miércoles, 24 de junio de 2015

Corazón de Fuego






Hace tiempo me contaron una leyenda muy antigua que pudo haber sucedido en nuestro mundo, aunque la historia guarda tanto de magia y misterio que no podemos estar seguros del todo. La leyenda hablaba de una niña que murió y después resucitó convertida en mujer. Eran tiempos muy difíciles para su pueblo. Antes de morir, la princesa hubo de ver cómo su reino se convertía en pasto de las llamas por culpa de un dragón hechizado. El mundo entero ardía a su alrededor. El incontenible avance del fuego no podía ser detenido. La tierra estaba en llamas, los animales se quemaban... Ni siquiera su gente pudo escapar del beso mortal del fuego. Destrozada, incapaz de derramar una sola lágrima (pues el fuego había secado sus ojos), su cuerpo sucumbió y la princesa murió.

Pero no existe la muerte para aquellos que habían sido elegidos por los dioses. Cuentan que el espíritu de la princesa recibió la visita de Thalion, el antiguo dios de la guerra, cuyo corazón ardía con intensidad. El dios había visto que la muchacha poseía las cualidades que él buscaba en sus elegidos. Por su fortaleza, él le concedería poder sobre todos los ejércitos del mundo. Por su tenacidad, él haría que todo aquel que la escuchase quisiera morir por ella. Por su grandeza, él haría que la derrota se transformara en victoria. Ella sería su elegida, la próxima señora del mundo.

Y fue así como Thalion remató a la princesa y la hizo resucitar como Reina. Surgió del mar de llamas con la piel dorada y su cabello convertido en mil serpientes de fuego. Su corazón refulgía con ígneo esplendor. En sus manos llevaba un arco de oro que lanzaba flechas de luz, un arma ante la cual sus enemigos temblaban de pavor.

Podría deciros muchas cosas sobre aquella sorprendente mujer, pero nunca acabaría. Baste decir que la promesa del dios se cumplió en todos sus puntos. Fue la reina más fuerte y poderosa de su tiempo, y a la vez la más temida y deseada. Su luz iluminaba hasta la noche más sombría y tenebrosa. Defendió a los suyos de las fuerzas de la oscuridad y los guió, como un faro en la noche, a un mundo mejor y más justo.

Y cuando llegó el momento de derrotar a la Serpiente de Mil Bocas, aquella cuya llegada auguraba la Profecía, se cuenta que el cuerpo de la Reina estalló en llamas y tomó la forma de un pájaro, con unas alas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista, cayendo como un relámpago sobre la Serpiente maligna. La batalla fue larga y terrible, y aunque la tierra acogió con cariño el cuerpo mortal de la Reina, el fuego que brotaba de su corazón nunca pudo apagarse. Aquella llama imperecedera sigue existiendo, aunque nadie sabe a ciencia cierta dónde se encuentra su santuario. Tal vez, tal y como se cree, daremos con ella el día que una nueva Reina nazca en estos tiempos oscuros para llevarnos de nuevo a la luz.


Este minirrelato se me acaba de ocurrir ahora para celebrar con vosotros la noche de San Juan.

¡Hasta pronto!


sábado, 13 de junio de 2015

Monarcas inestables de la Historia


A lo largo de la Historia, reyes, reinas y emperadores han acaparado una inmensa cantidad de poder, pero eso en ocasiones ha sido su perdición. Sabemos que muchas de las enfermedades padecidas por los gobernantes o líderes políticos pudieron proceder de razones concernientes a la enorme responsabilidad que tenían en sus manos. Sin embargo, también resultaría interesante acercarse a la figura de aquellos que, haciendo gala de un sinnúmero de excentricidades y conductas estrafalarias, dieron mucho que hablar a la sociedad de su tiempo, que los calificó de estar completamente locos.

La locura es un término que está definido de una forma muy vaga. Consideramos loca a una persona que, a nuestro parecer, ha perdido completamente el juicio y actúa, por lo tanto, de manera disparatada e imprudente. Ya fuese por padecer una enfermedad mental o por poseer un carácter francamente peculiar, los monarcas que encontraréis en esta lista tienen méritos más que suficientes para hacernos admitir que algo no marchaba bien en sus cabezas.


10. Enrique VI de Inglaterra




Enrique VI fue el único hijo de Enrique V y su esposa Catalina de Francia. Nacido en Windsor en 1421, ni siquiera había cumplido los nueve meses de vida cuando las circunstancias le llevaron al trono tras la muerte de su padre. Un Consejo asumió la regencia hasta su mayoría de edad. Según el Tratado de Troyes, Enrique fue proclamado también rey de Francia a la muerte de su abuelo Carlos VI, pero la larga guerra que Inglaterra y Francia llevaban sosteniendo durante años, sumada a las acciones de Juana de Arco, hizo que Inglaterra acabara perdiendo todas sus posesiones francesas excepto Calais.

Lo cierto es que Enrique VI nunca fue un rey muy popular. Agobiado por los conflictos y las feroces tramas políticas y dinásticas que caracterizaban la Inglaterra medieval, Enrique fue creciendo como un hombre retraído y beato. Su impopularidad creció cuando contrajo matrimonio con Margarita de Anjou, que no fue bien aceptada por los ingleses por su origen francés y que, además, ejerció un pernicioso influjo sobre su esposo.

A raíz de la pérdida de Burdeos, Enrique VI empezó a perder la razón. Una crisis nerviosa que duró todo un año fue una de las muchas causas de la Guerra de las Dos Rosas, durante la cual Enrique VI fue depuesto por los miembros de la casa de York. Volvió a recuperar el trono, pero fue destronado de nuevo en 1455 cuando, tras ser derrotadas sus fuerzas por los partidarios de los York, fue encontrado en la tienda de un curtidor, víctima de otra crisis nerviosa. A veces, de tan desorientado como estaba, ni siquiera se daba cuenta de lo que ocurría a su alrededor; ni siquiera fue consciente del nacimiento de su hijo y heredero, el príncipe Eduardo. Como la enfermedad del rey era periódica, Enrique dependía mucho de su esposa Margarita.

