miércoles, 11 de febrero de 2015

El amor de las películas perjudica seriamente la salud


¡Hola a todos!

Vamos a empezar con un pequeño cuestionario. ¿Cuántos de vosotros habéis visto una comedia romántica para tener una perspectiva más bonita del amor? ¿Y cuántos habéis elegido una película de ese mismo género para poder llorar a gusto después de una ruptura? Estoy convencida de que, aunque en principio este tipo de películas no os gusten, fijo que os habéis pulido más de una, ya sea por curiosidad u obligados por vuestra pareja (esto les pasa sobre todo a los chicos, pobriños...).

Cuando pensamos en comedias románticas, la primera que se nos viene a la cabeza es la famosa Pretty Woman, película que catapultó a Julia Roberts al puesto de Novia de América allá por los años 90. La historia de la prostituta que conseguía llamar la atención de un guapo millonario y su posterior historia de amor gustó mucho al público y marcó tendencia, ya que la misma fórmula ha sido adaptada multitud de veces en cientos de producciones cinematográficas o televisivas. El amor en el cine se ha ganado a pulso un hueco entre los géneros favoritos de las mujeres y las parejas enamoradas.

Pero no es oro todo lo que reluce. Según varios estudios, el efecto que las películas románticas tienen sobre el espectador (sobre todo femenino) influye directamente en sus fracasos amorosos en la vida real. ¿La razón? Pues las altas expectativas que generan los personajes de las comedias románticas, que pocas veces se corresponden con la vida real. Así, películas como la mencionada Pretty Woman, El Diario de Noa, Algo para Recordar y muchas otras, hacen crecer nuestras expectativas sobre el amor y la relación de pareja hasta límites insospechados. Hasta hacernos creer que, por muy mal que nos vayan las cosas, el amor aparecerá en nuestras vidas para hacer justicia y lograr que seamos felices para siempre.

Sin embargo, es mejor tener cuidado con las ideas que nos venden los guionistas de Hollywood, sobre todo por nuestra salud mental. Y para muestra, un botón. Chloe Angyal, una editora de Feministing.com, decidió centrar su tesis doctoral en el tema de las películas románticas para desbancar los mitos de este tipo de filmes. Para su experimento, se propuso ver comedias románticas durante un año. Empezó el 3 de enero... y el 13 de febrero, víspera de San Valentín, su novio la dejó. Entre las seis películas a la semana que veía y su corazón roto, Angyal llegó a la conclusión de que por muy cínicos o inteligentes que nos creamos, las películas románticas cambian nuestras creencias y expectativas cuando nos cogen en un momento especialmente vulnerable.

Aunque nuestra vida amorosa se parezca a la de las chicas de la película de turno, tenemos que reconocer que la mayoría de las veces las mujeres no nos parecemos a esas entrañables jovencitas que tienen una vida amorosa tan agitada. No todas las mujeres somos tan delgadas, torpes o románticas, ni tenemos un apartamento de soltera tan bien decorado o un armario con vestidor. Tampoco tenemos un portero agradable que nos dé consejos, ni un amigo gay que escuche nuestros problemas amorosos mientras nos ofrece una tableta de chocolate o un cubo de helado. En una comedia romántica, la chica habría conocido al hombre de su vida días después de que su ex novio la hubiera dejado, habrían coincidido en muchos sitios (siempre de la manera más rocambolesca posible) y, tras muchas vicisitudes, habrían acabado declarándose su amor y besándose bajo la lluvia.

Pero eso no pasa en la vida real. Todo lo que vemos en las películas son clichés, expectativas falsas que todos (y especialmente mujeres) nos hemos hecho alguna vez en la vida respecto al amor. Todos, de manera inconsciente, desearíamos que nuestra historia de amor fuese como las de las películas. Las comedias románticas tienen el asombroso poder de moldear nuestras ideas y expectativas de lo que es más importante para nosotros: amor, amistad, trabajo, sexo... Toman esas ideas y las transforman para adaptarlas a lo que a nosotros, en el fondo, nos gustaría vivir. Esto ha hecho que muchas personas se hayan hecho una idea equivocada de lo que es el amor, y algunas incluso han empezado a concebir ideas bastante sexistas después de ver este tipo de películas.

