marzo 12, 2018

Desmontando el hembrismo


¡Hola a todos!

No cabe duda de que el pasado 8 de marzo fue un día en el que se hizo Historia. Aquel día, miles de mujeres dejaron de lado sus trabajos tanto dentro como fuera de casa para salir a la calle todas juntas y lanzar un grito para llamar a la igualdad entre hombres y mujeres. Cuesta creer que algo tan básico como la igualdad de derechos para ambos sexos siga siendo a día de hoy tema de discusión o que incluso se ponga en duda, y considero que en ese sentido la huelga feminista del 8 de marzo fue muy positiva. La marea violeta se hizo ver en todo el mundo y dejó claro que las cosas van a cambiar a partir de ahora, que la revolución se llevará a cabo y que seremos las mujeres las artífices de esa proeza.

A pesar de lo que muchos piensan, el movimiento feminista no está compuesto por un grupo de mujeres histéricas que, dejándose llevar por sus hormonas, se están dedicando a montar alborotos innecesarios para destruir un sistema que el machismo lleva cimentando y fortaleciendo desde el principio de los tiempos. Cierto que el feminismo busca tumbar el machismo, pero lo hace a través de la vía pacífica y siempre buscando la igualdad, cosa que el machismo no hace.

Por alguna razón carente de toda lógica, siempre se ha considerado que el sexo femenino era inferior en todo al masculino, y esta creencia ha arraigado tanto en nuestra sociedad que nuestra educación e idiosincrasia han llegado a hacernos creer que se trata de una certeza incuestionable. Pero esto no es así y, por fortuna, no fueron pocas las mujeres que pusieron en tela de juicio estas premisas marcadas por los hombres. Pues ¿por qué debería ser menos inteligente una mujer que un hombre? ¿Por qué no pueden hombres y mujeres ejercer los mismos trabajos, ya sea dentro como fuera de casa? ¿Por qué no podían las mujeres tener derecho a votar, a tener mayoría de edad, a ser independientes económicamente o a decidir si querían o no tener hijos?

Poco a poco, el sistema empezó a ser cuestionado por los que supuestamente eran los seres más débiles de la sociedad. Las mujeres se dieron cuenta de que no habían nacido para ser objetos decorativos para colocar al lado de un hombre, ni criadas sometidas a cada uno de sus deseos. Comprendieron, a base de vivir injusticias constantemente, de que valían tanto como cualquier hombre y, por lo tanto, debían ser consideradas iguales a ellos en todos los aspectos de la vida. Iguales en derechos, en obligaciones, en educación, en la familia y ante la ley. Y fue así como gracias a estas pioneras surgió el feminismo, un movimiento que nació para exigir la igualdad de derechos para hombres y mujeres.

El feminismo no empezó siguiendo unas pautas y se quedó estancado en ellas, sino que, como todo en esta vida, evolucionó para adaptarse a los nuevos tiempos y a las demandas que las mujeres pedían para ser plenamente iguales a los hombres en derechos y en deberes ante la ley y la sociedad. Existen varios movimientos feministas, pero hoy en día se tiende a dividir la evolución del feminismo en tres olas distintas que se han dado a lo largo de la Historia. Voy a explicaros un poco en qué consistían y cuáles eran sus principales reivindicaciones.

La primera ola del feminismo tiene sus orígenes en el Renacimiento, y sus premisas básicas se pueden encontrar en libros como La Ciudad de las Damas de Christine de Pizan; La Igualdad de los Sexos, de François Poullain de la Barre; y La Mujer Honesta, de Jacques du Bosc. En esta primera ola del feminismo lo que se demandaba era la incorporación de la mujer al ámbito académico, cuyo acceso le estaba prácticamente vedado. Fue tal el ímpetu que tuvieron estas pioneras que su influencia tuvo eco en las revoluciones burguesas liberales del siglo XVIII, sobre todo en Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Básicamente, las dos grandes demandas de esta primera ola son la igualdad ante la ley y el acceso de la mujer a la ciudadanía.

La segunda ola del feminismo tiene lugar el siglo XIX y surge a raíz de las teorías sociales, económicas y políticas del marxismo. Será, sin embargo, la obra de Engels la que servirá de base sobre la que se fundamente esta segunda ola feminista, concretamente el libro El origen del estado, la familia y la propiedad privada, publicado en 1884. Esta obra puede resumirse con la frase “En la familia, el hombre es el burgués y la mujer el proletariado”. Lo que Engels pretendía era tender un puente entre la lucha de clases y la lucha de sexos, y declaraba que la mujer tenía que subordinarse a la lucha del obrero para poder liberarse de las cadenas del patriarcado. Esta segunda ola del feminismo terminó siendo un absoluto fracaso, ya que sus postulados no se aplicaron. Baste recordar el sistema político que se implantó en la desaparecida Unión Soviética, en el que la mujer, lejos de gozar de más libertades y derechos, se vio incluso más sometida que antes a los parámetros machistas.

Y llegamos a la tercera ola del feminismo, cuyo origen se puede situar en el año 1949 tras la publicación del ensayo El segundo sexo, de la escritora Simone de Beauvoir. Es muy famosa la frase de esta autora que reza “No se nace mujer, se llega a serlo” que, en mi opinión, resume muy bien esta nueva ola feminista y le da al movimiento una mayor visibilidad. Es ahora cuando se empiezan a elaborar los fundamentos filosóficos de la ideología de género, en la que la sexualidad se ve desarraigada de su realidad natural y pasa a ser presentada como un constructo cultural. Poco a poco se va observando una radicalización en sus premisas; la mujer deja de ser igual al hombre y se convierte en un ser superior a él. Es ahora cuando empezamos a hablar del hembrismo.

El hembrismo (mal llamado también feminazismo), al contrario de lo que muchas personas sostienen, no va parejo al feminismo, sino que lo sobrepasa, va más allá y se centra en buscar motivos por los que odiar y despreciar a los hombres. Supuestamente denuncia el machismo pero lo curioso es que se basa en la misma ideología y consideración de que un sexo es superior al otro por poseer determinadas características. No predica la igualdad de derechos y obligaciones, sino que culpa, tiraniza y ataca al hombre por el simple hecho de ser hombre, impidiéndole defenderse y llegando a condenarle de antemano.

El radicalismo exacerbado de las hembristas ha llevado a que se establezca una dictadura de lo políticamente correcto, en la que cada detalle debe ser cuidadosamente analizado para buscar indicios de machismo, heteropatriarcado, estigmatización social y otros conceptos que oiremos varias veces en el discurso hembrista. En el artículo de hoy voy a hacer un firme alegato en favor del feminismo y a desgranar algunas de las principales diferencias que hay entre las feministas y las hembristas.


Mujeres sí, hombres no

Mientras que el movimiento feminista defiende la inclusión de hombres y mujeres para establecer la igualdad real entre ambos sexos, el movimiento hembrista hace todo lo contrario y opta por apartar a los hombres de sus reivindicaciones, en ocasiones denigrando al sexo masculino. Esto choca con la discriminación con la que, se supone, quieren acabar. Ejemplos de esta violencia ejercida contra los hombres los podemos encontrar en slogans y consignas muy conocidas como "Muerte al macho", “Machete al machote” y “Ante la duda, tú la viuda”, pero también es posible encontrar frases horribles y denigrantes en la filosofía de género, que supuestamente es más seria. Sirvan como ejemplos las palabras de Andrea Dworkin, quien dijo que todo coito heterosexual supone la violación de un hombre sobre una mujer; también está Sheila Jeffreys, a quien le gustaba opinar que cada vez que una mujer experimenta un orgasmo al estar con un hombre, lo que en realidad está haciendo es reproducir el sistema del patriarcado; y por supuesto no podía faltar la famosa Valerie Solanas, creadora del manifiesto SCUM, quien llegó a afirmar que tratar al hombre de animal es halagarlo, ya que el hombre no es más que un consolador andante.


Derechos sobre el cuerpo

Uno de los puntos que siempre ha defendido el feminismo ya desde sus inicios ha sido el de permitir a la mujer tener derecho sobre su propio cuerpo, algo muy legítimo si tenemos en cuenta que durante cientos de años fue el hombre el que dispuso de la mujer de manera indiscutible. Entre otras cosas, el feminismo pedía que se le concediera a la mujer el derecho a abortar libremente, algo que el movimiento hembrista también comparte.

Sin embargo, hay una pequeña diferencia entre las simpatizantes de uno y otro grupo. Al oír hablar a las hembristas, uno casi podría pensar que están supercontentas y deseosas de ir a una clínica para abortar, como si fuera tan normal como irse con unas amigas a tomar un café. No faltan tampoco consignas tan sonoras como “Aborto es sagrado”, repetida infinidad de veces por las simpatizantes del grupo FEMEN. En cambio, las feministas consideran que el aborto debería ser libre y con las máximas garantías sanitarias, pero a la vez lo ven como un drama para la mujer, pues entienden que la interrupción del embarazo es un acto que una mujer solo llevaría a cabo en caso de que no le quedara otro remedio.

Existe una frase muy conocida que resume a la perfección este apartado, que es la famosa “En mi coño mando yo”, sentencia muy respetable pero que, curiosamente, no se aplica a otros aspectos como la prostitución autogestionada o la gestación subrogada. Es decir, que una hembrista defenderá a muerte a una mujer si quiere abortar estando en el quinto mes de embarazo pero la considerará una mujer de segunda si, ejerciendo su derecho a buscarse la vida como mejor le parezca, decide trabajar como prostituta para ganarse las lentejas.


