enero 09, 2026

Animes que he visto en 2025

 

¡Hola a todos!

¡Bienvenidos al año 2026! ¿Qué tal habéis pasado las navidades? Espero que hayáis pasado unos momentos estupendos con vuestras familias y que empecéis el año con buen pie. Es común en esta época hacer la clásica lista de buenos propósitos para el año nuevo. Pero esos propósitos ya los conocemos todos (además, os hice una lista de ellos hace dos años, que podéis encontrar aquí), así que he decidido hacer algo diferente para esta vez.

Una de las cosas a las que todos somos más o menos aficionados es ver series. Con el boom de las plataformas tipo Netflix, HBO o Amazon Prime, podemos tener acceso a un montón de series para todos los gustos, e incluso de hace bastantes años. En mi caso particular, me he decantado por ponerme a ver anime. Y debo decir que este ha sido un año de lo más interesante en cuanto a animes que he visto, porque me he topado con varias sorpresas muy agradables y he vuelto a enamorarme de series que en su día me habían encantado. Hoy quiero compartir con vosotros la lista de animes que han protagonizado mi 2025. Espero que os guste.


*Mi feliz matrimonio (2023)



Empezamos con una serie de las más bonitas que nos ha traído Netflix, aunque tardé un poco en verla (de hecho, vi la primera temporada en el 2024, pero la segunda la vi en enero del año pasado). Esta historia que combina drama de época, romance y fantasía es una adaptación de una serie de novelas ligeras escritas por Akumi Agitogi e ilustradas por Tsukiho Tsukioka, que compila un total de nueve volúmenes y que sigue en publicación a día de hoy. Tiene una adaptación al manga y una adaptación cinematográfica de imagen real, pero de la que os voy a hablar es del anime que todos conocemos, pues fue el que le dio la popularidad que tiene hoy en día.

Nos trasladamos a una versión fantástica del Japón de la restauración Meiji, a una realidad en la que hay personas que nacen con un poder sobrenatural que les permite llevar a cabo una serie de prodigios muy variados. Aquellos que tienen poderes combativos suelen alistarse en el ejército para combatir a los Grotescos, una especie de espíritus demoníacos que hacen daño a las personas. El poseer un poder sobrenatural es algo que está considerado como muy prestigioso; de ahí que haya familias enteras que establezcan entre ellas lazos matrimoniales para aumentar sus propios poderes, transmitírselos a su descendencia y acumular más influencia en el ámbito político.

En este contexto tenemos a Miyo Saimori, una joven de 19 años que ha nacido sin poder sobrenatural en el seno de una de las familias más orgullosas de poseer un don. Su madrastra y su medio hermana Kaya la desprecian y se divierten humillándola a todas horas y rebajándola a una simple criada, algo que el propio padre de Miyo tolera porque se siente decepcionado de que sea hija suya. Debido a los insultos y malos tratos, Miyo ha desarrollado una fuerte introversión y un enorme complejo de inferioridad que la han convertido en una chica callada, sumisa y retraída. A modo de burla, su padre le arregla un matrimonio con Kiyoka Kudo, un poderoso militar conocido por su frialdad y por haber espantado a sus anteriores prometidas de muy malos modos. Sin un hogar al que regresar, Miyo se resigna a su destino y pronto descubre que su aparentemente cruel y despiadado prometido es de todo menos el monstruo que esperaba. Poco a poco, ambos irán acercándose el uno al otro, aunque tendrán muchos problemas con los que lidiar, ya que, sumándose a la amenaza de los Grotescos, hay muchas personas influyentes que están bastante interesados en que Miyo y Kiyoka no estén juntos.

Si habéis seguido la sinopsis, no os habrá sido difícil encontrar una relación entre la historia y los cuentos clásicos de la Cenicienta y de la Bella y la Bestia, cosa que no es casual. Miyo es una Cenicienta humillada por su madrastra y su hermanastra, y se ve obligada a estar con un hombre al que todos temen y consideran una bestia. En realidad, todos sabemos que los protagonistas van a pasar por mil vicisitudes antes de que puedan estar juntos, tranquilos y felices, pero todos sabemos que en algún momento va a llegar el final feliz; en ese sentido, es bastante predecible. La historia, a pesar de todo el contexto histórico, político y mágico que le meten, es simple y hasta se la podría calificar de tontita, sobre todo por la extrema timidez de la pareja protagonista. Sin embargo, me gusta porque es una historia de amor diferente, más humana y muy enfocada en la sanación y la resiliencia. Miyo y Kiyoka son personajes que han sufrido sus propias penas; por eso son muy cerrados y les cuesta acercarse el uno al otro, pero es muy bonito ver cómo se necesitan, se cuidan y se van enamorando poco a poco.

En general, es una historia que me ha gustado mucho por su sencillez y su ternura. La animación de la primera temporada es preciosa, pero en la segunda ya se ve un poco más deslucida, como si se les hubiera acabado el presupuesto. Es un buen anime para aquellos que busquen una historia bonita, de amor que se va cultivando poco a poco, con personajes bien desarrollados y toques de fantasía.


*Nana (2006)



Primera joya vintage de la lista, y no será la última. Llegué tarde a Nana como he llegado tarde a muchas historias, pero no me arrepiento de haberle permitido entrar en mi vida. Basado en uno de los mangas más famosos de Ai Yazawa, fue llevado a la pequeña pantalla de la mano del estudio Madhouse, aunque también cuenta con dos películas de imagen real. En cuanto al manga, fue publicado en la revista Cookie de la editorial Shueisha desde el 2000 hasta el 2009, recopilando un total de 21 tomos. Sin embargo, tuvo que pararse su publicación debido a una enfermedad de la autora. Finalmente, Yazawa se recuperó de su enfermedad, pero no continuó con la serie, quedando en hiatus desde entonces.

La historia nos presenta a dos chicas muy distintas a las que el destino unirá de camino a Tokio, a donde viajan con la intención de empezar una nueva vida. Ambas se conocen en el tren que va a la capital y empiezan a hablar para distraerse durante el largo viaje, descubriendo que se llevan muy bien. Al darse cuenta de que ambas se llaman Nana, junto con otras coincidencias, se produce entre ellas una conexión que nunca se romperá, pese a lo diferentes que son en aspecto y personalidad. Nana Komatsu, a quien se refieren a menudo como Hachi (por el leal perro Hachiko), es una chica a la que se la podría tildar de inocente, infantil y caprichosa. Nana Osaki, por otro lado, es una joven cantante de punk que aparenta ser dura y tener una fuerte personalidad. Aunque se separan en la estación de tren sin haberse intercambiado sus números de teléfono, el destino vuelve a unirlas cuando Hachi está buscando piso y descubre que Nana y ella están interesadas en el mismo apartamento; como parecen llevarse bien y, además, necesitan ahorrar costes mientras buscan trabajo, deciden compartir piso. A lo largo de la historia, iremos viendo cómo evoluciona su amistad, conoceremos a los miembros del grupo de Nana, los Black Stones (o Blast, para abreviar) y a los de su banda rival, los Trapnest, cuyo bajista es el antiguo novio de Nana Osaki. Pero empiezan a suceder acontecimientos cada vez más graves que van uniendo y separando a las dos amigas. La gran amistad que tienen se convierte en algo más especial: un amor tan genuino como el de Hikoboshi y Orihime, el Pastor y la Tejedora, los dos amantes que están separados por la Vía Láctea y que sólo se encuentran una vez al año, coincidiendo en el séptimo día del séptimo mes.

Nana es una historia que no deja indiferente a nadie. A pesar de ser un shojo, tiene un argumento mucho más adulto y se sale de los típicos clichés de otras obras del mismo género. Encontraremos traumas e inseguridades muy fuertes, como la peligrosa tendencia de Hachi a "enamorarse" y tener relaciones con hombres que le muestran un poco de amabilidad, o el trauma por abandono y el apego evitativo que muestra Nana en las relaciones que establece con todo su entorno. El amor, el miedo al abandono, la manipulación, la soledad, la prostitución y las drogas estarán presentes a lo largo de la obra, haciendo de esta historia una de las más interesantes, emocionantes y profundas que he visto nunca.

Si aún no le habéis dado una oportunidad a Nana, creo que ya va siendo hora de que lo hagáis. Si no os atrevéis con el manga porque es más largo y duro (y con el inconveniente de que está inacabado), el anime os servirá para adentraros en el mundo de estas dos amigas. La animación es la típica de principios de los 2000. Le falta pulido y en algunos episodios se nota un poco de bajón en los diseños de personajes, pero lo demás es una pasada. Si sois unos enamorados del punk y de la moda de Vivienne Westwood, no os la podéis perder. Eso sí: vais a sufrir.



*Jyu Oh Sei (2006)



De todas las series anime que vamos a ver en la lista, puede que esta sea la más desconocida por todo el mundo. Este shojo mezclado con ciencia ficción pasó bastante desapercibido, y su autora Natsumi Itsuki tampoco me resulta conocida. Su versión manga fue publicada en la revista LaLa entre 1993 y 2003, recopilando un total de cinco tomos. En cuanto al anime, quedó a cargo del estudio BONES y salió al aire en el año 2006 con un total de once capítulos.

La historia nos traslada al año 2436. En este tiempo, los humanos han colonizado un sistema solar llamado Balkan que, además de sus diez planetas habitables, cuenta con dos colonias espaciales. A pesar de que los seres humanos que viven en las colonias tienen todas las comodidades, la esperanza de vida no supera los 30 años, y sólo mediante intervenciones médicas. En la colonia Juno viven Thor Klein y su hermano gemelo, Rai. Un día, descubren que sus padres han sido asesinados y ambos son arrestados y abandonados en Quimera, un peligroso planeta carcelario en donde las plantas han invadido el entorno y atacan a los seres humanos. Para sobrevivir en este planeta hay que ser dueño de una fuerza interior extraordinaria. Las personas que viven en Quimera sólo conservan un atisbo de civilización al agruparse en Anillos, elegir líderes y construir sus ciudades; pero no vacilarán en recurrir a los más bajos instintos violentos para resolver sus asuntos o imponerse sobre otros grupos. Se deshumanizan, se convierten en bestias... y la única solución para salir de este mundo es convertirse en Jyu Oh, el Rey de las Bestias.

Como podéis ver, la premisa inicial es bastante interesante. A la historia no le falta de nada, pues tiene elementos de drama, acción, romance y ciencia ficción que se entremezclan a la perfección y nos dejan un producto entretenido y emocionante. Sin embargo, a mí me ha dejado bastante fría, y creo que sé las razones de ello. En primer lugar, me parece que es una historia demasiado densa para concentrarla tan sólo en once capítulos. Es la primera vez que me pasa: querer que una historia tenga relleno, que se alargue un poco más, porque era la única manera de que muchos puntos que quedan ciegos recibieran mayor atención y quedasen mejor explicados. En segundo lugar, la rapidez con la que te lo cuentan todo hace que no tengas ni un momento de respiro y también que te dé igual lo que les pase a los personajes, puesto que no llegas a cogerles cariño. Además, hay ciertas inconsistencias en el mundo y en el trasfondo que nunca se llegan a aclarar, por lo que pueden producirse sucesos que no parecen tener el menor sentido porque no quedan bien explicados.

