacer caso de lo que dice Desconocido y va al apartamento que figura en la dirección, pero se encuentra con que la puerta está bloqueada y necesita una contraseña. Ningún problema: Desconocido nos facilitará la clave de acceso y podremos entrar en el apartamento y en una aplicación para el móvil muy especial: el chat de la Rika's Fundraising Association, o RFA para los amigos.

¿Y cuál es la gracia de todo esto? Pues la gracia está en los integrantes del chat de la RFA, que son un grupo muy variado de chicos que se dedican a organizar fiestas benéficas y, cómo no, a tratar de encontrar al amor de sus vidas. ¡Y ahí es donde entramos nosotras! A pesar de que la RFA es una sociedad secreta, a los chicos no les parece demasiado mal que haya una nueva integrante en el grupo, así que nos encargarán la tarea de organizar una fiesta benéfica y hasta nos ayudarán a conseguir invitados. A través de varias opciones de diálogo, podemos decir frases que nos hagan congeniar con el resto de miembros de la RFA y, si queremos, convertirnos en su amiga o en su novia. Todo eso depende de la jugadora, de nosotras.

El sistema de juego funciona exactamente igual que un servicio de mensajería online cualquiera. Tenemos cuatro modos de interacción con los personajes: a través de las salas de chat, enviando mensajes de texto, llamadas al móvil o con correos electrónicos. Además, de vez en cuando también tenemos pequeñas escenas de novela visual que nos adentran un poco más en la historia de estos chicos y su implicación personal dentro de la RFA. Dependiendo de la ruta que sigamos, tendremos que implicarnos emocionalmente con un determinado personaje y alcanzar la suficiente afinidad que nos lleve al tan ansiado final feliz.

Dicho esto, al empezar una partida tenemos once días reales para llevar nuestra aventura a buen puerto. A lo largo de estos once días, se irán abriendo chats en los que podremos (y deberemos) hablar con el resto de personajes. Cada vez que digamos una frase de elogio o de comprensión a un personaje, conseguiremos más afinidad con él y nos recompensará con un corazón; estos corazones son muy necesarios para entroncar la historia por la ruta del personaje que queremos seguir y para poder canjearlos por relojes de arena, unos pequeños items que nos servirán para desbloquear los chats que nos hemos saltado o para abrir nuevas rutas. Además, tendremos que estar muy pendientes del peso de nuestras decisiones, ya que elegir malos comentarios puede conducirnos a uno de los múltiples finales malos del juego (aunque algunos son mejores que los buenos), pero también es necesario para desbloquear todas las imágenes del juego.

Pero dejando el apartado técnico, lo que más me ha encandilado es el argumento y los personajes. Cada personaje tiene su personalidad, sus gustos, sus aversiones, sus deseos, sus luces y sus sombras, lo que los hace increíblemente humanos. Todos son diferentes entre sí y cada uno tiene un pasado que iremos descubriendo poco a poco. Una de las cosas más divertidas es que cada personaje tiene también sus propios emoticonos y bocadillos, que irán poniendo en los chats para manifestar sus sentimientos o para flirtear contigo, como corazones o caritas sonrientes.

Y, para intentar meteros el gusanillo en el cuerpo, ¿qué tal si os hablo un poquito de los personajes principales? ^^*


Zen



El artista del grupo, pues es actor, cantante y modelo a tiempo completo. Se le reconoce muy bien por su piel pálida (es albino), sus ojos rojos y su largo pelo de color blanco. Es guapo y lo sabe, y le encantará recordártelo en todo momento, lo que le convierte en un encantador narcisista que no para de hacerse selfies y enviártelos para que disfrutes de Zen tanto como él disfruta de sí mismo. No tiene novia, ya que embarcarse en una relación podría afectar a su carrera profesional (además de desilusionar a sus cientos de fans), pero en el fondo tiene muchas ganas de encontrar a una chica de la que enamorarse perdidamente. Es sensible, atento y propenso a comportarse como un caballero con su princesa.



Yoosung



El benjamín de la RFA, un chico de 21 años, universitario, adicto al LOLOL (un homenaje/parodia al League of Legends) y el bollito de canela más dulce y tierno que ha habido jamás en este mundo. Sus rasgos más llamativos son su pelo rubio, sus grandes ojos de color violeta y las dos horquillas que lleva en el flequillo formando una equis. Al principio se pasa la vida jugando a su videojuego favorito, lo que le lleva a descuidar un poco sus estudios, pero con el paso de los días se dará cuenta de que así no va a ninguna parte y empezará a intentar reconducir su vida. Es muy dulce e inocente, un auténtico cachorrito al que dan ganas de abrazar y proteger. Como curiosidad, decir que va a la SKY University, nombre que esconde las iniciales de las tres principales universidades de Corea del Sur.



Jaehee



La otra chica del grupo, además de la protagonista. Tiene 26 años y trabaja en la C&R International, una empresa que pertenece a Jumin Han; de hecho, es la asistente personal de Jumin, para el que trabaja las veinticuatro horas del día. Es una completa adicta al trabajo, seria, eficiente y en apariencia imperturbable. En apariencia, porque pierde los papeles completamente cada vez que ve una foto de Zen, del que es una gran admiradora (por no decir fangirl). A diferencia de los demás, la ruta de Jaehee está enfocada en la amistad. Está tan estresada con su trabajo que ansía dejarlo todo y dedicarse a algo que no la obligue a estar pendiente de los asuntos de los demás. Una de las cosas que más detesta es que su jefe la obligue a hacerse cargo de su gata, pues odia encontrar pelos de gato por toda la casa.



