abril 08, 2015

Aquellos inolvidables 90...


¡Hola a todos!

Hace unos días, mientras hacía limpieza por los cajones, llegó a mis manos un álbum que tenía varias fotos mías (de bastante mala calidad) de cuando yo era pequeña. Los años que cubría el álbum iban desde 1986 hasta el 1991, desde que era un rechoncho bebé hasta la fiesta de mi quinto cumpleaños. Movida por esa curiosidad que provoca el recuerdo, me senté en el suelo y repasé todas las fotos una por una, rememorando momentos que ya creía olvidados, volviendo a ver las caras de los que ya me han dejado, y sonriendo al reconocer los rostros infantiles que el tiempo fue cambiando y convirtiendo en adultos.

Cuando terminé de ver las fotos y cerré el álbum, me quedé un rato en silencio, pensando en todo lo que he dejado atrás, todo lo que el tiempo se llevó para siempre. Muchas veces habréis oído decir que tal o cuál generación ha sido la mejor del siglo, aunque la palma se la llevará sin lugar a dudas la generación de los 80, como si fuera la mejor del mundo. Parándome a pensar un poco, me di cuenta de que todos tienen algo memorable sobre la generación a la que pertenece: que si la música revolucionaria, que si la moda estrafalaria, que si una actitud provocadora y rebelde... 

Sin embargo, nadie habla de los años 90 como una década memorable. Y esto me fastidia. Aunque nacida en los 80, la mayor parte de mis recuerdos pertenecen a la década de los 90 y, aunque he pasado por momentos malos, tengo que reconocer que también ha habido momentos muy buenos. Pero, por alguna razón, los 90 no han pasado a la historia como una década digna de ser recordada.

Por eso, tanto para recordar lo que yo hacía como para devolverle a los 90 su justo lugar en la historia colectiva, he preparado esta humilde entrada centrándome en los cinco pilares básicos en los que un niño noventero basaba su existencia: Televisión, libros, música, juegos y chucherías. Pido perdón de antemano, pues este repaso habla sobre todo de mí, de las cosas que yo veía o leía, así que habrá muchas cosas que se queden fuera. Puede que no me haya quedado todo lo completa que quería, pero he disfrutado mucho escribiéndola. Espero que vosotros disfrutéis también leyéndola.

¡Allá vamos!


Televisión




Aunque a día de hoy parece difícil de imaginar, en los años 90 no existía Internet como tal. Por entonces todavía empezaba a configurarse esa red de información mundial que nos conecta a todos y nos proporciona un sinfín de diversión de muchas y muy variadas formas. Entonces, ¿qué hacíamos los niños de los 90 para divertirnos? Pues dos cosas: salir a la calle a jugar o ver la televisión.

Ya sé que suena mal, pero no me queda de otra que admitirlo: Cuando era pequeña, me gustaba más ver la televisión que salir a la calle. No me pararé a comentar los porqués de mi preferencia por la caja tonta, porque la verdad es que no tiene importancia. Todos los noventeros disfrutábamos de la televisión, y no pocos programas que se emitieron durante esos años fueron adaptados para jugar en la calle con nuestros amigos y vecinos. Así que se puede decir que la tele era una fuente de inspiración para jugar a algo más entretenido que el escondite o el zapatito inglés.

¿Qué se veía en los 90? En primer lugar, dibujos animados. Imprescindibles. Un niño que se precie ha tenido que ver como mínimo diez series de dibujos animados para considerar que ha tenido una infancia como Dios manda. De todos ellos, hay que mencionar la franquicia obligada: Disney. Podría citar un amplio catálogo de películas Disney de los 90, pues esta fue una de sus épocas de mayor esplendor, pero sólo me quedaré con aquellas que más me han gustado, que fueron La Sirenita, Aladdín, El Rey León y, por supuesto, La Bella y la Bestia, mi favorita con diferencia. Era habitual que mi madre me grabara las películas en una cinta de vídeo para que yo pudiera verlas una, y otra, y otra, y otra vez, hasta rayar la cinta (los que ahora son padres seguro que saben de qué estoy hablando, XD). Además, los fines de semana teníamos también el Club Disney, un programa que emitía cortos y series nacidas de la grandiosa factoría que tantas ilusiones nos ha traído.

Pero no sólo de Disney vivíamos los noventeros. A mí especialmente me gustaba también ver contenidos de calidad, cosas con las que se pudiera disfrutar y aprender al mismo tiempo. Por eso me hice fan absoluta de toda la saga Érase una vez…, que nos enseñaba con una maestría insuperable la historia del hombre, los entresijos del cuerpo humano, las vicisitudes de los inventores o la conquista del espacio. Otras series que me gustaban mucho eran La aldea del arce, La banda de Mozart, Los Trotamúsicos, Mofli, el último koala y Oliver y Benji, auténticos portentos de la animación.

El anime también hizo su aparición por estos años, sobre todo con la fundación de las cadenas Antena 3 y Telecinco, que vivieron una edad de oro en la que emitieron lo más nuevo entre las series de anime de aquel tiempo. Así, joyas como Sailor Moon, Ranma ½ o El misterio de la piedra azul se hicieron un hueco en mi corazón. Aunque sería posteriormente, a finales de los 90, cuando me enamoré perdidamente de series como La familia crece y Sakura, cazadora de cartas, los grandes pilares de mi pasión por lo japonés.

Y esto no es todo. Como niña gallega de los 90, he recibido un plus de dibujos animados gracias a la aparición en aquellos años de un programa infantil que sólo se emitía en la cadena regional, y que muchos niños de ayer todavía recuerdan con cariño. El Xabarín Club era el equivalente al Club Megatrix del resto de España, pero en versión Galicia profunda. En este programa se emitieron grandes series de dibujos animados cuyas melodías (en gallego, por supuesto) se han convertido en una seña de identidad. Además, entre serie y serie había concursos y canciones, además de un apartado destinado a felicitar a los socios que ese día estaban de cumpleaños.

¿Y qué pasa con las series y películas? Tranquilos, que no me he olvidado. Aunque cuando era pequeña me gustaba más ver dibujos animados, he tenido la oportunidad de ver alguna que otra serie. Entre mis favoritas estaban Punky Brewster, California Dreams y Las gemelas de Sweet Valley (esta última me encantaba). Entre las películas, debo poner por encima de todo lo habido y por haber la fantástica saga de Indiana Jones, cuya música ya me alegraba el día.

En cuanto a programas de televisión, concursos y demás, hace tiempo le dediqué un ranking especial a esos programas memorables de los 90: Qué Apostamos, El Gran Juego de la Oca, La Noche de los Castillos… Todos son imprescindibles, pues no concibo mi infancia sin ninguno de esos programas.


Libros




Resulta un poco triste tener que admitir que alguien como yo, que presume de haber leído mucho y de todo, apenas haya tocado un libro mínimamente decente en los 90. Pero se me puede perdonar si tenemos en cuenta que los años 90 me pillaron entre los 4 y los 14 años, momento en el que no se suelen leer grandes obras literarias. A ver, no era cuestión de ponerme a leer El Buscón a los diez años, ¿no?

Sin embargo, leía mucho. Una vez más, Disney vuelve a aparecer en la lista, porque tenía todos y cada uno de los cuentos de la colección, que solían salir a la venta cada vez que la factoría sacaba una nueva película. Todas las noches me cogía un cuento de esos y lo leía yo sola (mis padres nunca leyeron conmigo) hasta que me quedaba dormida.

En el colegio teníamos una pequeña biblioteca que tenía un sinnúmero de libros de la colección Leo Leo y El Barco de Vapor, que eran mis favoritas. Los de Leo Leo además traían un apartado dedicado a juegos relacionados con la historia que acababas de leer, aunque me fastidiaba que los crucigramas siempre estuvieran hechos. De todos los libros que he leído, recuerdo con especial cariño un libro del Barco de Vapor titulado Querida Susi, Querido Paul, que consistía en una serie de cartas entre dos niños que habían tenido que separarse. Otros títulos que me gustaban mucho eran todos los que tenían algo que ver con El Pequeño Nicolás (no el de ahora, por favor), un niño muy travieso cuyas ocurrencias siempre me hacían reír. También me gustaban, por los gustos que heredé de mi madre, libros como Mujercitas y Pollyanna, con los que desarrollé mi gusto por la novela del siglo XIX. Y, cómo no, no podían faltar los imprescindibles libros de Roal Dahl, el escritor de los niños por excelencia. Recuerdo con gran nostalgia Las Brujas y Matilda, que me encantaban (aunque las películas fuesen un asco).

Pero si había algo que me gustaba leer por encima de todo eran los cómics. Pero no los cómics de superhéroes tipo Marvel o DC Cómics, sino los de toda la vida. Ahí están por ejemplo Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, 13 Rue del Percebe, Pepe Gotera y Otilio, Carpanta… De mi madre y mi tía heredé también una pequeña colección de cómics de Esther y su mundo, que contaba las aventuras diarias de una jovencita adolescente (algunas eran bastante rocambolescas, pero me encantaban). También me gustaban mucho Mafalda, Daniel el travieso, Lucky Luke y Astérix el galo, que eran imprescindibles para leer durante el fin de semana. Eso sí, a pesar de su fama, nunca he podido soportar a Tintín. Ya sé que parece una blasfemia pero… nunca me ha gustado.


Música




El apartado de música me ha costado mucho elaborarlo porque, aunque he escuchado mucha música en mi infancia, algunos títulos o grupos no los recuerdo demasiado bien, sobre todo los de edad temprana. Por eso puede que me quede un poco corta al mencionar la música que se podía escuchar en los 90, pues recuerdo mejor la que ya se escuchaba a finales de dicha década y principios del 2000.

Yendo por orden cronológico, mi primer grupo favorito fue Bom Bom Chip. Aquí no hay medias tintas. Cualquier niño de los 90 ha tenido que escuchar algún éxito de este grupo infantil que no tiene que envidiarle nada a otros grupos que salieron posteriormente, como SJK o los niños de OT Júnior. Éxitos como Toma mucha fruta o Miércoles eran mis preferidos para escuchar en el walkman (regalo de mi primera comunión). Aunque se trataba de canciones infantiles, si ahora les dedicáramos un segundo audio veríamos que las letras no eran tan inocentes como nos podían parecer en un principio. ¡Os animo a que hagáis la prueba!

