octubre 09, 2026

900 días: el caso de Anabel Segura

 


España, años 90. Aquella década se caracterizó, entre otras cosas, por la desaparición en misteriosas circunstancias de decenas de adolescentes. Hacía poco que se habían descubierto los cadáveres de las niñas de Alcásser, la joven Gloria Martínez se había esfumado como por ensalmo del centro psiquiátrico en el que estaba ingresada, y se seguía sin saber el paradero de las niñas de Aguilar de Campoo. Y fue en 1993, en un momento en el que el país todavía no había sanado de estas terribles heridas, cuando se produjo el secuestro de Anabel Segura, un caso que mantendría en vilo a la sociedad española durante dos largos años hasta su resolución.

Anabel Segura Follers, de veintidós años, cursaba 4º de Empresariales en Comillas ICADE, una universidad privada de Madrid. Era una joven de buena familia: su padre, José Segura Nájera, era director de Lurgi Española, una empresa de construcción de plantas industriales. Su madre era Sigrid Follers, a quien su padre había conocido en Alemania y con quien había tenido dos hijas: la propia Anabel y su hermana menor Alejandra. La familia tenía su residencia en la urbanización Intergolf, situada en el acomodado barrio de La Moraleja (Alcobendas), un lugar habitado principalmente por gente de alto standing. 

El 12 de abril de 1993, la familia Segura Follers estaba pasando unos días de asueto en el sur de España, concretamente en la región de Andalucía. Habían estado en Sierra Nevada esquiando y ahora se encontraban en Marbella, disfrutando de la Costa del Sol. Sin embargo, Anabel había vuelto a Madrid antes de lo previsto porque tenía que preparar unos exámenes. Aquel día prometía ser como cualquier otro. Aunque la joven tenía por costumbre levantarse temprano, comer algo y salir a correr, aquel día cambió su rutina y decidió estudiar un poco hasta el mediodía; a las 14:30 salió de su casa con la intención de hacer un poco de ejercicio, llevando consigo su walkman.

A la altura del Colegio Escandinavo, se encontró con Antonio, el conserje del colegio, al que saludó mientras seguía corriendo. Pero, en el momento en que el conserje entró de nuevo en el edificio para continuar con su trabajo, escuchó voces y gritos. Cuando salió, se dio cuenta de que había una furgoneta blanca de la que se habían bajado dos hombres que forcejearon con Anabel y la metieron en el interior del vehículo antes de salir de allí a toda velocidad. Durante el forcejeo, Anabel Segura luchó con todas sus fuerzas, oponiendo una resistencia feroz, al punto que perdió la chaqueta del chándal que llevaba anudada a la cintura y el walkman. El conserje regresó rápidamente al colegio para avisar de lo sucedido a las autoridades y, aunque no pudo dar la matrícula ni la marca de la furgoneta por no llevar las gafas puestas en el momento del incidente, al menos logró que la Policía diera comienzo a la investigación.

A pesar de que en aquel tiempo no existían las redes sociales, la desaparición de Anabel pronto llegó a los medios y conmocionó a la población española. La Brigada Provincial de Policía Judicial de Madrid se volcó en la investigación, y la familia Segura Follers se apoyó mucho en la figura de Rafael Escuredo, expresidente de la Junta de Andalucía y abogado, que asumió el papel de portavoz oficial de la familia.



El 14 de abril, los padres de Anabel reciben la primera llamada de los secuestradores a las 20:00 horas, y fue Escuredo quien contestó aquella llamada y recogió la demanda de los delincuentes: querían 150 millones de pesetas (algo más de 900.000 € actuales) a cambio de devolver sana y salva a Anabel. En paralelo a aquellas conversaciones, los padres de Anabel ofrecieron una recompensa de 15 millones de pesetas a quien pudiera darle una pista sobre el paradero de Anabel. No escatimaron en gastos para buscar a su hija, pues llegaron a contratar a expertos privados en secuestros.

El 16 de abril, los secuestradores realizan otra llamada, que también recibe Escuredo, exigiendo el pago del dinero. El problema es que la familia sólo había conseguido reunir sesenta y tres millones de la cantidad exigida (unos 380.000 €), hecho que enfurece a los secuestradores y les hace cortar la llamada. Volverían a llamar tres días después para renegociar el rescate, aceptando la cantidad reunida y dando la ubicación exacta de dónde debía dejarse el dinero: el kilómetro 126 de la N-II, sito en Guadalajara. Los secuestradores son muy claros al respecto: no quieren policía ni gente extraña por los alrededores. Sólo deben dejar allí el dinero y después les llamarán para decirles dónde van a dejar a Anabel. Pero la Policía no se deja engañar y monta un dispositivo en zonas aledañas para vigilar los movimientos de los secuestradores. El dinero se deposita en una bolsa en el lugar indicado, pero pasan las horas y nadie viene a buscarla. Se detecta por las cercanías una furgoneta blanca, pero ésta pertenece a un guarda forestal que no tiene relación alguna con el caso.

El 29 de abril reciben otra llamada de los secuestradores, en la que dicen que no recogieron el dinero por haberse dado cuenta de que había policías por los alrededores. Tras amenazar con matar a Anabel si seguían jugando con ellos, organizan otra recogida para el 6 de mayo con un nuevo punto de entrega, esta vez cerca de Tarancón (Cuenca). Hay que tener en cuenta que, hasta el momento, los secuestradores no habían aportado ni una sola prueba de que Anabel Segura estuviese viva, a pesar de las reiteradas peticiones de la familia. Su estrategia consistía en dar largas continuamente, jugando con la desesperación de los padres de Anabel. Y, pese a sus amenazas, la Policía vuelve a montar otro operativo en las cercanías del punto de encuentro, pero el resultado vuelve a ser el mismo. Nadie pasa a recoger la bolsa.

La siguiente llamada se produce el 22 de junio, tras una emisión de Código Uno, un programa de televisión de los 90 que abordaba sucesos criminales reales que aún no habían sido solucionados por la Policía. Durante la llamada, la familia Segura Follers muestra una gran firmeza y le dice a los secuestradores que no verán una sola peseta hasta que no se les entregue una prueba de que Anabel está viva. A pesar del enfado de los secuestradores, estos envían la prueba dos días después de aquella llamada. Esta prueba resulta ser una cinta de cassette en la que se oye a una mujer diciendo que sus captores no la tratan mal y despidiéndose de sus padres y su hermana. Tras la grabación, uno de los secuestradores asegura que, si no se cumplen sus peticiones, en treinta días ejecutarán a Anabel sin más miramientos.

Sin embargo, a partir de aquí empiezan a cambiar las cosas. Esta última llamada resulta ser lo bastante larga como para localizar el punto desde el que se realiza, que resulta ser una cabina telefónica del distrito de Vallecas. Pero también se descubre algo desgarrador, y es que la familia se da cuenta de que aquella voz no es la de su hija Anabel. Esto sólo les deja con dos opciones: o aquellas llamadas las hacían dos impostores que se hacían pasar por los verdaderos secuestradores, o Anabel estaba muerta.



Mientras tanto, la Policía seguía analizando la cinta, que arrojó bastantes más pistas de las que pudiera parecer a simple vista. A pesar de las limitaciones de los equipos tecnológicos de la época, se consiguen captar varios sonidos de fondo. Después de las amenazas, se oyen varias canciones del álbum Aidalai de Mecano sobre las que habían grabado el mensaje, lo que hace suponer que los secuestradores no son profesionales. También se oyen las voces de unos niños jugando, el chirrido de una puerta y el timbre de una casa, pero lo que capta la atención de los investigadores es la frase "pimientos coloraos", un modismo lingüístico que parecía propio de Vallecas. Sin embargo, por el momento esta pista no les conduce a ninguna parte. En septiembre de 1994, la Policía solicita permiso para reproducir la cinta de la voz del secuestrador a presos de confianza en diferentes cárceles con la esperanza de que alguien pudiese reconocerla. También se recurre a la BKA, la Policía alemana, donde el doctor Hermann Künzel, un experto en análisis de voz, recibe las grabaciones para poder estudiarlas.

Pero lo que va a provocar un avance en la resolución del caso será su difusión mediática. En noviembre de 1994 se emitieron fragmentos de la grabación en el programa ¿Quién sabe dónde?, presentado por Paco Lobatón, y en la misma emisión se ofrecieron sesenta millones de pesetas a las personas que pudieran dar alguna pista que llevara a identificar la voz del secuestrador. Esto resulta ser un punto crucial, porque la emisión pública de aquella grabación generó una avalancha de llamadas de las que unas tres mil fueron más o menos tenidas en cuenta. Se hace lo mismo en varias emisoras de radio con la intención de mantener vivo el interés público por la desaparición de Anabel.

Finalmente, en mayo de 1995 aparece por fin una pista clave. Un vecino de Escalona (Toledo) llamó a la Policía para decir que él conocía al secuestrador de Anabel Segura. Se trataba de Emilio Muñoz Guadix, alias el Facha, un repartidor vallecano que trabajaba para una empresa de paquetería. Todas las pistas apuntaban hacia él: vivía en el pueblo toledano de Pantoja, su empresa había hecho trabajos en La Moraleja, tenía una furgoneta blanca, cerca del primer punto elegido para el pago en Guadalajara vivía un hermano suyo, estaba casado con Felisa García y tenía dos hijos. No tenía un expediente limpio: a los diecinueve años había pisado la cárcel por llevar a cabo atracos armado con una escopeta. Además, los investigadores encontraron un detalle curioso. Semanas después del secuestro de Anabel Segura, Emilio había denunciado la pérdida de su DNI, lo que le sirvió de excusa a la Policía para llamarle, grabar su voz y compararla con la del secuestrador. La vigilancia sobre él se intensificó, llegando a pinchar los teléfonos de sus padres y de su hermano, quien le acusaba de ser un asesino. En una de aquellas llamadas, se captó una conversación entre Felisa y su cuñado en la que ésta reconocía haber sido cómplice del delito al haber grabado la cinta imitando la voz de Anabel Segura. Pero, aun con todas estas pruebas, la Policía se mantuvo vigilante durante varias semanas hasta que el 28 de septiembre de 1995 le detuvieron en plena calle Orense de Madrid, y todo fue tan rápido que no le dio tiempo a reaccionar.

