miércoles, 4 de marzo de 2015

El Jardín de las Delicias


Hoy toca volver a escribir sobre arte, y la obra que he elegido para analizar con vosotros es una de mis pinturas favoritas de todos los tiempos, no tanto por su belleza sino por la profusa y complicada simbología que se oculta en cada una de las tablas de que está compuesta.

El Jardín de las Delicias es el título que se le ha dado a un famoso tríptico pintado por Hieronymus Van Aken, más conocido en el arte como El Bosco, uno de los pintores más fascinantes por su imaginación, sus temas enigmáticos, sus escenas cautivadoras, sus colores y espacios, y por lo sugerente de sus temas. El Bosco pintó este tríptico a principios del siglo XVI, pero no se tuvo noticia de su existencia hasta el año 1517, un año después de la muerte del artista.

El tríptico del Jardín de las Delicias está pintado al óleo y pertenece al período gótico del arte. Está compuesto por una tabla central y dos tablas laterales (pintadas por ambos lados) que se pueden cerrar. El tríptico desarrolla la historia del mundo y la progresión hacia el pecado. Empieza con la Creación del Mundo y la aparición del pecado original; en la tabla central aparece el mundo dominado por los placeres terrenales; y termina con los tormentos del Infierno. Aunque la estructura del tríptico se parece mucho a las que se podían encontrar antiguamente en los altares de las iglesias, nos damos cuenta en seguida de que el tema al que se le da primacía es el menos adecuado para lucir en un altar. Por eso se deduce que pertenecería a una colección ajena a la esfera religiosa.

El Jardín de las Delicias es una obra de una rica simbología que todavía no ha sido completamente descifrada. Sin embargo, es muy posible que en la época en que fue pintado sí se comprendieran los múltiples símbolos y alegorías que aparecen en cada una de las tablas. No hay que olvidar que antiguamente la pintura, y sobre todo la pintura de temática religiosa, tenía una finalidad didáctica. Era la Biblia del pueblo, cuya mayoría no sabía leer, por lo que la carga simbólica y moral de la pintura es muy alta.




Cuando el tríptico permanece cerrado, la imagen que se nos muestra es la de la creación del mundo. Se representa un globo terráqueo, con la Tierra dentro de una esfera transparente, como símbolo de la fragilidad del universo. La tierra es plana, con agua alrededor y una abundante vegetación, rodeada por una esfera cristalina y traslúcida. Como se trata del tercer día de la Creación, no hay animales ni personas, sino formas vegetales y minerales. Está pintado en tonos grises, en blanco y en negro, lo que se corresponde al mundo sin el Sol ni la Luna. Este hecho causará un gran contraste con el colorido vibrante de las tablas interiores.

En la esquina superior izquierda aparece una pequeña imagen de Dios Padre, que surge en el interior de un círculo de luz, con una tiara y la Biblia sobre sus rodillas. En la parte superior puede leerse la frase de los Salmos IPSE DIXIT ET FACTA S(U)NT / IPSE MA(N)DAVIT ET CREATA S(U)NT, que significa “Así habló y fue hecho. Así lo ordenó y fue creado”.

Otra interpretación sugiere que esta primera imagen no sería la Creación, sino el estado de la tierra tras el Diluvio Universal. Uno de los elementos que sostienen esta hipótesis es la presencia de haces de luz en la parte izquierda de la esfera, que podrían ser el arco iris, señal de la alianza que Dios hizo con Noé después del Diluvio. Sin embargo, esto parece más improbable si tenemos en cuenta la temática que se desarrolla en el interior del tríptico, puesto que no guarda relación alguna con el Diluvio Universal.

Al abrir el tríptico, lo primero que llama nuestra atención es la explosión de color que se abre ante nosotros. El Jardín de las Delicias es una obra excepcional, dotada de una gran imaginación y simbolismo. Es una pintura que se puede leer e interpretar tanto en su conjunto como en los pequeños detalles que salpican todos y cada uno de sus rincones. No hay espacio sin pintar y en ocasiones puede dar la impresión de estar demasiado abarrotado. Pero resulta muy interesante detenerse en cada una de esas pequeñas imágenes para analizarlas y tratar de averiguar qué significado se esconde tras ellas.




