¡Hola a todos!
En 1973, un joven de Maine de veintiséis años llamado Stephen King soñaba con convertirse en escritor. Sin embargo, en aquel tiempo las cosas no le iban bien. Para poder pagar sus estudios, King tuvo que realizar trabajos de media jornada en una lavandería, aunque más tarde daría clases en una escuela secundaria de Maine. El dinero que ganaba era tan escaso que él y su familia tenían que vivir en un remolque. Para colmo de males, le pagaban tan poco por lo que conseguía publicar que sufrió una terrible depresión que le llevó a ahogar sus penas en el alcohol, un problema que arrastraría durante una década. Sin embargo, a principios de los 70 escribió un gran número de novelas, aunque no todas le complacían. Una de sus primeras ideas fue la de una joven con poderes psíquicos. Sin embargo, se sintió desalentado y, después de escribir un par de escenas, tiró el borrador a la basura.
Es su esposa Tabitha, también escritora, quien rescata el borrador y, tras leerlo, ve el potencial que posee el argumento y anima a su marido a seguir escribiendo esa historia. Stephen King, que confiaba en el criterio de su esposa más que en el suyo, recupera esas páginas arrugadas y sigue adelante; hasta cuatro veces llegaría a tirar a la basura el borrador de su primera novela, pero no deja de escribir en ningún momento, poseído por su propio entusiasmo. En unas semanas, termina el borrador y lo titula Carrie. Lo envía a la editorial Doubleday, la misma que había rechazado otros manuscritos suyos, y se olvida de ella. Pero esta vez algo cambia. Al cabo de unas semanas, recibe una llamada del editor, quien le envía un adelanto de 2.500 dólares por la publicación de aquella novela que King tanto denostaba. Poco tiempo después, los derechos de la novela se venderán por 400.000 dólares y la primera edición se agota en apenas unas semanas. Los críticos alaban la novela, los lectores la devoran entre fascinados y aterrorizados, y King, viendo el éxito obtenido, toma la decisión de dedicarse a la escritura por completo, convirtiéndose en el rey del terror.
Así nació Carrie White, la joven que mejor sabía lo que era el odio, lo que suponía ser diferente a los demás, la rara, la que nunca encajaba en ninguna parte... y también la que sabía lo que se sentía al fantasear con la venganza, con hacerles pagar a todos por el daño que le habían causado. Carrie es la pesadilla que nadie querría ver hecha realidad. Es la criatura que surge del acoso escolar, de la violencia intrafamiliar, del fanatismo religioso, con el añadido de un poder psíquico demasiado peligroso para alguien que ansía ver el mundo arder.
¿Os apetece leer su historia?
Editorial: Penguin Random House - Debolsillo
Nº de páginas: 256 páginas
Año: 1974
Sinopsis: Carrie, una joven de apariencia insignificante, acosada por sus compañeras de instituto, vive con su madre, una fanática religiosa. Un día en las duchas, la primera menstruación de Carrie provoca las burlas de las demás chicas y desencadena una sucesión de hechos sobrenaturales y terroríficos. Con el instituto como epicentro de la trama, la pequeña ciudad de Chamberlain, Maine, verá cambiar el curso de su historia en manos de la aterradora adolescente.
RESUMEN (CON SPOILERS)
La historia de Carrie es la de una chica que quería ser invisible, pero que acabó siendo imposible de olvidar. Es la historia de una Cenicienta que no pudo soportar por más tiempo las burlas y el acoso indiscriminado de sus semejantes y acabó convirtiéndose en su peor pesadilla. Y también es la historia de cómo un escritor que se consideraba a sí mismo un fracasado, llegó a ser un referente de la literatura de terror de todos los tiempos. Fue su primera novela publicada y también una de las más personales, pues reflejaba el aislamiento del autor y su sentimiento de marginación durante su infancia y adolescencia.
