lunes, 6 de marzo de 2017

Mi experiencia con Mary Sue


¡Hola a todos!

Hace tiempo que vengo dándole vueltas a hacer una entrada dedicada a este tema, pero no sabía muy bien cómo enfocarla.

Hace unos meses, mientras empezaba a trabajar en los perfiles de personaje de dos chicas que quiero convertir en protagonistas de una novela, una lucecita de alarma se iluminó en mi mente. Como escritora que procura estar pendiente de todo y que busca ofrecer un poco de originalidad a través de un estudio más detallado de los personajes de una novela, me preocupaba que mis nuevos personajes estuviesen acumulando una peligrosa cantidad de defectos lo suficientemente positivos como para que futuros lectores les colgaran el temido sambenito que todo escritor aborrece: el de Mary Sue.

¿Habéis oído hablar alguna vez de Mary Sue? Seguro que sí pero, por si acaso, os la voy a resumir brevemente. Mary Sue es un término que se suele utilizar en el mundo del fanfic para definir a un personaje femenino que es jodidamente perfecto y que en ciertos casos suele ser un alter ego del mismo autor del fanfic en cuestión. Todo se les da de maravilla, el resto de personajes lame el suelo por donde pisan y su único papel en la historia parece ser el de acaparar toda la atención y asegurarse de que todo gira a su alrededor. Y esto no pasa solo con los personajes femeninos, porque los hombres también tienen a su propio Gary Stu, que reúne en su ser todas las condiciones necesarias para ser el novio perfecto de la Mary Sue.

Para ilustrar el concepto de lo que es una Mary Sue, voy a tomar como ejemplo a un personaje al que le tengo especial manía y al que considero como la reina de las Mary Sue canon: Ayla, la protagonista de la saga Los Hijos de la Tierra, de J.M. Auel. Si alguien tiene la inmensa suerte de no haber leído todavía esta saga y tiene en mente el inconsciente deseo de hacerlo, le recomiendo que no siga leyendo, pues voy a destripar sin piedad alguna tanto al personaje protagonista como parte del argumento. Si os da igual, seguid adelante y disfrutad: Cuando me desahogo con algo suelo soltar alguna ocurrencia buena.

¡Vamos allá!



Hola, soy Ayla y, como véis, soy perfecta en todos los sentidos



El personaje suele ser del mismo sexo que el autor

Cierto, y la gran mayoría de las veces veréis que es así. Como el concepto de la Mary Sue tiene connotaciones de escapismo, es frecuente que el autor vierta parte de su personalidad, sus gustos, sus simpatías o sus aversiones en el personaje principal de su novela, con el cual se identifica. Más preocupante es cuando empieza a describir a su protagonista y nos damos cuenta de que su nombre es parecido al del autor y además es un retrato calcado de éste.

En el caso de Ayla, sabemos que la autora es una mujer pero viendo las fotografías de Auel (Auel/Ayla, ejem...), nos damos cuenta de que no se parece mucho a Ayla. Sin embargo, yo he creído ver cierto parecido con otro personaje al que Auel le da una importancia brutal en el quinto libro: Zolena o Zelandoni, la sacerdotisa de la Novena Caverna de los Zelandonii. Se la describe como una mujer con obesidad pero con una apariencia imponente, comparable a la de la Madre Tierra. Además, tiene los ojos azules (como la autora) y en su juventud tuvo una historia de amor con Jondalar, ahora pareja de Ayla y claramente su tipo de hombre ideal. Por supuesto, se lleva de maravilla con Ayla y alaba cualquier cosa que hace con un servilismo digno del mejor perro.



El personaje suele ser muy joven

Casi todas las novelas juveniles que he leído tienen como rasgo común el que su protagonista sea un adolescente, lo cual no me parece mal. Al ser novelas escritas para un público joven, es normal que los protagonistas tengan la edad de aquellos a quienes van dirigidas sus aventuras, ya que eso les permite identificarse con los personajes y simpatizar con ellos. Sin embargo, aunque la novela esté protagonizada por adultos, el personaje de la Mary Sue casi siempre será adolescente.

Es un poco complicado aplicarle este punto a Ayla. Si tomamos como referencia los libros por separado, podremos ver que la edad de Ayla oscila entre los 5 y los 25 años aproximadamente, así que dependiendo de qué libro estemos leyendo, Ayla será más o menos joven. Pero si tomamos la saga en conjunto, podremos ver cómo va creciendo y convirtiéndose en una mujer adulta.




