martes, 28 de marzo de 2023

Samantha Jones, la soltera sin complejos

 

Samantha Jones



Samantha Jones es una atractiva mujer de más de cuarenta años, dueña de una empresa de relaciones públicas y paradigma de la mujer completamente independiente, tanto a nivel económico como sentimental, pues no soporta las ataduras de ninguna clase. Dentro del grupo de amigas, es la más liberada y la que más disfruta del sexo sin compromiso.


Biografía

Es muy poco lo que se sabe de la juventud de Samantha. Lo que sí sabemos es que procede de una familia de clase trabajadora y que pasó parte de su adolescencia vendiendo barritas de chocolate en Dairy Queen para ganar algo de dinero. No suele hablar de su familia, pero en cierto momento se da a entender que podría tener al menos dos hermanos, ya que menciona que, a su edad, su madre ya tenía tres hijos y un marido borracho. Más adelante, Samantha cuenta que estuvo en algunas fiestas en Studio 54 durante su época de apogeo, lo que implica que ya vivía en Nueva York a mediados o a finales de los años setenta.

Samantha fue la primera amiga que conoció a Carrie alrededor del año 1986 ó 1987, mientras trabajaba en un bar como camarera. En una ocasión ha mencionado que abortó voluntariamente dos veces, una de ellas mientras estaba en la universidad. También fue la más joven de los cuatro personajes principales en perder la virginidad. Aunque nunca comenta la edad exacta que tenía cuando ocurrió esto, nos dice que mantuvo relaciones sexuales con un chico de trece años simplemente porque su casa tenía piscina, y da a entender que esta no fue su primera relación sexual.

Con el tiempo, la situación de Samantha cambió y prosperó, pues llegó a convertirse en la jefa de su propia empresa de relaciones públicas. Gana mucho dinero y lleva una vida de lujo en el Upper East Side, pero acaba mudándose a un caro apartamento en el Distrito de la Carne, situado al oeste de Manhattan. La mudanza sucedió a raíz de que uno de los visitantes nocturnos de Samantha dejó entrar a un atracador que atacó a una de sus vecinas, por lo que el resto de vecinos le exigieron que se marchara.

Durante años, se dedicó por completo a su carrera profesional y consiguió que su empresa de relaciones públicas se hiciese muy conocida. Llegó incluso a organizar eventos para su amiga Carrie cuando ésta empezó a ser reconocida como escritora. Hacia el final de la serie, se le detecta un cáncer de mama y tiene que recibir tratamiento de quimioterapia, tras el cual consigue recuperarse y salir adelante.

Samantha, al igual que Carrie, disfruta mucho saliendo de fiesta por las noches y adora estar en el centro de los grupos más selectos y sofisticados, y se indigna cuando no se le permite acceder a lugares exclusivos. Pasa gran parte de su tiempo libre cuidándose y mimándose en casa, ya sea con baños relajantes, haciéndose la depilación, aplicándose tratamientos faciales e incluso masturbándose con su amplia colección de vibradores. Alguna que otra vez ha fumado hierba y ha probado el éxtasis, pero no es consumidora habitual ni tiene problemas de drogadicción.


Personalidad

Si de algo podemos estar seguros respecto a Samantha Jones es que es la más franca, divertida y liberada de las cuatro amigas. Si Miranda ofrecía el punto feminista y Charlotte aportaba el toque conservador de las relaciones, Samantha nos muestra la versión más pura de la mujer totalmente liberada, y no solo respecto al sexo, sino a todos los aspectos de la vida. Soltera empedernida y sin el menor deseo de tener hijos, Samantha se dedica por completo a sí misma y no le rinde cuentas a nadie. Si acierta en sus decisiones, lo disfruta; si se equivoca, no responsabiliza a nadie de sus errores. Es dueña de su vida y, sobre todo, de su sexualidad. Por eso es la que tiene más relaciones sexuales de las cuatro amigas, y la que tiene más experiencias que contar. Apuesta por la equidad sexual y está completamente a favor de la liberación femenina. Ella misma no teme probarlo todo, motivo por el cuál se autodenomina ‘multisexual’.

La personalidad de Samantha, como cabe esperar, es abierta y directa. Pase lo que pase, ella siempre dice lo que piensa, y es tan franca que no le importa cómo se lo tomen los demás, así suene hiriente o grosero. Es una persona que siempre tiene algo que decir de casi todo, y lo suelta sin más, tal como se le viene a la boca. Por eso, cuando habla sobre sexo es considerada demasiado explícita, pues no se apega a las reglas sociales ni del buen gusto; esto se debe precisamente a ese rasgo tan abierto de su personalidad. No obstante, la falta de complejos de Samantha no se queda solo en el ámbito íntimo y personal, sino que lo extrapola a otros aspectos. Ella siempre dirá lo que piensa, pase lo que pase, y no permitirá que nadie la pisotee ni que hable a sus espaldas. Es la primera en confrontar a quien la reta, demostrando que en ella no tienen el menor efecto las sonrisitas falsas ni la gélida cortesía.