Mientras la Policía detenía a Felisa en su hogar, no se tardó en dar con el segundo secuestrador implicado. Se supo que el cómplice de Emilio era Cándido Ortiz Añón, amigo de la infancia y fontanero de profesión, que se había mudado hacía poco tiempo a Escalona. Los tres fueron arrestados y puestos a disposición judicial, pero quedaba por saber lo más importante: ¿Dónde estaba Anabel?



Tenemos que retrotraernos al 12 de abril. Era lunes de Pascua y la casualidad quiso reunir a dos viejos amigos: Emilio y Cándido. Mientras tomaban algo en un bar cercano, ambos tuvieron tiempo de ponerse al día con sus vidas. Al parecer, su situación económica era bastante precaria. Emilio había sido despedido de la empresa de paquetería, tenía deudas que pagar y se le estaba acabando el dinero. Entre trago y trago, Emilio le comentó a Cándido que tenía un plan para conseguir mucho dinero de una manera rápida y fácil: un secuestro exprés. Convenció a Cándido de que le acompañara hasta La Moraleja; su intención era coger a una chica de aquella zona, llevársela, pedir un rescate por ella, cobrarlo y entregarla, todo ello en un corto período de tiempo. La primera persona a la que vieron fue Anabel Segura, a la que abordaron con la excusa de preguntarle una dirección y se la llevaron en su furgoneta.

Sin embargo, el plan no salió tan bien como esperaban. Una vez tuvieron a Anabel en su poder, se dieron cuenta de que no tenían ni la menor idea de qué hacer con ella. Sometieron a la joven a un interrogatorio y ella les dijo que sus padres tenían dinero, pero que no estaban en Madrid. Esto puso muy nerviosos a Emilio y a Cándido, quienes empezaron a bombardear a llamadas a la familia de Anabel sin recibir una sola respuesta. Durante varias horas deambularon por las carreteras de Madrid, Ávila y Toledo, consternados por el imprevisto. No tenían ningún lugar donde mantener retenida a Anabel durante varios días y, para acabar de rematar, ella les había visto las caras, había hablado con ellos y sería capaz de identificarlos en una rueda de reconocimiento. La ilusión del dinero fácil se desvaneció y fue sustituida por un pánico terrible a ser detenidos. Aquella noche se detuvieron junto a una fábrica de ladrillos abandonada en Numancia de La Sagra (Toledo), mataron a Anabel estrangulándola con una cuerda y ocultaron el cuerpo en uno de los hornos de la fábrica. Los dos amigos se separaron y volvieron cada uno a sus casas.

Emilio regresó a su casa en Pantoja, donde Felisa atendía la churrería familiar en los bajos de la casa. En los días siguientes, Felisa descubrió largos cabellos rubios en el chaquetón de su marido, al mismo tiempo que por la televisión hablaban del secuestro de una joven de La Moraleja. A pesar de que Anabel ya estaba muerta, Emilio no cejó en su empeño de conseguir el dinero, y fue ahí cuando empezaron las llamadas a la familia para negociar el rescate de Anabel. Ante la insistencia de la familia de la chica por tener una prueba de vida, Emilio obligó a Felisa a punta de cuchillo a grabar un mensaje fingiendo ser Anabel. Después de esto, vino un silencio absoluto. Resignado a no cobrar nunca aquel dinero, Emilio esperó a que pasara el tiempo para que las cosas se calmaran y el caso se olvidara para siempre. Sin embargo, los padres de Anabel pusieron tanto empeño y recursos en buscar a su hija y procurar que el caso no cayera en el olvido, que finalmente llevó a la detención de los asesinos de Anabel Segura. La misma noche en que Emilio fue arrestado, confesó de inmediato su implicación en el crimen, así como la localización del cadáver de Anabel. Novecientos días después de su desaparición, por fin la habían encontrado.

Así terminó la pesadilla de la familia Segura Follers, quien no había dejado de alimentar una llama de esperanza por recuperar a su hija sana y salva. Hacía poco que acababan de liberar a Maria Àngels Feliu Bassols, la farmacéutica de Olot, quien había estado secuestrada casi quinientos días, siendo su secuestro el más largo de la historia de España sin móvil político, y este caso infundió ánimos a la familia al ver que podía resolverse el secuestro de forma satisfactoria. Pero esto, al final, no sería así. Si la manera de acabar con Anabel fue cruel y aberrante, más lo fue mantener viva la esperanza de una familia durante más de novecientos días.

En enero de 1998 comenzó el juicio contra Emilio Muñoz y Cándido Ortiz por el secuestro y asesinato de Anabel Segura. La Audiencia Provincial de Toledo los condenó a treinta y nueve años de prisión a cada uno, pero el Tribunal Supremo elevó la pena a cuarenta y tres años y diez meses al añadir otros cargos relacionados con el crimen. Emilio, considerado el autor principal, fue condenado por secuestro y asesinato, entre otros delitos; en cuanto a Cándido, que participó en la planificación y ejecución del secuestro, recibió la misma condena. Por su parte, Felisa García fue condenada inicialmente a seis meses de cárcel, pero el Tribunal Supremo también aumentó su pena a dos años y cuatro meses por un delito de encubrimiento. En junio de 2009, Cándido falleció en la cárcel de Ocaña a consecuencia de un infarto; en ese tiempo, ya había disfrutado de algunos permisos penitenciarios. En cuanto a Emilio, permaneció en prisión hasta 2013, cuando la derogación de la Doctrina Parot le permitió salir de la cárcel de Herrera de La Mancha después de dieciocho años de encierro. De Felisa, lo poco que se sabe es que, una vez cumplida su condena, se distanció emocional y físicamente de Emilio, buscando permanecer en el anonimato tanto como le fue posible.

En 1999, el Ayuntamiento de Alcobendas erigió en honor de Anabel Segura un centro cívico que lleva su mismo nombre. Sus padres, que a día de hoy ya han fallecido, donaron un busto de Anabel al ayuntamiento para honrar su memoria y que la gente no olvidara jamás su triste historia.



octubre 03, 2026

Vampiros en la literatura: Hubo no-vida antes de Drácula


¡Hola a todos!

Cuando pensamos en vampiros, probablemente lo primero que nos viene a la cabeza sea una imagen bastante concreta: un aristócrata pálido con capa negra, colmillos afilados, un antiguo castillo en ruinas y una irresistible afición por salir de noche a recorrer bosques frondosos o calles neblinosas en busca de víctimas a las que chuparles la sangre. Y, por supuesto, el nombre de Drácula.

Pero ¿y si os dijera que cuando Bram Stoker publicó Drácula en 1897, los vampiros ya llevaban bastante tiempo haciendo de las suyas en la literatura?

Mucho antes de que el conde más famoso de todos los tiempos se instalara en Transilvania, otros seres nocturnos habían recorrido bosques, cementerios, castillos y mansiones góticas para sembrar el terror en sus inocentes víctimas. Algunos eran monstruosos; otros, sorprendentemente seductores. Los había que regresaban de la tumba para beber sangre, pero también criaturas que parecían alimentarse del amor, del deseo o de la propia vitalidad de sus víctimas. Y, en más de una ocasión, el vampiro ni siquiera tenía colmillos.

De hecho, si nos ponemos a tirar del hilo, descubrimos una historia bastante más curiosa de lo que podría parecer. Antes de Drácula están Lord Ruthven, el aristocrático y perverso vampiro de The Vampyre; está Geraldine, la misteriosa criatura de Christabel; está Carmilla, probablemente una de las vampiras más fascinantes de la literatura; y también encontramos relatos en los que el vampirismo se mezcla con el romanticismo, el erotismo, la superstición, la enfermedad y el terror.

Así que, si por algún casual mi inteligente público pensaba que Bram Stoker inventó al vampiro literario, toca abrir el ataúd y echar un vistazo dentro.

Porque Drácula no apareció de la nada.

Antes de él hubo una larga procesión de muertos que se negaban a quedarse en sus tumbas. Y algunos de ellos son, incluso hoy, capaces de resultar bastante inquietantes.

En este recorrido vamos a viajar por la literatura vampírica anterior a Drácula, desde sus primeras apariciones en el Romanticismo hasta las obras que fueron dando forma, poco a poco, al vampiro que todos conocemos. Y quizá descubramos algo curioso por el camino: que el conde Drácula no fue el principio de la historia.

Fue, en realidad, uno de sus capítulos más famosos.


*Lenore (1773)



Lenore, también traducido como Leonore o Leonora, es un poema gótico compuesto por el escritor alemán Gottfried August Bürger (1747-1794) que se encuentra entre los poemas del romanticismo alemán que más influencia tendría en la posterior novela gótica y en los relatos de vampiros. Aunque en el poema no aparece la figura del vampiro tal como la conocemos, sí se nos presenta a uno de los personajes como el 'amante espectral' que, años después, serviría para sentar las bases del vampiro decimonónico.

El poeta nos presenta a Lenore, una joven que aguarda impaciente el regreso de su amado Wilhelm, quien ha tenido que partir a Praga para luchar en la Guerra de los Siete Años. Angustiada por la tardanza, pierde la esperanza y reniega de Dios. A medianoche, se le aparece un misterioso personaje que se parece mucho a Wilhelm y le pide que cabalgue junto a él con la promesa de llevarla al lecho nupcial. Lenore monta en el caballo del extraño y ambos cabalgan a toda prisa a lo largo de un camino por el cual transitan los muertos. El viaje termina en el cementerio, donde el jinete se descubre como un espectro que porta un reloj de arena y una guadaña. Aterrorizada, Lenore trata de luchar por su vida, pero los muertos del cementerio se apoderan de ella, castigándola por haber renegado de Dios.

A pesar de que casi nunca se recuerda este poema, tuvo una gran importancia en la temática vampírica posterior. Uno de los versos principales del poema, que reza 'Deja a los muertos en paz', serviría de título para el cuento de vampiros escrito por Ernst Raupach, del que hablaremos un poco más abajo. También se pueden ver referencias a Lenore en Cuento de Navidad, de Charles Dickens, y en la archiconocida Drácula, de Bram Stoker, concretamente el verso que dice 'Los muertos cabalgan deprisa'. Otras referencias al poema, aunque menos literales, se pueden encontrar en Christabel, de Samuel Taylor Coleridge, y en El monje, de Mathew Lewis.