El ala izquierda del tríptico representa la consumación de la Creación en la forma del Jardín del Edén, que ya está poblado por distintas especies vegetales y animales. Algunos de estos animales son comunes, como la jirafa, el elefante o los patos que nadan en el estanque, pero otros son fabulosos como el unicornio, e incluso monstruosos como ese extraño pájaro tricéfalo que está al borde del estanque en un primer plano. En la parte superior izquierda, una multitud de aves levantan el vuelo adoptando una curiosa formación, mientras que otras se encuentran picoteando para cumplir con el mandato divino de “Creced y multiplicaos”.

La fuente situada en el centro del panel y esa enigmática estructura rosada que se levanta sobre un soporte de piedras preciosas ha sido vista como la Fuente de la Vida, y probablemente hayan servido de inspiración las innumerables descripciones medievales de la India, donde la creencia popular situaba el paraíso del Edén.

En primer plano se da una escena atípica, ya que no representa ni la creación de Eva a partir de la costilla de Adán, ni el modo de comportarse en el Jardín del Edén, ni la expulsión del Paraíso. En esta escena aparecen Adán y Eva desnudos ante Dios, porque todavía no han pecado. Adán está despierto, y Dios toma de la mano a Eva para presentársela como esposa y compañera. El carácter sacro de este primer matrimonio viene, no obstante, marcado por la insinuación en la mirada de Eva a Adán. Eva es la primera tentadora, tocada desde su nacimiento por el pecado de la lujuria. Además, el artista remarca el carácter lujurioso de Eva pintando junto a ella un conejo.

Si observamos bien esta primera tabla, podemos intuir que la imagen del Paraíso que ha pintado El Bosco no tiene mucho que ver con la que aparecía en el Génesis. De hecho, hay escenas que llaman la atención y que no se corresponden con la bondad y placidez del Jardín del Edén. Encima de la roca, a la derecha, el Árbol del Bien y del Mal está representado con la forma de una palmera, y enrollándose a su tronco se distingue la serpiente tentadora. El árbol que está detrás de Adán tiene un aspecto extraño y difícil de identificar, aunque algunos han creído ver un cactus o una especie de drago. Cerca de la serpiente se puede ver un extraño animal con caparazón blanco del que salen dos antenas, lo que sugiere la forma de un ojo. Bajo la falsa nariz se ha colocado otro animal que se ha convertido en la boca de esa roca antropomórfica. Esto sugiere que el Demonio está escondido también en el Jardín del Edén. La lechuza que vemos en el agujero de la fuente es un símbolo explícito de la malicia.

En la parte inferior de la tabla hay un estanque oscuro con animales que se enfrentan unos a otros. Un león derriba a un ciervo y se dispone a devorarlo, un extraño bípedo es perseguido por un jabalí. Junto al estanque, un felino lleva en la boca un enorme ratón, un ave devora una rana, etc. Otros animales también dan idea del pecado de la lujuria, como el mono (símbolo de la sexualidad) que está montado sobre el elefante blanco (símbolo de la inocencia). Son señales ajenas a la paz paradisíaca que suelen interpretarse como aviso de pecado.




El jardín que aparece en el panel central ya no es el Jardín del Edén, aunque en cierto sentido se le parece. La pieza central del tríptico representa el Jardín de las Delicias, un engañoso vergel de falsos placeres terrenales. Cada detalle de este mundo nos advierte que se trata de un paradisíaco ensueño, el reino de lo que no perdura. Que se trata de la lujuria y no de otro pecado, es algo que se percibe en casi todas las imágenes del panel central.