Aunque no es habitual que los hijos compartan los gustos musicales de sus padres, aquí tengo que hacer una pequeña excepción. Gracias, sobre todo, a mi madre, desarrollé un gusto muy temprano por la música de los Beatles y de algunos éxitos de la música disco de los 70 y 80. Todavía conservamos en casa discos de vinilo de Michael Jackson (me encantaba la canción Black or White) y de temas de bandas sonoras de películas de finales de los 80 y principios de los 90, como podían ser Tomates Verdes Fritos, Regreso al Futuro, Armas de Mujer o Dirty Dancing. Por supuesto, todas las Semanas Santas era obligatorio escuchar de cabo a rabo la banda sonora de la ópera rock Jesucristo Superstar (costumbre que conservo todavía hoy); la cosa se completó cuando le regalé a mi madre la banda sonora en inglés, por lo que a partir de entonces pasamos a escucharla en los dos idiomas.

Entramos ya en los años de la adolescencia, época de gran confusión con todo el medio que nos rodea, y la música no podía ser menos. Son los años en los que se empieza a llevar el pop baratillo y la música bakalao. Entre mis grupos favoritos estaban las famosas bandas de cinco miembros, como las Spice Girls y los Backstreet Boys. También se oía hablar de Take That, Oasis, Blur y Boyzone (este último grupo había que odiarlo a muerte), aunque no me llamaban mucho la atención. En cambio, me gustaba mucho Bon Jovi; en el colegio, las niñas recortábamos las fotos de los famosos que nos gustaban y luego nos las intercambiábamos, pero nadie quería mi foto de Bon Jovi porque no era “guapo” como Brad Pitt. Daba igual que yo les dijera que era un cantante muy bueno y que su música era una pasada: como no era guapo, no les valía. ¡Pues ellas se lo pierden!

Aunque ahora soy heavy, confieso que todavía se me derrite el corazón al escuchar una canción de mi época de adolescente. Prueba de ello es mi sonrisa de oreja a oreja al oír las primeras notas de alguna canción de Vengaboys, Eiffel 65, Ann Lee o Gigi d’Agostino, que era el rey del technodance por aquel entonces. Personalmente, si tuviera que quedarme con un grupo de mi adolescencia temprana, sería Aqua y su éxito Barbie Girl. ¡Me encantaba ese grupo! Entre los chicos de mi clase se llevaba más el techno que otra cosa, como prueban las innumerables grabaciones en cinta de éxitos de discotecas temáticas como Chasis o Scorpia, aunque también había algún éxito de Pont Aeri.

Una cosa curiosa es que este tipo de música, a pesar de lo chusca que era, consiguió estimular el talento musical de más de un adolescente. O si no, explicadme por qué todos los chicos de mi clase iban por los pasillos del instituto interpretando a la flauta el L’amour toujours de Gigi d’Agostino o el Flying Free de Pont Aeri, hasta que nos sangraban los oídos ¡Eso sí que era música celestial! Eso sí, debo añadir en su descargo que también se atrevían a tocar Fiesta Pagana a la flauta. Mägo de Oz fue también uno de los grupos que más arraigo tuvo para mí en los 90, aunque ya a finales de la década.


Juegos




Pasemos ahora al apartado lúdico, tan querido y recordado por los niños de ayer. ¿Y qué tengo que decir de los juegos de mi infancia? Bueno, puede que no mucho. Yo era una niña bastante solitaria, en parte porque no acababa de congeniar con mis vecinas. Por suerte, en esta década tuve la suerte de conocer a la que todavía hoy es mi mejor amiga (y que sea por muchos años más, ^^*), con la que compartía mis gustos y jugué a todo lo habido y por haber.

Una de las cosas que más me gustaba hacer cuando no llovía era salir a la calle con mis patines y pasarme toda la tarde recorriendo el pueblo sobre ruedas. Tuve dos pares de patines: unos normales y otros en línea, y no dejé de usarlos hasta que crecí y se me quedaron pequeños. Hoy en día sigo agarrando los patines de vez en cuando para echar un par de carreras. Pero no esperéis de mí que me ponga a hacer filigranas o cosas raras. Yo me conformo con deslizarme por la pista y no perder el equilibrio para darme un piñazo (aunque no soy tan patosa en ese sentido).

Me gustaba mucho jugar con mis muñecas, sobre todo con la Barbie, el Nenuco y el Barriguitas. Lo malo es que a mí no me compraron mucha ropa para la Barbie (era muy cara), así que tenía que conformarme con la que heredé de las muñecas de mi madre, que estaba pasadísima de moda. Así que mis muñecas siempre eran las más horteras, con brillos por doquier y chaquetas con hombreras descomunales. Con el Nenuco y el Barriguitas pasaba tres cuartos de lo mismo. La ropa que tenía para ellos estaba vieja y un poco ajada, pero para el caso servía igual.

Otra cosa que me encantaba eran los Pin y Pon. En realidad, todo lo que fuera pequeño y cuco me gustaba. Sentía una gran pasión por las cositas pequeñas y adorables, y uno de mis sueños no cumplidos era tener una casa de muñecas de estilo antiguo. Yo le llamaba a eso “jugar con las miniaturas”, y me tiraba horas inventándome historias para aquellos pequeños personajillos cabezones de pelo rosado. Mis juguetes favoritos eran mi maletín de Pin y Pon, una casita de muñecas rosa, un libro-escuela y un castillo con su princesa y todo. Por supuesto, me encantaban las polveras de Polly Pocket, aunque yo no tenía ninguna (demasiado caras), pero me conformaba con que mi mejor amiga me prestara la suya de vez en cuando. Ella también tenía una de esas muñecas-cupcake que, si la doblabas, parecía una magdalena gigante, pero si la desdoblabas encontrabas una muñeca que olía a dulce. No conseguí hacerme con una de ellas porque no tenía ni idea de dónde se compraban; una vez más, mi amiga me dejaba jugar con la suya.

Las colecciones de cromos Panini hicieron furor en la década de los 90. La mayoría tenían que ver con las películas de Disney que todos habíamos visto y nos sabíamos al dedillo, pero también podías encontrar álbumes de fútbol o de la Barbie. Yo llevaba varias colecciones y me dejaba gran parte de mi paga en sobres de cromos, pero sólo conseguí completar el álbum de La Bella y la Bestia. Con los cromos repetidos era habitual hacer montones, llevarlos al colegio e intercambiarlos con otras niñas que también estaban haciendo la colección. Los vocablos sipi y nopi pasaron a formar parte de nuestra jerga infantil, cosa que irritaba a los adultos, que no entendían por qué no hablábamos como personas normales. ¡Qué sabrían ellos!

Aparte de los cromos, estaban también los tazos, esos discos de plástico con dibujos por una cara y una descripción por la otra, que tenías que apilar hasta formar una torre y luego derribar con otro tazo. Los que caían cara arriba te los podías quedar, y con los otros volvías a hacer la torre para seguir jugando. Pero a mí no me gustaba jugar con los tazos porque se rayaban y se borraba el dibujo. Yo prefería atesorarlos y enseñárselos a mis compañeros de clase. Si tenía algunos tazos viejos, jugaba con ellos como debía ser, pero nunca hacíamos eso de quedarnos con los tazos del otro; tenías que comprar muchas bolsas de aperitivos para hacerte una colección un poco respetable, y no estaban las cosas como para andar gastando tanto.

Los juegos de mesa fueron una de mis grandes pasiones en los 90, y todavía conservo la mayoría de ellos. Me encantaba jugar a La herencia de tía Ágata, a Línea Directa, al Monopoly o al Hotel. Era genial cuando nos juntábamos unos cuantos para poder jugar y, entre todos, montábamos el juego con los accesorios que traía. Para jugar en solitario, tenía el Diseña la moda, un par de juegos de la serie Nova, una cocinita de juguete con un gran menaje, un diábolo, un Tamagotchi e infinidad de peluches.

Tirando más a la adolescencia, empecé a sentirme maravillada por los videojuegos, y todavía más cuando salió a la luz la Nintendo 64, que no me compraron a pesar de haberla pedido cien mil veces. ¿Y por qué quería la Nintendo 64? Pues para jugar a joyas como Mario 64, Banjo-Kazooie y el magnífico The Legend of Zelda: Ocarina of Time. Adoraba esos juegos con toda mi alma, y llegué a pasarme los tres, porque mi primo sí que tenía la Nintendo 64 y nuestros vecinos le prestaban juegos. De hecho, por culpa del Ocarina of Time me entró la perra de tener, entre otras cosas, un tirachinas (los fans del juego ya sabéis de qué estoy hablando, ^^*), que conseguí en un Todo a cien, convirtiéndome en un peligro para el barrio porque mi puntería dejaba bastante que desear.


Comida y chucherías




Y, después de un largo día viendo la tele, leyendo historias de fantasía, oyendo música pegadiza y jugando hasta que te llamaban para cenar, toca reponer fuerzas con una buena comida. Eso sí, tenéis que entender que por comida también hay que hablar de las golosinas, los helados y las patatas fritas que nos metíamos por la tarde, porque ya se sabe que jugar al escondite gasta muchas energías.

Si alguien os preguntara ahora qué platos os gustaban más en vuestra infancia, estoy segura de que muchos contestarías que eran aquellos que os preparaban vuestras madres (o abuelas, depende del caso). Y es que las madres tienen un toque especial para hacer que un simple plato de huevos fritos se vea como un festín digno de reyes. Unas salchichas con un poco de ketchup conseguían hacernos saltar de alegría, y no digamos ya cuando tocaba comer sanjacobos o algún plato de pasta. Pero es posible que el plato estrella de las madres fuese la tortilla de patatas. Yo no sé qué pasa con ese plato pero, aunque básicamente todas llevan los mismos ingredientes, nunca sabe igual si la prepara otra persona. Misterios de la tortilla, supongo.

En cualquier caso, de niña yo tenía tres platos favoritos: Espaguetis con huevos rellenos, chuletas de cerdo y albóndigas, por ese orden. Cuando tocaba esa comida, me ponía muy contenta y comía más despacio, porque quería que me durara. Por supuesto, todos estos manjares venían regados con una buena jarra de Tang de naranja o de limón, mi bebida favorita junto con el yogur líquido Dan Up y el batido de chocolate. No solían darme postre, pero me contentaba con la merienda al volver del colegio por las tardes. Aunque me daban muchas veces bocadillos de salami, chorizón, queso o jamón york, la merienda estrella para mí era el chocolate en sus dos variantes: en tableta o la Nocilla. Lo máximo ya era cuando mi madre traía de la tienda tabletas de chocolate rellenas de jarabe de fresa o de naranja que sabían a gloria, pero que duraban muy poquito.