Como curiosidad, es posible que el personaje de Lenore estuviera inspirado en una mujer real: la princesa Leonor Isabel Amalia Magdalena de Schwarzenberg, a quien se implicó en misteriosos episodios relacionados con el esoterismo y el vampirismo.


*La novia de Corinto (1797)



Fue un poema escrito por Johan Wolfgang von Goethe, quien se basó libremente en la historia de la vida de Apolonio de Tiana, escrita por el autor griego Filóstrato. Al parecer, al poeta le fascinó tanto esa historia que tuvo que plasmar su inspiración en forma de poema. Es posible, sin embargo, que también tomara muchas referencias de una obra de Flegón de Tralles llamada De Rebus Mirabilis, que incluía relatos sobre fantasmas, profecías, monstruos y prodigios naturales. Si a esto le sumamos que ya a Apolonio se le tenía por un hombre capaz de hacer milagros (se decía que había resucitado a la hija de un cónsul), no es de extrañar que a Goethe le llamara la atención esta historia.

El relato de Flegón nos traslada a Anfípolis, donde vive un matrimonio que aloja en un hostal de su propiedad a un joven llamado Macates. Este matrimonio tenía una hija llamada Filinion, que muere poco después de casarse porque a quien amaba era a Macates, hasta tal punto que, seis meses después de su muerte, regresa de la tumba para acompañarle durante las noches y regresar al sepulcro al llegar el día. Cuando es descubierta, Filinion muere definitivamente y Macates, desesperado, se quita la vida.

En su poema, Goethe nos lleva a Corinto, a los primeros años del Cristianismo y en medio de la controversia habida entre las antiguas religiones paganas y la pujante nueva religión. Tanto la protagonista como sus padres son cristianos, mientras que el joven al que hospedan es un ateniense pagano. Mientras todos duermen, se aparece de pronto la hija de los anfitriones, provocando el ardiente deseo del joven ateniense. Aunque ella trata de disuadirle, él le ruega sin cesar que se entregue a él, y al final consigue que ambos intercambien prendas de amor. En medio de una pasión arrebatadora durante la cual la muchacha mata al joven tras absorber sangre de su boca, la madre se da cuenta de lo que ocurre en el cuarto del huésped e interrumpe a la pareja, quedando horrorizada al saber que ahí está su hija, quien había muerto tiempo atrás. La muchacha se revela como una vampira sedienta de sangre y promete repetir el acto con cuantos jóvenes sea necesario hasta que se calmen sus ansias o la arrojen a las llamas.

Tras la publicación del poema, Goethe tuvo que hacer frente a una fuerte polémica. El poema causó gran controversia por su crítica al Cristianismo y por sus componentes fuertemente eróticos. Pese a todo, su protagonista dio verdadera forma a la figura del vampiro, convertido ya en una criatura cuyo modus operandi consiste en beber la sangre de sus víctimas.


*Christabel (1797-1800)



Christabel es un poema largo compuesto por Samuel Taylor Coleridge, considerado uno de los fundadores del Romanticismo en Inglaterra. Escribió el poema en dos partes pero, pese a que el autor hubiese querido hacer una tercera parte adicional, nunca logró completarlo, por lo que a día de hoy permanece inconcluso. Este poema destaca por su influencia en la literatura sobrenatural por su manera de describir, por vez primera y sin hacer todavía mención a su nombre, a un vampiro.

Christabel es una joven huérfana que vive en un castillo apartado en compañía de su padre, sir Leoline, que pasa sus días añorando a su esposa muerta. Una noche, cuando Christabel va a rezar por su prometido en medio del bosque, se encuentra con Geraldine, una hechicera de sorprendente belleza que asegura haber sido secuestrada por unos bandoleros. Christabel siente compasión por ella y se la lleva al castillo, donde el comportamiento de Geraldine cambia nada más cruzar el umbral de la casa. La hechicera parece experimentar cierto rechazo hacia las cruces, las bendiciones o los espacios considerados sagrados, lo que da una pista acerca de su carácter maligno y sobrenatural. Sir Leoline queda sobrecogido ante Geraldine, pues se parece a una antigua amiga de su esposa, y la toma bajo su protección. Al mismo tiempo, Geraldine ejerce una extraña influencia en Christabel, haciendo que la joven experimente unas sensaciones y una sensualidad que no comprende. Durante la noche que han pasado juntas, Christabel ha podido ver en el cuerpo de Geraldine "algo" en su pecho que le hace pensar que la mujer no es un ser humano, pero Geraldine utiliza una especie de poder hipnótico sobre ella y Christabel pierde el control sobre sí misma. Al día siguiente, intenta decirle a su padre que algo va mal, pero no consigue explicar lo ocurrido y, además, su padre está tan obnubilado por la belleza de Geraldine que ignora sus advertencias. Geraldine empieza a ocupar un lugar dentro de la familia con el beneplácito de sir Leoline, y entonces se produce una inversión muy inquietante: la verdadera víctima parece convertirse en la sospechosa, mientras que la criatura sobrenatural es aceptada como víctima. Christabel queda aislada, rechazada por su propio padre, y Geraldine obtiene cada vez más poder y autoridad.

Coleridge nunca llegó a terminar Christabel como le hubiera gustado. De acuerdo con James Gillman, la trama continuaba con Geraldine sembrando más discordia entre padre e hija mientras que un heraldo enviado por sir Leoline para investigar el lugar de origen de Geraldine descubre que la región ha sufrido una gran inundación y que el supuesto castillo en el que vivía Geraldine no existe. La hechicera desaparece, pero regresa poco tiempo después adoptando la figura del prometido de Christabel, aunque con un carácter tan cambiado que la muchacha no le reconoce como su amado. Pese a todo, es forzada por su padre a casarse con él. Sin embargo, antes de que se celebre el matrimonio, aparece el prometido de Christabel y le ofrece el anillo que ella le había dado en señal de afecto. Descubierto el engaño, Geraldine se descubre y desaparece enfurecida. Christabel se reconcilia con su padre y se casa con su verdadero prometido.

La figura de Geraldine, a pesar de que se la puede identificar con bastante certeza con un vampiro, nunca queda explicada del todo. Es una hechicera, una vampira que se alimenta de la vitalidad de Christabel, un demonio que siembra discordia entre padre e hija, una personificación de la tentación... Posee todos los elementos que veremos años más tarde en el vampiro literario, como el hecho de aparecer por la noche, alimentarse de seres humanos, poseer una belleza sobrenatural y ejercer una fascinación hipnótica. Su poder consiste en controlar la manera en que los demás la perciben, lo que la hace especialmente inquietante. Sin embargo, Geraldine no es un vampiro como el Drácula de Bram Stoker. Su naturaleza es mucho más ambigua y está vinculada a la tradición de los demonios femeninos y las criaturas sobrenaturales medievales.


*Thalaba el Destructor (1801)



Se trata de un poema épico compuesto por Robert Southey. Sus orígenes se remontan a la época en la que el autor era un escolar, pero no comenzó a escribirlo hasta los veinticinco años y lo terminó durante su viaje por Portugal. Después de que el país luso entrara en guerra con Francia y España, Southey regresó a Inglaterra en 1801 y publicó el poema. Sin embargo, no tuvo una gran acogida; de aquella tirada de mil ejemplares, hasta 1804 sólo se habían vendido la mitad.

La obra trata sobre Harún al-Rashid y un grupo de hechiceros que viven bajo el mar. Una profecía hablaba sobre la llegada de Thalaba, un musulmán destinado a convertirse en un paladín de Dios que vencería a los hechiceros. Estos, para impedirlo, matan a la familia Hodeirah, pero Thalaba consigue salir ileso del atentado y, tras escapar de una tormenta de arena, encuentra un anillo que le otorga poderes mágicos. Al principio, Thalaba trata de resistirse a su destino: quiere llevar una vida tranquila como pastor y quiere casarse con la hija de Moath, Oneiza. Pero, después de reflexionar, decide cumplir con su deber. Durante sus aventuras se topará con diversas criaturas como Simorg, el ave benevolente, y entidades como Azrael, el Ángel de la Muerte. También debe rescatar a Oneiza de un hechicero y se casa con ella, pero la mujer muere en la misma ceremonia. Más tarde, un espíritu que adopta el aspecto de Oneiza se le aparece a Thalaba para atormentarle. Sin embargo, Moath se da cuenta de que el espíritu es un vampiro y Thalaba lo destruye. Después de muchas aventuras, Thalaba consigue llegar a la cueva donde se encuentran los hechiceros, se hace con la espada de su padre y, tras derrotar a los hechiceros, entrega su alma al profeta Mahoma antes de destruir un ídolo maligno, lo que provoca el derrumbe de la cueva.

Aunque la figura del vampiro ocupa pocos versos en esta obra, su importancia simbólica es enorme, ya que es una de las primeras apariciones del vampiro en la literatura inglesa y funciona como un punto de inflexión emocional y mítico dentro del poema de Southey. Oneiza regresa de entre los muertos como una vampiresa, pero su imagen recuerda mucho a la del vampiro del folclore de los Balcanes, aderezada con aspectos propios del gótico británico, como el del cuerpo animado por fuerzas malignas. No es un vampiro que quiera beber sangre, sino que busca la perdición del héroe desviándole de su misión divina. Cuando el vampiro es atravesado por una lanza, huye y aparece el verdadero espíritu de Oneiza, luminoso y benévolo.


*El Giaour (1813)



El Giaour es un poema narrativo escrito por Lord Byron, el primero de una serie de poemas de temática orientalista. Fue una obra muy popular en la época y sirvió para catapultar a Byron a la fama, hasta un punto tal que el poeta llegó a resentirlo. Byron escribió el poema durante su Grand Tour entre 1810 y 1811. Mientras se encontraba en Atenas, tuvo conocimiento de una costumbre turca que consistía en arrojar al mar a una mujer culpable de adulterio envuelta en un saco. La palabra giaour es una palabra ofensiva turca para referirse al infiel, similar al kafir árabe.