Si tuviera que colocar esta serie en mi ranking anual, es posible que ocupase el último lugar. Tengo la impresión de que podría haber sido un anime bastante bueno si tan sólo lo hubieran mimado un poco más. La animación es muy buena, el diseño de personajes es bastante atractivo, los caracteres de los secundarios tienen visos de ser tremendamente interesantes, pero la rapidez con la que se cuenta todo hace que parezca un resumen descafeinado de una historia distópica que podría haber funcionado muy bien. Es una lástima.


*La nobleza de las flores (2025)



El anime más reciente de esta lista, pues fue emitido entre julio y septiembre de este pasado 2025 en la plataforma Netflix. Como viene siendo habitual en este tipo de producciones, es una adaptación del manga del mismo título de Saka Mikami y que, curiosamente, está calificado como de género shonen (es decir, manga destinado a un público en su mayor parte masculino). Comenzó su serialización en el sitio web y aplicación de manga Magazine Pocket, de Kodansha, en el año 2021, y cuenta ya con 21 volúmenes. Actualmente, sigue en publicación. Por otra parte, el anime corrió a cargo del estudio CloverWorks y cuenta con 13 capítulos, aunque está abierta la puerta a una segunda temporada.

La trama de la obra gira en torno a la encarnizada guerra de sexos representada por dos institutos vecinos. Chidori y Kikyo son dos escuelas de preparatoria separadas por algo más que un muro: son completamente opuestas. Mientras que a Chidori asisten sólo chicos en su mayoría problemáticos, de pocos recursos y con bajo rendimiento escolar, Kikyo reúne a las señoritas de nivel más alto, pertenecientes a un estrato social elevado y con grandes capacidades intelectuales. El ambiente entre el alumnado de ambos institutos es muy tenso, pues se desprecian mutuamente y consideran cualquier tipo de acercamiento entre ellos como una traición o una especie de herejía. Rintaro Tsumugi es uno de los muchos estudiantes de Chidori, con una apariencia física que algunos consideran amenazadora; sin embargo, en realidad es un chico muy tímido y callado al que le cuesta comunicarse. Por otro lado tenemos a Kaoruko Waguri, una brillante chica de Kikyo que, a diferencia de sus arrogantes compañeras, es dulce y compasiva. El destino reúne a estos dos en la pastelería de la familia de Rintaro, y a partir de ese momento forjarán un vínculo que busca desafiar todos los prejuicios de uno y otro lado del muro que separa a ambos institutos.

Puede que esta sea una de las historias más bonitas que he tenido el gusto de ver este año. Es un verdadero alivio visual, magia para quitarse de encima el mal trago de una serie mediocre y un soplo de aire fresco ante tanta serie profunda y filosófica. La historia de Rintaro y Kaoruko es tan tierna como un pétalo de flor de cerezo. Es un amor cuya chispa empieza muy pronto pero su desarrollo es lento, pausado, con los personajes conociéndose poco a poco y cuestionándose todo tipo de cosas. Como son muy jóvenes, ambos tienen sus inseguridades y a veces se producen pequeños malentendidos entre ellos porque no saben expresar bien sus sentimientos. Pero gracias a los buenos amigos que ambos tienen consiguen ir ganando seguridad en sí mismos y se dan permiso para querer a la otra persona. Me sorprende muchísimo que sea una historia shonen, porque es una temática más propia del género shojo, pero la verdad es que me ha gustado mucho.

En cuanto a la animación, diré lo mismo que dije sobre Mi feliz matrimonio: es una absoluta maravilla. Me encanta la cantidad de brillo que tienen los ojos de los personajes, la suave paleta de colores, el movimiento fluido del pelo y de la ropa. Todo encaja a la perfección con el tipo de historia tierna y conmovedora que nos ofrecen. Los personajes secundarios también son muy divertidos, y ayudan a darle un toque más desenfadado a la intensidad que siente la pareja de enamorados con sus locuras y ocurrencias. Lo que quizá me gustó menos fue el hecho de que a veces la trama se alargaba demasiado y perdían mucho tiempo en cosas triviales como dar las gracias o pedir perdón. Puede que sea porque son japoneses, pero llegaba un punto en que me ponía nerviosa que no pararan de pedirse perdón por todo, hasta por elegir una chuchería que no sabía si le gustaría a la otra persona. Supongo que son cosas mías, XD


*Ranma 1/2 (2024)



Si a estas alturas de la vida aún no sabéis quién es Ranma, me gustaría pediros que me invitaseis a vuestra isla desierta perdida en un paraíso tropical. Ahora en serio, Ranma 1/2 es una de las obras más famosas de Rumiko Takahashi. Se empezó a publicar en 1987 en la revista Shukan Shonen Sunday y terminó en 1996 con un total de 38 tomos. Debido a su popularidad, no tuvo una, sino tres adaptaciones a anime: Ranma 1/2, Ranma 1/2 Nettohen (que va de los capítulos 19 al 161) y Ranma 1/2 (2024). Por si esto fuera poco, algunos tomos del manga fueron adaptados en forma de OVA hasta hacer un total de doce y además se produjeron tres películas. Esto nos muestra la enorme popularidad que Ranma tuvo en su día y que sigue teniendo.

Durante un entrenamiento en China, Genma Saotome y su hijo Ranma van a parar a los lagos de Jusenkyo, lugar donde pesa una curiosa maldición. Cuando alguien cae en uno de los muchos estanques malditos, toma la forma física de la criatura que se había ahogado en él cada vez que entra en contacto con agua fría, siendo la maldición revertida cuando se expone al agua caliente. Genma cae en el estanque del Panda Ahogado, mientras que Ranma va a parar en el estanque de la Chica Ahogada. Al regresar a Japón, ambos van a establecerse en el dojo de un viejo amigo de Genma, Soun Tendo. Soun tiene tres hijas adolescentes: la dulce Kasumi, la interesada Nabiki y la temperamental Akane. Debido a que no ha podido tener un hijo varón, Soun quiere que el hijo de Genma se case con una de sus hijas para que el dojo no tenga que cerrarse y pueda perpetuar su estilo de lucha. Pero lo cierto es que ninguna de las chicas Tendo tiene intención de casarse por conveniencia, y menos Akane: ella odia a los chicos. Sin embargo, sus hermanas son más rápidas y hábiles que ella y no tardan en decidir que Akane y Ranma hacen la pareja perfecta, de modo que quedan comprometidos a ojos de todos desde ese mismo instante y a pesar del "pequeño" inconveniente de que a ninguno de los dos le hace la menor gracia. Con el tiempo, sin embargo, veremos que van a ir desarrollando sentimientos entre ellos y que no se son del todo indiferentes a pesar de que les encante picar al otro.

Ranma 1/2 es una historia que recomendaría a cualquiera que quisiera pasar un rato muy divertido sin esperar mucha coherencia. Es un anime que combina lucha y humor absurdo a raudales. Mezcla de forma muy dinámica la historia de amor entre Ranma y Akane junto con los diferentes duelos que le salen al muchacho, que suelen ser de lo más extravagantes, al igual que sus rivales en la guerra y en el amor. El tema de las transformaciones es otro de los puntos fuertes de la historia, y creo que la autora ha sabido jugar muy bien con los pros y los contras del elemento fantástico, aunque se nota que hay muchas cosas que no se resuelven antes por el poder del guion o porque, simplemente, a Takahashi no le da la gana de hacerlo, pero es que la serie es tan divertida que no te paras a pensar en eso y, si lo haces, no le das mucha importancia.

Recientemente hemos podido disfrutar del remake de Ranma 1/2 que nos ha traído la plataforma Netflix, que le ha dado un buen lavado de cara y nos la ha devuelto casi prístina, sin quitarle ni un ápice de su delirante humor. Eso sí, aunque se agradece el enorme trabajo en la animación y del equipo de doblaje (el castellano es muy bueno), debo decir que se nota mucho que ha pasado por una leve censura que la obra original y sus primeras adaptaciones no tenían en ciertos aspectos. Y para muestra un botón: en las versiones antiguas, pudimos ver a Ranma chica vestida con un uniforme chino con la estrella comunista que en la versión más reciente se ha eliminado. Lo mismo ocurre con un peto que le presta Akane, que en el original tiene un logo con la palabra "China" pero en la versión nueva ha sido sustituido por "Smile". Otro tipo de censura la podemos ver en la forma de dibujar los pechos desnudos de Ranma, que quedan lisos al estilo Barbie, y en hacer que el anciano Happosai la abrace a la altura de la pierna en vez de hacerlo enterrando la cabeza en sus pechos, como sí ocurría en el manga y en la versión antigua. Imagino que sería para hacer la serie más amigable y más accesible a todos los públicos. Y, aunque no soy partidaria de la censura, reconozco que estos detalles no entorpecen la trama y se quedan más en algo anecdótico.


*Berserk (1997)



Nos ponemos todos de pie por unos momentos para darle la bienvenida a Berserk, la obra cumbre e inacabada del mangaka Kentaro Miura, que empezó a publicarla en la revista Monthly Animal House allá por 1989 y que siguió publicándose de manera irregular hasta el 2021, año en el que murió su autor. La obra, recopilada en 42 volúmenes hasta el momento, fue retomada por el personal de Studio Gaga (estudio conformado por los asistentes de Miura) bajo la supervisión del mangaka Koji Mori, amigo de Miura y a quien el fallecido autor había revelado diversos detalles del futuro del manga. En cuanto a sus adaptaciones a la pequeña pantalla, existen dos series y tres películas. Los fans de la obra consideran que la serie más reciente, emitida en el 2016, no le hace justicia por el uso y abuso que se ha hecho del CGI. Por eso, y porque mi señor marido es fan acérrimo de Berserk, la versión de la que vamos a hablar es la de 1997.

La historia está ambientada en una época a medio camino entre la Edad Media y el Renacimiento, pero en su versión más oscura. En este entorno duro y salvaje conocemos a Guts, un mercenario huérfano que se dedica a matar a unas monstruosas criaturas conocidas como Apóstoles. Su vida hasta el momento no fue un camino de rosas: fue encontrado recién nacido bajo el árbol donde acababan de ahorcar a su madre y le rescató la concubina del líder de una banda de mercenarios. Desde muy pequeño, Guts tuvo que vivir con la guerra y la muerte como compañeras. Como no conocía otra forma de vivir, siguió empleándose como mercenario, viajando y cambiando de ejército constantemente, hasta que fue reclutado por la Banda del Halcón, liderada por el carismático y apuestísimo Griffith. En la Banda del Halcón, Guts parece encontrar por fin su lugar, aunque no se permite ser demasiado abierto con nadie salvo con Griffith, con quien parece tener una conexión especial debido al innegable carisma del joven. Griffith le cuenta a Guts que su gran sueño es ser el rey de su propio reino, la única ambición de su vida y por lo que está dispuesto a hacer cualquier cosa (hasta prostituirse y matar) con tal de conseguir realizar su sueño. De alguna manera, ha conseguido que su sueño sea el sueño de todos sus compañeros, pero en cierto momento, Guts toma la decisión de desligarse del grupo para seguir su propio camino. Esto trastorna a Griffith hasta tal punto que comete una serie de actos que le llevarán a un punto de no retorno, con Guts como su acérrimo enemigo y con el deseo de arruinar su vida como único objetivo.