De vez en cuando me daban la paga, que solía ser de doscientas o trescientas pesetas a la semana. Si hoy en día le das el equivalente en euros a un niño, éste se ríe en tu cara. Pero en los 90 se podían hacer maravillas con doscientas pesetas si las estirabas bien. Con un poco de maña, podías comprar una megabolsa de golosinas variadas que te durara toda la semana. Y de vez en cuando te podías dar algún caprichito comprando algo más caro, como un Fresquito o un Push Pop, que podías llevar contigo colgado del pantalón.

¿Y qué se hacía en las calurosas tardes de verano? Pues en esos días la tienda de golosinas estaba hasta los topes de niños que pugnaban por conseguir un helado. Sin embargo, hay que hacer distinciones. No muchos podíamos permitirnos gastar cien pesetas (el equivalente serían unas treinta o cuarenta gominolas) en un Solero. Era mucho mejor recurrir a alternativas más baratas y deliciosas, como el Calippo o el Frigopié. En caso de que no tuvieras mucho dinero, siempre podías comprarte uno de esos tubos de plástico con líquido de sabor dentro que tenías que congelar antes de comértelo. Creo que se llamaban Flash o algo así, pero nosotros les llamábamos Burbanflash o Bombanflash, dependiendo del sitio donde vivías.


Y hasta aquí hemos llegado. ¿Qué os ha parecido? ¿Os sentís identificados con algún detalle o echáis en falta algo que debería haber puesto? ¡Espero vuestros comentarios, ^^*!

abril 05, 2015

Vagando por la Historia: La Batalla de Little Big Horn


Cuando Cristóbal Colón llegó a América en 1492, tuvo su primer encuentro con los nativos de aquella tierra, a los que llamaría por error “indios”. De sus impresiones dejó escrito un memorial destinado a los Reyes Católicos en el que decía de estas gentes: “Tan tratables son, tan pacíficos son, que juro a Vuestras Majestades que no hay en el mundo mejor nación. Aman a su vecino como a sí mismos”.

El amor al prójimo es uno de los fundamentos del cristianismo, que era la fe que profesaban, en distintas formas, los europeos que en los años siguientes acudirían masivamente al Nuevo Mundo para colonizar aquellas tierras. Pero los europeos no se portaron cristianamente con quienes ya estaban viviendo allí. Aparte del contagio de muchas enfermedades para las que los nativos no estaban preparados, les arrebataron sus tierras, los confinaron en reservas y los masacraron sin piedad.

Las guerras indias son uno de los fundamentos del nacimiento de los Estados Unidos de América; una gesta que ha sido relatada por diversos escritores y que ha sido llevada al cine en innumerables ocasiones, hasta el punto de que ha merecido un género con nombre propio: el “western”, que nos ha dejado joyas tan emblemáticas como Solo ante el peligro, Silverado, Centauros del desierto o Murieron con las botas puestas, esta última retratando el transcurso de la batalla de Little Big Horn.

Sin embargo, el cine no siempre cuenta la verdad de lo ocurrido y está más que probado que la batalla de Little Big Horn, en la que fue masacrado casi por completo el 7º regimiento de Caballería, no fue la lucha épica entre los buenos americanos y los malvados indios salvajes que nos han intentado hacer creer. Esta legendaria batalla ocurrió en las grandes llanuras y cuenta con tres nombres propios: George Armstrong Custer, Caballo Loco y Toro Sentado.




George Armstrong Custer nació el 5 de diciembre de 1839 en New Rumley (Ohio), en el seno de una familia metodista de emigrantes (su padre era alemán y su madre irlandesa). Como muchos hombres en aquella época, ingresó en la Academia Militar de Estados Unidos. A pesar del renombre que alcanzaría posteriormente, lo cierto es que no fue un brillante estudiante en West Point. Se graduó como teniente, pero fue el último de su promoción. La Guerra de Secesión fue su gran oportunidad; fue destinado al Ejército de la Unión con el grado de alférez y participó en la primera batalla de Bull Run. Gracias a su decisión y arrojo, consiguió ascender hasta general a los 23 años. En junio de 1863 ya estaba al mando de una brigada de caballería, con la que combatió en Gettysburg (Pennsylvania) y, a las órdenes del general Phillip Sheridan, en el valle de Shenandoah.

Al finalizar la contienda, buscó destinos que le reportaran más gloria. Así fue enviado como teniente coronel al 7º de Caballería para participar en la última fase de las Guerras Indias, que se estaba desarrollando en esos momentos en Kansas. Allí combatió contra los cheyennes entre 1867 y 1868. En el año 1873 fue destinado al territorio de Dakota para proteger a los topógrafos del ferrocarril y a los buscadores de oro que recorrían la tierra de los sioux, cuyo jefe era Toro Sentado. Tras tres años de continuos enfrentamientos con este pueblo, el Ejército de los Estados Unidos decidió atacar a los indios en una batalla final que, supuestamente, acabaría con el problema de una vez por todas.

Nada más lejos de la realidad. Aunque en algunas películas se ha mitificado en exceso el carácter de Custer, lo cierto es que no estaba sensibilizado con el problema indio ni era un genio de la estrategia. Era un hombre arrogante e impetuoso que basaba sus éxitos en tomar siempre la iniciativa sin tener en cuenta el número de bajas. De hecho, lo ocurrido en Little Big Horn dejó al descubierto sus grandes defectos como estratega militar, y por ello perdería la vida.

En 1876, el Ejército planeó una campaña contra los indios hostiles, que por entonces estaban establecidos en el territorio suroriental de Montana. El regimiento de Custer, formado por 655 soldados, constituía la avanzadilla de una fuerza a las órdenes del general Alfred Howe Terry. El 25 de junio, los exploradores de Custer encontraron a los sioux junto al río Little Big Horn. A pesar de que los sioux eran mucho más numerosos, Custer decidió que los eliminaría de una vez por todas. Así, desobedeció la orden de reunirse con Terry en la confluencia de los ríos Big Horn y Little Big Horn, y se preparó para el ataque.

Inconsciente del peligro y creyendo que los indios no resistirían el envite de una tropa moderna, Custer rechazó dos ametralladoras “Gatling” que le ofreció el 20º de Infantería y también el apoyo del 2º de Caballería. Se lanzó solo a la batalla, con todos los hombres del 7º encuadrados en doce compañías. Dividió su hueste en tres columnas, y él mismo lideró una.

Nadie sabe exactamente lo que ocurrió, pero no sobrevivió ni un alma. No han quedado registros de primera mano de la batalla de Little Big Horn, y las fuentes orales indias tienden a mezclar realidad con fantasía. Pero lo cierto es que Little Big Horn era un campamento enorme, con más de 4.000 indios preparados para el combate al mando de Toro Sentado, Gall y Caballo Loco.




El desarrollo de la batalla fue muy rápido, pues todo finalizó en menos de dos horas. Es más que probable que nunca llegara a formarse el famoso cuadro que aparece en todas las películas, pues no tuvieron ni tiempo. Trataron de agazaparse detrás de los caballos muertos. Muchos cuerpos se hallaron diseminados por las laderas, probablemente porque fueron descubiertos mientras intentaban escapar de la masacre. No quedó nadie con vida. Allí murió el imprudente general Custer, sus hermanos Tom y Boston, su cuñado James Calhound y su sobrino Audie Reed, que perecieron junto a doscientos diez soldados, cuyos cuerpos fueron mutilados por los vencedores. Sólo hubo un ser que sobrevivió: un caballo llamado Comanche, que fue considerado un héroe nacional. Al morir, su cuerpo fue embalsamado, sus órganos fueron enterrados con honores militares y su cuerpo momificado fue llevado al Museo de Historia Nacional de la ciudad de Lawrence.

Sobre el campo de batalla quedaron Custer y los que se dejaron la vida en aquella empresa imposible. No existe hoy en día unanimidad en cuanto al número real de bajas debido a que no se sabe con exactitud cuántos perecieron en las otras dos columnas en que Custer dividió sus fuerzas. Lo que sí se sabe es que entre los muertos se encontró al periodista Mark Kellog, que viajaba con el 7º de Caballería como enviado del Bismarck Tribune, un diario de Dakota. Perdió la vida también en la batalla, dejando como último testimonio un telegrama que envió a su redacción antes de la masacre y en el que decía simplemente: “Parece que al fin veremos indios”.

Little Big Horn fue el máximo exponente de la resistencia de los indios de las grandes llanuras, aunque no tardarían en entrar en declive. Los supervivientes del 7º se tomaron la revancha en Wounded Knee al masacrar a un grupo de sioux que se había rendido. En 1890, el presidente Harrison ordenó que se terminara con el problema de una vez sin reparar en esfuerzos. El 15 de diciembre de ese mismo año, el ejército asesinó a Toro Sentado. Los sioux, los cheyennes y las otras tribus de las grandes llanuras de Estados Unidos eran ya historia.

abril 01, 2015

La Princesa del mes: Ariel


¡Hola a todos!

¡Bienvenidos al mes de abril! ¿Qué tal estáis todos, qué me contáis? Seguro que ahora os ha pillado todo el ajetreo de Semana Santa, con procesiones, ofrendas y tambores a tutiplén resonando en nuestros oídos (o en nuestras ventanas). Aquí en Viveiro estamos a tope, preparándonos para el jueves y el viernes, que son los días grandes de la Semana Santa. Y como resulta que nuestra Semana Santa ahora tiene interés turístico internacional, pues estamos todos la mar de orgullosos ^^*.

Tal como he ido repitiendo a lo largo de los meses pasados, estoy muy liada con el máster. Por fin me han dado las notas y, según creo, sólo tengo que hacer un examen en septiembre (es que primero he suspendido una asignatura que después me aprobaron, no sé muy bien por qué...) y repetir la memoria de prácticas, que no les ha gustado mucho. Además, estoy a tope de trabajos ultracomplicados que nadie te explica cómo hacer ni te resuelven las dudas que puedan surgir. Pero me parece que de este máster me ocuparé en meses posteriores dedicándole un artículo propio que tendrá mucho de desahogo personal.