¿Sexismo en las comedias románticas? Indudablemente. En este tipo de películas, la mujer poderosa y con éxito es frecuentemente ridiculizada, como si se tratara de una enfermedad (y eso cuando la mujer trabaja. Si no, nunca la veréis en su trabajo más que un par de minutos en toda la película). Si la mujer exitosa en cuestión está soltera y nunca ha sentido la necesidad de buscar o tener pareja, la película nos demostrará que está equivocada. En el fondo, esa mujer cambiaría todos sus logros por tener la compañía del hombre de su vida. Y esto es así porque las comedias románticas nos venden la idea de que la vida de las mujeres está vacía sin la presencia de un hombre. Cualquier mujer que se considere feliz siendo soltera, se miente a sí misma.

¿Y los hombres? Pues tampoco se quedan atrás. El estereotipo más clásico del hombre romántico nos muestra a un galán que siempre cuida su aspecto, ya vaya vestido con traje de Armani o con un look muy casual y desenfadado. Al igual que la protagonista, el chico es guapísimo y siempre está muy pendiente de todos los movimientos de su amada, en un estilo que está a medio camino entre el amor y el acoso. El hombre romántico tiene el don de la ubicuidad: Siempre aparece junto a la chica cuando la está molestando algún troglodita borracho o esté a punto de caerse al suelo, en un alarde de esa torpeza que tanto gusta a los hombres en una mujer.

Por supuesto, la historia de amor entre ambos será graciosa y tórrida a partes iguales. Como son comedias, siempre habrá situaciones en las que se supone que tenemos que reírnos: Ella vuelve a tropezar con algo y tira una estantería con figuritas de porcelana china, ella tropieza y se cae en un charco, ella tropieza y se cae de culo en la pista de hielo, ella tropieza... bueno, ya me entendéis. Entre tanto tropiezo, es lógico que chica-conozca-a-chico-y-ambos-se-enamoren-hasta-las-trancas-foreveranever. Casi siempre conoce al chico nuevo justo después de que su anterior novio la haya dejado por su mejor amiga o la haya plantado en el altar. Pero todo son mariposas y arco iris con este nuevo chico, que a los cinco minutos de conocerle ya sabe que es el amor de su vida (a él le pasa lo mismo, claro), y está dispuesta a darlo todo por esa relación que da sentido a su existencia vacía y gris. Eso cuando la historia va bastante bien. Cuando se trata de un amor tempestuoso y apasionado, probablemente porque los padres de ella no les permiten estar juntos, la cosa se vuelve tórrida por momentos. Besos mordedores, abrazos crujecostillas, bofetadas súper ruidosas, gritos y alaridos, porque así son las películas de amor sin fronteras, donde los protagonistas expresan sus sentimientos como si fueran monos en celo o muy cabreados.

Además de todos estos topicazos, las comedias románticas no pasarán la purga si no tienen una banda sonora acorde. Todas las canciones están interpretadas por una cantante joven y las letras suelen tratar de personas que, a pesar de todas las dificultades que les pone la vida, siempre salen adelante con la cabeza bien alta y una sonrisa en los labios. ¿Depresión? ¿Qué es eso?

Y, sin embargo, todos los años cae por lo menos una decena de películas que vuelven a mezclar todos estos estereotipos y a hacérnoslos comer como si fuera algo completamente nuevo, la historia que siempre hemos querido ver. Cuando en realidad siempre es la misma. Por eso no me gustan las comedias románticas, porque ya se ve venir cómo va a terminar todo: que la chica soltera conocerá al hombre de su vida y él la querrá tanto que hará cualquier tontería por ella. Porque esos tópicos no representan a una pareja real, con problemas de verdad, con baches que a veces son imposibles de superar y con conflictos que tienen que resolverse en un tribunal, sobre todo cuando hay hijos de por medio.

Pero esa es la vida real. Y la vida real y el cine se parecen tanto como un huevo a una castaña.