La seguridad en sí misma que tiene Samantha se puede ver en multitud de ocasiones a lo largo de la serie. Posee tal confianza en sus encantos personales que brilla con luz propia, a veces opacando a sus tres amigas. Es demandante, terca y autosuficiente. No tiene el menor interés en lo que la gente piense de ella y actúa siempre según su criterio o como le convenga. Tampoco se deja amedrentar por las habladurías ni permite que nadie le diga lo que debería hacer en su vida privada. Y, del mismo modo que no consiente que nadie la juzgue, ella no juzga a nadie. Es muy memorable ese momento en el que Carrie le confiesa que está teniendo un romance con Big a pesar de que ambos tienen pareja, y Samantha se limita a apoyarla sin darle un sermón sobre el buen comportamiento, puesto que ese no es su estilo.

En lo tocante a la amistad, hay que decir que Samantha es una de las mejores amigas que una mujer podría tener. Pase lo que pase, sea la situación que sea, Samantha siempre pondrá a sus amigas por delante de todo, y solo ante ellas muestra su lado más dulce y tierno. Puesto que cree firmemente que una mujer no necesita a un hombre para ser feliz, Samantha puede permitirse darle prioridad a sus amigas, a las que aconseja y defiende sin dudarlo, aunque el tema no sea de su agrado. Recordemos aquella vez en la que Charlotte se enfadó con Laney cuando se enteró de que quería ponerle a su futura hija el nombre que Charlotte había elegido para la suya; aunque a Samantha le repelen los niños y esos asuntos le parecen de lo más infantiles, no vaciló en defender a Charlotte.

Pero aunque Samantha siempre sabe qué decir, es buena consejera y es una gran amiga en la que se puede confiar, también adolece de cierto egoísmo, debido quizá a que no tiene a nadie que dependa de ella y solo se enfoca en sí misma y en sus necesidades. Samantha hace lo que quiere y cuando quiere, y su único objetivo es complacerse a sí misma, algo de lo que le gusta presumir con frecuencia. Valora mucho su profesión y gana bastante dinero, con el cual se puede permitir todo tipo de lujos y caprichos. También le da muchísima importancia a la imagen, a la que le dedica gran parte de su tiempo. Es presumida y vanidosa, y cree que no hay mujer más guapa y sexy que ella en todo Nueva York. Siempre viste de manera espectacular y luce ropa y joyas de grandes marcas, aunque invierte mucho más dinero en tratamientos antienvejecimiento, como infiltraciones de bótox, peelings faciales e incluso cirugía estética; de hecho, es en una consulta para una operación de aumento de pecho cuando se le descubre un cáncer de mama. A diferencia de lo que muchos piensen, a Samantha sí le da vergüenza envejecer, por lo menos durante gran parte de la serie. Es la mayor del grupo de amigas, a las que les saca mínimo diez años, pero nunca dice su edad e incluso le molesta que la consideren una cuarentona. Será más adelante, a medida que se va encontrado a sí misma, cuando por fin asuma su edad y se sienta orgullosa de ello.

Hemos dicho que Samantha puede ser una persona muy egoísta. Muchos ven este aspecto como algo positivo en ella, pero eso no es cierto, sobre todo si tenemos en cuenta que no teme hacer daño a otras personas solo por obtener lo que quiere. Sucede, por ejemplo, cuando se ofrece a recolectar alimentos para los pobres de una iglesia solo porque el monje que organiza la colecta le parece atractivo y se lo quiere llevar a la cama; al no conseguirlo, pierde todo interés en ayudar a los pobres. Otro tanto sucede con los problemas que la asaltan cada vez que se acuesta con hombres casados; a Samantha no le importa que detrás de su ligue haya una esposa dolida y humillada, puesto que ella solo piensa en su placer y considera que no hace nada que un hombre no haya hecho miles de veces. Samantha también muestra un alto sentido del derecho que no le corresponde, por mucho daño que otros le hayan hecho o muy fabulosa que se crea, como cuando llama a Richard, a quien ella dejó, y le dice que va a ocupar su casa en los Hamptons durante todo el fin de semana para dar una fiesta porque él le fue infiel en su día y cree que ella merece una compensación (y no olvidemos que se dedicó a empapelar el barrio donde vivía Richard con panfletos en los que lo acusaba de infiel, solo para humillarle).