Mujer y religión

Con la Iglesia hemos topado. El hembrismo ha iniciado una cruzada para borrar de la faz de la tierra todo lo que huela a heteropatriarcado, y todos sabemos que no hay nada más heteropatriarcal que las religiones. Aunque la gran mayoría de las religiones son, en esencia, bastante machistas, las hembristas parecen tenerle una especial ojeriza a la Iglesia católica. Una vez más, encontramos aquí una doble vara de medir, ya que el hembrismo no va a ser ni la mitad de duro con el Islam. La fe islámica es una religión tan respetable como todas las demás, pero es innegable que sus preceptos y bases ideológicas son machistas, ya que siempre ponen al varón en un puesto de supremacía sobre la mujer. Sin embargo, nunca veremos a las chicas de FEMEN irrumpir un viernes en una mezquita, desnudas de la cintura para arriba y con flores en el pelo, para ponerle las tetas en la cara a un imán y llamarle machista opresor, cosa que sí han hecho repetidas veces en iglesias y capillas católicas.

Como veis, la cosa cojea por algún lado, ya que no se trata igual a todas las religiones. Es probable que esto se deba a que el movimiento hembrista está muy vinculado a la ideología de ciertos partidos políticos de la extrema izquierda que son muy benévolos con el Islam pero a la vez son muy críticos con el Cristianismo, lo que pone en entredicho su idea de lo que es el respeto hacia las creencias de cada persona. Posiblemente esto sea así porque saben que la Iglesia, haciendo honor a su máxima de poner la otra mejilla, traga con todo y no responde a sus provocaciones, algo que no ocurre cuando se le toca los cojones al Islam. Nunca veremos a las hembristas pidiendo la erradicación del burka, el cual consideran que las mujeres afganas llevan porque quieren, cuando realmente es una imposición del marido a la esposa, ya que el burka no tiene las mismas connotaciones religiosas que el velo, prenda que solo cubre la cabeza pero deja al descubierto el rostro de la mujer.


Capitalismo heteropatriarcal (?)

El feminismo, como ideología y como movimiento político, ha sido un producto de la filosofía liberal que surgió a raíz de la instauración del sistema capitalista. Aunque las “revoluciones burguesas” ayudaron a que las demandas de las mujeres tomaran forma y se organizaran políticamente, la aparición de Marx y Engels vino a cambiarlo todo cuando éste último subordinó la lucha femenina a los intereses de la lucha de clases, haciendo que izquierda y feminismo se unieran contra el capitalismo, y cuyos argumentos han llegado hasta nuestros días. Basta con echar un vistazo a los principales grupos feministas para comprobar que en todos ellos se repite hasta la saciedad el discurso de que el capitalismo es la causa de la opresión de la mujer. ¿Por qué dicen esto?

El capitalismo es un sistema económico que se sustenta en dos pilares: la centralidad de la propiedad privada y la libertad económica. La institución del contrato se vuelve más necesaria que en épocas anteriores, y el mundo empezará a moverse siguiendo la ley de la oferta y la demanda. Con el asentamiento de estas premisas, la mujer fue encontrando mayores espacios en la vida pública, puesto que el mercado no hace distinción de sexos, razas, etnias o religiones. Si una empresa decidiera no contratar a mujeres bien preparadas y pagar en exceso a hombres no cualificados para el puesto, no tardaría mucho en irse a pique. Existe, eso sí, el problema de la discriminación salarial por sexo, que a día de hoy es ilegal en España y está considerada como infracción muy grave.

Sin embargo, culpar al capitalismo de este hecho me parece un absurdo, puesto que gracias al capitalismo se hicieron grandes avances en la tecnología aplicada al ámbito laboral. La creación de maquinaria cada vez más sofisticada ha hecho que la maña supere a la fuerza bruta, además de crear nuevos puestos de trabajo que las mujeres podían desempeñar perfectamente. El mercado también pensó en las mujeres al dar pie a la producción de todo tipo de artículos para facilitarles la vida cotidiana. Así que, en mi opinión, si lo que el feminismo quiere abolir es la brecha salarial, tiene que atacar directamente a ese problema, no a todo el sistema capitalista. A pesar de las innumerables virtudes que, según Marx y Engels, tenía el sistema socialista cuyas teorías elaboraron, en la práctica se demostró que los derechos de la clase obrera iban mermando cada vez más y que ni siquiera las mujeres gozaron de una mayor libertad.


Todos alienados

Como toda ideología extremista, el hembrismo tiende a llevar a cabo una separación ideológica entre los miembros del grupo y el enemigo a abatir. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando es una mujer la que, en pleno ejercicio de sus facultades, manifiesta que no piensa igual que ellas? Pues que pasa a ser una alienada que ha sido abducida por el malvado heteropatriarcado. Para una hembrista, una mujer en su sano juicio no decide ser ama de casa y dedicarse al cuidado de una familia, por mucho que la propia mujer diga que ésa ha sido su elección. Se la intentará convencer de que su forma de pensar es arcaica, denigrante para la mujer e incluso dañina para la lucha del feminismo. Cuando vean que no la pueden convencer de lo contrario, pasará a ser considerada una especie de apestada, una defensora del neomachismo heteropatriarcal que nada tiene que ver con sus ideales de liberación femenina.


Defensa para casi todas

Aunque el movimiento hembrista dice incluir a todas las mujeres en la defensa de sus reivindicaciones, hay casos en los que se puede ver que esto no sucede así en absoluto, puesto que no se actuará de la misma manera para defender a una mujer de una ideología opuesta a la del grupo. Ejemplos de esto los podemos ver en Twitter casi a diario, como fue el caso del ataque machista que sufrió la política de C’s Inés Arrimadas por parte del trabajador de TV3 Toni Albà, quien no se recató en llamarla “puta” de manera pública. Aunque estamos acostumbrados a ver que las redes sociales arden por todo, es curioso que ningún colectivo hembrista saliera en defensa de Inés Arrimadas. Es posible que su condición de política de ideología de derechas no la haya hecho merecedora de recibir el apoyo de este supuesto movimiento feminista, como tampoco lo recibió la presentadora Mariló Montero cuando el líder de Podemos, Pablo Iglesias, gran adalid del feminismo y supuestamente defensor de la mujer, declaró en un chat privado que le encantaría azotarla hasta hacerla sangrar.


Violencia de género

Este es el punto que mayor controversia provoca a día de hoy, ya que se trata de un tema muy sensible con el que no se puede andar con medias tintas. El movimiento feminista condena todo tipo de violencia, tanto si la ejerce un hombre como si la ejerce una mujer. Se habla de violencia de género o violencia machista, pero el término más adecuado es, bajo mi punto de vista, violencia. Y el feminismo no tolera la violencia de ningún tipo. En cambio, las hembristas solo condenan la violencia que se ejerce por parte del hombre a la mujer, e incluso justifican que la mujer ejerza violencia sobre el hombre. Al fin y al cabo, ¿qué importancia tiene pegarle a un hombre, si por definición todos son machirulos y opresores?

En mi país, España, existe la famosa Ley de Violencia de Género que, aunque fue creada para evitar el maltrato y el asesinato de mujeres a manos de sus parejas, solo ha contribuido a crear más desigualdad ante la Ley y a colocar a las mujeres en un puesto de preferencia sobre el hombre. A día de hoy, y ante un mismo caso de violencia en el seno de la pareja, se juzgará con más severidad a un hombre que a una mujer. Un hombre que pega a una mujer comete un delito, pero si lo hace una mujer es una falta. Si una mujer denuncia a un hombre por maltrato, la Policía se personará en la casa para proceder a arrestar al hombre; en cambio, si es el hombre el que acusa de maltrato a la mujer, se seguirían los procedimientos habituales con la correspondiente citación judicial. Si esto sigue así, se llegará al punto en el que la presunción de inocencia quedará erradicada y un hombre acusado de maltrato será culpable hasta que se demuestre lo contrario. El estado de derecho a tomar viento, señores.


Micromachismos y lenguaje inclusivo

Gilipollez supina donde las haya y que mueve tanto a risa como a enfado. Bien es cierto que existen ciertos comportamientos cotidianos que pueden considerarse propios del machismo, como el hecho de que, habiendo en casa un hombre y una mujer, deba ser siempre la mujer la que se ocupe de llevar a cabo las tareas del hogar, o que corresponda a ésta sin discusión la tarea de encargarse del cuidado de los niños o de personas mayores aun habiendo otros parientes más cercanos que podrían hacerse cargo de tales menesteres. Estos reductos del machismo se ven ahora con mayor claridad de lo que se veían hace veinte años, y supone un gran avance que se saquen a relucir y se pida justicia al respecto.

Sin embargo, también hay que matizar que otros de los llamados micromachismos son completamente absurdos, aunque a las hembristas no se lo parece. Para ellas, que un hombre invite a cenar a una mujer es un acto machista porque el hombre lo hace para mostrar su superioridad sobre la mujer, ya que se supone que él gana más que ella y se puede permitir el lujo de invitar a un ser inferior a comer. Esta misma lógica se puede aplicar a otros comportamientos como el hecho de abrirle la puerta del coche a la mujer, dejarla pasar antes que él al salir de un edificio o hacerle un cumplido. Existe todo un debate acerca del piropo; hay quienes lo ven como un acto sin importancia aunque a veces bastante grosero, y hay quienes lo consideran directamente acoso sexual.