Al final, Enrique fue derrotado y encarcelado en la Torre de Londres, donde fue asesinado en 1471, a la vez que su hijo era ahorcado por los York en Tewkesbury, extinguiéndose así la casa de Lancaster.


9. Carlos VI de Francia




Carlos VI nació en 1368 y fue el quinto vástago del rey Carlos V y Juana de Borbón. A la edad de once años fue coronado rey de Francia, pero fue su tío Felipe II el Audaz quien asumió la regencia hasta su mayoría de edad. Fue conocido por su pueblo como El Bienamado, pero cuando el rey cumplió los veinticinco años se le cambió el apodo por el de El Loco, ya que fue a partir de entonces cuando la salud mental de Carlos empezó a verse tocada.

El primer episodio de psicosis se registró en 1392, cuando  su amigo Olivier V de Clisson fue víctima de un intento de asesinato. Obsesionado con castigar al culpable, Carlos VI empezó a manifestar de forma confusa su intención de empezar una campaña bélica hasta dar con el sicario. En cierta ocasión, mientras viajaba con su ejército, sufrió un brote psicótico durante el cual mató a varios caballeros y casi asesinó a su propio hermano. Fue reducido por un grupo de soldados, que lo acostaron en el suelo. Carlos se quedó quieto y no reaccionó, cayendo en estado de coma.

A partir de entonces, el rey sufrió episodios frecuentes de enfermedades mentales, que a veces le hacían creer que estaba hecho de cristal y hacía todo lo posible para evitar romperse. Durante un ataque, fue incapaz de recordar su nombre. No sabía que era rey e incluso huyó de su mujer, Isabel de Baviera, completamente aterrorizado. En ataques posteriores, vagaba por su palacio aullando como un lobo, rechazaba que lo bañaran y sufrió todo tipo de alucinaciones.

El estado del rey obligó a que fuera apartado del gobierno, recayendo la regencia en su hermano Luis y en su tío Felipe. A día de hoy, se cree que la locura de Carlos VI (y que probablemente heredó su nieto Enrique VI, del que ya hemos hablado) pudo haber sido en realidad esquizofrenia, porfiria o trastorno bipolar.


8. Joshua Abraham Norton




Aunque nunca ostentó ningún poder real, Joshua A. Norton fue conocido en San Francisco como Su Majestad el Emperador Norton I. De hecho, él mismo se había proclamado Emperador de Estados Unidos y protector de México en 1859. Se cree que nació en Inglaterra en 1819 y que emigró a América tras recibir una sustanciosa herencia de su padre. Sin embargo, las cosas no le fueron bien y eso afectó a su salud mental, y más aún cuando tuvo que declararse en bancarrota. Tras un período lejos de San Francisco, regresó a la ciudad y se autoproclamó Emperador de Estados Unidos. Que un hombre enloquezca y tenga delirios de grandeza no es algo raro. Pero que todo el mundo le dé la razón sí que lo es.

A lo largo de su vida, Norton I lanzó varias proclamas que iban de lo ridículo a lo visionario. De hecho, fue uno de los primeros en pedir que se construyese un puente que atravesara la bahía de San Francisco. Por las tardes paseaba por las calles con dos perros vagabundos y se dedicaba a inspeccionar las alcantarillas y comprobar que los autobuses salían a su hora. Iba a misa todos los domingos, cada vez a una iglesia diferente para no hacer distinciones entre unas y otras. Y en cierta ocasión logró evitar una reyerta interponiéndose entre los enfrentados y rezando el Padrenuestro, tras lo cual la pelea se disolvió.

A pesar de su trastorno mental, fue un hombre bueno y justo. Sus allegados le tenían un profundo respeto y le concedieron todo tipo de honores. Norton I siempre comía en los mejores restaurantes a cuenta de la casa, viajaba gratis en el transporte público. Cuando entraba en el teatro (donde él y sus perros tenían asientos reservados), todos los presentes se levantaban y guardaban silencio hasta que se sentaba. Llegó incluso a tener su propia moneda, con la que podía comprar en cualquier establecimiento. Cuando un policía quiso arrestarle por ser un vagabundo, las protestas públicas lograron liberarle.

Norton I murió de una apoplejía en 1880 tras 21 años de reinado. A su funeral asistieron unas 30.000 personas que le lloraron sinceramente y lamentaron la muerte del mejor Emperador que jamás tendría Estados Unidos.


7. Juana de Castilla




La que años después de su nacimiento sería declarada reina propietaria de las Coronas de Castilla y Aragón, pasó más tiempo encerrada en un convento que gobernando. Apartada del gobierno por su padre y por su hijo Carlos I, la reina Juana hubo de pasarse media vida enclaustrada a causa de una supuesta enfermedad mental que le daría el apodo que la ha hecho inmortal: La Loca.

Como a tantas otras princesas de la época, a Juana se la prometió en matrimonio con Felipe de Habsburgo, hijo y heredero del Archiduque de Austria. Aunque los novios no se conocían, en el momento de verse se enamoraron locamente el uno del otro. No obstante, Felipe perdió pronto el interés por su esposa y siguió divirtiéndose con otras damas de la corte. Esto provocó los celos de Juana, unos celos que varios psicólogos actuales califican de patológicos, y que la obligaron a realizar actos escandalosos y extravagantes.