En cuanto a sus relaciones sentimentales, es un poco complicado en el caso de Samantha, ya que su gran amor es el sexo, mucho sexo. Se ha acostado con todo tipo de hombres, cada uno más peculiar que el anterior, pero nunca les tiene cerca demasiado tiempo ni tampoco tiene el menor interés en seguir viéndoles, pues se aburre de ellos. Rara vez sale dos o tres veces con el mismo hombre, pero tiene algunas relaciones “serias” a lo largo de la serie.

Su primer gran amor fue James Goodwin, al que Samantha conoció en un bar de jazz. Inusualmente para ella, no tuvo relaciones sexuales con él de buenas a primeras, sino que sigue el ejemplo de Charlotte porque cree que es un hombre con el cuál podría incluso llegar a casarse. Y es que James se desvive por Samantha: la cuida, la trata con gran cariño y solo busca su bienestar. Después de confesar que está enamorada de él, ambos se acuestan juntos y así es como Samantha descubre que James está muy poco dotado, hasta el punto de que acaba frustrada porque no siente el menor placer físico con él. Aunque al principio trata de superarlo, Samantha acaba rompiendo con él durante una sesión de terapia de pareja, pues ya no puede ocultarlo más, a lo que James le responde airado que tal vez su vagina sea demasiado grande. En un episodio posterior, Samantha tiene la oportunidad de estar en la cama con un hombre que está demasiado dotado, pero al comprobar que es demasiado para ella, le ruega que no la penetre; más adelante, en ese mismo episodio, mientras las chicas cantan la canción The Way We Were, Samantha lloriquea diciendo que echa de menos a James.

Otra de las relaciones de Samantha, y tal vez la más curiosa e inesperada, fue la que mantuvo con María Diega Reyes, una artista que en esos momentos estaba exponiendo su obra en la galería donde trabajaba Charlotte. Entre las muchas cosas con las que Samantha ha experimentado están la bisexualidad y el lesbianismo. Cuando conoce a María, Samantha descubre que la atrae mucho, hasta el punto de que inicia una relación estable con ella, a pesar de la comprensible estupefacción de sus amigas. Al principio, Samantha no estaba demasiado interesada en tener una relación, pero como María no quería que fuesen solo amigas, Samantha se decidió y le dio una oportunidad. Con María, descubre muchas cosas sobre su propia feminidad y sexualidad, pero cuando el sexo empieza a escasear por la tendencia de María a hablar continuamente y expresar sentimientos, Samantha se siente frustrada y empieza a echar en falta sus encuentros con hombres. El pasado heterosexual de Samantha también afecta a la relación, pues María se siente incómoda con él, y esto al final acabará desgastando la relación hasta su total ruptura.

El siguiente en la lista fue Richard Wright, un magnate hotelero de quien Samantha, muy a su pesar, se enamora perdidamente. Richard se presenta como la versión masculina de Samantha: seguro de sí mismo, goza de mucho éxito profesional, le gusta acostarse con cualquier persona que le atraiga y no le interesan las relaciones. Samantha se comporta con Richard como una novia celosa y posesiva debido a que no sabe cómo gestionar sus sentimientos, y menos con un hombre que es como ella. Consigue que Richard le prometa que ambos tendrán una relación monógama, pero en cierto momento, y tras muchas sospechas, Samantha le descubre engañándola con otra chica. A pesar de darle una segunda oportunidad, Samantha toma la dura decisión de romper con Richard definitivamente cuando se da cuenta de que no confía en él y eso afecta a su estabilidad emocional. En la última temporada, se encuentra con Richard en una fiesta con su nuevo novio y se va con él para mantener relaciones sexuales, pero este encuentro no la complace en lo más mínimo y no vuelve a saber nada más de él.