En el paisaje podemos encontrar animales y frutos de tamaño desmesurado, y hombres y mujeres, todos desnudos, que se entregan febrilmente a todo tipo de placeres carnales. La lujuria lo invade todo en este jardín en el que no se ven niños, sino adultos muy pálidos que contrastan con algunos personajes de raza negra. Cabe destacar que en la época se creía que las mujeres de raza negra eran de naturaleza lasciva y perversa. Esto se puede ver en los animales que acompañan a las mujeres. Mientras las blancas juegan con cisnes y cuervos, la mujer negra del estanque lleva un pavo real, símbolo de la soberbia y la lujuria.

En la parte superior del panel, llama la atención el vuelo de un hombre sobre un grifo que lleva en sus garras una especie de sapo gigante. Una sirena extraña cabalga un pez con alas y sostiene en las manos una caña de pescar de la que cuelga una cereza. Este mismo fruto se observa en otro personaje volador, a la derecha de la tabla.

En esas extrañas torres-colinas del fondo se pueden ver multitud de amantes entregados a los juegos sexuales. Entre las cuatro torres destaca el inmenso globo azulado de la parte central: la Fuente de los Cuatro Ríos, falsa fuente del paraíso, inestable, amenazando su ruina con sus paredes agrietadas. Algunas estructuras están formadas por una conjunción de tubos, cuernos, medias lunas y hojas de palma, todo ello relacionado con los atributos sexuales. El globo central es utilizado para realizar acrobacias lascivas por parte de algunos personajes.

En el centro de la tabla aparece la cabalgata del deseo, donde los jinetes desnudos van sobre cabalgaduras reales y fantásticas muy simbólicas: osos, asnos, caballos, bueyes, cabras, hienas, unicornios, ciervos, leones, leopardos, grifos…, todos ellos con marcado significado lujurioso. Gira la cabalgata en círculos alrededor de un estanque donde se bañan varios grupos de mujeres desnudas que les miran con atención y curiosidad. La escena es explícitamente sexual (“montar un caballo” es un símil de realizar el acto sexual) y los caballeros pretenden mantener una relación carnal con las damas (una de ellas ya está saliendo del estanque para ir a su encuentro).

En el plano inferior de la tabla se puede ver el desenfreno sexual manifestado de mil maneras. En muchos casos, los personajes están comiendo de frutos enormes o copulando bajo cáscaras de fruta o conchas de mejillón, cuya connotación sexual está puesta fuera de toda duda. Esta parte está dominada por multitud de desnudos y poses extrañas pero marcadamente sexuales. Varias personas juegan bajo una campana de cristal, símbolo de la felicidad que no perdura. Una pareja disfruta de un momento de intimidad dentro de un globo de cristal que pende sobre el lago; dicho globo se está agrietando, símbolo de la fragilidad del goce. En este mismo estanque, un hombre en posición invertida tiene la cabeza hundida en el agua, con una fruta gigante entre sus piernas abiertas, mientras se tapa el sexo con las manos. Otros amantes juegan con fresas y cerezas, que son una clara alusión a los placeres sexuales (en la Edad Media, la expresión “coger fruta” equivalía a tener una relación carnal) y a su fugacidad. Los pájaros y otros animales de gran tamaño que reposan junto al estanque son también símbolos de pecado y delirio sexual: el petirrojo (lascivia), las mariposas (inconstancia), la lechuza (herejía), el cuervo (incredulidad), el martín pescador (hipocresía).

Las estructuras que aprisionan a los personajes, ya sea en forma de pompa o de conchas, dan a conocer indirectamente que el pecado se apodera del ser humano, lo corrompe y lo atrapa para siempre. Los estanques están sucios, porque son el origen de todos los males. La sexualidad se representa de muchas maneras, y la presencia de la homosexualidad queda también patente en la figura de ese hombre que se agacha y eleva el trasero, satisfecho de que otro le coloque flores en el ano. También se puede intuir en los jovencitos que retozan dentro de la torre de coral o en el pez gigante que lleva uno de los hombres. También en la bola azulada que está en el lago superior; en la parte inferior del globo, un hombre masturba a otro y éste, a su vez, va a introducir su dedo en el ano de un hombre, de espaldas y agachado, con las nalgas levantadas para facilitar la relación.