Algo parecido ocurre con el famoso lenguaje inclusivo, una auténtica aberración que consiste en feminizar o neutralizar (nunca mejor dicho) palabras ya existentes para que incluyan a todo el espectro genérico, aun cuando no es necesario. Sirvan como ejemplo bofetadas al diccionario como “miembros y miembras”, “sujetas de pleno derecho”, “bienvenides” o “amig@s”. La R.A.E. ha declarado muchas veces que esto es un error gramatical, pero los partidarios del lenguaje inclusivo se encogen de hombros y siguen a lo suyo, convencidísimos de estar hablando bien y de contribuir así a la integración de género. Otra estupidez más de la dictadura de lo políticamente correcto.


¡Y hasta aquí por hoy, amigos! Si os ha gustado, os animo a compartirlo con quien os apetezca. Si no estáis de acuerdo con estos puntos, tenéis abajo la caja de comentarios, donde podremos debatir tranquilamente. ¡Hasta la próxima!

marzo 03, 2018

Hina Matsuri, el Festival de las Muñecas


¡Hola a todos!

Y sed especialmente bienvenidos hoy, porque estamos de celebración: ¡Hoy es mi cumpleaños!

Sí, hoy soy un añito más vieja o más madura, depende del cristal con que una mire la situación. Recuerdo que hace tiempo tuve un complejo muy grande con lo de cumplir años. En serio, me parecía un auténtico drama cumplir años porque tenía la creencia de que era una especie de recordatorio de todas las cosas que no había hecho antes de llegar a esa edad. Hay quien le llama "crisis de tal edad", que es una época por la que pasamos todas las personas cuando nos damos cuenta de que ya no somos los chavalines de antaño y que vamos a tener que empezar a asumir responsabilidades y tomar las riendas de nuestras vidas.

Por fortuna, el tiempo me ha hecho entender que no hay drama alguno en cumplir años, en hacerse más mayor. Todo lo contrario, pues esto significa que estamos vivos para celebrar nuestro cumpleaños, motivo más que suficiente para estar contentos o, por lo menos, para mostrar una sonrisa y tratar de encarar el nuevo año con una actitud más positiva.

Aunque Internet y las nuevas tecnologías han avanzado una barbaridad, todavía no me permiten enviaros un trocito de la deliciosa tarta de fresas que me he comido hoy para que la probéis. En vez de eso, lo que haré será hablaros un poco de una de las festividades japonesas que más me gustan y que, casualidades de la vida, se celebra hoy.

Sí, lo habéis adivinado: Hoy vamos a hablar del Hina Matsuri o Festival de las Muñecas.




Todos los años en Japón se celebra el día 3 de marzo el Hina Matsuri, el Festival de las Muñecas, una fiesta que está dedicada especialmente a las niñas. La tradición afirma que este festival asegura una vida saludable y buena fortuna a las niñas pequeñas.

El festival se centra en la exposición de una serie de muñecas llamadas hina ningyo. El origen de la leyenda se remonta a China, donde se creía que las muñecas podían proteger a los humanos atrayendo a los malos espíritus y absorbiéndolos. En el período Heian se realizaba una ceremonia conocida como hina nagashi, que consistía en ofrecer muñecas de papel, madera o tela con la fecha de nacimiento de la niña, colocarlas en pequeñas barquitas y depositarlas en el río para que se las llevara la corriente, alejando así la mala suerte. Las niñas asimilaron poco a poco esta costumbre en sus juegos de muñecas, de tal manera que llegados al siglo XVIII ya se puede hablar de una auténtica celebración del festival de Hina Matsuri, con la diferencia de que ahora esta festividad dejará de ser privativa de la nobleza y permitirá la participación de miembros de todos los estratos de la sociedad, 

Las muñecas hina ningyo están hechas completamente a mano siguiendo un proceso delicado y laborioso, lo que las convierte en pequeñas obras de arte. Las muñecas representan a personajes de la corte imperial de la Era Heian, por lo que es normal verlas ataviadas con kimonos tradicionales fabricados con telas muy delicadas y decoradas con los brocados más abigarrados. Cada muñeca hina ningyo es única. Algunas están sentadas y otras están de pie, hay una amplia variedad de vestimentas y cada muñeca tiene su propia cara y expresión facial. Existe también otro tipo de muñecas, más esquemáticas, en las que la ropa está pegada a un cuerpo de madera tallada.




Tradicionalmente, los abuelos maternos eran los que regalaban todo el juego de muñecas al nacer sus nietas; sin embargo, los conjuntos son tan caros que no es raro que lo paguen entre los cuatro abuelos o que pase de generación en generación. Otra cuestión es la del espacio. Al ser juegos de muñecas que requieren un enorme espacio para exponerlos, muchas familias optan por la versión más sencilla o en miniatura. Otros padres prefieren hacer ellos mismos las muñecas a mano, en papel o en tela.

Las muñecas se exponen en una estantería que consta de varios peldaños, como una especie de pirámide. En una estantería de siete peldaños se pueden encontrar de trece a quince muñecas. En el peldaño superior, coronando el conjunto, están el Emperador y la Emperatriz sentados uno al lado del otro; detrás de ellos suele haber un biombo dorado o un panel decorado con motivos florales. Es habitual encontrar flores de melocotonero, ya que el melocotón es la fruta que en Japón se asocia al sexo femenino.

En el peldaño que sigue al de la pareja imperial se suelen situar las figuras de tres cortesanas que van vestidas igual. Los peldaños inferiores muestran miniaturas de muebles, carruajes u objetos de uso doméstico. Sobre ellos hay tres asistentes, dos ministros y cinco músicos de la corte, todos ataviados con los emblemas de su rango y toda clase de complementos (dogu). Hasta el detalle más pequeño de las muñecas está elaborado con un cuidado exquisito, lo que las convierte en pequeños tesoros de gran valor. Aunque lo más habitual es encontrar a las muñecas expuestas en esta especie de pirámide, también se las puede exponer en una réplica a escala de un palacio imperial.




Colgadas de hilos alrededor de la estantería principal del hina ningyo hay muñecas de tela llamadas tsurushi bina. Los otros objetos colgantes son animales u objetos de peluche que remiten a símbolos para desear buena salud y prosperidad a la familia, como grullas, tortugas, bolsitas de tela o melocotones, que una vez más remiten a la feminidad.

El festival de Hina Matsuri es especial para las niñas pequeñas. Estas preciosas muñecas simbolizan las oraciones de la familia para que sus hijas crezcan sanas y tengan una vida larga y feliz. Eso sí, es importante no exponer las muñecas durante demasiado tiempo. Debido a la capacidad de las muñecas de absorber toda clase de espíritus, también es posible que traten de absorber la buena suerte. Los japoneses, supersticiosos como son, creen que es necesario guardar las muñecas una vez pasado el día del Hina Matsuri para impedir que la niña pierda su buena suerte y tarde en casarse o que se quede soltera toda la vida. Aunque esto puede sonar machista, hay que tener en cuenta que en la época en la que empezó esta tradición, una de las peores tragedias que podía ocurrirle a una mujer era no encontrar un buen marido.

En el Hina Matsuri se suele reunir la familia para celebrar la festividad, y es mucho más emotivo cuando hay niñas pequeñas en la familia, puesto que la fiesta gira en torno a ellas. Además de la exposición de las muñecas típicas, es común también que se prepare una comida especial para celebrar el día de las niñas.




El menú típico de este día tan especial suele estar compuesto por una sopa de almejas y un plato de chirashi sushi, un tipo de sushi con base de arroz sobre el que se colocan varios ingredientes. En cuanto a dulces, podemos encontrar el hishi mochi, que es un rombo de tres colores; los hina arare, una especie de bolitas de arroz de varios colores y de sabor muy dulce, que se dice que protegen a las niñas de la mala suerte y de las enfermedades. También suele beberse el shirozake, que es una variante del sake tradicional pero con muy poco o nada de alcohol, que se extrae de la flor del melocotón y se consume para purificar el cuerpo.


¡Espero que os haya gustado! ¡Nos vemos muy pronto!

marzo 01, 2018

La leyenda del mes: El monte Medulio


¡Hola a todos!

¡Bienvenidos a marzo, mi mes del año favorito porque yo nací en él! De hecho, dentro de poco va a ser mi cumpleaños y también tendréis entrada nueva, así que estad atentos por si queréis leerla, ^^*

Estos días han sido muy fríos por donde yo vivo, pues la Bestia del Este ha llegado a Galicia y ha dejado huella de su paso. Cabe destacar que en mi ciudad ha provocado más de una exclamación de sorpresa, pues el otro día nevó por primera vez en más de treinta años, lo que no es poco decir cuando se vive al pie del mar, donde no suele nevar. Eso sí, la nieve duró poco y no tardó en dejarnos, aunque nos ha dejado bonitos y blancos recuerdos.

Para empezar marzo como manda la ley, os voy a dejar a continuación la leyenda que toca este mes. He elegido esta por ser una de mis favoritas cuando era pequeña y porque parece ser que tiene visos de verdad, aunque ya sabéis que a veces la leyenda y la historia tienden a confundirse.