La historia de El Giaour está dividida en tres partes, correspondientes a tres narradores que aportan cada uno su punto de vista sobre los acontecimientos. Leila, una joven del harén del Bey Hassan, se enamora en secreto de un extranjero cristiano, el giaour. Cuando Hassan descubre la traición, no duda en ordenar la ejecución de la muchacha según la costumbre otomana. Tras la muerte de Leila, el Giaour se entrega a la venganza y mata a Hassan. Sin embargo, el haber cumplido su venganza no le trae alivio ni paz. El Giaour, al más puro estilo byroniano, queda consumido por la culpa y el recuerdo de Leila, y predice que, en castigo por su crimen, está condenado a convertirse en un vampiro después de su muerte y a matar a sus seres queridos bebiendo su sangre, para su tormento y el de ellos. Todos sus remordimientos y visiones se los confiesa a un monje, en un largo monólogo que constituye una de las partes centrales del poema. Atormentado por los recuerdos y con la certeza de que su alma está perdida, el Giaour muere sin encontrar redención, atrapado entre el amor, la violencia y la culpa.

La figura del vampiro es uno de los momentos más fascinantes y menos obvios del poema, porque aparece de forma lateral, casi como una maldición lanzada contra el protagonista y no como un personaje plenamente desarrollado. No es un ente que actúa en la trama, sino la consecuencia de un acto atroz. Este pasaje introduce la idea del vampiro como castigo moral, no como un monstruo autónomo. Aunque poco tiene que ver con el vampiro que ha llegado a nuestros días, su existencia es decisiva en la historia del género. Y, a modo de curiosidad, el propio Lord Byron sería la principal inspiración para uno de los vampiros más famosos de la literatura, del que hablaremos a continuación.


*El Vampiro (1819)



En 1816, tuvo lugar en la Villa Deodati una reunión que haría las delicias de cualquier aficionado a la literatura decimonónica, pues allí se reunieron Lord Byron, Percy Shelley, Mary Shelley, su hermanastra Claire Clermont y John William Polidori, de profesión médico pero con una formación humanística muy esmerada. Debido a la imposibilidad de salir al exterior por culpa de un tiempo tormentoso, Byron propuso que cada uno de ellos escribiese un relato tenebroso. Sólo Mary Shelley y Polidori completaron el desafío: ella nos entregó a su Frankenstein para la posteridad y Polidori nos trajo al primer vampiro aristocrático moderno.

Aubrey, un joven inglés, conoce a Lord Ruthven, un hombre de origen misterioso que ha conseguido colarse de rondón en la alta sociedad londinense. Es un noble enigmático, de belleza fría y comportamiento inquietante que disfruta viendo la degradación de los demás y se rodea de personas vulnerables a las que termina destruyendo. Durante un viaje a Grecia, Aubrey se enamora de Ianthe, la hija de un posadero, quien le habla sobre la leyenda del vampiro. Entonces, aparece Lord Ruthven y, poco después, se descubre que Ianthe ha sido asesinada por un vampiro. Aubrey, que no conecta a Ruthven con el asesinato, se une a él en sus viajes y, durante una emboscada con unos bandidos, Ruthven es herido de muerte; con su último aliento, le hace jurar a Aubrey que no le hablará a nadie sobre su muerte durante un año y un día. Pero, al regresar a Londres, Aubrey descubre que Lord Ruthven está vivo y se dedica a seducir a la hermana de Aubrey. Aunque éste intuye el peligro, se ve incapaz de proteger a su hermana, quien anuncia su boda con el Lord el mismo día que termina el juramento. Aubrey intenta advertir a su hermana por carta, pero la misiva no llega a tiempo y la boda se celebra. En la noche de bodas, descubren a la muchacha muerta, sin sangre; y Lord Ruthven ha desaparecido.

Como se puede ver, Polidori fue el que dio forma definitiva a la figura del vampiro que ha llegado hasta nuestros días, cuyos rasgos y características podemos reconocer de inmediato. Aunque nunca se describe a Ruthven como una criatura con colmillos ni transformaciones, su vampirismo se revela en acciones y símbolos. Es un aristócrata seductor, con modales refinados y presencia hipnótica, pero al mismo tiempo es inexpresivo y parece incapaz de sentir empatía o afecto. Su poder se manifiesta con su presencia, terrible e inquietante, que drena la vitalidad de quienes le rodean. Se aprovecha, asimismo, de la incredulidad de la gente común para llevar a cabo sus crímenes, con lo que consigue pasar siempre inadvertido. Es casi unánime la opinión de que Polidori se inspiró en Lord Byron, para quien trabajó como médico personal, para crear a su Lord Ruthven, demostrando de paso la poca simpatía que sentía hacia él.

La narración de Polidori influyó mucho en la literatura posterior dedicada al tema vampírico a través de la figura de Lord Ruthven, que serviría de inspiración para muchas novelas y relatos de vampiros posteriores, y que veremos a continuación.


*Deja a los muertos en paz (1822-23)



También traducido como No despertéis a los muertos, es un cuento de vampiros escrito por el autor alemán Ernst Raupach, aunque durante mucho tiempo fue atribuido a Johann Ludwig Tieck. Fue publicado en 1823 en la revista literaria Minerva, y ese mismo año fue traducido al inglés, alterando la autoría de Raupach y eliminando el soneto introductorio y algunos pasajes tanto por descuido como por censura. El cuento de Raupach toma su título de uno de los versos más famosos del poema Lenore, y la trama guarda bastantes similitudes con El vampiro o La novia difunta, de Heinrich Ludwig Ritter, utilizando el tema de la amante macabra que regresa del sepulcro para atormentar a su amado.

Walter, un noble de Burgundia, llora cada noche sobre la tumba de Brunhilde, su primera esposa, muerta en plena juventud. Aunque está casado en segundas nupcias con Swanhilde, quien le ha dado dos hijos, sigue obsesionado con la mujer perdida. Una noche se encuentra con un hechicero que recoge hierbas en el cementerio. El anciano le ofrece la posibilidad de devolverle a Brunhilde, pero le advierte que es mejor no perturbar el descanso de los muertos. Walter, cegado por el deseo, ignora la advertencia. El hechicero lleva a cabo la resurrección y lleva a Brunhilde al castillo de Walter antes del alba, quien la recibe alborozado. Sin embargo, el regreso de Brunhilde llena de espanto a los criados, pues impone un gobierno implacable sobre la servidumbre y al mismo tiempo comienza a alimentarse de sangre. En su insaciable sed, Brunhilde mata a los dos hijos de Walter y Swanhilde, y finalmente comienza a alimentarse de Walter, quien comprende demasiado tarde el horror que ha desatado.

Deja a los muertos en paz es un relato que combina el terror gótico con una reflexión profunda sobre el duelo, la memoria y los límites del deseo. Raupach muestra que el amor absoluto, cuando se niega a aceptar la muerte, puede convertirse en fuerza devastadora. Su advertencia sigue vigente: hay pérdidas que deben asumirse, porque intentar revertirlas sólo abre la puerta a lo monstruoso. Brunhilde se convierte en uno de los vampiros más inquietantes y simbólicos de la literatura temprana del siglo XIX, construida como una figura que combina belleza, muerte, deseo y destrucción. Su existencia viene dada por el quebranto de una ley, como consecuencia por desafiar lo sagrado. Es un monstruo encarnado del terror a no aceptar la muerte.

 

*La familia del vurdalak (1839)



Nos vamos ahora a Rusia de la mano de Alekséi Konstantínovich Tolstói, poeta, novelista y dramaturgo considerado el dramaturgo histórico ruso más importante del siglo XIX. Era primo segundo del gran Lev Tolstói y en su juventud trabó amistad con el poeta Goethe. En su novela corta La familia del vurdalak, Tolstói aborda el tema del vampirismo cuando se instala en el seno de una familia. Fue escrito originalmente en francés y publicado póstumamente en ruso en 1884.

Durante una misión diplomática en 1759, el marqués d'Urfé vivió una experiencia terrible en un remoto pueblo de Serbia. Cuenta que allí pidió hospitalidad a Piotr, hijo del campesino Gorcha, quien se la concedió a pesar de la tensa situación que estaba viviendo su familia. Se decía que por la región vagaba un vurdalak, una criatura maligna que se alimenta de la sangre de sus propios parientes. Para proteger a su familia, Gorcha parte un día para ir a enfrentarse al vurdalak y acabar con él, pero deja una advertencia muy clara a los suyos: si regresara después de que pasasen diez días, debían clavarle una estaca en el corazón sin dudarlo, pues habría vuelto convertido en vurdalak. El marqués d'Urfé llega a la cabaña justo al décimo día, en el momento en que la familia se encontraba más nerviosa por la expectación. Entonces, Gorcha aparece con vida, pero su apariencia es inquietante: herido, silencioso, con un comportamiento extraño que pone en duda su humanidad. Sus hijos se dan cuenta de que Gorcha es un vurdalak y que es su deber matarlo, pero su amor filial se lo impide. Poco después ocurre lo inevitable: Gorcha mata a uno de sus nietos y empieza a rondar a los demás miembros de la familia, a los que acaba devorando bebiendo su sangre y convirtiéndoles en vurdalaks. La única que podría haberse salvado es Zdenka, la hija de Gorcha, que finalmente queda atrapada en un ambiente dominado por el vampirismo. Tiempo después, d'Urfé regresa al pueblo sólo para descubrir que no hay vida humana y que los únicos habitantes son vurdalaks, incluida la familia que le acogió.

Tolstói combina en su relato el folclore eslavo con el terror romántico para construir una historia donde el vampiro no es sólo un monstruo, sino una metáfora de la desintegración familiar, la pérdida de identidad y la corrupción de los afectos. El vurdalak es más inquietante que el vampiro occidental, ya que su objetivo es la sangre de los suyos, lo que convierte el hogar en el escenario del horror.


*Varney el Vampiro (1845-47)



Varney el Vampiro o El festín de sangre es una novela de horror gótico victoriana escrita por entregas entre 1845 y 1847, en los famosos folletines conocidos como penny dreadful. Aunque durante un tiempo su autoría fue atribuida erróneamente a Thomas Preskett Prest, su autor real fue James Malcolm Rymer, siendo Prest un colaborador que le ayudó en la redacción de unos pocos episodios. La extensión de la novela es vastísima, pues resultó en doscientos veinte capítulos que superan las ochocientas páginas. Su estilo está cargado de suspense, utilizando vívidas imágenes para describir los atroces actos de Varney.

