octubre 16, 2012

Gracias a Dios que Dios no existe


¡Qué poco me gusta la gente que empieza a hablar de Dios como alguien a quien debo rendir cuentas sobre mis actos! ¡Qué horrible es ver a personas que ensucian los principios de una religión por hipocresía o por ganar puntos de cara al resto del mundo o en vistas a su próxima vida en el Cielo! ¡Qué asco me dan los que tratan por todos los medios de convencerme de que existe una deidad todopoderosa más allá del universo que sabe lo que pienso y lo que hago en todo momento!

La existencia de Dios siempre ha sido, y seguirá siendo, un tema espinoso y con multitud de claroscuros en los que tal vez yo no debería adentrarme. Lo malo de ser atea es que siempre tengo que andar con pies de plomo porque los cristianos se ofenden y empiezan a llamarme de todo, desde "zorra ignorante" a "prostituta de Babilonia". Confieso ser historiadora y amante de las artes y las letras, pero en este aspecto me posiciono completamente a favor de las ciencias. Y es que la ciencia sé que existe y me da las respuestas que busco, cosa que no ha hecho la religión hasta el momento.

En mi adolescencia no fui feliz. Algún día comentaré mis experiencias en el instituto, pero todavía no es el momento. Baste decir que no era una compañera muy apreciada y que había gente que se metía conmigo por razones que ni yo misma entendía, convirtiendo mi vida en un infierno. En aquellos años, yo buscaba a Dios desesperadamente. Leía libros de religión y escuchaba historias del Nuevo Testamento que hablaban de la piedad, de la compasión, de los que sufrían... y de cómo algún día ese sufrimiento se vería recompensado con el Cielo. Llegué incluso a plantearme la posibilidad de profesar en un convento, aunque no se lo he dicho nunca a nadie, porque tenía la convicción de que ese mundo era para mí.

Pero fui creciendo, y con los años me di cuenta de que a nadie le importaba una mierda si yo sufría o no. Ninguno de los que se metía conmigo se planteó jamás si yo tenía sentimientos. Me volví seria. Me volví cínica. Me sentía sola. Pensar en la existencia de Dios no me hacía más fuerte; al contrario, me volvía débil porque no lo veía por ninguna parte. Mi corazón deseaba creer en él, pero descubrí que todo el tiempo había estado equivocada. En la Biblia se dice que Dios concedió a los humanos libre albedrío y que por eso no podía interferir en sus problemas y conflictos diarios. Fue cuando comprendí que Dios no iba a ayudarme por mucho que yo rezara. La respuesta estaba en mi corazón y en mi cerebro.

Entendí con total claridad que Dios no es sino un sueño al que la gente se aferra cuando no tiene nada en lo que apoyarse. Cuando no existe explicación para nuestros pesares, nos refugiamos en Dios. Si conseguimos algo es porque Dios quiere. Si todo ha salido bien, decimos "gracias a Dios". Las religiones, sobre todo las religiones del Libro, son dogmas que nuestros padres o nuestros abuelos nos han enseñado en nuestra más tierna infancia. Cuando crecemos, solemos desengañarnos de los principios de esas religiones, pero siempre hay alguno que sigue creyendo con certeza que Dios existe. Y esto me parece una contradicción. ¿No eres religioso pero crees en un personaje de una religión? Eso es como decir que yo creo en Zeus, en Osiris, en Thor o en cualquier deidad que haya tenido una cierta trascendencia en la gente. Incluso puedo ir más lejos y decir que los dioses que yo me invento son seres reales y, como tales, los adoro y honro.

Obviamente, los cristianos, judíos y musulmanes se estarán rasgando las vestiduras y me atacarán con una de sus falacias favoritas: No puedo demostrar que no existe un ser superior. Nadie ha visto a Dios, pero tenemos que creer en él. Entonces, como nunca he visto un hada, ¿puedo creer en ellas? ¿Es lícito que crea en los duendes, en los silfos o en los trolls? Los creyentes tampoco pueden demostrar que estos seres no existen y, sin embargo, la Iglesia los ha condenado como una superstición de los antiguos pueblos salvajes, que buscaban en la naturaleza la respuesta a sus preguntas cotidianas. Pues mire usted, exactamente igual que las religiones monoteístas que nos han acompañado a lo largo de la Historia.

Precisamente mi principal apoyo es la Historia. Los ateos no causamos ni una sola guerra de religión, no juzgamos a nadie por sus creencias religiosas, no apoyamos el genocidio nazi (algo que el Vaticano aprobaba), no derribamos las Torres Gemelas en virtud de una cruzada contra el infiel, no cometimos barbaridades con tal de salvar el "alma" del prójimo, no vemos a los homosexuales como pecadores o delincuentes, no defendemos que la mujer sea inferior al hombre sólo porque Dios lo dice, y así podría seguir durante un buen rato.

En la Edad Media, que marcó el auténtico auge y expansión de las religiones monoteístas (aunque el Judaísmo ya era muchísimo más antiguo), se cometieron auténticas atrocidades en nombre de Dios. Baste mencionar las Cruzadas como ejemplo más emblemático, las guerras por la conquista del Santo Sepulcro. O la Inquisición, los juicios de la fe, en los que no se escatimaban torturas para hacer confesar al reo que era judaizante o que adoraba a Satanás. Las sucesivas expulsiones de los judíos porque cometieron el pecado de condenar a Jesucristo. Las invasiones musulmanas con el objetivo de expandir la fe verdadera, aunque para ello tuvieran que pasar a la gente por la espada. ¿Maldad? ¿Ignorancia? No, peor. Dios lo quiere.

Es cierto que también durante la Edad Media se recopiló mucho material didáctico antiguo, casi todo de origen griego y romano. Se tradujeron muchos libros que a día de hoy habríamos perdido, y eso fue gracias a la Iglesia católica, al Judaísmo y al Islam. Pero también es cierto que ese saber no llegaba a todos por igual. El pueblo llano era ignorante y no tenía manera de acceder a esos saberes. Y aquellos que, habiendo leído, cuestionaban los dogmas religiosos, eran condenados a morir entre atroces tormentos.

Los siglos han pasado y la humanidad poco a poco va madurando, pero las religiones se han quedado estancadas, obsoletas. No sirven más que para tener a la gente subyugada. Marx consideraba que la religión era el opio del pueblo, y no se me ocurre una metáfora mejor para definirla. Es una felicidad ilusoria. Esa creencia en que hay un paraíso prometido después de nuestra muerte es como si yo me imagino que hay un mundo mágico más allá del arcoiris. Es una filosofía amuermante, carente de sentido fuera de un contexto puramente cultural. Es de locos ver cómo la gente sigue diciendo que no cree en la religión pero echa un poco de agua de Lourdes para lavarse las llagas de los pies o adorna el salpicadero de su coche con una rama de laurel bendito o una estampita de San Cristóbal, creyendo que así incluso va más protegido. Superchería pura, en mi opinión.

He leído mucho al respecto y, como ya he dicho, podría pasarme horas hablando de este tema en concreto. Es un tema muy largo y puedo dejarlo para otro post. Pero quiero dejar aquí algunas de mis conclusiones, porque tal vez le sirvan a alguien que se está planteando dudas o no está seguro del sentido de su vida. Mi respuesta es esta: La vida no tiene más sentido que el que tú le des. Es un pedazo de tiempo, un rinconcito de la Historia, con el que tú puedes hacer lo que quieras. Tu familia y tus amigos te mostrarán principios buenos y malos, y será decisión tuya escoger los que seguirás. No busques dioses que den una explicación a tu existencia o que te prometan un maravilloso futuro en el Más Allá o en una reencarnación posterior. Busca el camino de la sabiduría, vive una vida plena de la que te sientas orgulloso y prepárate poco a poco para afrontar la muerte que un día te llegará. Disfruta de una vida dichosa, haz el bien, ayuda a los demás, respeta a los que no son como tú o no comparten tus ideas. No permitas que nadie te haga daño a ti o a tus seres queridos en nombre de Dios o de quien sea, porque tu vida es tuya y Dios no va a venir a arreglártela por mucho que reces o dones dinero a los pobres.

Quizá los que leáis este post pensaréis que soy una amargada o una oveja descarriada que perdió a Dios por el camino y siguió otra senda equivocada, que mi alma está condenada y ya no puedo hacer nada para salvarla, que soy una "atea histérica" que se ha apuntado a una nueva y extraña moda de no creer en Dios. Sin embargo, yo me considero una persona de moral sana, de sólidos principios de respeto a mis semejantes, con una vida plena que yo solita me he forjado y que me queda por forjar. Sólo me resta decir: Gracias a Dios que Dios no existe.



octubre 06, 2012

Columbine en las Islas Baleares


Esta semana, viendo las noticias, hemos escuchado una noticia que me ha parecido escalofriante si tengo en cuenta los precedentes sobre los que se asienta y de los que he leído mucho al respecto. Me estoy refiriendo al intento de atentado en la universidad de Las Palmas por parte del joven de 21 años Juan Manuel Morales, que fue detenido antes de que perpetrara su macabro asesinato en masa. No es la primera vez que sabemos de jóvenes que llevan a cabo asesinatos en institutos y universidades, pero la base en la que este chico se apoyaba tuvo lugar en 1999 y conmocionó al mundo entero: la matanza en el instituto de Columbine.

Juan Manuel Morales, un chico del que sus propios padres tienen miedo por su ideología marcadamente filonazi y por los insultos que les prodigaba (de su madre llegó a decir que tenía "nariz de judía"), estuvo a punto de conseguir lo mismo que habían hecho sus homólogos americanos, Eric Harris y Dylan Klebold, en el instituto de Columbine hace 13 años. Merece la pena ahondar un poco en esos precedentes, ya que podría ser posible que halláramos una explicación para lo que parece inexplicable en estos tiempos. ¿Cómo es posible que se pueda conseguir material potencialmente peligroso con tan suma facilidad? ¿Qué clase de seguridad podemos tener los ciudadanos de a pie ante gente así? Y la pregunta más complicada de responder: ¿Por qué sucede todo esto?

Eric Harris y Dylan Klebold, dos estudiantes de 17 y 18 años, armados con un fusil de asalto, dos escopetas, un revólver y varias bombas de fabricación casera, mataron a trece personas e hirieron a otras 24 en 1999 en el instituto Columbine, en Colorado, antes de suicidarse. Como dato curioso, decir que la fecha no es aleatoria: Ese mismo día se "celebraba" el aniversario del nacimiento de Adolf Hitler, cuya ideología (sobre todo Harris) profesaban. En los documentos que se archivan sobre el caso, que son los diarios de ambos chicos y las llamadas "cintas del sótano" se les puede ver insultando y diciendo groserías a la cámara (multitud de epítetos dirigidos a sus compañeros) y haciendo prácticas de tiro en un terreno boscoso. Otros documentos conservados son listas de tareas (comprar munición y otras cosas), un trabajo de Harris sobre el nazismo, mapas del instituto y dibujos de armas. "11.10" es la hora señalada en su diario para dar comienzo a la tragedia.

Estos documentos podrían darnos una idea de cómo funcionaba la mente de estos asesinos. La escritura dice mucho de una persona y considero que no se le debe quitar importancia; la profesora de inglés de Klebold llamó a sus padres, alarmada, cuando leyó una redacción del chico en la que hablaba de un hombre vestido de negro que iba armado y se dedicaba a matar, torturar y mutilar indiscriminadamente a cuanta persona se le cruzara en el camino. Nadie sospechaba lo que pasaba en realidad.