Espero que os guste!


El monte Medulio




Cuando los romanos invadieron la Península conquistando el sur y el este, no tardaron en fijar su atención en el noroeste de la Iberia, donde sabían que abundaban minas de los metales que más ambicionaban: cobre, hierro y, sobre todo, el oro, aquel valioso metal amarillo con el que los nativos fabricaban joyas tan hermosas y preciadas como las torques, que muchos personajes de alto rango lucían alrededor del cuello.

Los romanos se encaminaron sin dudarlo al noroeste, pensando que no sería difícil para las bien entrenadas legiones penetrar en la Gallaecia; no tardarían mucho en darse cuenta de su error. Aunque tanto lusitanos como galaicos eran pueblos poco guerreros, puesto que sus vidas se centraban en la agricultura y el pastoreo, ante la llegada del invasor mostraron un tesón y una fuerza impropias de unas gentes a las que se creía débiles y apocadas. Usando como armas sus herramientas o sus aperos de labranza, cada lusitano y cada galaico le plantaba cara a Roma con el valor de aquel que defiende lo que sabe que le pertenece por derecho. Y aunque aquellas “armas” nada podían hacer contra las tropas romanas, no fueron pocas las ocasiones en las que hicieron retroceder espantados a los legionarios romanos. Hasta las mujeres lucharon al lado de los hombres, negándose a guarecerse del peligro, para pelear por lo que era suyo.

Dada la imposibilidad de entrar en esa tierra por la fuerza, los romanos decidieron recurrir a la astucia y el engaño. Tal como hiciera Galba al ordenar la matanza de cientos de lusitanos a los que había convocado para firmar una paz fingida, en la Gallaecia se utilizaron procedimientos similares para avanzar por aquellas tierras y llegar al monte Medulio, donde habían hallado refugio grupos numerosos de guerrilleros galaicos.

No fue fácil para Cayo Furnio y Publio Carisio cercar el monte Medulio y reducir a los insurgentes. Los galaicos conocían bien su tierra y, aunque hostigados por un enemigo más numeroso, recurrían a la guerra de guerrillas para causar grandes daños a los romanos. Ambos bandos pelearon con fiereza. Las flechas cruzaban el aire de parte a parte, y desde lo alto del monte rodaban grandes piedras para aplastar a los soldados que trataban de ganar terreno. Los galaicos se negaban a rendirse, pero pronto se dieron cuenta de que sus esfuerzos eran inútiles, puesto que por cada romano que mataban, aparecían cuatro más para continuar la lucha, mientras que sus propias fuerzas eran cada vez más escasas y no disponían de recursos suficientes para permanecer mucho tiempo sitiados.

Era inútil seguir luchando. Los romanos acabarían llegando a lo alto del monte, pasarían por la espada a los hombres y se llevarían como esclavas a las mujeres y a los niños. Sabiendo que su derrota era inminente, los galaicos tomaron una decisión radical e inamovible. Una noche, los romanos oyeron una gran algazara procedente de lo alto del monte Medulio. Al principio se asustaron, pero una música ensordecedora de tambores y los alaridos de los galaicos les convenció de que estaban celebrando una de sus extrañas festividades alrededor de una gran hoguera, por lo que no le dieron la menor importancia. Pero a la mañana siguiente, el silencio les hizo ver que algo no iba bien.

Los romanos ascendieron por la ladera del monte Medulio con cautela, temblando ante la posibilidad de sufrir una emboscada. Pero no hallaron resistencia alguna. Cuando llegaron a la cumbre, la escena que contemplaron les pareció tan espeluznante como desoladora. Todos los galaicos, hombres y mujeres, niños y ancianos, estaban muertos alrededor de los rescoldos de una gran hoguera. Allí se había celebrado una gran fiesta, la última de aquel pueblo. Después de danzar frenéticamente alrededor del fuego y de prepararse para su último viaje, los galaicos se suicidaron a fuego, espada y veneno en medio de un frenesí de música y comida. No quedó alma con vida en el monte Medulio, pues prefirieron morir libres antes que dejarse dominar por el enemigo invasor.

A día de hoy no se sabe qué monte era este ni dónde está situado, y ni siquiera los cronistas de la época como Dión Casio, Floro o Livio indican la situación concreta del monte Medulio. Pero de lo que no se puede dudar es que éste fue un triunfo teñido de amargura para Roma, puesto que en el monte Medulio no solo sucumbió un pueblo entero, sino que Roma también perdió allí lo mejor de sus huestes.

febrero 14, 2018

Música y Amor en el Medievo II: Las Cantigas de Amor


¡Hola a todos!

Y seguimos con la segunda parte de este breve artículo dedicado a la música y el amor en la Edad Media. Esta vez, como os prometí, os traigo el apartado dedicado a las Cantigas de Amor. Aunque el tema que tratan es el mismo que en las Cantigas de Amigo, veremos que no se hace de la misma manera y los recursos estilísticos que se utilizan son diferentes en ambas versiones. Así que, sin más dilación, os dejo con las Cantigas de Amor.

Las Cantigas de Amor son poemas en los que el poeta es un hombre enamorado que canta las alabanzas de su dama. Sin embargo, en vez de valerse de la figura femenina para expresarse como ocurría en las Cantigas de Amigo, en estas cantigas es el propio poeta el que habla en primera persona y se dirige a su dama o hace reflexiones acerca del amor. Las Cantigas de Amor galaico-portuguesas tienen una fuerte influencia de la lírica trovadoresca provenzal de los siglos XI y XIII, pero con ciertas diferencias: la canción provenzal está sujeta a unas normas de versificación mucho más puras y estrictas que las que se utilizan en las Cantigas de Amor. Además, en la canción provenzal prima un sentimiento de felicidad, mientras que en las galaico-portuguesas se sucede todo lo contrario, ya que el poeta no suele ser correspondido por la dama.

Una de las características más llamativas de la Cantiga de Amor galaico-portuguesa es la representación de la figura femenina. La relación amorosa entre el trovador y la dama es pareja a la que se establecía entre un señor y su vasallo; de ahí que la dama aparezca mencionada como senhor, pues el poeta se pone a sus pies y le ofrece servicio de amor. Esta dama suele ser una mujer noble, casada y dueña de unos atributos que en ocasiones se escapan a la realidad física y trascienden a un plano mayor. Aunque esos atributos no se explicitan en la cantiga, suelen tener que ver con la belleza de la dama o su saber estar. Estas características también se podían observar en la canción provenzal, pero con la diferencia de que la dama provenzal participa en el juego amoroso, mientras que la galaico-portuguesa se abstrae e incluso puede ofenderse si el poeta tiene el atrevimiento de mirarla, acercarse a ella o incluso declararle su amor.

Veamos a continuación algunos ejemplos de Cantigas de Amor:






Como morreu quen nunca ben
ouve da ren que mais amou,
e quen viu quanto receou
d'ela, e foi morto porén:
Ay, mia senhor, assi moir' eu!

Como morreu quen foi amar
quen lhe nunca quis ben fazer,
e de quen lhe fez Deus veer
de que foi morto con pesar:
Ay, mia senhor, assi moir' eu!

Com' ome que ensandeceu,
senhor, con gran pesar que viu,
e non foi ledo nen dormiu
depois, mia senhor, e morreu:
Ay, mia senhor, assi moir' eu!

Como morreu quen amou tal
dona que lhe nunca fez ben,
e quen a viu levar a quen
a non valia, nen a val:
Ay, mia senhor, assi moir' eu!

(Pai Soárez de Taveiros)


Traducción

Como murió quien nunca obtuvo
favor de lo que más amó
y quien vio cuanto receló
de ella y así murió:
¡Ay, mi señora, así muero yo!

Como murió quien fua a amar
a quien nunca le quiso favorecer
y de quien Dios le hizo ver
aquello por lo que fue muerto con pesar:
¡Ay, mi señora, así muero yo!

Como hombre que enloqueció,
señora, con el gran pesar que vio
y no fue alegre ni durmió
después, mi señora, y murió:
¡Ay, mi señora, así muero yo!

Como murió el que amó
a tal dama que nunca le favoreció
y quien la vio llevar por quien
no la merece ni la mereció:
¡Ay, mi señora, así muero yo!






Pero que eu mui long' estou
da mha senhor e do seu bem,
nunca me dê Deus o seu bem,
pero [que] m'eu [tam] long'estou,
se nom é o coraçom meu
mais perto d’ela que o seu.

E pero long'estou d’ali
d'u agora é mha senhor,
nom aja bem da mha senhor,
pero m'eu long'estou d’ali
se nom é o coraçom meu
mais perto d’ela que o seu.

E pero longe do logar
estou, que nom poss'al fazer,
Deus nom mi dê o seu bem-fazer,
pero long'estou do logar,
se nom é o coraçom meu
mais perto d’ela que o seu.

C'a vezes tem em al o seu,
e sempre sigo tem o meu.

(Don Dinís de Portugal)


Traducción

Aunque muy lejos estoy
De mi señora y de su favor,
Que nunca me dé Dios su favor,
Aunque muy lejos estoy,
Si mi corazón no está
Más cerca de ella que el suyo.

Y aunque lejos estoy de allí
De donde ahora está mi señora,
Que no halle yo el favor de mi señora,
Aunque lejos estoy de allí,
Si mi corazón no está
Más cerca de ella que el suyo.

