¡Hola a todos!
Cuando pensamos en vampiros, probablemente lo primero que nos viene a la cabeza sea una imagen bastante concreta: un aristócrata pálido con capa negra, colmillos afilados, un antiguo castillo en ruinas y una irresistible afición por salir de noche a recorrer bosques frondosos o calles neblinosas en busca de víctimas a las que chuparles la sangre. Y, por supuesto, el nombre de Drácula.
Pero ¿y si os dijera que cuando Bram Stoker publicó Drácula en 1897, los vampiros ya llevaban bastante tiempo haciendo de las suyas en la literatura?
Mucho antes de que el conde más famoso de todos los tiempos se instalara en Transilvania, otros seres nocturnos habían recorrido bosques, cementerios, castillos y mansiones góticas para sembrar el terror en sus inocentes víctimas. Algunos eran monstruosos; otros, sorprendentemente seductores. Los había que regresaban de la tumba para beber sangre, pero también criaturas que parecían alimentarse del amor, del deseo o de la propia vitalidad de sus víctimas. Y, en más de una ocasión, el vampiro ni siquiera tenía colmillos.
De hecho, si nos ponemos a tirar del hilo, descubrimos una historia bastante más curiosa de lo que podría parecer. Antes de Drácula están Lord Ruthven, el aristocrático y perverso vampiro de The Vampyre; está Geraldine, la misteriosa criatura de Christabel; está Carmilla, probablemente una de las vampiras más fascinantes de la literatura; y también encontramos relatos en los que el vampirismo se mezcla con el romanticismo, el erotismo, la superstición, la enfermedad y el terror.
Así que, si por algún casual mi inteligente público pensaba que Bram Stoker inventó al vampiro literario, toca abrir el ataúd y echar un vistazo dentro.
Porque Drácula no apareció de la nada.
Antes de él hubo una larga procesión de muertos que se negaban a quedarse en sus tumbas. Y algunos de ellos son, incluso hoy, capaces de resultar bastante inquietantes.
En este recorrido vamos a viajar por la literatura vampírica anterior a Drácula, desde sus primeras apariciones en el Romanticismo hasta las obras que fueron dando forma, poco a poco, al vampiro que todos conocemos. Y quizá descubramos algo curioso por el camino: que el conde Drácula no fue el principio de la historia.
Fue, en realidad, uno de sus capítulos más famosos.
*Lenore (1773)
Lenore, también traducido como Leonore o Leonora, es un poema gótico compuesto por el escritor alemán Gottfried August Bürger (1747-1794) que se encuentra entre los poemas del romanticismo alemán que más influencia tendría en la posterior novela gótica y en los relatos de vampiros. Aunque en el poema no aparece la figura del vampiro tal como la conocemos, sí se nos presenta a uno de los personajes como el 'amante espectral' que, años después, serviría para sentar las bases del vampiro décimonónico.
El poeta nos presenta a Lenore, una joven que aguarda impaciente el regreso de su amado Wilhelm, quien ha tenido que partir a Praga para luchar en la Guerra de los Siete Años. Angustiada por la tardanza, pierde la esperanza y reniega de Dios. A medianoche, se le aparece un misterioso personaje que se parece mucho a Wilhelm y le pide que cabalgue junto a él con la promesa de llevarla al lecho nupcial. Lenore monta en el caballo del extraño y ambos cabalgan a toda prisa a lo largo de un camino por el cual transitan los muertos. El viaje termina en el cementerio, donde el jinete se descubre como un espectro que porta un reloj de arena y una guadaña. Aterrorizada, Lenore trata de luchar por su vida, pero los muertos del cementerio se apoderan de ella, castigándola por haber renegado de Dios.
A pesar de que casi nunca se recuerda este poema, tuvo una gran importancia en la temática vampírica posterior. Uno de los versos principales del poema, que reza 'Deja a los muertos en paz', serviría de título para el cuento de vampiros escrito por Ernst Raupach, del que hablaremos un poco más abajo. También se pueden ver referencias a Lenore en Cuento de Navidad, de Charles Dickens, y en la archiconocida Drácula, de Bram Stoker, concretamente el verso que dice 'Los muertos cabalgan deprisa'. Otras referencias al poema, aunque menos literales, se pueden encontrar en Christabel, de Samuel Taylor Coleridge, y en El monje, de Mathew Lewis.
