miércoles, 10 de febrero de 2021

El incidente del Paso Dyatlov


Antes de empezar a contaros esta historia, me gustaría hablaros de la Navaja de Ockham.

La Navaja de Ockham, también llamada Principio de Economía o de Parsimonia, es un principio metodológico y filosófico atribuido al fraile franciscano Guillermo de Ockham (1280-1349), según el cual se establece que "en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable". Esto quiere decir que, cuando se barajan dos o más teorías que en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser cierta que las más complejas. Por supuesto, este método no es infalible ni siempre se cumple, pero ayuda mucho a la hora de desechar hipótesis absurdas que carecen de sentido a la hora de explicar un crimen o un misterio.

Quizá si hace 60 años las autoridades soviéticas hubieran tenido en cuenta el principio de economía de Ockham, posiblemente el misterio del Paso Dyatlov, que se cobró las vidas de nueve excursionistas, hubiera sido muy diferente y no habría provocado tanta polémica.




El grupo de expedicionarios


En 1959, un grupo de diez estudiantes se reunieron en Ekaterimburgo para realizar una expedición por una de las rutas de montaña más complicadas de Rusia. Aunque todos ellos, salvo uno, tenían edades que rondaban entre los 20 y los 24 años, tenían bastante experiencia en viajes de larga duración en esquí y en expediciones de montaña. Al principio se suponía que iban a ser diez expedicionarios, pero Yuri Yudin tuvo que renunciar a ello por problemas de salud a última hora, por lo que el grupo quedó formado por los ocho estudiantes y el guía.

Ígor Dyatlov (23 años), líder del grupo, advirtió que probablemente tardarían más tiempo de lo esperado en completar la ruta que tenían programada. Se suponía que deberían llegar a Vizhai el 12 de febrero aproximadamente, y que Dyatlov mandaría un telegrama al club deportivo de su universidad para avisar de su llegada. Sin embargo, pasaron varios días sin tener noticias del grupo. Esto en principio no se consideró como motivo de alarma, ya que los retrasos eran frecuentes en este tipo de expediciones. Pero al ver que seguían sin saber nada de los estudiantes, los familiares obligaron a las autoridades de la universidad a organizar un equipo de rescate en el que participaron también la policía y las fuerzas del ejército. El 26 de febrero dieron por fin con los restos del campamento de los expedicionarios, pero la escena que tenían delante era tan extraña que les costó entender qué había ocurrido allí.

La tienda de campaña estaba semihundida en la nieve, con varios cortes y desmantelada por completo. Ninguno de los miembros del grupo estaba dentro, pero sí la mayoría de sus pertenencias: ropa, cámaras de fotos, algo de comida, algunas herramientas... Cuando los investigadores tuvieron tiempo de inspeccionar la tienda, se dieron cuenta de que presentaba numerosos cortes en vertical y en horizontal, y todos ellos se habían hecho desde el interior de la tienda. Es decir, que la hipótesis de que habían sido atacados por un animal salvaje o un enemigo exterior estaba descartada, pues todo daba a entender que había ocurrido algo en el interior que les había hecho salir a toda prisa. Sin embargo, asombra el hecho de que se encontrara una chaqueta fuera de la tienda enganchada en un piolet, más si tenemos en cuenta que la temperatura en el exterior debía rondar los 25º bajo cero.



La tienda de campaña


Lo más extraño vino cuando los rescatistas encontraron a los miembros del grupo no muy lejos del campamento. Por suerte, la nieve había dejado unas huellas muy marcadas y así supieron que los nueve expedicionarios bajaron la cuesta en fila y se dirigieron a un bosque cercano. Allí, bajo una capa de 15 centímetros de nieve encontraron a Yuri Doroshenko (21 años) y Yuri Krivonischenko (23 años). Estaban cerca de un árbol con ramas rotas y caídas por todos lados, descalzos, vestidos solo con su ropa interior y tumbados boca arriba. Junto a ellos había restos de una hoguera que seguramente encendieron para entrar en calor. Tenían abrasiones en la cara, en las manos y en los antebrazos, que podrían haber sido causadas por dos motivos: por quemarse al acercarse a la hoguera y/o por tratar de trepar a los árboles cercanos, posiblemente para conseguir más ramas o tratar de avistar dónde estaba la tienda de campaña.