Y aunque lejos del lugar
Estoy, que nada puedo hacer,
Que Dios no me dé su bien hacer,
Aunque lejos estoy del lugar,
Si mi corazón no está
Más cerca de ella que el suyo.

Que a veces el suyo se extravía,
Pero siempre el mío está con ella.






Senhor do corpo delgado
en forte pont'eu fui nado!
Que nunca perdi coidado
nen afan, des que vos vi.
En forte pont'eu fui nado,
senhor, por vos e por mi!

Con est'afan tan longado,
en forte pont'eu fui nado!
Que vos amo sen meu grado
e faç'a vos pesar hi.
En forte pont'eu fui nado,
senhor, por vos e por mi!

Ay eu, cativ'e coitado,
en forte pont'eu fui nado!
Que servi sempr'endonado
ond'un ben nunca prendi.
En forte pont'eu fui nado,
senhor, por vos e por mi!

(Pero da Ponte)


Traducción

Señora de cuerpo esbelto
¡bajo mal signo nací!
Que nunca dejé de pensar
ni de sentir afán, desde que os vi.
¡Bajo mal signo nací,
señora, para vos y para mí!

Con este afán tan prolongado
¡bajo mal signo nací!
Porque os amo a mi pesar
y con ello os causo pesar.
¡Bajo mal signo nací,
señora, para vos y para mí!

¡Ay de mi, cautivo y cuitado,
bajo mal signo nací!
Pues serví siempre en vano
donde nunca obtuve ningún bien.
¡Bajo mal signo nací,
señora, para vos y para mí!






A dona que eu am' e tenho por senhor
amostrade-mh-a, Deus, se vos em prazer for,
se non dade-mh-a morte.

A que tenh'eu por lume d'estes olhos meus
e por que choran sempr' , amostrade-mh-a Deus,
se non dade-mh-a morte.

Essa que vós fezestes melhor parecer
de quantas sey, ay Deus!, fazede-mh-a veer,
se non dade-mh-a morte.

Ai, Deus! qui mh-a fezestes mays ca mim amar,
mostrade-mh-a u possa com ela falar,
se nom dade-mh-a morte.

(Bernal de Bonaval)


Traducción

La mujer que yo amo y tengo por señora
Mostrádmela, Dios, hacedme el favor,
Si no, dadme la muerte.

La que tengo por luz de estos ojos míos
Y por la que lloran siempre, mostrádmela, Dios,
Si no, dadme la muerte.

Esa que vos hiciste mejor parecer
De cuantas hay, ay Dios, hacédmela ver,
Si no, dadme la muerte.

Ay Dios, que me hiciste amarla más que a mí,
mostrádmela y que pueda con ella hablar,
Si no, dadme la muerte.






A maior coita que eu vi sofrer
d'amor a nulh'home, des que naci,
eu mi a sofro; e já que est assi,
meus amigos, assi veja prazer!,
gradesc'a Deus que mi faz a maior
coita do mundo haver por mia senhor.
  
E bem tenh'eu que faço gram razom
d'a maior coita muit'a Deus gracir,
que m'El dá por mia senhor, que servir
hei mentr'eu viver: mui de coraçom
gradesc'a Deus que mi faz a maior
coita do mundo haver por mia senhor.
  
E por maior hei eu, per bõa fé,
aquesta coita de quantas fará
Nostro Senhor, e por maior mi a dá
de quantas fez; e pois que assi é,
gradesc'a Deus que mi faz a maior
coita do mundo haver por mia senhor,
  
pois que mi a faz haver pola melhor
dona de quantas fez Nostro Senhor.

(Fernão Velho)


Traducción

La mayor cuita de amor que yo
he visto sufrir a un hombre, desde que nací,
yo la sufro; y ya que es así,
amigos míos, así tenga placer!
Doy gracias a Dios, que me hace
tener la mayor cuita del mundo por mi señora.

Y bien tengo yo que tengo mucha razón
al darle gracias a Dios por la gran cuita
que Él me da por mi señora, que he de servir
mientras yo viva. Muy de corazón
Doy gracias a Dios, que me hace
tener la mayor cuita del mundo por mi señora.

Y por mayor tendré yo, de buena fe,
esta cuita de cuantas hará
Nuestro Señor, y por mayor a mí me la da
de cuantas hizo; y puesto que así es,
Doy gracias a Dios, que me hace
tener la mayor cuita del mundo por mi señora.

Puesto que me la hace tener por la mejor
dama de cuantas hizo Nuestro Señor.


¡Y hasta aquí por hoy! Espero que os haya gustado y os haya metido ganas de tratar de saber más sobre las cantigas medievales. Si queréis dejar vuestra opinión o preguntar cualquier cosa, os animo a hacerlo en la caja de comentarios con total libertad. Nos vemos pronto en la Biblioteca.

¡Hasta pronto!

febrero 07, 2018

Música y amor en el Medievo I: las Cantigas de Amigo


¡Hola a todos!

El amor es uno de los temas preferidos para ser representados en el arte. Se han pintado lienzos por amor, se han elaborado joyas para regalar a la persona amada, se han compuesto poemas ensalzando las mil y una virtudes de aquella persona que hacía estremecer el corazón del poeta. Y también se han compuesto canciones de amor. Se ha cantado al amor más que al odio, más que a la libertad, más que a la esperanza. Y esto da fe de la inmensidad de ese sentimiento, del enorme espacio que ocupa en nuestros corazones. Todos queremos amar y ser amados, y tener la suerte de haber encontrado a aquella persona que nos complementa nos llena de tanta felicidad que a veces nos asusta creer que pueda ser verdad.

Supongo que para muchos trovadores, cantantes y compositores esto tuvo que ser así también. A fin de cuentas, todos somos humanos y el amor ha estado presente en todas las épocas de la Historia de la humanidad. Como ya sabéis, soy una apasionada de la Edad Media y, como no podía ser de otra manera, su música tampoco me es indiferente. De todas las composiciones musicales de la Edad Media, he elegido las Cantigas de Amor y de Amigo para presentaros hoy porque son las más apropiadas para el mes del amor. Pero, ¿qué son las Cantigas?

Las cantigas son composiciones líricas que tienen su origen en la poesía tradicional galaico-portuguesa medieval. Aunque alcanzaron su época de esplendor en el siglo XIV, las composiciones más antiguas se remontan al siglo XII. Compuestas por juglares y trovadores, las cantigas estaban pensadas para ser cantadas, por lo que muchas de ellas tienen notación musical, y estaban destinadas por lo general a un público culto y cortesano, aunque hay cantigas de temática popular. Tenemos así las Cantigas de Amor, que son ruegos y elogios que el trovador dedica a su dama; las Cantigas de Escarnio e Maldizer, en las que se critica a personajes de la época o a instituciones de manera jocosa y burlesca; Cantigas Sacras, que versan sobre temas religiosos; y las Cantigas de Amigo, que suelen contener añoranzas por la ausencia del ser amado o gozo por el reencuentro.

Este es el primer post que voy a dedicar a este tema, así que empezaré por las Cantigas de Amigo.

Las Cantigas de Amigo tienen como tema principal el amor, pero a diferencia de las cantigas que llevan ese mismo nombre, las de Amigo suelen tener como protagonista a la amada, que suele lamentarse por la ausencia de su amado, al que se refiere como "amigo". Las Cantigas de Amigo tienen un toque melancólico y de añoranza hacia el ser amado, aunque también pueden expresar la alegría por el reencuentro. Normalmente están puestas en boca de una mujer, que mantiene un diálogo con su madre, sus hermanas o sus amigas, a las que confiesa sus pesares.

El simbolismo de las Cantigas de Amigo es muy notorio y remite constantemente al amor y a la sexualidad. Es frecuente encontrar referencias a la fuente, al río y al acto de lavarse las trenzas, lo que sugiere el encuentro con el amado y la consumación del acto sexual; en otras cantigas es habitual escuchar a la doncella hablando con el mar, pidiéndole nuevas de su amado. También es común la aparición del ciervo como símbolo del amigo.

Hay tres cancioneros principales que recogen gran parte de la lírica galaico-portuguesa medieval. De ellos, el más antiguo es el Cancioneiro da Ajuda, compilado posiblemente hacia 1280. Los otros dos, el Cancionero de la Biblioteca Nacional de Lisboa y el Cancionero de la Biblioteca Vaticana, son copias más tardías y recogen una gran variedad de cantigas, mientras que el primero solo recoge cantigas de amor. A estos tres cancioneros hay que añadir otros restos, de los que destacan dos pergaminos hallados con notación musical: el Pergamino Vindel, que contiene siete cantigas de Martín Codax, y el Pergamino Sharrer, con siete cantigas de amor compuestas por el rey Don Dinís de Portugal.




-Digades, filha, mia filha velida:
Porque tardastes na fontana fria?
Os amores ei.

-Digades, filha, mia filha louçana:
Porque tardastes na fria fontana?
Os amores ei.

-Tardei, mia madre, na fontana fria,
Cervos do monte a augua volvian:
Os amores ei.

-Tardei, mia madre, na fria fontana,
Cervos do monte volvian a augua:
Os amores ei.

-Mentir, mia filha, mentir por amigo;
Nunca vi cervo que volvess’o rio:
Os amores ei.