Como curiosidad, es posible que el personaje de Lenore estuviera inspirado en una mujer real: la princesa Leonor Isabel Amalia Magdalena de Schwarzenberg, a quien se implicó en misteriosos episodios relacionados con el esoterismo y el vampirismo.
*La novia de Corinto (1797)
Fue un poema escrito por Johan Wolfgang von Goethe, quien se basó libremente en la historia de la vida de Apolonio de Tiana, escrita por el autor griego Filóstrato. Al parecer, al poeta le fascinó tanto esa historia que tuvo que plasmar su inspiración en forma de poema. Es posible, sin embargo, que también tomara muchas referencias de una obra de Flegón de Tralles llamada De Rebus Mirabilis, que incluía relatos sobre fantasmas, profecías, monstruos y prodigios naturales. Si a esto le sumamos que ya a Apolonio se le tenía por un hombre capaz de hacer milagros (se decía que había resucitado a la hija de un cónsul), no es de extrañar que a Goethe le llamara la atención esta historia.
El relato de Flegón nos traslada a Anfípolis, donde vive un matrimonio que aloja en un hostal de su propiedad a un joven llamado Macates. Este matrimonio tenía una hija llamada Filinion, que muere poco después de casarse porque a quien amaba era a Macates, hasta tal punto que, seis meses después de su muerte, regresa de la tumba para acompañarle durante las noches y regresar al sepulcro al llegar el día. Cuando es descubierta, Filinion muere definitivamente y Macates, desesperado, se quita la vida.
En su poema, Goethe nos lleva a Corinto, a los primeros años del Cristianismo y en medio de la controversia habida entre las antiguas religiones paganas y la pujante nueva religión. Tanto la protagonista como sus padres son cristianos, mientras que el joven al que hospedan es un ateniense pagano. Mientras todos duermen, se aparece de pronto la hija de los anfitriones, provocando el ardiente deseo del joven ateniense. Aunque ella trata de disuadirle, él le ruega sin cesar que se entregue a él, y al final consigue que ambos intercambien prendas de amor. En medio de una pasión arrebatadora durante la cual la muchacha mata al joven tras absorber sangre de su boca, la madre se da cuenta de lo que ocurre en el cuarto del huésped e interrumpe a la pareja, quedando horrorizada al saber que ahí está su hija, quien había muerto tiempo atrás. La muchacha se revela como una vampira sedienta de sangre y promete repetir el acto con cuantos jóvenes sea necesario hasta que se calmen sus ansias o la arrojen a las llamas.
Tras la publicación del poema, Goethe tuvo que hacer frente a una fuerte polémica. El poema causó gran controversia por su crítica al Cristianismo y por sus componentes fuertemente eróticos. Pese a todo, su protagonista dio verdadera forma a la figura del vampiro, convertido ya en una criatura cuyo modus operandi consiste en beber la sangre de sus víctimas.
*Christabel (1797-1800)
Christabel es un poema largo compuesto por Samuel Taylor Coleridge, considerado uno de los fundadores del Romanticismo en Inglaterra. Escribió el poema en dos partes pero, pese a que el autor hubiese querido hacer una tercera parte adicional, nunca logró completarlo, por lo que a día de hoy permanece inconcluso. Este poema destaca por su influencia en la literatura sobrenatural por su manera de describir, por vez primera y sin hacer todavía mención a su nombre, a un vampiro.