J. M. Auel con un dibujo de Ayla.
Como se puede ver, son como dos gotas de agua.



El personaje es el centro de atención

Siempre me ha parecido alucinante la facilidad que tiene el personaje de la Mary Sue para acaparar toda la atención del plantel de personajes. No importa si está haciendo una exhibición de sus habilidades o si está contando una anécdota de su infancia: todos los personajes la estarán mirando embobados, prestando atención a sus palabras como si fuese lo más increíble que habían escuchado hasta ahora, y sintiendo todavía más admiración por ella.

¿Y Ayla cumple este requisito? Pues me temo que sí. Por alguna razón que no me acabo de explicar, Ayla llama la atención donde quiera que va. Dadas las reacciones de los otros personajes al verla y escucharla, uno podría imaginársela como una especie de diosa luminosa ante la que todos se arrodillan al pasar. Además, otra cosa que me llamaba la atención al leer los libros es que Ayla solía ser el principal tema de conversación del resto de personajes, aun cuando ella no estaba presente.



Su personalidad está muy poco definida

Es común que la Mary Sue acumule en su haber un buen montón de virtudes para hacer que sea un personaje atractivo y simpático a ojos de los lectores. Es curioso, sin embargo, que teniendo tantas virtudes carezca por completo de personalidad. La Mary Sue puede ser descrita como simpática, amable y bondadosa, pero cuando uno lee sus aventuras se da cuenta de que no son más que palabras escritas en el papel y puestas ahí adrede para que los lectores las aceptemos como verdad universal. En vez de dejar que el personaje hable con sus actos, se nos da una lista de sus mayores virtudes para que pensemos que es de una determinada manera, aunque después no la veamos actuar acorde a su descripción.

Y el caso de Ayla no podría coincidir más con la perorata que os acabo de soltar. He leído montones de descripciones del carácter de Ayla en las propias novelas (que se repiten una y otra vez, por si acaso no nos ha quedado claro) y que la definen como una persona amable, ingenua, de gran fortaleza interior, un tanto vulnerable, benévola, generosa, siempre dispuesta a ponerse en peligro con tal de salvar a una persona… Y, sin embargo, la única sensación que provoca en mí es una total indiferencia. Es tan perfecta y maravillosa que me deja fría.



¿Cómo que no tengo personalidad?
¿Y esas dos que se me salen del sujetador que YO he inventado, qué?



Si la odian, son los malos

Siempre he creído que la clave de una buena historia es que tenga un antagonista a la medida de su protagonista. Debería haber una norma para todos los escritores que dijera que si su protagonista es una pasada de personaje, su antagonista debería serlo también. Me jode un montón leer una historia donde los antagonistas son villanos de opereta; ya sabéis, esos malos jajejijoju que sueltan las frases lapidarias más chorras del mundo, que no tienen motivación alguna para cometer maldades y que están ahí para que los lectores los odiemos por ser tan malos (aunque a mí siempre me han parecido personajes fascinantes). En el mundo de las Mary Sue los villanos abundan, pero estos malvados personajes solo son malvados porque odian a la Mary Sue. Su único objetivo en la historia es detestar a la Mary Sue, y probablemente no hacían ni la mitad de maldades hasta que la susodicha se cruzó en sus caminos.

El caso de Ayla es de manual. Entre tantísimos amigos, aliados y admiradores, era normal que a la maravillosa Ayla le salieran un par de antagonistas. Quitando a Broud, el neandertal que la violó y que la odiaba porque no podía soportar que una mujer diferente de su pueblo fuese superior a él, el resto de antagonistas de Ayla la odian única y exclusivamente porque le tienen envidia o porque no les hace ni caso. Marona la detesta porque todos dicen que es más guapa que ella y porque se ha quedado con Jondalar, al que quiere reconquistar (a pesar de que fue él quien se marchó de viaje sin decirle nada, dejándola colgada cuando estaban a unos días de emparejarse). Brukeval la odia porque cree que ella lo ve como una abominación (es mestizo, nieto de una mujer cromañón y un neandertal) e intuye que una mujer tan guapa como ella nunca se fijaría en alguien como él. Madroman no la puede ni ver porque Ayla consigue hacerse un hueco entre los sacerdotes de la Caverna mientras que él lleva media vida intentando conseguir lo que ella ha logrado en un par de meses. Y así podría seguir.



