Entre la gran oferta de videojuegos que nos ofrece el mercado, el jugador poco experto puede dejarse llevar por el oro que le meten por los ojos sin darse cuenta de que le van a hacer tragar un cubo de mierda en cuanto llegue a casa y encienda la consola. Y es que entre los videojuegos se ocultan auténticos tesoros que son poco promocionados, porque la mayor carga de marketing se la llevan videojuegos de pésima calidad que se han sacado siguiendo el tirón de una moda. Este es el caso que os ofrezco hoy. Señoras y señores, con todos ustedes, Catwoman.
Título: Catwoman
Creador: EA Games
Distribuidor: Sony
Plataforma: PlayStation 2
Año: 2004
Catwoman
es lo que podríamos calificar como un “producto del momento”.
Siguiendo el tirón de las películas de superhéroes como Batman,
Superman, Spiderman, Hellboy, Linterna Verde, Thor, Los Vengadores,
X-Men, y un largo etcétera, pues era lógico que la villana felina
más famosa de todos los tiempos tuviera su propia versión en la
gran pantalla, aunque pasara sin pena ni gloria. El caso es que,
cuando una idea se hace popular entre el público, los asesores de
publicidad ven un filón de oro y empiezan a explotar todas las vías
posibles para ver cuál es la más rentable. Esto se traduce en
artículos de los que te aburres al cabo de un año: películas,
disfraces, cómics que ofrecen nuevas versiones, material
remasterizado y/o actualizado (el único que se salva), figuritas de
colección y videojuegos. Lo malo es que todos estos productos sólo
buscan saciar la necesidad del momento, por lo que no van a perdurar
en el tiempo; conscientes de eso, los creadores tampoco ofrecen un
producto digno de conservar.
Esto
es lo que ocurre con Catwoman. Se nos pone delante un
videojuego planteado de tal forma que sigue la trayectoria de la
película. Patience Phillips es una diseñadora tímida y modosita
que trabaja para Hedare Beauty, una importante empresa de cosméticos.
Una noche, descubre que los fabricantes están introduciendo una
toxina perjudicial en una nueva crema antienvejecimiento, y los
sicarios de Hedare la despachan tal y como vimos en el film. Mientras
yace en un vertedero, el gato Midnight se acerca a ella y le insufla
su aliento, devolviéndole la vida y dándole nuevos poderes y
habilidades felinas. Ha nacido Catwoman.
El
juego es tan simple que no hay ni guías en la red para los que están
perdidos. Es más, aunque seas poco habilidoso, te lo pasarás en
menos de tres días si le dedicas un poco de tiempo. Es muy facilito,
así que no implica ningún tipo de desafío. Casi todo se basa en
trepar por paredes, rejillas y muros y, de vez en cuando, columpiarse
en algún travesaño que hay por ahí. Ah, y las batallas “épicas”
que aparecen de vez en cuando, pero de eso me voy a ocupar a
continuación.
El
jugador manejará a Catwoman, evidentemente. Los controles de nuestra
chica gato no son tan sencillos como parece, y a la larga resultan
más bien incómodos. Los ataques son movimientos de Capoeira y
saltitos con los que podremos abatir a los flojuchos policías y
vigilantes que vienen a incordiarnos de vez en cuando. El uso del
látigo está muy limitado, porque lo único para lo que sirve es
para atrapar a un enemigo y lanzarlo contra unas cajas o un montón
de barriles. O para agarrarse a algunos salientes. Además, tampoco
es fácil de manejar; a veces, si mueves un poco el joystick para
hacer un movimiento para agarrar algo, Catwoman lo hace girar a su
alrededor como si estuviera en pleno festival bondage. Pequeños
errores de comando, supongo.
El
problema es que el juego está plagado de errores. Los diseños de
personajes, dejando aparte a Catwoman, son simples a la par que
penosos. Todos los tíos tienen las mismas caras, sin expresión
alguna; hasta la voz es la misma para todos. Y no digo que se tenga
que hacer a todos los enemigos bien diferenciados, pero no estaría
mal variar un poco, aunque fuera en las voces o en los modos de
ataque. Que son todos iguales, joé. Hacia el final del juego también
nos encontramos con guardaespaldas femeninas, que son un poco más
durillas de roer, pero que también son tan inexpresivas como los
hombres.
Los
enemigos de final de fase son también un poco raros. Son los mismos
que en la película: el tipo que mata a Patience, Laurel Hedare (sale
dos veces) y el detective Lone, que no se parece en nada al actor que
lo interpretaba en la película. Las batallas contra estos jefazos
son para mear y no echar gota. Ya te da una idea lo cutre de la
batalla cuando ves que el enemigo tiene una barra de vida sobre la
cabeza; ahí ya ves por dónde van a ir los tiros. Las peleas son las
mismas para todos: el jefazo corre a atacarte y tú tienes que
apartarte para que no te dé, coges con el látigo un objeto
arrojadizo y se lo tiras para que se quede atontado, momento que
aprovechas para zurrarle patadas y todo lo que se te ocurra. Cuando
llega el final de la batalla, se ve una escena en la que Catwoman, en
pie ante el caído, lo coge con el látigo y le da una patada
giratoria. En fin.
El
juego se divide en seis fases con dos pantallas cada una, excepto la
última, que sólo tiene una. Catwoman sólo tiene que recorrer las
fases siguiendo de vez en cuando el rastro verde de Midnight (un gato
dejando olor y huellas verdes??). Es decir, no hay mapas, lo cual lo
vuelve todo muy confuso. A veces te quedas atascado en alguna fase
que no parece tener salida y tienes que buscar una ruta alternativa o
darte cabezazos contra la pared, frustrado y cabreado por la mierda
de juego al que estás jugando. Lo único claro es que, al principio
de la fase, te plantean unos objetivos de movimientos que debes
cumplir, aunque si no los cumples todos tampoco pasa nada, porque
sólo sirven para darte diamantes cuando acabes. A lo largo de las
pantallas, a veces encontraremos una especie de ojos de gato, el
símbolo de Catwoman, que debemos recoger, aunque no se nos dice para
qué sirven; supongo que será para conseguir diamantes con los que
comprar nuevos movimientos o para acumular puntos y desbloquear
imágenes. Es igual de confuso que todo lo demás.
Y
eso es todo lo que ofrece el videojuego de Catwoman, que es
muy poco a mi entender. No te emociona nada, ni la historia ni la
jugabilidad del personaje. Los escenarios son decorados urbanos
grises y aburridos, y la banda sonora es casi nula. El único momento
en que consigue gustarte la música es en la segunda pantalla del
Centro de Interpretación, cuando suena de fondo una pieza de música clásica. Los enemigos y personajes secundarios tampoco
emocionan y son más fáciles de matar que una mosca. Básicamente se
trata de trepar por ahí, colgarse de barras, menear las caderas, dar
patadas a todo lo que se mueve y agitar un poco el látigo. Tenemos
que soportar de vez en cuando las típicas frases de “¿Te ha
comido la lengua el gato?” y cosas así, que provocan más sonrojo
que sensualidad. Además, el juego se hace muy corto y muy cansino,
aunque parezcan términos opuestos. No es algo por lo que merezca la
pena un desembolso de dinero tan gordo como el que me he llegado a
encontrar.