Christabel es una joven huérfana que vive en un castillo apartado en compañía de su padre, sir Leoline, que pasa sus días añorando a su esposa muerta. Una noche, cuando Christabel va a rezar por su prometido en medio del bosque, se encuentra con Geraldine, una hechicera de sorprendente belleza que asegura haber sido secuestrada por unos bandoleros. Christabel siente compasión por ella y se la lleva al castillo, donde el comportamiento de Geraldine cambia nada más cruzar el umbral de la casa. La hechicera parece experimentar cierto rechazo hacia las cruces, las bendiciones o los espacios considerados sagrados, lo que da una pista acerca de su carácter maligno y sobrenatural. Sir Leoline queda sobrecogido ante Geraldine, pues se parece a una antigua amiga de su esposa, y la toma bajo su protección. Al mismo tiempo, Geraldine ejerce una extraña influencia en Christabel, haciendo que la joven experimente unas sensaciones y una sensualidad que no comprende. Durante la noche que han pasado juntas, Christabel ha podido ver en el cuerpo de Geraldine "algo" en su pecho que le hace pensar que la mujer no es un ser humano, pero Geraldine utiliza una especie de poder hipnótico sobre ella y Christabel pierde el control sobre sí misma. Al día siguiente, intenta decirle a su padre que algo va mal, pero no consigue explicar lo ocurrido y, además, su padre está tan obnubilado por la belleza de Geraldine que ignora sus advertencias. Geraldine empieza a ocupar un lugar dentro de la familia con el beneplácito de sir Leoline, y entonces se produce una inversión muy inquietante: la verdadera víctima parece convertirse en la sospechosa, mientras que la criatura sobrenatural es aceptada como víctima. Christabel queda aislada, rechazada por su propio padre, y Geraldine obtiene cada vez más poder y autoridad.
Coleridge nunca llegó a terminar Christabel como le hubiera gustado. De acuerdo con James Gillman, la trama continuaba con Geraldine sembrando más discordia entre padre e hija mientras que un heraldo enviado por sir Leoline para investigar el lugar de origen de Geraldine descubre que la región ha sufrido una gran inundación y que el supuesto castillo en el que vivía Geraldine no existe. La hechicera desaparece, pero regresa poco tiempo después adoptando la figura del prometido de Christabel, aunque con un carácter tan cambiado que la muchacha no le reconoce como su amado. Pese a todo, es forzada por su padre a casarse con él. Sin embargo, antes de que se celebre el matrimonio, aparece el prometido de Christabel y le ofrece el anillo que ella le había dado en señal de afecto. Descubierto el engaño, Geraldine se descubre y desaparece enfurecida. Christabel se reconcilia con su padre y se casa con su verdadero prometido.
La figura de Geraldine, a pesar de que se la puede identificar con bastante certeza con un vampiro, nunca queda explicada del todo. Es una hechicera, una vampira que se alimenta de la vitalidad de Christabel, un demonio que siembra discordia entre padre e hija, una personificación de la tentación... Posee todos los elementos que veremos años más tarde en el vampiro literario, como el hecho de aparecer por la noche, alimentarse de seres humanos, poseer una belleza sobrenatural y ejercer una fascinación hipnótica. Su poder consiste en controlar la manera en que los demás la perciben, lo que la hace especialmente inquietante. Sin embargo, Geraldine no es un vampiro como el Drácula de Bram Stoker. Su naturaleza es mucho más ambigua y está vinculada a la tradición de los demonios femeninos y las criaturas sobrenaturales medievales.
*Thalaba el Destructor (1801)
Se trata de un poema épico compuesto por Robert Southey. Sus orígenes se remontan a la época en la que el autor era un escolar, pero no comenzó a escribirlo hasta los veinticinco años y lo terminó durante su viaje por Portugal. Después de que el país luso entrara en guerra con Francia y España, Southey regresó a Inglaterra en 1801 y publicó el poema. Sin embargo, no tuvo una gran acogida; de aquella tirada de mil ejemplares, hasta 1804 sólo se habían vendido la mitad.
La obra trata sobre Harún al-Rashid y un grupo de hechiceros que viven bajo el mar. Una profecía hablaba sobre la llegada de Thalaba, un musulmán destinado a convertirse en un paladín de Dios que vencería a los hechiceros. Estos, para impedirlo, matan a la familia Hodeirah, pero Thalaba consigue salir ileso del atentado y, tras escapar de una tormenta de arena, encuentra un anillo que le otorga poderes mágicos. Al principio, Thalaba trata de resistirse a su destino: quiere llevar una vida tranquila como pastor y quiere casarse con la hija de Moath, Oneiza. Pero, después de reflexionar, decide cumplir con su deber. Durante sus aventuras se topará con diversas criaturas como Simorg, el ave benevolente, y entidades como Azrael, el Ángel de la Muerte. También debe rescatar a Oneiza de un hechicero y se casa con ella, pero la mujer muere en la misma ceremonia. Más tarde, un espíritu que adopta el aspecto de Oneiza se le aparece a Thalaba para atormentarle. Sin embargo, Moath se da cuenta de que el espíritu es un vampiro y Thalaba lo destruye. Después de muchas aventuras, Thalaba consigue llegar a la cueva donde se encuentran los hechiceros, se hace con la espada de su padre y, tras derrotar a los hechiceros, entrega su alma al profeta Mahoma antes de destruir un ídolo maligno, lo que provoca el derrumbe de la cueva.