Eric Harris y Dylan Klebold


Después de la masacre, las víctimas supervivientes reclaman respuesta para preguntas imposibles. ¿Quién es el verdadero culpable? ¿Qué podía aleccionar a dos jóvenes en la flor de la vida a cometer asesinato y suicidio? Se le ha echado la culpa a videojuegos como Doom o Quake, que se caracterizan por su violencia en el uso de las armas. También se culpó a Marilyn Manson, el polémico cantante cuyas letras tienen contenido antirreligioso y referencias al sexo, la violencia y las drogas. Pero esto sólo son subterfugios, una manera de descargar la frustración en otros entes. Señalar la paja en el ojo ajeno, vaya. Porque la verdadera viga estaba en el propio.

Cualquiera que eche un vistazo a la educación estadounidense se dará cuenta al instante de que es una de las más competitivas del mundo. Aún más, fomenta en los adolescentes ese deseo de competir, de situarse por encima de sus compañeros. Te venden la idea de que el mundo es una jungla donde sólo caben dos posibilidades: sobrevivir o ser aniquilado. Y si vemos uno de esos horrorosos telefilmes sobre adolescentes, vemos que sus diálogos giran en torno a tres palabras clave: "popular", "perdedor" y "cita". Si un estudiante es calificado de "perdedor" se convierte en un exiliado, en un paria. Muchos institutos están casi controlados por bandas durísimas y la violencia es rampante. Harris y Klebold pertenecían al grupo de los "perdedores", es decir, que recibían a diario golpes, empujones, insultos y humillaciones por parte de algunos de sus compañeros. A esto se le debe sumar el carácter depresivo de Klebold y las tendencias psicóticas de Harris, la escasa vida social en los suburbios donde vivían, la dureza de la vida familiar en Estados Unidos y, por fin, la facilidad para conseguir armas de fuego muy sofisticadas y sin exigir ningún tipo de documentación en algunos casos.

¿Pero explica esto la matanza? Desde luego que no. Pero ayuda a situarla en un contexto. Quizá la reflexión que podemos adaptar a esta situación es la de "todos somos culpables", ya que es precisamente el entorno el que crea a estos asesinos. Un contexto socio-cultural que, por desgracia, vemos cómo se está trasladando a España con la proliferación de urbanizaciones, la desintegración de las familias y un entorno cada vez más represivo y competitivo para los jóvenes.

Y ya hemos llegado a España. La detención de Juan Manuel Morales Sierra se produjo el día 3 de este mismo mes en Palma de Mallorca, justo en el momento en que recibía la friolera de 140 kilos de explosivos que había adquirido a través de Internet. En su diario personal, manifestaba su odio hacia la sociedad, especialmente a los estudiantes universitarios, y su decisión de colocar varias bombas de tubo repletas de metralla, admitiendo la posibilidad del suicidio.



Juan Manuel Morales Sierra

La investigación comenzó hace cinco meses, cuando se detectaron a través de Internet comentarios alusivos a la matanza de Columbine y su deseo de repetirla en el marco español. Manifestaba sin pudor su simpatía por los dos asesinos y en su blog relataba idénticos gustos musicales, su afición por las armas, su vestimenta e incluso su aislamiento social, que le condujo a situaciones de marginación escolar. Intentó conseguir armas de manera ilegal y, al no conseguirlo, hizo lo posible por adquirir la licencia pertinente, cosa que no consiguió. Su último recurso fue fabricar varias bombas, para las que se aprovisionó de una gran cantidad de material explosivo, algunos de los cuales eran idénticos a los que se usaron para volar la T4 del aeropuerto de Barajas en el atentado de 2006. De haber logrado su propósito, la UIB habría sido completamente aniquilada y el número de víctimas habría sido muy elevado.

Resulta escalofriante pensar en lo que hubiera podido pasar si la investigación no hubiera sido tan exhaustiva y concienzuda por parte de la Brigada Policial. Nos enfrentaríamos a una tragedia desproporcionada perpetrada por un psicópata, por un monstruo que fue incapaz de canalizar su descontento con la sociedad a través de medios más positivos y menos destructivos. El bullying o maltrato escolar está muy presente en nuestra sociedad, pero no debe servir de aliciente para cometer un asesinato masificado. Os lo dice alguien que ha sufrido acoso escolar; a mí me insultaban y martirizaban a diario, pero jamás se me ocurrió coger una escopeta y cargarme a mis torturadores. Existen válvulas de escape mucho más pacíficas, y una de ellas es la escritura. Es más, doy gracias por ese acoso escolar, porque sin quererlo, ellos me convirtieron en la persona que soy hoy, y que me alegro mucho de ser. Nada que ver con ellos, afortunadamente.


octubre 02, 2012

El Rincón del Lector III: Donde Los Árboles Cantan


Los que hayáis leído algunos de mis posts anteriores, sabréis que soy una fan incondicional de la literatura épica y fantástica. Laura Gallego es una autora que suele escribir relatos fantásticos dirigidos a la juventud, aunque cualquiera puede disfrutar de su prosa fluida y bien cuidada sumada a unos argumentos casi siempre originales, aunque no exentos de tópicos. Por eso, cuando vi en la librería Donde los Árboles Cantan, lo compré sin dudarlo y demoré un poco su lectura para poder disfrutarlo como se merecía, aunque el resultado no fue el que esperaba.



Título: Donde los Árboles Cantan
Autora: Laura Gallego García
Editorial: Ediciones SM
Nº de páginas: 477
Sinopsis: Viana, la única hija del duque de Rocagrís, está prometida al joven Robian de Castelmar desde que ambos eran niños. Los dos se aman y se casarán en primavera. Sin embargo, durante los festejos del solsticio de invierno, un arisco montaraz advierte al rey de Nortia y sus caballeros de la amenaza de los bárbaros de las estepas…, y tanto Robian como el duque se ven obligados a marchar a la guerra. En tales circunstancias, una doncella como Viana no puede hacer otra cosa que esperar su regreso… y, tal vez, prestar atención a las leyendas que se cuentan sobre el Gran Bosque…, el lugar donde los árboles cantan.



RESEÑA (con spoilers):

A pesar de que hay gente que opina que esta es la mejor obra de Laura Gallego, debo discrepar y lo voy a hacer a lo largo de mi crítica. Se nos presenta una novela que está planteada como una especie de relato de caballerías, con sus doncellas, sus malvados, sus elementos mágicos y el Gran Bosque como telón de fondo, un lugar místico poblado por maravillosas criaturas jamás vistas por otros mortales.

La protagonista es Viana, una doncella de noble cuna de carácter soñador y despreocupado, al más puro estilo Sansa Stark de Juego de Tronos; de hecho, a mí me la recordó un poco por su actitud recatada y banal, muy del estilo de los cuentos de doncellas y caballeros que tanto le gustan. Su prometido, como no podía ser de otra manera, es un joven y guapo caballero llamado Robian de Castelmar, que la ama desde la infancia.

La llegada de los bárbaros, liderados por el rey Harak, trastoca todo el mundo de Viana. Para sobrevivir en el nuevo ambiente que la rodea, debe aprender a valerse por sí misma. El problema es que su supuesta transformación es una de las cosas más abruptas y poco creíbles que he visto en mi vida. La autora se esfuerza en mostrar a Viana como una chica que debe cambiar en un tiempo récord para poder salir adelante, pero el cambio no es tal. Es una chica caprichosa, una doncella acostumbrada a que se lo den todo hecho, a que la rescaten si tiene problemas… y sigue siendo así hasta el final de la novela. Viana es boba y egoísta en grado sumo. No le importa poner en peligro a los demás con tal de llevar a cabo una misión suicida que se le ha metido entre ceja y ceja, y al final siempre tiene que ser salvada por otro personaje. Esa es otra: No se acuerda de nadie excepto cuando está a salvo en casita; entonces sí, pobrecitos los demás. Para mí, Viana fue una de las mayores decepciones del libro, y no fue la única.

Entre otros personajes que me han disgustado un poco está Lobo, el arisco montaraz que advierte a todo el mundo de la amenaza bárbara y el único que parece saber cómo moverse entre ellos sin ser descubierto. Es deslenguado a la par que aguerrido, y siempre tiene algo sabio y prudente que aportar a cualquier situación. Sin embargo, su actitud se vuelve despótica cuando trata con los que él considera traidores y cobardes (es el caso de Robian, del que hablaré después). No me parece apropiado que alguien como él, casi un fuera de la ley, trate tan mal a personajes que actuaron de cierta manera movidos por muchas circunstancias; lo hubiera visto mejor si su actitud hubiese sido otra.

Otro de los personajes que la gente parece adorar pero que a mí me trae al fresco es Uri, el chico-árbol. Los lectores, especialmente chicas, adoran a este muchacho puro e inocente que se convierte en el amor verdadero de Viana. Sin embargo, a mí me dejó bastante fría. Además, la forma en que la autora lo ha caracterizado me parece un bastante escabrosa. A ver, se supone que es árbol (que nadie sabe cómo ni por qué se ha convertido en humano) con el cuerpo de un chico adolescente y la mentalidad de un niño de dos años. A pesar de todo, termina manteniendo relaciones sexuales con Viana, que queda embarazada de mellizos. ¿Perdón? ¿Que la prota se ha follado a un árbol? ¿A un chico-árbol con el cerebro de un niño? ¿Qué coño es esto?

Siguiendo con el análisis de los personajes principales, debo manifestar aquí mi disgusto por el trato que se le ha dado a uno de mis favoritos: Robian de Castelmar. Comienza siendo el homólogo masculino de Viana: un chico alegre y despreocupado que quiere ser caballero al más puro estilo de las justas. Sobrevive a la guerra contra los bárbaros, pero renuncia a casarse con Viana para proteger a su madre y a su hermana pequeña. ¿Y qué piensa Viana y todo el mundo al respecto? Que es un traidor, un chaquetero y un cobarde. Robian ha renunciado a lo que más amaba para proteger a su familia, y se le paga con desprecio y rechazo por ambos bandos. Sin embargo, Robian sigue amando a Viana y no la lleva ante el rey Harak, a pesar de que recibiría muchos privilegios si lo hiciera. No es suficiente: sigue siendo considerado un cobarde porque no se une a los rebeldes para expulsar a los bárbaros.

Sinceramente, sólo por esto la novela me parece vacía de contenido. ¿Por qué se sigue vendiendo esa imagen tan negativa y maniquea del cobarde? ¡Qué sería de la Historia sin traidores ni cobardes! Para mí, Robian no es un cobarde y mucho menos un traidor: Es un chico que ha visto cómo su mundo se ha derrumbado y se encuentra en una situación en la que tiene mucho que perder. ¿Por qué es más odioso que los demás? A mí me ha inspirado mucha compasión, sobre todo después de leer estos dos diálogos que mantiene con Viana, en los que vemos cómo se las gasta nuestra protagonista:

-No deberías haberle jurado fidelidad. Ni, ya puestos, haberme abandonado como lo hiciste: "El jefe Holdar será un buen esposo para Viana" –repitió con voz de falsete -. Traidor –escupió.
-Viana, ¡no tenía elección! –insistió Robian -. Si hubiese plantado cara, como hizo mi padre, ¿qué tendría ahora? Estaría muerto, y mis tierras habrían acabado en manos de los bárbaros.
-Mejor ser un héroe muerto que un cobarde vivo –opinó ella (…)

Una bonita perla por parte de Viana. Pero todavía hay más:

-Había otra cosa –prosiguió -. Mi madre y mi hermana… Al conservar mi título, ellas siguen bajo mi protección. Harak no las entregará en matrimonio a nadie sin mi consentimiento.
(…)
Viana le tenía mucho cariño a Rinia; era una niña alegre y encantadora, y de ninguna manera quería verla caer en las garras de los bárbaros.
-Eso puedo entenderlo –reconoció a regañadientes -. Pero yo… Podrías haber luchado un poco por mí, ¿no?