-Mentir, mia filha, mentir por amado;
Nunca vi cervo que volvess’o alto:
Os amores ei.

(Pero Meogo, Amigo 419)


Traducción

-Dime, hija, hija mía hermosa,
¿por qué tardaste en la fuente fría?
Amores tengo.

-Dime, hija, hija mía lozana,
¿por qué tardaste en la fría fuente?
Amores tengo.

-Tardé, madre, en la fuente fría,
ciervos del monte el agua revolvían.
Amores tengo.

-Tardé, madre, en la fría fuente,
ciervos del monte revolvían el agua.
Amores tengo.

-Mientes, hija mía, mientes por el amigo:
Nunca vi que un ciervo revolviese el río.
Amores tengo.

-Mientes, hija mía, mientes por el amado:
Nunca vi que un ciervo revolviese en lo alto.
Amores tengo.




Non poss’eu, madre, ir a Santa Cecilia
Ca me guardades a noit’e o dia
Do meu amigo.

Non poss’eu, madre, aver gasalhado,
Ca non me leixades fazer mandado
Do meu amigo.

Ca me guardades a noit’e o dia;
Morrer-vos ei con aquesta perfia
Por meu amigo.

Ca me non leixades fazer mandado;
Morrer-vos ei con aqueste cuidado
Por meu amigo.

Morrer-vos ei con aquesta perfia,
E, se me leixassedes ir, guarria
Con meu amigo.

Morrer-vos ei con aqueste cuidado,
E, se quiserdes, irei mui de grado
Con meu amigo.

(Martin de Ginzo, Nunes, Amigo 486)


Traducción

No puedo ir yo, madre, a Santa Cecilia
que me apartáis noche y día
de mi amigo.

No puedo, madre, tener placer,
que no me dejáis mandar recado
de mi amigo.

Que me guardáis la noche y el día;
voy a morir con esta porfía
por mi amigo.

Que no me dejáis mandar recado;
voy a morir con esta pena
por mi amigo.

Voy a morir con esta porfía,
Pero si me dejarais ir, me aliviaría
con mi amigo.

Voy a morir con esta pena,
y, si quisiereis, iré de buen grado
con mi amigo.




Quantas sabedes amar amigo
treydes comig’ a lo mar de Vigo:
E banhar-nos-emos nas ondas!

Quantas sabedes amar amado
treydes comig’ a lo mar levado:
E banhar-nos-emos nas ondas!

Treydes comig’ a lo mar de Vigo
e veeremo’ lo meu amigo:
E banhar-nos-emos nas ondas!

Treydes comig’ a lo mar levado
e veeremo’ lo meu amado:
E banhar-nos-emos nas ondas!

(Martín Codax, Vindel 5)


Traducción

Cuantas sabéis amar a un amigo,
venid conmigo al mar de Vigo.
¡Y nos bañaremos en las olas!

Cuantas sabéis de amor amado,
venid conmigo al mar agitado.
¡Y nos bañaremos en las olas!

Venid conmigo al mar de Vigo
y veremos a mi amigo.
¡Y nos bañaremos en las olas!

Venid conmigo al mar agitado
y veremos a mi amado.
¡Y nos bañaremos en las olas!




Sedia-m' eu na ermida de San Simion,
e cercaron-mi as ondas, que grandes son.
Eu atendend' o meu amigo!
Eu atendend' o meu amigo!

Estando na ermida ant' o altar,
cercaron-mi as ondas grandes do mar.
Eu atendend' o meu amigo!
Eu atendend' o meu amigo!

E cercaron-mi as ondas, que grandes son;
non ei [i] barqueiro nen remador.
Eu atendend' o meu amigo!
Eu atendend' o meu amigo!

E cercaron-mi as ondas do alto mar;
non ei [i] barqueiro nen sei remar.
Eu atendend' o meu amigo!
Eu atendend' o meu amigo!

Non ei i barqueiro nen remador:
morrerei, fremosa, no mar maior.
Eu atendend' o meu amigo!
Eu atendend' o meu amigo!

Non ei [i] barqueiro nen sei remar:
morrerei, fremosa, no alto mar.
Eu atendend' o meu amigo!
Eu atendend' o meu amigo!

(Meendinho, Nunes 252)


Traducción

Estaba yo en la ermita de San Simón,
y cercáronme las olas, qué grandes son.
¡Yo esperando a mi amigo!
¡Yo esperando a mi amigo!

Estando en la ermita ante el altar,
cercáronme las olas grandes del mar.
¡Yo esperando a mi amigo!
¡Yo esperando a mi amigo!

Y cercáronme las olas, qué grandes son,
y no hay barquero ni remador.
¡Yo esperando a mi amigo!
¡Yo esperando a mi amigo!

Y cercáronme las olas grandes del mar,
y no hay barquero ni sé remar.
¡Yo esperando a mi amigo!
¡Yo esperando a mi amigo!

No hay barquero ni remador,
moriré, hermosa, en el mar mayor.
¡Yo esperando a mi amigo!
¡Yo esperando a mi amigo!

No hay barquero ni sé remar,
moriré, hermosa, en el alto mar.
¡Yo esperando a mi amigo!
¡Yo esperando a mi amigo!


¡Y hasta aquí por hoy! Dentro de unos días os traeré algunas Cantigas de Amor, esperando que os gusten tanto como a mí. ¡Nos vemos!

febrero 01, 2018

La leyenda del mes: La torre de Breogán


¡Hola a todos!

Seguimos un mes más en la Biblioteca, aunque ya podéis ver que actualizo con bastante menos frecuencia que antes. Pero no os inquietéis, que es muy posible que pronto suba algunas cositas por aquí. Aunque sean artículos más cortos, hay cosas que me gustaría compartir con vosotros.

Mientras tanto, os dejaré con la leyenda gallega que he escogido para inaugurar este mes. ¡Espero que os guste!


La torre de Breogán




Existen leyendas que se refieren a Heracles y al gigante Gerión como principales artífices de la fundación de A Coruña, cuando el poderoso hijo de Zeus decapitó a Gerión y enterró su cabeza en el mismo lugar en el que años después se erigiría la Torre de Hércules. Pero hay otra leyenda que habla de la Torre de Breogán, y que es anterior a la de Heracles y Gerión.

Breogán fue un poderoso rey celta de una tribu a los que los latinos se referían como ártabros, que se habían establecido en lo que hoy es el puerto de A Coruña, conocida entonces por el nombre de Brigantium.

La ciudad estaba situada en una pequeña isla, hoy unida al territorio por la parte construida sobre el istmo de arena, y allí gobernaba Breogán. Cerca de allí, en una de las orillas de la costa, Breogán hizo construir una gran torre en la parte de la isla más próxima al mar abierto, en cuya parte más alta se encendía una gran hoguera para transmitir a grandes distancias ciertas señales, como la arribada de las grandes naves de los comerciantes fenicios, una orden de reunión, un peligro que amenazaba o cualquier asunto que hubiera que comunicar de alguna manera a las ciudades cercanas.

Una tarde de otoño, Ith, uno de los hijos de Breogán, subió a lo alto de la torre y desde allí oteó el horizonte. Y así fue como le pareció ver, en la lejanía del mar, una tierra nueva envuelta en brumas, un territorio que jamás había sido explorado. Llevado por la curiosidad y por el deseo de aventuras, pidió licencia a su padre para organizar una expedición a aquella tierra. Quizá encontrasen allí piedras que pudiesen trabajarse para fabricar armas y herramientas, o tal vez hallaran el valioso metal amarillo con el cual se labraban magníficas joyas. Tal vez incluso podían descubrir frutas desconocidas o semillas de algún cereal que pudieran sembrar en su propia tierra. Aquella tierra más allá de los mares ofrecía la posibilidad de hacer que prosperase su propio reino, pues ofrecía la esperanza de encontrar comida, animales y personas con las que comerciar y establecer alianzas.

Ante estas explicaciones, Breogán quedó convencido y dio permiso para que la expedición se llevara a cabo. No obstante, antes de que Ith partiera, Breogán le recomendó que hiciera el viaje montado en su caballo, sin bajarse de él hasta que sus pies tocasen el suelo extranjero, pues solo así podría tener la certeza de volver a su tierra sano y salvo.

Y así fue como se dice que llegaron los celtas a Irlanda, y por eso se cree que hay cierto parentesco entre irlandeses y gallegos. No en vano, en las verdes tierras de Eire se encuentran los mismos castros de casas circulares que tanto abundan en el noroeste de la Península Ibérica, y las preciosas torques de oro, emblema que lucían los jefes tribales. Existen nombres de ríos y lugares con raíces muy similares entre una y otra cultura, y hasta la gaita, instrumento musical inseparable de la cultura gallega, tiene en Irlanda su reflejo, con parecidos temas musicales.

enero 09, 2018

Vagando por la Historia: Elisabeth de Austria-Hungría


La Emperatriz Sissi es una de las figuras históricas más famosas de todos los tiempos. Creo que no hay nadie en este mundo que no conozca, aunque sea de oídas o por las películas que de ella se han rodado, a la Emperatriz Sissi de Austria-Hungría. Amada por unos, denostada por otros, pero una mujer extraordinaria en todos los sentidos. Para muchos no es secreto que era una obsesa del ejercicio y que muy probablemente padecía anorexia. Otros, en cambio, ha preferido verla como una princesita dulce y vulnerable con un destino romántico y almibarado. El mundo no estaba preparado para comprender a una mujer tan notable como Sissi, y quizá por eso (muy a pesar de los deseos de la propia Emperatriz) le fue imposible pasar desapercibida por la Historia.