Jumin



Jumin Han, joven empresario de éxito a la temprana edad de 27 años. Es el heredero de la C&R International y está acostumbrado a vivir una vida de lujo y privilegios. Siempre está de viaje por negocios, viste un elegante traje negro y habla con mucha educación. Pero a pesar de que a este guapo soltero le llueven las atenciones femeninas, él no siente deseo alguno de tener una relación amorosa. Todo su amor lo ha depositado en Elizabeth the 3rd, su preciosa gata blanca, a la que idolatra por encima de todas las cosas. Por su esmerada educación, Jumin parece serio e inaccesible, pero tiene un toque de madurez muy atractivo. Su perspectiva de la vida le pone siempre en conflicto con Zen y con 707, pero todos le tienen por una figura de autoridad que no vacila en ayudar a sus compañeros de la RFA.



707




También conocido como Seven o Luciel, es uno de los personajes más alocados y simpáticos del juego. A sus 22 años, es un experimentado hacker que, además de estar en la RFA, trabaja como agente secreto. Se autoproclama católico y adicto a la comida basura, en especial a las Honey Budha Chips y al refresco Ph.D. Pepper. Es imposible describir su personalidad con otra expresión que no sea "estar como una puta regadera". Sonriente, pícaro y dicharachero, le encanta invadir la privacidad ajena, gastarle bromas a Yoosung y jugar a lo loco con la gata de Jumin (con deciros que éste quiere ponerle una orden de alejamiento...). Entre sus pasatiempos favoritos están hacer crossplay (disfrazarse de chica), coleccionar coches deportivos y hacer trastadas.


¿Mi favorito? Buf, pregunta complicada... Todos tienen algo con lo que puedes identificarte, y cada una de las rutas tiene su atractivo y te hace enamorarte hasta las trancas del personaje. Pero si tuviera que elegir a uno... creo que sería Seven. ¡Es con el que siempre tengo más afinidad! XD

¡Y hasta aquí por hoy! Espero que os haya gustado la entrada y que, si decidís darle una oportunidad a Mystic Messenger, os paséis por aquí para dejar vuestras impresiones y comentarios.

Anyo!! ^3^

martes, 14 de marzo de 2017

Comportamientos del anime que todos hemos hecho alguna vez


¡Hola a todos!

Ya tocaba otra entradita sobre Japón, ¿no? Después del subidón que me he pegado viendo Ataque a los Titanes (sí, ya sé que he empezado un poco tarde a verla), he notado como mi hype por Japón y por el mundo del anime ha aumentado considerablemente. Por eso, mientras espero a que empiece la segunda temporada de la que por ahora está siendo mi serie favorita, he decidido dedicarle una entrada a algo que he notado que nos pasa a todos los otakus, que es imitar comportamientos que hemos visto en el anime.

Seamos sinceros: A todos nos gusta copiar las cosas que nos gustan. Cuando una serie o una película se hacen muy famosas, tienden a crear tendencia. No es raro que muchas mujeres adoptaran el look de Audrie Hepburn en Desayuno con Diamantes, por considerarlo el colmo de la elegancia, ni que en los años 70 se pusiera de moda la chaqueta de lana de Starsky, de la famosa serie Starsky y Hutch. Por eso, no nos debe extrañar que los otaku, esa raza de fanáticos al manga y al anime que antes vivía en los sótanos de sus casas pero que ahora ha decidido salir a la luz, copien y asimilen ciertos comportamientos que han visto en sus animes favoritos. Yo me puedo incluir entre ellos, pues mientras buscaba información para hacer la entrada, me he dado cuenta de que he acabado imitando algunas cosas hasta el punto de que ya no me doy ni cuenta.

Seguid leyendo y comprobad si vosotros también tenéis alguno de estos síntomas, ^^*



Ajustarse las gafas con el dedo medio




Esta es una de las características más populares entre los otaku, entre los que me incluyo tanto por ser una gran fan del anime como una gafotas total y reincidente. Los personajes de anime, como todo buen cuatro ojos, adolecen del problema que tenemos todos los que llevamos gafas: se les resbalan cada cinco segundos por el puente de la nariz. Pero en vez de volver a colocar las gafas en su sitio cogiendo las gafas por la montura del cristal, lo que suelen hacer es subírselas con el dedo. ¡Y no con cualquier dedo, sino con el dedo medio! Para los occidentales, hacer este gesto puede inducir a error, ya que levantar el dedo medio es un gesto que se utiliza para insultar a alguien, pero en Japón no tiene esa connotación negativa. De ahí que veamos a muchos personajes de manga o anime utilizar ese dedo para señalar algo o para hacer algo tan natural como subirse las gafas.

Sin embargo, por las razones que he explicado, un occidental influenciado por el anime no puede andar subiéndose las gafas con el dedo medio, pues le podría caer un guantazo en menos que se reajusta una dioptría. Por fortuna, los creadores de anime han pensado en todo, ya que algunos personajes animados tienen por costumbre colocarse las gafas con los dedos índice y medio juntos, en un movimiento muy elegante que queda que te cagas cuando además el personaje está tramando algo maligno. Así que ahora no tenéis excusa alguna para no imitar este comportamiento en vuestra vida diaria. ¡Yo lo hago sin darme cuenta, ^^*!



Peluquería extreme




Una de las cosas maravillosas que tiene el anime es que a los otakus nos ha abierto las puertas a un nuevo mundo plagado de infinitas posibilidades, sobre todo en lo que se refiere al pelo. Las chicas anime (y también algunos chicos, claro) no se conforman con ir al instituto o de aventuras llevando el pelo corto o recogido en una coleta. No, eso sería demasiado fácil. Por eso, nos deleitan con un amplio catálogo visual de cortes de pelo a cuál más extravagante, peinados que desafían la gravedad y tintes de colores que no desagradarían a Lady Gaga. Además, una de las cosas buenas que tiene esto es que, a medida que veáis más anime, os volveréis más tolerantes con respecto al color del pelo y a los infinitos peinados que se pueden hacer con vuestra melenaza.