Ese mismo día, los rescatadores encontraron tres cadáveres más: el del líder Ígor Dyatlov, el de Rustem Slobodin (23 años) y el de Zinaida Kolmogorova (22 años). Fueron hallados a medio camino de la tienda de campaña. Por la posición de los cadáveres, se dedujo que una vez llegaron al bosque, trataron de regresar a la tienda, pero fueron cayendo uno tras otro. A diferencia de los Yuris, estos tres expedicionarios estaban mejor vestidos, pero llamó la atención el hecho de que estuvieran casi descalzos. Tenían por delante un recorrido de un kilómetro y medio hasta llegar a la tienda, con la dificultad añadida del frío insoportable de aquella noche, el agotamiento físico y el hecho de que el camino fuese cuesta arriba. De los tres que emprendieron el camino, Kolmogorova fue la que más aguantó, llegando casi hasta la mitad.

En cuanto a los cuatro expedicionarios restantes, no fueron hallados hasta tres meses después. Fueron encontrados sepultados bajo cuatro metros de nieve, en el arroyo de un barranco en el interior del bosque, a unos 75 metros de donde se encontraban los Yuris. La escena que contemplaron los rescatadores fue, sin duda, la más extraña y dantesca de todas. Al parecer, los expedicionarios habían cavado una fosa a modo de refugio, pero había bastantes diferencias con lo que les había ocurrido a sus compañeros. Lyudmila Dubinina (20 años) fue hallada de rodillas con el pecho apoyado sobre la roca; le faltaban los dos ojos y la lengua. Semyon Zolotariov (38 años) fue encontrado en el barranco, también con las cuencas vacías. Los cuerpos de Aleksandr Kolevatov (24 años) y Nikolai Thibeaux-Brignolles (23 años) fueron encontrados juntos, uno abrazando la espalda del otro. La autopsia reveló que tres de ellos habían muerto por diversas fracturas, dos de ellos en el pecho y uno en la cabeza, golpes que habrían provocado hemorragias internas, condenándoles a una muerte segura al cabo de un lapso de tiempo entre 20 minutos y dos horas. Además, se encontraron trazas de radioactividad en algunas de las ropas de este grupo, sin que se pudiera llegar a una explicación convincente.



Algunos de los cadáveres hallados


Los investigadores tenían entre sus manos todo lo que pudo encontrarse. Las piezas del rompecabezas estaban ahí pero, por algún motivo, no se llegó a un acuerdo definitivo acerca de lo que pudo haber causado la muerte de los jóvenes expedicionarios. La investigación concluyó en que "una fuerza desconocida e insuperable" había causado las muertes, lo que provocó que alrededor del caso surgieran un sinfín de hipótesis y teorías de la conspiración que apuntaron directo al gobierno de la URSS. Gran parte de la culpa de que el caso se hiciera tan polémico fue la nefasta labor de investigación que se llevó a cabo. A pesar de que se dijo que los jóvenes tenían mucha experiencia en rutas de montaña, lo cierto es que su juventud descarta esa posibilidad. Probablemente habían hecho unas cuantas rutas, y parece obvio que sabían lo que hacían, pero no tenían una experiencia dilatada. Además, Ígor Dyatlov se desvió de la ruta prefijada de antemano para acampar en la ladera de la montaña, aun a sabiendas de que corrían un gran peligro de avalancha.

Entre las muchas teorías que se barajaron, está la que apunta a la maldición de los espíritus de la montaña Jólat Siajl, que se tradujo por Montaña de la Muerte, nombre dado por los nativos Mansi en muchas de sus leyendas. Pero esta teoría se viene abajo cuando descubrimos que la traducción real del nombre es Montaña Muerta, pues hace referencia a los pocos animales que se encuentran allí para cazar, y no a una supuesta maldición de los espíritus por perturbar la montaña.

Otra de las teorías propuestas para explicar lo ocurrido fue la del yeti ruso. En el año 2014, el canal Discovery Channel emitió un documental en el que sugiere que los exploradores pudieron haber sido atacados por un yeti. Dado que no se encontraron otras huellas que no fueran las de los exploradores y ante la falta de pruebas de la existencia de esta criatura, esta hipótesis carece de todo rigor, por lo que pronto fue eliminada.