La novela comienza en los baños del instituto Ewen de Chamberlain, Maine. Las jóvenes alumnas se están duchando después de su clase de Educación Física, en medio de un ambiente donde hay risas, chapoteos y complicidad. En medio de esas alegres muchachas se encuentra Carrie White, la rana entre los cisnes, como la describe su creador. Es una adolescente de dieciséis años pálida, tímida y poco agraciada, de formas regordetas, la cara picada de acné y dueña de un cabello rubio parduzco que cae sobre su cara lacio, sin gracia ni vida. Sus ojos, de mirada huidiza, revelan una mezcla de temor, desconcierto y tristeza. Es la antítesis de sus compañeras de clase, quienes sienten hacia ella una repulsión difícil de disimular. Algunas se limitan a ignorar su presencia, pero la mayoría aprovecha cualquier excusa para humillarla y reírse a costa de su malestar. Y la excusa perfecta se presenta ese mismo día.
Mientras Carrie se ducha, un reguero de sangre menstrual empieza a resbalar por sus piernas. Al verla, Carrie se pone a gritar llena de temor, pues no sabe lo que le pasa y cree que se está desangrando. Grita y pide ayuda, pero sus compañeras, lideradas por la popular Chris Hargensen, se ríen de su ignorancia y empiezan a bombardearla con compresas y tampones, hasta que por fin llega la profesora de Educación Física, la señorita Desjardin, para poner orden y parar el acoso. Pensando que tiene un ataque de histeria, abofetea a Carrie y le ordena que se calme mientras pide explicaciones sobre lo ocurrido. Poco a poco cesan las burlas, y todas caen en la cuenta de que, hasta ese momento, Carrie no tenía ni idea de lo que es la menstruación. En ese instante, una bombilla de los vestuarios estalla de repente, pero la señorita Desjardin no le da mucha importancia al suceso. Su atención se centra en Carrie, a quien le explica lo que le ocurre y lo que debe hacer.
De camino a casa, Carrie reflexiona sobre el suceso de las duchas y a su mente vuelven los recuerdos de su infancia en la escuela de Chamberlain. Desde muy niña viene sufriendo un acoso indiscriminado por parte de sus compañeros, quienes ven en ella un blanco fácil para sus burlas. Carrie no destaca por nada en especial: no es guapa, pero tampoco es fea; no es la más inteligente de la escuela, pero tampoco es tonta. Sin embargo, posee una vulnerabilidad que los demás huelen como los perros olfatean el miedo. Sus compañeros cargan contra ella porque pueden, porque es fácil, porque Carrie nunca se defiende. Para ellos es divertido burlarse de esa chica anodina a la que ven como una santurrona, un cero a la izquierda, un hilarante quiero-y-no-puedo, porque saben que nunca podrá hacerles nada. Y, si llegara a hacerlo, se encargarían de hundirla hasta que no pudiera volver a levantarse jamás. Pero Carrie se percata de que el estallido de la bombilla no fue algo aislado, sino que ella había deseado que sucediera. Lo mismo le pasó en el despacho del subdirector del instituto, donde hizo saltar por los aires un cenicero que había sobre el escritorio del subdirector después de que éste la hiciera exasperar por haber dicho mal su nombre varias veces. Y también cuando deseó que un estúpido niño se cayera de la bicicleta. Todo esto le hace pensar en un episodio de su más tierna infancia, un hecho del que apenas tiene recuerdos, pero que quedó marcado en su mente como el día que hizo caer las piedras del cielo.
Mientras tanto, las compañeras de clase no salen impunes de lo acontecido en las duchas. La señorita Desjardin recibe autorización para decidir su castigo, y las reúne a todas para informarles de que estarán castigadas una semana entera haciendo ejercicio después de clase hasta caer reventadas; y, en caso de que alguna decida no presentarse al castigo, será sancionada con tres días de expulsión y la prohibición de asistir al baile de graduación. Aunque la mayoría acepta las condiciones del castigo, Chris Hargensen se niega en rotundo. Ella no cree haber hecho nada malo, e incluso le pide a su padre, que es abogado, que intervenga y amenace con demandar al instituto si insisten en que cumpla su castigo. Sin embargo, tras informar a su padre de los constantes acosos por parte de Chris hacia Carrie y otras compañeras, la idea de demandar al instituto queda descartada y Chris tiene que afrontar las consecuencias de sus actos y queda excluida del baile de graduación. Furiosa, Chris empieza a tramar su venganza.