En las esquinas inferiores de este panel aparecen dos focos de atención muy peculiares. En la parte inferior derecha se pueden apreciar varios personajes ocultos. Uno de ellos es el único personaje que aparece vestido en toda la tabla central. Se cree que este hombre podría ser Adán señalando a una mujer, su esposa Eva. En la parte inferior izquierda hay un grupo de hombres y mujeres que están mirando a la Eva de la tabla anterior, en clara alusión a su papel responsable por haber sucumbido a la tentación de la serpiente, cometiendo el pecado por el que pagará toda la humanidad.




Por último, tenemos la tabla de la derecha, donde se representa la condena en el Infierno. Con el Infierno, el ciclo se completa y en él se castiga a aquellos que se dejaron seducir por los goces mundanos que les ofrecía el Jardín de las Delicias. En este panel, el pintor nos presenta un paisaje apoteósico y cruel en el que el ser humano recibe castigo y tormento por sus pecados. Este infierno es el resultado de una vida de inmoralidad, donde cada pecador obtiene su castigo. Todo este universo es una pesadilla donde ocurren las cosas más inverosímiles.

En el nivel superior se ve una típica imagen del Infierno, con fuego, tinieblas y diversas escenas de batalla y tortura. Aunque se trata de una ilustración típica del ideario colectivo sobre el Infierno, algunos expertos han creído ver en estos incendios un reflejo de un trauma del pintor, que vio cómo su localidad natal era pasto del fuego.

En la parte central, dos grandes orejas atravesadas por una flecha enorme y con un cuchillo en el centro, cargan sin compasión contra un grupo de condenados que se rinden ante su paso. Representa el castigo que les espera a aquellos que se niegan a escuchar la palabra de Dios. Los críticos parecen coincidir en que el cuchillo unido a las dos orejas es un genital masculino, mientras que la gaita sobre la cabeza del hombre-árbol podría ser un elemento homosexual o, tal vez, femenino.

Estamos ante un mundo onírico poblado de criaturas fantásticas e irreales, como ese hombre-árbol que ocupa el centro de la escena. Esta figura con forma de huevo roto, con sus brazos similares a troncos secos y sus manos como barcas flotantes, contempla lo que sucede en sus entrañas, en donde se representa una escena de taberna. Los parroquianos se sientan sobre sapos gigantes mientras son servidos por una vieja que saca vino de un barril. La figura del hombre-árbol, que ha sido asociada con el demonio, destaca por su contraste claro sobre un fondo completamente oscuro. Sobre su cabeza, varios demonios y sus víctimas danzan en torno a una gaita gigantesca. El rostro del hombre mira directamente al espectador. Los expertos coinciden al señalar que el propio pintor se ha autorretratado en este extraño ser que trata, con poco éxito, de ocultar bajo un torpe vendaje las llagas producidas por la sífilis. Debajo de él hay un lago congelado sobre el que patinan algunos condenados mientras el hielo se resquebraja. En la Edad Media se creía que el contraste entre el frío y el calor era una de las torturas del Infierno, destinada principalmente a los envidiosos.

A la derecha aparece un hombre vestido que cabalga sobre una mujer de grandes pechos a la que va a introducir en un ánfora. En la parte central derecha, encima de un cuchillo, un caballero vestido con armadura (símbolo de la Ira) ha caído sobre un gran plato y está siendo devorado por siete perros famélicos. Mientras devoran sus entrañas, el hombre se aferra a un cáliz de oro, señal de sacrilegio. En el lado contrario, una serie de frailes se cobijan en un convento con campana que tiene como badajo a un hombre y como campanero a una especie de sapo monstruoso. Es habitual encontrar en este panel objetos cotidianos que funcionan como instrumentos de tortura, como esa llave gigante de cuyo ojal pende un hombre o el farol que ahora sirve como horno para quemar a varios condenados.