Tiene poderes especiales

Es muy habitual que la Mary Sue posea algún tipo de poder, ya sea mágico, sobrenatural o de otro tipo, que es extraordinario y claramente superior al del resto de personajes. Si pertenece a un clan de brujas, será la más poderosa o tendrá un potencial enorme. Si es un ser de luz, su poder será tan grande que al resto del mundo no le quedará más remedio que inclinarse ante su superioridad. Por eso, a la Mary Sue se le suele dar un trato preferente o especial dentro de la historia.

Y el caso de Ayla no podía ser menos. A lo largo de la saga se nos va dejando caer que Ayla tiene una especie de conexión muy especial con el mundo de los espíritus, llegando a comunicarse con ellos en ciertas ocasiones (sobre todo cuando se pone hasta las cejas de datura). Más adelante, ya lejos de los neandertales, se la identifica como una de las elegidas de la Madre Tierra, cuando no ella misma reencarnada. Sus “poderes” son tener sueños que podrían identificarse como reveladores o incluso premonitorios, en los que suele hallar la clave de misterios que personajes más sabios que ella no han podido resolver nunca.



¿Hablar con el espíritu del León Cavernario?
Claro, lo hago muy a menudo. ¿Tú no?



Los talentos de la Mary Sue

Si hay algo que le sobra a la Mary Sue es talento para realizar cualquier cosa que se proponga. Una Mary Sue es tan habilidosa en todo lo que hace que no hay por dónde pillarla. ¿Tocar un instrumento musical? Por supuesto. ¿Jugar al billar? Desde luego. ¿Manejar todo tipo de armas? Claro que sí, guapi. A la Mary Sue todo se le da bien, y si no se le da bien es porque todavía no ha aprendido a hacerlo. Sabe hacer gala de sus talentos con tanta maestría que es inevitable que reciba los halagos de todo el mundo.

Una vez más, nuestra cromañón favorita vuelve a encajar en este perfil. Ayla es una mujer que sabe hacer de todo. Es una curandera excelente, posee una memoria prodigiosa, es la primera en domesticar animales salvajes, la que descubrió que el fuego se podía hacer con dos piedras, tiene una puntería certera con la honda y con el tirador de lanzas, aprende lenguas extranjeras en un tiempo récord, sabe cazar mejor que nadie… y la cosa sigue, y sigue, y sigue.



Los ¿defectos? de la Mary Sue

Y así como la Mary Sue tiene más virtudes que un santo, sus defectos quedarán tan mermados que nadie los apreciará como tales, ni siquiera los personajes que la rodean. A pesar de que la Mary Sue se percibe a sí misma como una persona fea, torpe, o gruñona, el resto de personajes no lo verá así. Todo lo contrario, pues consideran que sus defectos más bien parecen virtudes y la harán resaltar todavía más.

Y Ayla no podía quedarse atrás en esto. Como Auel tal vez se dio cuenta de que se había pasado al ponerle tantos atributos positivos a Ayla, decidió que debía darle un par de defectos para hacerla más humana a ojos de los lectores. Y lo único que se le ha ocurrido es hacer que Ayla tenga una voz extraña y que no sepa cantar. En serio, no sabéis lo aburrido que es leer una y otra vez que Ayla tiene un acento un poco raro (por haberse pasado media vida entre neandertales que gruñían en vez de hablar) y que a los demás les encante porque suena exótico. O que Ayla se lamente de no poder cantar el himno dedicado a la Madre Tierra porque no sabe entonar. En cuanto a sus “defectos” físicos, Ayla siempre se ha visto a sí misma como una persona fea, ya que a ojos de los neandertales no era nada atractiva. Pero en un giro inesperado de los acontecimientos, ¡resulta que en realidad es guapísima, con un cuerpo escultural y un sex-appeal flipante! ¡Todos los hombres del mundo la encuentran fascinante y babean por acostarse con ella!




¿Cómo no se van a enamorar los hombres de mí,
con lo maravillosa que soy?



Las mascotas de la Mary Sue

Es muy común encontrar historias protagonizadas por Mary Sue que, además de tener el amor y la admiración de más de medio mundo, también tienen el cariño de varios animales que van tras ella y la obedecen ciegamente. No es que solo tengan un perro o un gato como mascota; más bien tienen todo un zoológico a su lado para hacerles compañía (y vaya usted a saber si esos animales no son mágicos también).