Pero aunque muchas de sus compañeras siguen despreciando a Carrie en silencio, hay una que no lo hace. Sue Snell, otra chica popular pero más compasiva que sus condiscípulas, siente un gran remordimiento por haberse unido a las demás mientras se burlaban de Carrie. Aunque Sue y Carrie están muy lejos de ser amigas, lo cierto es que no tenía motivos para humillarla. Su comportamiento no parece propio de alguien tan íntegro como ella, e incluso le cuesta reconocerse en aquella chica que le tiraba compresas y tampones a una llorosa y miserable Carrie. Sue comparte su malestar con su novio, Tommy Ross, quien la apoya y la anima a tratar de expiar su culpa.
En la soledad de su hogar, Carrie no halla consuelo alguno. Su madre, Margaret White, una mujer dominada por un fuerte fanatismo religioso, descarga su ira contra ella al enterarse de que tiene la regla. En su retorcida mente, cree que si se hubiera mantenido pura (en otras palabras, virgen), Dios jamás la habría castigado con la maldición de la sangre. Margaret es tan fuerte y ejerce una influencia tan poderosa sobre Carrie que no le cuesta doblegarla y, a modo de castigo, la encierra en un armario durante horas para que rece pidiendo perdón. Es así como descubrimos que Carrie no sólo tiene un enemigo en el instituto, sino también en su propia casa, siendo su madre la segunda losa que la aplasta y la ahoga sin misericordia alguna. Pero esta vez, algo cambia. En medio de gritos y jaculatorias, Carrie amenaza a su madre con volver a hacer caer las piedras, y ésta, aunque consigue encerrarla en el armario, le levanta el castigo en cuanto Carrie le pide perdón. Pero, ¿qué significado tienen las piedras en la infancia de Carrie?
Siendo tan sólo una niña de tres años, Carrie salió al patio trasero de su casa a jugar, y allí presenció a su vecina Stella Horan tomando el sol sin la parte superior de su bikini. La niña le pregunta por sus pechos, a los que su madre llama bultoscochinos. El descubrimiento desencadena una violenta reacción en Margaret, quien llega al extremo de arañarse la cara para obligar a su hija a que vuelva con ella. Tras encerrarla en casa y someterla a una intensa sesión de rezos, el cielo se oscurece y una lluvia de rocas cae del cielo sobre la casa de los White. Aunque todos creen que se trató de un fenómeno natural, tanto Margaret como Carrie saben que fue la propia niña quien invocó esa lluvia de piedras.
La relación entre Carrie y su madre es enfermiza, insana y muy peligrosa. En su juventud, Margaret ya había dado muestras de un comportamiento anormal cuando su puritanismo y obsesión por la religión la llevó a participar en la Iglesia fundamentalista, donde conoció a Ralph White, igual de fanático que ella. La pareja se dedicó por completo al servicio a Dios de la manera más pura posible, y Margaret solía presumir de que ella y su marido no mantenían relaciones sexuales, dejando a Dios la decisión de que tuvieran descendencia. Sin embargo, Margaret tuvo que ser ingresada en el hospital en dos ocasiones, siendo la primera de ellas por haber sufrido un aborto espontáneo. Tras la muerte de Ralph en un accidente en una obra, Margaret dio a luz en casa completamente sola. En su delirio, no pensaba realmente que estaba embarazada, sino que Dios la había castigado con un cáncer en sus "partes femeninas" y que moriría. Al nacer Carrie, estuvo a punto de matarla con un cuchillo, pero no se atrevió. Desde aquel día, se dedicó a ejercer sobre Carrie una presión tal que se volvería insoportable con el tiempo, pues Margaret confunde el amor maternal con la dominación y la violencia con la salvación espiritual.
Mientras tanto, la vida pasa sin pena ni gloria para Carrie. En el instituto sigue siendo una marginada, y en casa dedica sus tardes a la costura de prendas de ropa feas y pasadas de moda que su madre aprueba, pero que ella detesta. Sus únicos momentos de felicidad se dan en su habitación, cuando por fin está a solas y puede utilizar sus poderes telequinéticos. Al principio le cuesta mover objetos y siente que se agota con facilidad, pero poco a poco va moviendo un libro, luego la cama, y finalmente varios objetos a la vez. Cada vez que usa su poder, Carrie se siente más fuerte, más libre y poderosa. Es la primera vez que tiene algo que los demás no pueden arrebatarle, algo que la hace única y especial. Sentir esa energía fluyendo dentro de ella le agrada, pero también la asusta, pues sabe que su madre sospecha de ella. Y lo que Carrie considera liberador, Margaret lo ve como un poder que proviene del mismísimo Satanás y que es necesario erradicar.