Aunque la figura del vampiro ocupa pocos versos en esta obra, su importancia simbólica es enorme, ya que es una de las primeras apariciones del vampiro en la literatura inglesa y funciona como un punto de inflexión emocional y mítico dentro del poema de Southey. Oneiza regresa de entre los muertos como una vampiresa, pero su imagen recuerda mucho a la del vampiro del folclore de los Balcanes, aderezada con aspectos propios del gótico británico, como el del cuerpo animado por fuerzas malignas. No es un vampiro que quiera beber sangre, sino que busca la perdición del héroe desviándole de su misión divina. Cuando el vampiro es atravesado por una lanza, huye y aparece el verdadero espíritu de Oneiza, luminoso y benévolo.
*El Giaour (1813)
El Giaour es un poema narrativo escrito por Lord Byron, el primero de una serie de poemas de temática orientalista. Fue una obra muy popular en la época y sirvió para catapultar a Byron a la fama, hasta un punto tal que el poeta llegó a resentirlo. Byron escribió el poema durante su Grand Tour entre 1810 y 1811. Mientras se encontraba en Atenas, tuvo conocimiento de una costumbre turca que consistía en arrojar al mar a una mujer culpable de adulterio envuelta en un saco. La palabra giaour es una palabra ofensiva turca para referirse al infiel, similar al kafir árabe.
La historia de El Giaour está dividida en tres partes, correspondientes a tres narradores que aportan cada uno su punto de vista sobre los acontecimientos. Leila, una joven del harén del Bey Hassan, se enamora en secreto de un extranjero cristiano, el giaour. Cuando Hassan descubre la traición, no duda en ordenar la ejecución de la muchacha según la costumbre otomana. Tras la muerte de Leila, el Giaour se entrega a la venganza y mata a Hassan. Sin embargo, el haber cumplido su venganza no le trae alivio ni paz. El Giaour, al más puro estilo byroniano, queda consumido por la culpa y el recuerdo de Leila, y predice que, en castigo por su crimen, está condenado a convertirse en un vampiro después de su muerte y a matar a sus seres queridos bebiendo su sangre, para su tormento y el de ellos. Todos sus remordimientos y visiones se los confiesa a un monje, en un largo monólogo que constituye una de las partes centrales del poema. Atormentado por los recuerdos y con la certeza de que su alma está perdida, el Giaour muere sin encontrar redención, atrapado entre el amor, la violencia y la culpa.
La figura del vampiro es uno de los momentos más fascinantes y menos obvios del poema, porque aparece de forma lateral, casi como una maldición lanzada contra el protagonista y no como un personaje plenamente desarrollado. No es un ente que actúa en la trama, sino la consecuencia de un acto atroz. Este pasaje introduce la idea del vampiro como castigo moral, no como un monstruo autónomo. Aunque poco tiene que ver con el vampiro que ha llegado a nuestros días, su existencia es decisiva en la historia del género. Y, a modo de curiosidad, el propio Lord Byron sería la principal inspiración para uno de los vampiros más famosos de la literatura, del que hablaremos a continuación.
*El Vampiro (1819)
En 1816, tuvo lugar en la Villa Deodati una reunión que haría las delicias de cualquier aficionado a la literatura decimonónica, pues allí se reunieron Lord Byron, Percy Shelley, Mary Shelley, su hermanastra Claire Clermont y John William Polidori, de profesión médico pero con una formación humanística muy esmerada. Debido a la imposibilidad de salir al exterior por culpa de un tiempo tormentoso, Byron propuso que cada uno de ellos escribiese un relato tenebroso. Sólo Mary Shelley y Polidori completaron el desafío: ella nos entregó a su Frankenstein para la posteridad y Polidori nos trajo al primer vampiro aristocrático moderno.