Elisabeth Amalia Eugenia de Wittelsbach había nacido en Munich la noche de Navidad de 1837. Fue la tercera de los nueve hijos del matrimonio formado por Ludovica de Baviera y el duque Maximilian de Wittelsbach. La dinastía de los Wittelsbach era una de las más antiguas de Europa, puesto que reinaron ininterrumpidamente en Baviera desde el siglo XII hasta 1918. Sin embargo, muchos de los miembros de esta legendaria dinastía tuvieron comportamientos extraños que muchos consideraban propios de la genialidad o de la demencia.

Con todo, fue una niña muy feliz. La infancia de la pequeña Sissi, como la conocían en la familia, se repartió entre el palacio familiar de la Ludwigstrasse y el castillo de Possenhofen, a orillas del lago Starnberg, un lugar que para ella acabaría convirtiéndose en una especie de refugio donde volver a recordar los días de su niñez.

A pesar de que los Wittelsbach podían presumir de rancio abolengo, lo cierto es que la educación de los miembros de la familia distaba mucho de la elaborada etiqueta de la corte imperial. Sissi creció entre los bosques que rodeaban el castillo de Possenhofen, rodeada de perros y caballos, correteando por los campos y vistiendo al uso campesino. Ludovica, su madre, siempre fue una mujer cariñosa y atenta a las necesidades de sus hijos; y Max, su padre, fue un hombre de ideología liberal al que le encantaba estudiar a los clásicos, interpretar música y charlar sobre literatura, astrología y botánica. De él heredó Elisabeth su pasión por los clásicos, en especial Homero, pero también por la poesía de Heine, lo que la llevaría años más tarde a componer sus propios poemas.

Sin embargo, aunque la infancia de Elisabeth fue sana y feliz, hay que reconocer que su formación no era la más adecuada para la mujer que iba a convertirse en la esposa del Emperador de Austria. Pero, en su defensa, hay que matizar que tal papel no le estaba destinado en un principio. La archiduquesa Sofía, madre del Emperador Francisco José I, era hermana de Ludovica y entre ambas pactaron una entrevista entre Francisco José y la amable y elegante Helena, hermana de Sissi, con la esperanza de que ambos primos se conocieran y formalizaran su compromiso, quedando así asegurada la continuidad de la dinastía. Pero en el viaje a Ischl también las acompañó Elisabeth, que por entonces solo contaba quince años, y su enorme encanto cautivó por completo al Emperador.

La extraordinaria belleza de Elisabeth de Wittelsbach pasó a la historia y se convirtió en parte de su leyenda. A pesar de que apenas había traspasado el umbral de la adolescencia, Elisabeth era esbelta, con un rostro ovalado perfecto, una larguísima y espléndida cabellera, y dueña de unos expresivos ojos entre castaños y verdes. Pero fue sobre todo su naturalidad lo que la hizo sobresalir entre las demás damas de la corte a las que Francisco José estaba acostumbrado.

El joven Emperador de Austria estaba considerado uno de los mejores partidos de su época, no solo por su posición sino también por la larga lista de virtudes que acumulaba en su haber. A pesar de no tener más que veintitrés años, era un hombre disciplinado, trabajador, honesto y muy respetuoso con el legado recibido de sus antepasados. Además, era muy apuesto, de cabello castaño, ojos azules y unos modales exquisitos. Carecía, eso sí, de intereses intelectuales y artísticos, y tampoco destacaba por tener una imaginación demasiado fértil. Pero con Elisabeth siempre fue, ante todo, un hombre enamorado.

A nuestros tiempos ha llegado la historia del legendario amor que existió entre Sissi y Francisco José y, aunque es cierto que hubo un tiempo en el que se puede afirmar que fue un matrimonio feliz y bien avenido, es posible que al principio no fuese del todo así. Algunos biógrafos de la Emperatriz aseguran que Sissi aceptó la proposición de Francisco José porque sabía que él no aceptaría una negativa. Además, como mujer inteligente que era, sabía que sus caracteres tan dispares y la falta de intereses comunes sería una brecha que la mantendría eternamente separada de su prometido. Incluso el entorno del Emperador, empezando por su propia madre, intentó hacerle desistir de su propósito. Todo fue inútil. Francisco José había tomado su decisión y no había fuerza en el mundo capaz de hacerle cambiar de idea. El 24 de abril de 1854, una vez el Pontificado otorgó la oportuna dispensa, se celebró el enlace que convertiría a Elisabeth en Emperatriz de Austria.




La muchacha no tardó mucho en descubrir que tal vez había cometido el mayor error de su vida al casarse con Francisco José. La familia imperial poco o nada tenía que ver con el estilo de vida hogareño y ruidoso que ella había conocido en su infancia. La etiqueta cortesana era tan rígida que hacía imposible cualquier comportamiento espontáneo y, lo que era aún peor, privaba a la familia imperial de todo tipo de intimidad. Todos los detalles de la vida de Sissi, por nimios que fueran, estaban perfectamente medidos al milímetro. Elisabeth debía estar acompañada las veinticuatro horas del día, e incluso algunas de sus damas tenían autorización para irrumpir en sus habitaciones sin ser anunciadas. Además, las damas que le habían sido asignadas eran mujeres de una cierta edad, conservadoras, frívolas y no compartían ninguna de las aficiones que Elisabeth adoraba, como su pasión por los caballos. Por lo tanto, no es de extrañar que la joven Emperatriz se sintiera completamente aislada en un entorno y con una gente que la admiraba y adulaba, pero que no la comprendía en absoluto.

Un año después de la boda, Elisabeth dio a luz a su primera hija, bautizada con el nombre de Sofía en honor a su abuela paterna, aunque es muy probable que Elisabeth nunca quisiera hacerle ese honor. De todos es sabido que la archiduquesa Sofía, de carácter férreo e intransigente, nunca aceptó de buen grado el matrimonio de su hijo. Trataba a Elisabeth como si fuera una niña malcriada y una eterna menor de edad a la que había que educar con mano de hierro. Sofía tampoco la consideraba capaz de ocuparse de la educación de su hija, por lo que no tardó en entrometerse y hacer que instalaran a la niña en su ala de palacio. De nada sirvieron las protestas de Elisabeth, ni siquiera ante su marido; Francisco José, completamente dominado por su madre, no fue capaz de defender a su mujer y darle el lugar que le correspondía como madre de la pequeña Sofía. La historia volvió a repetirse un año después, cuando nació la princesa Gisela, aunque esta vez Elisabeth consiguió que trasladaran a sus hijas a sus habitaciones.

Sin embargo, en 1857 llegó la primera desgracia. Francisco José y Elisabeth debían viajar a Hungría, donde se esperaba que pasaran una larga estancia. La archiduquesa Sofía hizo todo cuanto pudo para quedarse a cargo de sus nietas, ya que no consideraba apropiado para ellas que pasaran tanto tiempo en ese territorio húngaro que tanto despreciaba. Pero Sissi insistió en llevar a las niñas. Estaba convencida de que la mejor educación para cualquier niño, fuese éste de alta cuna o no, estaba en la compañía y el amor que le dedicaban sus padres. Además, no estaba dispuesta a permitir que su suegra volviera a intrigar para separarla de sus hijas, por lo que se negó a ceder.

Por desgracia, la insalubridad de algunas regiones húngaras propició la presencia de varias enfermedades, y ambas princesas contrajeron una fuerte disentería. Gisela se recuperó, pero no así la pequeña Sofía, que murió en Budapest con tan solo dos años. Elisabeth quedó completamente devastada ante aquella tragedia. La tristeza y el fuerte sentimiento de culpabilidad que la oprimían la llevaron a caer en una fuerte depresión de la que le costó mucho recuperarse. Ni siquiera el nacimiento de su hijo Rodolfo un año después consiguió arrancarle la creencia de que sería una pésima influencia para él, de modo que claudicó y dejó que la archiduquesa Sofía se hiciera cargo de Gisela y Rodolfo.

Empezó así uno de los mayores calvarios de la Emperatriz de Austria. El enfrentamiento con su suegra, la muerte de su hija y el distanciamiento de Francisco José, sumado a una total falta de autoestima que la llevó a creer que acarreaba la desgracia a sus allegados, la hicieron enfermar. Elisabeth perdió el apetito y empezó a adelgazar, tosía, tenía accesos de fiebre. Sentía la necesidad de alejarse de Viena y del feroz escrutinio de la archiduquesa Sofía para poder encontrarse a sí misma. Por prescripción  médica, Elisabeth hubo de ausentarse de la corte y emprendió largos viajes que la llevarían primero a Madeira y luego a Corfú, donde su alma halló el reposo que tanto necesitaba. Cuando regresó de su último viaje, en 1862, su carácter se había templado y no vaciló en dejar clara su postura: Acataría la etiqueta cortesana solo cuando fuera estrictamente necesario pero, además, tendría su propio espacio y absoluta libertad para alejarse de Viena siempre que fuera necesario.