Lo principal es que ya está aquí abril, dando comienzo a la primavera. Y para celebrar el cambio de estación y la llegada de las primeras flores del año, os dejo aquí a la princesa correspondiente.


Ariel



Nombre: Ariel
Rango: Princesa de nacimiento y por matrimonio
País: Reino de Atlántica y Dinamarca (matrimonio)
Edad: 16 años
Familia:
-          Rey Tritón (padre)
-          Sus hermanas Attina, Alana, Adella, Aquata, Arista y Andrina

Amigos:
-          Flounder
-          Sebastián
-          Scuttle

Esposo: Príncipe Eric

Canción: Parte de tu mundo


Érase una vez, en el maravilloso reino marino de Atlántica, un rey que tenía siete preciosas hijas. Como todos los habitantes del fondo del mar, el pasatiempo favorito de todas ellas era el canto, y es bien sabido que las sirenas tienen la voz más bonita y atrayente del mundo. De las siete hijas del rey Tritón, la más joven, llamada Ariel, era la que poseía la voz más hermosa del océano. Pero Ariel no parecía demasiado interesada en el canto, porque su verdadera pasión estaba lejos de su reino: en la superficie.

Ariel era muy distinta de su padre y sus hermanas. Fascinada por el mundo de los humanos, constantemente se escapaba de su palacio para ir a buscar tesoros en los barcos que habían naufragado en aquellas aguas durante años. En una cueva submarina, a escondidas de su padre, Ariel coleccionaba todo tipo de artefactos humanos y se imaginaba los mil y un usos que podían tener. A pesar de las advertencias del rey Tritón y de su mayordomo, el cangrejo Sebastián, quienes le decían que el contacto entre sirenas y humanos estaba prohibido, Ariel fantaseaba a menudo con la idea de convertirse en humana y poder vivir en el mundo feliz que imaginaba que era la superficie.

Una noche, Ariel y sus amigos Flounder y Sebastián nadaron hasta la superficie y fueron testigos de una escena poco habitual. A bordo de un galeón se estaba llevando a cabo la celebración del cumpleaños del príncipe Eric. Nada más verle, Ariel se enamoró perdidamente del apuesto joven. Pero antes de que pudiera reaccionar, una terrible tormenta empezó a sacudir el barco y lo destruyó completamente. Ariel logró salvar al príncipe Eric, que se hallaba inconsciente, antes de que se ahogara en el mar. Tras llevarlo a tierra firme, le observó arrobada y cantó una canción para él, pero se marchó apresuradamente en cuanto vio que Eric estaba recuperando la consciencia, pudiendo descubrirla. Una vez recuperado, el príncipe Eric no lograba entender lo que había pasado ni cómo había llegado hasta allí; solamente podía recordar la dulce voz de la muchacha que le había salvado.

Ariel regresó al fondo del mar más convencida que nunca de querer convertirse en humana, pues en la superficie se hallaba el hombre del que se había enamorado. El rey Tritón observó el cambio que se había operado en su hija y no tardó en descubrir la razón: Ariel había desobedecido la ley al enamorarse de un humano. Ebrio de furia, el rey Tritón irrumpió en la cueva donde Ariel guardaba con celo sus tesoros y los destruyó absolutamente todos, incluyendo una estatua de Eric que había caído al fondo del mar después del naufragio. Desconsolada, Ariel rechazó la compañía de sus amigos y lloró amargamente su pérdida. En ese momento, las anguilas Flotsam y Jetsam se acercaron a ella y la persuadieron para que visitara a Úrsula, la bruja del mar, quien podría ayudarla a convertirse en humana. A pesar de que sabía que corría un gran riesgo, Ariel aceptó.

Al llegar, Ariel le contó su problema a Úrsula. La bruja del mar, viendo en su petición una manera de conseguir un gran beneficio, le propuso un trato: Ariel se convertiría en humana durante tres días si le daba su voz a cambio. Ariel aceptó y, tras un encantamiento, su cola se dividió en dos piernas y perdió la capacidad de poder respirar bajo el agua. Su hermosa voz quedó guardada en una caracola que Úrsula custodió con celo entre sus posesiones. Para que la transformación fuese completa, Ariel tendría que recibir un beso de amor del príncipe Eric; de lo contrario, estaría condenada a convertirse en uno de los cientos de pólipos que pueblan el refugio de la bruja del mar.

Pero ese destino tan oscuro parecía quedar muy lejos. Viéndose en la superficie y convertida en humana, Ariel se hallaba entusiasmada. El príncipe Eric, quien solía pasear por la playa con la esperanza de encontrar a la mujer que le había salvado, descubrió a Ariel y se prestó a ayudarla. Aunque Ariel no podía hablar, para Eric constituía todo un enigma y la llevó con él a su palacio. Eric permaneció al lado de Ariel y le mostró cómo era el mundo humano, quedando la joven realmente fascinada. Sin darse cuenta, entre ambos empezó a surgir una fuerte atracción que casi quedó consumada con un beso de amor al final del segundo día, pero que las pérfidas anguilas de Úrsula se encargaron de evitar. Úrsula no podía permitir que Ariel tuviera éxito o sus planes de hacerse con la corona del océano se vendrían abajo. Por eso, utilizó un hechizo para transformarse en una bella joven y utilizó la voz de Ariel para hipnotizar al príncipe Eric y hacerle creer que ella fue la mujer que le había salvado del naufragio y de la que había quedado cautivado. El plan de Úrsula surtió efecto, y el príncipe Eric se olvidó de Ariel y anunció que se casaría con la joven desconocida al día siguiente.

Ariel se sentía profundamente desdichada por el rechazo de Eric. Pero cuando la gaviota Scuttle descubrió que aquella desconocida era Úrsula, decidió interrumpir la boda para salvar a Eric. Con ayuda de sus amigos, Ariel consiguió llegar al barco donde se iba a celebrar el enlace y recuperó su voz, consiguiendo que Eric volviera a la normalidad. Sin embargo, el tercer día había llegado a su fin y Ariel no había conseguido recibir un beso de amor de Eric, por lo que estaba obligada a cumplir el trato que había firmado con Úrsula. El rey Tritón, dispuesto a hacer cualquier cosa por salvar a su hija, aceptó el nuevo trato que Úrsula le propuso: cambiarse por Ariel, con todas las consecuencias que ello traería. Úrsula acababa así de deshacerse de Tritón y convertirse en la ama absoluta de los mares.

Pero en aquel momento apareció Eric, quien hirió a Úrsula para proteger a Ariel. Furiosa, Úrsula utilizó el poder del tridente de los mares para aumentar su tamaño y crear una gran tormenta con la que intentó matar a Ariel y a Eric. Sin embargo, Eric encontró un barco hundido que la tormenta de Úrsula había hecho reflotar y logró maniobrar la nave para clavar el bauprés del barco en el abdomen de la malvada bruja. La muerte de Úrsula acabó con su maldad y todos aquellos que habían sufrido sus hechizos quedaron por fin liberados. El reino de Atlántica volvió a la normalidad.

Sin embargo, Ariel no conseguía ser feliz. El rey Tritón comprendió por fin que el amor de su hija por Eric era genuino y utilizó su propia magia para convertirla en humana, pues era lo que ella más deseaba. Convertida en humana, Ariel sale al encuentro de Eric en la playa y ambos contraen matrimonio a bordo de un barco frente a todos sus amigos y todos los habitantes del reino marino.

marzo 24, 2015

Teoría de "Frozen", "Enredados" y "La Sirenita"


¡Hola a todos!

Existe una teoría que lleva un tiempo circulando por Internet que establece una curiosa conexión entre tres películas Disney. Esta teoría ha sido publicada por un fan y no ha sido corroborada por Disney, así que bien podría ser falsa. Pero cabe destacar que ha sido muy bien elaborada y, pensándolo un poco, puede tener bastante sentido. La teoría trata de crear una conexión entre la última película de la factoría, la archiconocida Frozen: el reino de hielo, con dos películas muy diferentes: Enredados y La Sirenita.

¿Y qué relación podría haber entre ellas? Bien, voy a explicároslo brevemente. Pero os lo advierto: Después de leer esta teoría, no volveréis a ver estas películas de la misma manera que antes.

Por supuesto, si alguien no ha visto ninguna de las tres películas (aunque me extraña), mejor que no siga leyendo porque se hacen SPOILERS importantes.

Empecemos por Frozen. Al principio de la película, el día de la coronación de Elsa, podemos ver a Anna abriendo el portón del palacio de Arendelle mientras canta la canción Por primera vez en años. Entre los muchos invitados que están llegando para asistir a la coronación, podemos ver durante un fugaz instante a dos personajes que, aunque estén de espaldas, nos resultarán muy conocidos.



Mirad a la izquierda. ¿Quiénes son esos dos invitados?


¿Los habéis reconocido? ¡Pues claro! Son Rapunzel y Flynn Ryder, los protagonistas de la película Enredados. Disney siempre ha sido muy aficionada a hacer cameos de sus personajes en otras películas de la casa, así que la aparición de Rapunzel y Flynn no tendría nada de raro a priori. Sin embargo, siempre podemos rizar el rizo y preguntarnos lo más obvio: ¿Qué hacen ahí Rapunzel y Flynn? ¿Qué relación tiene esta pareja principesca con la realeza de Arendelle?

El fan que elaboró esta teoría expone que podría haber un vínculo entre ambas casas reales. En realidad, se trata de un motivo muy simple a la vez que triste. ¿Qué pasaría si los reyes de Arendelle hubieran embarcado para asistir a la boda de Rapunzel y Flynn, cuando su barco se hundió en medio de una tormenta? De ser sí, sería muy posible que Rapunzel y Flynn hubieran sentido la necesidad de asistir a la coronación de Elsa, como una forma de homenajear a los reyes que perdieron la vida por asistir a su boda.

Pero tenemos un problema, y es que en Frozen no se nos dan demasiados datos acerca del viaje de los reyes de Arendelle. Solamente podemos ver a Anna abrazando a sus padres y diciéndoles "Hasta dentro de dos semanas", y a Elsa preguntándoles "¿Tenéis que iros?", dejando entrever su preocupación, así que podríamos suponer que se trata de un viaje largo o que entraña cierto peligro. En ningún momento se nos dice que vayan a asistir a una boda o otro acontecimiento parecido. Simplemente, tienen que irse de viaje.