Esta adaptación anime es una verdadera joya de su tiempo. Difiere del manga en que se han eliminado o bajado de tono muchas escenas violentas y sexuales, pero no pierde en ningún momento esa crudeza tan propia del grimdark. Es una serie dura en muchos momentos, no apta para personas sensibles o que no soporten ver sufrimiento aunque sea en personajes de ficción, pero no cabe duda de que es inolvidable y deja huella en todo el que se adentra en su historia. Es una obra profunda, en la que cualquier persona que haya padecido depresión, ansiedad o cualquier tipo de padecimiento puede verse reflejada. Anima al espectador a no rendirse, a seguir luchando por muy dura que sea la batalla y a disfrutar de los momentos de paz que vienen después de la guerra.

Podréis encontrar en Netflix esta serie, que consta de 25 capítulos de pura acción y fantasía. Son pocos, pero muy intensos, y creedme si os digo que os sabrán a poco. Se echa mucho de menos una continuación de la historia, pues creo que el final... ESE final, merecía una continuación a la altura con más temporadas. Por supuesto, siempre nos quedará el manga, pero este anime es una buena manera de acercarse a la obra de Kentaro Miura. Si tuviera que destacar algún punto negativo, diría que la banda sonora llegó a parecerme un poco discordante con el tono del argumento y el trasfondo.


*Cowboy Bebop (1998)



Para mí, la gran época del anime fue la que abarca finales de los 90 y principios de los 2000. Aunque no desmerezco series posteriores (y admito que muchas de ellas son brillantes), todos tenemos un momento en el que una obra del tipo que sea nos pilla en el mejor de los momentos. Confieso que me hubiera gustado muchísimo haber visto Cowboy Bebop en aquel preciso momento, pero no me fue posible y luego la fui dejando hasta que casi me olvidé de ella. Por fin pude ponerme manos a la obra y, en cuanto tuve la oportunidad, me puse los 26 capítulos de esta fantástica serie, que es una curiosa mezcla de space opera, neo-noir, drama y western. El manga, creado por Yatate Hajime (seudónimo colectivo de todo el personal del estudio de animación Sunrise), consta de tres tomos en los que narra varias historias de los personajes principales.

Nos trasladamos al año 2071. Spike Spiegel y Jet Black son dos cazarrecompensas que viajan por todo el sistema solar en busca de delincuentes para ganarse la vida cobrando por su captura. Spike fue miembro de un antiguo sindicato del crimen y todavía arrastra asuntos pendientes con otro de sus miembros, Vicious, quien le persigue para matarlo. Jet, por su parte, es un ex policía que se retiró después de perder un brazo en una riña con un delincuente. Ambos son buenos compañeros, pero su amistad no acaba de cuajar del todo porque no se implican en los asuntos del otro y nunca se cuentan sus penas. A esta pareja se unen más tarde Faye Valentine, una mujer amnésica que despertó hace poco de su estado criogénico y se dedica a jugar y apostar para ganar el dinero suficiente para pagar la desorbitada deuda que tiene en su haber. También está Ed, una chica terrestre muy extraña pero que es una genio informática; vaga sin rumbo a donde la vida la lleve y sus travesuras ponen de los nervios a la policía, pues uno de sus pasatiempos favoritos es hackear sistemas informáticos por diversión. El último miembro de la tripulación es Ein, un perro de raza corgi identificado como "perro de datos". Como fue un animal de laboratorio, es posible que posea una inteligencia superior a la de cualquier miembro de su especie. Se le puede ver en alguna ocasión cogiendo llamadas telefónicas o hackeando un ordenador sin que sus compañeros humanos se den cuenta. A lo largo de la serie, acompañaremos a esta curiosa tripulación en sus viajes para capturar criminales y conseguir dinero.

Cowboy Bebop es un pozo inagotable de virtudes, y probablemente la mejor serie anime de esta lista. El título ya nos dice lo que nos vamos a encontrar: un western ciberespacial en el que el grupo de cazarrecompensas trata de salir adelante, pero con el toque melancólico y solitario de los protagonistas que nos recuerda a una especie de Lucky Luke o a una bailarina de saloon. Tardan en presentarse a los personajes, es cierto; el ritmo narrativo es lento, pero poco a poco vamos descubriendo por qué cada personaje hace lo que hace y qué motivación tiene para seguir adelante en un universo de perdedores natos, pero orgullosos. Quizá lo más atractivo sea precisamente lo poco que sabemos de los personajes principales, pues se nos va revelando de forma muy sutil con el paso de los capítulos, hasta que llegamos al final y quedamos sobrecogidos.

Cualquier cosa que se diga de Cowboy Bebop es quedarse a medias. Es una verdadera joya que no debería pasar desapercibida, con un estilo narrativo absolutamente demoledor. Los guiones son dignos de la mejor novela negra. Los planos adquieren un tono cinematográfico que no desagradaría a Scorsese o Tarantino. Cada capítulo es individual y no tiene relación con el anterior, lo que hace que no tengamos que vernos obligados a "seguirla" toda capítulo a capítulo. Hay drama, comedia, acción e incluso terror. Y por último, esa maravillosa banda sonora, impecable, en la que se funden casi todas las tendencias del jazz, el rhythm&blues y hasta el funkie, en una obra que se articula en los fundamentos del cine negro a la vieja usanza y con una ambientación futurista que recuerda a Blade Runner. La encontraréis en Netflix y en Crunchyroll, y ya estáis tardando en darle un visionado. No os la podéis perder. 


*Neon Genesis Evangelion (1995)



Y llegamos al final de mi año de anime recuperando una serie que ya vi en su momento y que me pareció de las más interesantes por su fuerte carga filosófica y postapocalíptica. No creo que haya muchos que no hayan visto ya Neon Genesis Evangelion, pues fue uno de los animes más famosos y revolucionarios de finales de los 90, y cuya influencia se puede ver todavía hoy en la forma en que se diseñan los personajes de manga y anime. Consta de un manga creado por Yoshiyuki Sadamoto que fue publicado en la revista Shonen Ace (luego Young Ace) desde 1994 hasta 2013, recopilando un total de 14 tomos. El anime, dirigido por Hideaki Anno, corrió a cargo de la ya desaparecida Gainax y constó de 26 episodios, a los que hay que sumar la remasterización y las posteriores OVAs, destinadas a aumentar el lore de la serie.

Nos encontramos en el año 2015. Han pasado quince años desde el desastroso contacto de unos misteriosos seres conocidos como Ángeles con la Tierra, lo que culminó en un cataclismo a escala mundial conocido como Segundo Impacto. Para prevenir futuros ataques de Ángeles, la ONU estableció en Tokio-3 una organización llamada NERV, la cual desarrolló una serie de gigantes biomecánicos llamados Evangelion para combatirlos. Estos EVA tienen un sistema de funcionamiento que necesita de un piloto con el que poder sincronizar, pero el inconveniente es que sólo funciona con adolescentes. Gendo Ikari, el dirigente de NERV, se pone en contacto con su distanciado hijo Shinji para ordenarle que pilote la Unidad 01 de los EVA y que acabe con el Tercer Ángel. Aunque al principio se niega a cooperar, Shinji termina dando su brazo a torcer cuando se da cuenta de que no pueden recurrir a nadie más que él para salvarlos. Tras su primera batalla, de la que Shinji no recuerda nada tras haber perdido el conocimiento y el control del EVA, veremos cómo el piloto se adapta a su nueva vida y cómo intenta relacionarse con el medio que le rodea, con mayor o menor éxito.

¿Qué decir sobre Evangelion que no se haya dicho ya? La considero una de las mejores series de la historia, un verdadero puntazo en su época que ha quedado demasiado inflado debido a sucesivas secuelas y añadidos. Sorprendió mucho en su momento porque, a diferencia de otras historias del género mecha, en Evangelion se ahondaba en el punto de vista psicológico de los pilotos. Estamos muy acostumbrados a que los héroes de acción tomen las riendas de una situación de peligro con valentía, sin cuestionarse nada, sin pensar en sus propios miedos... pero eso no ocurre así en la vida real. Por eso a Shinji se le ha tildado infinitas veces de ser un cobarde, un llorón, un quejica... Pero es que sólo tiene catorce años y arrastra desde hace tiempo un gran sentimiento de ira y frustración que proyecta sobre su padre, quien le abandonó y sólo le buscó para utilizarle en sus planes. Todos y cada uno de los personajes dan para un análisis más profundo sobre sus traumas, miedos e inseguridades, lo que hizo que esta serie fuese considerada como un soplo de aire fresco frente a tanto héroe imbatible y el culmen de las series de mechas desde la aparición de Gundam. Es curioso cómo con tan poco presupuesto consiguieron hacer una serie tan buena e introspectiva.

Es difícil recomendar Evangelion. No porque la serie sea mala, que no lo es; de hecho, en sus primeros diez o quince capítulos es bastante animada y hasta alegre, con momentos de gran acción y emoción. Los últimos capítulos, más parados y plagados de preguntas trascendentales que atormentan a los personajes, pueden hacerse un poco aburridos a quienes no están acostumbrados a este tipo de recursos en un anime. Además, la trama es bastante compleja y cuesta un poco entenderla a la primera. Sin embargo, creo que es buena idea darle una oportunidad a Evangelion porque es de esas historias que nunca se olvidan. Un hito en el anime de finales de los 90 que podéis ver, una vez más, en Netflix.


Y hasta aquí por hoy, amigos. ¿Qué animes habéis visto en 2025 que os hayan calado hondo? Si tenéis alguna recomendación, aquí estoy para leeros. ¡Hasta la próxima y feliz año nuevo!




diciembre 15, 2025

Christmas Tag: Una lista de canciones navideñas


¡Hola a todos!