Su otra gran victoria vendría poco después y el gran beneficiado sería el príncipe Rodolfo. El pequeño, tan sensible, nervioso e impresionable como su madre, creció bajo la tutela de su abuela hasta que, a los seis años, se decidió que había llegado la hora de darle la educación viril que se suponía propia del futuro emperador de Austria. Se le apartó de su hermana y se le instaló en un pabellón donde quedó a merced del general Gondrecourt, un curtido militar que sometió al niño a todo tipo de barbaridades. Entre otras lindezas, le hacía tomar duchas heladas, lo obligaba a entrenar bajo la nieve o irrumpía en su habitación sin previo aviso disparando al aire. Este método educativo, lejos de endurecer al niño, lo que consiguió fue provocarle ataques de ansiedad y severas crisis de angustia que hicieron temer por su salud. Esta vez, Elisabeth no se calló y amenazó con abandonar la corte definitivamente si no se cesaba al preceptor y se le permitía a ella hacerse cargo de la educación de sus hijos. Fue tal su determinación que Francisco José no tuvo más remedio que aceptar, a pesar de la oposición de su madre, y a partir de entonces la vida de los príncipes cambió por completo. Para Rodolfo fue el inicio de la etapa más feliz de su existencia. Gracias a la labor de sus profesores de griego, filosofía, humanidades y ciencias, el pequeño no tardó en desarrollar unas grandes capacidades intelectuales que le llevaron a conseguir el doctorado honoris causa en ornitología por la Universidad de Viena.




Mientras tanto, Elisabeth siguió adelante con su propia vida y decidió por iniciativa propia empezar a estudiar húngaro. La simpatía que la Emperatriz profesaba a Hungría era bien conocida por todos los que la rodeaban, y le acarreó no pocos problemas en la corte vienesa. Enamorada del país y de su cultura, Elisabeth contrató los servicios de Ida Ferenczy, una joven húngara que se convirtió en su mejor amiga. A través de ella conoció a Gyula Andrássy, coronel del ejército magiar, con el que mantuvo una amistad tan cordial que no escapó a la maledicencia cortesana por considerarla una relación con tintes amorosos. Dejando de lado los rumores, lo que no admite réplica es que Elisabeth siempre fue un fiel apoyo para la causa húngara y es muy posible que ayudara a que se establecieran las negociaciones para unir ambos estados bajo una sola Corona. En 1867, Francisco José y Elisabeth fueron coronados reyes constitucionales de Hungría y recibieron como donación el castillo de Gödöllö, donde nacería un año después la última hija del matrimonio, la archiduquesa María Valeria.

Pero la desgracia volvería a azotar la vida de Elisabeth, esta vez de manera irreversible, en 1889 con la muerte de su hijo Rodolfo. Lo cierto es que Elisabeth sabía desde hacía tiempo que su hijo no se encontraba bien. Consumido por un matrimonio con una mujer a la que no amaba y aquejado por una enfermedad venérea que le provocaba grandes dolores y lo había vuelto adicto a la morfina, el carácter del príncipe Rodolfo se había vuelto difícil e imprevisible. Sus frecuentes crisis de angustia, producto quizá de una neurosis depresiva, fueron las que le llevaron a pactar un suicidio junto con su amante, María Vetsera, en el pabellón de Mayerling, donde el príncipe de Coburgo y algunos amigos encontraron los dos cadáveres al día siguiente.

Tras la muerte de su hijo, Sissi se convirtió en una sombra. Emprendió una huida incesante de cualquier tipo de convencionalismo que hubiera podido llevar a su hijo a la muerte y se retiró a descansar a Wiesbaden. Nunca más volvió a vestir de color. Envuelta en lutos perpetuos, viajó frenéticamente sin rumbo alguno, siempre escondida tras un seudónimo, con la esperanza de pasar desapercibida ante el mundo. Solo hizo una breve concesión en 1890 asistiendo al enlace de su hija María Valeria, tras el cual volvió su interminable peregrinar lejos de la corte.

El 10 de septiembre de 1898, hallándose Elisabeth en Ginebra a la espera de alcanzar el ferry que habría de llevarla a Montreux, el anarquista Luigi Luccheni la reconoció y la apuñaló con un estilete. Elisabeth apenas sintió una leve molestia cuando esto ocurrió, pero no tardó en caer desvanecida. Poco después, murió. A pesar de que su deseo había sido ser enterrada junto al mar en Ítaca o Corfú, su condición de Emperatriz de Austria-Hungría la obligaba a ser sepultada en la cripta de los Capuchinos en Viena, donde reposa en la actualidad.


enero 01, 2018

La Leyenda del mes: Las conchas de Santiago


¡Hola a todos!

¡Y bienvenidos al año 2018! ¿Qué tal lo estáis pasando en estas fiestas navideñas? Espero que muy bien, dando la bienvenida al año al lado de vuestras familias y en compañía de todos vuestros seres queridos. Si habéis tenido que trabajar durante las fiestas, como ha sido mi caso, espero que hayáis tenido tiempo para poder disfrutar de un merecido descanso antes de volver al tajo.

En cuanto a mí, pues qué decir: Me encuentro muy bien, tengo más ganas que nunca de sacar adelante todos mis proyectos y deseo con todas mis fuerzas que este año sea propicio para mí. Me gustaría tener más tiempo para poder dedicárselo a mi novela, pero el trabajo no perdona y he de arañar todas las horas que pueda a mis cada vez más cortos días. Y luego está el blog, que no quisiera descuidar aunque escriba cada vez con menos asiduidad. No sé si habrá cambios en el contenido del blog este año o si trataré más o menos los mismos asuntos, pero espero poder leer vuestros comentarios si decidís dejármelos en los posts, ^^*

Para empezar el año como es costumbre, os voy a dejar la entrada dedicada al calendario. Y este año he decidido dedicarle el calendario a mi tierra, Galicia. O, más concretamente, a sus leyendas populares. En Galicia somos muy conocidos por tener cuentos, relatos y leyendas que se remontan a la época de nuestros antepasados celtas, aunque también las hadas y las almas de los difuntos pueden protagonizar leyendas de corte más fantástico o misterioso. Sea como sea, he decidido recopilar para vosotros doce leyendas que a mí, personalmente, son las que más me han gustado.

Así pues, no os entretengo más y dejo que leáis la leyenda que narra el origen de las conchas que los peregrinos que van a Santiago de Compostela lucen en sus atuendos.


Las conchas de Santiago




Cuenta la leyenda que, cuando fue degollado el apóstol Santiago, algunos de los discípulos que lo habían acompañado a Jerusalén recogieron su cuerpo, lo metieron en una barca y se hicieron a la mar rumbo a la Península Ibérica.

Navegando ya por la costa gallega, en un lugar llamado Bouzas, se percataron de que se estaba celebrando allí una gran fiesta con motivo del casamiento del hijo de un hombre de tierras de Gaia, en la ribera del Duero, con la hija de otro rico señor de la Maía, que tenía sus tierras y vasallos en Bouzas.

El ambiente de la fiesta era de gran alegría, y todos participaban de la algarabía general recitando romances, cantando cantigas, tocando cítaras, violas, gaitas y panderos. Algunos señores a caballo jugaban a bafordar, que es un juego consistente en arrojar la lanza al aire y galopar para recogerla en el aire antes de que toque el suelo.

Entre estos señores estaba el novio, y sucedió que cuando el joven estaba a punto de coger la lanza que caía del aire, su caballo dio un salto, se metió en el mar y se sumergió. Todos se quedaron horrorizados al ver cómo hombre y caballo desaparecían entre las olas. El único rastro que había quedado de ellos era una fina estela de espuma que se adentraba en el mar hasta la barca en la que navegaban los guardianes del cuerpo del Apóstol. Pero entonces se hizo el milagro, y el caballo emergió de nuevo de las aguas con el joven a lomos, allí mismo al lado de la barca.

El joven, aún aturdido, se miró a sí mismo y a su caballo y se dio cuenta de que ambos estaban cubiertos de vieiras; incluso halló varios de estos moluscos bajo su sombrero. Y supo así que había viajado por debajo del mar sin sufrir daño alguno y ahora su caballo caminaba por encima de las aguas igual que si estuviese en tierra.

Ante semejante prodigio, y sin saber por qué tal cosa le sucedía a él, vio a su lado la barca y a quienes viajaban en ella. Y, por alguna razón, se sintió tranquilo, feliz y reconfortado. Tras contarles lo que le había pasado, les mostró las vieiras que lo cubrían y les preguntó qué significado tenía todo aquello.

Ellos le respondieron:

—Verdaderamente, Dios quiere elevarte y Jesucristo, por este su vasallo que aquí traemos nosotros en esta barca, ha querido mostrar por él Su poder a ti y a todos los que ahora son vivos y a los que después habrán de venir, que en este su vasallo quisieren amar y servir y que lo vengan a buscar allí donde él sea enterrado, y que deben traer conchas como esas de que tú has sido «conchado», como señal y sello de privilegio.

Después sopló el viento, las velas se hincharon y la barca partió rumbo a las playas, donde más tarde deberían depositar en tierra el cuerpo de Santiago el Mayor. En cuanto al joven caballero, regresó a tierra cabalgando sobre las olas, donde fue recibido con gran contento por todos los invitados de su boda.

Y desde entonces, todo peregrino que debiera ir hacia Compostela, donde descansan los restos del Apóstol, tendría que lucir como prueba de su peregrinar la concha de vieira en su sombrero y en la esclavina del sayal.