Acariciar la cabeza de las personas bajitas




No sé si este comportamiento es propio de la gente que ha visto mucho anime o del ser humano en general, que tiende a ser un poco cabroncete con sus semejantes, pero a mí ya me ha tocado verlo y, en ocasiones, “sufrirlo”. Todo otaku adicto al anime que se precie ha hecho eso de acariciarle la cabeza o revolverle el pelo a la persona bajita más cercana que haya. No sé qué les pasa a las personas altas, pero parece que en su ADN hay un gen que les impulsa a acariciar la cabeza de los que no les llegan a la altura de los hombros, quizá por protección o porque les hace gracia. El caso es que si además de alto eres adicto al anime, pues la pulsión de acariciar cabezas de bajitos se multiplica por diez, y es más que probable que te pases todo el día tocándole la moral a los que son más bajos que tú. Pero bueno, también tiene un componente tierno, y es que en el anime, los personajes más altos les revuelven el pelo a los más bajos como una forma de mostrar un sentimiento de protección y de cariño hacia esa persona.



Vocabulario japonés




¿Quién ha dicho que no se aprende nada viendo dibujos animados? Si a los niños se les ponen dibujos es porque se puede aprender mucho viéndolos, y el anime no iba a ser menos. Si los dibujos pueden enseñarnos cosas tan importantes como el valor de la amistad y lo importante que es no perder nunca la esperanza, ¿por qué no iban a potenciar el uso de nuevos idiomas? Gracias al anime, muchos hemos empezado a utilizar palabras japonesas en nuestro vocabulario cotidiano. Así, algo tan fácil como preguntar “¿Qué?”, lo hemos transformado en Nani?. Decimos kokoro o sugoi en vez de “corazón” y “maravilloso”. Y en vez de preguntarle a alguien si está bien, le decimos Daijoubu desu ka?

Vale, puede que intercalar palabras o expresiones japonesas en nuestro idioma sea una ida de olla de las gordas, pero es que no se puede evitar. Suena tan bien y es tan lindo… Es tan kawaii, ^3^



Ducharse en plan trágico




La influencia del anime es tan grande que ha calado hondo a muchos otakus, induciéndoles a adquirir comportamientos que hasta entonces no habían tenido pero que, de repente, los han asimilado hasta tal punto que se les hace imposible volver a las costumbres que tenían antes. Comer con palillos, hacer reverencias para pedir perdón o inclinar la cabeza hacia un lado cuando no entendemos algo son solo unos ejemplos de cómo podemos adaptar los rasgos de una cultura foránea a nuestro comportamiento habitual. Pero es que para los amantes del anime esto puede elevarse a la décima potencia, ya que nuestra capacidad de absorción es tal que hasta llegamos a imitar a los japoneses cuando se duchan.

A ver, hay que matizar un par de cosas. Seguramente muchos ya sabréis que los japoneses son más de bañera que de ducha, y que es más común verles en los baños públicos que dándose una ducha en su casa. Pero si habéis visto anime, sobre todo anime en el que los protagonistas son bastante dramáticos, veréis que tienen una forma muy particular de ducharse, que consiste en apoyar la mano en la pared y agachar la cabeza mientras deja que el chorro de agua le caiga sobre la nuca. Yo no sé qué les pasa a los protagonistas trágicos de los anime para ducharse así, pero la verdad es que les da un toque bastante atractivo y, además, su comportamiento es muy imitable. Por eso yo, en los momentos de máxima reflexión sobre mi vida, me ducho en plan trágico para darle mayor trascendencia al asunto, ^^*



Fantasías yaoi




Seamos francos: todos hemos visto hentai alguna vez en nuestra vida. Y no, no os hagáis los inocentes mirando hacia otro lado, sonrojándoos y preguntando qué es el hentai, porque lo sabéis de sobra, pillines. Además, no tengo nada en contra del hentai; si existe la animación pornográfica es porque a la gente le gusta (además, hay hentai bastante bueno por la red, con argumento y todo), así que no seré yo quien venga aquí a censuraros. El caso es que el hentai, como todo en esta vida, se divide en varios subtipos destinados a contentar al amplio público que lo consume, que tiene sus preferencias. Está el ecchi (es erótico, no llega a ser pornográfico), el yaoi (relación homosexual entre hombres), el yuri (lo mismo pero entre mujeres), el furry (personajes con rasgos animales), el futanari (personajes hermafroditas) o el sexo con tentáculos, entre muchos otros. Sin embargo, quisiera detenerme un poco en el yaoi, porque es el que más me gusta y el que más me influye en cierto comportamiento que tengo desde que he empezado a verlo.

Veréis, queridos lectores. Pasa algo muy curioso  con las otakus que se han cansado de Candy Candy y han decidido empezar a visionar contenido más adulto, y es que el género yaoi es algo que, una vez visto, perturba para siempre a la muchacha y ésta no vuelve a ser la misma. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que la chica en cuestión, maravillada por ese precioso acto que es la cópula entre dos tíos buenos de dibujos animados, empezará a shipear homosexualmente a todos los chicos de su entorno, ya sean reales o ficticios. No es que haga uso de sus habilidades de casamentera para forzarles a unirse, pero sí que se dedicará a fantasear con una posible relación homosexual entre ellos. Esto le pasará no solo con los personajes de otros anime, sino también con personajes de novelas que no tienen nada que ver con el anime. Como habréis empezado a sospechar, yo me incluyo en este punto y me encanta admitirlo (Pietro y Giuliano, algún día caeréis el uno en los brazos del otro, ^3^).