Qué poquito falta para que acabe el año, ¿verdad? Imagino que, a estas alturas, ya estaréis tan embebidos del espíritu navideño que os sentiréis saturados. ¿Y qué hago yo para aliviaros? Pues echarle más leña al fuego, porque vengo con un tag de canciones navideñas bien jugoso. ¿A que soy buena? ^^*

La música es de esas cosas que nunca puede faltar en una celebración como Dios manda. Es el arte más emotivo y evocador, porque todos podemos disfrutar de la música aunque no tengamos talento para interpretarla o no comprendamos el idioma en el que se canta una canción. Lo importante es el sentimiento que genera en nuestro corazón, y en eso las canciones de Navidad son expertas. Quiero disculparme por adelantado por no haber puesto villancicos en la lista, pues creo que esos merecerían su propio ranking. Aquí he metido canciones de Navidad del otro lado del charco, las que recuerdan más a una postal navideña que a un portal en Belén y a un niño en un pesebre. Con todo, espero que os guste.

Y, sin más dilación, pasamos a mi lista particular de canciones de Navidad. Faltan muchas, muchísimas, pero esta selección os contará un poco de mí y hasta puede que encontréis alguna curiosidad que no conocíais. 


1) Una canción clásica o que consideres un clásico de Navidad



It's the Most Wonderful Time of the Year

Empezamos con energía, con todo un clásico navideño. Escrita en 1963 por Edward Pola y George Wyle, fue grabada ese mismo año por Andy Williams para el lanzamiento de su primer álbum de Navidad, The Andy Williams Christmas Album. Sin embargo, el sello discográfico para el que trabajaba Williams, la Columbia Records, no la lanzó como sencillo promocional ese año, prefiriendo en su lugar su versión de White Christmas.

La canción es una celebración de las actividades asociadas a la temporada navideña, centrándose especialmente en las reuniones entre amigos y familiares. Es curioso que en la letra se mencione como actividad navideña el contarse historias de fantasmas, pero esto tiene su explicación, y es que el reunirse para contarse historias de miedo era una tradición navideña muy habitual en la época victoriana que a día de hoy ha caído en desuso, pero que todavía podemos ver en obras como Cuento de Navidad, de Charles Dickens. Otras actividades que describe la canción son la celebración de fiestas, las visitas de amigos, el ambiente de alegría general, trineos para los niños, asar nubes o malvaviscos, cantar villancicos o contar historias de Navidades anteriores.

Para mí, esta canción suele marcar el comienzo de la Navidad, siendo de las primeras en sonar en mi lista de reproducción. Es festiva, alegre y llena de entusiasmo, como debe ser en estas fiestas. Su aire de otra época me hace recordar las películas antiguas, la magia del viejo Hollywood, pero también el encanto lleno de inocencia con que se representaba la Navidad. Como digo, es una indispensable para mí.


2) Una canción que te parezca cursi


Christmas Love


Espero que a nadie le sorprenda que Justin Bieber vaya en esta lista y menos en esta posición. Fue lanzada en noviembre de 2011 como parte de la edición especial del disco Under the Mistletoe, que sería el primer álbum navideño del cantante y su segundo de estudio. El disco tuvo una acogida muy buena, ocupando el primer puesto de la lista Billboard 200 en su segunda semana de lanzamiento, lo que le valdría el reconocimiento de ser la primera producción musical navideña en debutar en lo más alto por un artista masculino. Se vendieron cerca de 1.250.000 copias desde su salida hasta finales de 2011 sólo en Estados Unidos; en todo el mundo se vendieron un millón y medio de copias.

Sin embargo, la canción no podría ser más cursi. Es la típica canción popera de amor navideño que podríamos escuchar en una película de baja producción de estas fechas. Bieber expresa, como el adolescente que era en esa época, un amor estereotípico e inmaduro. Ensalza a su enamorada como su regalo de Navidad, la compara con las luces del árbol o un ángel de nieve y manifiesta que su amor es capaz de darle ese calor reconfortante tan propio del amor y de los sentimientos que evocan estas fiestas. Vamos, que al disco sólo le faltaba venir acompañado de un algodón de azúcar de regalo, porque el nivel de pastelosidad recomendado para este tipo de canciones ya lo traía. No me parece que esté mal realizada ni que Bieber cante mal, pero no es una canción que disfrute especialmente.


3) Una canción que detestas



All I Want For Christmas is You

Otra posición que espero que no sorprenda a nadie, aunque imagino que más de uno estará en desacuerdo conmigo. Y es que desde el 2003 no ha habido una sola Navidad en la que no me persiga el dichoso All I want for Christmas is you, aunque la canción había salido en el 1994 como parte del primer álbum navideño de Mariah Carey. Aunque ya desde el principio fue muy celebrada, su afianzamiento definitivo como parte de las fiestas navideñas le vendría a comienzos de los 2000 por formar parte de la banda sonora de la película Love Actually, que también detesto profundamente. Fue tal el impacto de la canción en la sociedad que a Mariah Carey se la ha apodado desde entonces como Reina de la Navidad. Es la canción más reproducida en Spotify todos los años, lo que le ha valido millones de dólares a la cantante en concepto de royalties.

Pero, si la canción es bonita, está bien realizada, es muy bailable y evoca el espíritu navideño, ¿por qué no me gusta? Pues por la sencilla razón de que estoy hasta las narices de ella. Si me habéis seguido durante un tiempo por el blog, sabréis que soy de esas personas a las que no les gusta que les metan cosas populares en vena. Me pasó con Los Pilares de la Tierra, me pasó con la saga inacabada del Asesino de Reyes y me pasó también con esta canción. La canción es bonita y habla de lo más importante y esencial del amor en Navidad, que es que no se necesitan cosas materiales cuando se tiene amor de verdad. Sin embargo, me la han repetido tantas veces que se ha convertido en un meme anual. Y lo peor es que no pasa de moda, como otras canciones insufribles que he tenido que oír a lo largo de mi vida. Debido a su popularidad, estoy condenada a oírla dondequiera que vaya todas las Navidades.


4) La canción que más te gusta


Have Yourself a Merry Little Christmas


Vuelvo a recuperar un clásico navideño muy bonito, tranquilo y un tanto melancólico. Fue escrita en 1943 por Hugh Martin y Ralph Blane para la película Cita en St. Louis (1944), de la Metro-Goldwyn-Meyer. La canción se compuso para que la cantara la gran Judy Garland, quien interpreta el papel protagónico en este inolvidable musical, aunque también fue cantada por otros artistas como Frank Sinatra, quien además sugirió que se le hicieran un par de cambios a la letra para hacerla un poco más alegre. Creo que es una de mis favoritas por la sencilla razón de que nunca me canso de escucharla. Es de esas canciones que siempre consigue sacarte una lagrimilla o remover algo en tu corazón.

Y es que Have Yourself a Merry Little Christmas no pretende ocultar la tristeza que la familia Smith está sintiendo en ese momento. El padre de familia recibe una oferta de trabajo en Nueva York, a donde tendría que mudarse justo después de Navidad. Esto deja a la familia devastada, sobre todo a Esther (Judy Garland), quien se vería obligada a dejar su tranquila vida en St. Louis, sus amistades y al chico del que está enamorada, para ir a un lugar muy diferente. En una escena ambientada en Nochebuena, el personaje de Judy Garland canta esta canción para animar a su desconsolada hermanita de cinco años, Tootie. Por eso la canción tiene ese aire de melancolía, pero haciendo hincapié en que los problemas y tristezas pronto pasarán y volverán los días felices, llenos de amigos y personas queridas. Hasta entonces, disfrutemos de la Navidad y tratemos de ser felices ahora.


5) La canción que se ha hecho más famosa



Rockin' Around the Christmas Tree

He tenido serias dudas sobre a quién dedicarle este puesto, ya que dudaba entre dos. He estado a punto de poner el Jingle Bell Rock de Bobby Helms, que fue lanzada en 1957 pero que tuvo un repunte en los años 90 por ser parte de la banda sonora de la película Solo en Casa 2: Perdido en Nueva York. Pero desde hace un par de años, y gracias a TikTok, ha venido cobrando fuerza otra canción que es la que os traigo hoy: Rockin' Around the Christmas Tree. Escrita por Johnny Marks e interpretada por Brenda Lee en 1958, cuando la cantante sólo tenía trece años, tiene el estilo propio de los años 50, época en la que el rock y el rockabilly se hicieron muy populares, aunque la fama no le llegaría hasta los años 60, momento en el que alcanzó el puesto 14 de la lista Billboard 100 y el número 3 poco tiempo después. También fue incluida en la banda sonora de Solo en Casa, lo que contribuyó a darle un nuevo empuje. Sin embargo, no sería hasta nuestros tiempos más recientes que esta canción recobraría su popularidad perdida, llegando a desbancar en 2021 y en 2023 a la imbatible All I Want for Christmas is You (chúpate esa, Mariah).

La letra de la canción no nos cuenta nada nuevo o demasiado diferente a otras canciones navideñas. Reitera el dejarse llevar por el espíritu navideño, a bailar con alegría, a disfrutar de pasteles de calabaza y de cantar villancicos. Sin embargo, es su tono rockero lo que le da verdadera identidad y la hace inolvidable. Y es que el rock, en cualquiera de sus variantes, es inmortal. En ocasiones parece que se apaga y muere, pero es sólo una ilusión, porque tiempo después vuelve a resurgir más fuerte que nunca, gustando a todos, niños y mayores. Esta es una de esas cosas que, aun habiéndose hecho famosas, no me cansa porque sé de dónde viene y porque comprendo que su fama es merecida. Se ha ganado el puesto por sí misma, y eso me gusta.


6) Una canción que siempre recomiendas



It Doesn't Often Snow at Christmas

Dejamos por un momento la ternura y candidez de los clásicos y nos vamos a los 80 y 90, al synthpop más eufórico y fastuoso de los Pet Shop Boys. Para la época que nos ocupa, el famoso dúo británico formado por Neil Tennant y Chris Lowe se consolida definitivamente como grupo de música electrónica de referencia, siendo considerados sus trabajos como los mejores hasta la fecha por sus ritmos bailables y enérgicos. Su nueva estética brillante y colorida la trasladan también a sus canciones navideñas, y aquí tenemos el It Doesn't Often Snow at Christmas. Fue lanzada originalmente en 1997, pero se lanzó una nueva versión para el EP navideño del grupo, titulado Christmas, en el año 2009, lo que contribuyó a reavivar su fama.

La letra de la canción huye de todo el azúcar y la calidez propia de los villancicos de los años 50 y 60, ofreciendo la visión más cínica y pesimista del hombre de nuestros tiempos, alejado de la religión y desanimado por la hipocresía de la humanidad. La Navidad ya no es lo que se supone que debería ser, pues no todo es paz y amor en la familia, el consumismo ha devorado el verdadero espíritu navideño y, como colofón, resulta que tampoco suele nevar en Navidad, haciendo referencia a esas clásicas películas navideñas en las que la calidez de un sencillo hogar resalta sobre un apacible paisaje nevado. Todo es pura fachada. Sin embargo, la canción todavía guarda un ápice de optimismo. A pesar de que la Navidad ha perdido gran parte de su significado, todavía podemos vivirla si tenemos a nuestro lado a alguien que nos importa.