Aunque la historia, debido a su formato, puede resultar confusa y tener contradicciones, se puede seguir una línea argumental. El protagonista es sir Francis Varney, un vampiro obsesionado con vengarse de la familia Bannerworths, que ha quedado en la ruina tras la muerte del padre. A pesar de ser un vampiro, es curioso que a Varney parezca moverle más la avaricia, pues nunca queda del todo claro si persigue a esa familia por satisfacer sus impulsos vampíricos o para privarla de sus bienes. En este punto, la historia se bifurca: hay pasajes que describen a Varney como un vampiro tal y como lo conocemos; pero en otros se sugiere que en realidad Varney es un humano normal y corriente que actúa como un vampiro. En ciertos momentos, le vemos odiar su condición vampírica, pero más adelante usa su poder para convertir en vampiresa a una mujer perteneciente a la familia a la que ha decidido aterrorizar. A lo largo de la historia, a Varney se le dibuja como una víctima de las circunstancias. Intenta salvarse de su condición, pero al ver que esto es imposible, decide suicidarse arrojándose al monte Vesubio, no sin antes dejar un relato escrito sobre sus orígenes a un sacerdote de su confianza. Según sus propias palabras, Varney habría sido maldecido con el vampirismo por haber entregado a un partidario del rey Carlos I a Oliver Cromwell y haber matado accidentalmente a su propio hijo en un arrebato de furia, aunque ha "muerto" y revivido en varias ocasiones a lo largo del tiempo.

A pesar de su historia un tanto confusa y llena de descuidos y contradicciones, Varney el Vampiro tuvo una gran influencia en la literatura vampírica posterior. De hecho, quien más bebe de él es la famosísima Drácula, pues podemos reconocer en el sanguinario conde muchos de los elementos característicos que tenía Varney, como los colmillos afilados (es la primera vez que se menciona esta característica), el mordisco en el cuello para beber de sus víctimas, la posesión de poderes hipnóticos y la fuerza sobrehumana. Al contrario que otros vampiros, Varney puede moverse con libertad bajo la luz del sol y puede consumir comida humana, pero ésta no sacia su hambre. También es el primer ejemplo de vampiro arrepentido, puesto que rechaza su condición pero se ve sometido a ella. Este arquetipo ha sido ejemplificado en otros personajes del género como la Condesa Zaleska en La hija de Drácula, Louis de Entrevista con el vampiro o Angel y Spike de Buffy, cazavampiros.


*La dama pálida (1849)



Aunque con un poquito de retraso, Francia también se unió a la moda de los vampiros de la mano de uno de sus escritores más ilustres. La dama pálida, también traducida como La dama vampirizada o El vampiro de los Cárpatos, es un relato corto escrito por Alexandre Dumas padre como parte de su compilación de cuentos de terror Los mil y un fantasmas.

El relato está contado en primera persona por Hedwige, una noble polaca de Sandomir, que en el año 1825 se ve obligada a exiliarse a un monasterio para huir de los horrores de la guerra entre Rusia y Polonia. Durante su viaje, ella y su equipo son asaltados por un grupo de bandoleros capitaneados por los hermanos Kostaki y Gregoriska, de la noble familia de los Brancovan. Los dos hermanos respetan a Hedwige y se enamoran de ella, llevándola al castillo de la familia donde comienzan a disputar por su afecto. Una noche, Gregoriska le propone a Hedwige que huya con él, y la joven acepta. Sin embargo, Kostaki descubre las intenciones de su hermano. Al día siguiente, se descubre el cadáver de Kostaki y la madre de los hermanos le pide a Gregoriska que encuentre al asesino. Mientras tanto, durante las noches Hedwige comienza a ser visitada en su alcoba por un vampiro que se alimenta de su sangre y deja una terrible palidez en su cuerpo. Gregoriska, para proteger a su amada, busca al vampiro y por fin consigue dar con él y enfrentarse a él. Es entonces cuando se descubre que el vampiro es Kostaki, quien revela que se suicidó. Ambos hermanos se baten en duelo y Kostaki sale derrotado, pero Gregoriska también cae y ambos son enterrados juntos, poniendo punto y final a una maldición que llevaba siglos afligiendo a la familia Brancovan.

En este relato, Dumas nos presenta un vampiro muy interesante, porque Kostaki no es simplemente un monstruo sobrenatural: su condición de vampiro es una prolongación de su personalidad, sus pasiones y su violencia. El objeto de su obsesión es Hedwige, no su sed de sangre, lo que introduce una idea muy característica de la literatura gótica y que ya hemos visto en Deja a los muertos en paz: el amor puede convertirse en algo monstruoso cuando intenta vencer los límites naturales de la muerte.


*Carmilla (1872)



Estamos ante una de las obras fundamentales de la literatura vampírica, cuyo éxito y terror antecedieron a Drácula más de un cuarto de siglo. Joseph Sheridan LeFanu escribió Carmilla en 1871 en forma de novela corta, aunque originalmente fue publicada como un serial en la revista literaria The Dark Blue.

La protagonista es Laura, una joven de buena posición que vive con su padre en un castillo en una región boscosa y bastante aislada de Estiria, donde crece apartada del mundo. A menudo recuerda un episodio de su infancia en el que dormía junto a una joven y se despertaba al sentir dos agujas punzando su pecho, resultándole un hecho del todo inexplicable. Años después, junto al castillo de la familia ocurre un accidente con un carruaje en el que viajan una mujer y su hija, de la edad de Laura. La hija está inconsciente y necesita que la vea un médico, pero la madre parece tener prisa por continuar el viaje e insiste en que no puede quedarse para cuidar de ella, por lo que le pide al padre de Laura que le permita cuidarla en su castillo. El nombre de la joven es Carmilla, y a partir de ese momento empezará la relación entre ambas protagonistas. Carmilla es hermosa hasta límites extraordinarios, posee unos modales muy refinados y una personalidad misteriosa. Entre ella y Laura se establece una conexión casi instantánea, pues pasan mucho tiempo juntas. Pero Carmilla pronto empieza a actuar de forma muy intensa hacia Laura: la abraza, la besa, le dice que la ama, que algún día será suya. Al mismo tiempo, puede mostrarse distante, melancólica, ausente y hasta grosera en sus palabras. Esto consterna profundamente a Laura, pues no sabe cómo interpretar sus sentimientos. Mientras Carmilla pasa más tiempo en el castillo, más enferma se empieza a poner Laura. Por la noche la asaltan pesadillas en las que siente que alguien la está atacando y mordiendo. Su salud se va consumiendo, palidece y siente un gran cansancio; estos síntomas son similares a los que han sufrido otras jóvenes de la región, cuyo final ha sido la tumba. Laura se da cuenta de que Carmilla no es lo que parece, sino que es la condesa Mircalla Karnstein, una criatura de la noche que se alimenta de la energía vital de las mujeres jóvenes. La historia culmina en una confrontación dramática y la destrucción final de la vampiresa. Laura se salva, pero nunca vuelve a ser la misma.

La historia muestra muchas de las características del terror gótico, y resalta el estereotipo popular del vampiro y la perplejidad de los personajes frente a sucesos sobrenaturales. Cabe destacar que la sutil influencia de contenido erótico, siempre relacionada con la figura del vampiro, es de carácter lésbico o sáfico, algo que también pudimos ver en Christabel. Carmilla se porta con Laura como lo haría una amante apasionada, e incluso defiende que el amor no debería estar limitado por las convenciones sociales, porque lo importante es la pasión. La relación entre ambas adquiere gradualmente un carácter sensual y erótico, pero sin hacer uso de descripciones sexuales explícitas. Sin embargo, la gran innovación de LeFanu está en que el vampiro no es una criatura que ataca desde las sombras, sino que utiliza abiertamente la seducción. Carmilla es una depredadora que enreda a sus víctimas, las seduce y consigue, a pesar de hacerles daño, que sigan emocionalmente vinculadas a ella.


¡Y hasta aquí por hoy! ¡Feliz mes de octubre a todos y permaneced atentos para leer más contenido terrorífico y escalofriante!


julio 10, 2026

Las muertes más absurdas de la Historia


No hay nada más natural que la muerte, pero pocas personas están preparadas para afrontarla. La muerte parece que se siente menos mala cuando viene después de mucho tiempo vivido o tras una larga y penosa enfermedad, pues se ve como un alivio, un descanso después de tanto esfuerzo y sufrimiento. En el resto de ocasiones, la muerte nos parece algo tan abrupto, tan terrible e inaudito que no estamos listos para afrontarla o aceptarla, y mucho menos cuando viene de la manera más absurda que nos podríamos imaginar.

Lo que hoy os traigo en este artículo son casos reales y documentados de muertes acaecidas por las razones más estúpidas, con alguna que otra corrección que señalaré en su momento, pues ciertas muertes tienen más tintes de leyenda que de realidad. Los casos que os voy a poner demuestran que la vida es tremendamente frágil, que el destino puede ser tan cruel como rebuscado, y que el ser humano, por confiado e inconsciente, puede ser una de las criaturas más estúpidas de la creación, como la Historia nos lo ha demostrado en más de una ocasión. 



*Esquilo (525 a. C. - 456 a. C.)




Nació en Eleusis, en el seno de una noble y rica familia de terratenientes, y durante su juventud fue testigo del fin de la tiranía de los Pisistrátidas en Atenas. Luchó contra los persas en la batalla de Maratón (490 a. C.), en la de Salamina (480 a. C.) y posiblemente en la de Platea (479 a. C.). Pero lo que le granjearía un lugar en la Historia fue su faceta de escritor y dramaturgo. Algunas de sus obras, como Los persas y Los siete contra Tebas son el resultado de sus experiencias de guerra. Escribió obras tan bellas e importantes como Las suplicantes, Agamenón y las Euménides, obras en las que retrataba el sufrimiento humano y la creencia firme en la justicia de los dioses. De las casi noventa tragedias que escribió, sólo siete han llegado completas a nuestros días. Se le considera el primer gran representante de la tragedia griega, compartiendo podio con Sófocles y Eurípides.

