viernes, 24 de julio de 2015

Juguetes rotos


Shirley Temple dejó de creer en la Navidad el día que su madre la llevó a un centro comercial a ver a Papá Noel… y éste le pidió un autógrafo. Esta anécdota parece banal, pero es muy significativa, porque a los niños prodigio les hurtan el candor, les arrebatan la inocencia y los introducen en una espiral de consumismo, intereses y tiranías que les marcan de por vida.

La trayectoria de un niño actor no suele ser muy larga, aunque en principio nadie tenga dudas acerca de su talento interpretativo ante las cámaras. Lo que gusta de los niños actores es precisamente eso, que son niños. Criaturas de ojos grandes y mirada pura, de sonrisas sinceras a las que les faltan algunos dientes de leche, de bucles dorados, rostros pecosos y voces agudas que nos hacen sonreír. Hollywood se ha valido durante muchos años de estas jóvenes estrellas para hacer películas que fueron auténticos éxitos en taquilla, que dieron lugar a más películas, a anuncios publicitarios y a todo tipo de merchandising basándose en la cara y el nombre del niño del momento.

Sin embargo, a mí me parece que esos niños actores han perdido algo muy valioso. Han sido moldeados desde su más tierna infancia para adaptarse a los gustos de una moda determinada con el fin de agradar a un público hambriento de cine. Han madurado demasiado deprisa para poder integrarse en un mundo de adultos. Han de vivir con la eterna disfunción de haber visto, sabido y experimentado demasiado pronto. Son muy pocos los que han salido adelante sin apenas secuelas; otros han pagado con sus propias vidas el precio de la fama, convertidos en muñecos parlantes, en juguetes rotos que ya nadie quiere y que yacen en un rincón, olvidados.

En esta pequeña lista voy a hablaros de algunos actores que en su día fueron niños prodigio, auténticos bombazos en cartelera, dueños de obscenas cantidades de dinero que sus padres controlaron y, en ocasiones, dilapidaron. Niños que ya conocían el drama del alcoholismo y las drogas antes de cumplir los quince años. Como he dicho, algunos han conseguido salir adelante y labrarse una carrera más o menos exitosa. Otros, menos afortunados, se han perdido para siempre y no nos queda más que su recuerdo.




14) Brooke Shields




Aunque ahora es una estrella menor de la televisión, Brooke Shields fue una de las actrices adolescentes más famosas de Estados Unidos. Inició su carrera en el mundo del cine a los 11 años, cuando fue elegida para ser la protagonista de la película de Louis Malle La Pequeña, en la que interpretaba a una prostituta infantil. Sin embargo, el papel que la catapultó a la fama fue el de Emmeline en la película El Lago Azul, que la convirtió en un icono sexual en los 80 a la temprana edad de 14 años.

Lo que pocos saben es que la infancia de Brooke fue completamente tiranizada por su madre, Teri Shields. Desde los cinco años, Teri arrastró a la niña de casting en casting y la obligó a tomar clases de interpretación, ballet, piano e hípica. Todo para convertirla en una estrella, aunque Brooke no quisiera. Su exigencia y narcisismo habrían de calar muy hondo en la actriz. Cuando Brooke dio a luz a su hija, sufrió una terrible depresión postparto. Tuvo sentimientos suicidas y se vio incapaz de responder a las necesidades de la niña. No sentía nada por su hija, como si no fuera capaz de amar. Por fortuna, hoy en día ha superado ese trauma y tiene un moderado éxito como actriz en algunas series de televisión.



13) Jake Lloyd




Aunque ahora vive retirado de los focos y las cámaras, este actor llamó mucho la atención en su día cuando fue elegido a los 10 años para dar vida al jovencísimo Anakin Skywalker en la película de George Lucas Star Wars Episodio I: La Amenaza Fantasma. La película fue un sonoro fracaso y una gran decepción para los fans de la famosa franquicia, y gran parte de esa decepción recayó en la figura de Lloyd, a quien se acusó de no haber estado a la altura de su personaje.

El calvario de Jake Lloyd no tuvo nada que ver con el alcohol y las drogas, sino con el maltrato escolar. Debido a su repentina popularidad, el actor fue repetidamente acosado por sus compañeros de instituto, que se reían de él imitando el sonido del sable láser cada vez que le veían. Además, fue incapaz de aguantar la presión de soportar las obligaciones que requerían las promociones de las películas: viajes, entrevistas, etc. El propio Lloyd declaró que había llegado a conceder sesenta entrevistas en un día; demasiado para un niño tan pequeño. En un arranque de desesperación, destruyó todos sus recuerdos de Star Wars, y desde entonces se niega incluso a ver las películas porque para él es una experiencia muy desagradable.



12) Drew Barrymore




Aunque ya provenía de una prestigiosa familia de actores consagrados, la también actriz Drew Barrymore se hizo mundialmente famosa con sólo siete años por su papel de Gertie en la película E.T. el Extraterrestre, de Steven Spielberg. Sin embargo, no supo digerir bien la enorme fama que alcanzó y se desvió por el mal camino. A los nueve años empezó a beber y a los trece ya era una drogadicta incontrolable. Cayó en una espiral de drogas y alcohol que la llevó a intentar suicidarse.

Por fortuna, su entorno familiar supo protegerla de sí misma. Fue ingresada en una clínica de desintoxicación y consiguió salir adelante. A partir de los años 90, tuvo una nueva oportunidad en el mundo del cine y su filmografía empezó a mejorar. Son también los años en los que empieza a hacer actos benéficos y solidarios, llegando a convertirse en Embajadora contra el Hambre de las Naciones Unidas. Fue famoso su paso por el programa de Oprah Winfrey, a quien le entregó un millón de dólares para el Programa de Alimentos de la ONU. Hoy en día es actriz, fotógrafa y modelo de éxito, además de hacer vida sana.