Se dice que, en un acceso de ira, cogió unas tijeras y le cortó el pelo a trasquilones a una amante de su marido. Era tal el desvelo que sentía por Felipe que procuraba estar con él a todas horas. En cierta ocasión, en medio de una fuerte tormenta, Juana salió al patio de armas del Castillo de la Mota llorando y llamando a gritos a su marido, que había partido a Flandes dejándola atrás. A la muerte de Felipe, Juana perdió la razón por completo. El deseo de Felipe de ser enterrado en Granada la llevó a encabezar una comitiva para llevar el féretro de su esposo, pero sólo durante la noche, pues Juana creía que la mujer que había perdido a su esposo, que era su sol, no debía volver a ver la luz del día.

Posteriormente sería encerrada en Tordesillas, donde pasaría el resto de sus días. Perpetuamente enlutada, con el tiempo mostró más signos de incapacidad, como su obstinación en comer en el suelo y su negativa a asearse. Actualmente se cree que pudo haber padecido melancolía, trastorno depresivo severo, psicosis, esquizofrenia heredada o un trastorno esquizoafectivo.


6. Erik XIV de Suecia




Erik XIV vino al mundo en el castillo de Estocolmo en 1533. Como primogénito del rey Gustavo I de Suecia, ascendió al trono a la muerte de este, en el año 1560. La mayor parte de su reinado se desarrollaría durante la Guerra Nórdica de los Siete Años, cuando trató de expandir los dominios suecos en el Mar Báltico. Así que prácticamente se pasó toda su vida sometido a una presión muy fuerte, lo que afectaría a su estado mental.

La nobleza sueca temía a Erik XIV, y con razón. Su inestabilidad metal, sumada a su complejo de inferioridad, dio lugar a una época extraña y volátil para su súbditos. Después de pasar por una conspiración orquestada por su hermano Juan (que finalmente fracasó), Erik XIV empezó a desconfiar de todo el que estaba a su alrededor. Uno de sus mayores temores era morir envenenado. Instigado por su consejero Jöran Persson, creó una corte de justicia destinada a hacer cumplir las leyes, pero acabó convirtiéndose en un instrumento de persecución contra los posibles enemigos del rey. De estos, los más desafortunados fueron los Sture, pues Erik XIV ordenó ejecutar a varios miembros de esta familia, convencido de que habían cometido alta traición.

Tras el asesinato de los Sture, se hizo patente la demencia del rey. Entre otras cosas, trató de cortejar a todas las reinas y princesas de Europa Occidental para tener derechos de ascensión a sus diferentes tronos y para saciar sus ambiciones expansionistas. Al final, acabó casándose con la mujer que había sido su concubina durante dos años.

Suecia se liberó de la paranoia de Erik XIV en 1568, cuando fue derrocado por una alianza rebelde liderada por sus propios hermanos. Tras su deposición, el rey inició un peregrinar por diversas prisiones durante nueve años, hasta que finalmente murió de la forma que más temía: Envenenado.


5. Felipe V de España




Felipe V de Borbón, también conocido como El Animoso, fue el sucesor de Carlos II, último rey de la casa de Austria. Su reinado de 45 años y tres días, dividido en dos períodos marcados por la abdicación en su hijo Luis I y la muerte prematura de éste, fue el más prolongado en la historia de España. Llama la atención, sin embargo, que el primer monarca de la casa de Borbón en España también padeciera trastornos mentales al igual que algunos de sus predecesores Austrias.

Desde siempre, Felipe V pareció sentir una obsesión malsana con el sexo. Comía a diario gallina hervida, que le era servida junto con un cúmulo de pócimas y brebajes destinados a potenciar su actividad sexual. Dedicaba a este menester tanto tiempo y energías que con frecuencia se le veía agotado, al borde de la extenuación. Los médicos le aconsejaron que se separara temporalmente de su esposa, Isabel de Farnesio. Pero ésta, sabiendo que su marido era un hombre apocado, abúlico y fácil de manipular por cualquier persona con un mínimo de ambición, no dio su consentimiento a la separación.

En 1717, Felipe V cayó gravemente enfermo. Sufría delirios y auténticos ataques de histeria provocados por una creencia que le atormentaba a todas horas. Al parecer, se decía que la ropa blanca de los reyes irradiaba luz. Felipe V estuvo a punto de enloquecer ante este fenómeno inexplicable que él atribuía a un hechizo o embrujo. Ordenó que la confección de su ropa quedase a cargo de las monjas, en la creencia de que sus manos celestiales podrían con aquel suceso inspirado por el Diablo. Además, se negaba a cambiarse de mudas de ropa interior hasta que las mismas quedasen hechas jirones. A todo esto se unía su estado de completo abatimiento, su costumbre de dormir de día y salir de noche, y su falta de aseo personal.

Durante sus últimos años, su salud mental se fue acentuando, hasta que en 1746 murió de un ataque cerebrovascular.


4. Mustafá I




Mustafá I nació en el Palacio de Manisa, y fue el segundo hijo del sultán del Imperio Otomano Mehmed III y una de sus concubinas, cuyo nombre no se conoce.

Entre los sultanes otomanos era casi normal matar a sus hermanos para evitar que amenazasen su posición de poder. De hecho, el propio Mehmed III había mandado ejecutar a 19 de sus hermanos. Al joven Mustafá eso no le sucedió, pues su hermano Ahmed I era el nuevo sultán y carecía de hijos legítimos, de modo que Mustafá era su único heredero por el momento. Sin embargo, eso no quiere decir que no mantuviera a su hermano sometido a arresto domiciliario y a una férrea vigilancia durante 14 años, lo que afectó a la salud mental de Mustafá.