Y por último está Smith Jerrod, un joven camarero de 28 años y aspirante a actor muy guapo al que Samantha en un principio ve como una aventura más. Con Smith practica un sexo salvaje y aventurero, algo fuera de lo común, que Samantha encuentra refrescante y excitante. No le gusta saber nada personal sobre él, como que es un alcohólico en recuperación, pero se da cuenta de que disfruta tanto de su tiempo con él que terminan siendo pareja. Al ver que tiene dificultades para abrirse camino en el mundo del modelaje y el cine, Samantha le echa una mano con su agencia de relaciones públicas. De hecho, es ella quien le pone el nombre artístico de Smith Jerrod, ya que su verdadero nombre era Jerry. A Samantha le encanta que Smith no se vea cohibido por su éxito profesional y, gracias a su ayuda, se convierte rápidamente en toda una celebridad y consigue un papel en una película de Gus Van Sant. El cariño sincero que Smith le profesa a Samantha tiene la mala fortuna de inquietarla, poco acostumbrada como está a ese tipo de muestras de afecto. El gran problema de Samantha con Smith es ella misma y la diferencia de edad, lo que la lleva a serle infiel con Richard. Es el propio Smith quien, sin forzarla ni recriminarle nada, deja que Samantha vuelva con él tras darse cuenta de su error y de que su amor por ella es sincero. El amor de Smith por Samantha es tan fuerte que incluso la acompaña y apoya a lo largo de toda su lucha contra el cáncer, rapándose él mismo su propio pelo y negándose a tener sexo con otras mujeres durante la pérdida de libido de Samantha por la quimioterapia, a pesar de que ella le anime a verse con otras. Para Samantha, Smith significa más que cualquier otro hombre que jamás haya conocido.

lunes, 13 de marzo de 2023

Charlotte York, la princesa de Park Avenue

 

Charlotte York



Charlotte York es una hermosa mujer de clase alta de treinta y un años. Empieza siendo marchante de arte, pero acaba dejando su trabajo soñado para dedicarse a ser madre y ama de casa. Es la más recatada de las cuatro amigas, y es la que ofrece el punto de vista más conservador y tradicional de las relaciones amorosas, pero también es la que conoce las mejores estrategias para conocer a hombres aptos para el matrimonio.


Biografía

Charlotte procede de una familia rica protestante de Connecticut. Sus padres son el doctor Stephen Foster York y Sandra Whitehead “Muffin” York. También tiene un hermano llamado Wesley al que le tiene un gran cariño, a pesar de que tienen caracteres muy diferentes. Desde niña, Charlotte fue educada para convertirse en una mujer elegante en todos los aspectos de su vida. Viste bien, le da mucha importancia a las apariencias y trata de ser una mujer deseable para aquellos hombres que le interesan, que son los que tienen un mayor poder adquisitivo.

Charlotte estudió en el Smith College, donde se licenció en Historia del Arte y obtuvo la especialidad en Finanzas. Durante su etapa universitaria, vivió en la Haven-Wesley House y fue miembro de los College Republicans y de la hermandad Kappa Kappa Gamma (aunque en la vida real, en el Smith College no hay hermandades). Como el Smith College se encuentra en Massachusetts, es posible que se trasladase allí para estudiar y después se mudara a Nueva York para trabajar. Conoció a Carrie en Nueva York en 1987, cuando las dos viajaban de madrugada en el metro y un borracho pervertido exhibió ante ellas sus partes íntimas.

A lo largo de la serie, se nos dice que Charlotte disfrutó de mucha fama social en su juventud, pues fue la reina del baile, animadora del equipo universitario, capitana de atletismo, modelo adolescente y amazona. En ocasiones se la describe como una WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant), identidad con la que se sentía cómoda hasta su conversión al judaísmo.

Al principio, Charlotte trabaja como marchante de arte en una galería del Soho. Adora su trabajo y sueña con tener su propia galería de arte en el futuro. Sin embargo, poco a poco empieza a cambiar de opinión y toma un camino más tradicional, que es el deseo de casarse, tener hijos y dedicarse por completo a su familia, algo que le acarreó las críticas de sus amigas, sobre todo de Miranda.

El otro gran sueño de Charlotte es encontrar a su príncipe azul, a su caballero de brillante armadura. Para ella, el amor es tanto un cuento de fantasía como un juego de estrategia en el que es vital seguir las reglas si una mujer quiere garantizarse al mejor partido. Al proceder de una familia acomodada, sus estándares son muy elevados y no está dispuesta a conformarse con cualquier cosa.

En cuanto a su vida personal, Charlotte disfruta haciendo magdalenas y decorando su casa, actividades que se le dan de maravilla. Suele salir a correr, jugar al tenis y es una fan apasionada de las películas de Elizabeth Taylor, a quien tiene como modelo a imitar.


Personalidad

Charlotte está considerada como la más anticuada de las cuatro amigas debido a su manera de pensar un tanto chapada a la antigua, por no decir arcaica. Ella es de las que cree en la teoría de que el amor verdadero lo puede todo y en la existencia de las almas gemelas. Esto le ha valido el apodo de “la Pollyanna de Park Avenue”, término acuñado por la propia Carrie. Su concepción de las relaciones de pareja es más sentimental que sexual; tiene unos ideales muy románticos acerca de lo que es la pareja, pero eso no quiere decir que desdeñe el sexo o le provoque repugnancia, sino todo lo contrario. Charlotte disfruta de una moderada vida sexual, aunque el hecho de probar cosas nuevas a veces la pone un poco nerviosa.