Me gusta recomendar esta canción porque creo que es la que mejor encaja con la gente que se siente desubicada en Navidad. Es muy común oír a la gente rezongar acerca de por qué hay que estar obligados a ser felices en Navidad, que todo es una patraña movida por las grandes empresas para enriquecerse a nuestra costa, y debo decir que razón no les falta. Es normal que nos desencantemos de la Navidad cuando no es como nos la habían prometido en cuentos y películas antiguas. Pero el quid de la cuestión está en el sentimiento de amor: Navidad será Navidad mientras tengamos seres queridos en el mundo a los que amamos y que nos amen. No es necesario comprar grandes regalos, ni montar un árbol, ni que nieve siquiera, porque la Navidad está en todos nosotros.


7) Una canción que te hace muy feliz



Little Saint Nick

Aunque pueda parecer que me gustan todas las canciones de Navidad, hay sólo unas pocas que sí consiguen evocar auténtica felicidad en mí cuando las escucho, y una de ellas es esta. La original fue escrita por Brian Wilson y Mike Love, y fue grabada por los Beach Boys en el año 1963, aunque se grabó de nuevo para el álbum The Beach Boys' Christmas Album, que salió al año siguiente. La primera versión tiene sonidos de campanas de trineo y otra percusión, pero para la versión más reciente prescindieron de esos arreglos para darle mayor importancia a las voces del grupo. Sin embargo, la versión que hoy os traigo es la que canta Mindy Gledhill en su disco navideño Winter Moon, lanzado en 2011.

La letra de la canción, en realidad, es muy simple. Habla sobre la llegada de Papá Noel o San Nicolás (de ahí el título de la canción) y le describe como un tipo vestido de rojo que viaja en un trineo de cuatro velocidades tirado por media docena de renos, y cuya función es, como todos sabemos, la de llevar regalos y sorpresas agradables a todo el mundo. Tiene un aire de cuento infantil cómico y molón de los 60 que me gusta mucho, y el ritmo me parece de los más originales del amplio repertorio navideño, lejos de grandes coros y orquestas.

No sé realmente qué tiene esta canción que hace que me guste tanto. Quizá sea porque la asocio a un recuerdo feliz, que es el de la primera vez que la escuché hace años en un vídeo de Michelle Phan sobre sus cosas favoritas de la Navidad. Se me quedó en la mente y, desde entonces, no hay Navidad que no empiece para mí con esta canción. Siempre sonrío al cantarla, y tal vez por eso le tengo tanto cariño.


8) La canción navideña más rara que has escuchado



Jing-a-Ling

No suelo moverme demasiado por canciones que se alejen de mis gustos más arraigados, pero de vez en cuando me topo con alguna cosilla que me parece llamativa o interesante. Es el caso de esta tonadilla con toques navideños que fue lanzada en el año 2020 e interpretada por la banda Harbour Lights, en un estilo que recuerda al swing y al jazz de los años 30, pero con un toque más electrónico.

¿Y por qué digo que es rara? Pues porque no toca el tema de la Navidad más allá de repetir el "jing-a-ling", que es la onomatopeya que hacen las campanillas del trineo de Papá Noel, y las ganas de celebrar el espíritu de las fiestas. No tiene un mensaje escondido, ni una segunda revisión, y a veces el ritmo puede resultar extraño. Por eso la sitúo en esta categoría, porque es una canción de Navidad sin serlo, porque es rara pero, al mismo tiempo, también es fascinante. Tiene un nosequé que me atrapa.


9) Una canción que te ha acabado aburriendo


Sleigh Ride


Muy a mi pesar, voy a tener que adjudicarle este dudoso honor a esta canción que, aunque me gusta, confieso que me ha acabado aburriendo. Sleigh Ride fue compuesta por Leroy Anderson entre 1946 y 1948. La canción, al principio, no tenía letra, pues estaba pensada para que la tocara una banda de música ligera; sería Mitchell Parish quien le pondría letra, y la versión definitiva de esta canción salió en 1949, haciéndose muy popular gracias a la interpretación que hicieron de ella The Andrew Sisters. Sin embargo, la que a mí me ha acabado aburriendo es la versión de The Ronettes en el año 1963. No tardaréis en comprender por qué.

A decir verdad, no es la peor canción que he escuchado. Ni siquiera es mala. La letra es sencilla y adorable, pues describe la belleza gélida de un paisaje nevado y lo divertido que es salir a dar un paseo en trineo con la persona que quieres. Es un clásico en toda regla de esos que a mí tanto me gustan, pero si me ha acabado aburriendo ha sido, una vez más, por culpa de las redes sociales. Este año anda circulando por TikTok esta misma canción pero a la que le han dado un toque "hindú" que todo, TODO el mundo pone en sus vídeos. Y es que las modas son así: como algo se convierta en tendencia, lo veremos hasta en la sopa. Y me fastidia porque la canción me gusta mucho, pero la versión hindú la estropea por completo al repetirla más de cinco veces. Así que, por desgracia, tiene que ir en este puesto.


10) Una canción actual que te gusta



Candy Cane Lane

Sia es una cantante que ha conseguido sorprenderme en más de una ocasión. Su formidable voz, sumada a un estilo un tanto extravagante tanto en su estética como en sus canciones, me ha llevado a seguir su trayectoria un poco más de cerca. De su álbum Everyday is Christmas, lanzado en 2017, rescato todas las canciones, pues no hay ninguna que no me guste. Al contrario que otros discos navideños, este no es un recopilatorio de clásicos, sino que son canciones totalmente nuevas y originales. Sin embargo, recibió críticas bastante malas en Metacritic, que calificaron el disco como "inconsistente" y "poco elaborado", y dándole un 59/100, nota que se suele dar a productos mediocres.

Quizá sea porque me considero adalid de las causas perdidas, pero hay algo en este álbum que me impacta y me llega al corazón. Tal vez sea su originalidad, o el amor que se deja entrever en todas y cada una de sus canciones, o la potente voz de Sia. La canción nos invita a viajar a Candy Cane Lane, el país de los bastones de caramelo, donde todos los colores del arcoíris brillan en las ventanas de las casas y donde cualquiera puede comer esos ricos bastones de caramelo todo el día. Es un lugar de diversión, alegría y amistad, una especie de preámbulo a la Navidad, donde todo es posible.

La canción lo tenía todo para gustarme. Es evocadora, divertida, alegre, actual, refrescante. Es una canción que se escucha en rojo y blanco, los colores de los bastones de caramelo, que es precisamente mi temática favorita para la decoración navideña. Por eso la pongo aquí sin ninguna duda.


11) Una canción para dedicar



The Perfect Christmas

Daniela Andrade es otra de esas cantautoras que he conocido gracias a los vídeos de la youtuber Michelle Phan. Andrade se hizo bastante conocida en redes sociales gracias a sus versiones de canciones populares cantadas con su suave voz y delicado estilo. La canción que hoy os traigo pertenece a su disco The Christmas EP, lanzado en 2013, y que podéis encontrar con facilidad en Spotify y en otras plataformas musicales.

The perfect Christmas recupera ese aire tranquilo y apacible de una Navidad fría, nevada y acogedora. Es una tierna canción que habla de la sencillez que encierra un sentimiento tan poderoso como el amor. Huye del consumismo, de comprar regalos que sólo envanecen a la persona amada, porque en realidad es perfecta tal como es. Aunque hace tanto frío allá afuera que las articulaciones se resienten, gracias al amor podemos encontrar el camino hacia donde está la persona amada, y la Navidad perfecta consiste en estar junto a esa persona pase lo que pase. ¿Cursi? Tal vez, pero creo que no llega al nivel de Justin Bieber. Esta canción se la dedico siempre a mi marido, quien no guarda un especial cariño por estas fechas, pero que siempre se esfuerza por hacer que las Navidades sean un momento muy feliz para mí. Ojalá algún día consiga devolverle un poco de la felicidad que él ha conseguido darme.


12) Una canción que te pone triste o te da nostalgia



I'll Be Home For Christmas (If Only In My Dreams)

Y llegamos al final de esta lista con un poco de tristeza. La canción que he elegido para este puesto no podía ser otra que I'll Be Home for Christmas, que fue compuesta y escrita por Kim Gannon y Walter Kent, aunque la letra original procede de un poema que el cantautor Buck Ram le había compuesto a su madre mientras estudiaba en la universidad de Illinois. Entre los tres le dieron forma a la canción y el resultado salió a la luz en 1943 cantado por el genial Bing Crosby. El hecho de que fuese lanzada en plena II Guerra Mundial llegó al corazón de muchos estadounidenses, tanto soldados como civiles, lo que le valió a Bing Crosby su quinto disco de oro. Fue la canción de Navidad más solicitada en los espectáculos que se enviaban para entretener a las tropas americanas. Otros músicos como Elvis Presley, Kelly Clarkson o Josh Groban también la han versionado, pero la que yo os traigo es la versión de Frank Sinatra, cuya potente voz hace que inspire mayor melancolía.

La letra está escrita en forma epistolar. Un soldado que está en el frente escribe una carta a su familia diciéndoles que estará en casa por Navidad, así que les avisa para que cuenten con él. Pide que haya nieve, muérdago y regalos en el árbol. La carta termina con una pequeña nota melancólica, pues el soldado dice que estará en casa por Navidad, aunque sólo sea en sus sueños, por lo que se deduce que en realidad no va a estar allí y sólo podrá soñar con ello.

Y aquí es precisamente donde la canción nos llega al corazón. Todos los que vivimos lejos de nuestras familias sentimos la misma tristeza cada vez que llegan días señalados como la Navidad, pues es una fiesta que está pensada para reunir a la familia, pero por razones superiores a nosotros no puede ser. Cada año siento cómo una parte de mí se rompe un poquito porque no puedo volver a casa por Navidad; el trabajo no lo permite. Sé que todos están bien y son felices, pero echo en falta el estar con ellos, abrazarles, oír sus historias, pasar tiempo a su lado. Pero eso, por el momento, no es posible. Al igual que el soldado de la canción, sólo me queda soñar con que volveré a casa por Navidad.


¡Y hasta aquí por hoy, amigos! Os deseo una muy feliz Navidad, un próspero Año Nuevo y que vuestra felicidad sea eterna. ¡Un abrazo a todos!


octubre 27, 2025

Octubre de Misterios: El caso de los niños Sodder

 


En la víspera de Navidad de 1945, un incendio destruyó la casa de la familia Sodder en Fayetteville, West Virginia, Estados Unidos. Aquella noche, en la casa estaban George Sodder, su esposa Jennie y nueve de sus diez hijos. Durante el incendio, George, Jennie y cuatro de los nueve niños consiguieron escapar. Sin embargo, los cuerpos de los cinco niños restantes nunca fueron encontrados. Los Sodder creyeron durante el resto de sus vidas que los cinco niños desaparecidos habían sobrevivido.