En fin… Le falta hacer pucheritos y ya está: Niña tonta servida en su punto.

Otros personajes que podrían ser muy interesantes como Airic, Dorea, Belicia o el juglar Oki no tienen mayor desarrollo y quedan un poco desdibujados. En cuanto a los bárbaros, pues son los malos de la historia y punto. Me hubiera gustado que se viera algún capítulo desde el punto de vista de los antagonistas, pues podría aportar más profundidad a la historia.

También he echado de menos las aventuras en el Gran Bosque, que casi no aparece y, cuando lo hace, no es tan peligroso como pensábamos, pues Viana entra y sale de él con suma facilidad (algo que ni Lobo, infinitamente más curtido que ella, es capaz de hacer). No hay criaturas místicas, salvo los árboles cantores que, como Uri, pueden volverse humanos. Y eso es todo. El final de la novela está bien, aunque se resuelve en muy pocas páginas y de forma un poco brusca.

En resumen, no la considero la mejor obra de Laura Gallego. Prefiero mil veces Alas de Fuego o las Crónicas de la Torre, aun siendo más sencillas. Al menos, los personajes son coherentes y tienen más claroscuros. Me gustaría haber leído más descripciones del Gran Bosque, pero las cosas son como son y no se puede pedir más. Lo que sí puedo decir es que tanto la portada como la encuadernación son magníficas; uno de los mejores trabajos de impresión que he visto en mi vida.

En fin, poca cosa más que añadir. Si queréis una buena novela fantástica ambientada en la Edad Media, pillaos Juego de Tronos o El Señor de los Anillos; si ya las habéis leído, esta os sabrá a poco. Para mí, ha sido una gran decepción. No me esperaba que me gustara tan poco.

septiembre 21, 2012

El Rincón del Gamer II: God of War II


Uno de los grandes problemas que surgen al comprar un nuevo videojuego es que siempre existe la duda razonable de si será un buen juego o estás desperdiciando tu dinero en un truñaco de los gordos. Hay juegos que parecen muy buenos y luego resultan ser verdaderas birrias. Y también hay juegos con malas carátulas y pésimas descripciones que después se revelan como auténticas joyas. Hoy no es lo uno ni lo otro, porque se trata de un monumento en sí mismo: God f War II.




Título: God of War II
Título alternativo: God of War II: Divine Retribution
Creador: SCEA
Distribuidor: Sony
Plataforma: Play Station 2
Año: 2007







Vale, ya sé lo que os estáis preguntando: ¿Dónde está el I? Veréis, una de las cosas que me caracterizan es que, tanto con libros como con películas, series y videojuegos, es que suelo conseguir antes las segundas partes que las primeras. Además, este juego lo compré de segunda mano (debo de ser la última persona en el mundo que sigue jugando con la Play 2) y en la tienda no había el primero, así que sólo me voy a dedicar a comentar el segundo. Si algún día consigo el God of War I, haré una reseña.

Cuando compré el juego, tenía algunas referencias acerca de lo que era el universo God of War. Entre las más repetitivas, se decía que era un juego bastante fuerte en el que no se escatimaban las muertes más violentas y sanguinarias que uno se pudiera imaginar. Bien, debo admitir que eso se cumple en todas sus partes. God of War II no es Candy Candy, así que los amantes de la brutalidad no quedarán decepcionados. Esto no me parece mal. Al contrario. A veces viene bien liberar la ira arrancándole el cuello a una gorgona o mutilando sátiros para matarlos con su propio brazo armado. Así que ya sabéis: Si sois chicas, podéis decir que os gusta este juego porque vuestra psique reprimida agradece esas descargas catárticas en un entorno ficticio controlado y no exento de símbolos. Si sois chicos y alguien os pregunta, sólo tenéis que decir "porque soy un tío". Pero volvamos al tema que nos ocupa.

God of War II nos trae la continuación de las aventuras de Kratos, el guerrero espartano que, tras muchas vicisitudes, ha conseguido matar al dios Ares y convertirse en el nuevo dios de la guerra. Sin embargo, sus matanzas indiscriminadas provocan la ira de todo el Olimpo, y sobre todo de Zeus, que le traicionará y le hará creer que le está ayudando cuando en realidad quiere robarle sus poderes divinos y convertirlo en mortal para acabar con él de una vez por todas. Y lo consigue. Kratos muere atravesado por la espada de Zeus y se hunde en las profundidades del Hades. Pero si el juego se acabara aquí sería muy cortito, ¿no? Kratos experimenta una serie de visiones y, en una de ellas, la titánide Gaia le ofrece su ayuda para vengarse de Zeus. Le devuelve a la vida y le encomienda una misión: Ir al templo de las Hermanas del Destino para que le ayuden a retroceder en el tiempo y acabar con Zeus justo en el momento en que le arrebata sus poderes de dios.

La historia de God of War II es uno de los mayores aciertos del videojuego. La leyenda de Kratos está perfectamente encajada dentro del intrincado laberinto que da forma a toda la mitología griega. De hecho, la base de la historia es la del famoso mito del nacimiento de Zeus y el engaño a Cronos, que trata de devorarlo para que no lo mate en el futuro. Pero el mundo griego de God of War no es un cuento de hadas ni un camino de rosas; de hecho, todos los personajes que salen son peligrosos y probablemente tratarán de matar a Kratos. ¡Hasta los perros son malvados! Se nos presenta un universo sangriento, peligroso y cargado de violencia. Como dios de la guerra, Kratos no se anda con chiquitas. Es capaz de matar tanto a amigos como a enemigos con tal de llevar a cabo su venganza. Los únicos destellos de arrepentimiento son cuando tiene una visión de su esposa (asesinada junto con su hija por él mismo cuando había sido poseído por Ares) y le dice que lamenta mucho lo que hizo. Por lo demás, no te gustaría entrometerte en su camino.
Entre los personajes más conocidos encontraremos a Teseo (que aquí no tiene nada que ver con el Minotauro), a Ícaro (un viejo que está chalado), al titán Atlas, a Prometeo, etc. También obtendremos la ayuda de criaturas como Pegaso y el Fénix, aunque de manera muy puntual. El resto de criaturas tales como gorgonas, sátiros, minotauros, cíclopes, cerberos y demás, están creados con el único propósito de matar a nuestro aguerrido protagonista.

La jugabilidad es muy buena. Es uno de los juegos más fluidos que he tenido el gusto de encontrar. Los ataques de Kratos con sus dos espadas encadenadas son brutales. No sólo tiene los movimientos básicos tipo "Ataque rápido" y "Ataque fuerte"; con un sencillo comando, puede hacer ataques giratorios, elevar enemigos por los aires, hacer un ataque desenfrenado y repetitivo… Pero las espadas no serán su única arma, porque a lo largo del juego podemos conseguir el Vellocino de Oro, el Martillo de Bárbaro y la Lanza del Destino, con sus respectivas características y mejoras. Además, Kratos cuenta con habilidades especiales que requieren magia para su uso: La Perdición de Tifón (un arco), la Ira de Cronos (rayos eléctricos), la Cabeza de Euríale (pues eso, la cabeza de una gorgona) y el Temblor de Atlas (un ataque que hace temblar la tierra). Y por si fuera poco, también contamos con la Furia de los Titanes, que proporciona a Kratos una fuerza devastadora durante un tiempo limitado. Así que, como veis, en cuestión de armas vamos bien surtidos.

Cada enemigo tiene su propia táctica a la hora de aniquilarlo. No sólo vamos a dar espadazos a mansalva, sino que debemos contar con las habilidades propias de cada enemigo (por ejemplo, enemigos que explotan o que te convierten en piedra) para poder eludirlas y atacar a nuestra vez. Los jefes de final de fase son otro buen ejemplo: como cuentan con ataques propios y son más duros de pelar es necesario mostrar cierta pericia cuando toque acabar con ellos. Esto se puede hacer un poco difícil, sobre todo si es la primera vez que juegas, pero una vez dominado no tiene mucha dificultad.

Otro punto positivo es la maravilla de gráficos que nos ofrece. Los escenarios son increíbles y muy cuidados; casi parece que estés en un auténtico templo griego, sólo que más brutal y primitivo. Hay algunos escenarios que te deleitarán (en mi caso, los Corceles del Tiempo) y te hará parecer que estás inmerso en una película y no en un videojuego. Las secuencias de vídeo no son abundantes, pero algunas de ellas ciertamente compensan porque son muy buenas gráficamente hablando.

Sin embargo, algún fallo tenía que tener. Si alguna pega se le puede poner al juego es que no cuenta con movimientos de cámara, pero quizá eso se deba a que no son estrictamente necesarios. La cámara se coloca de tal forma que te muestra en todo momento el camino que debes seguir, aunque a veces te lo pone difícil a la hora de buscar los cofres que hay desperdigados y que son necesarios para obtener las mejoras de vida y magia que harán mucho más llevadera nuestra misión.

En general, uno de los mejores juegos a los que me he enfrentado. Tiene todo lo que necesita para convertirse en un éxito rotundo, tal como ha pasado. Si os van las emociones fuertes, la brutalidad y la sangre a mansalva, entonces este juego podría ser una buena elección para vosotros

septiembre 14, 2012

La intimidad es sagrada... excepto cuando no lo es

Soy de las que piensa que un famoso (y cuando digo famoso me refiero a una persona que se ha hecho muy conocida en el mundo del espectáculo) tiene que ser comprensivo con el hecho de que sus fotografías estén por todas partes, a la vista de todos. Forma parte de su contrato ceder su imagen al dominio público, sobre todo si trabaja para la televisión o el cine. Todos los medios de comunicación utilizan este material fotográfico para representar su cara en todo el mundo, haciendo que su fama llegue a ser mundial. Y si además de su imagen tienen una carrera digna de elogio, se les puede incluso convertir en leyendas.

El boom de las celebrities es algo que causa furor a la mayoría de gente. Preguntad en los institutos quién es Taylor Lautner o Josh Hutcherson y ya veréis cómo lo saben (sobre todo las chicas que se compran las revistas todas las semanas). Preguntad a los forofos de la MTV, que sabrán deciros quién es cada grupo, cantante o DJ que salga en pantalla. Eso se debe al fenómeno fan, que son legiones enteras de admiradores de actores, cantantes, grupos o personajes de una serie, cuyos fanáticos más acérrimos pueden llegar a extremos que resultan perturbadores al fan medianamente decente. Fanáticos que serían capaces de hacer cualquier cosa con tal de conseguir algo de su famoso favorito, así sea ilegal. Y si además lo juntamos con un paparazzi sin escrúpulos que hace lo que sea para obtener su exclusiva, pues ya tenemos la receta del guiso de la discordia.