Para Charlotte, todo lo que respecta al amor, al sexo y a las citas tiene que regirse por unas reglas muy estrictas. Ella es de las que cree que para poder olvidarse de un ex es necesario que pase al menos la mitad de tiempo que se invirtió en la relación, tras lo cual una ya está preparada para salir con otros hombres. Presenta una actitud muy directa sobre las relaciones, viéndolas casi como una especie de partida de ajedrez en la que cada quien debe hacer los mejores movimientos. Charlotte nunca se acostará con un hombre antes de la tercera cita, ni le hará una felación si llevan saliendo menos de tres meses. Y así como ella se esfuerza por ser la mujer con la que cualquier hombre querría casarse, busca lo mismo en los hombres con quienes sale.

Al haber sido criada en una buena familia, Charlotte tiene unos estándares bastante altos para sus potenciales parejas. Quiere que su hombre perfecto sea guapo, bien educado, de familia distinguida, con un buen trabajo y abierto a la idea de casarse y formar una familia. Su idea de un matrimonio perfecto le viene desde la infancia, de cuando se sentaba a leer la revista Casa y Jardín llevando el collar de perlas de su madre, imaginándose que algún día sería una de esas amas de casa tan elegantes y felices al lado de sus maridos.

La personalidad tan romántica y optimista de Charlotte suele provocar sonrisas a sus amigas, más mundanas que ella. Sin embargo, a veces sienten envidia de Charlotte y admiración por su manera de ver el amor y la vida; de hecho, la propia Carrie le llega a dedicar su libro a Charlotte por esta misma razón. Además de optimista, Charlotte también es muy ansiosa. Preocupada como está por mostrar una imagen elegante y perfecta, a menudo se pone nerviosa cuando trata de asegurarse de que las cosas salgan bien. Suele chocar a menudo con Samantha porque ambas tienen maneras completamente diferentes de ver la vida y, aunque a veces se han faltado al respeto la una a la otra, siempre han sabido resolver sus diferencias. Tiene también un lado muy cariñoso y solidario, pues siempre está ahí para ayudar a sus amigas cuando la necesitan.

Su fuerte creencia en el romanticismo la ha llevado a cometer algunas locuras, como el no mantener relaciones sexuales con su prometido Trey hasta una noche antes de la boda, con consecuencias que no esperaba. También puede mostrarse muy agresiva cuando alguien hace daño a sus amigas, como sucedió cuando Big dejó a Carrie plantada en el altar o cuando un hombre insultó a Miranda llamándola ‘culo gordo’. A pesar de su apariencia frágil, Charlotte es muy fuerte y tiene un gran afán de superación.

Entre las parejas que ha tenido Charlotte, destacan principalmente dos: Trey y Harry. Charlotte conoció a Trey McDougal, un joven y apuesto cirujano cardíaco, de pura casualidad, cuando ella escapaba de una cita horrible y estuvo a punto de ser atropellada por el taxi en el que viajaba Trey; cuando Trey salió para socorrerla, el flechazo entre los dos fue inmediato. Para Charlotte, Trey es el candidato ideal para ser el marido perfecto, ya que reúne todas las condiciones que busca en un hombre. Trey desciende de una familia escocesa de rancio abolengo, y su madre Bunny actúa como la matriarca de la familia. El carácter dominante de Bunny choca con el de Charlotte, quien no está acostumbrada a tantas faltas de respeto y cortesía (Bunny llega a entrar en su apartamento a cualquier hora del día y sin pedir permiso), y esto a la larga le provoca bastantes preocupaciones. Pero los mayores problemas de Charlotte y Trey surgirán a raíz de su apresurado matrimonio. El primero es la impotencia sexual de Trey, provocada por su incapacidad de ver a Charlotte como pareja sexual. La falta de sexo entre ambos llevará a la primera separación de la pareja, que termina cuando Trey empieza a sentir deseo por Charlotte, trata sus problemas de impotencia y empiezan a tener sexo de manera regular. Nuevamente juntos, tratan de reiniciar su relación, pero Charlotte empieza a insistir en la idea de tener hijos. Al ver que llevan tiempo intentándolo y no consigue quedarse embarazada, se hace unos estudios y descubre que tiene problemas de fertilidad. Charlotte trata por todos los medios de tener un hijo, ya sea recurriendo a la fecundación in vitro o proponiéndole a Trey la adopción. Pero Trey, tras aceptar en un principio, se rinde ante las dificultades y renuncia a seguir intentándolo. Poco tiempo después, y tras darse cuenta de las enormes diferencias que hay entre ellos, Charlotte y Trey deciden divorciarse de mutuo acuerdo.