Bien, recapacitemos un poco. ¿Por qué los dos soberanos de Arendelle tienen que viajar juntos? Hay que tener en cuenta que, en la época en la que se ha ambientado la historia (posiblemente entre los siglos XVIII y XIX), hacer un viaje por mar podía acarrear muchos peligros. De tratarse de un asunto de estado, lo más probable es que fuese el soberano el que tuviera que viajar (en este caso, su mujer es la reina consorte). Así que, en caso de que al rey no le quedara más remedio que viajar, no creo que hubiera arriesgado la vida de su esposa, sino que la habría dejado como regente o como responsable del cuidado de sus hijas. Pero en este caso, la pareja real viaja en el mismo barco. ¿Se os ocurre algún motivo por el que fuera necesario que viajaran los dos? A mí sí: Un matrimonio en el seno de una casa real.

Aquí es donde comienza lo interesante. Es una posibilidad no muy remota que los reyes de Arendelle tuvieran que ausentarse durante dos semanas para asistir a la boda de Rapunzel y Flynn Ryder, pues se trataba del casamiento de una princesa y los invitados a este tipo de bodas suelen ser reyes y gobernantes de otros países. Además, aquí se produce otra coincidencia. La coronación de Elsa tiene lugar tres años después de la muerte de su padres en el naufragio. ¿Es casualidad que Enredados se hubiera estrenado en el año 2010 y Frozen en 2013?

Para rematar la historia, pensemos en el barco hundido en el que viajaban los reyes de Arendelle... que guarda una gran similitud con el barco que pudimos ver allá por el año 1989 en La Sirenita. ¿Puede ser esto posible? Podría ser, si tenemos en cuenta los lugares en los que se ambienta las películas. Sabemos que la historia de Enredados tiene lugar en el Reino del Sol (llamado Reino de Corona en Latinoamérica) y, aunque no lo supiéramos, es bien conocido que el cuento de Rapunzel es oriundo de Alemania. Si nos fijamos en algunos aspectos tales como las construcciones de edificios, los barcos y la forma de vestir de los personajes, se podría decir que está ambientada aproximadamente entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX (no tenéis más que comparar los trajes del rey de Arendelle y del príncipe Eric en su boda para ver que son muy parecidos). En Frozen esto es más evidente, ya que es un hecho confirmado por Disney que el nombre de Arendelle proviene de un pueblo noruego llamado Arendal, muy cercano a la capital, Oslo. Por lo tanto, no es muy arriesgado afirmar que Arendelle es una representación de Noruega.

Entonces, tenemos lo siguiente: El Reino del Sol es Alemania, mientras que Arendelle es Noruega. ¿Por dónde tendrían que pasar los reyes para llegar al continente? Exacto, por Dinamarca, que casualmente es el reino donde está ambientada la historia de La Sirenita. No es una suposición hecha al azar, ya que en Dinamarca suelen abundar las tormentas propiciadas por los vientos del norte y que bien podrían hundir un barco (recordad si no la feroz tormenta que destruyó el barco del príncipe Eric). Entonces, ¿de quién es el navío que Ariel encuentra en el fondo del mar y al que acude a buscar tesoros para su colección?




Esta es una teoría que ha tenido mucha difusión por la red, principalmente porque está muy bien enhebrada y tiene bastante sentido. ¿A vosotros qué os parece? ¿Creéis que podría ser cierto u os parece ridículo? ¡Espero vuestros comentarios conspiratorios!

marzo 18, 2015

Lo que Disney congeló. Mi crítica de "Frozen: El reino de hielo"


¡Hola a todos!

Últimamente me he estado metiendo un atracón de Disney para conocer un poco lo que ven nuestros niños de hoy. Y me he dado cuenta de que la película Frozen, aun habiéndose estrenado en el año 2013, todavía ahora sigue teniendo un éxito arrollador, convirtiéndose en la película imprescindible de todas las niñas que conozco. Después de ver en carnavales a tres niñas de unos doce años disfrazadas de Elsa (las tres juntas y las tres con el mismo disfraz), decidí que sería una buena idea dedicarle una reseña bien completa. Por lo tanto, aviso que habrá muchos SPOILERS a partir de aquí.

Vamos allá.




Mis primeras referencias sobre Frozen empezaron cuando me di cuenta de que entre los utensilios escolares y juguetes de las niñas empezaban a proliferar las sonrientes caras de dos hermanas con evidentes rasgos nórdicos, rodeadas además por varios halos de color azul escarcha y blanco ventisca que me recordaron vivamente al cuento "La Reina de las Nieves", de Hans Christian Andersen. Sabía que Disney había estado planeando crear una película de animación basándose en el clásico danés, y yo me sentí muy ilusionada porque el cuento de "La Reina de las Nieves" siempre me ha parecido fascinante. La perspectiva de una reina con poderes sobre el hielo y la nieve, capaz de crear tormentas y avalanchas, hacer que los viajeros se perdieran por sus dominios nevados, e incluso imponer el invierno perpetuo sobre la tierra me parecía francamente increíble. Poco después supe que se trataba de una adaptación, en la que la historia estaría más enfocada al amor fraternal, pero eso no me importó demasiado porque la cosa prometía mucho. Sinceramente, tenía esperanzas. ¿Estábamos ante un nuevo clásico de Disney? ¿Iba esta película a convertirse en otra de mis favoritas, a la altura de La Bella y la Bestia, La Sirenita o El Rey León? Eso era lo que me imaginaba, a juzgar por el despliegue brutal de merchandising relacionado con la película y los entusiastas comentarios de niñas y madres que ponían esta película en lo alto del podio Disney.

Aunque la película se estrenó en 2013, confieso que no la he visto entera hasta hace un par de meses más o menos. No obstante, conocía de sobra las principales canciones de la serie y pude, además, ver algunos gráficos de la animación. Y me pareció una pasada, de verdad. Movimientos fluidos, detalles bastante cuidados, una animación brutal, un doblaje muy bueno, números musicales al estilo Broadway... Así que, una vez vistos los avances, me detuve un día a ver la película completa.

Y... ¿En serio? ¿Soy la única que ha visto en Frozen más lagunas que en Alemania?

Empecemos por el principio.

La película empieza bastante bien, mostrándonos a unos hombres picando hielo que luego transportan en un trineo. El ambiente y la canción correspondiente nos meten en el marco un tanto oscuro del reino de Arendelle, una oscuridad que no se volverá a repetir a lo largo de la película. Seguidamente nos presentan a las dos hermanitas, algo que no tiene que ver con el cuento original, pero eso no quita que sean adorables. Enseguida nos damos cuenta de que la pequeña, Anna, se dedica a incordiar a su hermana mayor, Elsa, para que la entretenga con sus poderes mágicos, que la niña tiene desde que nació. Si estáis esperando una explicación acerca del origen de sus poderes, me temo que os vais a quedar con las ganas porque en la película no se nos dice absolutamente nada. En cualquier caso, las hermanitas juegan con la nieve hasta que pasa lo que tenía que pasar: Elsa no es capaz de seguir el ritmo vertiginoso de Anna y le lanza un rayo de hielo a la cabeza que la deja inconsciente.

Justo en ese momento, los padres aparecen súperbien vestidos para rescatar a la pobrecita Anna del "maligno" poder de su hermana Elsa. Que digo yo... ¿Anna no podría haberse puesto encima un abrigo o algo para jugar con Elsa? Porque a Elsa no le afecta el frío, pero ella tendría que sentirlo a narices. Pero no, resulta que "está helada" por culpa del rayo de la muerte de Elsa, no por haber jugado en la nieve en mangas de camisa. Esta es sólo la primera de las muchas incoherencias que veremos en Frozen, así que preparaos para lo peor.



Jugando en mangas de camisa. ¡Para pescar una pulmonía!

Cuando los padres ven lo que Elsa le ha hecho a Anna, hacen lo que todo buen personaje Disney tiene que hacer en estos casos: Buscar la ayuda de la entidad mágica correspondiente. En este caso, se trata de un clan de trolls con forma de roca que realmente no tienen una finalidad definida en la historia. De hecho, sólo el chamán es el que controla un poco sobre magia y libera a Anna del hechizo de hielo, alterando de paso sus recuerdos para que la niña no sepa nunca que Elsa tenía poderes mágicos. Es curioso que el chamán les recomiende a los reyes de Arendelle quitarle a Anna todo lo que le recuerde que su hermana tenía poderes. ¿De verdad quiere hacernos creer que Elsa es el problema? Elsa es una pobre niña que ha nacido con unos poderes que puede controlar perfectamente si la chiflada de su hermana no le toca las narices. En todo caso, vería correcto que se llevara a Elsa para instruirla en el buen uso de sus poderes, ya que el chamán sabe de magia y hasta le dice cuál es la debilidad que la llevará a que su magia se desboque: El miedo. Si apartáramos a Elsa de todo lo que pudiera asustarla, al final tendríamos a una niña nerviosa y acostumbrada a vivir dentro de una burbuja, donde puede estar más o menos a salvo siempre que no suceda nada externo que pueda alterarla.

Así que los padres tienen que elegir: ¿Enseñamos a Elsa a controlar sus poderes o la mantenemos encerrada en su habitación como un animal y le damos de comer por debajo de la puerta? En fin... supongo que ya sabréis lo que eligieron los padres, ¿verdad?

Con el tiempo, Elsa va empeorando porque se pone cada vez más nerviosa y Anna se dedica a intentar suicidarse tirándose en bicicleta por las escaleras del palacio. Otra cosa que no entiendo... ¿Por qué Anna se queda encerrada también en el palacio? ¿Por qué no sale a jugar con otros niños, o por qué no le permiten tener contacto humano? Los padres han llegado a la conclusión de que es Elsa la que tiene que estar encerrada para no provocar una catástrofe de proporciones épicas pero... ¿y Anna? Anna no tiene poderes, así que no veo lógico que la mantengan apartada de la civilización.

Siguen pasando los años y los reyes de Arendelle mueren ahogados tras naufragar el barco en el que viajaban, y ni aun así las hermanas pueden mantener una relación normal. Anna no deja de intentar acercarse a Elsa, a la que apenas conoce, pero Elsa se mantiene en sus trece. Sabe que puede hacerle daño a su hermana si pierde el control de sus poderes y la quiere demasiado como para permitir que sus emociones se desboquen, y más por un acontecimiento tan demoledor como es la muerte de unos padres.