Fayetteville es un pueblo pequeño y tranquilo en el que todo el mundo se conoce, y era mucho más pequeño en 1945, cuando los hechos que vamos a relatar a continuación tuvieron lugar. Sus poco más de mil habitantes por aquel entonces tenían que turnarse para llevar a cabo otras funciones además de su trabajo habitual; es decir, que un tendero podía ser a la vez agente de policía, o un zapatero formar parte del equipo de bomberos del lugar. Era un lugar muy pequeño escondido entre las montañas, donde los inviernos podían ser bastante duros, pero también donde la gente era muy agradable. Pese a lo recóndito de su emplazamiento, Fayetteville se convirtió en el destino predilecto de muchos inmigrantes europeos, la mayoría italianos, que habían viajado a Estados Unidos durante la gran migración de principios del siglo XX.

Uno de estos inmigrantes era Giorgio Soddu, nacido en Tula, Cerdeña, en 1895. Tenía trece años cuando llegó a Estados Unidos con su hermano, que regresó a Italia nada más poner un pie en el continente americano. En la aduana, Giorgio pareció haber tenido problemas para hacerse entender, pues en los registros y documentos de inmigración figurará desde entonces como George Sodder. Era un muchacho hábil y despierto. A pesar de su juventud, no le costó encontrar trabajo en los ferrocarriles de Pennsylvania llevando agua y suministros a los trabajadores. Después de unos años, tomó otro empleo más permanente como conductor de un camión en Smithers, West Virginia, lo que le ayudaría más adelante a fundar su propia empresa de camiones para transportar tierra de relleno a los lugares de construcción y carbón desde las minas de extracción.

A comienzos de los años 20, George conoció a Jennie Cipriani, hija de un tendero de Smithers que también había emigrado de Italia en su infancia. Tras un corto noviazgo, se casaron y se establecieron a las afueras de Fayetteville, en una casa con dos pisos. El negocio de George prosperó y la familia se convirtió en una de las más acomodadas y respetadas del lugar. El primer hijo llegó en 1923 y seguirían viniendo durante los siguientes veinte años hasta llegar a diez hijos. Los Sodder prosperaron con el paso de los años y fueron muy bien aceptados en Fayetteville, a lo que también contribuyó la fuerte implicación que tuvieron en su comunidad; George Sodder fue bombero voluntario en varias ocasiones y Jennie tenía fama de ser una trabajadora incansable. Sin embargo, George tenía fuertes opiniones sobre algunos temas controvertidos y no vacilaba en expresarse con gran vehemencia. En particular, su fuerte oposición al dictador italiano Benito Mussolini había dado lugar a discusiones con otros miembros de la comunidad emigrante.

Pero vayamos al año 1945. A pocos días de celebrarse la Navidad, la familia empieza a hacer los preparativos para el banquete de Nochebuena. La familia está reunida casi al completo: falta Joseph, el segundo hijo, quien tuvo que alistarse en el ejército para luchar en la II Guerra Mundial y todavía no podía regresar a casa. Pero la ausencia de Joseph no empañó la alegría general, pues el resto de hermanos sí se encontraban allí. Estaban John, de veintitrés años, y Marion, de diecinueve, los mayores de la casa; les seguían George Jr., de dieciséis años; Maurice, de catorce; Martha, de doce años; y Louis, de diez. Las pequeñas de la casa eran Jennie, Betty y Sylvia, de ocho, seis y dos años respectivamente. El ambiente era el propio de una familia numerosa en Navidad, con gran algarabía, risas y muchas ganas de diversión. Marion, que trabajaba en una tienda diez centavos en el centro de Fayetteville, incluso había sorprendido a sus hermanos pequeños con regalos. Era tanta la felicidad que reinaba en la casa que los niños le pidieron a su madre que les dejara acostarse más tarde de lo habitual.



Al dar las 10:00 de la noche, Jennie Sodder les dijo que podían quedarse despiertos un rato más, siempre y cuando Maurice y Louis se acordaran de guardar las vacas y dar de comer a los pollos antes de irse a la cama. Tanto George padre como sus hijos John, Marion y George Jr., que habían estado trabajando todo el día, ya estaban acostados y dormidos en la planta baja de la casa. Jeannie se fue a dormir también llevándose a la pequeña Sylvia con ella. Mientras tanto, en la planta de arriba estaban los hermanos Maurice, Martha, Louis, Jennie y Betty.

Alrededor de las 12:30 de la madrugada sonó el teléfono. La madre se despertó por el ruido y corrió a responder a la llamada, pero resultó ser una equivocación. La voz no le resultó familiar. Era de una mujer que preguntaba por alguien a quien Jennie no conocía, mientras se oían risas y tintineo de copas de fondo. Cuando Jennie le dijo que estaba llamando al número equivocado, la mujer profirió unas risas extrañas, por lo que Jennie colgó sin más. Antes de volver a la cama, reparó en que las luces seguían encendidas y las cortinas no estaban echadas, por lo que se entretuvo en dejarlo todo en orden antes de irse a dormir otra vez. Los niños, salvo Marion, ya no estaban allí; Marion dormía plácidamente en el sofá, y Jennie pensó que los pequeños habían subido ya al ático, donde tenían sus habitaciones.

A la 1:00 de la mañana, Jennie se despertó otra vez al oír que algo caía en el tejado de su casa, causando gran estruendo y ruidos de rodadura. Sin embargo, pensando quizá que era nieve que caía de los árboles, no le dio más importancia y volvió a quedarse dormida. Tan sólo media hora más tarde, la despertó su propia tos y, al incorporarse, se dio cuenta de que la habitación que George utilizaba como oficina estaba envuelta en llamas. Jennie dio la voz de alarma y George corrió a despertar a sus hijos mayores. Ambos padres y cuatro de sus hijos consiguieron escapar de la casa, pero los otros cinco seguían arriba. O eso creían, porque por mucho que les gritaron para que salieran de allí, nunca oyeron sus voces ni les vieron salir de sus cuartos. No podían subir por la escalera porque estaba ardiendo. George y Jennie se temieron lo peor.

Los esfuerzos por encontrar, ayudar y rescatar a los niños Sodder fueron inesperadamente complicados. Intentaron llamar por teléfono para pedir ayuda, pero el aparato no funcionaba porque el fuego había afectado al cableado telefónico, de modo que Marion tuvo que correr hasta la casa de un vecino para pedir ayuda. Un conductor que pasaba por la carretera cercana vio el incendio y trató de llamar desde una taberna cercana, pero tampoco tuvo éxito porque el teléfono del local estaba estropeado; al final, tuvo que hacer la llamada desde otro teléfono en el centro de la ciudad.



Mientras tanto, George Sodder no se quedó de brazos cruzados. Descalzo y a medio vestir, trepó por la pared y rompió una ventana del ático, cortándose el brazo en el proceso. Trató de usar una escalera para llegar hasta el ático y salvar a los niños, pero la escalera no estaba en su lugar habitual apoyada contra la casa y no se la pudo encontrar en ningún lugar. Un barril de agua que podría haberse utilizado para extinguir el incendio tampoco sirvió de nada porque el agua estaba congelada. Finalmente, desesperado, George trató de encender los dos camiones que usaba en su negocio y utilizarlos para llegar hasta la ventana del ático, pero ninguno de ellos arrancaba a pesar de haber funcionado perfectamente el día anterior.

Frustrados, los seis Sodder que habían conseguido escapar no tuvieron más remedio que contemplar cómo el fuego devoraba la casa durante los siguientes cuarenta y cinco minutos. Los bomberos no aparecieron hasta la mañana siguiente, cuando ya no había nada que salvar. El departamento de bomberos se excusó diciendo que la escasez de recursos humanos debido a la guerra había impedido que se llevara a cabo una mejor labor de ayuda y rescate. A todo esto se suma que el jefe F.J. Morris no sabía conducir el coche de bomberos y hubo que esperar a que alguien que pudiera conducirlo estuviera disponible.

Los Sodder estaban destrozados. A decir del jefe de bomberos, el fuego se habría originado por un fallo en el cableado eléctrico, pero esto no podía ser porque había varias luces encendidas cuando la familia escapó. Además, el propio George había hecho revisar semanas atrás la instalación eléctrica, que resultó estar en perfectas condiciones. Lo único que restaba por hacer era buscar entre los escombros los restos de los niños que habían tenido la desgracia de quedar atrapados durante el incendio. Pero resulta que tales restos mortales no aparecen por ninguna parte. No hay huesos calcinados, ni órganos internos, ni nada que pueda dar a entender que allí había cinco personas. Aunque algunos relatos afirman que el registro llevado a cabo por los bomberos fue bastante superficial, lo cierto es que no se encontró ningún resto humano. Morris insistía en que los niños habían muerto en el incendio, lo que sugiere que el fuego había alcanzado una temperatura tan alta que había carbonizado sus cuerpos por completo.

George quedó devastado al oír esto, pero algo le decía que eso no era del todo verdad. Acudió a una funeraria en donde se practicaba la cremación y pidió información al dueño acerca del funcionamiento del horno crematorio. El hombre le dijo que, para que un cuerpo quede completamente reducido a cenizas, la temperatura del fuego debe sobrepasar los 1000ºC y debe estar ardiendo entre dos y cuatro horas. Y, con todo, seguirían quedando algunos restos, como huesos, que en la funeraria se molían para reunir todas las cenizas. En otras palabras, que deberían haberse encontrado restos humanos entre los escombros calcinados de la casa Sodder.

Aunque Morris le dijo a George que no perturbara el lugar de los hechos para que el equipo de bomberos del estado pudiera hacer una investigación más exhaustiva, él no le hizo caso. Cuatro días después de lo ocurrido, incapaces de soportar la vista desoladora de lo que había sido su hogar, mandaron cubrir el lugar con tierra con la intención de convertirlo en un jardín conmemorativo para los niños perdidos. Los certificados de defunción de los cinco niños Sodder se expidieron el 30 de diciembre, y el funeral se llevó a cabo el 2 de enero de 1946. Ni George ni Jennie fueron capaces de asistir, aunque sí lo hicieron sus hijos sobrevivientes.



La vida siguió adelante en Fayetteville, pero para los Sodder todo había cambiado. Una vez pasados los primeros días de dolor y consternación, empezaron a surgir las preguntas. ¿Por qué, si el incendio había sido causado por un fallo eléctrico, las luces navideñas de la familia habían permanecido encendidas? ¿Por qué la escalera de George no estaba en su sitio y apareció días más tarde en el fondo de un terraplén a veintitrés metros de distancia? Un reparador de teléfonos les dijo a los Sodder que la línea telefónica de la casa no se había quemado durante el incendio, sino que alguien había subido al poste a propósito para cortar el cable. Se encontró a un sospechoso que había sido visto por el lugar robando en varias granjas. Admitió el robo y reconoció haber sido él quien había cortado el cable, pensando que era la línea eléctrica, pero juró que no había tenido nada que ver con el incendio.