Rascarse la nuca




¿Recordáis lo que os decía antes sobre esas características que parece que todo japonés parece tener? Si antes hablábamos de subirse las gafas con el dedo medio o el hecho de revolverle el pelo a las personas de menor estatura que nosotros, pues ahora toca hablar del gesto que hacen los japoneses cuando se sienten incómodos, que es rascarse la nuca a la vez que se sonrojan. Todos, absolutamente todos los personajes de anime, se rascan la parte de atrás del cuello cuando alguien les dedica un halago y éstos se sienten un poco avergonzados. Es matemático. No hay personaje que no haga este dichoso gesto en esa situación.

Y, como buenos otakus, nuestro deber es imitar dicho comportamiento, ^^*. Reconozco que este no es un comportamiento que yo suela imitar, ya que hasta en el anime son los chicos los que más hacen este gesto de rascarse la nuca. Las chicas son más de sonrojarse y hundir un poquito la cabeza entre los hombros, y esto sí que me sale. Estoy tan acostumbrada a verlo en el anime que ya me sale natural.



El último pupitre




Los animes cuyas historias están ambientadas en un instituto son incontables. Estoy convencida de que todos vosotros habéis tenido que ver como mínimo tres animes cuya historia transcurriera en un instituto. Pasa algo muy curioso con los estudiantes de instituto japoneses (siempre hablando de anime claro). ¿Nunca os habéis dado cuenta de que el protagonista suele sentarse al final de la clase? No sé por qué, pero es casi de manual que el personaje principal de la historia se siente lo más lejos posible del profesor. Rizando el rizo, veremos que el protagonista siempre está situado en un asiento pegado a la ventana de la clase, para que pueda mirar con melancolía al patio del instituto.

Fieles a nuestro estilo de vida, es el deber de todo otaku sentarse en el último pupitre de la clase para emular a sus héroes anime favoritos. Da igual que no veáis el encerado y que no oigáis nada de lo que dicen los profesores; tenéis que sentaros al final y punto. Si os han colocado por orden de lista, siempre podéis pedirle a un compañero que os cambie el sitio, u os entrará tal ansiedad que empezarán a sudaros las manos.



Comida japonesa




Este aspecto la verdad es que no tiene misterio alguno. Cuando nos abrimos a una cultura diferente a la nuestra, todo lo que ahí nos espera llama nuestra atención: el lenguaje, la música, la moda, la idiosincrasia… Tenemos ganas de aprenderlo todo, de llenarnos de todo lo que esa nueva comunidad tiene que ofrecernos, y la gastronomía no es la excepción. Por eso, es muy normal que después de ver tanto anime, sintamos la necesidad imperiosa de reproducir en nuestra alimentación diaria las comidas que consumen nuestros personajes favoritos. Y no hablo solo del famoso sushi, sino de todo un abanico de opciones culinarias como el ramen, el okonomiyaki, el takoyaki o las bolitas de arroz u onigiri.

A día de hoy es relativamente sencillo disfrutar de alguna de estas comidas japonesas. En los supermercados se pueden encontrar ingredientes especiales para preparar estos alimentos, aunque también podemos tirar de los que tenemos en nuestra casa para adaptarlos a nuestra comida. Pero cuando yo empecé a viciarme al anime era imposible encontrar esta comida a menos que hubiera una tienda especializada en tu barrio… y no era el caso ^^U



No puedes volver a comer helados o piruletas nunca más




¿Es necesario que explique por qué? ¬¬U


¡Y hasta aquí por hoy! Espero que os haya gustado!

lunes, 6 de marzo de 2017

Mi experiencia con Mary Sue


¡Hola a todos!

Hace tiempo que vengo dándole vueltas a hacer una entrada dedicada a este tema, pero no sabía muy bien cómo enfocarla.

Hace unos meses, mientras empezaba a trabajar en los perfiles de personaje de dos chicas que quiero convertir en protagonistas de una novela, una lucecita de alarma se iluminó en mi mente. Como escritora que procura estar pendiente de todo y que busca ofrecer un poco de originalidad a través de un estudio más detallado de los personajes de una novela, me preocupaba que mis nuevos personajes estuviesen acumulando una peligrosa cantidad de defectos lo suficientemente positivos como para que futuros lectores les colgaran el temido sambenito que todo escritor aborrece: el de Mary Sue.

¿Habéis oído hablar alguna vez de Mary Sue? Seguro que sí pero, por si acaso, os la voy a resumir brevemente. Mary Sue es un término que se suele utilizar en el mundo del fanfic para definir a un personaje femenino que es jodidamente perfecto y que en ciertos casos suele ser un alter ego del mismo autor del fanfic en cuestión. Todo se les da de maravilla, el resto de personajes lame el suelo por donde pisan y su único papel en la historia parece ser el de acaparar toda la atención y asegurarse de que todo gira a su alrededor. Y esto no pasa solo con los personajes femeninos, porque los hombres también tienen a su propio Gary Stu, que reúne en su ser todas las condiciones necesarias para ser el novio perfecto de la Mary Sue.

Para ilustrar el concepto de lo que es una Mary Sue, voy a tomar como ejemplo a un personaje al que le tengo especial manía y al que considero como la reina de las Mary Sue canon: Ayla, la protagonista de la saga Los Hijos de la Tierra, de J.M. Auel. Si alguien tiene la inmensa suerte de no haber leído todavía esta saga y tiene en mente el inconsciente deseo de hacerlo, le recomiendo que no siga leyendo, pues voy a destripar sin piedad alguna tanto al personaje protagonista como parte del argumento. Si os da igual, seguid adelante y disfrutad: Cuando me desahogo con algo suelo soltar alguna ocurrencia buena.

¡Vamos allá!