El caso es que, tres años después, llega el día de la coronación de Elsa como reina. Que digo yo... Si los padres sabían que Elsa iba a crecer como una auténtica autista y además tenía poderes que le serían muy difíciles de controlar en público... ¿cómo se les ocurre dejarla de heredera del reino de Arendelle? A ver, como reina tendrá que conceder audiencias, recibir a personas importantes, tener una corte... No puede permanecer más tiempo escondida, pero los padres la han educado precisamente para todo lo contrario, para que se mantenga apartada del resto del mundo. Os dije que había incoherencias para rato.

Tras la coronación, las dos hermanas charlan por primera vez en años y, a continuación, nos meten en el meollo de la cuestión cuando Anna conoce al príncipe Hans, de quien se enamora a los dos segundos de conocerle (no es coña). Por la canción del principio ya sabemos que lo único que Anna quiere en esta vida es echarse novio, y hasta ensaya varias formas de coqueteo. Por eso, al conocer a Hans pierde la capacidad de razonar, sigue comportándose como una chiflada y, acto seguido, se va a buscar a Elsa para pedirle que le permita casarse con Hans. Elsa actúa como cualquier persona juiciosa y se niega (aunque podría haberle permitido a Hans cortejar a su hermana para que pudieran conocerse un poco). Las hermanas tienen un encontronazo y al final Elsa acaba perdiendo los nervios y muestra sus poderes delante de todos los dignatarios que han ido a la coronación, entre los que hay rivales políticos. Yo no es por ser tirana ni eso, pero si yo acabara de desvelar que tengo poderes mágicos ante mis adversarios políticos, haría que firmaran conmigo varios pactos de no agresión para asegurarme de tenerlos bien controlados. Elsa opta por asustarse y salir corriendo. En fin...

El caso es que Anna decide ir en busca de Elsa, y deja al príncipe Hans como regente de Arendelle en su ausencia. Vamos a ver: ¿La reina ha huido y a ti se te ocurre dejarle el reino al primer repeinado que se cruza en tu camino y al que no conoces de nada? Esto me demuestra que Anna no tiene ni repajolera idea de las responsabilidades que debe tener una princesa. En ausencia de Elsa, Anna es su heredera y tendría que hacerse cargo de la regencia. Si quisiera, podría enviar a varios soldados a buscar a Elsa y quedarse ella en casa controlando la situación. Pero no, eso sería demasiado fácil. Si tenemos un hombre al lado, ¿para qué vamos las mujeres a reinar? (Un detalle bastante curioso es que la Disney presentaba esta película como feminista, por eso de que las mujeres no necesitaban a los hombres para salir airosas de la situación. Ya veo, ya).

Mientras tanto, alejada del mundo, vemos la que es sin duda la mejor escena de la película. Elsa canta la laureada Suéltalo, una canción muy bonita que revela a la perfección sus sentimientos. Además, es muy divertido verla jugando con sus poderes de hielo sin temor, demostrándonos una vez más que puede controlarlos perfectamente si está tranquila y en un entorno en el que se siente segura. Elsa decide que nunca más tendrá miedo y para eso se cambia el vestido por otro que enseña más pierna, se pintarrajea la cara como una ramera y se construye una fortaleza de la soledad, para estar bien lejos de la civilización que la asusta y la perturba. No es por nada, pero yo a ese plan le veo lagunas...



¡Por fin me he independizado!

Pero sigamos. Anna decide lanzarse a la aventura y va a buscar a su hermana... ataviada con un vestidito de fiesta, sin mangas, zapatos con un centímetro de suela y, como único abrigo, una capa irrisoria. ¿Por qué no se muere de una maldita hipotermia? ¡Está fuera del castillo un día y medio y todavía no se ha muerto! Madre mía... Bueno, seguimos. Anna llega a una cabaña donde compra el único atuendo de invierno que le queda al vendedor... y qué casualidad, es justo de su talla y las botas son de su número. ¡NO-ME-JODAS! En la cabaña también conoce a Kristoff, a quien hemos podido ver en la intro de la película de niño, picando hielo con el resto de hombres. Él y su reno Sven son persuadidos por Anna para que la ayuden a buscar a la reina desaparecida. Aquí tiene lugar una conversación muy divertida entre Anna y Kristoff. Anna le cuenta a Kristoff que Elsa se enfadó con ella cuando le comunicó que quería casarse con un hombre al que acababa de conocer ese mismo día, y Kristoff se queda realmente asombrado de la inconsciencia de Anna. Eso es Disney parodiándose a sí misma, lo cual está muy bien, pero ya lo había hecho anteriormente en una película titulada Encantada, que por cierto es bastante truño.

Anna, Kristoff y el reno Sven siguen su camino, y es entonces cuando aparece Asno... digooooo Olaf, un muñeco de nieve que Elsa ha creado y que está vivo. ¡Vivo! ¡Elsa puede crear vida! ¡Joder, los poderes de Elsa son la repanocha si puede crear materia viva de la nada! Como todo buen secundario, Olaf tiene que tener una canción, que resulta ser de lo más estúpida e innecesaria. No me voy a parar a comentar las mil y una tonterías que hace Olaf desde el primer momento que aparece en pantalla porque no me cae demasiado bien.

Después de mucho caminar, Anna y los demás llegan a las montañas del norte y entran en el palacio de Elsa. Allí, Anna trata de convencer a su hermana de que regrese con ella y levante la maldición del invierno que ha lanzado sobre Arendelle (y de la que no nos damos cuenta que haya ocurrido salvo por una mención muy cogida con pinzas). Y aquí volvemos a darnos cuenta de las incoherencias que hay en la película, sobre todo en lo referente al perfil de los personajes. Si por un momento habéis pensado que Elsa haría honor a su canción y se comportaría como una persona fuerte y segura de sí misma, lamento decepcionaros. En cuanto Anna hace ademán de acercarse a ella, Elsa sale corriendo y hace lo imposible por apartarla. Una vez más, vuelve a agobiarse y lanza sus hechizos de hielo, con tan mala suerte que esta vez le acierta a Anna en el corazón.

La hemos apañado. El chamán de los piedratrolls dejó muy claro a los reyes de Arendelle que la magia se podía eliminar del cuerpo con relativa facilidad, salvo si afectaba al corazón. ¿Y qué pasa si, por casualidades del destino, la magia ataca el corazón de una persona? ¿Cómo eliminamos un hechizo indeseado? Pues con el remedio que todo lo cura: Un acto de amor verdadero. ¿Y quién lo sabe todo sobre el amor verdadero? Kristoff tiene la respuesta a ese interrogante. Él conoce a unos seres que tienen todas las respuestas sobre el amor verdadero, así que allá van todos en comitiva a visitar... a los piedratrolls. Sí, esos pequeños seres de los que no se sabe si son machos o hembras ni pidiéndoles el carné de identidad son todos unos expertos en amor verdadero. Bueno, peores cosas se han visto...

Llegan al hogar de los piedratrolls y es entonces cuando se produce el momento más incómodo de toda la película. De todas las canciones de la película, esta es sin duda la más innecesaria. Los piedratrolls se sacan del forro toda una puesta en escena que tiene como objetivo mostrar a Kristoff ante Anna como un hombre apetecible. Y yo me pregunto: ¿Por qué estáis haciendo esto? A ver, se supone que Anna está enamorada del príncipe Hans y es correspondida, así que Kristoff no le hace falta para nada. O sea, se está creando un triángulo amoroso totalmente innecesario dadas las circunstancias.

La maldición avanza y Anna está cada vez más débil. En ese momento aparece el chamán y vuelve a repetir las mismas líneas que había dicho años atrás, cuando Anna fue lastimada por Elsa por primera vez. Y otra cosa que se me viene a la mente... ¿por qué no le cuenta lo que ocurrió hace años? ¿Y por qué Kristoff no cae en la cuenta de que Anna ya había sido dañada por los poderes de Elsa? Maldita sea, él lo vio todo siendo sólo un crío y, aunque no se quedara con las caras de las personas que pidieron ayuda a los trolls, sabía perfectamente que eran los reyes de Arendelle y sus hijas. ¡El chamán llama al rey "majestad", por el amor de Odín! ¿¿Cuántas personas en Arendelle reciben el tratamiento de "majestad"?? Bah, da igual, a estas alturas ya me lo espero todo... El chamán examina a Anna y le dice que no tiene la capacidad de curarla con sus poderes. Al ser tocada por la magia en el corazón, sólo podrá salvarse si se lleva a cabo un acto de amor verdadero.



¡Hola, somos los primos hippies de los Pitufos!

Mientras tanto, Elsa es descubierta por unos guardias de Arendelle que tratan de capturarla. Aunque intenta escapar, pierde el control de sus actos y sus poderes se desbocan. No obstante, consiguen atraparla y custodiarla en una mazmorra. Cabe destacar aquí la participación de Hans, quien se muestra cortés y educado con Elsa, e incluso la conmina a que se tranquilice y no se convierta en el monstruo que todos creen que es. Qué majo, ¿no?

Y esto me lleva otra vez a Anna. Al necesitar un acto de amor verdadero para salvarse, entiende que sólo un beso con el príncipe Hans podrá liberarla de la maldición del hielo. Pero ¡jaja! Disney se saca un as de la manga y resulta que Hans no sólo no va a ser el amor verdadero de Anna, sino que se revela como ese villano en la sombra que durante toda la película ha estado conspirando en secreto para acabar con las dos hermanas y conseguir de un plumazo el dominio sobre todo Arendelle. Esta es, en mi opinión, la mayor cagada de toda la película. Cuando ya se habían hecho tres cuartas partes de la película, los guionistas se dieron cuenta de que se les había olvidado meter a un malo con empaque y decidieron en el último momento convertir a Hans en el malo malísimo. ¿Pero de qué vais, tíos? ¡Que no me lo creo! Hans se ha comportado a lo largo de toda la película como un perfecto caballero. Ha sido amable y cariñoso con Anna, respetuoso con las decisiones de Elsa respecto a su matrimonio con la princesa, ha asumido la regencia de una manera impecable, ha ayudado a todos los habitantes de Arendelle repartiendo mantas, ha defendido a las protagonistas a capa y espada, ha suplicado a Elsa que no se transformara en un monstruo, demostrando que confiaba en ella por lo que le había dicho Anna al principio. ¿Y ahora resulta que todo era mentira? ¿Era un puto camelo? ¡Venga ya, eso no hay quien se lo trague! Le han convertido en el malo sólo para decirnos que Hans no iba a ser el amor verdadero de Anna. Pero, ¿para eso había que hacer un OOC impresionante y cargarse a todo un secundario de lujo?