Entonces, George sacó a colación un par de anécdotas que le habían sucedido en un pasado no muy lejano. En octubre de 1945, recibió la visita de un vendedor de seguros de vida que, después de ser rechazado, advirtió a George que su casa "se convertiría en humo y sus hijos iban a ser destruidos", atribuyendo todo esto a los comentarios desagradables que George había hecho sobre el dictador Mussolini. En otra ocasión, un visitante que había ido a ver a George para pedirle trabajo, aprovechó la ocasión para dar una vuelta por la propiedad de los Sodder y advirtió a George que un par de cajas de fusibles "provocarían un incendio algún día", cosa que extrañó a George porque la instalación era nueva y estaba en orden. Además, en las semanas previas a la Navidad, los hijos mayores habían visto un automóvil extraño estacionado a lo largo de la carretera principal que atraviesa la ciudad, con sus ocupantes observando a los niños pequeños Sodder mientras regresaban de la escuela.

¿Había sido el incendio provocado por alguna venganza o ajuste de cuentas? Surgieron pruebas que respaldaban la creencia de que el fuego había sido provocado intencionalmente. Un conductor de autobús que había pasado por Fayetteville en Nochebuena dijo que había visto a varias personas arrojar "bolas de fuego" a la casa de los Sodder. Meses más tarde, cuando la nieve se hubo derretido, Sylvia encontró entre la maleza un objeto pequeño, duro, de color verde oscuro, parecido a una bola de goma, que resultó ser un dispositivo incendiario de los que se usa en combate. Esto coincide con los ruidos que Jennie oyó en el tejado de la casa, y que ella identificó como nieve que caía y se deslizaba. Posteriormente, la familia afirmó que el incendio se había iniciado en el techo, pero para entonces no había forma de probarlo.

Pero lo más sorprendente vino cuando aparecieron testigos que afirmaron haber visto a los niños Sodder con vida. Una mujer que había estado observando el incendio desde la carretera, dijo que había visto a algunos de los niños Sodder mirando desde un automóvil que pasaba mientras la casa estaba en llamas. Otra mujer que trabajaba en un parador de descanso entre Fayetteville y Charleston aseguró que les había servido el desayuno a la mañana siguiente, y también notó la presencia de un automóvil con matrícula de Florida aparcado en la zona del estacionamiento.

Los Sodder contrataron los servicios de C.C. Tinsley, un investigador privado de la cercana ciudad de Gauley Bridge, para que investigara el caso. Tras unas cuantas pesquisas, Tinsley se enteró de que el vendedor de seguros que los había amenazado con un incendio unos meses atrás había formado parte del jurado forense que dictaminó que el incendio de la casa Sodder había sido un accidente. También se enteró de los rumores en Fayetteville de que, a pesar del informe que el departamento de bomberos había realizado sobre el caso asegurando que no habían hallado restos humanos, Morris había encontrado un corazón y lo había enterrado en secreto en una caja metálica. Hizo falta que George y Tinsley confrontaran a Morris para que éste les mostrara dónde había enterrado la caja. Llevaron el contenido de la caja al encargado de la funeraria, quien después de examinarlo les dijo que en realidad era un hígado de res fresco que nunca había sido expuesto al fuego. Más tarde, se dice que Morris había admitido después que él había colocado allí la caja con el hígado con la esperanza de que los Sodder lo encontraran y se sintieran satisfechos de saber que los niños habían muerto en el incendio.

George Sodder no se quedó de brazos cruzados esperando informes de avistamientos. A veces los hacía él mismo. Después de ver a una niña en una fotografía de una revista de jóvenes bailarinas de ballet en Nueva York que tenía cierto parecido con una de sus hijas desaparecidas, condujo hasta la escuela de la niña y demandó verla para corroborar sus sospechas, pero no se le permitió. Mientras tanto, se llegó a ofrecer una recompensa de diez mil dólares a quien encontrara a los niños Sodder desaparecidos. George hizo venir a peritos de varios estados para que participaran en la investigación, llegando incluso a contactar con el FBI, quien dedicaría dos años al caso antes de abandonarlo por falta de pistas. En 1949, un patólogo de Washington D.C. desenterró pequeños fragmentos de hueso que fueron identificados como vértebras humanas, todas del mismo individuo, posiblemente de Maurice Sodder por el rango de edad. Lo curioso es que, según el informe, estos huesos no parecían haber estado expuestos al fuego.

Mientras tanto, los avistamientos de los niños continuaron. Ida Crutchfield, una mujer que dirigía un hotel en Charleston, afirmó haber visto a los niños semanas después del incendio. Según sus palabras, los niños habían llegado acompañados de dos hombres y dos mujeres, todos los cuales parecían de "origen italiano". Afirmó que había intentado hablar con los niños pero, al recibir miradas hostiles por parte de los adultos, los pequeños no habían abierto la boca. En su momento, esta historia dio esperanzas a los Sodder de que los niños pudieran estar vivos y habían sido víctimas de un secuestro, pero los investigadores modernos no consideran que esta historia sea creíble, ya que la mujer sólo había visto fotos de los niños dos años después del incendio.

Hubo más historias. Una mujer de Saint-Louis afirmó que Martha Sodder estaba retenida en un convento. Un cliente en un bar de Texas aseguró haber escuchado a dos personas haciendo declaraciones incriminatorias sobre un incendio provocado en Nochebuena en West Virginia. Cuando George tuvo noticias de que un pariente de Jennie en Florida tenía hijos que se parecían a los Sodder, el pariente tuvo que demostrar que los niños eran suyos para que George se sintiera satisfecho. En 1967, los Sodder recibieron una carta con matasellos de Central City, Kentucky, sin remitente. Dentro había una foto de un joven de unos treinta años con rasgos muy parecidos a los de Louis. En el reverso estaba escrito:

Louis Sodder

Amo al hermano Frankie

Chicos ilil

A90132 o 35





La familia contrató a otro detective privado para que investigara la misiva, pero él nunca informó a los Sodder y no pudieron localizarlo después. Sin embargo, la foto les dio esperanzas. La agregaron a la valla publicitaria en la que mostraban las imágenes de sus hijos desaparecidos e incluso colocaron una copia ampliada de la foto enmarcada sobre su chimenea. Los Sodder no dejaron de buscar a sus hijos hasta el último día de sus vidas. George murió en 1969. Jennie y sus hijos sobrevivientes, excepto John, que nunca habló de la noche del incendio sino para decir que su familia debería aceptarlo y seguir con sus vidas, continuaron buscando respuestas a sus preguntas. Jennie se quedó en la casa familiar colocando cercas alrededor y agregando habitaciones adicionales. Durante el resto de su vida vistió de luto riguroso y cuidó el jardín donde había estado su antigua casa. Murió en 1989.

A día de hoy, seguimos sin saber con exactitud lo que ocurrió en aquel incendio. Una de las teorías que surgiría fue la de la venganza, una venganza política. George había manifestado públicamente muchas veces su rechazo y oposición a Mussolini, y quizá había provocado las iras de algunos inmigrantes italianos que admiraban al dictador. Pero también cabe la posibilidad de que la mafia estuviera implicada. Aunque Fayetteville era un pueblo pequeño y tranquilo, George Sodder viajaba a menudo por motivos de trabajo. Era un hombre muy visible y muy próspero, algo que suele llamar mucho la atención. ¿Cabe la posibilidad de que la mafia hubiera querido extorsionarle para obtener algún beneficio de su negocio de camiones y que se vengara de él provocando el incendio que destruyó su casa y su familia? Pero, si en realidad los niños fueron secuestrados, la pregunta que hay que hacerse es cómo lo hicieron. Había seis personas en la planta inferior de la casa que pudieron haber escuchado ruidos extraños. Si Jennie Sodder se despertó por haber oído la caída de un objeto en el tejado, ¿no se hubiera despertado con más razón si hubiera escuchado los gritos de sus hijos al ser llevados contra su voluntad? ¿O tal vez los niños salieron de la casa antes del incendio, quizá porque algo en el exterior llamó su atención, y se los llevaron? También llama la atención que, si es verdad que fueron secuestrados, nunca intentaran ponerse en contacto con la familia de manera más directa. La teoría más plausible, la que defiende el secuestro de los niños Sodder, admite que éstos seguramente fueran asesinados y sepultados en tumbas sin nombre. Pues, ¿qué peor castigo puede haber para un padre que no saber nunca qué fue de sus hijos?




octubre 20, 2025

Octubre de Misterios: El Niño de Somosierra

 


El caso del Niño de Somosierra sigue siendo, casi cuatro décadas después, uno de los misterios más impactantes de la crónica negra de España. El niño Juan Pedro Martínez, que viajaba con sus padres, desapareció sin dejar rastro, como si se lo hubiera tragado la tierra. Ni una huella, ni una prenda, ni una pista. Nada. Este caso fue uno de los más sonados de este país tanto por la tristeza que provoca la desaparición de un niño como por los detalles oscuros que había detrás de su familia.

Sucedió en el año 1986. Juan Pedro Martínez Gómez, que por entonces tenía cerca de diez años, acababa de finalizar el curso escolar. Era un niño conocido por tener buen carácter y ser muy aplicado en sus estudios. Aquel año se había dedicado con afán a la escuela y por ello sus notas habían sido muy buenas, por lo que su padre decidió que merecía un premio. Andrés Martínez Navarro, de treinta y seis años, camionero de profesión, le había prometido a Juan Pedro que le llevaría con él de vacaciones en su próximo viaje, junto con su esposa Carmen Gómez Legaz, de treinta y cuatro años, si sacaba buenas notas en fin de curso. Como esto se había cumplido, empezaron con los preparativos para hacer un viaje en familia.

El destino era Bilbao, en el norte de España. Andrés tenía que llevar un camión cisterna cargado con más de 20.000 litros de ácido sulfúrico, pero el hecho de que fuese planeado como un viaje tranquilo quizá no le hizo ver los riesgos que corrían. La familia partió el 24 de junio. El trayecto desde Murcia era largo, pero se lo tomaron con calma, haciendo frecuentes paradas por el camino para comer, dormir en la cabina del camión o disfrutar de los paisajes de España. Se sabe, por testimonios de varias personas que les vieron, que hicieron al menos tres descansos por el camino. Uno de los lugares donde estuvieron fue en Las Pedroñeras, municipio situado al suroeste de la provincia de Cuenca, en un área de servicio. El último lugar donde se les vio fue en el restaurante de carretera Mesón Aragón, más conocido como El Maño, ubicado a la entrada de Cabanillas de la Sierra, iniciando la subida hacia Madrid.