La intimidad es un derecho inalienable del ser humano. Todas las personas tenemos derecho a la intimidad y a que se nos respete dicha intimidad. Si a alguien se le ocurriera atentar contra ese derecho, lo primero que haríamos sería poner una denuncia en la comisaría más cercana. Y esperaríamos que el mirón o acosador de turno fuera detenido, juzgado y debidamente sancionado con una penalización económica a ser posible.

Todo esto está muy bien, pero yo pregunto: ¿Y si el que interpone una denuncia por atentar contra la intimidad es un famoso? ¡Ah, aquí ya cambian un poco las cosas! El famoso tiene que entenderlo. Es un personaje público, todos lo conocemos de las revistas o de la tele. Si no le importa salir desnudo en una película, ¿por qué habría de importarle que alguien robara sus fotos privadas del móvil y se las pasara a sus amigos por WhatsApp? No tiene derecho a enfadarse porque es famoso y tiene que complacer a sus fans y a los periodistas que están haciendo su trabajo.

Sinceramente, a mí me parece que los famosos también son personas y tienen los mismos derechos que el resto de los mortales. Así como no veo bien que se les mime en exceso con caprichitos selectos y excentricidades varias, tampoco me parece correcto que haya hackers que roben sus fotos o vídeos del móvil y los difundan por Internet como si tal cosa, como si eso no le afectara a nadie. Son imágenes íntimas, iguales a las que podríais tener vosotros. ¿O es que me vais a decir que nunca os sacásteis una foto con el móvil para mandársela a vuestro chico, y viceversa? ¿A que si esa foto se filtrara a vuestros colegas del instituto os sentaría como una patada en el culo? Pues imaginaos eso, pero multiplicado por un millón. Los famosos cuyas fotos íntimas han sido robadas de sus teléfonos están siendo señalados por gente que ya tiene en sus manos el fango listo para arrojar.

Entre los casos más conocidos de famosos afectados por esta práctica tenemos a Scarlett Johansson, a Rihanna, Christina Aguilera, Demi Moore, Miley Cyrus o Vanessa Hudgens. Hay quien esgrime el siguiente argumento para justificarse: ¿Por qué las famosas quieren que se retiren esas fotos de Internet y demandan a todo el mundo, si ellas mismas no paran de sacarse fotos tanto fuera como dentro de casa? Yo tengo la respuesta: Las fotos de los fotógrafos son autorizadas. Son legales, porque forman parte del trabajo de uno y de otro. Las fotos que llevan los famosos en sus móviles son privadas y, por lo tanto, no deben estar al alcance de nadie ajeno a ellos. No tenemos derecho a esas fotos; son suyas, única y exclusivamente. Así que considero un delito (y a los que lo hacen, unos delincuentes) de gravedad mayúscula, porque se atenta contra la intimidad de una persona y se hace mofa y escarnio de ello.

Otro caso, esta vez en tierra patria, es el que ha tenido lugar en Los Yébenes (Toledo), donde la edil Olvido Hormigos ha sido señalada, insultada y perseguida por gran parte del pueblo por la filtración de un vídeo en la que se la ve masturbándose. Ha habido opiniones para todos los gustos; desde los que la defienden por lo que consideran una intimidad, hasta los que aseguran escandalizados que una mujer con su puesto no debería hacer algo así. Ya, y el Rey de España no va al váter a cagar. Son estos detractores los que a mí me sacan de quicio. ¿A santo de qué tienen que perseguir a la pobre mujer, que bastante mal lo tiene que estar pasando ya, por hacer un vídeo que era de uso privado y que alguien ajeno a ella ha robado y expuesto al público? ¿Por qué es ella la culpable? ¿Por qué la han puesto de puta para arriba, como si fueran el comité moral del pueblo? Son esos hipócritas los que dan mala imagen al pueblo, no la señora Hormigos ni sus defensores.

Así que, a partir de ahora, demostrad con los demás un poco de respeto. Lo que hoy les ha pasado a ellos, os podría pasar a vosotros mañana y seguro que no os gustaría que os señalaran por la calle como la chica que sale en una foto enseñando la regatera o el pervertido que le iba a enviar a su novia un vídeo en el que salía él cascándose una gallarda. El sexo no es tan tabú como antes, pero hay cosas que se tienen que quedar en la intimidad de una persona o de una pareja, y es nuestra obligación respetarnos a todos por igual.

septiembre 07, 2012

¡¡¡Poneos las mallas y los calentadores, que vamos a zumbar!!!

Cuando estoy ocupada escribiendo o dibujando, a menudo pongo la televisión de fondo para que me haga compañía. Una de las cosas que me gusta ver (cuando toca) es la retransmisión de los Juegos Olímpicos. Aunque yo no hago ningún deporte, más que nada porque me gusta tanto hacer ejercicio como comer verdura, respeto y admiro muchísimo a quienes dedican horas, días, semanas y meses a machacar su cuerpo para cumplir un sueño o para superar sus limitaciones, como es el caso de los Paralímpicos. Si descendemos un poco en el escalafón, nos encontramos con la gente que hace deporte, no para ganar una medalla olímpica, sino para cuidarse y sentirse mejor consigo misma. Pues ya se decía en Roma: Mens sana in corpore sano. El deporte de cualquier clase nos ayuda a ponernos en forma, a despertar los músculos adormecidos por nuestra sociedad sedentaria, a sudar para eliminar esas toxinas que se acumulan en nuestro cuerpo. Sí, tengo que admitirlo. Aunque a mí no me guste ponerme a ello, debo reconocer que el deporte es una actividad encomiable de la que todos deberíamos aprovechar sus virtudes.

Pero claro, no todo podía ser tan fácil. Cuando decides dedicarte al deporte, ya sea correr, la natación, la bicicleta o la gimnasia (por cierto, el sexo no cuenta como modalidad de gimnasia, así que no os emocionéis), tienes que ser consciente de que vas a hacer un montón de sacrificios. Me refiero a que tienes que hacerlo todos los días, no cuando a ti te venga en gana, y esto quiere decir que tienes que salir a correr cuando hace un frío de mil demonios o cuando llueve a cántaros y tú preferirías quedarte en casa viendo la tele y con una taza de chocolate caliente en las manos. ¿A que ahora no apetece tanto?

Bueno, está bien. Os doy cuartelillo. Siempre quedan los deportes Indoor, o sea, los que se hacen a cubierto. Pues ahí tenéis las pesas, los pilates, el aeróbic, el spinning y otros que son sinónimo de "deportes de pijos" (sin ofender). Parecen más flojitos, pero no os engañéis: requieren una gran cantidad de energía y un esfuerzo físico considerable. Son muy buenos para hacer ejercicios de fuerza y de resistencia.

Pero entonces surge otro problema. El joven (y no tan joven) deportista de hoy en día no quiere sudar la camiseta en balde. Quiere divertirse mientras se ejercita, cosa muy digna de elogio, y por eso recurre a las mezclas de deporte con música, o lo que yo considero casi como "anti-deporte". Al principio teníamos el aeróbic, que combinaba una serie de ejercicios en una coreografía al ritmo de una música alegre y marchosa. La pionera en nuestro país fue Eva Nasarre, cuyos vídeos se recuerdan con cariño y cierta nostalgia. A partir de ahí, toda una troupe de personas que se hacen llamar deportistas han traído sus propias ofertas de lo que consideran un ejercicio súper saludable y que a mí me provoca alguna que otra sonrisa.

Primero vino la Batuka, que para mí no deja de ser aeróbic pero con música aún más chorra, y ahora tenemos el Zumba, que viene a ser lo mismo pero con canciones latinas. Los ejercicios que nos traen son dinámicos en su mayoría, ya que se trata de hacer coreografías que estimulen los músculos de piernas, torso y brazos. También se jactan de que son tan divertidos que no te das cuenta de que estás haciendo ejercicio. La fiesta en casa, le llaman.

Pero, ¡ay, amigos!, no es oro todo lo que reluce. Estas alternativas al auténtico deporte no son tan completas como presumen, ya que carecen de ejercicios de fuerza, una de las disciplinas básicas del deporte junto con la resistencia, la flexibilidad y la elasticidad. No se puede decir que haces ejercicio bailando, porque entonces cada vez que salgo de marcha estoy quemando mil calorías y yo sin saberlo. Es más, ¿por qué en vez de hacer Zumba no salimos más con nuestros amigos y así también socializamos un poco? Y habrá también el típico graciosillo que ahora mismo, al hablar del Zumba, esté pensando en otra cosa (venga, va, haced el puto chiste). Además, al tratarse de movimientos muy rápidos y a veces imposibles, las personas más mayores no pueden seguirlos porque hace falta mucha rapidez y coordinación.
Y eso por no hablar de la horrible música que "ameniza" estas sesiones tan deportivas y estimulantes; todo es ritmo latino con reminiscencias del maldito reggaeton, y cuyas letras harían sangrar los oídos de Cervantes o Quevedo. Y cuando no hay salsa o quebraditas, se nos pone música tecno de la que oyes en cualquier polígono que se precie. Que digo yo, ¿para cuándo un Zumba con rock o heavy metal? Curioso, esos estilos musicales no tienen cabida en el mundo del "deporte".

A mí, personalmente y sin querer molestar a nadie, eso no me parece deporte ni nada. El auténtico deportista es el que se levanta a las siete para salir a correr veinte kilómetros, o el que se deja la tarde nadando en la piscina, o el que acude regularmente a un gimnasio y se aplica un programa completo supervisado por un buen entrenador. Esos sí son dignos de admiración, porque sus esfuerzos son auténticos y se les nota la forma física. El bailarín de Zumba podrá presumir de tener unas piernas que podrían emular las de Fred Astaire, pero se quedará quince minutos resoplando cuando se le pida que abra un bote de judías porque no tiene fuerza en las muñecas. Sí, te diviertes mucho bailando (el que se divierte, vamos), pero en realidad no haces todo el ejercicio que deberías.

Si os digo la verdad, y ya para ir rematando, yo creo que la mayor parte de estos nuevos deportistas batukeros y zumbadores son gente que piensa que hay que lograr el cuerpo diez para triunfar en el mundo. Y si no, echadle un vistazo a los bailarines, todos tíos buenos, y a las bailarinas, todas con vientre plano y ni una gorda. Al hablar con algunas de mis amigas que hacen Zumba, me da la impresión de que necesitan ese pseudodeporte para convencerse de que pueden adelgazar, para conseguir la figura perfecta que tanto gusta a la sociedad y que tan bien se vende en los medios de comunicación. Lo que parece que se ignora es que el cuerpo diez no existe, y aunque existiera no es lo más importante en la vida. Si no fuéramos tan superficiales con nuestros semejantes, estoy segura de que subproductos como la Batuka y el Zumba dejarían de existir. Pero mientras sea más importante la grasa que cuelga de los brazos o los michelines que marca ese vestido y te hacen parecer una salchicha, nunca comprenderemos que la felicidad, la auténtica felicidad, está en que alguien te diga sinceramente: Te quiero tal como eres.

septiembre 05, 2012

¡Qué previsible es el cine! (IV)

Cinema section strikes again!!! Esta vez es la última entrada (de momento) dedicada al cine y a sus tópicos de siempre; prometo que ahora me dedicaré a dejar constancia de otros temas, algunos quizá de talante más personal, pero voy a dejar aparcado un rato el cine porque creo que ya lo he machacado bastante. Pero no lo suficiente, jajajaja!!! Porque aquí os traigo la entrega definitiva de los tópicos más manidos del cine mundial! Disfrutad!