En lo que respecta a Ayla, vuelve a encajar con el perfil a la perfección. A pesar de ser una cazadora formidable y una curandera fuera de serie, Ayla ha conseguido hacer hueco en su apretada agenda para domar a una yegua, ayudarla a parir a su potrillo, domesticar a un león cavernario hasta el punto de que éste le deja montar sobre él y hacerse amiga de un lobo que mata a todo aquel que haga ademán de querer tocarle un pelo. Además, Ayla sabe imitar tan bien el canto de los pájaros que éstos se acercan a ella cuando silba, al más puro estilo Blancanieves. Ni Félix Rodríguez de la Fuente, oigan.



Rasgos físicos fuera de lo común

Si habéis llegado hasta aquí, os habréis dado cuenta de que la Mary Sue es un personaje al que el autor ha hecho tan rematadamente perfecto y alucinante que parece imposible hacer que sea más excepcional. Pues estáis en un error, queridos, porque la Mary Sue tiene cuerda para rato y siempre encuentra la forma de destacar por encima de los demás, aunque sea por algo tan absurdo como su color de pelo o de ojos. En las historias protagonizadas por una Mary Sue, es muy habitual que a ésta se la describa como dueña de un cabello en el que se entremezclan mil colores que van desde el castaño rojizo con reflejos rubios al negro como ala de cuervo con tonos azulados y un mechón de pelo blanco, por ejemplo. La Mary Sue siempre tendrá un color de pelo muy raro y llamativo. Y lo mismo pasa con sus ojos, en los que hay todo un arcoíris de colores. Y eso cuando no tiene heterocromía, es decir, que tiene los ojos de distinto color.

Con Ayla la cosa no ha llegado tan lejos, aunque he de decir que, a pesar de que casi todos sus congéneres parecen ser rubios y de ojos claros, ella es la que más destaca. Se describe su pelo como rubio dorado, como si cayeran sobre él los rayos del sol o como el trigo maduro. Sus ojos son de un tono azul grisáceo, y con una mirada tan inocente que sería capaz de subyugar hasta al mismísimo Kim Jong-Un. Sin embargo, es más llamativo el caso de Jondalar, el compañero de Ayla, cuya atención se desvía frecuentemente a sus ojos de un color azul tan intenso como el de un glaciar (por si os lo estáis preguntando, sí, la autora siempre usa esta comparación).





Un caballo, un lobo, un león...
Mascotas que todo el mundo ha tenido alguna vez.



Los amores de Mary Sue

Siendo como es Mary Sue una persona maravillosa y perfecta, una joya brillante y pulida de las que solo nacen una vez cada mil años, era de esperar que uno o varios hombres se enamoraran perdidamente de ella. Si tenéis entre manos un libro protagonizado por una Mary Sue, os daréis cuenta de que le saldrán enamorados hasta debajo de las piedras, aunque ella sentirá predilección por el personaje al que el autor le tiene más cariño (y al que le dedica una demencial cantidad de páginas). Esto lleva muchas veces a que la historia tome giros forzados para emparejar a la Mary Sue con su amorcito, a veces de manera inverosímil.

Y Ayla también cae en este tópico. Desde que conoce a Jondalar, para Ayla no habrá en el mundo más hombre que él. Pero en cierto momento tienen una discusión, se enfadan y Ayla pasa a tener una relación con un hombre llamado Ranec, que bebe los vientos por ella y con el que Ayla acepta acostarse a pesar de no estar del todo segura de si lo ama. Como Ayla y Jondalar son incapaces de sentarse a hablar para aclarar las cosas, Ayla sigue con Ranec y llegan a prometerse para ser pareja; Jondalar, que no soporta ver a Ayla con otro hombre, decide marcharse a su hogar sin decirle nada a nadie. En cuanto Ayla descubre que se ha ido el mismo día de su emparejamiento (algo bastante lógico, por cierto), se da cuenta de que no puede vivir sin él, arreglan sus problemas y deja a Ranec para irse con Jondalar. Así, de un plumazo.



El pasado de la Mary Sue

Cuando uno está leyendo la vida, obra y milagros de una Mary Sue y la ve tan guapa, lista, perfecta y maravillosa, posiblemente llegará a pensar que la infancia de la chica ha sido la de una princesita de cuento, con unicornios, canciones, piruletas y paseos en carroza por un reino precioso. Pero nada más lejos de la realidad, porque resulta que todas las Mary Sue del mundo tienen un pasado marcado por la tragedia, pensado para arrancar lágrimas hasta a esas personas insensibles como yo que tienen una piedra donde debería haber un corazón. Pero es que el pasado de la Mary Sue es tan exageradamente dramático que en ocasiones roza el absurdo, y se nota a la legua que muchas veces parece que hay una competición entre personajes, que luchan entre sí por ver quién la tiene más grande tiene el pasado más doloroso y terrible.