De la mano del yeti viene también la propuesta de que pudieron haber intervenido los extraterrestres. Un grupo de excursionistas cerca del lugar de la muerte de Dyatlov y los demás declaró haber visto orbes anaranjados en el cielo, lo que les hizo especular acerca de la posibilidad de que los aliens hubieran causado las muertes de los expedicionarios. Por increíble que parezca, esta teoría sonó con bastante fuerza, pero queda eliminada si nos ponemos a pensar un poco. No era tan raro ver luces en el cielo nocturno en 1959, sobre todo si tenemos en cuenta que la URSS estaba en plena carrera espacial. Sin embargo, está también el tema de la radiación en las ropas de algunos de ellos. ¿Cómo se explica eso? La radiación se encontró en prendas que pertenecían a Krivonischenko, quien hacía dos años tuvo que hacer trabajos de limpieza tras un accidente en una central nuclear; posiblemente, quizá debido a una mala limpieza de las prendas, contaminó la ropa de otros de sus compañeros.



El viaje eterno


También se barajó la posibilidad de que los Mansi atacaran a los excursionistas por atreverse a pisar su lugar sagrado. Una vez más, está el problema de las huellas, pues no se encontraron otras marcas que no fuesen las de los excursionistas. Además, los Mansi ni siquiera consideraban sagrada aquella montaña. Acompaña a esta teoría otra que dice que los excursionistas pudieron haber sido asesinados tras haber sido confundidos por unos fugados de un gulag cercano, pero volvemos a lo mismo: no había más huellas que las de los miembros del grupo. Además, la mayoría de los expedicionarios murió de hipotermia y no se hallaron pruebas de que hubiera habido una pelea.

Otra teoría es la de una posible intoxicación. Se barajó la posibilidad de que los miembros del grupo hubieran consumido setas alucinógenas, posiblemente halladas en el camino, pero esto también resulta raro. Tenían comida de sobra y no necesitaban recurrir a la recolección de plantas de dudosa procedencia para alimentarse. Que uno o dos hubieran consumido las setas podría entenderse, pero no todos a la vez; no tiene mucho sentido. Lo que sí tendría más sentido es que se hubiesen intoxicado accidentalmente por los humos de la estufa que había en la tienda, ya que todos estaban dentro y pudieron haber aspirado el mismo humo. Explicaría además que, en medio de la desesperación por escapar, hubieran hecho los cortes en la tienda y hubieran salido a toda prisa. Pero, una vez más, la teoría cae por su propio peso cuando se descubrió que aquella noche no habían instalado la estufa.

La teoría más plausible es la de la avalancha. Escucharon algo durante la noche y huyeron a toda prisa, pero resulta que no había señales de que hubiera habido un alud. La tienda tendría que haber quedado completamente enterrada y no habría ni una sola huella de los expedicionarios. No obstante, no descartaremos esta teoría; más adelante veremos por qué.



¿El yeti ruso?


Otra teoría que sonó con bastante fuerza fue la de las pruebas militares encubiertas. No es tan descabellado como pudiera parecer. En aquel tiempo, en plena Guerra Fría con Estados Unidos, la URSS continuó haciendo experimentos y pruebas militares a pesar del hecho de haber firmado un tratado en el que se veía obligada a reducir el número de estas pruebas. Entrarían en este campo el lanzamiento de cohetes secretos, pruebas de armas con radiación o el uso de minas lanzadas con paracaídas. Si algo salía mal, lo único que tendría que hacer el Gobierno era decir que fue un accidente y ocultar las pruebas. Explicaría la radiación en las ropas de los expedicionarios y las luces en el cielo, ya que se habrían avistado en una zona donde los militares hacían experimentos. Además, resulta curioso que los superiores del principal investigador de esta teoría le ordenaran descartar el incidente militar. No obstante, el hecho de que nadie más contase esta historia y la falta de pruebas obligan a rechazar esta teoría.