Y es durante los trámites de divorcio cuando Charlotte conoce a Harry Goldenblatt, que será su abogado durante el caso. Al principio, a Charlotte no le gusta nada de Harry, ya que es todo lo contrario a lo que le gusta en un hombre: es bajo, calvo, más bien feo, tiene la espalda peluda, suda mucho y come con la boca abierta. Sin embargo, acaba acostándose con él en un impulso, y con Harry disfruta del mejor sexo que ha tenido en su vida. Empiezan a verse de manera regular y, aunque Charlotte se empecina en que su relación sea de solo sexo, al final acaba enamorándose de Harry. Pero se interpone entre ambos su religión, ya que Harry es judío y no puede casarse ni formar una familia con alguien que no sea judío. Es entonces cuando Charlotte, por amor, se convierte al judaísmo. Sus ganas de querer controlarlo todo la llevan a arruinar su relación con Harry, al que llega a decirle, en un arrebato de ira, que le da vergüenza que la vean con él. Tras varias semanas separados, ambos vuelven a verse en un encuentro de solteros en una sinagoga y Charlotte admite ante él sus errores, le pide perdón y le suplica una segunda oportunidad. Harry se emociona tanto que le pide matrimonio allí mismo, y ella acepta. Charlotte y Harry se casan en una ceremonia judía tradicional y exploran la posibilidad de tener hijos. Tras muchos intentos, Charlotte consigue quedarse embarazada, pero aborta muy pronto, lo que la deja completamente destrozada. Finalmente, hacia el final de la serie, los aprueban como padres adoptivos de una niña china a la que llamarán Lily.

Resulta muy interesante el arco de evolución de Charlotte. Pasa de ser una princesita caprichosa y exigente a amar sin límites a un hombre que es todo lo contrario de lo que a ella le parecía atractivo. Esto nos habla de una Charlotte que aprende a las malas a dejar de lado la superficialidad. Su matrimonio con Trey, basado más en el atractivo que en intereses comunes, le trajo muchos disgustos y la hizo sentirse incapacitada para el amor. Pero con Harry aprende cómo se siente al amar por primera vez en toda su vida, mirando más allá del aspecto físico, al corazón de la otra persona. Es muy divertido verla tratando de adaptarse a la convivencia con Harry en su precioso apartamento de Park Avenue, ya que Harry tiene la costumbre de ir desnudo por la casa y sentarse en los sillones a pelo, así como dejar las bolsitas de té esparcidas por todas partes; tras unos pequeños ajustes, ambos quedan contentos y aprenden a convivir juntos, a quererse y a respetarse mutuamente.

Otro elemento vital en el desarrollo de la personalidad de Charlotte es su incapacidad para tener hijos. De las cuatro amigas, es la que tiene el instinto maternal más desarrollado, la única que ansía ser madre por encima de todo… y es precisamente la única que no puede conseguirlo a menos que ocurra un milagro. Por eso se siente tan dolida cuando Miranda se queda embarazada por accidente, porque ve lo injusto de su situación y le parece horrible que otra quiera deshacerse de lo que a ella le encantaría tener. Esta carencia de hijos es lo que hace madurar a Charlotte definitivamente, haciéndole ver que todo lo bueno se hace esperar y que no tener lo que tanto ansiaba no quita que pueda ser feliz con lo que ya tiene en su vida.

domingo, 5 de marzo de 2023

Miranda Hobbes, la feminista cínica


 Miranda Hobbes



Miranda Hobbes es una feroz abogada de treinta y dos años que vive una vida tan ajetreada como satisfactoria, pues le encanta su trabajo y disfruta de las ventajas que le dan su soltería y su éxito profesional. Dentro del grupo de amigas, es la más cínica en cuestiones sentimentales, pero también suele ser la voz de la razón, motivo por el cual es una de las mejores amigas de Carrie, a quien suele recurrir a menudo cuando tiene dudas.


Biografía

Miranda nació y se crio en Filadelfia con su madre y sus dos hermanas. En la serie se nos dice que fue a la Universidad de Harvard, donde se licenció en Derecho en el año 1990. Debido a su carácter competitivo y su afán de perfeccionismo, no resulta extraño que se licenciara como una de las mejores estudiantes de su promoción. Guarda muy buenos recuerdos de su etapa universitaria, de la que conserva camisetas de la universidad y una taza donde suele beber su café matutino.