Tras el asesinato de Ahmed I en 1618, Mustafá se convirtió en sultán, pero su comportamiento daba que hablar por lo errático y estrafalario. Mustafá I acostumbraba a tirar de las barbas a sus ministros y echarles monedas a los peces del estanque. Este tipo de actos dieron mucho que hablar en la corte, que empezó a considerar su estado mental, por lo que fue depuesto en favor de su sobrino Osmán II y encerrado de nuevo.

Mustafá se convirtió en sultán por segunda vez en 1622, pero su comportamiento mejoró poco y volvió a ser destronado en favor de otro de sus sobrinos, Murad IV. Fue nuevamente confinado y murió en 1639.


3. Iván IV de Rusia




Más conocido como Iván el Terrible, fue el primer zar de Rusia en coronarse a sí mismo y llevar ese título. Sus mayores aportes a su país fueron la conquista de Siberia, la creación de un nuevo código legal, la centralización del poder en la capital y otras grandes reformas internas. Su reinado duró casi 50 años, el más largo de los zares rusos.

Su infancia no fue nada fácil. Su padre murió cuando él tenía tres años y fue coronado Príncipe de Moscú a esa edad. Sin embargo, fue su madre la que ejerció la regencia hasta que fue envenenada cinco años después. Desde entonces, empezaron a gestarse en Iván feroces ataques de rabia que probablemente eran el resultado de la enorme falta de atención que sufrió en su infancia.

Durante su reinado, su comportamiento fue cada vez más errático. Su gobierno estuvo muy influido por su primera esposa, Anastasia Romanovna Zajarina, y se volvió particularmente autoritario tras la muerte de ésta. Iván IV se transformó en un completo psicópata, y se dice que durante las noches sus gritos sonaban por todo el Kremlin. Pasaba de la euforia a la depresión más absoluta. Ya en sus últimos años dio rienda suelta a sus perversiones. Declaró haber desflorado a más de mil vírgenes y haber asesinado a los hijos habidos con éstas. En un arrebato particularmente violento mató a su hijo con sus propias manos y agredió a su nuera embarazada.

Sufrió varios ataques psicóticos a lo largo de toda su vida, que lo volvían extremadamente violento. Es posible que estos ataques fuesen provocados por el tratamiento con mercurio que los médicos le administraban para tratar la sífilis que padecía. Murió en 1584 en circunstancias poco claras, pues algunos expertos piensan que pudo haber sido envenenado por los boyardos.


2. Jorge III de Inglaterra




De los cuatro monarcas llamados Jorge que reinaron en Gran Bretaña entre los siglos XVII y XIX, Jorge III fue el primero que habló el inglés como lengua materna. Hubiera podido pasar a la historia como el rey que convirtió a Gran Bretaña en una gran potencia mundial extendiendo sus dominios por Norteamérica y Canadá. Si no, podría haber sido recordado como uno de los monarcas más prolíficos de Inglaterra, con nada menos que dieciséis vástagos legítimos. Sin embargo, fue su lado oscuro el que habría de prevalecer de cara a la posteridad.

A lo largo de su vida, Jorge III sufrió varios episodios de delirios, confusión mental, alucinaciones, agresividad y debilidad, todo ello acompañado de vómitos y diversos malestares. Aunque los médicos actuales han dictaminado que Jorge III probablemente padecía porfiria, en el siglo XVIII sólo había un diagnóstico posible para semejante mal: Locura.

El comportamiento de Jorge III siempre había sido extraño, pero el tiempo agravó su estado mental. A los setenta y tres años perdió completamente la razón y tuvo que ser encerrado en el Castillo de Windsor. Durante su encierro, el rey solía desnudarse y salir corriendo a los jardines para cazar mariposas. Pasaba horas enteras charlando animadamente con los patos y las ocas de los estanques palaciegos y les obligaba a que le siguieran, bajo pena de muerte si no lo hacían. Se dice que una vez saludó a un roble al confundirle con el rey Federico Guillermo III de Prusia. En semejante estado, tuvo que ser apartado del gobierno. Su hijo Jorge, Príncipe de Gales, asumió desde entonces la regencia.

La salud de Jorge III siguió empeorando a un ritmo alarmante. En la Navidad de 1819 sufrió otro ataque de locura y estuvo hablando de forma ininterrumpida durante 58 horas, al final de las cuales cayó en coma. En 1820 murió Jorge III, ciego, sordo y loco, a los 81 años de edad.


1. Calígula




Cayo Julio César Augusto Germánico fue el tercer emperador del Imperio romano, desde el año 37 al 41. Aunque éste era su nombre real, ha llegado a nuestros días con el nombre de Calígula, un apodo que significaba "botitas"; los soldados romanos le habían puesto este apodo por las sandalias con las que su padre, Germánico, solía calzarle.

Se convirtió en emperador a la edad de 25 años y, aunque durante sus primeros seis meses de reinado fue un gobernante moderado, no tardó en convertirse en un hombre cada vez más sádico. Tras superar una grave enfermedad, ordenó asesinar a aquellas personas que habían prometido sus vidas a los dioses si el emperador se recuperaba. También obligó a suicidarse a personas que habían sido exiliadas durante su reinado, entre las que estaban su esposa, su suegro y su primo.

Desarrolló una serie de políticas muy controvertidas que tenían como finalidad hacerle cabeza del panteón romano, esto es, convertirse en dios. Calígula empezó a hacer apariciones públicas ataviado con los atributos divinos y mandó erigir varios templos consagrados a su persona. También divinizó a sus tres hermanas, con las que se dice que tuvo relaciones incestuosas. Las fuentes contemporáneas hablan de él y mencionan todo tipo de historias que muestran que su crueldad y su demencia no tenían límites. Es muy famosa la historia que cuenta que nombró cónsul a su caballo, cosa que podría ser cierta dada la inmensa devoción que sentía por este caballo. Pero el resto de Roma temblaba sólo con oír su nombre, ya que el emperador con frecuencia mataba y torturaba por diversión y se comportaba de manera muy errática.