Hola, soy Ayla y, como véis, soy perfecta en todos los sentidos



El personaje suele ser del mismo sexo que el autor

Cierto, y la gran mayoría de las veces veréis que es así. Como el concepto de la Mary Sue tiene connotaciones de escapismo, es frecuente que el autor vierta parte de su personalidad, sus gustos, sus simpatías o sus aversiones en el personaje principal de su novela, con el cual se identifica. Más preocupante es cuando empieza a describir a su protagonista y nos damos cuenta de que su nombre es parecido al del autor y además es un retrato calcado de éste.

En el caso de Ayla, sabemos que la autora es una mujer pero viendo las fotografías de Auel (Auel/Ayla, ejem...), nos damos cuenta de que no se parece mucho a Ayla. Sin embargo, yo he creído ver cierto parecido con otro personaje al que Auel le da una importancia brutal en el quinto libro: Zolena o Zelandoni, la sacerdotisa de la Novena Caverna de los Zelandonii. Se la describe como una mujer con obesidad pero con una apariencia imponente, comparable a la de la Madre Tierra. Además, tiene los ojos azules (como la autora) y en su juventud tuvo una historia de amor con Jondalar, ahora pareja de Ayla y claramente su tipo de hombre ideal. Por supuesto, se lleva de maravilla con Ayla y alaba cualquier cosa que hace con un servilismo digno del mejor perro.



El personaje suele ser muy joven

Casi todas las novelas juveniles que he leído tienen como rasgo común el que su protagonista sea un adolescente, lo cual no me parece mal. Al ser novelas escritas para un público joven, es normal que los protagonistas tengan la edad de aquellos a quienes van dirigidas sus aventuras, ya que eso les permite identificarse con los personajes y simpatizar con ellos. Sin embargo, aunque la novela esté protagonizada por adultos, el personaje de la Mary Sue casi siempre será adolescente.

Es un poco complicado aplicarle este punto a Ayla. Si tomamos como referencia los libros por separado, podremos ver que la edad de Ayla oscila entre los 5 y los 25 años aproximadamente, así que dependiendo de qué libro estemos leyendo, Ayla será más o menos joven. Pero si tomamos la saga en conjunto, podremos ver cómo va creciendo y convirtiéndose en una mujer adulta.




J. M. Auel con un dibujo de Ayla.
Como se puede ver, son como dos gotas de agua.



El personaje es el centro de atención

Siempre me ha parecido alucinante la facilidad que tiene el personaje de la Mary Sue para acaparar toda la atención del plantel de personajes. No importa si está haciendo una exhibición de sus habilidades o si está contando una anécdota de su infancia: todos los personajes la estarán mirando embobados, prestando atención a sus palabras como si fuese lo más increíble que habían escuchado hasta ahora, y sintiendo todavía más admiración por ella.

¿Y Ayla cumple este requisito? Pues me temo que sí. Por alguna razón que no me acabo de explicar, Ayla llama la atención donde quiera que va. Dadas las reacciones de los otros personajes al verla y escucharla, uno podría imaginársela como una especie de diosa luminosa ante la que todos se arrodillan al pasar. Además, otra cosa que me llamaba la atención al leer los libros es que Ayla solía ser el principal tema de conversación del resto de personajes, aun cuando ella no estaba presente.



Su personalidad está muy poco definida

Es común que la Mary Sue acumule en su haber un buen montón de virtudes para hacer que sea un personaje atractivo y simpático a ojos de los lectores. Es curioso, sin embargo, que teniendo tantas virtudes carezca por completo de personalidad. La Mary Sue puede ser descrita como simpática, amable y bondadosa, pero cuando uno lee sus aventuras se da cuenta de que no son más que palabras escritas en el papel y puestas ahí adrede para que los lectores las aceptemos como verdad universal. En vez de dejar que el personaje hable con sus actos, se nos da una lista de sus mayores virtudes para que pensemos que es de una determinada manera, aunque después no la veamos actuar acorde a su descripción.

Y el caso de Ayla no podría coincidir más con la perorata que os acabo de soltar. He leído montones de descripciones del carácter de Ayla en las propias novelas (que se repiten una y otra vez, por si acaso no nos ha quedado claro) y que la definen como una persona amable, ingenua, de gran fortaleza interior, un tanto vulnerable, benévola, generosa, siempre dispuesta a ponerse en peligro con tal de salvar a una persona… Y, sin embargo, la única sensación que provoca en mí es una total indiferencia. Es tan perfecta y maravillosa que me deja fría.



¿Cómo que no tengo personalidad?
¿Y esas dos que se me salen del sujetador que YO he inventado, qué?



Si la odian, son los malos

Siempre he creído que la clave de una buena historia es que tenga un antagonista a la medida de su protagonista. Debería haber una norma para todos los escritores que dijera que si su protagonista es una pasada de personaje, su antagonista debería serlo también. Me jode un montón leer una historia donde los antagonistas son villanos de opereta; ya sabéis, esos malos jajejijoju que sueltan las frases lapidarias más chorras del mundo, que no tienen motivación alguna para cometer maldades y que están ahí para que los lectores los odiemos por ser tan malos (aunque a mí siempre me han parecido personajes fascinantes). En el mundo de las Mary Sue los villanos abundan, pero estos malvados personajes solo son malvados porque odian a la Mary Sue. Su único objetivo en la historia es detestar a la Mary Sue, y probablemente no hacían ni la mitad de maldades hasta que la susodicha se cruzó en sus caminos.