11) Marisol




Nacida como Pepa Flores en 1948, fue descubierta a los 12 años por el productor cinematográfico Manuel J. Goyanes, quien le dio su nombre artístico y la convirtió en protagonista de películas de gran éxito como Un rayo de luz (1960), Ha llegado un ángel (1961) o Marisol rumbo a Río (1963). En muy poco tiempo, Marisol se convirtió en un auténtico ídolo de masas y llegó a protagonizar una película por año, por las que cobraba mucho dinero. Todas las niñas de la España del desarrollismo la adoraban y querían ser como ella.

Pero Marisol sufrió en sus propias carnes el precio de la ambición de Goyanes. Siendo niña, para que llorara en determinadas escenas, la amenazaban con que nunca volvería a ver a sus padres. Cuando creció y empezó a desarrollar, la obligaron a vendarse el pecho para ocultar sus curvas y que siguiera pareciendo una niña. La presionaron para casarse con el hijo de Manuel Goyanes, a quien en realidad no amaba y del que se separó al cabo de unos años. Tras una accidentada carrera con una filmografía cada vez menos destacable, se retiró del mundo del espectáculo y recuperó su nombre original.

Pepa Flores vive alejada de las cámaras. No quiere ni oír hablar de Marisol.



10) Haley Joel Osment




Haley Joel Osment es otro de tantos actores infantiles que se hizo famoso por su aparición en una película de enorme éxito. El gran papel de Osment fue el que hizo en El Sexto Sentido, interpretando a un niño que poseía la capacidad de ver y hablar con los muertos. Y, por si fuera poco compartir pantalla con Bruce Willis, el año anterior pudimos ver a Haley dando vida al pequeño hijo de Tom Hanks en la película Forrest Gump. Pero su carrera, en vez de despegar, se hundió cada vez más.

Las películas en las que participaba proporcionaron a Haley pingües beneficios, pero ahí estaba precisamente el problema: Demasiado dinero a una edad muy temprana. Además, sus películas empezaron a ser cada vez más flojas, lo que le llevó a perder popularidad. El alcohol y las drogas tampoco le ayudaron mucho. En el año 2006, cuando contaba dieciocho años, tuvo un accidente de coche por el que fue arrestado y condenado por conducir borracho y drogado. Además, también fue detenido por posesión ilegal de marihuana. Entró en una clínica de desintoxicación y actualmente intenta reconducir su carrera, aunque con escaso éxito.



9) Macaulay Culkin




La película Solo en Casa catapultó a Macaulay Culkin al estrellato a la temprana edad de diez años. Ya entonces se dijo que aquel niño rubio de mirada traviesa se había convertido en el producto infantil más rentable de Hollywood, y fue explotado a conciencia. La fama le permitió seguir en primera línea unos cuantos años más con la secuela de Solo en Casa, pero tras esa película su carrera y su vida empezaron a ir cuesta abajo.

El gran lastre de Macaulay Culkin fue su propia familia. Sus padres vieron a su hijo como la gallina de los huevos de oro y entablaron fuertes disputas que terminaron en un divorcio y en un continuo tira y afloja en los juzgados por la custodia (y el dinero) del niño. Macaulay se metió en el mundo de las drogas y no tardaron en venir los escándalos. Se casó a los diecisiete años y se divorció enseguida. Fue amigo íntimo de Michael Jackson y frecuentaba a menudo el rancho de Neverland. Ahora, lejos de las páginas de sucesos, intenta relanzar su carrera como actor.



8) Mary Kate y Ashley Olsen




Las gemelas Olsen son las actrices infantiles más jóvenes de esta lista, ya que empezaron a triunfar a la edad de nueve meses compartiendo el papel de Michelle Tanner en la serie Padres Forzosos, que fue un gran éxito a principios de los años 90. Su desparpajo ante las cámaras no desapareció al crecer, y hasta protagonizaron la serie Cosas de Gemelas, en la que actuaban con sus propios nombres. Sin embargo, pronto empezaron los problemas.

Antes de ir a la universidad, Mary Kate tuvo que ser ingresada en una clínica por problemas de anorexia. Ashley, más centrada que su hermana, decidió que la interpretación no era lo suyo y se decantó por el mundo de la moda. Pero Mary Kate siguió dando más problemas. Era una habitual de las fiestas, donde siempre era fotografiada borracha. Sus problemas con el alcohol y las drogas hicieron que más de una vez se desmayara en mitad de la calle. Por suerte, parece que ha conseguido rehabilitarse y ahora ambas hermanas dirigen un imperio de la moda que las ha convertido en millonarias.



7) Lindsay Lohan




Si comparamos la tierna imagen de las gemelas Haley y Annie de Tú a Londres y yo a California con cualquier fotografía actual de Lindsay Lohan, muchos dirían que no pueden ser la misma persona. La pequeña Lindsay, que consiguió encandilar a todo el mundo con su doble papel en el remake de 1998, no tardó en desviarse de su rumbo y lanzarse a una vorágine de sexo, drogas y alcohol.