Por todo esto, no sorprende que Calígula fuese el primer emperador romano en ser asesinado. Pero los planes para restaurar la antigua república en lugar del joven imperio fracasaron, y su tío Claudio fue nombrado nuevo emperador.


¡Y nada más, lectores! Espero que os haya gustado esta selección de monarcas dementes e inestables. Ha habido otros gobernantes con problemas mentales a lo largo de la historia; los que os he traído hoy son un compendio de reyes más conocidos por nosotros junto con otros que no lo son tanto. 

¡Nos vemos!

miércoles, 10 de junio de 2015

¡Libre soy! ¡Libre sooooy!


Bueno... no del todo...

¡Hola a todos!

¿Qué tal estáis? ¿Cómo os va? Como podéis ver, yo estoy exultante. Por fin se han acabado los exámenes para mí, así que ya puedo disfrutar de unas muy merecidas vacaciones. Después del último examen (del que prácticamente acabo de salir), me ha venido todo el cansancio de golpe, como si me estuviera llevando durante semanas un peso a mis espaldas y ahora por fin pudiera soltar la carga que llevaba encima. Por suerte, el curso ha terminado y ahora puedo descansar un poco.

Sin embargo, eso no quiere decir que pueda relajarme. Como ya sabéis (más que nada porque no he parado de contarlo... y vosotros soportándome estoicamente), este máster docente ha sido un calvario para mí. Un calvario del que todavía no me he librado. Tengo pendiente una asignatura para septiembre, y eso sin contar las que todavía puedo suspender porque no se puede decir que mis exámenes hayan sido una maravilla. De hecho, uno de ellos me ha salido espantoso, horrible, abominable incluso, por lo que mis posibilidades de llevarme más asignaturas para septiembre aumentan bastante. También hay que contar la multitud de trabajos que tendré que redactar y enviar a la UNED a lo largo de todo el verano. Así que se puede decir que he terminado... pero no he terminado. Todavía queda mucho por hacer.

Como podéis ver, estoy bastante más animada. Después de pasar por un período muy duro y pesado para mí, en el que creí de verdad que se me venía el mundo encima y en el que estuve a un pelo de sufrir una crisis nerviosa, he llegado a una conclusión. Y es que me parece una tontería, una soberana tontería, preocuparse tanto por algo que no merece la pena. ¿Qué me importa a mí en realidad este máster? Prácticamente me he visto obligada a matricularme, por presión, por estulticia, por los motivos que fuesen. Ha sido un año duro, muy duro para mí, en el que he tenido que pelear con uñas y dientes para compatibilizar clases, trabajos y escuela de idiomas, dejándome gran parte de mi energía en el intento. Dado el escaso apoyo que he recibido de mis parientes, habéis sido vosotros, mis amigos y lectores, quienes os habéis portado como cabría esperar. Vuestros consejos y palabras de apoyo me han servido mucho. No lo habría conseguido sin vosotros. Por eso, os doy las gracias de corazón.

Ahora el curso ha acabado, y he conseguido sacarme parte del trabajo de encima. No todo, pero sí una buena parte. Me temo que este verano me lo voy a pasar pegada ante la pantalla del ordenador, redactando unidades didácticas, programaciones por competencias, memorias de prácticas y otros trabajos con nombres igual de sexys y provocativos.

Pero si pensáis que me voy a tirar todo el verano currando en esta chufa, es que no me conocéis bien. Este va a ser el verano de mi vida y ya estoy planificando unas vacaciones que prometen ser muy, muy buenas. ¡Porque yo lo valgo, caray! Que la vida es muy corta como para andar todo el día amargada. Ya iré sacando las asignaturas que me queden una por una, y los trabajos los haré poco a poco. Sin prisa, pero sin pausa. Y al final lo conseguiré. Ese siempre ha sido mi lema: Sé que lo conseguiré.

Mientras tanto, la Biblioteca vuelve por fin a su actividad normal. Habrá más artículos de todos los temas que acostumbro a poner aquí. Tendremos historia, arte, literatura, cosas curiosas, rankings, artículos de opinión y muchas cosas más. Ahora tengo tiempo para dedicarlo a una de mis aficiones favoritas, que lamentaba descuidar por tener que dedicarme a otras cosas menos agradables y aburridas. Así pues, gracias por vuestra paciencia y dejad que os dé de nuevo la bienvenida a mi Biblioteca.




¡Que tengáis un feliz verano!


martes, 2 de junio de 2015

Siete microrrelatos


¡Hola a todos!

Los que me seguís a menudo sabéis de sobra lo mucho que adoro imaginarme historias y luego ponerlas por escrito. Mis días favoritos son aquellos en los que no tengo otra cosa que hacer más que sentarme tranquilamente frente a mi portátil y dedicarme toda la tarde a avanzar en la escritura de mis cuentos y novelas (estoy trabajando ahora en un par de cuentos para Halloween y una novela de fantasía). Y a pesar de que estos días no tengo mucho tiempo por los exámenes, siempre encuentro un momento para escribir algo, aunque sólo sea una frase o el perfil de un nuevo personaje que se me acaba de ocurrir.

He escrito cuentos, he escrito relatos cortos y he escrito dos novelas que aguardan el momento de ver la luz. Pero nunca se me había ocurrido escribir microrrelatos. Hasta hace poco.