Dado que la universidad de Harvard se encuentra en Massachussets, a tres horas de Nueva York, que hubiera conocido a Carrie parece haber sido cuestión de suerte. En cierto momento, se nos dice que Carrie conoció a Miranda al encontrarla llorando en los probadores de unos grandes almacenes, posiblemente debido a su cuerpo desgarbado y poco femenino. A pesar de sus diferencias, no tardaron en hacerse buenas amigas, y Miranda llegó a ser uno de los mayores apoyos en Carrie en todas las decisiones de su vida.

Miranda acabó mudándose a Nueva York y empezó a trabajar en un bufete de abogados, llegando a ser de las más fuertes y competitivas a pesar del exacerbado machismo que todavía imperaba en dicho sector en los años 90. El éxito de Miranda queda fuera de toda duda cuando vemos que es la primera que consigue comprarse un apartamento magnífico en el corazón de Manhattan sin la ayuda financiera de nadie. Además, puede permitirse contratar a una asistenta para que le mantenga limpia la casa. 

Miranda adora el deporte, ya sea verlo o practicarlo, y es una gran fan del béisbol, en especial de los Yankees de Nueva York. En casa, sin embargo, su pasatiempo favorito es ver telenovelas junto a su gato Gordi mientras come comida china.

En cuanto a sus relaciones, Miranda siempre ha sido partidaria de no atarse demasiado a ningún hombre. Ha tenido muchas parejas sexuales (ella misma ha contado cuarenta y dos), por lo que se la podría considerar promiscua, pero no llega a los niveles de su amiga Samantha.


Personalidad

En las primeras temporadas, la imagen de Miranda es muy masculina. A diferencia de sus amigas, ella lleva el pelo corto, viste trajes de corte recto y no usa mucho color en sus atuendos, lo que casa con su carácter perfeccionista y con la imagen profesional que quiere dar. Miranda vive por y para su trabajo, llegando a trabajar hasta cincuenta horas a la semana para obtener la confianza de los socios y recibir los mejores casos, lo que a la larga le otorgará más prestigio dentro del bufete.

El problema viene cuando la rigidez de Miranda choca de frente con el acercamiento de los demás. Al trabajar en un entorno tan competitivo, es común que Miranda se tome las relaciones amorosas como un juego de poder en el que ella quiere llevar siempre la voz cantante o, por lo menos, estar al mismo nivel que el hombre. Esto la convierte en una mujer muy intransigente con la sensibilidad o defectos de sus parejas. Por ejemplo, se mostró muy molesta cuando una de sus parejas, un hombre criado en una familia muy puritana, se duchaba justo después de tener sexo; y le sucedió lo mismo con otro hombre, de quien no dejaba de quejarse porque él se empeñaba en hablar durante el acto sexual.

Pese a todo, Miranda es honesta, audaz, inteligente y no tiene miedo a decir lo que piensa, aunque a veces se muestra muy hiriente en sus palabras. Es muy famoso su estallido de furia contra Carrie cuando esta le confiesa que está volviendo a ver a Big, con quien ya había tenido muchos problemas. Tampoco se recató en alzar la voz contra sus amigas porque habían llegado a un punto en el que solo hablaban de hombres. Esto nos dice mucho acerca de su personalidad feminista. Firme defensora de la mujer en puestos de poder, Miranda demuestra día a día que puede lograr por sí misma todo lo que se proponga, aunque para ello tenga que luchar contra todo el sistema. La mayor fortaleza de Miranda se convierte así en su peor debilidad, porque sus elevadas exigencias la vuelven demasiado inflexible con sus seres queridos. Logra el éxito profesional que tanto persigue, pero a cambio se ve obligada a renunciar a los sentimientos. Ella misma se da cuenta de que tiene debilidades, pero no se atreve a confesarlas para no parecer vulnerable ante los demás. 

A primera vista, y a pesar de sus muchas parejas sexuales, se podría pensar que Miranda es la que menos éxito en el amor tendrá. Tiene un humor mordaz, pero en el fondo es la más insegura de las cuatro: sus amigas son mucho más guapas, tienen más estilo, visten mejor que ella… y ella es desgarbada, tiene un cuerpo poco femenino y no le presta mucha atención a detalles como sus uñas o su pelo. Durante una temporada ha tenido que llevar aparato en los dientes, lo que le causaba una gran vergüenza y la hacía mostrarse muy susceptible, pues pensaba que todo el mundo la miraba y se reía de ella. Ocurrió otro tanto cuando se quedó embarazada y engordó, lo que la hizo sentir muy insegura.