Aubrey, un joven inglés, conoce a Lord Ruthven, un hombre de origen misterioso que ha conseguido colarse de rondón en la alta sociedad londinense. Es un noble enigmático, de belleza fría y comportamiento inquietante que disfruta viendo la degradación de los demás y se rodea de personas vulnerables a las que termina destruyendo. Durante un viaje a Grecia, Aubrey se enamora de Ianthe, la hija de un posadero, quien le habla sobre la leyenda del vampiro. Entonces, aparece Lord Ruthven y, poco después, se descubre que Ianthe ha sido asesinada por un vampiro. Aubrey, que no conecta a Ruthven con el asesinato, se une a él en sus viajes y, durante una emboscada con unos bandidos, Ruthven es herido de muerte; con su último aliento, le hace jurar a Aubrey que no le hablará a nadie sobre su muerte durante un año y un día. Pero, al regresar a Londres, Aubrey descubre que Lord Ruthven está vivo y se dedica a seducir a la hermana de Aubrey. Aunque éste intuye el peligro, se ve incapaz de proteger a su hermana, quien anuncia su boda con el Lord el mismo día que termina el juramento. Aubrey intenta advertir a su hermana por carta, pero la misiva no llega a tiempo y la boda se celebra. En la noche de bodas, descubren a la muchacha muerta, sin sangre; y Lord Ruthven ha desaparecido.
Como se puede ver, Polidori fue el que dio forma definitiva a la figura del vampiro que ha llegado hasta nuestros días, cuyos rasgos y características podemos reconocer de inmediato. Aunque nunca se describe a Ruthven como una criatura con colmillos ni transformaciones, su vampirismo se revela en acciones y símbolos. Es un aristócrata seductor, con modales refinados y presencia hipnótica, pero al mismo tiempo es inexpresivo y parece incapaz de sentir empatía o afecto. Su poder se manifiesta con su presencia, terrible e inquietante, que drena la vitalidad de quienes le rodean. Se aprovecha, asimismo, de la incredulidad de la gente común para llevar a cabo sus crímenes, con lo que consigue pasar siempre inadvertido. Es casi unánime la opinión de que Polidori se inspiró en Lord Byron, para quien trabajó como médico personal, para crear a su Lord Ruthven, demostrando de paso la poca simpatía que sentía hacia él.
La narración de Polidori influyó mucho en la literatura posterior dedicada al tema vampírico a través de la figura de Lord Ruthven, que serviría de inspiración para muchas novelas y relatos de vampiros posteriores, y que veremos a continuación.
*Deja a los muertos en paz (1822-23)
También traducido como No despertéis a los muertos, es un cuento de vampiros escrito por el autor alemán Ernst Raupach, aunque durante mucho tiempo fue atribuido a Johann Ludwig Tieck. Fue publicado en 1923 en la revista literaria Minerva, y ese mismo año fue traducido al inglés, alterando la autoría de Raupach y eliminando el soneto introductorio y algunos pasajes tanto por descuido como por censura. El cuento de Raupach toma su título de uno de los versos más famosos del poema Lenore, y la trama guarda bastantes similitudes con El vampiro o La novia difunta, de Heinrich Ludwig Ritter, utilizando el tema de la amante macabra que regresa del sepulcro para atormentar a su amado.
Walter, un noble de Burgundia, llora cada noche sobre la tumba de Brunhilde, su primera esposa, muerta en plena juventud. Aunque está casado en segundas nupcias con Swanhilde, quien le ha dado dos hjos, sigue obsesionado con la mujer perdida. Una noche se encuentra con un hechicero que recoge hierbas en el cementerio. El anciano le ofrece la posibilidad de devolverle a Brunhilde, pero le advierte que es mejor no perturbar el descanso de los muertos. Walter, cegado por el deseo, ignora la advertencia. El hechicero lleva a cabo la resurrección y lleva a Brunhilde al castillo de Walter antes del alba, quien la recibe alborozado. Sin embargo, el regreso de Brunhilde llena de espanto a los criados, pues impone un gobierno implacable sobre la servidumbre y al mismo tiempo comienza a alimentarse de sangre. En su insaciable sed, Brunhilde mata a los dos hijos de Walter y Swanhilde, y finalmente comienza a alimentarse de Walter, quien comprende demasiado tarde el horror que ha desatado.