*Mito 28: Un gángster muy duro se comporta como un niño ante su madre

Es una de las mayores aberraciones del cine, pero es lo que hay. La figura del gángster serio se deja para El Padrino. En las comedias, lo que triunfa es el niño grande que le llora a la mamma cuando esta le levanta la voz por ser un piccolo cativo (como veis, me he puesto a tono con el italiano).

*Mito 29: Una chica se confiesa y el cura se pone burro

Típica escena de las españoladas más rancias o con cierto toque a Torrente. Una vez más, se nos vende la imagen del cura reprimido sexualmente que tiene que escuchar las confesiones de un putón verbenero que quiere ponerlo a prueba. Si fuera una película del destape, posiblemente veríamos algo de carnaza a la moza. Actualmente ya no se ven estas escenas, pues son sustituidas por un hombre que se cuela en un confesionario y se hace pasar por cura. Horas y horas de diversión!

*Mito 30: Alguien va a follarse a su novia a oscuras y se equivoca de habitación

¿A quién no le ha pasado esta descacharrante situación? Suele pasar en películas tipo "Los padres de ella" o "La madre del novio" o cosas parecidas. Casi siempre es el chico el que está en casa de su novia y los padres. Como no les dejan hacer "cochinadas" bajo su techo, tienen que dormir separados, pero el chico se escapa de su cuarto y va a buscar a la chica. Y lo que pasa es que, lo más seguro, se trincará al abuelo o al padre. ¡Bravo!

*Mito 31: Un tipo ve algo raro y jura que dejará de beber

Más propio de dibujos animados, actualmente. Ahora mismo se me ocurre ver la escena en Los Aristogatos (se ve una manada de gatos siendo perseguidos por un ratón) y en los Simpson (Maggie ve un desfile de perros gays).

*Mito 32: Alguien se pasa con un tipo muy bajito, y detrás está su padre o su hermano, que es enorme

Redundante en una comedia que se precie. Asumo que es una forma de hacer justicia para el personaje vapuleado. A esa figura fuerte y gigantesca se la conoce en España como "el primo de Zumosol".

*Mito 33: Un objeto va a parar a las tetas de una tía y hay que cogerlo sin que se dé cuenta...

Aquí el resultado puede ser doble, como asegura Fontdevila. Si la chica es guapa, aparecerá el novio y ahostiará al chico de manos largas. Si la chica es fea, véase el mito de "una fea persigue a un tío para follárselo". Eso es así, y el que no lo acepte, será condenado.

*Mito 34: Dos ancianos se enamoran y follan como jovencitos

Se acabó eso de que el amor entre ancianos es algo bonito, como en La Sonrisa Etrusca. En las películas, dos viejos que follan es una imagen aberrante que nuestros hijos no deben ver porque les provocaría náuseas y teleles en sus jóvenes cerebros. En fin... así nos va.

*Mito 35: Un tío barriobajero deambula por una fiesta de la alta sociedad

Lo peor de lo peor. Mezclar ambos niveles sociales es como juntar agua y aceite. Por supuesto, los ricos son snobs que catan vino y sólo hablan de yates y partidos de pádel, mientras que el inocente barriobajero saca a relucir toda la sabiduría de la calle que sólo años de música chunda chunda y cientos de litronas le pueden dar.

*Mito 36: Alguien se embadurna de negro y entra por accidente en una reunión del Ku Klux Klan

¿Hemos hablado ya de la cantidad de mitos que hay acerca de colarse en sitios que no proceden y en los peores momentos? Esta es la cumbre de todo ello.


Nada más. Hasta aquí nuestra sección de mitos y tópicos del cine. Espero que os haya gustado tanto como a mí. A partir de ahora, seréis más observadores con las películas que veáis y aprenderéis a valorarlas por lo que realmente valen, y será por esto. Un saludo a todos y hasta la próxima!!

agosto 30, 2012

¡Qué previsible es el cine! (III)

Y volvemos una vez más (ya falta poco, jejeje) con las cosas más previsibles del cine. Aprovecho para decir que las entradas que estén marcadas con un apóstrofe ('), tal que así, son de mi propia cosecha o que he encontrado por mi cuenta. Espero no restar méritos a Monteys y Fontdevila.


*Mito 19: Niños

Aquí no tengo que hacer ningún comentario, ya que Fontdevila lo dice todo. Son repelentes que arreglan las vidas de sus padres bajo el siguiente esquema: 1) Niño repelente chulito - Salva a papá de los malos; 2) Repelente sabihondo - Lo salva del ridículo social; 3) Repelente a tope y huérfano - ¡Les salva de todo lo anterior y además les encuentra novia!

*Mito 20: Cuando alguien dice "las probabilidades son de una entre un millón" siempre acaba saliendo bien...

Supongo que es para tranquilizar al personal, ya que es cierto que esas estadísticas milagrosas siempre se cumplen. Cabe destacar, no obstante, una diferencia: Saldrá mal si estamos al principio de la película, pero ese mismo experimento saldrá bien al final de todo.

*Mito 21: Claves para el ordenador. ¡Qué fácil es descubrirlas!

Eso es algo que siempre me ha llamado la atención. ¿Por qué los ordenadores privados tienen claves que se pueden descifrar mediante la resolución de un acertijo que adivinas milagrosamente? ¿Y si el dueño decidió poner como clave una palabra que sólo sabía él y no se la dijo a nadie? ¿Eh? ¿Eh?

*Mito 22: En América, las parejas de policías son siempre lo más opuesto posible

¡Y tanto que lo son! Esto se puede extrapolar al mito anterior de poli joven y poli pre-jubilado de la comedia policíaca. En los dramas, la principal misión de los polis antagónicos es no soportarse al principio y luego descubrir que se caen muy bien. Al final, uno le salva la vida al otro mientras suelta una frase lapidaria.

*Mito 23: Si se ríe, es el MALO

Al menos, antes era así. Supongo que ahora se ha dejado en manos de las comedias con un poco de drama, porque actualmente se lleva el malo que no ríe, aunque sí que esboza una sonrisa petulante.

*Mito 24: En las pelis de miedo, la gente oye un ruido raro y va a ver qué es...

Cosa que no entiendo, por otra parte. ¿Por qué ese afán de ir a investigar un lugar oscuro, angosto y potencialmente peligroso? ¿Es que no saben que ahí se esconde un fiero asesino? ¿Por qué no salen huyendo? Es más, ¿por qué están fuera de casa a esas horas en vez de estudiar para el próximo examen de Literatura?

*Mito 25: Si algo puede explotar, explota

Una lavadora puesta por un padre soltero desbordado, una tostadora con un cable suelto, las palomitas en el microondas... ¡Todo vale!

*Mito 26: Conducir aviones. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez?

Otra ley milagrosa del cine, junto con el don de poder descifrar claves de ordenador. ¿Han observado lo sencillo que es el puente de mando de un avión? Más fácil que sacarse el carnet del coche, sin duda.

*Mito 27: Cuando uno tiene un flashback se retuerce como si le abofetearan

También extrapolable a una pesadilla con o sin Freddy Krueger. ¿Por qué tanto movimiento de cara? Y esos alaridos de "¡No, no...! ¡No entres ahí...! ¡Nooooo!" o algo por el estilo. Madre mía, no me quiero imaginar cómo se verá un ataque epiléptico.


Bien, por hoy hemos terminado. No os perdáis la cuarta entrega de cosas previsibles del cine!! A ver si esta vez traigo también alguna de mi cosecha.

agosto 27, 2012

¡Qué previsible es el cine! (II)

Hola a todos!!

Regresamos con la segunda entrega sobre mitos que se repiten en muchas grandes películas del cine. Hoy vamos con la segunda parte, y tenemos para dos entregas más (y alguna más si alguien se anima a colaborar, que aquí todo vale). Listos todos? Pues allá vamos!

*Mito 10: Un fugitivo tiene que robar ropa de un tendedero y sólo hay de tía

Pues sí, uno de los pilares básicos de la comedia americana y muy pronto de la española, que tendemos a redundar en estas memeces. A este mito se añade que el hombre, por una razón que no acabo de comprender, también se calza unos zapatos de tacón para acompañar el vestido o faldita que lleve puestos. En fin...

*Mito 11: Dos polis de distinto carácter tienen que patrullar juntos

Frecuentemente un poli curtido en cien casos y un novatillo que se come el mundo. Sus edades dan pie a sus personalidades: el poli más mayor será la voz de la experiencia y una fuente de sabiduría inagotable, mientras que el jovenzuelo aportará el toque cómico necesario para aliviar la tensión de la trama. En las películas ochenteras, este poli jovencito y alegre suele ser de raza negra.

*Mito 12: La ley del poli jubilado (')

Se podría complementar un poco con la anterior, pero para casos de thriller policíaco y no comedias. No hay película de polis en la que no salga el típico sargento del cuerpo que muera acribillado a balazos dos días antes de jubilarse. Las películas que no sigan esta norma, arderán.

*Mito 13: Un heterosexual entra por error en un bar gay y le hacen proposiciones

Gracias a este mito, hoy en día sigue habiendo muchos chicos que creen que todos los gays les van detrás. Por supuesto, no se acercarán ni de lejos a un local gay, no vaya a ser que liguen mucho. Pero en las películas ocurre, aunque por equivocación, y los diálogos que surgen de estas situaciones suelen ser chispeantes y de doble sentido.

*Mito 14: Una fea persigue a un tío para follárselo

Uno de los ejemplos más machistas del cine de humor. Un feo con ganas de follar es un picarón (y probablemente moje), pero una fea con ganas de follar es aberrante. Y así nos va.

*Mito 15: Alguien mete el pene en un sitio inverosímil

Un CD, un vídeo VHS (cuando había), el agujero de la felicidad de unos baños públicos... ¡Todo vale en la comedia!

*Mito 16: Un tío habla con una maciza y todo lo que dice tiene doble sentido sexual

Da igual que sea sin querer o queriendo. El caso es soltar paridas que tengan ese doble sentido chistoso y casposo a partes iguales. Muy desarrollado en la comedia española, como en los Serrano o en Física o Química (aunque aquí ya casi no había doble sentido).

*Mito 17: El amante entra en un armario para esconderse del marido y dentro hay... ¡otro amante!

Si la vida fuera una comedia, los armarios tendrían dimensiones desconocidas o serían la puerta a Narnia. Cuántos hombres pueden caber en un módulo aparador de tres puertas??

*Mito 18: Gente cuyo nombre no es adecuado

Esto se ve más en españoladas como Torrente y cosas así. El enano que se llama Sansón, la putón que se llama Virtudes...


Bien, por hoy hemos terminado. Espero que os estén gustando y, ya sabéis, cualquier aportación será bien recibida. Nos vemos!!



('): Significa que esta es mía; no la he copiado de nadie.

agosto 24, 2012

¡Qué previsible es el cine! (I)

Hola, amigos!