Su muerte, si damos credibilidad a la anécdota que nos viene ya desde la Antigüedad, es una de las más absurdas que vamos a ver en esta lista. Se dice que, mientras estaba en las afueras de la ciudad de Gela meditando o escribiendo, Esquilo murió al recibir sobre su cabeza el impacto del caparazón de una tortuga que había arrojado un quebrantahuesos (según otras versiones, el ave era un águila). Al parecer, estos animales tienen por costumbre arrojar huesos contra el suelo para romperlos y alimentarse de ellos, por lo que es posible que el ave confundiera la brillante calva de Esquilo con una roca y le arrojara la tortuga para romper su caparazón.



*Felipe de Francia (1116 - 1131)




El príncipe Felipe era el hijo mayor del rey Luis VI de Francia y de Adelaida de Maurienne, y al ser bautizado recibió el nombre de su abuelo paterno, tal como era costumbre en la época. Su padre sentía un gran amor por él y parece haber sido su hijo predilecto, hasta el punto de que, siguiendo otra costumbre propia de la dinastía de los Capetos, Felipe fue entronizado en calidad de corregente junto a su padre en 1129. Sin embargo, el joven rey no le dio muchas alegrías a su padre a partir de ese momento, negándose a prestar atención a sus consejos o a seguir los altos estándares que Luis VI le exigía. Se volvió rebelde y desobediente y, tal como describe el cronista Walter Map, se convirtió en un problema para todos debido a su gran soberbia y arrogancia.

Pero el breve reinado de Felipe de Francia terminaría en el año 1131, y de la manera más absurda. Mientras cabalgaba con un grupo de acompañantes por las orillas del Sena, su caballo, que galopaba a gran velocidad, tropezó con un cerdo que se interpuso en su camino. El caballo cayó hacia delante y el joven rey salió disparado por encima de su cabeza. La caída le fracturó las extremidades hasta el punto de que perdió la consciencia y murió al día siguiente sin volver en sí. Tenía apenas quince años.

La familia real quedó completamente devastada por la trágica muerte de Felipe que, para evitar problemas y disturbios con posibles rivales políticos, nombró rey corregente a su hermano Luis. Y si Felipe ya había causado problemas estando en vida, su legado tras su muerte tampoco fue demasiado afortunado, puesto que su hermano Luis, quien sería conocido para la posteridad como Luis VII, tomó para sí mismo el juramento de visitar Jerusalén que había hecho su hermano mayor, lo que derivó en la implicación de Francia en la desastrosa Segunda Cruzada y el abandono de Antioquía en favor de Jerusalén, lo que, a la larga, provocaría la disolución del matrimonio entre Luis VII con su primera esposa, Leonor de Aquitania.



*Adriano IV (1100 - 1159)




Fue el Papa número ciento sesenta y nueve, y el único que vino al mundo en Inglaterra. Nacido como Nicholas Breakspear, empezó pronto con su educación eclesiástica yendo a Francia a estudiar derecho. Viajó a Aviñón, donde se unió a la abadía de San Rufo y sería nombrado abad poco tiempo después. También viajó a Roma varias veces, e incluso fue enviado a Cataluña para que ayudara en el proceso de la Reconquista. Durante su estancia en Escandinavia fue muy aclamado por la gente, llegando a ser llamado santo por los cronistas de la época. Poco después de la muerte de Anastasio IV, fue elegido como nuevo Papa por razones poco claras, pero es posible que fuese a pedido de su predecesor.

Como Papa, Adriano IV tuvo que enfrentarse a diversos problemas diplomáticos. Su relación con el Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico I Barbarroja, comenzó mal y empeoró progresivamente. Adriano entró entonces en una alianza con el emperador bizantino, Manuel I Comneno, aunque no llegaría a ninguna parte tras la derrota del emperador al sur de Italia por Guillermo I de Sicilia. Como Federico quería ser coronado emperador por el Papa, llegan ambos a un acuerdo al ser entregado Arnaldo de Brescia a la curia romana, quien fue ejecutado al instante.

Pero los cuatro años de papado de Adriano IV cesaron de manera tan abrupta como absurda. Y es que la leyenda que ha llegado a nuestros días cuenta que, mientras Adriano bebía una copa de vino, una mosca entró en su boca y se alojó en su garganta, provocándole una asfixia fulminante. Por supuesto, hay que tomar esta afirmación con cautela, pues existen otras posibles explicaciones para la repentina muerte del Papa. Una de esas explicaciones es la angina de Vincent, una inflamación en las amígdalas provocada por un absceso. En una época en la que no se conocía el uso de antibióticos, es posible que los médicos interpretaran el bulto en su garganta como un objeto pequeño y extraño, como una mosca.



*Enrique I de Castilla (1204 - 1217)




Fue uno de los monarcas con el reinado más breve de Castilla, y durante gran parte de éste no fue más que un rey títere dividido entre su hermana mayor Berenguela y su tutor, el conde Álvaro Núñez de Lara. Enrique vino al mundo en Valladolid y fue el único hijo superviviente de Alfonso VIII de Castilla y Leonor de Inglaterra, ya que su hermano, el infante Fernando, murió en 1211, y sus padres lo harían tres años después. Como sólo tenía diez años, Enrique se convirtió en rey con su hermana Berenguela gobernando en su nombre, por lo menos hasta que alcanzara la mayoría de edad a los quince años. Sin embargo, para evitar rencillas políticas, Berenguela tuvo que cederle la custodia del joven rey al conde Álvaro Núñez de Lara, bajo la condición de que éste no tomara ni cediera tierras sin su aprobación.

Al poco tiempo del traspaso de custodia, don Álvaro hizo que Enrique declarara la guerra a Lope Díaz II de Haro y Rodrigo Díaz de los Cameros, algo que contravenía el juramento que había hecho. Para debilitar la influencia de Berenguela, concertó el matrimonio del rey con Mafalda, hermana del rey Alfonso II de Portugal, a pesar de la enorme diferencia de edad entre ambos. Berenguela hizo lo posible por disolver el matrimonio alegando demasiado parentesco entre los esposos, y éste quedó anulado en 1216. Don Álvaro intentaría nuevamente casar a Enrique con una sobrina de su primera esposa. Su idea era desheredar a Fernando, el hijo de Berenguela, para que Enrique le sucediera en el trono de León. Pero como los padres de ambos eran primos hermanos, la corte leonesa rechazó esta propuesta.

Tras muchas intrigas, estalló por fin el conflicto entre Berenguela y don Álvaro, que les llevó desde Valladolid a Palencia. Los sitiadores, por respeto al rey Enrique, no se atrevían a atacar a los sitiados por temor a que le sucediera algo al muchacho. Sin embargo, a pesar de que el poder de don Álvaro dependía de la seguridad de Enrique, no pudo impedir que la fatalidad se llevase por delante al rey cuando, jugando con otros niños en el patio de la casa episcopal de Palencia, una teja se desprendió de una de las torres y le cayó en la cabeza. A pesar de que se le practicó una cirugía de emergencia, Enrique I no consiguió sobrevivir. Su muerte significó la caída de don Álvaro Núñez de Lara, quien trató por todos los medios de evitar, sin conseguirlo, que la reina Berenguela se enterase de lo sucedido.



*Carlos VIII (1470 - 1498)




En su época se le conoció como el Afable o el Cabezudo, y fue rey de Francia desde el año 1483 hasta su muerte, el séptimo y último rey en sucesión directa de la rama Valois de la dinastía de los Capetos. Aunque de salud muy delicada, fue el único hijo de Luis XI de Francia y de su esposa Carlota de Saboya que no murió en la infancia. A los trece años se convirtió en rey estando bajo la tutela de su hermana Ana, y a los veintiún años se casó con Ana de Bretaña, preparando así la unión del Ducado con el reino de Francia. El matrimonio no empezó con buenos auspicios, pero permitió a Carlos liberarse de la tutela familiar y tomar las riendas del gobierno. Su reinado vio la pérdida de los condados de Artois, de Borgoña y del Rosellón. Su campaña militar para conquistar el reino de Nápoles fue el punto de partida de las guerras italianas.

De los seis hijos que Carlos VIII tuvo con Ana de Bretaña, ninguno sobrevivió a la niñez. El príncipe Carlos Orlando había muerto en 1495 a los tres años, y en 1498 la reina se estaba recuperando de su último parto: una niña que había nacido muerta. Para distraerla, Carlos la llevó a ver un jeu de paume, una especie de tenis antiguo, en el foso del castillo de Amboise. Al acelerar el paso, el rey se golpeó violentamente la cabeza contra el dintel de piedra de una puerta baja. Al principio dio la impresión de que estaba bien, pero al poco tiempo se desvaneció y murió nueve horas después a los veintisiete años. Aunque existen otras hipótesis sobre su muerte, la más aceptada es que murió a consecuencia de un traumatismo craneoencefálico que le provocó un ictus con hematoma subdural y daño neurológico. Tras su muerte, la sucesión pasó a manos de su primo y heredero Luis de Orleans, coronado como Luis XII, quien anuló su matrimonio con Juana de Valois para casarse con la viuda de su primo.



*Fernando II de Aragón, el Católico (1452 - 1516)




Fue uno de los más grandes reyes de su época, reconocido por su inteligencia y su gran instinto político. Su matrimonio con la reina Isabel I de Castilla unió los dos grandes reinos peninsulares. Conquistó el reino de Nápoles y Sicilia, y recuperó el Rosellón y la Cerdaña a través de tratados. El descubrimiento de América y la rápida ocupación y explotación de los nuevos territorios fortaleció su posición internacional. A la muerte de Isabel (1504), Fernando proclamó reina de Castilla a su hija Juana, pero él se encargó de la gobernación del reino, acogiéndose a la última voluntad de su esposa. Sin embargo, tuvo muchos problemas con su yerno, Felipe el Hermoso, quien se mostraba en exceso ambicioso y se había apoyado en la nobleza castellana para orillar al viejo rey, que no tuvo más remedio que dejar la regencia y volver a sus reinos.