Un microrrelato es una historia que empieza y acaba en unas pocas líneas. No requiere de la intervención de muchos personajes, pues lo normal es que sólo encontremos uno o dos. Los microrrelatos son pequeñas historias cargadas de intensidad, pues tienes que atrapar y conmover al lector con muy pocas palabras. Y es más complicado de lo que parece. Al estar acostumbrada a desarrollar situaciones y personajes, me ha resultado muy difícil internarme en el mundo de los microrrelatos, donde las descripciones son escasas y los personajes sólo han de ir levemente perfilados.

Pero ahora he tenido la oportunidad de probar suerte en un concurso de microrrelatos organizado por la web Sttorybox. Y aunque no he ganado, me ha permitido conseguir un buen número de seguidores en pocos días, lo que me ha animado a escribir otros microrrelatos para alegrarles un poco el día y ofrecerles una pequeña lectura. Y ahora os los traigo a vosotros. Algunos ya los habréis leído en mi espacio de Sttorybox, pero los que no lo habéis hecho también tendréis vuestra oportunidad aquí mismo.

Aquí os dejo los siete microrrelatos que he escrito hasta el momento.  ¿Cuál os gusta más?



1. SUEÑO DE AMOR

Él la observaba. A ella, deseando poder ser feliz junto a esa chica. Él la observaba en la parada del autobús. En silencio. Todos los días. La observaba y ansiaba acercarse a ella y preguntarle cómo se llamaba. Deseaba verla sonreír, tomarla de la mano y pasear junto a ella todo el día. Deseaba poder regalarle un “te quiero” y que ella aceptase el regalo con una de sus bellas sonrisas.

Él la observaba y se imaginaba una vida entera a su lado. Saldrían juntos durante tres años. Entonces, le pediría que se casara con él y ella respondería que sí. Vivirían en una casa en el campo, lejos del bullicio de la ciudad. Los días transcurrirían en medio de una felicidad sin fin. Un día, ella anunciaría con gran alegría que estaban esperando a su primer hijo.

Pero entonces, ella subió al autobús y las puertas se cerraron con un golpe seco. No se había dado cuenta de que él la seguía observando con lágrimas en los ojos, contemplando con impotencia cómo su sueño se alejaba un día más.



2. LA SIRENA

Sueña despierta la niña en la playa mientras juega en la arena. Mientras sus manitas se hunden en la arena húmeda, la niña sonríe y se imagina la cara de la sirena cuando venga esa noche. El castillo toma forma poco a poco. Con mucho cuidado, la niña levanta las torres y crea murallas para proteger su pequeño palacio de arena. Con un palito horada algunas ventanas, dibuja filigranas y retira la arena sobrante. Es digna de elogio su paciencia al colocar, una por una, todas las piedrecitas y conchas de mil formas y colores que ha encontrado en la orilla del mar.

Pero las largas horas de trabajo se quedan en nada cuando unos niños pasan corriendo por su lado y destruyen el castillo con sus pisadas. Es hora de volver a casa y del castillo de la sirena no queda nada. Su madre se acerca a consolarla y le pide que no llore por el castillo o por la sirena. Mañana podrá hacer otro castillo mucho más bonito. Y las sirenas, en realidad, no existen.

Al día siguiente, la niña volvió a la playa. Al remover las ruinas del castillo de arena, descubrió el cuerpo frío y muerto de la pequeña sirena.



3. SU PRÍNCIPE

Siempre he querido ser su príncipe. Desde que la conocí, no ha habido otro sueño para mí más que llegar a ser suyo. Estar con ella, darle todo mi amor, entregarme a ella en cuerpo y alma. Por eso no me importó sacrificar todo lo que conocía y amaba antes de tenerla a ella. Mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo… Todo pasó a un segundo plano, porque ella estaba ahí. A su lado, mis sueños de felicidad se hicieron realidad. Ella era mía y yo era suyo. Yo se lo perdonaba todo porque la quería. La quería con toda mi alma. Y porque sabía que, en el fondo, a ella le dolía hacer lo que hacía. A veces la vida es muy difícil. A veces una persona reacciona mal. Pero eso no quiere decir que no sepa amar de verdad. Ella es mi princesa y no dejará de serlo nunca.

Mi rostro, dolorido por la brutalidad de su última paliza, empieza a hincharse y amoratarse. Y, a pesar de todo, sigo siendo su príncipe.



4. AURA NEGRA

Soy el ejecutor. Soy el elegido. Él me escogió para luchar en su nombre contra la herejía. Él me dio un don para poder cumplir con sus designios. Me dio el don porque soy el elegido. Yo soy la espada en llamas. Yo soy el ejecutor. Mi trabajo es simple: mato a los impíos, a los que se ríen en la cara del Todopoderoso. Mi don me permite ver sus auras, negras como la mano de Satanás. Veo el aura negra y mato al impío. Es muy simple, en realidad.

Pero ha pasado algo que no esperaba. Esta mañana, al mirarme al espejo, me vi rodeado por un aura negra. Era la señal. Él exigía un sacrificio. Soy el ejecutor. Alcé mi pistola y apunté el cañón hacia la sien.

Consummatum est.



5. LA PLAGA

Amalia cruzó la puerta de la muralla con la primera luz del alba. Era el primer día del invierno. Abandonaba la ciudad no por miedo, sino porque se había quedado sola. En la casa de su padre todos habían muerto. Todos. Amalia tenía miedo a morir de aquel terrible mal que provocaba fiebre y cubría la piel de manchas negras. Por eso tenía que huir. Antes de que la Plaga la alcanzara.

Comenzaba la noche. Pedro salió de su cabaña y vio pasar ante él la pequeña figura de Amalia envuelta en una capa. Percibió el olor de la presa fácil y su instinto de cazador se despertó. Era joven y bonita. Hacía mucho tiempo que no sentía el calor de una mujer, que no olía a hembra. No le costó demasiado ir tras ella, derribarla y tomarla con la brutalidad de una bestia. Una vez satisfecho su deseo, Pedro se apartó de ella y regresó a su casa.