En el año 2007 fue detenida por conducir borracha y puesta en libertad condicional. Entre otras lindezas, su historial delictivo nos habla de violencia en clubes nocturnos, coches destrozados, robo de joyas y obstaculización del trabajo de la Policía. Uno de sus cumpleaños fue patrocinado por una famosa marca de vodka, y hace poco la actriz confesó haber sufrido un aborto durante su adolescencia. Ha entrado y salido muchas veces de las clínicas de desintoxicación, pero su comportamiento no mejora. Tampoco ayudan las amistades que frecuenta, pues es habitual verla con Paris Hilton y Britney Spears, bien conocidas por su actitud poco seria.



6) Tatum O’Neal




Uno de los grandes momentos de la gala de los premios Oscar se dio en 1974, cuando una jovencísima Tatum O’Neal recibía el galardón a la Mejor Actriz de Reparto por su participación en la película Luna de Papel. Tenía diez años. Fue su primer papel en el cine, el que la catapultó a la fama… y el que habría de hacerla caer en el infierno pocos años después.

La infancia de Tatum O’Neal fue terrible. Fue víctima de abusos sexuales por parte de un amigo de la familia y también sufrió maltrato psicológico por parte de su padre. Con doce años, fue novia adolescente de Michael Jackson. En los años 80 empezó su flirteo con las drogas, hasta que se convirtió en una adicta a dichas sustancias. Su adicción la llevó a perder la custodia de los tres hijos que tuvo con su ex marido, el tenista John McEnroe, con quien se había casado en 1986. Su último escándalo fue en el año 2008, cuando fue detenida por intentar comprar cocaína en plena calle de Nueva York.



5) Brad Renfro




Al igual que otros actores de la lista, Brad Renfro fue una de esas estrellas cuyo debut a temprana edad se vio como el inicio de una prometedora carrera cinematográfica. Le vimos por primera vez en el año 1994 en la película El Cliente, donde compartía protagonismo con Susan Sarandon y Tommy Lee Jones. Fue un éxito inmediato. El Hollywood Reporter le premió como nuevo artista juvenil y fue nominado por la revista People como una de las personas más importantes de menos de treinta años.

Pero la historia volvió a repetirse, por desgracia para Renfro. La última parte de su carrera se vio interrumpida debido a su constante abuso de sustancias ilegales y otros problemas personales. En 1998 recibió cargos por posesión de cocaína y marihuana, y en 2005 fue arrestado durante una redada  contra traficantes de drogas. El propio Renfro admitió ante un detective que consumía heroína y metadona. En el juicio, fue declarado culpable y sentenciado a tres años de reclusión en un centro de rehabilitación. Pero ningún tratamiento fue efectivo con él. Brad Renfro fue hallado muerto en su apartamento en el año 2008 de una sobredosis de heroína y morfina.



4) Jonathan Brandis




Jonathan Brandis comenzó su carrera como actor infantil en los años 80, pero fue en los 90 cuando alcanzó una gran popularidad por su papel en la serie SeaQuest DSV. Su atractivo rostro, su pelo rubio y sus llamativos ojos azules le convirtieron en un ídolo adolescente muy famoso.

Brandis debutó a los 6 años en el culebrón One Life to Live. Cinco años después, hizo una aparición en Atracción Fatal, y también fue actor invitado en otras series muy conocidas en la época. A los 14 años fue elegido para interpretar a Bastian en la segunda parte de La Historia Interminable. Ese mismo año consiguió el papel de Bill Denbrough en la miniserie It. Sin embargo, a partir de entonces, sus papeles empezaron a ser cada vez más mediocres, y eso cuando le surgía una oportunidad laboral. Todo eso le llevó a caer en una depresión que le condujo posteriormente al suicidio. El 11 de noviembre de 2003, un amigo llamó a la Policía informando de que Brandis se había ahorcado en su casa. Tenía 23 años.



3) River Phoenix




Al igual que Drew Barrymore, River Phoenix procedía de una familia que se dedicaba al mundo del cine. De hecho, los cinco hermanos Phoenix probaron suerte como en el mundo de la interpretación, aunque River fue el que más salió perdiendo. Se hizo mundialmente famoso por su papel del joven Indiana Jones en la película Indiana Jones y la Última Cruzada. Por entonces, tenía 19 años. Era muy guapo, llevaba una carrera más que aceptable, era un gran guitarrista y hasta se había labrado una reputación como defensor de los derechos de los animales.

Esta prometedora carrera se truncó abruptamente en 1993. River tenía programada una actuación con su grupo en el pub The Viper Room, propiedad del también actor Johnny Depp. Una mezcla letal de drogas que consumió entre canción y canción le provocó un shock, convulsiones y vómitos. Murió en plena calle de Hollywood, a la vista de su propio hermano y de cientos de personas, sin que los servicios médicos pudieran hacer nada por él.



2) Natalie Wood




La guapísima y talentosa Natalie Wood parecía destinada a convertirse en una nueva Shirley Temple cuando a los cinco años se convirtió en una estrella infantil con su aparición en la película Happy Land (1943). Pero, al contrario que Shirley Temple, Natalie Wood fue capaz de superar el cambio hacia otro tipo de papeles. En su haber se cuentan títulos como Rebelde sin causa, Centauros del desierto, West Side Story y Esplendor en la hierba, en las que encarnaba a personajes vulnerables. Más adelante, demostraría su capacidad para interpretar a personajes con impulsos y deseos sexuales complejos.

Lo tenía todo, pero eso se acabó a los 43 años. En 1981, Natalie Wood fue hallada muerta ahogada en circunstancias que todavía hoy siguen siendo un misterio. Al parecer, estaba celebrando una fiesta privada en su yate, fondeado en la bahía de Los Ángeles, cuando cayó al agua y se ahogó. No se sabe si se cayó del yate a consecuencia del alcohol y las drogas, o si fue empujada a propósito, e incluso se ha especulado la opción del suicidio.