Recientemente, repasando mi pequeña colección de El Jueves, he encontrado los Pendones del Humor sobre la sección ¡Para ti, que eres joven! que todas las semanas nos hace reír gracias a la magia y el humor de Monteys y Fontdevila. Una de estas secciones trata sobre mitos del cine que se cumplen en casi todas las películas de mayor o menor calidad que vemos en el cine, en la tele, en el ordenador o al gusto del consumidor. Por eso, he decidido reproducir estos mitos para todos vosotros, por si no habéis tenido la suerte de ver las graciosísimas viñetas que les acompañan. Pondré los títulos originales de las viñetas, pero los comentarios serán míos. Eso sí, os recomiendo buscar las tiras y echarles un vistazo, porque hay risas aseguradas.

*Mito 1: Secundarios que ya ves que los van a pelar

Sirva como ejemplo el mejor amigo del protagonista. Este amigo suele ser alguien que ha estado toda su vida a la sombra del prota, pero a él no le importa porque es un tío muy majo. Otro detalle a tener en cuenta es que dicho amigo no tendrá ninguna virtud destacable como belleza física o éxito con el sexo opuesto, ya que dichas características son derecho propio del protagonista. En películas de adolescentes, el que suele pringar es el amigo pelirrojo y con gafas. En películas de acción y un tanto racistas, este secundario condenado a muerte suele ser de raza negra.

*Mito 2: ¡Terremoto!

Quien dice terremoto, dice inundación, tormenta perfecta, meteorito o tsunami. De lo que se trata es de la proximidad de un fenómeno meteorológico que afectará a gran escala. Sólo unos pocos privilegiados han sido capaces de detectarlo a tiempo y hacen lo imposible para avisar a las autoridades del desastre que se avecina. Curiosamente, dicho desastre tiene el don de la coincidencia, ya que suele amenazar justo cuando se está celebrando un acontecimiento que reunirá a mucha gente. Pero el alcalde/general/presidente de los Estados Unidos teme perder la popularidad si cancela el evento y nunca hace caso de las advertencias... con el resultado que conocemos. Es fácil reconocer este tipo de películas porque ya anuncian de qué va en el mismo título.

*Mito 3: La primera vez que matan al malo éste nunca se muere

¿Hacen falta más palabras? Un antagonista no es un verdadero antagonista si no resucita al menos dos veces a lo largo de la película o saga. Esto le convierte en un personaje un tanto repetitivo y, por qué no decirlo, algo cansino. Da igual que lo frían a balazos, que lo electrocuten o que hayamos visto cómo lo destripan unos caníbales; el malo siempre volverá cargado de energías. Véase el caso de Voldemort. ¿Cuántas películas le han hecho falta para tratar de derrotar a Harry Potter? Y todos ya sabíamos desde el principio que estaba condenado.

*Mito 4: Los testigos

En las películas donde ha habido un crimen o existe un misterio por resolver, el protagonista suele recurrir a la ayuda de testigos no demasiado fiables, tales como camareros o dependientes de una humilde tienda de barrio. Probablemente el asesinado haya pasado por allí sólo una vez en la vida y no volvería a coincidir nunca más con los testigos, pero éstos recordarán hasta el último detalle de la ropa que llevaban o incluso sus preferencias más sencillas. Vamos, que tienen una memoria prodigiosa.

*Mito 5: Una escena de fiesta al lado de una piscina termina con alguien cayéndose al agua

Redundante sobre todo en películas de humor absurdo. Al parecer, el colmo de lo gracioso es asistir a una persecución al lado de una piscina y que un señor, cuanto más pomposo mejor, se caiga al agua para regocijo del resto de invitados. En las leyes del cine, esto va escrito con letras doradas.

*Mito 6: Los chungos del instituto siempre son humillados

No, no nos confundamos. Los chungos del instituto no son los canis y las chonis. Eso sería en los institutos españoles. Estamos hablando de los institutos americanos. ¿Y quiénes son los chungos de los institutos yanquis? ¡Pues los listillos! Chicos con gafas, gordos, aparato en los dientes, cerebritos, pitagorines, freaks... En definitiva, los que no están en el equipo de fútbol, baloncesto, béisbol o atletismo. Los cerebritos americanos, quizá porque parece que lo pide el cuerpo, son propensos a recibir tartazos, baños de pintura, duchas de mierda, ser bombardeados con huevos podridos y frecuentemente acosados por gamberros cuyo coeficiente intelectual es inversamente proporcional a su masa muscular.

*Mito 7: Científico loco crea un monstruo... ¡y él es su primera víctima!

Más propio de las películas de ciencia ficción, en las que un loco que ha sido expulsado de la comunidad científica decide vengarse del mundo creando un engendro o un androide ultratopepoderoso para soltarlo por ahí y consumar su venganza (vaya usted a saber cuál será). Eso sí, él no quedará impune ante tanta maldad, porque el monstruo acaba de despertar y está ansioso por estrenar sus armas nuevas. Y si el científico está ahí...

*Mito 8: La chica con gafas y ropa monjil, que ya se ve que cuando se ponga ropa ajustada y se suelte el pelo será la más guapa del instituto

No se puede decir más en tan pocas palabras. Esta premisa es propia de las películas azucaradas para chicas con complejos físicos diversos. Y está muy bien que se trate estos temas en las películas, porque aún hay mucho idiota por ahí suelto al que el interior de una persona le importa más bien poco. Pero cuidado, que la cosa tiene trampa. En cuanto la chica descubra que se hace popular por vestir mejor y enseñar canalillo, ya no volverá a ser la de antes. Se pondrá al día en cuestiones de moda, aprenderá a ligar en un pis pas y le lloverán pretendientes a punta pala. Y a las amigas que siempre han estado con ella desde el principio las olvidará o las compadecerá. Entonces, ¿qué hemos aprendido?

*Mito 9: Los protas no se soportan (...o sea que al final se casan)

¿Quién no ha visto una película romántica de este tipo? Es otra ley no escrita del cine americano (y ahora español, que nos va copiar lo americano). Da igual que los protagonistas tengan caracteres opuestos, que se fastidien el uno al otro, que se insulten de las peores maneras, que se deseen la muerte... al final acabarán enamorándose perdidamente y no podrán pasar el uno sin el otro. Es la teoría de la atracción de los polos opuestos pero elevada a la enésima potencia. ¡Qué boniiiitooooo!


Tengo muchos más, pero por hoy vamos a dejarlo aquí. Si tenéis algún mito más que merezca ser comentado, no os cortéis y animaos a participar. Si no está repetido, lo pondré aquí junto con los demás. Espero que os haya gustado!!

agosto 19, 2012

El Rincón del Lector II: Un trabajo muy sucio

Regresamos un día más con una muestra de mi biblioteca particular. Esta vez os ofrezco un libro que me gustó mucho por su temática, que me pareció muy original (por motivos que voy a exponer después), y por su ácido sentido del humor, que trata con risas y optimismo uno de los temas más tabú y, en cierto modo, escabrosos, que atañen al ser humano: la Muerte.


Título: Un trabajo muy sucio (A dirty job)
Autor: Christopher Moore
Editorial: La Factoría de Ideas
Nº de páginas: 350 págs.
Sinopsis: Charlie Asher es dueño de un edificio en San Francisco, tiene una tienda de objetos de segunda mano y está casado con una mujer guapa e inteligente que lo quiere por ser tan normal. Sí, a Charlie le van bien las cosas... hasta el día en que nace su hija, Sophie. Justo cuando se dispone a irse a casa, ve junto a la cama de su mujer a un extraño que asegura que nadie debería poder verlo. Pero Charlie lo ve y, de allí en adelante, comienzan a suceder cosas muy raras: la gente cae muerta a su alrededor, cuervos gigantes se posan en su edificio y parece que, allá donde va, oye susurros de una presencia siniestra. Sí, Charlie ha sido reclutado para un trabajo desagradable pero muy necesario: la Muerte. Es un trabajo sucio. pero alguien tiene que hacerlo.



CRÍTICA:

Como he dicho en una crítica anterior, aquí ofreceré mis comentarios sin hacer spoiler, dejando que sea el lector quien saque sus propias conclusiones y haga sus comentarios, que serán bien recibidos. Eso sí: si alguien quiere hacer mención a algo importante del argumento, que indique previamente que es un spoiler. Bien, allá vamos.

Nos encontramos ante un libro que, a pesar de su temática, es muy divertido. Christopher Moore, famoso por convertir las navidades en un baile de zombis con "El ángel más tonto del mundo", es un autor que gusta de meter situaciones disparatadas y diálogos ácidos y mordaces en sus novelas, así que si buscas algo que te haga reír a mandíbula batiente, probablemente cualquiera de sus obras sea una buena recomendación.

"Un trabajo muy sucio" es un libro ameno y entretenido, pero también puede ser un motivo para la reflexión. Debajo de los comentarios graciosos y las situaciones tronchantes, nos embarcamos en un relato que tiene a la Muerte como protagonista principal. Más aún: Al ser humano enfrentándose a la Muerte. Todos hemos sufrido pérdidas importantes en nuestra familia, pero muy pocas novelas hacen mella en ese aspecto del dolor al compararlo con un cuchillo mal afilado, o a la pesadumbre que provocan los segundos pésames cuando se está intentando volver a la vida normal, o la tristeza que supone ver cómo tu alma gemela desaparece poco a poco de tu vida sin que puedas hacer nada para evitarlo. Es triste, pero es algo que el ser humano debe asumir le guste o no.

Charlie Asher es el típico macho beta, un hombre flojucho que se deja mangonear por los demás pero que nunca pierde el candor, la inocencia y el optimismo. Tiene una vida normal y está felizmente casado con Rachel, una mujer que soporta con una sonrisa todas sus idas de olla. El día más feliz de la vida de Charlie es cuando nace su hija Sophie, pero también se convierte en su día más triste, ya que pocas horas después del parto, Rachel muere de un tromboembolismo cerebral. Así es como Charlie tiene que enfrentarse a la Muerte por primera vez en esta historia.

Sin embargo, desde el nacimiento de Sophie empiezan a sucederle cosas muy raras. Oye voces horribles que parecen venir de las alcantarillas y que amenazan con matarlo. También se da cuenta de que los objetos de su tienda brillan con una luz roja incandescente (lo que le hace pensar que son radiactivas). Y, lo más traumático, que la gente se muere a su alrededor. El hombre misterioso que estaba en la cama de hospital de Rachel parece tener algo que ver con todo lo que le ocurre, pero hay fuerzas mucho más extrañas actuando y Charlie tiene que formar parte de ellas lo quiera o no.

El encuentro de Charlie con Minty Fresh, el hombre misterioso al que supuestamente nadie debería ver, marca un antes y un después en su vida: Charlie se ha convertido en un Mercader de la Muerte. Las almas de las personas están ocultas en objetos que son muy preciados para la persona que los posee. Tienen un particular brillo rojo que sólo pueden ver estos Mercaderes de la Muerte. La misión es simple: el día de la defunción, el Mercader debe ir a buscar el objeto y guardarlo en su establecimiento, a la espera de que venga alguien y lo compre. El alma humana se convierte así en una especie de objeto de compra-venta, aunque no es aleatorio: la persona se sentirá atraída por ese objeto en cuestión y, en el momento en que lo toque, pasará a tener alma. No obstante, la cosa sería muy fácil si no hubiera enemigos de por medio... y esos enemigos son las Morrigan, las antiguas diosas celtas de la guerra y la muerte, lideradas por Orcus, una bestia horripilante que se alimenta de almas humanas. Charlie tendrá que darse prisa si no quiere que las Morrigan se le adelanten a la hora de recoger las almas... y no morir él en el intento.