El mal se transmitió rápidamente. Aquella noche, Pedro empezó a toser. Luego vino la fiebre y, con ella, el delirio. El cirujano cortó su camisa para examinarle mejor. Se santiguó. Pedro tenía la piel cubierta de manchas negras.



6. EL LARGO CAMINO

La puerta se cierra detrás de mí. A mis pies se abre un largo camino del que no alcanzo a ver el final. Atrás queda mi infancia; ahora toca enfrentarse a la madurez. No era lo que yo había pensado, pero es lo que hay. Los finales felices son para los cuentos de hadas.

Son tiempos duros para mi generación. Se nos ha educado para estudiar una carrera, para formarnos, para preparar nuestras mentes de cara al futuro. Pero el futuro ha llegado y todo lo que hemos hecho no ha servido para nada. No hay sitio para mí en este país, y por eso debo irme. Alemania, Inglaterra, Suiza… Son los nombres del futuro. ¿Cuál? No sé si quiero saberlo.

Ahora ha llegado el día de mi marcha. Mis amigos me esperan en el aeropuerto para irnos juntos. No despertaré a mis padres, porque quiero ahorrarles la amarga despedida. Prefiero irme en silencio, pero lleno de orgullo. Allá donde vaya, haré que todos se sientan orgullosos de mí y de lo que soy. No sé adónde voy, ni lo que haré, ni cómo sobreviviré. Pero de una cosa estoy seguro, y es que volveré.

Tarde o temprano, volveré.



7. LA ÚLTIMA BATALLA

Los dioses habían predicho que la victoria sería nuestra. Los dioses se equivocaban. Yo empuñaba una espada con tanta fuerza que ya no sentía mis dedos. La respiración entrecortada. Mis músculos aullaban de dolor, de puro dolor. Corrí durante una eternidad junto a mis hermanos de batalla. Corpulentos, encorazados, todos cubiertos con casco, blandiendo lanzas y espadas mientras gritaban, corrían y caían. Yo apenas podía moverme. Mi escudo pesaba demasiado y el casco no me dejaba ver. Todo era furia, sangre y locura a mi alrededor.

Todo parecía perdido. El enemigo había capturado a mi rey y amenazaba con cortarle la cabeza delante de sus propios hombres, aquellos que habíamos luchado junto a él. Sus ojos. Mi señor me miraba, y yo comprendí que no podía terminar así. Levanté la espada y grité tanto como me permitió mi ronca voz:

-¡Por el rey!

Ojos fijos en mí. Ojos oscuros y feroces. Vi al hombre que me embestía con una espada, rápido como un rayo. Esquivé su envite y hundí mi hoja en su estómago. Se tambaleó y cayó muerto a mis pies.

-Por el rey –oí una voz en mi cabeza -. Por el rey.




lunes, 1 de junio de 2015

La Princesa del mes: Yasmín


¡Hola a todos!

Pues, con las bromas, ya hemos llegado al ecuador del año. Madre mía, cómo pasa el tiempo... Ayer era Navidad y hoy estoy comiendo helados de nube como si no hubiera un mañana. Pero no os equivoquéis; no me estoy poniendo nostálgica o en plan viejuno. Todo lo contrario. El año sigue adelante y yo también. ¡Y con más ganas que nunca!

Hoy he empezado con mi período irregular de exámenes. Y digo irregular porque hoy he tenido tres exámenes, el miércoles uno y los tres que me faltan la semana que viene. A ver... ¿qué mierda de ritmo académico es ese? ¿Por qué tienen que prolongar mi tortura durante diez días? ¿Por qué no me ponen todos los exámenes de una tacada y acabamos de una vez?

Bueno, tampoco va a ser todo tan malo. Si todo va bien, conseguiré sacarme varias asignaturas de encima (aunque septiembre no me lo quita nadie...) y pasar un verano tranquilo. Me encuentro mucho mejor que hace unos meses, porque gracias al apoyo que he recibido de todos mis amigos me he dado cuenta de que no debo torturarme sin razón por algo que no vale la pena. Acabaré el máster a su debido tiempo, me lleve el tiempo que me lleve. A mi ritmo.

Ahora ya os he puesto en antecedentes. ¿Qué tal si ahora os doy la bienvenida al mes de junio con una nueva princesa Disney? ¡Aquí la tenéis!


Yasmín



Nombre: Yasmín
Rango: Princesa de nacimiento
País: Agrabah
Edad: 16 años
Familia:
-          Sultán de Agrabah (padre)
-          Madre (fallecida)

Amigos:
-          Rajá (su tigre)

Esposo: Aladdín

Canción: Un mundo ideal


En mitad del desierto, el reino de Agrabah se alza glorioso y próspero entre las dunas ardientes. Sin embargo, no todos los habitantes de este reino son felices. Aladdín, un joven que vive en las calles con su mono Abú, es famoso en el bazar por ser uno de los ladrones más escurridizos de toda Agrabah. Pero Aladdín no se considera un mal ladrón; él no roba dinero, sino comida para poder alimentarse. Además, a veces hasta renuncia a su comida por alimentar a otros que la necesitan más que él. 

Será precisamente el corazón bondadoso de Aladdín el que llame la atención de Jafar, el brujo que hace las veces de visir del Sultán de Agrabah. Jafar ansía encontrar la legendaria Cueva de las Maravillas, un lugar repleto de tesoros de gran valor. La entrada, no obstante, está protegida por la cabeza del dios tigre, que proclama que sólo un diamante en bruto, una persona de corazón puro, podrá entrar en la cueva. En su laboratorio secreto de palacio, Jafar descubre que ese diamante en bruto es Aladdín y ordena a sus guardias que lo apresen.