1) Judy Garland




Judy Garland debutó muy pronto en el mundo del espectáculo. A los 30 meses de edad, actuaba con sus hermanas en un grupo de vodevil con el que recorrieron Estados Unidos entre 1927 y 1935. Su carrera cinematográfica empezó, sin embargo, cuando tenía 16 años, encarnando a la inolvidable Dorothy en El Mago de Oz (1939), película que la haría famosa y por la que ganó un Oscar especial.


Sin embargo, la película que le dio la fama también habría de ser la que la marcara para el resto de su vida. Durante el rodaje, como era demasiado mayor para hacer de Dorothy, fue obligada a llevar un corsé faja para disimular sus pechos y que diera la impresión de seguir siendo una niña. A partir de entonces, la actriz empezó a vivir demasiado intensamente. Se casó con el director Vincente Minnelli, de cuyo matrimonio saldría otra grande de la escena y la música, Liza Minnelli. Judy Garland nunca cayó en el olvido, pero entró en una dinámica de drogas y alcohol que acabó con ella. Fue hallada muerta de una sobredosis en los retretes públicos de una estación. Sólo tenía 47 años.


martes, 21 de julio de 2015

Partida y regreso: Historia de una gallega en Valencia


¡Hola a todos!

Pues ya estoy de vuelta de mis vacaciones. Este año he decidido tomarme unas buenas vacaciones en tierras valencianas. ¿Y por qué?, os preguntaréis. Pues porque allí viven algunas personas a las que les tenía mucho aprecio, pero a las que ahora quiero con toda mi alma, pues se han ganado a pulso un lugar en mi corazón. Así que pensé: ¿Por qué no ir allí a verles y, de paso, pasar unos días? Y eso fue lo que hice.

Ahora, recién llegada de mis vacaciones, os traigo la crónica detallada de mis aventuras en Valencia. ¡Con fotos!

Seguid leyendo y dejad que comparta con vosotros mi viaje. Esta es la historia de mi propia aventura inesperada, el relato de una partida y un regreso.



Día 1



Vista de Valencia


¡Empieza el viaje! La primera parte del trayecto ha sido la más fácil, pues sólo he tenido que tomar dos autobuses a Santiago; como siempre que quiero ir de visita a la capital. Pero esta vez ha habido una diferencia notable, y es que estaba más cansada que de costumbre. Llevaba tanto tiempo esperando este viaje que la noche anterior casi no pude dormir. ¡Y tampoco ayuda mucho el tener que levantarse a las seis de la mañana para coger el bus de las siete! Pero bueno, esas son las maravillas de los enlaces de los autobuses.

En Santiago todo estaba prácticamente tal y como lo había dejado la última vez. Tuve la oportunidad de estar con algunas de mis amigas y antiguas compañeras de carrera, con las que he podido ponerme al día y rememorar historias del pasado. Después de todo un día redescubriendo mi querida Compostela, tocaba cenar e irse a dormir. Aunque no he podido dormir gran cosa: Al día siguiente tenía que volver a madrugar para ir al aeropuerto de Lavacolla y tomar mi avión. Así que se puede decir que la jornada fue bastante intensiva y extenuante, pero no lo suficiente como para hacerme caer rendida.



Día 2



El Micalet


Aquí se puede decir que empezó el verdadero viaje. Al ser la primera vez que iba a viajar en avión, estaba muy nerviosa. Pero el avión iba a ser el menor de mis problemas, porque lo peor es el aeropuerto. Primero, he tenido problemas por no haber facturado mi maleta online; el resultado fue que me pegaron una clavada descomunal por facturar la maleta en el aeropuerto (ahora ya sé por qué gana Ryanair tanto dinero, ¬¬). Después tocaba pasar por mil tropecientos controles de seguridad, así que venga a quitarse collares, pendientes, pulseras, chaquetas… dejarlo todo en su bandejita correspondiente y luego volver a ponérselo todo. Bueno, por lo menos no me han cacheado… todavía.

Después venía lo que para mí es la peor parte: la espera. No me puedo resistir a rememorar la mítica canción de Tom Petty en la que decía the waiting is the hardest part, porque tiene toda la razón. Esperar con los nervios a flor de piel, el estómago casi vacío y con la perspectiva de subir a lo que viene a ser un autobús estrecho con alas, no resulta tranquilizador. Pero bueno, hay que pasar por el aro como todo el mundo y al final no fue tan duro como me esperaba.

Llegué a Valencia bien tempranito por la mañana. Ahora tocaba utilizar otro medio de transporte nuevo para mí: el metro. Menos mal que con el metro no hay mucha opción a error y no me he confundido. Tras bajarme en la estación de Ayora, me dispuse a buscar mi hotel. No estaba lejos, pero de haberme bajado en la parada anterior hubiera estado más cerca y no tendría que haber arrastrado ese armatroste de 15 kilos llamado maleta. Mi móvil me salvó la vida gracias al GPS que le he instalado, aunque a veces va tan lento que me desespera.

En el hotel pude dejar la maleta y descansar un poco, pero todavía no podía relajarme. Mi habitación no estaría lista hasta las dos de la tarde, así que tenía que entretenerme de alguna manera. Por eso decidí ir a dar un paseo por ahí, para conocer las calles de Valencia… a pleno sol y con una temperatura que rozaba los 39º. Pero así soy yo: esas menudencias no pueden conmigo. Armada con un abanico y una botella de agua, me eché a caminar y sólo me detuve para almorzar una ensalada, lo único que pude comer sin que me resultara pesado.