Además, justo en ese momento, Kristoff se está alejando de Arendelle y de Anna, el amor de su vida. Un momento. ¿He dicho el amor de su vida? Pues sí, porque es lo que se deduce al verle actuar como un patético adolescente con el corazón partío porque la chica de sus sueños va a morrearse con otro que es más rico y va mejor vestido que él. Lo más curioso es que Kristoff criticó a Anna por haberse prometido con Hans el mismo día que le conoció. Kristoff, cariño, has estado dos días escasos con Anna y te has enamorado hasta las trancas. ¿En qué lugar te deja eso?

Bueno, el caso es que a Hans parece salirle todo a las mil maravillas. Tiene a la legítima reina encerrada y a la princesa a punto de morir; como es el regente, todos están encantados de cederle el trono de Arendelle. Pero primero tiene que matar a Elsa para acabar con la maldición del invierno y convertirse en el amo absoluto del cotarro. Justo en ese momento, Kristoff se da cuenta de que Anna es el amor de su vida y corre raudo a buscarla para darle un beso de amor y salvarla de la maldición. Llegamos a los momentos finales y vemos cómo Anna renuncia a recibir el beso de Kristoff para ponerse entre Elsa y Hans, que en ese momento alza su espada (que segundos antes no llevaba, ejem) para matar a Elsa. La maldición se completa y Anna acaba convertida en una estatua de hielo. Es entonces cuando Elsa abraza la estatua, llora un poco y Anna, milagrosamente, se cura y vuelve a su estado normal. ¿La explicación? "El amor descongelará". ¡Pues claro que sí, amigos!

Vamos a ver, creo que ha habido bastante lío con el acto de amor verdadero. Al principio, creemos que Anna se salvará cuando sea besada por Hans. Pero todo se trastoca cuando descubrimos que Hans es más malo que mandar a la abuela a por droga, así que entonces pensamos que Kristoff será el que lleve a cabo el acto de amor verdadero besando a Anna. ¡Pero eso tampoco vale, porque hay que meter a piñón el rollo ese del amor fraternal y que una mujer no necesita a un hombre! Anna protege a Elsa, se convierte en estatua de hielo y a los diez segundos vuelve a ser la que era después de que Elsa llore un poco. ¿¿Por qué?? ¡Si el acto de amor verdadero lo ha llevado a cabo Anna al proteger a su hermana! Elsa ahora mismo no siente amor, sino impotencia, tristeza, culpabilidad y desdicha. Si se trata de un acto de amor verdadero, entonces todos los años durante los cuales se apartó de su hermana para no lastimarla serían dicho acto de amor verdadero. Bueno, también podría ser que tuviera que ser Anna la que llevase a cabo el acto de amor verdadero. ¡Pues tampoco, porque volvemos a tener incoherencias! Si Anna pudiese salvarse a sí misma, lo habría hecho al intentar besar a Hans, porque para ella sí que era un acto de amor verdadero. Pero entonces, ¿por qué se han inventado el puto triángulo amoroso con Hans y Kristoff?

En cualquier caso, todo se soluciona. Elsa se tranquiliza por fin y es capaz de deshacer la maldición del invierno. Los tíos que antes querían poner a Hans en el trono ahora vuelven a quererla de gobernante. Y todo el mundo en Arendelle acepta y abraza a la reina Elsa, maravillados por sus increíbles poderes. O sea, que todos esos años en los que permaneció encerrada por el miedo cerval de sus padres a que todos descubrieran su magia y trataran de quemarla en la hoguera por bruja... han sido innecesarios. ¡De puta madre!



"El amor descongelará". No tiene puto sentido pero... ¡claro que sí!

¿Sabéis qué es lo que más me jode? Que nos han vendido una idea que no llega a desarrollarse en la película. Veréis, una de las cosas que más gancho ha tenido de Frozen es que, al principio, se vendía como la renovación de Disney en cuanto a la actuación de sus princesas. En lugar de poner a dos niñitas débiles que sólo buscaban ser salvadas por un hombre, pondrían a princesas modernas, llenas de energía, perfectamente capaces de librarse solas de los problemas. Pero eso no es nuevo, porque ya lo habían hecho antes con tres mujeres: Esmeralda, Mulán y Tiana. Las tres son chicas activas y decididas que con frecuencia tienen que rescatar a sus compañeros varones del peligro. Es curioso que, quitando Mulán (a la que se suele representar lo más femenina posible, apartándola de su imagen de soldado imperial), las películas en las que pudimos ver a estas fuertes mujeres fueran sonoros fracasos en taquilla.

Pero esto no es lo que se ve en Frozen. Elsa no me parece un buen ejemplo a seguir por nadie. Es, de hecho, la reina más floja, incompetente y debilucha de toda la factoría Disney. Que se ponga un vestido escotado y se pinte la raya del ojo no la convierte en una mujer madura. Se pasa toda la película dudando de sí misma y de su capacidad para controlar sus poderes. Su forma de resolver los problemas es huir de ellos y es incapaz de calmarse para arreglar las cosas. Eso por no mencionar que se deja engañar fácilmente por Hans, de quien se fía después de hablar con él un par de segundos. ¿Y este es el ejemplo que tenemos que seguir? ¿Sólo porque ella no acaba casándose con un hombre ya estamos ante el modelo feminista del siglo? ¡Que no, que no me lo creo! 

Frozen es una película que se ha creado en torno a la canción Suéltalo, que a los guionistas les pareció tal maravilla que modificaron la idea original de la historia (en la que Elsa iba a ser una villana impresionante). En otras palabras, que os han vendido la papeleta. Frozen es una película simplona que se ha convertido en un éxito de masas por la apoteósica publicidad que se le ha hecho, pero de ninguna manera se trata de un clásico. Entiendo que pueda gustar a las niñas y que quieran ser como Elsa. Son niñas pequeñas y es normal que todo ese despliegue vistoso e impresionante las llene de emoción y ganas de imitar a la reina de Arendelle. Pero una persona más mayor debería ser consciente del pestiño que tiene ante sus narices. Le puede gustar más o menos, pero tiene que entender que podría haberse hecho mil veces mejor.

Y esta es mi opinión sobre la película Frozen. Como veis, no he dejado títere con cabeza y me he despachado a gusto. Si a alguno de vosotros le ha gustado o le gusta la película, lamento si le ha molestado mi opinión; si pensáis como yo, me gustaría mucho leer vuestros comentarios y saber qué pensáis al respecto.

marzo 11, 2015

Princesas de Cristal


"Yo soy una princesa. Lo son todas las mujeres. Aunque vivan en viejos y sucios desvanes, aunque se vistan con harapos, aunque no sean hermosas, listas o jóvenes. ¡Todas somos princesas! ¡Todas!"


Dice la creencia popular que todas las niñas quieren ser princesas cuando sean mayores. Cuando pensamos en una princesa, la primera imagen que se nos suele venir a la mente es la de una princesa de la factoría Disney: Blancanieves, Cenicienta, Bella o Yasmín suelen ser los modelos que gustan a las niñas. Más recientemente, y tal vez para apartarnos de la concepción más clásica de las princesas de antaño, hay niñas que escogen a princesas más atrevidas, valientes o simpáticas como sus modelos a seguir. Se trata de una fase por la que pasamos todas las mujeres en algún momento de nuestras vidas (aunque hay chicas que no quieren ser princesas, y no pasa nada por eso), porque uno de los grandes deseos de las niñas es poder llegar a ser las protagonistas de un cuento de hadas.

La imagen que todos tenemos de una princesa es la de una doncella de apariencia tierna y delicada, con los cabellos dorados, los ojos claros como dos manantiales, la piel de alabastro y una voz tan dulce que hasta los pájaros se callan para oírla cantar. En definitiva, que nos imaginamos a la princesa ideal como un ángel de bondad o una doncella tan pura que parece emanar luz propia. 

En la Edad Media, esta mujer tenía un nombre. Se la conocía como Donna Angelicatta, y para el trovador era la perfección personificada. Era una mujer, normalmente casada, que representaba como ninguna otra la dulzura, la elegancia y la pureza que debía tener la fémina ideal. Sin embargo, hay que tener en cuenta que se trata de una mujer idealizada, casi un ángel celestial, que estaba tan por encima de la corrupción terrenal que no parecía una mujer de este mundo. La descripción de esta madona es muy parecida a la que tenemos hoy en día de una princesa de cuento: Cabellos de oro, voz clara y dulce, piel blanca, delicadeza extrema.

El deseo de ser una princesa suele dar con especial fuerza en la infancia. Las niñas son, sin lugar a dudas, las princesitas de la casa, las protagonistas de un hermoso cuento de hadas. Al crecer, algunas chicas dejan de querer ser princesas porque les parece una cursilada (eso hasta que aparece el chico de sus sueños y quieren convertirse a toda costa en "su" princesa). Sin embargo, hay muchachas muy jóvenes que quieren convertirse en un cierto tipo de princesa... sin darse cuenta de que hacerlo pone en peligro no sólo su salud, sino también su propia vida. Estoy hablando de Ana y Mia, las Princesas de Cristal.




Hace un tiempo tuve que documentarme para escribir una novela que trataría sobre la vida de un grupo de adolescentes. Uno de mis personajes, una chica llamada Natalia, tenía problemas de sobrepeso y se sentía profundamente menospreciada por su familia. Su única manera de aplacar la ansiedad que sentía era darse atracones, tras los cuales solía provocarse el vómito para no engordar más. Natalia había decidido convertirse en una princesa Mia.

Seguro que muchos ya lo sabéis, pero lo explicaré igualmente. Ana y Mia son los nombres que se le dan a dos trastornos de la alimentación que sufren muchos adolescentes (la mayoría son chicas, aunque hay chicos que también padecen dichos trastornos). Ana se refiere a la anorexia, mientras que Mia es la bulimia. Las aquejadas de este terrible trastorno se llaman a sí mismas Princesas de Cristal porque su máximo deseo es ser tan delgadas y frágiles que hasta la más suave brisa pueda romperlas.