Deja a los muertos en paz es un relato que combina el terror gótico con una reflexión profunda sobre el duelo, la memoria y los límites del deseo. Raupach muestra que el amor absoluto, cuando se niega a aceptar la muerte, puede convertirse en fuerza devastadora. Su advertencia sigue vigente: hay pérdidas que deben asumirse, porque intentar revertirlas sólo abre la puerta a lo monstruoso. Brunhilde se convierte en uno de los vampiros más inquietantes y simbólicos de la literatura temprana del siglo XIX, construida como una figura que combina belleza, muerte, deseo y destrucción. Su existencia viene dada por el quebranto de una ley, como consecuencia por desafiar lo sagrado. Es un monstruo encarnado del terror a no aceptar la muerte.
*La familia del vurdalak (1839)
Nos vamos ahora a Rusia de la mano de Alekséi Konstantínovich Tolstói, poeta, novelista y dramaturgo considerado el dramaturgo histórico ruso más importante del siglo XIX. Era primo segundo del gran Lev Tolstói y en su juventud trabó amistad con el poeta Goethe. En su novela corta La familia del vurdalak, Tolstói aborda el tema del vampirismo cuando se instala en el seno de una familia. Fue escrito originalmente en francés y publicado póstumamente en ruso en 1884.
Durante una misión diplomática en 1759, el marqués d'Urfé vivió una experiencia terrible en un remoto pueblo de Serbia. Cuenta que allí pidió hospitalidad a Piotr, hijo del campesino Gorcha, quien se la concedió a pesar de la tensa situación que estaba viviendo su familia. Se decía que por la región vagaba un vurdalak, una criatura maligna que se alimenta de la sangre de sus propios parientes. Para proteger a su familia, Gorcha parte un día para ir a enfrentarse al vurdalak y acabar con él, pero deja una advertencia muy clara a los suyos: si regresara después de que pasasen diez días, debían clavarle una estaca en el corazón sin dudarlo, pues habría vuelto convertido en vurdalak. El marqués d'Urfé llega a la cabaña justo al décimo día, en el momento en que la familia se encontraba más nerviosa por la expectación. Entonces, Gorcha aparece con vida, pero su apariencia es inquietante: herido, silencioso, con un comportamiento extraño que pone en duda su humanidad. Sus hijos se dan cuenta de que Gorcha es un vurdalak y que es su deber matarlo, pero su amor filial se lo impide. Poco después ocurre lo inevitable: Gorcha mata a uno de sus nietos y empieza a rondar a los demás miembros de la familia, a los que acaba devorando bebiendo su sangre y convirtiéndoles en vurdalaks. La única que podría haberse salvado es Zdenka, la hija de Gorcha, que finalmente queda atrapada en un ambiente dominado por el vampirismo. Tiempo después, d'Urfé regresa al pueblo sólo para descubrir que no hay vida humana y que los únicos habitantes son vurdalaks, incluida la familia que le acogió.
Tolstói combina en su relato el folclore eslavo con el terror romántico para construir una historia donde el vampiro no es sólo un monstruo, sino una metáfora de la desintegración familiar, la pérdida de identidad y la corrupción de los afectos. El vurdalak es más inquietante que el vampiro occidental, ya que su objetivo es la sangre de los suyos, lo que convierte el hogar en el escenario del horror.
*Varney el Vampiro (1845-47)
Varney el Vampiro o El festín de sangre es una novela de horror gótico victoriana escrita por entregas entre 1845 y 1947, en los famosos folletines conocidos como penny dreadful. Aunque durante un tiempo su autoría fue atribuida erróneamente a Thomas Preskett Prest, su autor real fue James Malcolm Rymer, siendo Prest un colaborador que le ayudó en la redacción de unos pocos episodios. La extensión de la novela es vastísima, pues resultó en doscientos veinte capítulos que superan las ochocientas páginas. Su estilo está cargado de suspense, utilizando vívidas imágenes para describir los atroces actos de Varney.