Más tarde, volví al hotel para ocupar mi habitación. ¡Y era una pasada! Cama grande, baño con hidromasaje, escritorio, televisión con unos cuarenta canales, neverita, aire acondicionado, conexión wifi… Y en el hotel también había piscina y sauna, aunque no he tenido la oportunidad de ir. El caso es que por fin podía deshacer la maleta y relajarme un poco. ¡Pues no, porque mis peripecias todavía no habían terminado! Resulta que perdí las llaves del candado de la maleta y no podía abrirla de otra manera. La había liado. ¿Qué podía hacer ahora? Pues recurrir a YouTube, naturalmente. Hacedme caso: Todas las respuestas de la vida están en YouTube. Busqué un vídeo en el que me enseñaban a abrir una maleta utilizando un bolígrafo, ¡y dio resultado! Así que al final todo acabó bien.

Hacia el final de la tarde llegó uno de los momentos más esperados para mí: ¡Conocer a Estelwen Ancálimë en persona! Estelwen, a quien quizá ya conozcáis de otros blogs como La luz de Valinor y Mi princesa y yo, me ha dado una calurosa bienvenida a su tierra (que también es bastante calurosa), y me ha presentado a su marido Tindomion y a su pequeña Ratoncita, una niñita preciosa que se enamoró de mí (o de mis collares, no estoy muy segura…) nada más verme. Este ha sido uno de los momentos más emocionantes de toda la semana porque, como soy muy tímida, no sabía cómo iba a ser el primer encuentro entre nosotras. Y no podría haber sido mejor, de verdad. Me he sentido arropada y querida en todo momento, y eso les honra mucho. Tras una deliciosa cena, volví a mi hotel y di por finalizado mi primer día en Valencia.



Día 3



En la Fuente del Turia


Después de una agotadora noche en la que me he visto obligada a subir la intensidad del aire acondicionado para no morirme de una lipotimia, empezó la verdadera inmersión en la cultura gastronómica valenciana. ¿Y qué mejor forma de hacerlo que con una señora paella como manda la ley? Pero no una paella como se hace en el resto de España; eso es, parafraseando a Estelwen, “arroz con cosas”. La auténtica paella valenciana no se parece a la que he estado comiendo toda mi vida, y hasta el sabor es completamente distinto. Me gusta probar cosas nuevas, y la verdad es que la paella valenciana me ha gustado mucho ^^*.

Después de comer, por la tarde, tuve la ocasión de conocer a otra persona muy querida para mí y que también resulta ser compañero historiador, administrador del blog Castillos en el Aire y comentarista habitual en esta Biblioteca: F. Escamilla, más conocido en los mundos de Filmaffinity como Ferdin. Gracias a él he podido vislumbrar parte del centro de Valencia, con sus iglesias, plazas, fuentes. Fue él quien me llevó a visitar las Torres dels Serrans, desde donde se tiene una magnífica vista de Valencia, contándome además algunas cosas sobre su historia que yo no sabía. Me he alegrado mucho de conocerle en persona, aunque creo que en algún momento al pobre le he desesperado por mi incapacidad para tomar decisiones cuando me planteaba dos opciones a elegir: Que si helado o paseo, que si ver una iglesia o ir a una plaza, que si ir a la derecha o a la izquierda… ¿Sabéis eso que dicen de que no se sabe si los gallegos subimos o bajamos? Pues en mi caso es cierto. En todo caso, a Ferdin le hacía gracia que no pudiera decidirme así que… ¡todos contentos!



Día 4



Sagunto


Uno de los mejores días de toda la semana, principalmente porque tocaba ir a visitar Sagunto, antigua colonia griega que más adelante pasaría a formar parte de Roma. Las ruinas del emplazamiento romano de Sagunto son una auténtica pasada; es como estar dentro de la propia Roma. En serio, si os gusta la Historia, os encantará estar en la antigua Sagunto y pasear entre esas piedras que tienen cientos de años. Fue muy divertido recorrer las antiguas casas y comentar con Tindomion para qué podrían haber sido utilizadas en el pasado (aunque él me da mil vueltas en ese aspecto, ya que yo soy bastante negada para la Historia Antigua). Eso sí, no todo lo de Sagunto me ha gustado. El antiguo teatro ha sido tan restaurado y modificado que parece hecho en el siglo XX. Es puro mármol y plástico, y no tiene nada que ver con su antiguo aspecto. Me dio mucha pena ver así el teatro pues, como historiadora, estoy a favor de que las cosas se conserven lo mejor posible, pero respetando su origen. Una lástima, la verdad.

De vuelta a Valencia city, nos fuimos al centro a comer en un restaurante japonés. ¡Y por primera vez en mi vida he probado el sushi! Tenía muchas ganas de hincarle el diente a este famosísimo plato japonés, y he de decir que no he quedado en absoluto decepcionada. En serio, está delicioso.

Después de comer, Estelwen y Tindomion me llevaron de ruta por el centro, pero para visitar lugares tan bonitos como la Estación del Norte o el Mercado de Colón. Aunque también hubo sitio para las frikadas, porque hemos ido a tres frikitiendas y a una de las librerías París-Valencia, en donde se pueden encontrar libros a precios muy bajos. Yo me he comprado uno que trata sobre las geishas por menos de 3 euros, con eso lo digo todo.