8 comentarios:

  1. Bueno, cierto es que las películas románticas no imitan la vida. Pero, ¿qué película la imita?
    Las películas de cine bélico suelen ser absurdas para todo el que conoce de historia o de estrategia, incluso las que pretenden ser serias como "Salvar al Soldado Ryan" o "Corazones de acero". Las de médicos hacen llevarse las manos a la cabeza a los profesionales sanitarios. Las de asesinos son directamente ridículas (¿quién coño baja las escaleras del sótano preguntando "¿quién está ahí?" cuando cree que puede haber un fantasma o un asesino?). Las de intriga suelen resolverse con un poco creíble deux ex machina, en la que además el malo es tan tonto como para contarle al bueno la explicación de todos sus planes. Las de acción muestran persecuciones en coche bizarras con explosiones imposibles y personajes que apenas sangran tras una somante de ostias que dejarían a cualquiera incosnciente. De las comedias y las pelis de fantasía ya ni hablemos, porque las primeras son absurdas per se y las segundas, como su propio nombre indica, huyen de la realidad.
    Aparte de eso, están los viejos temas del cine: mujeres que se levantan perfectamente maquilladas, personajes que encuentran aparcamiento siempre delante del sitio donde quieren ir, partos cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia...
    ¿Y qué quiero decir con este rollo? Pues que el cine no es realismo, es espectáculo. Una historia de amor normal, como cualquiera que podamos vivir tú y yo, sería aburrida de ver, y en absoluto comercial. Del mismo modo que nadie sería capaz de terminarse una novela que cuenta una semana en la vida de una familia feliz, donde papá va a trabajar al hospital, mamá al banco, los niños sacan sobresalientes y juegan con sus amigos y el perro salta feliz detrás de una pelota. Cualquiera sabe que esa escena sólo es viable narrativamente como prólogo de diez minutos antes de que un secuestrador dispare a la madre y se lleve a los niños para pedirle un rescate al padre.
    En definitiva, no creo que los romances de cine o literarios tengan que ser realistas. Y tampoco creo que el hecho de no serlo le cree falsas expectativas a nadie; todos sabemos que es ficción. Sí, a todas nos encantaría vivir una historia de amor de película, igual que a todas nos gustaría haber recibido la carta de Hogwarts a los once años o vivir en la Tierrra Media, pero no creo que eso nos engañe sobre nuestras perspectivas reales de conseguirlo. El cine es para sentarte, disfrutar y soñar; para realista ya está la vida :-)

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    1. No te quito la razón, porque el cine siempre nos muestra una cara diferente a la realidad. Da igual el tipo de película que sea: siempre habrá grandes diferencias entre la realidad y la ficción.

      Pero el caso es que las películas románticas transforman al personal. Tú no ves a gente haciéndose militar después de ver películas bélicas, ni poniéndose a hacer el ganso después de una peli de humor (vale, obviemos Jackass). ¿Por qué entonces las películas románticas nos dan una serie de expectativas erróneas? Es decir, ¿por qué nos empeñamos en buscar a Richard Gere o a Ryan Gosling en nuestras posibles parejas? Conozco a una chica que quería que su novio se pareciera a Orlando Bloom, en serio. Eso es lo que me jodede las comedias románticas. Si sabemos que son mentira... ¿por qué nos las creemos y buscamos reproducirlas en la vida real? Ahora se lleva mucho pretender que tu novio o marido se convierta en Christian Grey, igual que antes se llevaba lo de transformarlo en Edward Cullen. Menudo chasco cuando se den cuenta de que eso es imposible, que su ilusión acabará por los suelos porque es completamente irrealizable.

      Yo disfruto del buen cine porque sé que estoy viendo una historia, igual que en el teatro. Pero no me creo las historias que me cuentan porque sé que es ficción. Y a mucha gente eso no le pasa cuando es una comedia romántica lo que está viendo.