En palacio las cosas tampoco van precisamente bien. La princesa Yasmín tiene la obligación de elegir a un pretendiente y casarse con él antes de su próximo cumpleaños, tal como manda la tradición. Pero Yasmín detesta esa ley que la obliga a unirse a un completo desconocido. Está cansada de sentirse encerrada en palacio y toma una decisión: Huir. Pero las cosas no son tan fáciles como ella cree. En el mercado de Agrabah tiene un altercado al robar una manzana para alimentar a un niño hambriento, y por ello casi pierde una mano. Por suerte, Aladdín ha visto lo sucedido y la rescata justo a tiempo. Aladdín la lleva a su humilde casa y ella le confiesa las presiones que la atormentan. Pero en ese momento son interrumpidos por una patrulla de soldados que arrestan a Aladdín por orden de Jafar. Aunque Yasmín se descubre y revela que es la princesa, no puede impedir que se lleven a Aladdín.

El joven ladrón es encerrado en una celda sin posibilidad de escapar. Jafar, disfrazado de anciano prisionero, libera a Aladdín y le convence para ir en busca de la Cueva de las Maravillas. Mediante engaños, consigue que Aladdín se interne en la cueva y busque para él una lámpara mágica que está en las profundidades de la gruta. Aladdín acepta, pues las riquezas que le promete el anciano le darían la oportunidad de medrar y poder acceder a la mano de Yasmín.

La cueva, tal y como pronosticó Jafar, está llena de tesoros de incalculable valor. Sin embargo, Aladdín tiene prohibido tocar absolutamente nada excepto la lámpara mágica. Pero Abú decide hurtar un enorme rubí y la cueva amenaza con desmoronarse. Aladdín consigue llegar a la salida, pero Jafar le roba la lámpara e intenta matarlo. Abú muerde a Jafar y éste, para su frustración, descubre que el mono le ha robado la lámpara. Aladdín y Abú, encerrados en la cueva, no tienen la menor posibilidad de escapar. Pero entonces, Aladdín le echa un vistazo más detenido a la lámpara y la frota. Es entonces cuando la lámpara parece cobrar vida propia y de ella surge un inmenso genio azul que le concederá tres deseos. Haciendo uso de una gran astucia, Aladdín consigue que el Genio los saque de la cueva sin gastar el primer deseo, aunque después promete que liberará al Genio con su tercer deseo. Porque Aladdín sólo tiene un deseo, y ése es poder ser digno de la princesa Yasmín. Por eso le pide al Genio que le convierta en un príncipe.

En palacio, Jafar está cada vez más furioso. La pérdida de la lámpara mágica le aleja cada vez más de su sueño de convertirse en el próximo sultán de Agrabah. Pero Iago, su loro, le convence para que intente casarse con la princesa Yasmín para convertirse en sultán, y matarla a ella y a su padre cuando consiga su objetivo. Pero entonces es cuando hace su aparición Aladdín, ahora convertido en el príncipe Alí, que presenta sus respetos al Sultán y le pide la mano de Yasmín. Pero la princesa Yasmín, creyendo que no es más que otro príncipe petulante, le rechaza. Aladdín no se atreve a decirle quién es en realidad, pero convence a Yasmín para dar un paseo sobre la alfombra mágica. Yasmín reconoce a Aladdín, pero éste sigue sin reconocer que es un pobre ladrón y le miente diciéndole que es un príncipe que se hace pasar por alguien más humilde. A pesar de todo, se besan y se juran amor eterno.

Jafar, por su parte, está resuelto a acabar con Aladdín y ordena a sus hombres que le tiendan una emboscada. Aladdín es sorprendido en plena noche, encadenado y arrojado al río para morir ahogado, pero gracias al Genio consigue escapar con vida. Aladdín se venga de Jafar destruyendo su bastón, con el que controlaba la voluntad del Sultán. Sin embargo, Jafar descubre que el príncipe es en realidad Aladdín, el joven que consiguió la lámpara mágica, y toma la resolución de robársela. Aprovechando que Aladdín y el Genio tienen una discusión, el loro Iago roba la lámpara y se la entrega a Jafar, quien de inmediato pide su primer deseo: Convertirse en el nuevo sultán de Agrabah. Como todos se niegan a rendirle pleitesía, pide su segundo deseo: Ser el hechicero más poderoso de la tierra. Gracias a sus nuevos poderes, consigue desenmascarar a Aladdín y raptar a la princesa Yasmín, a la que convierte en su esclava.

Aladdín desea salvar el reino, pero para ello necesita recuperar la lámpara. Pero a pesar de la ayuda que recibe de Yasmín, es descubierto por Jafar, quien convierte a Abú en un mono de juguete, destruye a la Alfombra y encierra a Yasmín en un reloj de arena gigante. Aladdín sabe que no puede derrotar a Jafar mientras sea el hechicero más poderoso del mundo. Por eso recurre a su astucia y reta a Jafar diciéndole que siempre habrá alguien más poderoso que él: el Genio. Jafar pide entonces su tercer deseo: Convertirse en Genio. Aunque al principio se muestra contento con sus poderes, comprende demasiado tarde que, como Genio, tendrá que vivir encerrado dentro de su propia lámpara. Jafar e Iago quedan atrapados dentro de la lámpara y se pierden en el desierto.

Finalmente, Aladdín utiliza su tercer y último deseo para liberar al Genio, tal como le había prometido. Aunque la ley sigue impidiendo a la princesa de Agrabah casarse con quien ella desee, el Sultán decide cambiar la ley, impresionado por el valor y el carácter de Aladdín. El Genio puede por fin ir a donde quiera, y Aladdín tiene su propio final feliz al comprometerse con su querida Yasmín.