Por la noche cenamos y de postre nos comimos unas deliciosas trufas de chocolate que me hacen salivar de gusto cada vez que las recuerdo. Madre mía, qué ricas estaban…



Día 5



Jardines de Monforte


Este ha sido el día de los jardines, como me gusta rememorarlo. Por la mañana, como me levanté un poco tarde, decidí ir caminando hasta los jardines de Ayora, pues no estaban lejos de mi hotel. Son unos jardines típicos del siglo XIX o principios del XX, muy bonitos. Estaban bastante concurridos, pues parece que todo el mundo tuvo la feliz idea de ir a pasar allí toda la mañana. Aunque no me extraña, la verdad. El sitio es muy bonito.

Por la tarde, Estelwen y yo quedamos para ir a ver dos jardines más: los de Monforte y los del Real. Los jardines de Monforte sí que recuerdan más al siglo XIX. Son grandes, densos y muy bien cuidados. Hay estatuas de mármol por todas partes y, sobre todo, gatos. ¡Decenas de gatos por los jardines! ¡Ayy, me gustan tanto los gatitooos!

Los jardines del Real son inmensos pero completamente distintos a los de Monforte. Están más enfocados al paseo o a ir en bicicleta. Aunque no están nada mal y, además, tienen una gran jaula de pájaros a los que se les puede dar de comer.

Para rematar esa tarde, nada mejor que un buen helado de chocolate en la Chocolatería Valor. ¡Delicioso!



Día 6



Torres de Quart


Ay, ya queda menos de vacaciones… ¡Pero eso no iba a detener mi entusiasmo bajo ningún concepto! Ferdin y yo quedamos ese día para ir a comer unos montaditos, que nunca había probado (vale, matadme si queréis). Después de comer, dando un paseo, hemos llegado hasta el Museo de Bellas Artes, donde hay una colección de pintura sacra realmente impresionante. También vimos una pequeña exposición de Sorolla y una sala dedicada a Goya, con retratos muy interesantes (¡me encanta Goya! ^^*).

Después de una hora y pico en el museo, como tenía muchísima sed, nos fuimos a tomar un granizado a la Plaza de la Reina. Había tanta gente que nos costó un poco encontrar sitio, pero al final lo conseguimos. Fue un día muy agradable en todos los sentidos, ya que me lo he pasado muy bien. Eso sí, me dio mucha pena tener que despedirme de Ferdin. Le voy a echar mucho de menos… aunque siempre nos quedarán Facebook y el blog!

Por la noche, acepté la invitación de Estelwen y Tindomion para cenar con ellos. Y fue así como tuve la oportunidad de iniciarme en una partida de Zombicide, un juego de matar zombies que está muy entretenido. La partida se alargó un poco más de la cuenta, pero esas cosas pasan cuando uno se lo está pasando bien ^^*.



Día 7



La Albufera


Último día de vacaciones. ¡Qué rápido ha pasado la semana! Gran parte de la mañana he tenido que invertirla en preparar la maleta (y rezar para no pasarme de peso, ya que la había facturado por 15 kilos… y se acercaba peligrosamente a ese límite), pero a mediodía me fui con Estelwen y Tindomion a un pueblo cercano a Valencia llamado El Saler, donde hay un estrecho bosque en el que viven muchas especies de animales que están protegidas. Me ha hecho mucha gracia el ver que hay señales que avisan de que hay que tener cuidado con las mamás pato cuando deciden cruzar la carretera seguidas de sus patitos. Eso sí, al que se atreva a rozar a un solo animal de El Saler, multazo al canto. Y a mí me parece bien. Así todos tendrán más cuidado con los animales.

Después de comer una auténtica fideuá valenciana, me llevaron a ver la Albufera. Me dejó realmente impresionada, porque no imaginaba que sería tan grande. Y saber que parte de esa localización fue la que Blasco Ibáñez describió en su magnífica obra Cañas y Barro me llenaba de una gran emoción, porque esa novela me gustó mucho cuando la leí. Casi podía imaginarme al Tío Paloma navegando por la Albufera con su pequeña barca, perchando con una fuerza impropia de sus años.

Y llegó el temido momento, el de la despedida. No me gustan las despedidas. Me provocan mucha tristeza. Intento aparentar normalidad, pero me duele en el alma despedirme de gente a la que le he cogido mucho cariño. Tanto es así, que cuando todos se fueron y yo me vi completamente sola, me eché a llorar como una tonta. Sé que es una tontería ponerse así, pero no puedo evitarlo. Lloré por tener que separarme de los tres: de Estelwen, de Tindomion, de Ferdin. Me daba mucha pena tener que dejarles, pero había que volver a casa y eso no podía cambiarse. Eso sí, hubo fuertes abrazos, besos cariñosos y la promesa de volver a vernos en el futuro.


Y sé que eso sucederá algún día. Con un poco de suerte, volveremos a vernos.


domingo, 5 de julio de 2015

¡Mis favoritos del verano!


¡Hola a todos!

¿Qué tal estáis? ¿Cómo os va? Supongo que soportando estoicamente los calores del verano. Y de eso precisamente es de lo que vamos a hablar hoy, del verano. Aunque Galicia se caracteriza por ser una tierra en la que, por lo general, el verano brilla por su ausencia, también tenemos nuestros momentos veraniegos. ¿Que no hace un calor abrasador? Ni falta que hace; si el fresquito se agradece mucho. ¿Que puede amanecer soleado y nublarse por la tarde? Pues no pasa nada, hombre. Pero me diréis: Ya, pero es que así no puedes ir a la playa. ¿Cómo que no? A la playa se va aunque sea con chaqueta y, pase lo que pase, el agua estará como el caldo.