Pero entonces, ocurren dos cosas que van a cambiar la vida de Carrie para siempre. Durante un encuentro en una cafetería entre Sue Snell y Chris Hargensen, las chicas discuten cuando sale el tema de Carrie. Chris le señala a Sue, no sin razón, que ella no era nadie para darle lecciones de buen comportamiento cuando también estaba entre las demás arrojándole cosas a Carrie en las duchas, y Sue se ve obligada a admitir que tiene razón. Se da cuenta de que aquel episodio no fue un hecho aislado, sino una muestra de crueldad continuada hacia una persona que jamás le había hecho nada. Para reparar el daño, decide pedirle a su novio Tommy un favor: que lleve a Carrie al baile de graduación en su lugar. De esta manera, no sólo vería aliviada su conciencia, sino que también le ofrecería a Carrie una oportunidad de sentirse aceptada y disfrutar de una experiencia adolescente que, de otro modo, se habría perdido. Y, para alivio suyo, Tommy acepta, aunque no cree realmente que sea una buena idea.
Pero Chris tiene otros planes para la noche del baile. Aunque tiene prohibido asistir, se ha enterado de que Sue le ha pedido a Tommy que lleve a Carrie y que la pareja será candidata para ser nombrada reyes del baile. Con ayuda de sus compañeras y de su novio Billy Nolan, urde una trampa para humillar definitivamente a Carrie delante de todo el instituto. Billy es un joven delincuente, violento, arrogante y cruel con una reputación peligrosa. Su relación con Chris es turbulenta y está marcada por la agresividad y la dominación, y esto se extrapola hacia los demás: Billy es capaz de hacer daño y humillar sin razón alguna, sólo por el placer que eso le provoca. Reúne a un par de amigos para ir de noche a una granja, matan a un par de cerdos y recogen su sangre en cubos de metal. El plan de Chris es colocarlos encima del escenario del gimnasio y arrojarlos sobre Carrie cuando ésta sea coronada reina del baile; para ello, se ha encargado de manipular las papeletas para que Tommy y Carrie sean los ganadores.
Para Carrie, todo lo que le está ocurriendo es una experiencia completamente nueva. Aunque intuye que Tommy la ha invitado al baile porque Sue se lo ha pedido, una parte de ella quiere creer que no le va a pasar nada malo. Sabe que Tommy es un buen chico y nunca le ha hecho nada, pero desconfía de los demás. Tommy la tranquiliza prometiéndole que la recogerá y la traerá de vuelta a casa cuando ella quiera, y no permitirá que nadie le haga nada, y Carrie por fin accede. Por primera vez en su vida, se le presenta la oportunidad de ser aceptada, de encajar, de vivir una experiencia normal como las demás chicas de su edad. Su decisión, sin embargo, supone un acto de rebeldía hacia su madre, a quien nunca se había atrevido a desafiar. Carrie tiene miedo de decírselo, y su reacción es tan violenta como lo esperaba, pero eso no la hace echarse para atrás, pues comprende que no puede pasar toda su vida obedeciendo las prohibiciones maternas. Se compra una hermosa tela de terciopelo de color rojo, un color prohibido por su madre, y se confecciona un precioso vestido.
Llega la noche del baile y Carrie ya está lista para que Tommy pase a recogerla, mientras escucha a su madre rezar de manera enfermiza. Sus nervios están a flor de piel, lo que se manifiesta en la alteración de su poder telequinético, pues hace temblar los cristales de las ventanas. Pero cuando Tommy le dice lo guapa que está, Carrie se tranquiliza. En el baile, que se celebra en el gimnasio del instituto, están todos sus compañeros engalanados con sus mejores trajes y vestidos. Aunque Carrie se siente desubicada, la amabilidad de sus compañeros la hace relajarse y disfrutar de la noche. Mientras tanto, Billy Nolan se asegura de que la trampa que ha puesto encima del escenario está bien ubicada, y Margaret White, sola en su casa y con sus propios pensamientos, toma un cuchillo carnicero y empieza a afilarlo para utilizarlo contra su hija cuando regrese.