En cuanto a sus principales parejas en la serie, aquellas con las que ha tenido una relación más larga, destacamos a tres. El primero fue Skipper Johnston, un diseñador de páginas web de veintisiete años al que conoce a través de Carrie. Miranda empieza a salir con él de manera esporádica, pero le considera demasiado joven, sensible e inmaduro, y le molesta su visión romántica de la vida, puesto que choca con su cinismo. Aunque mantiene una relación sexual intermitente con Skipper, en realidad Miranda no desea atarse a él, mientras que Skipper sí está terriblemente enamorado de ella, hasta el punto de considerarla la mujer perfecta. La ruptura entre ambos viene dada precisamente por esta desavenencia. En cierto momento, Skipper decide empezar a salir con otra chica, lo que lleva a Miranda a llamarle para disfrutar con él de sexo sin compromiso; Skipper, creyendo que Miranda quiere estar con él para toda la vida, llega incluso a cortar con su chica en medio del acto sexual. Pero, al darse cuenta de que Miranda no quiere nada serio, desaparece de escena y no volveremos a saber nada de él.

Otra de las relaciones largas de Miranda, ya casi al final de la serie, fue la que mantuvo con el doctor Robert Leeds. Robert es un exitoso médico deportivo de los New York Knicks, a quien Miranda conoce mientras le entrevista con otros miembros de la junta de inquilinos de su edificio para ocupar un apartamento vacante. A la llegada de Robert, Miranda se queda prendada de él. Con el tiempo, los dos comienzan una corta pero ardiente relación romántica (el afán de Miranda por experimentar una relación interracial se debe a su obsesión fanática por una serie de la BBC titulada Jules y Mimi). Pero a pesar de la chispa que hay entre ambos, Miranda no puede controlar su anhelo por Steve. Finalmente, en la fiesta del primer cumpleaños de su hijo, Miranda le confiesa su amor a Steve, dando por terminada su relación con Robert.

Y así, llegamos a Steve Brady, el gran amor de Miranda. Steve y Miranda se conocieron en el bar donde trabajaba él. Aunque Miranda simplemente ve a Steve como un rollo de una noche después de conocerse, Steve percibe una fuerte conexión y le pide que se vuelvan a ver. Miranda se niega al principio, pero se convierten en pareja después de que ella se dé cuenta de la fuerte atracción que siente por él. La diferencia económica de la pareja crea tensiones en su relación y acaban rompiendo. Sin embargo, mantienen una relación amistosa, que a menudo desemboca en una relación sexual entre ambos. Después de que Steve pierda uno de sus testículos a causa del cáncer, Miranda se compadece y acaba acostándose con él, cosa que provoca su embarazo. Al principio piensa en abortar para evitar que Steve se entere de que está embarazada. Sin embargo, en la clínica cambia de opinión y decide quedarse con el bebé. Fiel a su idea de tener compromiso cero, Miranda le dice a Steve que ella asumirá toda la responsabilidad, incluida la crianza del niño y todos los gastos relacionados, pero que Steve puede "visitarles" cuando quiera. Miranda da a luz a Brady Hobbes (un homenaje a sus respectivos apellidos), y ambos intentan criarlo juntos como pareja platónica. Con el tiempo, Miranda acaba dándose cuenta de que quiere a Steve, pero cuando intenta confesarle lo que siente por él, descubre que está saliendo con otra mujer, Debbie. Finalmente, en la primera fiesta de cumpleaños de Brady, Miranda acaba confesando su amor por Steve y, para su alegría y sorpresa, Steve admite que él también ama a Miranda. Se besan y, a las tres semanas, vuelven a estar juntos; permanecen juntos durante el resto de la serie, acaban casándose y comprando una casa adosada en Brooklyn para su creciente familia.

El arco de Miranda es uno de los que muestra una mayor evolución, pues acaba convirtiéndose en todo aquello que tanto la repelía al comienzo de la serie. De dura abogada soltera, pasa a ser madre y tener que compaginar su soltería con su carrera profesional y la crianza de un hijo. Es muy interesante ver la evolución de Miranda en este aspecto, que no es sino la evolución del propio personaje. Aunque lucha con uñas y dientes por llevar siempre la vida que quiere, se da cuenta de que los cambios ocurren y tiene que adaptarse lo mejor que pueda. Y así, con el tiempo, comprende que su vida, aunque no es exactamente como se la había imaginado, es maravillosa.