El caso de Ayla es de manual. Entre tantísimos amigos, aliados y admiradores, era normal que a la maravillosa Ayla le salieran un par de antagonistas. Quitando a Broud, el neandertal que la violó y que la odiaba porque no podía soportar que una mujer diferente de su pueblo fuese superior a él, el resto de antagonistas de Ayla la odian única y exclusivamente porque le tienen envidia o porque no les hace ni caso. Marona la detesta porque todos dicen que es más guapa que ella y porque se ha quedado con Jondalar, al que quiere reconquistar (a pesar de que fue él quien se marchó de viaje sin decirle nada, dejándola colgada cuando estaban a unos días de emparejarse). Brukeval la odia porque cree que ella lo ve como una abominación (es mestizo, nieto de una mujer cromañón y un neandertal) e intuye que una mujer tan guapa como ella nunca se fijaría en alguien como él. Madroman no la puede ni ver porque Ayla consigue hacerse un hueco entre los sacerdotes de la Caverna mientras que él lleva media vida intentando conseguir lo que ella ha logrado en un par de meses. Y así podría seguir.



Tiene poderes especiales

Es muy habitual que la Mary Sue posea algún tipo de poder, ya sea mágico, sobrenatural o de otro tipo, que es extraordinario y claramente superior al del resto de personajes. Si pertenece a un clan de brujas, será la más poderosa o tendrá un potencial enorme. Si es un ser de luz, su poder será tan grande que al resto del mundo no le quedará más remedio que inclinarse ante su superioridad. Por eso, a la Mary Sue se le suele dar un trato preferente o especial dentro de la historia.

Y el caso de Ayla no podía ser menos. A lo largo de la saga se nos va dejando caer que Ayla tiene una especie de conexión muy especial con el mundo de los espíritus, llegando a comunicarse con ellos en ciertas ocasiones (sobre todo cuando se pone hasta las cejas de datura). Más adelante, ya lejos de los neandertales, se la identifica como una de las elegidas de la Madre Tierra, cuando no ella misma reencarnada. Sus “poderes” son tener sueños que podrían identificarse como reveladores o incluso premonitorios, en los que suele hallar la clave de misterios que personajes más sabios que ella no han podido resolver nunca.



¿Hablar con el espíritu del León Cavernario?
Claro, lo hago muy a menudo. ¿Tú no?



Los talentos de la Mary Sue

Si hay algo que le sobra a la Mary Sue es talento para realizar cualquier cosa que se proponga. Una Mary Sue es tan habilidosa en todo lo que hace que no hay por dónde pillarla. ¿Tocar un instrumento musical? Por supuesto. ¿Jugar al billar? Desde luego. ¿Manejar todo tipo de armas? Claro que sí, guapi. A la Mary Sue todo se le da bien, y si no se le da bien es porque todavía no ha aprendido a hacerlo. Sabe hacer gala de sus talentos con tanta maestría que es inevitable que reciba los halagos de todo el mundo.

Una vez más, nuestra cromañón favorita vuelve a encajar en este perfil. Ayla es una mujer que sabe hacer de todo. Es una curandera excelente, posee una memoria prodigiosa, es la primera en domesticar animales salvajes, la que descubrió que el fuego se podía hacer con dos piedras, tiene una puntería certera con la honda y con el tirador de lanzas, aprende lenguas extranjeras en un tiempo récord, sabe cazar mejor que nadie… y la cosa sigue, y sigue, y sigue.



Los ¿defectos? de la Mary Sue

Y así como la Mary Sue tiene más virtudes que un santo, sus defectos quedarán tan mermados que nadie los apreciará como tales, ni siquiera los personajes que la rodean. A pesar de que la Mary Sue se percibe a sí misma como una persona fea, torpe, o gruñona, el resto de personajes no lo verá así. Todo lo contrario, pues consideran que sus defectos más bien parecen virtudes y la harán resaltar todavía más.

Y Ayla no podía quedarse atrás en esto. Como Auel tal vez se dio cuenta de que se había pasado al ponerle tantos atributos positivos a Ayla, decidió que debía darle un par de defectos para hacerla más humana a ojos de los lectores. Y lo único que se le ha ocurrido es hacer que Ayla tenga una voz extraña y que no sepa cantar. En serio, no sabéis lo aburrido que es leer una y otra vez que Ayla tiene un acento un poco raro (por haberse pasado media vida entre neandertales que gruñían en vez de hablar) y que a los demás les encante porque suena exótico. O que Ayla se lamente de no poder cantar el himno dedicado a la Madre Tierra porque no sabe entonar. En cuanto a sus “defectos” físicos, Ayla siempre se ha visto a sí misma como una persona fea, ya que a ojos de los neandertales no era nada atractiva. Pero en un giro inesperado de los acontecimientos, ¡resulta que en realidad es guapísima, con un cuerpo escultural y un sex-appeal flipante! ¡Todos los hombres del mundo la encuentran fascinante y babean por acostarse con ella!




¿Cómo no se van a enamorar los hombres de mí,
con lo maravillosa que soy?



Las mascotas de la Mary Sue

Es muy común encontrar historias protagonizadas por Mary Sue que, además de tener el amor y la admiración de más de medio mundo, también tienen el cariño de varios animales que van tras ella y la obedecen ciegamente. No es que solo tengan un perro o un gato como mascota; más bien tienen todo un zoológico a su lado para hacerles compañía (y vaya usted a saber si esos animales no son mágicos también).

En lo que respecta a Ayla, vuelve a encajar con el perfil a la perfección. A pesar de ser una cazadora formidable y una curandera fuera de serie, Ayla ha conseguido hacer hueco en su apretada agenda para domar a una yegua, ayudarla a parir a su potrillo, domesticar a un león cavernario hasta el punto de que éste le deja montar sobre él y hacerse amiga de un lobo que mata a todo aquel que haga ademán de querer tocarle un pelo. Además, Ayla sabe imitar tan bien el canto de los pájaros que éstos se acercan a ella cuando silba, al más puro estilo Blancanieves. Ni Félix Rodríguez de la Fuente, oigan.