Llega el momento de las votaciones y Carrie se sorprende cuando ella y Tommy son los elegidos para ser reina y rey del baile. Al subir al escenario y sentarse en el trono mientras suena el himno de la escuela Ewen, por fin se siente parte del grupo. Todos la aplauden, le sonríen, le dedican palabras hermosas, alguien pone sobre su cabeza una corona... y entonces, la sangre cae sobre la pareja, la mayor parte empapando a Carrie por completo. Uno de los cubos de metal le cae a Tommy sobre la cabeza, dejándole inconsciente y muriendo poco después debido al golpe. Se hace el silencio y, de pronto, empiezan las risas. Todos la señalan y se ríen de ella; Carrie incluso puede oír sus pensamientos. Humillada, intenta escapar del lugar. La señorita Desjardin, riéndose, se acerca a ella para tratar de ayudarla, pero Carrie la empuja con la mente. Alguien le pone la zancadilla y cae al suelo, pero aún así consigue escapar. Pero, cuando ya está en el estacionamiento, recuerda su poder y toma una decisión fatal: todo el daño que le han hecho lo van a pagar allí mismo.
Carrie regresa al gimnasio y usa su enorme poder para bloquear puertas y salidas de emergencia, de modo que nadie pueda escapar. Con la intención de estropear sus trajes, manipula el sistema antiincendios y empieza a empaparlos a todos, pero eso no le parece suficiente. Entonces, sus ojos detectan los cables que la orquesta utilizaba para sus equipos y altavoces y comienza a usarlos para electrocutar a la gente. Saltan chispas por todas partes que caen en el decorado de papel y en los vestidos de las muchachas, y se produce un incendio en el gimnasio. Sólo unos pocos consiguen escapar porque encuentran una salida que Carrie no ha conseguido cerrar; serán los únicos supervivientes del baile.
Carrie sale del instituto en llamas y empieza a vagar por la ciudad de Chamberlain sembrando el caos. Al oír las sirenas de las ambulancias y los camiones de bomberos, usa sus poderes para romper las tomas de agua aledañas y así evitar que apaguen el incendio. Mientras tanto, Sue está en su casa, preocupada. Su período se ha retrasado y cree que podría estar embarazada de Tommy, pero también vienen a su mente malos presentimientos acerca del baile y, sobre todo, de Carrie. En su camino hacia su casa, descalza y trastornada, Carrie va destruyendo todo lo que se cruza en su camino: gasolineras, comercios, calles e infraestructuras eléctricas. Todo Chamberlain se convierte en un infierno bajo su inmenso poder, provocando incluso varias muertes a su paso. Lo más sorprendente es que, mientras se produce la catástrofe, Carrie produce un extraño efecto secundario de sus habilidades, que es la transmisión de telepatía, haciendo que las personas situadas a cierto radio de la destrucción supieran exactamente qué había pasado en el instituto y quién había sido la causante, independientemente de si conocían a Carrie o no.
Carrie sigue caminando por Chamberlain en estado catatónico, tan sólo deteniéndose en una iglesia para rezar. Al llegar a su casa, se enfrenta por fin a su madre, quien la está esperando. Margaret le cuenta entonces la historia de su concepción, de cómo su marido Ralph había vuelto una noche a casa borracho y la había tomado contra su voluntad. Y aunque Margaret aborrecía el sexo por considerarlo el acto más pecaminoso y sucio que pudiera existir, admite que aquello le gustó y la hizo gozar como nunca antes. Margaret ve a Carrie como fruto de aquel acto impuro, lo que la hace odiarla y castigarla, pues es la prueba de que ella misma había pecado. Además, los poderes telequinéticos de Carrie han aumentado su miedo, y Margaret llega a creer que su hija está poseída por el demonio. Al acercarse la una a la otra, Margaret saca el cuchillo carnicero y se lo clava a Carrie en el hombro. Es la cuarta vez en su vida que intenta matar a Carrie, siendo la primera cuando Carrie era sólo un bebé, la segunda cuando estaba en la cuna jugando a levantar un biberón con la mirada y la tercera cuando cayó la lluvia de piedras. Pero esta vez tiene éxito, pues le secciona una arteria que la hace sangrar profusamente. Furiosa, Carrie utiliza su poder para detener el corazón de su madre y provocarle un paro cardíaco.