La incapacidad de Juana para reinar e imponerse a su esposo hizo pensar a Fernando que el reino de Aragón peligraba si él moría sin dejar herederos. Su matrimonio con Germana de Foix, una joven de dieciocho años, fue su último intento desesperado de tener un hijo varón al que legar el reino de Aragón, cuya corona seguía la línea sucesoria masculina. Para potenciar su vigor sexual, Fernando recurrió a la cantárida, un escarabajo verde brillante que una vez muerto, seco y pulverizado, se administraba como un potente vasodilatador, con efectos muy parecidos a los de la Viagra. El consumo excesivo y prolongado de esta sustancia le provocó una hidropesía y una afección al corazón que fue la responsable del deterioro de su salud, muriendo finalmente de una hemorragia cerebral en Madrigalejo, en 1516.



*Maximiliano I de Habsburgo (1459 - 1519)




El 12 de enero de 1519, Maximiliano I expiraba a los 59 años en Wels, en la Alta Austria, poniendo fin a un reinado recordado por llevar a cabo la reforma de la Dieta de Worms, que concluyó la Reforma Imperial modificando una parte muy grande de la constitución del imperio. Era el único hijo de Federico III y de doña Leonor, hija del rey Duarte de Portugal, y también ostenta el honor de ser el primero en ser nombrado Emperador electo en 1508 sin ser coronado por ningún pontífice, poniendo fin a una costumbre con siglos de antigüedad. Expandió la influencia de la Casa de Habsburgo mediante la guerra y su matrimonio con María de Borgoña. Casó a su hijo Felipe con Juana de Castilla, hija de los Reyes Católicos, lo que más tarde le permitiría a su nieto Carlos ostentar los tronos tanto de Castilla como de Aragón. En general, se le considera un gobernante esencialmente moderno e innovador que llevó a cabo importantes reformas y promovió significativos logros culturales, aunque el precio financiero pesara mucho sobre los austríacos y su expansión militar causara la muerte y el sufrimiento de decenas de miles de personas.

Pese a los logros contra el feudalismo de su reinado, Maximiliano fue calificado de extravagante por gran parte de sus contemporáneos. Se decía que viajaba a todas partes portando el ataúd en el que quería ser enterrado, y que había dejado en su testamento una larga lista de últimas voluntades que se debían hacer con su cuerpo a modo de penitencia. En 1501 sufrió un accidente al caerse del caballo que le provocó dolor crónico en una pierna por el resto de su vida, lo que le sumió en un estado depresivo. Sin embargo, su sorprendente muerte, producto de una indigestión de melones, causó un gran estupor. Aunque esta afirmación se encuentra a caballo entre la anécdota y la realidad, lo cierto es que, a raíz de su accidente, Maximiliano I fue arrastrando diversos problemas de salud que le habían hecho envejecer prematuramente, de modo que la causa de su muerte podría deberse a una decena de posibilidades. Más allá de la historia de los melones, también se especuló que hubiera sido un simple resfriado mal curado lo que le arrebató la vida al emperador del Sacro Imperio.



*Hans Steiniger (1508 - 1567)




No se sabe mucho sobre la vida de este personaje. Probablemente nació en Baviera hacia el año 1508 y fue el burgomaestre de Braunau am Inn, un municipio austríaco situado en la frontera con Alemania, cargo que ya había ocupado durante varios mandatos. Lo que realmente hizo famoso a Steiniger entre sus contemporáneos fue la longitud de su barba. Llegó a medir más de metro y medio de largo y le llegaba hasta los pies. Steiniger estaba muy orgulloso de su barba, y la mantenía limpia y lustrosa para lucirla bien. Sin embargo, esta misma barba fue la causa de su muerte.

En 1567, se desató un incendio en Braunau que causó pánico en toda la población, y la casa de Steiniger fue una de las afectadas. Steiniger acostumbraba enrollar su barba y guardarla en un bolsillo para poder desplazarse con comodidad, pero en medio de la crisis se echó a correr con su barba suelta, la pisó, cayó por unas escaleras y se partió el cuello, muriendo al instante. Antes de su entierro, le cortaron la barba para conservarla, y ahora está expuesta en el museo de Herzogsburg.



*Francis Bacon (1561 - 1626)




Francis Bacon fue uno de los filósofos, escritores y políticos más influyentes de la historia de la humanidad. Nacido en Londres en 1561, está considerado el padre del método científico moderno o método empírico, y su pensamiento tuvo un impacto significativo en la filosofía, la política y la ciencia. Comenzó su carrera como miembro del Parlamento inglés en 1584, y posteriormente desempeñó las funciones de abogado y consejero de la reina Isabel I. En 1603, con la llegada al trono de Jacobo I, se convirtió en consejero del rey y más tarde en Lord Canciller de Inglaterra.

Aunque fue muy influyente en política, su mayor legado se encuentra en sus escritos filosóficos y científicos. En su obra Novum Organum, Bacon propone una nueva forma de pensar y hacer ciencia basada en la observación empírica y la experimentación, pues creía que la razón y la experiencia son las herramientas más poderosas para descubrir la verdad sobre el mundo natural. Sin embargo, pesar de su gran contribución al pensamiento científico, su vida terminó de manera trágica tras un experimento que llevó a cabo en 1626. Durante un viaje en carruaje de camino a visitar al rey, Bacon se hallaba inmerso en un intenso debate con el médico que le acompañaba sobre la similitud entre la nieve y la sal, y sobre si ambas sustancias servirían para conservar los alimentos de manera fresca. Para demostrar su punto, Bacon mandó hacer un alto en una granja y compró un pollo muerto y limpio. Luego, lo enterró en la nieve mientras caía una fuerte nevada sobre él, lo que le provocó un resfriado que rápidamente derivó en neumonía, provocándole la muerte pocos días después y sin llegar a saber que su experimento había funcionado.

En pocas palabras, se podría decir que Francis Bacon murió inventando la nevera.



*Jean Baptiste Lully (1632 - 1687)




Nacido en Florencia, recibió sus primeras lecciones de música en la infancia a manos de un fraile franciscano, y a los diez años llamó la atención del Caballero de Guisa, quien lo llevó a Francia para entrar como ayuda de cámara de Mademoiselle de Montpensier, título tras el que se ocultaba la poderosa Ana María Luisa de Orleáns, prima hermana del rey Luis XIV de Francia. Con trece años, Jean Baptiste aprendió a tocar el violín y demostraría además grandes dotes como bailarín, llegando a bailar con el propio rey en el Ballet de la Nuit. A los veinte años entró al servicio del Rey Sol como bailarín de ballet y violinista, y a los treinta fue nombrado director musical de la orquesta real. Destacó también como astuto cortesano y gran compositor, siendo sus óperas y arias muy celebradas. A Lully se le atribuye también la invención de la tragédie lyrique, una variante operística basada en las tragedias clásicas de sus contemporáneos Corneille y Racine.

Lully podía presumir de haber conseguido todo lo que cualquier hombre de su tiempo podía soñar, pero su orgullo fue también su perdición. Era muy exigente consigo mismo y con sus músicos, a los que atormentaba con fuertes gritos e incluso llegando a romperles en la cabeza algún que otro violín cuando su interpretación no era lo bastante perfecta. Para dirigir el ritmo, Lully utilizaba un bâton, un pesado bastón de hierro con el que llevaba el compás. En una ocasión, se golpeó el dedo pulgar del pie con el bastón, provocando una infección que pronto daría paso a una gangrena. Los médicos le dijeron que la única solución era amputar la pierna, pero Lully se negó, dado que un bailarín de su categoría prefería morir antes que renunciar a uno de los miembros que le había dado fama y gloria. Murió pocos días después.



*Allan Pinkerton (1819 - 1884)




Entre los miles de inmigrantes que a mediados del siglo XIX partieron de Gran Bretaña a Estados Unidos en busca de fortuna se hallaba Allan Pinkerton. Nacido en Glasgow, a los ocho años dejó el colegio para aprender el oficio de tonelero, y pronto se involucró en el movimiento cartista, el primer movimiento obrero organizado del siglo XIX. Defraudado por no conseguir el sufragio universal y perseguido por la policía británica, decidió emigrar con su esposa a Estados Unidos a la edad de veintitrés años. Se estableció en Dundee, cerca de Chicago, donde abrió una tonelería para abastecer a las granjas de la zona, hasta que en 1847 vivió un incidente que cambiaría su vida. Mientras recogía madera en el río Fox, ayudó a detener a unos bandidos. Poco después, sus paisanos acudieron a él para que les ayudara a capturar a un estafador que pasaba billetes falsos, y Pinkerton le tendió una trampa para pillarlo con las manos en la masa. A la vista de sus aptitudes, el sheriff del condado contrató a Pinkerton, quien se ganó una buena fama tanto por sus puños como por su nobleza y honradez.

En la década de 1850 se asoció con el abogado Edward Rucker para fundar la North-Western Police Agency, que más tarde pasaría a llamarse Agencia Nacional de Detectives de Pinkerton, y que está considerada como la primera agencia de detectives de la historia. Pasó de resolver pequeñas investigaciones a compañías aseguradoras, bancos y empresas sobre casos de fraude a investigar casos de asaltos a ferrocarriles y a prestar sus servicios como espía para la Unión, llegando incluso a salvarle la vida en una ocasión a Abraham Lincoln. Su final, en cambio, fue de los más absurdos de los que se tiene conocimiento, pues murió en Chicago a causa de una infección, provocada al morderse la lengua al resbalar y caer en una acera.

En el momento de su muerte, Pinkerton estaba trabajando en la creación de una gran base de datos para centralizar todos los informes de identificación de criminales registrados, que actualmente administra el FBI. Pinkerton fue enterrado en el cementerio Graceland, en Chicago. Es miembro del Salón de la Fama de la Inteligencia Militar.



*Jack Daniel (1849 - 1911)




Más conocido por ser el fundador de una de las destilerías de whisky más famosas de la historia, se cuenta una leyenda muy peculiar sobre su forma de morir. Jasper Newton Daniel fue el décimo y último vástago de Calaway y Lucinda Daniel. Era de ascendencia escocesa-irlandesa y galesa, pues sus abuelos habían nacido en el viejo continente y habían emigrado a Estados Unidos a finales del siglo XVIII. Según las historias de la propia compañía Jack Daniel's, cuando era tan sólo un niño fue a trabajar para un predicador, tendero y destilador llamado Dan Call, quien le enseñó a manejar su whisky. Con el tiempo, ya en 1875, Daniel obtendría la licencia para abrir su propia destilería, que tanta fama y dinero le reportaría. Aunque nunca se casó ni tuvo hijos, sus sobrinos, a los que Daniel tomó bajo su protección, se hicieron cargo de la compañía.