¡Ah, el verano! ¡Cuánto lo esperamos y qué poquito dura! Sólo 90 días para disfrutar de la vida de una manera distinta a como lo haríamos el resto del año. Es época de fiestas, conciertos, ferias temáticas, festivales, vacaciones, caminatas por el campo, excursiones a la playa, comidas familiares, encuentros con amigos que viven lejos… Cierto que muchos todavía están trabajando y no pueden hacer todas las cosas que les gustaría, pero sin duda tendrán tiempo para ir una fiesta de pueblo o para sentarse en una terraza al anochecer y tomar algo fresquito en buena compañía.

La entrada de hoy va a tratar de mis favoritos del verano, de aquellos elementos sin los cuales yo no concibo un verano. Al tratarse de algo muy personal, puede que algunos de vosotros no compartáis mi punto de vista; incluso es posible que algunas de las cosas que voy a mencionar os extrañen un poco. Pero así soy yo y esta es mi selección.

He aquí mis favoritos del verano:



1) El florero de mi habitación




Pues empezamos bien. ¿Qué tendrá que ver un florero con el verano?, os preguntaréis. Dejadme que os lo explique, porque la cosa tiene su aquel. Resulta que hace algunos años, durante el Mercado Renacentista, encontré un puesto que vendía flores de madera perfumada. Entre los muchísimos colores que podías elegir, yo escogí dos ramilletes de seis flores cada una: un ramillete con flores azules y blancas, y otro ramillete con flores amarillas y verdes. ¿Por qué esos colores? Pues por frikismo puro y duro: Las flores azules y blancas me remiten a Lyanna Stark, por la nieve y el color de las rosas invernales; mientras que las flores verdes y amarillas nos llevan a pensar en el escudo de la familia Tyrell, una de mis favoritas de la saga de Canción de Hielo y Fuego. En el Dominio, los veranos son cálidos y apacibles, y esta es mi manera de rememorarlo todos los años. En cuanto llega el verano, cambio las flores del florero y mi habitación es un poco más alegre.



2) Leyendas de la Dragonlance Volumen I – El Templo de Istar




Otra cosa que, en principio, nadie relacionaría con el verano. ¿Estoy mezclando el tocino con la velocidad? Nada de eso. Este libro también tiene su conexión con el verano, al menos con el mío. Hace unos años, cuando cursaba el primer año de carrera, salí de un examen con el ansia consumista un poco elevada. Sin motivo aparente, me apetecía comprar un libro de fantasía. Me pasé por algunas librerías, pero no encontré ningún título que me llamara particularmente la atención. Entonces, al entrar en un kiosco, vi que tenían una novela de esas que se venden por entregas: Era El Templo de Istar, de la trilogía Leyendas de la Dragonlance. No sé muy bien por qué, pero al ver aquel libro solitario me entraron ganas de comprarlo, y eso fue lo que hice. Sin embargo, como tenía que estudiar no sacaba mucho tiempo para leerlo. Los únicos momentos que podía dedicarle al libro eran las horas muertas que pasaba en el autobús cada vez que iba y volvía a casa los fines de semana. Y fue prácticamente a finales de curso cuando me ventilé casi todo el libro, con el traqueteo del autobús y los rayos del sol cayendo sobre mí por estar sentada junto a la ventanilla. Lo terminé justamente el día que terminé el primer año de carrera. Una buena manera de darle la bienvenida al verano.


3) Mi bolsa de playa




Bueno, esto sí que ya tiene más que ver con el verano. Aunque la mayor parte del año esta bolsa está muy bien guardada en un armario, cuando llega el verano toca desempolvarla y presumir de ella. Y es que la bolsa lo vale, ¿no creéis? La compré hace tiempo en un bazar y se conserva como el primer día, pues no tiene ni un solo raspón. Por la parte de atrás es de color naranja vivo y por la parte delantera tiene ese precioso y colorido dibujo de una Gal, que fue lo que me animó a comprarla. Como ya sabéis, me encanta todo lo japonés y me parecía muy apropiado tener una bolsa de playa al estilo Gal. Pero, ahora que lo pienso, no sé si la bolsa se puede considerar japonesa, ya que la compré en un bazar chino… Aunque me gusta todo lo que viene del país del sol naciente, reconozco que mis conocimientos sobre la escritura nipona son más bien escasos. Así que, si alguien entiende lo que pone en la bolsa, o por lo menos sabe distinguir si es chino o japonés, le agradecería mucho que me lo dijera.


4) Fresas, cerezas y girasoles




El verano es la época de los colores vivos y los sabores fuertes. Una cosa que me gusta mucho hacer en verano es pegarle un mordisco a una gran fresa y sentir ese sabor entre dulce y ácido tan característico. Un poco menos dulce, pero no por ello menos deliciosa, es la fresa salvaje que crece en los campos: Pequeña como un guisante (o más pequeña todavía), destaca por su colorido y por su intenso sabor. El polo opuesto lo representan las cerezas, de sabor más dulce y agradable al paladar. Un cuenco lleno de cerezas es la merienda perfecta después de una tarde calurosa o al volver de la playa. En cuanto a los girasoles… pues no es que se hayan colado en el apartado de mis frutas favoritas. Están aquí porque son las flores del verano que más me gustan, porque me encantaría rodearme de girasoles o correr entre ellos todo el tiempo. Son la imagen viva del verano. Grandes y amarillos como el sol. ¡Si es que ya lo dice la propia palabra! ¡Es ver un girasol y gritar la palabra “verano” a grito pelado!