Con su madre muerta, Carrie sale de su casa y empieza a vagar sin rumbo fijo otra vez. En un estacionamiento, descubre el coche de Billy y Chris, a los que siente gracias a su poder telepático. Sabiendo que ellos eran los responsables de lo sucedido, Billy intenta atropellar a Carrie para matarla y que no los delate. Sin embargo, Carrie siente la llegada del coche y, con sus poderes, lo desvía del camino y hace que se estrelle contra un muro, haciendo que Billy y Chris mueran en el acto. El uso excesivo de sus poderes hace colapsar a Carrie, junto con la excesiva pérdida de sangre. Sue, que durante un buen rato ha seguido el rastro de destrucción para buscar a Carrie, la encuentra casi muerta en el suelo del estacionamiento. Durante un instante está a punto de hacerle daño a Sue, pero ella la invita a que mire dentro de su mente y compruebe por sí misma que Sue no tenía la menor intención de hacerle daño, sino todo lo contrario. Carrie comienza a llorar, lamentando la muerte de su madre, y fallece en los brazos de Sue. Al levantarse, siente cómo la sangre menstrual le corre por las piernas.
El gran incendio de Chamberlain llama la atención en todo el país, llegando a considerar el pueblo como zona catastrófica. En los informes finales del libro, se nos dice que la autopsia de Carrie desveló detalles en su cerebro que no eran habituales en la mayoría de los seres humanos. El caso llama la atención de científicos y parasicólogos acerca de la telequinesis, pero la gente tiene miedo de que la historia se repita algún día. La señorita Desjardin renuncia a su empleo debido a la culpa por no haberse acercado a Carrie y no haber podido evitar la tragedia. Mientras tanto, las autoridades intentan saber qué sucedió en Chamberlain, qué causó la muerte de más de cuatrocientas personas, creando para ello una comisión de investigación de la que no pueden sacar demasiadas cosas en claro, ya que Carrie mató a todos los testigos durante aquella noche.
La novela termina con una carta escrita por una mujer de Tennessee, quien le dice a la otra persona que su hijita está desarrollando habilidades telequinéticas, considerando el hecho como simpático y digno de admiración.
Así termina la novela de Carrie. Como habéis podido comprobar, no me he detenido en criticar los aspectos técnicos y literarios de la novela porque no me ha parecido necesario en esta ocasión. A pesar de la inexperiencia de King, es impresionante ver cómo pudo crear una colección de personajes tan complejos en su primera novela, habilidad que desarrollaría más adelante con otras novelas del mismo género y de mayor extensión y calidad. Carrie es una adolescente inadaptada que sufre constantes abusos en el instituto y en su propia casa y, al mismo tiempo, se convierte en el centro de una tragedia que provocará ella misma. Crece sin amor en una casa dominada por una madre fanática religiosa que la mantiene aislada e ignorante del mundo, lo que dificulta su relación con los demás y la convierte en una figura extraña para sus compañeros. El mundo fuera de aquellas cuatro paredes es cruel con Carrie hasta extremos inimaginables, haciendo que pierda el control de su vida. Lo único que le da verdadera autonomía es su poder telequinético pero, en el fondo, Carrie desearía no tener que usarlo jamás y poder vivir como cualquier chica de su edad. La invitación de Tommy al baile, aunque bienintencionada, deriva en una verdadera calamidad que lleva a Carrie a un punto de no retorno: si el mundo insiste en ser cruel, ella lo será todavía más. Pero detrás del monstruo que todos ven, todavía queda alguien que es capaz de mirar más allá. Sue Snell, aunque afectada por la muerte de su novio, comprende que Carrie no es una simple asesina, sino una muchacha herida por años de abusos constantes, aislamiento y humillación. Una de las grandes lecciones que podemos extraer de esta novela es que no todos los monstruos nacen siendo monstruos, sino que a algunos los crea la propia sociedad, y que someterlo a un sufrimiento constante puede terminar convirtiéndolo en aquello que más tememos.

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