Aunque la historia, debido a su formato, puede resultar confusa y tener contradicciones, se puede seguir una línea argumental. El protagonista es sir Francis Varney, un vampiro obsesionado con vengarse de la familia Bannerworths, que ha quedado en la ruina tras la muerte del padre. A pesar de ser un vampiro, es curioso que a Varney parezca moverle más la avaricia, pues nunca queda del todo claro si persigue a esa familia por satisfacer sus impulsos vampíricos o para privarla de sus bienes. En este punto, la historia se bifurca: hay pasajes que describen a Varney como un vampiro tal y como lo conocemos; pero en otros se sugiere que en realidad Varney es un humano normal y corriente que actúa como un vampiro. En ciertos momentos, le vemos odiar su condición vampírica, pero más adelante usa su poder para convertir en vampiresa a una mujer perteneciente a la familia a la que ha decidido aterrorizar. A lo largo de la historia, a Varney se le dibuja como una víctima de las circunstancias. Intenta salvarse de su condición, pero al ver que esto es imposible, decide suicidarse arrojándose al monte Vesubio, no sin antes dejar un relato escrito sobre sus orígenes a un sacerdote de su confianza. Según sus propias palabras, Varney habría sido maldecido con el vampirismo por haber entregado a un partidario del rey Carlos I a Oliver Cromwell y haber matado accidentalmente a su propio hijo en un arrebato de furia, aunque ha "muerto" y revivido en varias ocasiones a lo largo del tiempo.
A pesar de su historia un tanto confusa y llena de descuidos y contradicciones, Varney el Vampiro tuvo una gran influencia en la literatura vampírica posterior. De hecho, quien más bebe de él es la famosísima Drácula, de Bram Stoker, pues podemos reconocer en el sanguinario conde muchos de los elementos característicos que tenía Varney, como los colmillos afilados (es la primera vez que se menciona esta característica), el mordisco en el cuello para beber de sus víctimas, la posesión de poderes hipnóticos y la fuerza sobrehumana. Al contrario que otros vampiros, Varney puede moverse con libertad bajo la luz del sol y puede consumir comida humana, pero ésta no sacia su hambre. También es el primer ejemplo de vampiro arrepentido, puesto que rechaza su condición pero se ve sometido a ella. Este arquetipo ha sido ejemplificado en otros personajes del género como la Condesa Zaleska en La hija de Drácula, Louis de Entrevista con el vampiro o Angel y Spike de Buffy, cazavampiros.
*La dama pálida (1849)
Aunque con un poquito de retraso, Francia también se unió a la moda de los vampiros de la mano de uno de sus escritores más ilustres. La dama pálida, también traducida como La dama vampirizada o El vampiro de los Cárpatos, es un relato corto escrito por Alexandre Dumas padre como parte de su compilación de cuentos de terror Los mil y un fantasmas.
El relato está contado en primera persona por Hedwige, una noble polaca de Sandomir, que en el año 1825 se ve obligada a exiliarse a un monasterio para huir de los horrores de la guerra entre Rusia y Polonia. Durante su viaje, ella y su equipo son asaltados por un grupo de bandoleros capitaneados por los hermanos Kostaki y Gregoriska, de la noble familia de los Brancovan. Los dos hermanos respetan a Hedwige y se enamoran de ella, llevándola al castillo de la familia donde comienzan a disputar por su afecto. Una noche, Gregoriska le propone a Hedwige que huya con él, y la joven acepta. Sin embargo, Kostaki descubre las intenciones de su hermano. Al día siguiente, se descubre el cadáver de Kostaki y la madre de los hermanos le pide a Gregoriska que encuentre al asesino. Mientras tanto, durante las noches Hedwige comienza a ser visitada en su alcoba por un vampiro que se alimenta de su sangre y deja una terrible palidez en su cuerpo. Gregoriska, para proteger a su amada, busca al vampiro y por fin consigue dar con él y enfrentarse a él. Es entonces cuando se descubre que el vampiro es Kostaki, quien revela que se suicidó. Ambos hermanos se baten en duelo y Kostaki sale derrotado, pero Gregoriska también cae y ambos son enterrados juntos, poniendo punto y final a una maldición que llevaba siglos afligiendo a la familia Brancovan.