En el plano inferior, la escena se vuelve cada vez más sórdida. Aparece Lucifer como un monstruo con cabeza de pájaro, coronado con un caldero y con los pies metidos en sendas vasijas de vino, que devora hombres y los defeca en un orinal, desde donde caen a un pozo negro. En él, un glotón (Gula) es forzado a vomitar, y otro individuo defeca monedas (Avaricia), ya que el dinero no sirve de nada en el Infierno. Un conjunto de instrumentos musicales sirven como aparatos de tortura para atormentar a los condenados (el mástil del laúd, las cuerdas del arpa). Un detalle que se ha estudiado recientemente es el libro musical que se puede ver bajo el laúd, cuyos pentagramas continúan en el trasero del hombre que yace bajo el instrumento; esta melodía ha sido hallada hace muy poco e incluso se ha hecho una reproducción musical de esta “canción del Infierno”.

Los personajes situados en primer término han sido condenados por su pasión por el juego y la vida tabernaria, ya que portan dados, naipes y tableros de juego. Hay también un ataque al estamento del clero, como se verifica en la cerda con toca de monja que abraza a un hombre desnudo que intenta que firme un documento. El tintero, representado por un ave reptil con yelmo y con un pie-reliquia (con un cilindro que mostraría su autenticidad), es un símbolo de la venta fraudulenta de reliquias de santos que hacían los clérigos poco escrupulosos. Bajo el trono de Lucifer, una mujer desnuda contempla su reflejo en el espejo que un ser monstruoso tiene en las nalgas (Soberbia). El hombre recostado en primer plano, asaltado por un demonio que se arrastra sobre él, sería un símbolo del castigo por el pecado de la Pereza.

Considerada esta obra como una de las pinturas más fascinantes, misteriosas y atrayentes de todos los tiempos, el tríptico forma parte de los fondos de exposición permanente del Museo del Prado de Madrid, donde ingresó como depósito del Patrimonio Nacional en 1939.

4 comentarios:

  1. Completísima reseña de esta obra! Es mi pintura favorita de toda la Historia del Arte: el Bosco es un artista único e incomparable. Me encanta. 1beso!

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    1. ¡Gracias por tus palabras, Tizire! A mí personalmente esta es una de las pinturas que más me gustan, como a ti, de toda la Historia del Arte. No sé por qué, pero siempre me ha llamado la atención, incluso desde bien pequeña. Artistas como El Bosco no abundan en nuestros días, por desgracia.
      ¡Otro beso para ti!

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  2. Enorme entrada (a todos los niveles) te has marcado hoy, Laura!. ¿Qué sería de nosotros los historiadores sin el arte, eh?

    Muy completa y amena, me ha gustado mucho además como devoto de la Historia Moderna y del siglo XVI en particular, aunque personalmente me gusten más otros maestros flamencos como Van Eyck o Pieter Bruegel. Personaje enigmático y misterioso el Bosco, no es de extrañar que fuera uno de los pintores favoritos de Felipe II y que quisiera coleccionar sus cuadros a toda costa.

    Y ahora a esperar con ilusión cuál es tu próxima obra de arte "destripada"! Un beso!

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    1. Si es que cuando me gusta un tema, se me nota, ¿no? ^^*

      El Bosco siempre me ha parecido un pintor realmente fascinante, con un estilo que parece simple pero que llama la atención. Además, que un cuadro tenga una simbología o esconda una historia detrás de sus trazos me resulta muy llamativo. Y ya que mencionas a Brueghel, mis obras favoritas de ese pintor son "Proverbios flamencos" y "El triunfo de la muerte", que seguro que conoces muy bien.

      No sé cuál será mi próximo "destripe" artístico, pero acepto sugerencias ^^*. ¡Un beso!

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