Rasgos físicos fuera de lo común

Si habéis llegado hasta aquí, os habréis dado cuenta de que la Mary Sue es un personaje al que el autor ha hecho tan rematadamente perfecto y alucinante que parece imposible hacer que sea más excepcional. Pues estáis en un error, queridos, porque la Mary Sue tiene cuerda para rato y siempre encuentra la forma de destacar por encima de los demás, aunque sea por algo tan absurdo como su color de pelo o de ojos. En las historias protagonizadas por una Mary Sue, es muy habitual que a ésta se la describa como dueña de un cabello en el que se entremezclan mil colores que van desde el castaño rojizo con reflejos rubios al negro como ala de cuervo con tonos azulados y un mechón de pelo blanco, por ejemplo. La Mary Sue siempre tendrá un color de pelo muy raro y llamativo. Y lo mismo pasa con sus ojos, en los que hay todo un arcoíris de colores. Y eso cuando no tiene heterocromía, es decir, que tiene los ojos de distinto color.

Con Ayla la cosa no ha llegado tan lejos, aunque he de decir que, a pesar de que casi todos sus congéneres parecen ser rubios y de ojos claros, ella es la que más destaca. Se describe su pelo como rubio dorado, como si cayeran sobre él los rayos del sol o como el trigo maduro. Sus ojos son de un tono azul grisáceo, y con una mirada tan inocente que sería capaz de subyugar hasta al mismísimo Kim Jong-Un. Sin embargo, es más llamativo el caso de Jondalar, el compañero de Ayla, cuya atención se desvía frecuentemente a sus ojos de un color azul tan intenso como el de un glaciar (por si os lo estáis preguntando, sí, la autora siempre usa esta comparación).





Un caballo, un lobo, un león...
Mascotas que todo el mundo ha tenido alguna vez.



Los amores de Mary Sue

Siendo como es Mary Sue una persona maravillosa y perfecta, una joya brillante y pulida de las que solo nacen una vez cada mil años, era de esperar que uno o varios hombres se enamoraran perdidamente de ella. Si tenéis entre manos un libro protagonizado por una Mary Sue, os daréis cuenta de que le saldrán enamorados hasta debajo de las piedras, aunque ella sentirá predilección por el personaje al que el autor le tiene más cariño (y al que le dedica una demencial cantidad de páginas). Esto lleva muchas veces a que la historia tome giros forzados para emparejar a la Mary Sue con su amorcito, a veces de manera inverosímil.

Y Ayla también cae en este tópico. Desde que conoce a Jondalar, para Ayla no habrá en el mundo más hombre que él. Pero en cierto momento tienen una discusión, se enfadan y Ayla pasa a tener una relación con un hombre llamado Ranec, que bebe los vientos por ella y con el que Ayla acepta acostarse a pesar de no estar del todo segura de si lo ama. Como Ayla y Jondalar son incapaces de sentarse a hablar para aclarar las cosas, Ayla sigue con Ranec y llegan a prometerse para ser pareja; Jondalar, que no soporta ver a Ayla con otro hombre, decide marcharse a su hogar sin decirle nada a nadie. En cuanto Ayla descubre que se ha ido el mismo día de su emparejamiento (algo bastante lógico, por cierto), se da cuenta de que no puede vivir sin él, arreglan sus problemas y deja a Ranec para irse con Jondalar. Así, de un plumazo.



El pasado de la Mary Sue

Cuando uno está leyendo la vida, obra y milagros de una Mary Sue y la ve tan guapa, lista, perfecta y maravillosa, posiblemente llegará a pensar que la infancia de la chica ha sido la de una princesita de cuento, con unicornios, canciones, piruletas y paseos en carroza por un reino precioso. Pero nada más lejos de la realidad, porque resulta que todas las Mary Sue del mundo tienen un pasado marcado por la tragedia, pensado para arrancar lágrimas hasta a esas personas insensibles como yo que tienen una piedra donde debería haber un corazón. Pero es que el pasado de la Mary Sue es tan exageradamente dramático que en ocasiones roza el absurdo, y se nota a la legua que muchas veces parece que hay una competición entre personajes, que luchan entre sí por ver quién la tiene más grande tiene el pasado más doloroso y terrible.

Pues con Ayla pasa tres cuartos de lo mismo. Contar todas las cosas horribles que le han pasado en su infancia y su adolescencia daría para llenar varios libros (y, de hecho, Auel lo ha conseguido gracias a su pésimo estilo de escritura, basado en hacer un cortapega brutal de lo ocurrido en los libros anteriores), voy a tratar de resumirlo en pocas frases: Sus padres murieron en un terremoto cuando ella tenía cinco años, la atacó un león cavernario, Broud la golpeaba y violaba continuamente, fue maldecida varias veces por desobedecer las leyes de su clan, estuvo a punto de morir al dar a luz un niño al que todos creían deforme, cuando sus padres adoptivos murieron ella fue expulsada del clan y la obligaron a dejar atrás a su hijo, estuvo viviendo sola durante tres años… y a partir de haber conocido a Jondalar todo le empezó a ir de maravilla en la vida (y, por si os lo estáis preguntando, a Ayla no le han quedado secuelas psicológicas de todo aquello). La sinopsis de uno de los libros la describe como una “mujer fuerte bíblica”, pero a mí me parece un personaje patético. Auel la ha querido hacer tan fuerte y luchadora que ha caído en lo melodramático y absurdo.




Tranquilos, que cuando me canse del rollo interracial
volveré a pedirle al amor de mi vida que me lleve con él a su casa.



Parentesco de la Mary Sue

Como la Mary Sue es un personaje más propio de los fanfictions, hay ciertas cosas que no se van a encontrar en una Canon Sue como Ayla, y este aspecto es uno de ellos. Cuando se está escribiendo un fanfic, es muy común que el personaje Mary Sue tenga un parentesco cercano con uno de los protagonistas de la historia original, normalmente con el favorito del fan o con el villano en el caso de que sea muy carismático, como pasó en Harry Potter y el Legado Maldito con Delphi y Voldemort (¡me niego a aceptar que eso sea canon!).