Pues con Ayla pasa tres cuartos de lo mismo. Contar todas las cosas horribles que le han pasado en su infancia y su adolescencia daría para llenar varios libros (y, de hecho, Auel lo ha conseguido gracias a su pésimo estilo de escritura, basado en hacer un cortapega brutal de lo ocurrido en los libros anteriores), voy a tratar de resumirlo en pocas frases: Sus padres murieron en un terremoto cuando ella tenía cinco años, la atacó un león cavernario, Broud la golpeaba y violaba continuamente, fue maldecida varias veces por desobedecer las leyes de su clan, estuvo a punto de morir al dar a luz un niño al que todos creían deforme, cuando sus padres adoptivos murieron ella fue expulsada del clan y la obligaron a dejar atrás a su hijo, estuvo viviendo sola durante tres años… y a partir de haber conocido a Jondalar todo le empezó a ir de maravilla en la vida (y, por si os lo estáis preguntando, a Ayla no le han quedado secuelas psicológicas de todo aquello). La sinopsis de uno de los libros la describe como una “mujer fuerte bíblica”, pero a mí me parece un personaje patético. Auel la ha querido hacer tan fuerte y luchadora que ha caído en lo melodramático y absurdo.




Tranquilos, que cuando me canse del rollo interracial
volveré a pedirle al amor de mi vida que me lleve con él a su casa.



Parentesco de la Mary Sue

Como la Mary Sue es un personaje más propio de los fanfictions, hay ciertas cosas que no se van a encontrar en una Canon Sue como Ayla, y este aspecto es uno de ellos. Cuando se está escribiendo un fanfic, es muy común que el personaje Mary Sue tenga un parentesco cercano con uno de los protagonistas de la historia original, normalmente con el favorito del fan o con el villano en el caso de que sea muy carismático, como pasó en Harry Potter y el Legado Maldito con Delphi y Voldemort (¡me niego a aceptar que eso sea canon!).

Sin embargo, como Ayla es una Mary Sue canon, no se le puede aplicar esta característica. Eso sí, no he buscado fanfics de Los Hijos de la Tierra (si es que los hay), así que no he podido confirmar que no se hayan creado personajes a los que se ha emparentado con Santa Ayla de Todos los Santos. Crucemos los dedos.



Personalidad cambiante

Este apartado también está más centrado en los fanfics que en las historias originales, ya que afecta principalmente a los personajes del canon. En los fanfics basados en historias bastante conocidas por el gran público, los personajes originales sufrirán diversos cambios de personalidad que están destinados a adaptarse a un argumento que favorezca a la Mary Sue y a su participación dentro del relato. Por ejemplo, imaginad que vuestro personaje favorito de una saga literaria destaca por ser un chico de carácter fuerte, intenso e impulsivo, que no vacila en ayudar a sus amigos pero sin pensar en las consecuencias que eso pueda traerle; yo os aseguro que como aparezca una Mary Sue de por medio, el chico no solo templará su carácter sino que además aprenderá a contener sus emociones y a pensar las cosas con cabeza, hasta el punto de que decidirá regresar a la universidad para sacarse un doctorado en Esperanto mientras la Mary Sue resuelve las situaciones mucho mejor de lo que lo haría él.

Como ya he dicho, esta característica es más propia de los fanfics que de las historias originales, así que no es de extrañar que no podamos aplicársela a Ayla. Sin embargo, sí me gustaría hablar un poco de las personalidades de los personajes secundarios y terciarios de la historia, que al principio nos los anuncian de una manera y después resulta que no eran tan malos como nos los pintaban. Un ejemplo de lo que quiero decir con esto es el caso de Jondalar y los supuestos prejuicios que su gente (o sea, todos los cromañones del mundo) tiene en contra de los neandertales y de las personas que se han criado con ellos. Creo que lo entenderéis mejor así:


Ayla: Te amo, Jondalar.