Jack Daniel murió de sepsis en su natal Lychburg. La historia más contada es que la infección comenzó en un dedo del pie, que Daniel se lesionó de la manera más absurda. Al parecer, Daniel tenía mala memoria y solía tener problemas para recordar la combinación de su caja fuerte. Aquel día, se puso furioso por no poder acordarse de la combinación y, en un arranque, le dio una patada tan fuerte a la caja de caudales que se rompió el dedo. Aunque el dolor se fue incrementando con el paso de los días, Daniel se negó a que le viera un médico hasta que fue demasiado tarde. La herida se le había infectado y derivó en gangrena, de modo que fue necesario amputarle primero el pie y, más tarde, la pierna. Pese a todo, no se pudo frenar el avance de la sepsis y Daniel murió. Esta historia es muy similar a otras que hemos visto ya, por lo que tiene muchos tintes de leyenda urbana. El biógrafo moderno de Jack Daniel no le da credibilidad alguna, pero es curioso que esta historia haya llegado a nuestros días y se haya extendido tanto en la memoria popular.



*Franz Reichelt (1878 - 1912)




Fue un sastre austríaco nacionalizado francés, cuya obsesión en vida siempre fue la de desarrollar un traje para aviadores que se convirtiera en un paracaídas, en caso de que se vieran obligados a abandonar el avión en el aire. Hizo varios experimentos con muñecos que arrojaba desde el quinto piso de su edificio de apartamentos, y algunos de ellos habían tenido éxito, lo que le llevó a dar un paso más y probar desde una altura más elevada. En 1912, obtuvo permiso policial para realizar una prueba desde la Torre Eiffel, a cincuenta y siete metros de altura, pero sorprendió a todos al decir que saltaría él mismo, en vez de utilizar un maniquí. Hubo muchos que intentaron disuadirlo, y él mismo dudó antes de saltar, pero finalmente lo hizo.

El 4 de febrero de 1912, unos cuantos espectadores y agentes de policía se hallaban reunidos a los pies de la Torre Eiffel. Además, un equipo de filmación estaba preparado para registrar el acontecimiento. Reichelt saltó, pero su paracaídas no se abrió, cayendo en picado e impactando de lleno contra el suelo. En 2009, en el periódico Libération se mencionó que tras la autopsia de Reichelt se determinó que murió por un paro cardíaco durante la caída. Franz, que durante toda su carrera había buscado la manera de salvar vidas, perdió la suya en el intento. Como dato curioso, su muerte fue la primera en toda la historia en quedar registrada en cinta de cine.



*Alejandro I de Grecia (1893 - 1920)




Segundo hijo del rey Constantino I de Grecia, sucedió a su padre en 1917 después de que los Aliados hubieran obligado a éste último y a su primogénito y sucesor Jorge a partir al exilio en Suiza. Sin poder real, el nuevo monarca estuvo privado de todo poder por la facción venizelista y fue prisionero en su propio palacio; el poder lo ostentaba su primer ministro, el cretense Eleftherios Venizelos, que gobernó con el apoyo de las potencias de la Triple Entente. Alejado de parientes y amigos, Alejandro no tuvo más remedio que obedecer lo que le exigían su primer ministro y sus partidarios, y sus funciones regias quedaron limitadas a visitar el frente macedonio para elevar la moral de las tropas helenas. Incluso fue apartado por un tiempo de su esposa, la joven Aspasia Manos, con quien se había casado sin pedir autorización del arzobispo, por lo que no se la reconoció como reina de los helenos. Finalmente, Alejandro y Aspasia recibieron permiso para volver juntos a Grecia como pareja e instalarse en el palacio de Tatoi, donde se descubrió la feliz noticia de que Aspasia estaba embarazada.

El 2 de octubre de 1920, sin embargo, se produjo un accidente que tendría consecuencias muy graves para el soberano. Mientras paseaba por los jardines de Tatoi, un mono doméstico que pertenecía al administrador de los viñedos atacó al perro de Alejandro, y éste, al intentar separar a los dos animales, recibió en una pierna la mordida fatal del mono. Las heridas del monarca fueron tratadas enseguida, pero no cauterizadas, pues Alejandro no pensaba que aquello pasara a mayores. Pero sí pasó: las heridas se infectaron y le provocaron fiebre y sepsis. Aunque los médicos barajaron la posibilidad de amputarle la pierna, ninguno quiso hacerse responsable de llevar a cabo algo tan drástico. La fiebre se instaló y pronto llegó el delirio. Alejandro I sufrió atrozmente durante varios días hasta que, finalmente, murió. Pese a que su familia estaba avisada de lo sucedido y de que su muerte era más que segura, no se le permitió a ningún miembro de la familia real que ingresara al país para verle. A su entierro sólo pudieron asistir la reina Olga, viuda del rey Jorge I de Grecia, y su esposa Aspasia.



*Bobby Leach (1858 - 1926)




La vida de Bobby Leach hubiera sido digna de una película. Fue la segunda persona en arrojarse por las cataratas del Niágara dentro de un barril, en 1911; la primera había sido una mujer, la también fascinante Annie Edson Taylor. La hazaña le costó pasar seis meses en el hospital para recuperarse de las lesiones que sufrió durante el descenso, entre las que se contaban las dos rótulas rotas y la mandíbula fracturada. Bobby no era ajeno a las acrobacias ni al mundo del espectáculo, pues había trabajado en el circo Barnum and Bailey. Tras ver morir a un especialista al intentar zambullirse desde una plataforma situada a una altura de cuarenta y cinco metros en una piscina de tan sólo cinco metros de profundidad, él realizó la zambullida con éxito.

Antes de su viaje a las cataratas del Niágara, Leach era dueño de un restaurante. Al saber de la gesta de Annie Taylor, nació en él el deseo de imitarla y superarla; de hecho, se cree que habría presumido ante sus clientes de poder hacer mucho mejor cualquier cosa que hiciera Annie Taylor. Construyó él mismo el barril en el que se arrojaría por las cataratas del Niágara y, pese a los daños recibidos, consiguió la fama que tanto anhelaba. Sin embargo, no pasó de ser un mediocre artista de vodevil. En 1920, ya con sesenta años, regresó a las cataratas y trató de nadar entre los remolinos, pero tuvo que ser rescatado por un barquero que conocía bien la zona. Pese a poner en riesgo su vida multitud de veces, no parecía temerle a la muerte. Ésta, sin embargo, fue una de las más absurdas de las que se tiene conocimiento. En 1926, mientras caminaba tranquilamente por una calle en Nueva Zelanda, durante una de sus giras promocionales, resbaló con la cáscara de una naranja y se lesionó la pierna. La herida se infectó y fue necesario amputarle la pierna, pero algunas complicaciones de la cirugía le provocaron la muerte sólo dos meses después.



*Isadora Duncan (1877 - 1927)




Fue una mujer sumamente anticonvencional. Se guiaba por sus impulsos más íntimos, sin ningún sentido práctico, y esto quedó reflejado en su manera tan peculiar de bailar. Isadora Duncan vino al mundo en San Francisco, y abandonó la escuela a los once años para dedicarse a la danza, primero en la escuela que había creado su madre y más tarde en Nueva York. A principios de siglo, ya viviendo en Europa, se consolida su estilo de danza tan único, para el que se inspiró en las expresiones artísticas de la antigua Grecia y las combinó con los nuevos mecanismos e iluminación que se estaban aplicando en el teatro, lo que la convertiría en la precursora de la danza contemporánea, tal como la conocemos hoy en día. Su vida íntima fue tan poco convencional como ella. Se casó ya en la madurez con el poeta ruso Serguéi Esenin, al que le llevaba diecisiete años y del que se divorció poco después debido a su talante violento y su abuso del alcohol. Fue madre soltera de dos hijos a los que perdió en un terrible accidente al caer al río Sena el automóvil en el que viajaban junto a su niñera.

Su muerte fue tan trágica como absurda, pero las circunstancias que la rodean contribuyeron mucho a la consolidación del mito y siguen envueltas en un aura de misterio que no se ha conseguido despejar por completo. Estando en Niza, un amigo suyo se ofreció a llevarla en su coche hasta el hotel donde se alojaba. Isadora, haciendo uno de sus habituales gestos teatrales, echó la cabeza hacia atrás y declamó: "¡Adiós, amigos míos, me voy al amor!". Parece ser que el coche recorrió varios metros antes de que el conductor frenara, alarmado por los gritos de los viandantes. El vaporoso pañuelo que Isadora llevaba alrededor del cuello se enredó en los radios de la rueda trasera del automóvil, oprimiendo el cuello de la bailarina hasta estrangularla. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas descansan en el columbario del cementerio Père-Lachaise, en París.



*Arnold Bennett (1867 - 1931)




Fue uno de los escritores más prolíficos de Inglaterra. Nacido en una familia modesta pero que fue ascendiendo socialmente, su padre, abogado, pretendía que siguiese una carrera de leyes, pero lo que apasionaba de verdad a Arnold era la escritura. A los veintiún años se mudó a Londres, y entre los años 1893 y 1900 se convirtió en editor de la revista femenina Woman, para la que escribía artículos bajo un pseudónimo femenino. Después, se dedicó por completo a la escritura de novelas, llegando a completar treinta y cuatro, además de siete volúmenes de historias breves, trece obras de teatro y un diario con más de un millón de palabras.

Pero este hombre, que huía de las camarillas y élites literarias y defendía que la literatura debía de ser accesible para la gente común, cometió una terrible imprudencia que se saldaría con su muerte. En 1931, Francia atravesaba una epidemia de tifus que había afectado al agua de los grifos. Bennett, en un acto de desafío y escepticismo, decidió beber un vaso de agua contaminada para demostrar que no había de qué preocuparse. El resultado fue que contrajo la enfermedad y murió poco tiempo después.