Sin embargo, como Ayla es una Mary Sue canon, no se le puede aplicar esta característica. Eso sí, no he buscado fanfics de Los Hijos de la Tierra (si es que los hay), así que no he podido confirmar que no se hayan creado personajes a los que se ha emparentado con Santa Ayla de Todos los Santos. Crucemos los dedos.



Personalidad cambiante

Este apartado también está más centrado en los fanfics que en las historias originales, ya que afecta principalmente a los personajes del canon. En los fanfics basados en historias bastante conocidas por el gran público, los personajes originales sufrirán diversos cambios de personalidad que están destinados a adaptarse a un argumento que favorezca a la Mary Sue y a su participación dentro del relato. Por ejemplo, imaginad que vuestro personaje favorito de una saga literaria destaca por ser un chico de carácter fuerte, intenso e impulsivo, que no vacila en ayudar a sus amigos pero sin pensar en las consecuencias que eso pueda traerle; yo os aseguro que como aparezca una Mary Sue de por medio, el chico no solo templará su carácter sino que además aprenderá a contener sus emociones y a pensar las cosas con cabeza, hasta el punto de que decidirá regresar a la universidad para sacarse un doctorado en Esperanto mientras la Mary Sue resuelve las situaciones mucho mejor de lo que lo haría él.

Como ya he dicho, esta característica es más propia de los fanfics que de las historias originales, así que no es de extrañar que no podamos aplicársela a Ayla. Sin embargo, sí me gustaría hablar un poco de las personalidades de los personajes secundarios y terciarios de la historia, que al principio nos los anuncian de una manera y después resulta que no eran tan malos como nos los pintaban. Un ejemplo de lo que quiero decir con esto es el caso de Jondalar y los supuestos prejuicios que su gente (o sea, todos los cromañones del mundo) tiene en contra de los neandertales y de las personas que se han criado con ellos. Creo que lo entenderéis mejor así:


Ayla: Te amo, Jondalar.

Jondalar: Yo también te amo, Ayla. Pero el caso es que no sé si debería llevarte a conocer a los míos, pues creen que la gente con la que te has criado son animales. Y si además se enteran de que uno de ellos te montó como a una potra y aún encima has tenido un hijo mestizo, te van a rechazar y van a decir que eres una abominación, como hice yo cuando me lo contaste.

Ayla: Pero Jondalar, yo no puedo ocultar mi pasado.

Jondalar: Si yo te entiendo, Ayla, pero de verdad que te lo digo por tu bien. Si los nuestros se enteran de que te han criado los cabezas chatas, te tendrán asco y te repudiarán.


(Más tarde, en el poblado de los Mamutoi)

Ayla: Hola, me llamo Ayla y me han criado esos a los que llamáis cabezas chatas.

Mamutoi: Ah, pues vale. Ven, que queremos que seas una de los nuestros.


(Más tarde, en la tribu de los Sharamudoi)

Ayla: Hola, me llamo Ayla y los cabezas chatas me han entrenado para ser curandera.

Sharamudoi: Ah, pues qué bien. Como le has curado el brazo a la compañera del jefe, ese detallito es completamente irrelevante, a pesar de que nuestro jefe piensa que la gente que ha estado en contacto con ellos está contaminada y pensar otra cosa va en contra de todos nuestros principios étnicos y culturales.


(Más tarde, en la caverna de los Zelandonii)

Ayla: Hola, me llamo Ayla y Jondalar me ha dicho que sois unos racistas de mierda que me rechazarían en cuanto supieran que los cabezas chatas son mi familia.

Zelandonii: Ay, ay, ay, pero qué cosas tiene este Jondalar. ¡Si aquí todos somos mazo tolerantes! Es verdad que entre los nuestros hay algunos mestizos a los que llamamos abominaciones, pero eres tan guapa y maravillosa que contigo vamos a hacer la vista gorda.


¿Entendéis a qué me refiero? A través del personaje de Jondalar, Auel ha querido hacernos creer que pudo haber existido un choque racial y cultural entre ambas especies de humanos, lo que podría haber motivado graves conflictos entre ellos. De hecho, Jondalar representa la cultura de los cromañones; se ha criado con ellos, comprende todos sus ritos y ceremonias, ha crecido creyendo que el culto a la Madre Tierra es el único y verdadero, y le han enseñado a rechazar todo aquello que no forme parte de su gente. Y, por encima de todo, le han enseñado que las personas como Ayla, que se han criado con neandertales y han tenido hijos con ellos, están sucias y sus hijos son abominaciones. ¿¿Por qué entonces, en nombre de todos los dioses, Jondalar es el único intolerante de la saga?? ¿Por qué el resto del mundo acepta tan alegremente el pasado de Ayla, si va en contra de todos los principios que han mamado con la leche de sus madres? La única respuesta es que Auel cambió todo el pensamiento de una cultura para amoldarla a Ayla, para que siguiese siendo la chica perfecta y todo el mundo la quisiera. Por eso, a pesar de que hasta el momento todos pensaban que los niños mestizos eran monstruos, a partir de la aparición de Ayla su concepto de la vida cambiará rápidamente y lo aceptarán sin ningún problema.



¡Y hasta aquí por hoy! Este ha sido un post que ha mezclado dos de mis grandes pasiones: la literatura y el desahogo personal, y la verdad es que me he quedado bastante a gusto. ¿Y qué me decís de vosotros? ¿Habéis leído alguna novela en la que la protagonista era tan perfecta que os han entrado ganas de coger el libro y tirarlo por la ventana? ¿Conocéis a algún personaje al que le encajen estas características tan bien como a la dichosa Ayla?

¡Espero vuestros comentarios!