Jondalar: Yo también te amo, Ayla. Pero el caso es que no sé si debería llevarte a conocer a los míos, pues creen que la gente con la que te has criado son animales. Y si además se enteran de que uno de ellos te montó como a una potra y aún encima has tenido un hijo mestizo, te van a rechazar y van a decir que eres una abominación, como hice yo cuando me lo contaste.

Ayla: Pero Jondalar, yo no puedo ocultar mi pasado.

Jondalar: Si yo te entiendo, Ayla, pero de verdad que te lo digo por tu bien. Si los nuestros se enteran de que te han criado los cabezas chatas, te tendrán asco y te repudiarán.


(Más tarde, en el poblado de los Mamutoi)

Ayla: Hola, me llamo Ayla y me han criado esos a los que llamáis cabezas chatas.

Mamutoi: Ah, pues vale. Ven, que queremos que seas una de los nuestros.


(Más tarde, en la tribu de los Sharamudoi)

Ayla: Hola, me llamo Ayla y los cabezas chatas me han entrenado para ser curandera.

Sharamudoi: Ah, pues qué bien. Como le has curado el brazo a la compañera del jefe, ese detallito es completamente irrelevante, a pesar de que nuestro jefe piensa que la gente que ha estado en contacto con ellos está contaminada y pensar otra cosa va en contra de todos nuestros principios étnicos y culturales.


(Más tarde, en la caverna de los Zelandonii)

Ayla: Hola, me llamo Ayla y Jondalar me ha dicho que sois unos racistas de mierda que me rechazarían en cuanto supieran que los cabezas chatas son mi familia.

Zelandonii: Ay, ay, ay, pero qué cosas tiene este Jondalar. ¡Si aquí todos somos mazo tolerantes! Es verdad que entre los nuestros hay algunos mestizos a los que llamamos abominaciones, pero eres tan guapa y maravillosa que contigo vamos a hacer la vista gorda.


¿Entendéis a qué me refiero? A través del personaje de Jondalar, Auel ha querido hacernos creer que pudo haber existido un choque racial y cultural entre ambas especies de humanos, lo que podría haber motivado graves conflictos entre ellos. De hecho, Jondalar representa la cultura de los cromañones; se ha criado con ellos, comprende todos sus ritos y ceremonias, ha crecido creyendo que el culto a la Madre Tierra es el único y verdadero, y le han enseñado a rechazar todo aquello que no forme parte de su gente. Y, por encima de todo, le han enseñado que las personas como Ayla, que se han criado con neandertales y han tenido hijos con ellos, están sucias y sus hijos son abominaciones. ¿¿Por qué entonces, en nombre de todos los dioses, Jondalar es el único intolerante de la saga?? ¿Por qué el resto del mundo acepta tan alegremente el pasado de Ayla, si va en contra de todos los principios que han mamado con la leche de sus madres? La única respuesta es que Auel cambió todo el pensamiento de una cultura para amoldarla a Ayla, para que siguiese siendo la chica perfecta y todo el mundo la quisiera. Por eso, a pesar de que hasta el momento todos pensaban que los niños mestizos eran monstruos, a partir de la aparición de Ayla su concepto de la vida cambiará rápidamente y lo aceptarán sin ningún problema.



¡Y hasta aquí por hoy! Este ha sido un post que ha mezclado dos de mis grandes pasiones: la literatura y el desahogo personal, y la verdad es que me he quedado bastante a gusto. ¿Y qué me decís de vosotros? ¿Habéis leído alguna novela en la que la protagonista era tan perfecta que os han entrado ganas de coger el libro y tirarlo por la ventana? ¿Conocéis a algún personaje al que le encajen estas características tan bien como a la dichosa Ayla?

¡Espero vuestros comentarios!

4 comentarios:

  1. No he leído "Hijos de la Tierra" porque nunca me ha llamado la atención, pero recuerdo otros casos muy sonados de Mary Sues canon. Por ejemplo, Victoria la de "Memorias de Idhún", que era absolutamente perfecta, guapa, genial, con poderes increíbles, el último unicornio, los dos protagonistas de la trilogía babeaban por ella, al final se enrollaba con los dos, y encima pobrecita ella, que sufría mucho teniendo que repartir su amor, sus mimos y su atención entre los dos machos. Porque ella tenía un corazón TAN grande que no podía elegir entre los dos. Eso sí, como alguno de ellos intentara también hacer doblete con otra chica, los celos de Victoria eran de foto. Pero al final el doble rasero era evidente: ellos al final siempre volvían embobados a los brazos de Victoria Sue, la única a la que realmente amaban, mientras que ella jamás elegía entre los dos y encima les reñía si tenían celos.
    Otra Mary Sue canon de manual es Bella, la de "Crepúsculo". La mitad de los chicos de Forks babean por ella, empezando por Edward, siguiendo por Mike y terminando por Jacob (aunque no exclusivamente, porque Edward le deja caer que medio instituto se enamoró de ella en cuanto la vio llegar, y hasta el abogado cincuentón del cuarto libro se enamora de ella). Las chicas se dividen entre las que la adoran y desean ser sus amigas (las buenas) y las que la envidian (las malas), eso sí, ella se considera vulgar, aburrida, mediocre y sin belleza o aptitudes excepcionales que la hagan destacar. Y, por supuesto, es tan guay que tiene poderes-escudo contra los vampiros incluso siendo humana. Si es así de mortal, cuando se hace inmortal es aún peor porque se convierte en una criatura total y absolutamente PERFECTA.
    La verdad es que, si te paras a pensar, la mayor parte de las protagonistas de novelas juveniles, o son personajes tan planos como una tabla de planchar, o son Mary Sues descaradas: son perfectas (aunque se creen mediocres), todos las aman (salvo los malos), lo hacen todo perfecto o aprenden a hacerlo a los cinco minutos de ponerse a practicar, y personas más mayores y experimentadas que ella les acaban cediendo el control de La Resistencia Para Salvar El Mundo. La única excepción, que tiene algunas características pero no todas (y las que tienen creo que están lo bastante justificadas en la trama) es Katniss Everdeen, la de "Los Juegos del Hambre", que no acaba de caerme bien porque es una chica demasiado fría y racional para mi gusto, pero al menos parece una persona real y tiene defectos que realmente la perjudican y le complican la vida.

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    1. Grrr! Qué mal me está cayendo la Victoria esa! Ya sabía algo de ella porque intenté leer "Memorias de Idhún", pero nunca pude terminarlo. Y visto lo visto, me parece que se va a quedar para el milenio que viene. ¿Cómo una protagonista tan insufrible puede tener tantos fans que se sienten identificados con ella? ¿Y cómo se puede estar enamorada de dos chicos a la vez? A mí las chicas tan perfectas no me van nada.

      El de Bella Swan es un caso sonadísimo, hasta el punto de que se ha convertido en el paradigma de todas las Mary Sue del mundo. Y la verdad es que no sé qué le ven los chicos de Forks, porque no tiene la menor cualidad que la haga atractiva (al contrario que otras Mary Sues, que son un dechado de virtudes cada una más inverosímil que la anterior).

      Siguiendo al Geek Furioso, me he quedado también con los nombres de Caelena Sardothien, la protagonista de "El Trono de Cristal" y con Katerina de Erisa, ese engendro ultraperfecto que sale en "Sangre de Dioses y Reyes" y que tiene un protagonismo demencial a pesar de que es un personaje secundario y completamente inventado... en una novela sobre Alejandro Magno.

      Si te digo la verdad, yo a la Mary Sue la temo. Cada vez que escribo tengo miedo de que me salga un personaje demasiado perfecto para mi gusto. Si alguna vez crees ver rasgos de Mary Sue en alguno de mis personajes... ¡dímelo, por favor!

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    2. A ver, una cosa está clara: es inevitable que las protagonistas femeninas de una historia de fantasía tengan ALGUNOS rasgos que se atribuyen tradicionalmente a las Mary Sues. Piensa en la Princesa Leia, en las princesas Disney, en Lúthien Tinúviel, Arwen, Galadriel y las demás damas famosas de Tolkien, en Hermione Granger, en Sansa Stark, en Daenerys Targaryen... si te fijas en ellas, ninguna pasaría idemne el test de las Mary Sue.
      ¿Y por qué es esto? Porque la Mary Sue, en su concepción original, es un personaje no canon introducido en un fanfic, generalmente como auto inserción de la autora fanfiquera, para convertirse en nueva protagonista, ligarse a todos sus personajes favoritos y hacerse amiga de todas sus personajes favoritas. Es decir, es un personaje no héroe (porque los héroes son los personajes canon) con un montón de atribuciones de héroe.