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    2. Hum... sinceramente yo creo que eso no es culpa de las películas románticas sino de la inmadurez de algunos espectadores. La gente madura sabe que las historias de amor reales nunca pueden ser tan perfectas como en las películas, primero porque las películas añaden a la historia un componented ramático que la vida (afortunadamente) casi nunca tiene, y segundo porque las películas sólo muestran la mejor cara de las relaciones: nada de pelos despeinados o mal aliento por las mañanas, enfados por el mando a distancia, las relaciones sexuales son perrrrfectas (siempre orgasmos simultáneos en diez segundo)... pero vamos, creo que cualquier persona con dos dedos de frente asume que todo eso es parte del decorado.
      Richard Gere, Ryan Gosling y Orlando Bloom son señores tan humanos como cualquier otro, mejor dotados por la naturaleza pero muy mejorados por cirugía, maquillaje, caracterización, retoques digitales, e intensivos programas de dieta y ejercicio. Todas las que sueñan con ellos huirían despavoridas si pasaran una noche con ellos al darse cuenta de que roncan, se tiran pedos, y pueden tener arranques de mal humor o contar chistes malos como tooooodos los tíos del mundo.
      Pro eso digo que la culpa no es de las películas sino de la madurez de quienes las visionan. Seguro que tú y yo hemos visto montones de esas películas y no andamos buscando por ahí a Edward Cullen. A lo mejor cuando teníamos 16 años sí, pero creo que a estas alturas ya tenemos un poquito más de cabeza. La chica esa que quiere un novio como Orlando Bloom madurará, no te preocupes... dale tiempo, que espabilará aunque sea a hostias, como acabamos haciendo todas :-P
      En cuanto a convertir a tu marido en Christian Grey... ¡si es lo más fácil del mundo! Basta con que gane el euromillón y se dé una vuelta por el sex shop más cercano XDDD

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    3. Supongo que sí, que la mentalidad de las personas inmaduras es la que les hace evadirse a sus propios mundos de Yupi e imaginarse una historia de amor que después pretenden materializar en el mundo real, aunque sigo diciendo que también las películas tienen mucho que ver en eso. Debe de ser que, como son tan optimistas, hacen que tengamos una imagen del amor que no sólo nos gustaría tener, sino que además nos esforzamos por hacer real. Pero es lo que digo: Todo es mentira, porque te muestran una imagen irreal e inexacta del amor tal y como es. Supongo que el amor normal y corriente no resulta muy rentable a nivel de Hollywood, que hay que darle formas cada vez más raras.

      Recuerdo que, cuando tenía 14 ó 15 años, me habría encantado conocer a un chico que se pareciera a Link, el protagonista del videojuego The Legend of Zelda. Y me lo imaginaba tal cual!! Rubio, ojos azules, guapísimo, valiente... y vestido de verde. Afortunadamente, he madurado y ya no me pongo a buscar a chicos siguiendo ese estereotipo, jajaja!

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  2. Yo sólo quiero hacer el apunte de que en la vida real ser torpe no es sexy. Como niña que de pronto dio un estirón y en menos de un año creció una barbaridad, me ha costado mucho aprender los "límites" de mi cuerpo. En la vida real si te das una toña felante del chico guapo por el que bebes los vientos, lo más probable es que se ría hasta que se le salten las lágrimas.

    Y con la comedias románticas, oh, sabemos que son mentira, pero es como la comida basura. Sabemos que no son la realidad, pero enganchan, ya te digo si enganchan.

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    1. Dices bien. La torpeza en la vida real no es para nada sexy. Pero coincidirás conmigo en que, en las Rom Com, las chicas son unas patosas de cuidado y a sus galanes eso les parece muy adorable. Ocurre lo mismo si visten como niñas inocentes o si hablan de un modo infantil; los protas las ven como seres vulnerables y tiernos a los que desean proteger por encima de todo. Qué diferente a la realidad, donde ese tipo de comportamientos son considerados propios de una persona inmadura!

      Está claro que las comedias románticas son adictivas y enganchan. Y yo opino en ese sentido igual que tú: A todos nos gusta la basura, pero tenemos que ser conscientes de que es basura.

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    2. Pues yo soy la persona más torpona que conozco y mi marido dice que mi torpeza le parece tierna porque soy un "patito adorable". ¿Me habrá estado mintiendo durante todos estos años, o es que somos muy moñas? ^^UU

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    3. Acabas de describir a la perfección los síntomas de la Amoritis Eternae, que afortunadamente es incurable, XD! La torpeza es adorable cuando se trata de alguien a quien queremos con toda nuestra alma, porque a quien somos indiferentes nuestros tropiezos le causarían carcajadas a mansalva.

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