Los personajes son la mejor baza de la novela, y todos están perfilados cuidadosamente. Entre los más graciosos están Jane, la hermana lesbiana de Charlie, a la que él ve como el verdadero "macho alfa" de la familia porque es muy mandona y ordenancista. También destacan Lily, la chica gótica que trabaja de dependienta en la tienda de Asher, y Ray, ex policía retirado que también trabaja allí y que tiene una malsana afición a las webs de citas. Otro buen personaje es Minty Fresh, Mercader de la Muerte y dueño de una tienda de discos, que viste del mismo color que su nombre (significa, literalmente, "frescor mentolado") y que es un tiarrón enorme al que se debe tomar en serio. Y, probablemente uno de los personajes más curiosos aunque apenas tenga participación en la trama, el Emperador de San Francisco, un mendigo loco que se cree emperador y que trata a todo el mundo como si fueran sus súbditos con el cuidado de un padre atento y protector.

Como veis, se trata de una novela que mezcla lo real con lo imaginario, dándole un toque muy particular. Aunque algunas escenas nos colmen de tristeza, se compensa porque en el párrafo siguiente nos podemos encontrar con una situación totalmente bizarra. El libro está empapado de humor de principio a fin, y hasta se puede sacar una lección de su lectura: La muerte nunca es fácil de aceptar y nadie sabe qué hacer para enfrentarse a ella; quizá lo mejor que se puede hacer es vivir lo más plenamente posible para no tener que arrepentirse de nada cuando llegue el final.

Es una novela muy recomendada "para todo aquel que un día tenga que morirse", tanto por lo que dice como por lo que se intuye. Hay formas muy distintas de enfrentarse a la muerte, y este libro las recoge todas. Pero, sobre todo, merece la pena volver a destacar su sentido del humor, no como burla, sino como para quitarle hierro a una situación que se escapa de nuestras manos y que no podremos evitar bajo ningún concepto. La Muerte siempre ha sido un concepto oscuro y abstracto que se puede asimilar de dos formas: llorando y lamentándonos, o asumiendo que es una parte inseparable de la vida y que debemos aceptarla tal como viene porque es inevitable.

agosto 15, 2012

Hijos del Trueno

Desde hace un tiempo, muchas de las personas que me rodean se quedan un poco extrañadas cuando confieso que, entre mis gustos musicales más selectos, está el heavy metal. Claro, como no me ven pintas de jebi, pues se quedan un poco pasmados y hasta llegan a creer que estoy de coña. Para el ciudadano medio, el heavy (o jebi, o el que parece Jesucristo Superstar) es un varón de largas melenas, barba la mar de respetable, la cara cubierta de piercings, vestido de cuero negro incluso en verano y portador de unas inmensas botas reforzadas con placas de acero galvanizado que hacen retumbar el asfalto cuando se acerca en la distancia. Esto es así la mayoría de las veces pero... ¿qué pasa con los demás? ¿Es que por no tener apariencia de heavys ya no podemos ser heavys?

Mi historia con el heavy empezó cuando fui a la universidad. Cuando salíamos de marcha por las noches, a veces nos pasábamos por un pub heavy de escuetas dimensiones que pasaba desapercibido a ojos del joven poco avispado. Allí entré yo, asustada como un corderito, imaginándome todo tipo de cosas... y lo que me encontré me dejó pasmada. O más bien, lo que escuché. Sonaba una música demencial que se caracterizaba por intrincados acordes de guitarra y arrebatadores ritmos de batería. Las voces eran como heraldos de otro mundo cantando las grandezas de héroes nórdicos, impresionantes canciones de amor que se sentían en el corazón, agresivos alaridos anunciando muerte y destrucción de manera perturbadora y atrayente al mismo tiempo... Y, lo que me parecía más sobrecogedor, es que todos los que ocupaban el local compartían esa música, esas letras magistrales, como verdaderos hermanos. Por un momento, fue como si se me abrieran los ojos a un nuevo mundo, y me dije: "Acabo de encontrar a los míos".

Y así fue. Como buena novatilla, tuve que ponerme rápidamente al día con el tema. Busqué canciones, grupos, nombres... Cada canción que escuchaba era como si me atravesaran con un rayo. Cerraba los ojos, embelesada, y mi cabeza se movía sola. Cada letra era una revelación; jamás pensé que se podía encontrar tanta fuerza y orgullo en una canción de Manowar, ni tanta maravilla en una de Blind Guardian. Mis gustos evolucionaron un poco y, aunque muchos me crucificarán por esto, confieso mi predilección por el power metal (el heavy fantástico, en plan dragones, la Tierra Media y tal). Supongo que será porque, a la par que el heavy, también estoy dentro del colectivo friki. Esto no tiene por qué ser malo; todo el mundo sabe que los heavys y los frikis son inseparables compañeros de batalla. Si uno pone la fuerza, el otro pone la inteligencia. Juntos son una demoledora máquina de matar.

Pero volvemos al principio, a las apariencias. ¿Qué importan las apariencias cuando estás escuchando una música incomparable? No deja de ser una marca o una seña de identidad, pero impide evaluar la calidad de una banda o la importancia de un movimiento por su música. No visto como los heavys a diario porque, por fortuna, soy una chica a la que le quedan bien casi todos los estilos de ropa. Así que puedo adaptarme a cualquier moda imaginable: Heavy, Gótico, Rock, Pin-Up, Baby Doll, Pop... (excepto choni y mierdas reggaetoneras: por ahí NO paso). Eso sí: Cuando me pongo la muñequera de pinchos, la chupa de cuero, las cadenas o las tachuelas, soy la chica más feliz del mundo. Es como si despertara mi verdadero yo, el que siempre ha estado encerrado bajo la fachada de niña buena que nunca ha roto un plato, y tomara el control de la situación. Cuando estoy rodeada de metal (música, ambiente, gente que sabe de lo que hablo...) soy yo misma de verdad.

En cuanto a la actitud, el auténtico metalero sabrá que sale sola. No hace falta más incentivo que una buena canción de Metallica para que despierte el auténtico guerrero metal. Las melenas al viento o la mano cornuta, regalo de Ronnie James Dio, son sólo un ejemplo de dicho despertar. Es una forma de expresar esa música, con todo lo que ello conlleva. Por eso, a veces me fastidia que venga el típico nene pijo amante del merengue y el requetón, alzando cuernos como si fuera lo más heavy del mundo. ¡Por favor, un poco de sentido común! ¡Que el heavy metal no es sólo para oírlo en un bareto de mala muerte con tus colegas! ¡Es vivirlo! ¡Es sentir cada una de sus notas como una puñalada! ¡Cada uno de sus acordes como un desgarro en el corazón! El ondeo de melena, el air guitar o la mano cornuta son normas básicas del metal, no un paripé pijotero y sin sentido. Es sentir un estilo de música que puede convertirse en tu estilo de vida; un orgullo para cualquier amante del rock.

Por eso, desde este blog mando un saludo a todos los Hijos del Trueno, tanto los que ya lo son como los que lo descubrirán tarde o temprano. Y les digo a todos que no importa la apariencia que tengamos, porque el verdadero guerrero metal vive dentro y se manifestará cuando menos os lo esperéis. No busquéis modas si no van con vosotros (podéis ser heavys de incógnito), porque no tiene sentido cambiar vuestro estilo si no está dentro de vosotros. Pero el día que encontréis un CD perdido y empecéis a necesitar esos acordes y esos golpes de batería para que vuestro corazón bombee sangre, sabréis que lleváis dentro a un Hijo del Trueno. Con la ayuda de vuestro Maestro del Metal, conseguiréis hacerlo aflorar.

Que Odín os sea propicio!!

agosto 11, 2012

Vampiros o Cómo Destrozar Todo un Clásico del Terror

El otro día, la Sexta3 emitió la película "Déjame Entrar", de Matt Reeves. Reconozco ya de antemano que a mí el género de terror me hace sentir eso mismo: Terror. Pero como tampoco había mucho que ver en la tele, pues decidí arriesgarme y disfrutar con el suspense y el no saber qué va a pasar, aunque todos sabemos que esa sombra que acecha al protagonista inocente se lo va a ventilar tarde o temprano.

Me topé con una historia que no me esperaba. Creí que se trataría de apariciones y espíritus, y más al ver que los protagonistas eran niños (¿Es que la gente no se da cuenta de que los niños dan miedo? ¡Que dejen de tener hijos, por favor!). Pero no. La película abordaba otro clásico del terror. Una figura tan aterradora como enigmática y misteriosa. Un ser que, muy a mi pesar, ha sido despojado de su esencia y ha sido convertido, a día de hoy, en una figura risible cuando antes era el súmmum de toda maldad.

¡¡EL VAMPIRO!!

A mí los vampiros siempre me han gustado. Pero no os equivoquéis: Los vampiros de antes, no los de ahora. Hace mucho, mucho, pero que mucho, mucho, mucho tiempo, antes de que existiera Crepúsculo... los vampiros eran las criaturas más malvadas de la tierra. Me gustaban porque eran malignos, desalmados, unos verdaderos enemigos de la humanidad. Nadie podía escapar de un vampiro. Era un depredador nato. Podía convertirse en cualquier animal, podía alcanzarte allí donde estuvieras y devorarte vivo antes de que pudieras pedir ayuda.

¿Y sabéis cuál era el encanto oculto del vampiro? El arte de la seducción. La atracción del hombre por la bestia. El vampiro es, ante todo, un gurú de la aristocracia. Es elegante y seductor. Respaldado por siglos de Historia a sus espaldas, el vampiro sabe encandilar con sus palabras y su porte a la víctima inocente, haciendo que quede totalmente prendada de él. Como una polilla omnubilada por una luz fluorescente. Precisamente eso es lo que hace del vampiro un ser tan peligroso: porque te acercas a tu propia muerte. Sabes que esa criatura no dudará en dejarte seco y, sin embargo, te acercas a él, fascinado, porque tiene algo que te atrae como la miel a las moscas y quieres ahondar en sus ojos, que han contemplado vida y muerte a partes iguales, que contienen el saber ancestral de siglos y esconden, celosos, el sentido de la vida humana. Es simple: Somos puro alimento. ¿Aterrador? Yo diría que sí.

Pero un día apareció Anne Rice, una señora que también sentía atracción por los vampiros. Escribió una novela titulada "Entrevista con el Vampiro", en la que ahondaba en las reflexiones y preocupaciones de un vampiro atormentado por su instintiva sed de sangre. Y ahí fue donde todo empezó a ir cuesta abajo. Los vampiros de Rice son melancólicos, tristes, no hacen más que suspirar y preguntarse qué es la inmortalidad y por qué tienen que matar humanos para sobrevivir, si podrían valerse con la sangre de otros animales. Vamos, que ya empezaba aquí a meter el veganismo en versión vampírica.