      Por ello, las Mary Sues canon sólo se convierten en Sues cuando el autor las hace TAN perfectas, maravillosas, diferentes, heroicas, dramáticas, poderosas sacrificadas, abnegadas, bellas y amadas por todo el mundo, que acaban dando asco y no te las crees. Es decir, en casos extremos (una Ayla, una Bella o una Victoria). Como autora de novelas yo también lucho contra eso, de modo que te paso los consejos que me he auto impuesto a mí misma para que mis personajes no crucen la línea que separa a la heroína de la Mary Sue (en el comentario siguiente, por falta de espacio).

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    3. 1) Ponle un mínimo de tres defectos a tu personaje. No "incompetencias" (ej: es torpe, no sabe cantar), sino "defectos" (ej: es maleducada, presumida, mentirosa o irascible). Que sean significativos, es decir, que realmente vayan a meterla en problemas o sean una desventaja. Y síguelos a rajatabla, que no desaparezcan momentáneamente sólo porque convenga a la trama. Si el personaje debe reprimirlos o controlarlos por exigencias de la historia, que deba hacer un auténtico esfuerzo para conseguirlo. Poniéndote como ejemplo a mi Alara Farlane, yo escogí tres defectos para ella: es intransigente, es irascible y es celosa. Intento que siempre lo sea, y si se tiene que tragar los celos o la rabia, a la pobre mujer le cuesta horrores.

      2) La atribuciones típicas de héroes que a su vez son típicamente extrapolables a las Mary Sues, tienen que estar justificadas. Ejemplos: poderes que no tiene nadie más, pasado trágico, orfandad, marcas o rasgos físicos distintivos, relaciones familiares sorprendentes (ser la hija del rey, ser la hija del villano...), belleza notoria. Si los tiene, que sea porque la historia lo requiere y que estén justificados y explicados. Si no, puerta.

      3) Fuera triángulos amorosos y amantes despechados reconvertidos en villanos. Si tiene interés amoroso (correspondido o no), que sea solamente uno. Si no tiene interés amoroso, pues tampoco pasa nada. Un giro interesante en el famoso tema de los manidos triángulos es que la protagonista no sea el centro del mismo, sino uno de los extremos. Es decir, que esté enamorada de una chico que duda entre ella y otra. ¿Qué hará el personaje? ¿Luchará por ser la elegida? ¿Dejará tiempo al chico para elegir? ¿O mandará a la mierda al indeciso y se buscará a alguien que no dude entre ella y otra? Lo mismo vale para un personaje masculino protagonista cuyo interés amoroso dude entre él y otro tío. La elección de cualquiera de esas tres opciones dependerá de si quieres meter una historia de amor verdadero, una historia de amor despechado, o no quieres meter historia de amor en absoluto (que tampoco son obligatorias si la trama no las pide).

      4) Un buen truco para no hacer a la protagonista buena en TODO, es hacerle una hoja de personaje rolera. Esto es porque, en los juegos de rol, tú tienes un determinado número de puntos para gastar en la creación del personaje, y una vez los has gastado todos, ya no puedes añadir o mejorar más atributos (al menos hasta que consigas más puntos para gastar, que sólo puedes lograr jugando la aventura y haciendo hazañas). Eso hace que debas pensarte muy bien qué habilidades potencias en el personaje, porque no tienes bastante puntos para hacerla buena en todo. Hay que elegir si hacerlo equilibrado (es decir, que tenga competencia básica en casi todo), pero en ese caso no sobresaldrá en nada, o potenciar unos atributos en concreto, pero eso significa que gastarás tantos puntos en subírtelos que en el resto de atributos se quedará pez. Ejemplificando de nuevo con Alara Farlane: ella tiene muy potenciadas las habilidades físicas y de combate, y la mayoría de los puntos que sobraron se fueron a habilidades mentales. ¿Qué significa eso? Que es una inepta social, no sabe relacionarse ni tampoco hace amigos con facilidad fuera de su entorno. Claro que esto queda justificado por su trasfondo, el de una hermana de batalla. No quedaría nada realista una hoja de personaje así si, por ejemplo, estuviera creando a una erudita como Phoebe o a una dama noble que fuera una mariposa social. En definitiva, hacerle su HP a tu personaje te obliga a plantearte no sólo cómo es, sino cuáles son sus puntos fuertes y cuáles son los débiles. Y eso ayuda a no crear Aylas que son buenas en todo.

      Espero que te haya servido. De todos modos, si veo que Mary-Sueizas a alguien, te lo diré. ¡Haz tú lo mismo conmigo! :-D

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