Por último, está la paradoja de la hipotermia. De acuerdo a muchos estudios, en diversos casos de hipotermia el frío puede producir un sesgo cognitivo en el afectado, de tal forma que éste siente un irrefrenable deseo por desvestirse debido a una falsa sensación de calor extremo. En otras palabras, el frío y la desorientación le hacen sentir tanto calor que empieza a desnudarse para tratar de equilibrar la temperatura corporal. Es exactamente lo que ocurre con los expedicionarios, pues no olvidemos que salieron al exterior con temperaturas bajísimas, sin apenas llevar ropa encima. Pero, una vez más, hay un detalle importante que anula la teoría, y es que para que esto fuese posible, todos los miembros del grupo tendrían que haber alcanzado la última fase de la hipotermia al mismo tiempo, lo cual es demasiado inusual. Además, el hecho de que hicieran una hoguera y trataran de abrigarse poniéndose la ropa de los demás indica claramente que no estaban sufriendo esa paradoja.

¿Cuál es entonces la versión más realista? Teniendo ya todas las pistas a mano, veamos cómo pudieron haber sucedido las cosas.

Estaba anocheciendo y los expedicionarios estaban cansados después de un largo día de caminata. Se desviaron de la ruta para acampar en una pendiente. Cavaron un poco y montaron la tienda con la intención de pasar allí la noche y continuar la ruta al día siguiente. En medio de la noche, Nikolai se puso las botas y un abrigo por encima y salió de la tienda, posiblemente para hacer sus necesidades (lo que explica que fuese el único que estaba mejor calzado que los demás), quitándose el abrigo por un momento y dejándolo sobre un piolet quizás por comodidad. En ese momento, sus pisadas pudieron haber hecho que una masa de nieve, ya frágil debido a la excavación anterior para poner la tienda, se moviese un poco. Esto pudo haberle dado la impresión de que estaba comenzando una avalancha, por lo que corrió hacia la tienda para advertir a los demás. Sin tiempo para vestirse, cogieron sus cuchillos y salieron de la tienda lo más rápido que pudieron y dirigieron sus pasos cuesta abajo en dirección al bosque. Allí podrían conseguir ramas para hacer una hoguera, tal como sucedió.

Lo que no podían saber es que el deslizamiento de nieve había sido muy leve y no había llegado a convertirse en avalancha. Caminaron a lo largo de un kilómetro y medio bajo unas temperaturas de 25º bajo cero, sin apenas ropa ni calzado; a alguno se le ocurrió dejar encendida una linterna con la esperanza de que les ayudara a encontrar la tienda bajo la nieve, pero no les sirvió de nada. A pesar de haber conseguido llegar al bosque, estaban muy mal. El ansia de buscar calor hizo que algunos se quemaran con las llamas. Los dos Yuri fueron los primeros en morir de hipotermia, y sus compañeros se apresuraron a quitarles la ropa para cubrirse ellos, pues la necesidad de sentir calor apremiaba; algunos incluso se envolvieron los pies con telas, ya que era la parte del cuerpo que más había sufrido tras la caminata sobre la nieve.

Ante esta situación, se hizo necesario un nuevo plan. Se dividieron en dos equipos: un grupo trataría de regresar a la tienda para buscar más ropa y los sacos de dormir, y el otro grupo excavaría un refugio para pasar la noche. Del primer equipo sabemos cuál fue su suerte: no aguantaron hasta llegar a la tienda. Fueron cayendo uno tras otro, víctimas de la hipotermia. En cuanto al segundo equipo, las cosas no les fueron mejor. La mala suerte hizo que cavaran el refugio en un hueco vacío por el que cayeron, sufriendo fuertes fracturas que resultaron fatales. Zolotariov apenas tuvo fuerzas para sacar un cuaderno y un lápiz, tal vez con la intención de explicar lo que había pasado, pero no pudo escribir ni una sola palabra. Meses después, el deshielo provocó que se formara un riachuelo que dejó al descubierto algunas partes de los cuerpos, lo que facilitó la descomposición y permitió que algunas alimañas se alimentaran con sus ojos y la lengua de Dubinina. En cuanto a las luces en el cielo, pudieron haberse visto, pero no habrían sido responsables de la tragedia.




Y este es el final de una de las expediciones más trágicas de las que se tiene conocimiento. El caso se cerró tras el enterramiento de los expedicionarios. Tras el hallazgo de los cuerpos, se prohibió la circulación por el paso durante más de tres años por las autoridades soviéticas y los detalles del caso se mantuvieron en secreto hasta la caída de la URSS.