Y lo peor de todo es que esta clase de vampiro filosófico y atormentado fue la que trascendió al final. Ahora sólo los nostálgicos recordamos con anhelo a Nosferatu, a Drácula (el de la novela)... Al vampiro en estado puro. Al depredador sanguinario. A la bestia. Pero a los lectores y cinéfilos de hoy no se les puede poner esas cosas, porque eso es mostrar una violencia que puede dañar sus frágiles mentes adolescentes. No, es mucho mejor hacer que los vampiros, pese a ser asesinos, no lo son porque quieran o porque se dejan llevar por sus impulsos naturales. ¡Los vampiros sufren y se enamoran como todos nosotros, porque prevalece su esencia humana por encima de los instintos primarios! ¡Pero qué bonitoooo!

Por razones como esta, hoy tenemos que soportar a petardos como Louis, Lestat (versión Tom Cruise) y, más recientemente Edward Cullen y compañía. Y siempre es la misma historia para todos: El chico es el vampiro, el ser atormentado; la chica es la víctima frágil que quiere salvar su alma gracias al poder del amor (puaj!). Así tenemos los tándems Lestat-Jessie (ella acaba convirtiéndose por él) o Edward-Bella (ella acaba convirtiéndose por él). Se enfatiza, sobre todo, en que el vampiro es un culpable con remordimientos al estilo de Jean Valjean. Se alimenta de sangre, pero no porque quiera, sino porque no le queda otro remedio. Como es muy sensible, busca alternativas para perdonar al inocente humano que ha tenido la desgracia de toparse con él cuando le entra la gusa (chupando la sangre a animales o matando a malas personas).

Y lo que más me repatea es que estos vampiros de ahora tienen unos superpoderes de la hostia. Vamos a ver, Drácula podía convertirse en murciélago, en lobo, e incluso en niebla. Pero de ahí a tener telepatía o ver el futuro hay un mundo. ¿Quién se cree a esta nueva ralea de vampiros diurnos (diurnos!!!) que no hacen más que suspirar y luchar contra lo que realmente son? ¿Por qué tratan de vendernos la papeleta del malo que tiene buen corazón, y de una forma tan burda como esta? Estoy a favor del arrepentimiento, pero también creo que, en esencia, nadie puede cambiar totalmente. Los humanos somos seres racionales, pero tenemos instintos por los que a veces nos dejamos llevar. Y precisamente aquí es donde falla el planteamiento de los nuevos vampiros: Ya no son humanos, sino bestias. Son animales semejantes a los humanos, que tal vez algún día fueron humanos pero que ya no lo son. Son fieras, son monstruos, son depredadores. Aceptadlo de una vez, carajo!

Por eso, al ver "Déjame Entrar" y ver a una niña vampira que luchaba contra sus instintos irrefrenables para ganarse la amistad (y tal vez el amor) de un niño de rostro tan inocente como crispante, pues pensé que el terror ha cambiado mucho desde aquella vez que vi Nosferatu con escalofríos, con la sensación de que alguien me estaba observando a mis espaldas y aguardando el momento idóneo para arrojarse sobre mí y dejarme sin sangre. Sin embargo, el mayor temor que se puede tener hoy en día es que tu novio vampiro, en un arranque filosófico-duodenal, se largue siete años a un pueblo alejado de la mano de Dios para no hacer daño al género humano al que tanto admira, respeta y ama. Pues a ver si hay suerte y se muere de sed!

agosto 02, 2012

El Rincón del Lector: Pequeñas Mentirosas

Desde hacía mucho tiempo quería leer esta serie de libros, más o menos desde que vi el primer episodio de "Pequeñas Mentirosas" en la MTV. No tenía más referencias que la serie de televisión y no conocía a nadie que hubiera leído estos libros. Al buscar por Internet, me di cuenta de que no había muchas reseñas de Pequeñas Mentirosas en español, así que hoy aporto mi granito de arena y espero que os guste. Quiero aclarar que mi punto de vista es totalmente subjetivo; se trata de dejar mi opinión sobre este libro, no con ánimo de emular a un crítico literario, sino para expresar mi más humilde y sincera opinión.


Título: Pequeñas Mentirosas (Pretty Little Liars)
Autora: Sara Shepard
Nº de páginas: 246
Editorial: Trakatrá
Sinopsis: Alison, Aria, Emily, Hanna y Spencer eran las mejores amigas hasta que Alison, la reina del instituto, desapareció sin dejar rastro. Tres años después, sus vidas vuelven a cruzarse cuando empiezan a recibir misteriosos mensajes firmados por "A". Unos mensajes que cuentan más de lo que a ellas les gustaría, cosas que solo la desaparecida Alison sabía.
Pero cuando el cuerpo sin vida de la reina del baile aparece, y las amenazas continúan, comienzan las preguntas: ¿Quién es A? ¿Cuánto sabe en realidad? Y ¿qué pueden hacer cuatro pequeñas mentirosas para protegerse de la verdad?





COMENTARIO

La lectura de Pequeñas Mentirosas es lo más rápido y ameno que te podrás encontrar jamás. No sólo porque la premisa inicial ya engancha, sino porque la narración se desarrolla con un estilo fluido y nada cargante que hace que te comas las páginas para pasar al siguiente capítulo. Capítulos que, por otra parte, no ocupan más de cuatro o cinco páginas.

Lo primero de lo que te das cuenta nada más empezar a leer es que, en el momento de su publicación (año 2006 en Estados Unidos), la autora controlaba un montón de modas y nuevas tecnologías. Es habitual encontrar en sus descripciones menciones directas de marcas o productos que todos conocemos más o menos, frecuentemente primerísimas marcas como Chanel o Tiffany's, pero también Coach, Fendi o Luella for Target. Lo mismo ocurre con los teléfonos móviles, los coches, ordenadores, etcétera. Esto nos transporta a un mundo superior, como si Rosewood se hubiera convertido en la versión mini de Beverly Hills, todo plagado de marcas, dinero y glamour.

Pero, al igual que ocurre en otras bellas fachadas como Wisteria Lane, en Rosewood vemos muchas caras bonitas pero mucha porquería escondida detrás. Las cuatro protagonistas (Aria, Spencer, Emily y Hanna) distan de ser perfectas, y esconden muchos secretos que vamos descubriendo poco a poco gracias a los indiscretos mensajes de A.

Aria Montgomery es una chica popular que odia la popularidad y que quiere ser artista y bohemia. Le va todo lo alternativo, como las raves en Islandia, leer a los filósofos franceses, rodar documentales, etc. Adora a sus padres, Byron y Ella, y a su hermano Mike. Su gran secreto, no obstante, podría destruir a toda la familia. Aria y Alison fueron testigos de cómo su padre se enrollaba con una de sus alumnas en el asiento trasero del coche. Su padre le pidió que no se lo contara a Ella y Aria prometió guardar el secreto, que no dejó de torturarla en ningún momento. Además, Aria empieza una relación con Ezra Fitz, su profesor de literatura avanzada.

Spencer Hastings es el prototipo de chica perfecta. Viene de buena familia, tiene dinero a espuertas y es una chica muy inteligente. El secreto que oculta, al igual que pasa con Aria, puede estropear tanto su imagen como la de su perfecta familia. Obsesionada con superar a Melissa, su hermana mayor, se dedica a besar a sus novios (Ian y Wren). Esa rivalidad también está incentivada por Melissa, que tampoco escatima esfuerzos por superar a su hermana en todo.

Emily Fields es otra chica diez: Es muy buena estudiante, la estrella del equipo de natación del instituto y una hija excelente. Sin embargo, A la amenaza con contar su mayor secreto: Es lesbiana y empieza una relación con su nueva vecina, Maya Saint Germain, a pesar de tener novio. En el pasado llegó a estar enamorada de Alison, aunque ella la despreciaba por ese mismo motivo.

Hanna Marin era la típica chica con sobrepeso que quería ser como Alison. Con su desaparición, Hanna se reinventa a sí misma: adelgaza, viste a la última y sale con el chico más guapo del instituto, Sean Ackard. Lo que nadie sabe es que su rápido adelgazamiento se debe a que es bulímica. En los mensajes de A se nos comentan los principales puntos débiles de Hanna: la bulimia, problemas con la policía, la ausencia de su padre, su inseguridad a la hora de seducir a Sean y las ansias de cumplir con las expectativas de su exigente madre.

Y, por supuesto, no podemos olvidar a Alison DiLaurentis. No aparece más que en el prólogo a modo de recordatorio de un suceso anterior. Bajo su imagen de líder perfecta y carismática, Alison escondía una personalidad manipuladora y altamente controladora. Sus amigas, más que lealtad, le tienen cierto temor, ya que Alison lo sabe todo sobre ellas, pero las otras no saben nada sobre su vida, lo que la hace una chica muy misteriosa.

Los personajes, tanto principales como secundarios, están muy bien detallados y se nos da múltiple información sobre ellos, información que varía dependiendo de quién sea la protagonista del episodio. Así, poco a poco, vamos conociendo la sociedad de Rosewood, una sociedad que se caracteriza por lo elitista y prejuicioso de sus principios. Si no tienes dinero y no vas a fiestas exclusivas, no eres nadie y no eres digno de ser tenido en cuenta. Así le ocurría a Hanna y a Mona Vanderwaal, su actual mejor amiga: Eran unas pringadas hasta que decidieron parecerse a las demás en moda, complementos y forma de pensar, llegando a convertirse en unas snobs que no dudan en burlarse de otros pardillos, tal como les había ocurrido a ellas.

El marco en el que se desarrolla la novela os resultará muy familiar, sobre todo si habéis visto series parecidas como Gossip Girl o Mujeres Desesperadas. En ambos casos se trata de lugares idílicos habitados por personas de pulcra fachada pero de reputación más que dudosa. La tranquila Rosewood esconde muchos secretos, tantos como las protagonistas, y la única persona que parece conocerlos todos es A, una personalidad inquietante que rápidamente relacionamos con Alison, de la que no se sabe absolutamente nada tras su misteriosa desaparición. Pero claro, si Alison está muerta... ¿quién podría ser A? ¿Quién lo sabe absolutamente todo? ¿Quien tiene el don de la ubicuidad y envía mensajes a las chicas justo cuando se enfrentan a sus problemas? Alguien que las conoce bien, sin duda. Lo que pasa es que todavía no sabemos quién es... y la cosa puede ir para largo.

A pesar de que el argumento no es original, ya que se parece a una combinación entre Gossip Girl, Sé lo que Hicisteis el Último Verano y Hermandad de Sangre, la historia de Pequeñas Mentirosas no deja de enganchar. Juegas a ser un detective, buscando a posibles candidatos para el papel de A, y no dejas de preguntarte qué se esconde detrás de esas caras perfectas con vidas perfectas.

El estilo, como ya he dicho antes, es muy ameno. La autora no da rodeos y es muy directa a la hora de expresar lo que quiere. Eso sí, se recomienda ponerse al día con primeras marcas o el lector poco avispado se perderá con los detalles de la moda, algo que es redundante en este libro.

El motivo por el que considero Pequeñas Mentirosas como una lectura recomendable es que es un libro que lo tiene todo. A pesar de su corta extensión, se lee de una tacada. A los dos días ya te lo has terminado y te quedas con ganas de saber más. Quieres saber más sobre esas chicas. Quieres ver cómo tratan de solucionar sus problemas, cómo intentan esquivar el escrutinio de A, cómo cometen errores que las conducen a problemas mucho peores que antes... Pero, sobre todo, quieres averiguar quién es A y por qué todo el mundo parece saber más de lo que cuenta.

La puntúo con un 8 sobre 10.