5) Helado de nubes




Descubrimiento reciente el de este delicioso helado de color azul salpicado de nubecillas blancas y rosas, y que sabe a chicle Boomer que tira para atrás. Hace un par de años llegó a las heladerías de mi ciudad con cierta timidez, como si temiera no encajar entre esos grandes sabores que son el limón, la fresa, el kiwi y el chocolate. Pero ahora no hay heladería que no tenga una tarrina de este riquísimo helado de sabor dulce y azucarado. Aunque puede que no refresque tanto como otros sabores más intensos o como un buen granizado, es una merienda estupenda mientras das un paseo por la sombra y te entra hambre. Recomiendo comerlo de cucurucho o, si preferís la tarrina pequeña, con un triángulo de galleta.


6) Bob Marley




Este icono de la música reggae no necesita presentación alguna, y tampoco su música inmortal, que nos trae ecos de Jamaica, del cálido Caribe. Aunque el reggae no es precisamente el estilo de música que yo elegiría en primer lugar, sí tengo que reconocer que es una música buena y, sobre todo, que pega muy bien con el verano. En mi caso, no hay verano en el que el gran Bob Marley no amenice mis viajes a la playa. Todos y cada uno de los días que voy con mi mejor amiga a la playa, tenemos que poner música de Bob Marley. Así, canciones como Jamming, Three Little Birds y Is this Love han contribuido a alegrar un poco más mis veranos. Otro tanto podría decirse de los grandes éxitos de Boney M o de otras canciones que inspiran nostalgia al sonar en el interior de un coche, pero de todos ellos es Bob Marley quien se lleva la palma. No puede haber verano sin su música, y punto.


7) Mis vestidos veraniegos




¡El calorcito ha llegado y es hora de hacer el cambio de armario! Dos veces al año hay que hacer mudanzas en mi habitación. Hay que guardar la ropa de invierno y sacar la de verano (aunque siempre dejo alguna chaquetilla por ahí, no vaya a ser que refresque). Mis mejores vestidos vuelven a salir a la luz y a mí se me iluminan los ojos, porque son los que más me gustan de todo el año. Tan frescos, tan ligeros, tan monos... Son una explosión de colorido en mi armario. Pero, ¡ay! Este tipo de ropa es como las fresas o las cerezas: Dura muy poco. Acostumbrados como estamos a los veranos de diez días, tenemos muy poco tiempo para disfrutar de la ropa veraniega. Es una pena, la verdad…


8) Un viaje




Aunque este será el primer año que tome unas vacaciones en el sentido más estricto de la palabra, eso no quiere decir que no haya hecho algún viajecito de ocio a alguna parte. La gente suele pensar que irse de vacaciones implica tener que coger el avión e irse a otro país, pero no tiene por qué ser así necesariamente. Para mí, un fin de semana de agosto en Santiago de Compostela o en Vigo es tener unas vacaciones. Cortitas, sí, pero vacaciones al fin y al cabo. Y sobre todo cuando se está en la mejor compañía del mundo, como unas amigas divertidas y muy queridas. Además, a veces es bueno ver otros rincones de la geografía española (más bien gallega en mi caso), porque hay lugares que son dignos de ver de los cuales la gente habla muy poco. Por mi parte, me declaro fan de esos rincones ocultos que suelen ser auténticas joyas del paisaje y la naturaleza.


9) La playa de Area




Es hora de volver a la infancia, a aquellos días en los que una niña llena de imaginación iba a la playa con su familia para pasar una tarde maravillosa junto al mar. La playa de Area es una de las playas más bonitas de la cornisa cantábrica, de aguas limpias, arena fina y apta para que todos puedan bañarse. Tiene además el privilegio de contar con sus propias leyendas, como la del Bicho de Area, un monstruo con cabeza de dragón, cuerpo de vaca y rabo de lagarto; o la de la villa de Estabañón, una aldea que quedó enterrada bajo la playa hace siglos y que tiene parte de verdad, ya que se han realizado excavaciones y se han encontrado los restos de lo que podría haber sido una factoría de procesado de pescado, construida en época romana pero también utilizada durante la Edad Media. Aunque probablemente esta villa fue abandonada y sus restos quedaron sepultados bajo la arena, no faltan historias que dicen que todo se debió a un castigo divino. Incluso se dice que a veces pueden oírse las campanas de la villa repicando a medianoche, aunque eso se lo dejo a los expertos en leyendas, ^^*


10) Fiestas everywhere




Cómo no, el verano es la época en la que las fiestas proliferan. La norma general es que todos tienen que divertirse, por lo que la oferta de fiestas es grande y variada. Tenemos fiestas patronales y, sobre todo, fiestas gastronómicas que son la excusa perfecta para saborear nuestra deliciosa comida. En el caso de que no nos gusten mucho este tipo de fiestas, tenemos las fiestas temáticas: el Mercado Renacentista, la Feria Medieval de Mondoñedo, la Fiesta Indiana de Ribadeo… y eso por esta zona, que en otras partes hay fiestas de este tipo más grandes y más conocidas, como puede ser la famosa Fiesta Vikinga de Catoira o el Arde Lucus de Lugo. Y si todo esto no os parece suficiente, también se celebran festivales musicales, siendo el más importante el Resurrection Fest, que se ha convertido en uno de los festivales de música metal y hardcore más importantes de España. Y vosotros, ¿cuál elegís?




¡Y hasta aquí hemos llegado por hoy! Espero que os haya gustado mi selección de favoritos para el verano. Como veis, son las pequeñas cosas las que hacen que la vida sea inolvidable. Un libro, una canción y un helado son la mejor manera de recordarnos que el verano está aquí y que tenemos derecho a disfrutarlo.