En este relato, Dumas nos presenta un vampiro muy interesante, porque Kostaki no es simplemente un monstruo sobrenatural: su condición de vampiro es una prolongación de su personalidad, sus pasiones y su violencia. El objeto de su obsesión es Hedwige, no su sed de sangre, lo que introduce una idea muy característica de la literatura gótica y que ya hemos visto en Deja a los muertos en paz: el amor puede convertirse en algo monstruoso cuando intenta vencer los límites naturales de la muerte.
*Carmilla (1872)
Estamos ante una de las obras fundamentales de la literatura vampírica, cuyo éxito y terror antecedieron a Drácula más de un cuarto de siglo. Joseph Sheridan LeFanu escribió Carmilla en 1871 en forma de novela corta, aunque originalmente fue publicada como un serial en la revista literaria The Dark Blue.
La protagonista es Laura, una joven de buena posición que vive con su padre en un castillo en una región boscosa y bastante aislada de Estiria, donde crece apartada del mundo. A menudo recuerda un episodio de su infancia en el que dormía junto a una joven y se despertaba al sentir dos agujas punzando su pecho, resultándole un hecho del todo inexplicable. Años después, junto al castillo de la familia ocurre un accidente con un carruaje en el que viajan una mujer y su hija, de la edad de Laura. La hija está inconsciente y necesita que la vea un médico, pero la madre parece tener prisa por continuar el viaje e insiste en que no puede quedarse para cuidar de ella, por lo que le pide al padre de Laura que le permita cuidarla en su castillo. El nombre de la joven es Carmilla, y a partir de ese momento empezará la relación entre ambas protagonistas. Carmilla es hermosa hasta límites extraordinarios, posee unos modales muy refinados y una personalidad misteriosa. Entre ella y Laura se establece una conexión casi instantánea, pues pasan mucho tiempo juntas. Pero Carmilla pronto empieza a actuar de forma muy intensa hacia Laura: la abraza, la besa, le dice que la ama, que algún día será suya. Al mismo tiempo, puede mostrarse distante, melancólica, ausente y hasta grosera en sus palabras. Esto consterna profundamente a Laura, pues no sabe cómo interpretar sus sentimientos. Mientras Carmilla pasa más tiempo en el castillo, más enferma se empieza a poner Laura. Por la noche la asaltan pesadillas en las que siente que alguien la está atacando y mordiendo. Su salud se va consumiendo, palidece y siente un gran cansancio; estos síntomas son similares a los que han sufrido otras jóvenes de la región, cuyo final ha sido la tumba. Laura se da cuenta de que Carmilla no es lo que parece, sino que es la condesa Mircalla Karnstein, una criatura de la noche que se alimenta de la energía vital de las mujeres jóvenes. La historia culmina en una confrontación dramática y la destrucción final de la vampiresa. Laura se salva, pero nunca vuelve a ser la misma.
La historia muestra muchas de las características del terror gótico, y resalta el estereotipo popular del vampiro y la perplejidad de los personajes frente a sucesos sobrenaturales. Cabe destacar que la sutil influencia de contenido erótico, siempre relacionada con la figura del vampiro, es de carácter lésbico o sáfico, algo que también pudimos ver en Christabel. Carmilla se porta con Laura como lo haría una amante apasionada, e incluso defiende que el amor no debería estar limitado por las convenciones sociales, porque lo importante es la pasión. La relación entre ambas adquiere gradualmente un carácter sensual y erótico, pero sin hacer uso de descripciones sexuales explícitas. Sin embargo, la gran innovación de LeFanu está en que el vampiro no es una criatura que ataca desde las sombras, sino que utiliza abiertamente la seducción. Carmilla es una depredadora que enreda a sus víctimas, las seduce y consigue, a pesar de hacerles daño, que sigan emocionalmente vinculadas a ella.
¡Y hasta aquí por hoy! ¡Feliz mes de octubre a todos y permaneced atentos para leer más contenido terrorífico y escalofriante!