Pero sería en la bajada donde ocurriría la tragedia. En torno a las 6:30 de la mañana del día 25 de junio, los servicios de emergencia reciben la noticia de que un camión se ha salido de la vía, ha volcado y ha derramado todo el contenido de la cisterna, que es altamente tóxico y corrosivo. En poco tiempo, los servicios de emergencia llegan al kilómetro 95 de la N-I, en la bajada del puerto de Somosierra. Tras detener el flujo del ácido sulfúrico con cal viva, consiguen acceder por fin a la cabina del camión. Allí encuentran los cuerpos de Andrés y de Carmen. Ambos habían muerto en el acto y presentaban politraumatismos severos. La cabina estaba destrozada por el accidente y parte del ácido sulfúrico había caído sobre los cuerpos, causando fuertes erosiones y quemaduras. La Guardia Civil llama a la familia del camionero para dar parte de la triste noticia. Es la abuela de Juan Pedro la que coge la llamada y hace la pregunta que lo cambiará todo: ‘¿Y el zagal?’



La Guardia Civil no tiene respuesta para esa pregunta. En el accidente sólo se han encontrado dos cuerpos, pero ni rastro de un tercero. La insistencia de la anciana en que su nieto acompañaba a sus padres en el viaje hace saltar las alarmas. Se vuelve a buscar en la cabina, se sigue el rastro del ácido sulfúrico, se busca por los alrededores, se hacen batidas… pero Juan Pedro no aparece. La Guardia Civil, entonces, formula una hipótesis: el ácido que entró en la cabina desintegró por completo el cuerpo del niño, mucho más pequeño y frágil que el de dos adultos. Sin embargo, a esta hipótesis le sigue un problema. Y es que los científicos forenses dan su informe y, aunque todos coinciden en que el ácido sulfúrico es altamente corrosivo y capaz de disolver los tejidos blandos, resulta que se necesitan varias semanas para que el proceso de disolución sea total. Se había probado que la carne y los músculos sí se disolvían rápido, pero no ocurría lo mismo con huesos y dientes, pues resistían el efecto del ácido sulfúrico durante más tiempo. En el tiempo en que se había tardado en buscar a Juan Pedro era imposible que se hubiese desintegrado.

La Guardia Civil dio comienzo a una investigación. Lo primero que hicieron fue corroborar que el niño, efectivamente, viajaba en el camión con sus padres. Como tanto los familiares y varios testigos los habían visto a los tres juntos, esto quedó confirmado sin la menor duda. Además, en el interior del camión se encontró una zapatilla y varias prendas de niño. Quedaba ahora averiguar si el vehículo había tenido algún percance. No se encontró ninguna avería ni problema de frenos; de hecho, hacía poco que había pasado una inspección y puesta a punto, precisamente de cara a este viaje. El tacógrafo, un dispositivo que recoge todos los sucesos originados en un vehículo de transporte terrestre, fue analizado para estudiar los últimos movimientos del camión cisterna, con la esperanza de encontrar ahí alguna explicación para el accidente.



Sin embargo, lo que descubren es muy extraño. En la subida hacia el puerto de Somosierra, el camión de Andrés había efectuado doce paradas breves, de entre diez y quince segundos. Todas las paradas se hicieron sin salir de la carretera. Dada la hora a la que sucedió el accidente, sobre las 6:30 de la mañana, se descartó que hubiese sido por un exceso de tráfico, pues a esas horas había muy pocos vehículos en la carretera. Algunos testigos que se cruzaron con el camión lo vieron detenido y una furgoneta blanca haciéndole ráfagas con los faros; esa misma furgoneta blanca también fue vista delante del camión frenando adrede para que el camión redujese la velocidad. Incluso algunos testigos afirmaron que habían bajado varios individuos de la furgoneta, vestidos con batas blancas, y se habían llevado con ellos al niño. Pero, por mucho que se investiga, esa furgoneta no aparece nunca.

Al llegar a lo alto del puerto y comenzar la bajada, el tacógrafo indica que el camión de Andrés alcanza una velocidad de 140 kilómetros por hora, una auténtica temeridad dada la carga que transportaba y lo tortuoso de la carretera. A esa velocidad rebasa a dos camiones, pero un tercero se le aparece de frente y trata de eludirlo. El accidente, pues, fue inevitable. En una de las curvas, Andrés perdió el control del camión, volcó y acabó en el terraplén de la cuneta.

¿Por qué sucedió esto? Andrés era un camionero profesional, con muchos años de experiencia a sus espaldas, por lo que parece increíble que no supiera el enorme riesgo que estaba corriendo o la imprudencia de sus actos, más teniendo en cuenta que viajaba con su propia familia. Pero una investigación más exhaustiva saca a la luz un hecho bastante oscuro. Según se decía en la familia, Carmen había comentado en cierta ocasión que su marido estaba recibiendo presiones para que transportara droga en su camión. Se hablaba de que había algunas bandas, entre ellas la banda terrorista ETA, que se financiaban con el dinero del tráfico de estupefacientes. Es posible que Andrés estuviese vinculado de alguna manera con algunos miembros de una de estas mafias y, quizá porque tenía deudas que pagar, aceptase algún que otro encargo por el que recibía bastante dinero.

María Teresa Martín, la jueza del Juzgado de Colmenar Viejo de aquel entonces, mandó que el camión fuese llevado a un desguace y revisado de cabo a rabo para averiguar si había algo que pudiese vincularlo con el tráfico de drogas y, al mismo tiempo, para ver si había algún indicio de lo que pudo haberle sucedido a Juan Pedro. Se empieza a desguazar el camión y se encuentran restos de una carga de heroína ocultos en una de las cisternas, pero no se pudo saber si la había puesto Andrés allí o si alguien la había colocado sin que él tuviera conocimiento de ello. De Juan Pedro seguía sin saberse nada.



Empezaron entonces las especulaciones, muchas de las cuales siguen hasta el día de hoy. Se cree que, durante su parada en el mesón El Maño, una o varias personas introdujeron esta carga de droga sin que la familia lo supiera; al retomar el viaje, estas personas siguieron al camión hasta que consiguieron hacerlo parar, secuestraron a Juan Pedro como seguro y obligaron al padre a que siguiese viajando hasta Bilbao con la carga de heroína. El problema es que las paradas son demasiado cortas como para que dé tiempo a detener un camión tan grande, amenazar a los padres, llevarse al niño y volver a iniciar la marcha. La última parada, de unos treinta segundos, quizá pudiese adecuarse a esta hipótesis. El resto ya lo sabemos: al comenzar la bajada, Andrés acelera el camión para no perder de vista la furgoneta en la que se llevaban a su hijo y, debido al nerviosismo y la alta velocidad a la que va, pierde el control del camión y se produce el fatal accidente.

Una teoría similar, planteada a partir del testimonio de pastores y testigos del accidente, fue que un matrimonio de acento extranjero, compuesto por un señor alto de mediana edad y una señora mayor que afirmaba ser enfermera, llegaron en una furgoneta Nissan Vanette blanca, se bajaron y registraron el camión, sacaron un bulto del mismo y lo cargaron en su vehículo, alejándose rápidamente del lugar. Este bulto sería el propio Juan Pedro Martínez. Pero aunque la Policía investigó miles de furgonetas que coincidían con la descripción, no hubo resultados concluyentes. La última “pista” que se podría tener de Juan Pedro es a través del reporte del dueño de una autoescuela en Madrid, quien afirmó en 1987 haber visto a una anciana ciega de origen iraní acompañada de un niño idéntico a Juan Pedro entrar en su autoescuela y pedir información acerca de la embajada de Estados Unidos.

Otra teoría es que alguien, simplemente, se lo llevó. Alguien que, por casualidad o con intención, estaba siguiendo al camión, fue testigo del accidente y se llevó a Juan Pedro, herido pero vivo, con la intención de dejarle en algún hospital. Sin embargo, el nombre de Juan Pedro Martínez no quedó registrado en ningún hospital, ni ese día ni en los sucesivos. La hipótesis que se baraja es que murió durante el trayecto a causa de sus heridas, y sus rescatadores, sin saber muy bien qué hacer, se deshicieron del cuerpo o lo enterraron en una tumba sin nombre, guardando silencio al respecto para no ser acusados de secuestro.

Desde entonces, nada se ha sabido del paradero de Juan Pedro Martínez. La Interpol describe el caso como uno de los más extraños de Europa. Juan García Legaz, pariente de la familia, es un firme defensor de la teoría del secuestro. Durante años llevó a cabo sus propias investigaciones, recorriendo cada kilómetro de la ruta seguida por el camión, hablando otra vez con cada testigo, consiguiendo incluso su propia copia del tacógrafo para poder comprobar una y mil veces cada incidencia. Llama la atención lo mucho que el camión tardó en hacer el trayecto, pues emplearon una hora y 23 minutos para cubrir menos de 50 kilómetros, tardanza que sólo se explica si había otro vehículo delante del camión frenando continuamente para forzar las detenciones. Esa noche había un control policial al pie de Somosierra y aquí es donde la hipótesis de que estaban siendo vigilados y escoltados por delincuentes relacionados con el narcotráfico cobra más fuerza: quizá los miembros de la banda le pidieron a Andrés que transportara un alijo de droga hasta cierto destino y se llevaron a Juan Pedro como fianza hasta que el trabajo estuviese hecho.

A pesar de que la causa se archivó en 1992, los investigadores nunca tiraron la toalla respecto a este caso. Con el consentimiento de los familiares, se puso en marcha el Programa Fénix, diseñado para la identificación genética de personas desaparecidas. En ese programa, la Guardia Civil volcaba perfiles genéticos de familiares desaparecidos de forma periódica en el repaso de casos pendientes de resolver; a día de hoy, esto se sigue haciendo con regularidad. Fue así como, en 2015, el sistema saltó al detectar coincidencias genéticas del ADN de la abuela de Juan Pedro con unos restos humanos hallados en Guadalajara. Sin embargo, la proporción de marcadores coincidentes era demasiado baja y la pista quedó descartada. Aunque se hicieron diligencias para tomar el ADN de los padres y se contaba con el permiso de los familiares, el Juzgado de Instrucción nº1 de Colmenar Viejo negó varias veces la petición y no dio más explicaciones.

Y el misterio continúa a día de hoy. Demasiadas preguntas sin respuesta: ¿Qué pasó con Juan Pedro? ¿Fue secuestrado y enviado a Alemania, como creyeron algunos? ¿Los secuestradores se lo arrebataron a la familia como garantía de su colaboración o el padre los llevó consigo a propósito, pensando ingenuamente que así no le harían nada? Si es verdad que se trataba de un asunto de drogas, ¿por qué los supuestos delincuentes no se llevaron la heroína después del accidente? ¿Quiénes eran aquellos individuos vestidos con batas blancas que pululaban por el lugar después del accidente? ¿Qué fue lo que se llevaron?

Tres testigos del accidente fallecerían tiempo después, uno de ellos por un choque frontal y los otros dos atropellados por un vehículo de las características de la Vanette, aunque estas investigaciones se cerraron con la conclusión de que fueron mera curiosidad. La autovía A-1 sustituyó a ese peligroso trazado de la N-I, que actualmente termina en un camino de tierra sin continuidad y ha quedado relegado al acceso a fincas de propiedad privada.

De Juan Pedro, por desgracia, no se supo nada más.