La anorexia y la bulimia son dos enfermedades de la mente que son muy graves. Los aquejados de estas enfermedades tienen una visión distorsionada de su aspecto físico y de su peso, y para curarse es necesario que reciban atención psicológica intensiva. Tanto si se es anoréxica como bulímica, el objetivo final es perder tanto peso como sea posible hasta verse delgada. Pero la delgadez de estas chicas es extrema, llegando al punto de quedarse en los huesos, sufrir dolor en las articulaciones, estar muy débiles y, en el peor de los casos, llegar a morir por no comer.

Esto ya de por sí es preocupante. Es horrible estar hablando con una chica muy joven cuyo único deseo es ser delgada y no se da cuenta de que ha caído víctima de su propia trampa. Se le achaca la culpa de este trastorno a la imagen que se tiene hoy en día de la mujer perfecta, que suele estar representada por modelos o actrices cuyo común denominador es que son tan delgadas que parece un milagro que puedan tenerse en pie. Estoy de acuerdo en que las modelos no representan el físico común de la mayoría de las mujeres de este mundo, pero a mí no es algo que me preocupe especialmente. Quizá eso se deba a que siempre he sido una persona a la que nunca le ha importado demasiado el físico, ni el mío ni el de mis allegados. Se me enseñó desde muy pequeña que el aspecto físico no es importante, porque la verdadera belleza está en el interior de cada uno de nosotros (gracias, "La Bella y la Bestia"). Además, a su manera, todos los cuerpos son igual de bonitos; lo que pasa es que hay que saber sacarles partido y potenciarlos con la debida ropa y complementos.

Pero las Princesas de Cristal no lo ven de la misma manera. Estas chicas (como la mayoría de las que padecen este trastorno son chicas, utilizaré el género femenino) viven sometidas a la tiranía de Ana y Mia, quienes las consideran poco más que unas cerdas a las que les cuelgan las lorzas por todo el cuerpo. Son chicas que prefieren morir de inanición antes que probar un pedazo de comida que pueda hacerlas engordar. Argumentan que no hay nada más hermoso que luchar por alcanzar tu sueño de ser delgada, aunque esa lucha acabe en muerte. Pues, ¿qué puede ser mejor que morir dejando un bello y delgado cadáver?




Cuando me documenté para escribir un perfil de mi personaje, me quedé francamente horrorizada por el desarrollo de este trastorno alimentario. Pero lo que terminó de rematarme fue la ingente cantidad de páginas web y blogs sobre este tema que hay por Internet. Webs creadas por y para Princesas de Cristal, que ofrecen su particular visión de sí mismas y, lo que es peor, animan a otras chicas a imitarlas para que sean tan bellas, delgadas y felices como ellas.

Y, no obstante, el contenido de estas páginas es aterrador. Echad un vistazo a los ejemplos que os pongo a continuación, sacados de varias de estas páginas*:

"Todo lo que te alimenta, te destruye"

"Si no eres delgada, nunca serás bonita"

"En este mundo para todo hay solución... Dicen que lo único que no tiene solución es la muerte, pero a veces la propia muerte es la misma solución"

"En boca cerrada no entran kilos"

"Sólo una verdadera princesa sabe realmente el precio que tiene que pagar para ser hermosa"

Todo esto está escrito en blogs PÚBLICOS, que no son retirados de la red porque no se considera que su contenido sea ilegal o poco apropiado. ¿Libertad de expresión? Los administradores de Blogger me avisaron de que podían hacer que mi blog fuese privado si mostraba una sola imagen que pudiera interpretarse como pornográfica. O sea, que se me podría censurar por mostrar tetas y pollas, pero no por animar a las adolescentes a provocarse el vómito o a engullir aspirinas a lo loco durante la menstruación para perder más sangre y, por ende, más peso. Lamento tener que repetirme, pero es verdaderamente terrible leer los consejos y mandamientos que las Ana y Mia están obligadas a seguir si quieren lograr su sueño de ser delgadas.

Motivos por los cuales no comer:

1. Quieres ser perfecta.
2. No quieres ser GORDA.
3. Si eres delgada, serás deseada por todos.
4. Ser GORDA es malo, te ves fea.
5. Las GORDAS son una basura y tú no quieres ser eso.
6. Por tu novio!!
7. Quieres ser feliz.
8. Porque no quieres.
9. Porque no debes.
10. Porque si comes te pondrás fea.
11. Porque es tu objetivo.
12. Porque si logras esto vencerás cualquier cosa.
13. Porque eres ANA.


Tips para no comer:

-Fúmate un cigarro. Aparte de que te quita el hambre, fumar adelgaza.

-Recuerda que el hambre es algo mental. Si no piensas en comida, no te da hambre.

-Mantente alejado de ver y oler comida.

-Haz mucho ejercicio, corre, brinca, limpia la casa, saca al perro, gasta todas esas calorías que tienes adentro de tu puerco... digo cuerpo.

-Échale algo a tu comida, algo que no te guste, como jabón. Así, aunque te mueras de ganas por comerte ese delicioso filete lleno de grasa no podrás hacerlo.

-Si no quieres que te pillen, haz como que comes pero tíralo a la servilleta. Si ven que se dan cuenta de lo que estás haciendo, come pero más lento, y entre bocado y bocado bebe más agua para sentirte llena.

-Come desnuda frente a un espejo.

-Usa ropa apretada cuando estés en casa para que veas por qué haces esto. Pero si sales de casa, ponte ropa amplia para que no vean que estás adelgazando.

-Vomitar es la forma más divertida de verse bien, porque puedes comer todo lo que otras que están a dieta no pueden.

-Cuando estés contenta con tu peso... ¡PARA! Queremos ser bellas, no muertas ¿verdad?


Estos son sólo unos ejemplos de lo que se puede encontrar por los blogs de cualquier Ana o Mia. Aparte de los consejos referentes a la comida, se encuentran también otro tipo de consejos, como ingerir laxantes o provocarse el vómito en caso de que no quede más remedio que sacarse toda la comida del cuerpo. También ofrecen indicaciones sobre la dieta a seguir, que sería insuficiente hasta para alimentar a un gato. Entre los alimentos que más se comen encontramos lechuga en abundancia, tomate y pepino. Pueden comer sopa, pero tiene que estar muy colada. La única bebida que se les permite tomar es agua, entre 3 y 5 litros por día. Por supuesto, es obligatorio hacer ejercicio intensivo o, por lo menos, no parar de moverse en todo el día, pues cualquier movimiento quema calorías. Y, sobre todo, pesarse continuamente. Vivir como esclavas de la báscula: esa es su meta.





Lo que me parece todavía peor es ver los comentarios que se dejan en esos blogs, en los que estas chicas cargan no sólo contra aquellos que las critican, sino también contra sí mismas. En uno de estos comentarios, una chica con sobrepeso dice ser muy feliz junto a su chico, un chaval al que describe como guapo y atlético. ¿Queréis saber cuáles fueron las primeras respuestas?

-Dices que tu novio es atlético. Se aburrirá de ti cuando vea nenas más lindas, piensa un poco lo que dices.

-Apoyo lo de arriba. No te va a querer porque estás gorda, das asco y lo que dices es mentira porque tú misma te has engañado. Vives en un mundo de mentiras, gorda asquerosa, y tu novio no se merece a una ballena como tú.

Cuando una persona hace de una enfermedad su estilo de vida, creo que de verdad hay que empezar a preocuparse. No soy psicóloga, pero no me hace falta serlo para darme cuenta de que estas chicas tienen un grave problema que les lleva a distorsionar la realidad y tener una imagen de la realidad que ellas mismas se han inventado. En muchas ocasiones se trata de chicas muy jóvenes e inmaduras que están siendo aconsejadas por gente perversa y malintencionada que no las aprecian de verdad y las conminan a que se odien a sí mismas. Creen que la delgadez les abrirá todas las puertas del éxito, del estrellato, que las conducirá a los brazos de su amor verdadero. No son capaces de ver que se han montado una película cuyo final acabará con su muerte como sigan así.

He leído muchos comentarios en sus blogs, no siempre ensalzándolas ni aplaudiendo lo que hacen. Muchos de estos comentarios se dedican a insultarlas y a llamarlas retrasadas mentales, pero creo que decirles eso es contraproducente. Además, nadie tiene derecho a insultar a nadie. Nadie la emprendería a insultos contra un enfermo de cáncer. ¿Por qué insultar entonces a las anoréxicas y a las bulímicas? Están enfermas, y lo peor de todo es que no se dan cuenta. Sinceramente, a mí me inspiran mucha lástima. Por desgracia, sus "hermosas" diosas de cristal no son ni serán nunca tan compasivas como yo.

"Muy pronto te estaré diciendo no sólo qué hacer con la comida, sino qué hacer todo el tiempo. Sonríe. Preséntate bien. ¡Mete la barriga! Puedo hacer que un plato de lechuga se vea como un festín digno de un rey. Ningún pedazo de nada. Si comes, todo el control se romperá. ¿Quieres eso? ¿Volver a ser la horrible vaca que eras? Te obligo a mirar a las modelos de las revistas, tan hermosas, tan perfectas, y te hago comprender que nunca podrás ser una de ellas. Siempre serás gorda. Cuando te mires al espejo, distorsionaré la imagen. Te mostraré un luchador de sumo cuando en realidad hay una niña hambrienta. Pero tú no debes enterarte, porque si sabes la verdad comenzarás a comer otra vez y nuestra relación se caerá.

(...)

Tengo un punto débil, pero no debemos decírselo a nadie. Si tú decides luchar, contarle a alguien cómo te hago vivir, el Infierno se liberará. Nadie debe enterarse, nadie debe romper esa máscara tras la cual te he escondido. Yo te he creado. A esta niña perfecta, delgada, cumplidora. Tú eres mía y sólo mía. Sin mí, no eres nada. Así que no luches. Cuando otros hagan comentarios, ignóralos. Olvídate de ellos, olvídate de cualquiera que trate de llevarme. Yo soy tu más grande logro, y pretendo dejarlo así.

Sinceramente,

Ana y Mia"






*Todas las frases, consejos y comentarios han sido extraídos de webs reales de Ana y Mia. Lo único que he hecho ha sido modificar la ortografía.